domingo, 12 de febrero de 2017

SANCHO RAMÍREZ, REY DE LOS ARAGONESES Y PAMPLONESES

Sancho Ramírez, hijo y sucesor de Ramiro I, tuvo como ayo o eitán a Sancho Galíndez, señor de la Garcipollera. En los archivos de la catedral de Huesca aparecen documentos de dos concesiones de franquicia a Sancho Galíndez sobre las propiedades que comprara Ramiro I en Aragón y en la Valdonsella. Estos documentos incluyen la confirmación por parte del rey de una casa en Sos que compró a los herederos del caballero navarro Jimeno Garcés, eitán de Ramiro I,[1] y que, estando en Biel el 21 de abril de 1050, concedió a Sancho Galíndez. El rey, Sancho Ramírez, agradecido por sus servicios, en febrero de 1068 concedió privilegio de ingenuidad “a vos, mi eitán, el sénior Sancho Galíndez por las muchas cosas optimas que me hicisteis y porque me criasteis”.

        La educación de Sancho Ramírez siendo infante fue muy esmerada tanto en el arte de la guerra como en las disciplinas letradas y, siguiendo las costumbres de las casas soberanas europeas, su padre le asignó algunas tareas de gobierno desde 1061 con el fin de completar la formación adecuada que le permitiera asumir correctamente en el futuro el ejercicio del poder. Es posible que las tenencias de Agüero y de Biel fueran sus primeras responsabilidades. Al morir Ramiro I, heredó todas las tierras pertenecientes a Aragón y culminaría las dos líneas políticas que heredó de su padre: expansión y consolidación del territorio, por un lado, y modernización y apertura al exterior, por otro.
Se casó en primeras nupcias con Isabel de Urgel, pero la repudió cuando dejó de serle útil como instrumento político; de este matrimonio nació Pedro, el futuro monarca. Sancho se casó en segundas nupcias, hacia 1070, con la francesa Felicia de Roucy, cuyo hermano, Eblo II, conde de Roucy, era uno de los caudillos más afamados de la época y fiel al Papa, como Sancho Ramirez, consiguiendo de este modo un gran aliado para la guerra. Por ello no escatimó arras para su nueva esposa, otorgándole como dote el condado de Ribagorza y las villas de Biel, Bailo, Astorito, Ardenes y Sos, entre otros bienes. De este matrimonio nacieron Fernando, que murió joven y no llegó a reinar, Alfonso I y Ramiro II. Años más tarde, en noviembre de 1086, fallecida ya Felicia, estando el rey en el castillo de Sos con sus hijos Pedro y Fernando, éstos permutaron la dote de su madre: Biel, su castillo y otros bienes de Pedro por el condado de Ribagorza, que era de Fernando[2].
Ramiro I nunca firmó los documentos oficiales con título de rey, siempre lo hizo como “Yo, Ramiro, hijo del rey Sancho”, aun cuando consiguió independizarse del rey de Pamplona, a quien debía fidelidad. Su hijo, Sancho Ramírez, tampoco se intituló rey en un principio, pero siempre consideró a su padre legítimamente rey y firmó sus documentos como “Yo, Sancho, hijo del rey Ramiro”. Cuando Sancho consiguió el beneplácito Papal añadió la expresión “por la gracia de Dios”. Pero no fue hasta 1076, al ser proclamado rey de Pamplona, cuando legítimamente pudo denominarse rey, firmando a partir de entonces como “Sancho, por la gracia de Dios, rey de los aragoneses y de los pamploneses”.
Esto ha dado mucho que pensar a los estudiosos de la historia. Aunque algunos historiadores, y los propios reyes, han considerado siempre que Ramiro I es el primer rey de Aragón, pues fue quien sentó las bases para la construcción de un Estado independiente del Reino de Pamplona y quien inauguró la primera dinastía real aragonesa, jurídica y formalmente fue su hijo Sancho Ramírez quien culminó el proceso de Condado a Reino, pues para asentar plenamente la legitimidad regia era necesario el respaldo canónico de la Santa Sede. Para ello, en 1068, Sancho realizó un viaje a Roma, ofreciéndose en vasallaje al Papa Alejandro II.
Mancuso aragonés de oro de Sancho Ramírez, acuñado hacia 1089 en Jaca (Huesca)
Como resultado de estas relaciones con el Papado, a partir de este viaje, sucesivas legaciones pontificias a cargo del cardenal Hugo Cándido promovieron un cambio en el panorama religioso del país, donde su rey, Sancho Ramírez, introdujo de manera oficial el rito romano en diversos monasterios aragoneses en sustitución del hispano, lo que le granjeó la amistad con la Santa Sede, de la que se sirvió tanto para modificar las estructuras religiosas del reino como para llevar adelante sus planes de expansión territorial. El Papa le otorgó numerosos privilegios a Sancho, entre ellos la potestad de distribuir por capellanías o monasterios las rentas de los lugares conquistados al Islam, origen del determinante papel que tendría la Iglesia en la repoblación de los nuevos territorios aragoneses conquistados. También Alejandro II, al considerar a Sancho Ramírez como un administrador del Papado, comenzó a acuñar moneda de oro (mancusos)
Sancho Ramírez fue proclamado rey de Pamplona en 1076 tras la muerte de su primo y predecesor Sancho "el de Peñalén" a manos de un hermano durante una cacería. La unión de los dos reinos, aunque parte del territorio navarro lo tuvo que entregar al rey castellano Alfonso VI para evitar que reclamara derechos al trono navarro, supuso duplicar su  territorio, y junto a las parias que hubieron de pagar como tributo los territorios musulmanes, dieron a los nobles aragoneses un esplendor económico sin precedentes que sustentó un importante proceso de repoblaciones sistemáticas respaldadas por un programa de urbanización e intensificación de nuevas construcciones civiles y religiosas. Castillos, ermitas e iglesias siguieron construyéndose por todo el territorio, continuando la línea marcada por su padre, siendo su principal obra la construcción de la catedral de Jaca, concediendo a la ciudad el Fuero de Jaca (1071), por el que la nombró capital del reino de Aragón y sede episcopal que, al estar situada en el Camino de Santiago, desarrolló una fuerte economía mercantil e industrial atrayendo a la ciudad los primeros burgueses, la mayoría de ellos de la otra parte de los Pirineos. Es para estas fechas también cuando, probablemente, se iniciaron las obras de la construcción de la cripta de Santa María del Perdón en Sos.
Catedral de Jaca (Huesca)
En cuanto a la expansión territorial Sancho Ramírez había conseguido afianzar, hacia 1085, su control en los alrededores de las principales ciudades musulmanas fronterizas (Tudela, Huesca, Barbastro y Zaragoza) para poder plantear una estrategia de asedios. Para ello fue fundamental la erección del castillo de Montearagón y la toma de Monzón en 1089. Pero el rey no pudo terminar la tarea, pues murió combatiendo ante las murallas de Wasqa (Huesca).
También el rey Sancho otorgó un importante papel en el gobierno del reino a sus hermanos. Así, Sancho, el hermanastro mayor, tenía rango de conde y era hombre de gran experiencia militar. Por ello le confió numerosas tenencias situadas en zonas estratégicas o fronterizas, entre ellas la de Sos. A su hermano García le había reservado las tareas de dirección eclesiástica con el fin de respaldar su poder y para realizar en las sedes monásticas y episcopales los cambios necesarios para aplicar la reforma eclesiástica dispuesta por la Santa Sede. Llegó a ser obispo de Pamplona, e incorporó a la diócesis de Jaca el territorio de las dos orillas del Onsella, que hasta ahora pertenecían a Pamplona.
                      Dominio de Sancho Ramírez                                      
                                   Expansión territorial de Sancho Ramírez y Pedro I
                       Dominios de Sancho Ramírez en 
                                                    Navarra tras la muerte de Sancho IV el de Peñalén
Parte del estamento eclesiástico aragonés y pamplonés se opuso a las nuevas reformas de la Santa Sede y también el obispo García, por lo que su hermano, el rey, lo apartó del obispado colocando en su lugar a su hermana Sancha, que se encargaba  de la educación de los hijos del rey, siendo también tenente de diversas plazas, pero sobre todo destacó por ser la máxima colaboradora del monarca en asuntos eclesiásticos, cumpliendo rigurosamente los cambios marcados por la Santa Sede y llegando a regir el obispado de Pamplona al menos entre 1082 y 1083. Cuando García murió en Anzánigo en 1086, sus restos fueron enterrados en la cripta de Sos.  Posteriormente, en 1097 el obispo Pedro de Pamplona consiguió del Papa Urbano II la vuelta de Sos a la diócesis navarra.
Sancho Ramírez llegó a conseguir para Aragón una coyuntura política excepcional. El reino de Aragón había quedado unido cultural y políticamente con los Estados cristianos europeos a causa de la conversión del reino en feudatario del Papado. Esto no sólo proporcionó útiles alianzas militares, sino que inició la plena apertura de Aragón a Europa. 
          Aragón se encuentra entre dos economías complementarias que al transitar por sus tierras pagan aduanas: la Europa agrícola que tiene trueques y comercio en moneda de plata se complementa con el Islam ibérico industrializado, abundante en productos de lujo y con buenas reservas de oro. Como el comercio entre ambas zonas discurre por la ruta de Jaca, Huesca y Zaragoza, en Canfranc se cobra aduana a las importaciones europeas de pieles, tejidos baratos, metal y armas, y a las exportaciones islámicas, de especias, tintes, sedas, oro y esclavos. Se cobraron a unos cuantos ricos régulos musulmanes de Huesca, Zaragoza y Barbastro cuantiosas parias a cambio de paz, normalmente mil mancusos al mes, cantidad altísima por aquel tiempo. Se potenció el paso por Aragón de las peregrinaciones a Santiago de Compostela a través del puerto del Somport, mejorando las vías de comunicación, poniendo vigilancia en los caminos para mayor seguridad de los caminantes y construyendo posadas y hospitales para atender al peregrino, poniendo a los aragoneses en contacto con nuevas gentes, nuevos productos, monedas europeas y una rica y variada combinación cultural y social.
El resultado de estos impactos no se hace esperar y en Aragón se acumula oro que amoneda por primera vez Sancho Ramírez, se crea en Jaca una ciudad mercantil donde afincan comerciantes y artesanos tolosanos y gascones, se arbitran por el rey las primeras cartas de libertad ciudadana, importante para el florecimiento del comercio y la industria, se establece la libre compraventa de inmuebles mediante la prescripción de año y día, se favorece la adquisición de propiedades y se inaugura en Jaca el primer mercado importante del incipiente reino.
La economía aragonesa acusa de inmediato estas novedades políticas que a su vez supuso una mejora de las infraestructuras de comunicación aragonesas y de la ordenación territorial. Es en este siglo, también, cuando se inventan los atalajes para las caballerías, multiplicando el rendimiento de la tracción animal; desaparece el porteador humano y ello alivia la condición de muchos siervos haciendo más rentable su esfuerzo en otras faenas; se supera el tope de 500Kg como carga máxima de un carro; se multiplican las aceñas y molinos en los ríos y se difunden meticulosos reglamentos para el mejor aprovechamiento de las aguas de riego.
                    El desarrollo de nuevas técnicas de cultivo unido al empleo de útiles y aperos más apropiados favorecieron el aumento de la producción agrícola y, con ello, un aumento de la población. Con una mano de obra abundante y mejores útiles de trabajo se roturaron nuevas tierras y se construyeron caminos que pusieron en contacto núcleos de población hasta entonces incomunicados, y por lo tanto, con una economía cerrada y de autoconsumo. A partir de ahora cada tierra podrá ser dedicada al cultivo más apropiado sin temor a producir excedentes, porque éstos pueden hallar salida en las comarcas próximas y servir para adquirir otros productos que no eran aptos para cultivar en sus tierras y sin embargo se producen en cantidades en otras comarcas. Esto conlleva a la aparición de los profesionales del transporte de mercancías, los mercaderes locales, a los que muy pronto se les unen los internacionales, que si hasta ahora sólo utilizaban los castillos y las ciudades grandes como etapas de viaje, ahora se instalan en sus proximidades. De este modo la ciudad empieza a lanzar sus tentáculos sobre el campo y la gente de oficio artesanal se concentra en el caserío urbano, instalándose en sus cercanías y estimulando la creación de industrias que les proporcionarán nuevos productos comerciales. Esta concentración de gentes que ahora afincan en la ciudad la fue transformando en un lugar de intercambio, en mercado, en punto de economías complementarias, y en ellas, en los burgos o barrios donde se instalaron mercaderes y artesanos, fue surgiendo un nuevo grupo social: la primera burguesía aragonesa.
Además de todo ello, se introdujeron el románico internacional y la escritura carolina, se implantó el rito romano en sustitución del mozárabe y se introdujo en los monasterios la reforma de inspiración cluniacense. 
El rey da su fuero especial a la ciudad, una municipalidad garantiza la paz del mercado, la planta y alzado de las casas evoluciona y hasta el dinero que ahora corre abundante, financia la construcción-sobre todo en Jaca-de un estupendo muestrario arquitectónico del románico europeo.[3] 
Aragón quedó así alineado con la cultura europea de la época.
                     Sancho Ramírez muere en 1094 y le sucede su hijo Pedro I, prolongándose el gobierno conjunto de Navarra y Aragón hasta el año 1134.




[1] Eduardo Ibarra. Documentos correspondientes al reinado de Ramiro I, Zaragoza (C.D.H.A., I), citado en: Pascual Galindo Romeo. Sos en los siglos XI y XII. Revista Universidad, 1924, p. 14.
[2] Briz Martínez. Archivo de San Juan de la Peña. Lib.3, cap.1, fol.468, col.2.
[3] Canellas López, A. "Perfiles de la economía medieval aragonesa".C.H.J.Z., 25-26., pp. 39-41.








BIBLIOGRAFÍA

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-Historia de España. Plaza&Janés Editores, vol.II. Espluges de LLobregat (Barcelona) 1991.
-Reyes y Reinas de Aragón. Coleccionable. Heraldo de Aragón.