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sábado, 16 de mayo de 2026

RECUPERACIÓN DE UN RAMAL DEL CAMINO DE SANTIAGO A SU PASO POR LAS CINCO VILLAS DE ARAGÓN

 

Peregrinos entrando en Sos del Rey Católico por el Portal de Uncastillo


El día 9 de mayo se celebró la tercera caminata del Camino de Santiago por las Cinco Villas, completando así la tercera etapa de un ramal con llegada a la villa de Sos del Rey Católico.

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              En el año 2024 se fundó la Asociación de Amigos del Camino de Santiago, “Hoya de Huesca Noroccidental-Altas Cinco Villas”. Esta entidad nació con el objetivo de recuperar y poner en valor un ramal secundario del Camino de Santiago que quedó en desuso a mediados del siglo XX. Esta ruta, proveniente de Monserrat (Camino Catalán) atraviesa la zona noroccidental de la Hoya de Huesca y de las Cinco Villas.

            El ramal parte en Ayerbe, se adentra por Murillo de Gállego y Agüero hacia la Comarca de las Cinco Villas a través de Fuencalderas, Biel, Luesia, Uncastillo y Sos del Rey Católico. De allí, se dirige a Sangüesa (Navarra) para enlazar con el Camino Francés. Señalar que el camino Catalán principal continúa desde Ayerbe hacia San Juan de la Peña y Santa Cilia de Jaca a enlazar con el camino Francés

             Para reactivar este ramal, la Asociación ha estudiado concienzudamente el trazado antiguo y realizado labores de limpieza para que el trayecto sea transitable a pie.  No es una tarea sencilla: deben retirar zarzas y vegetación salvaje e identificar vestigios en puntos donde el camino prácticamente había desaparecido. Gracias al apoyo de expertos y al trabajo constante, el trazado vuelve a salir a la luz.

            Cada vez que se recupera una etapa, la Asociación organiza una caminata inaugural. Hasta la fecha, se han completado y celebrado tres tramos:

            -Primera etapa (14 de septiembre 2024): Agüero-Fuencalderas-Biel. 19 Km. (Hay que señalar que faltaría por completar el tramo entre Murillo de Gállego y Agüero, con lo que la etapa total sería de 24 Km.

            -Segunda etapa (5 de abril 2025): Biel-Luesia-Uncastillo. 23Km.

            -Tercera etapa (9 de mayo 2026): Uncastillo-Sos del Rey Católico. 24 Km.

            Ya solo resta la cuarta y última etapa entre Sos y Sangüesa, donde el ramal se unirá definitivamente al Camino Francés. De este modo, la Asociación devolverá la vida a este histórico camino, donde el senderista o el peregrino podrá vivir una experiencia única.

Las caminatas han estado guiadas por el historiador Luis Barreiro Bordonaba quien, al final de las mismas, informaba a los caminantes las diferentes señales y evidencias existentes tanto en el camino como en los municipios por los que transitaban.

Uno de los propósitos fundamentales de la Asociación, como antes hemos dicho, es sacar del olvido este trazado, ya que actualmente las oficinas de turismo carecen de información sobre él. Recuperar este ramal abandonado supone rescatar un legado histórico y un patrimonio artístico esencial para la comarca de las Cinco Villas.

Asimismo, se pretende promocionar la ruta como un activo turístico que dinamice la economía local y contribuya activamente a combatir la despoblación.

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 La caminata de esta tercera etapa se desarrolló con total normalidad, dentro del horario estipulado (7 horas, aproximadamente), en la que los caminantes pudieron disfrutar de la naturaleza, el paisaje, la historia y el espíritu jacobeo.

 A su llegada a Sos del Rey Católico, el grupo, compuesto por 57 personas, fue recibido por la alcaldesa de la localidad, Mª José Navarro, quien les felicitó por el proyecto y les animó a continuar en su empresa. Posteriormente se trasladaron a las instalaciones de la Peña “El Cartucho”, donde la “Asociación de amigos de la historia Tanto Monta" les tenía preparada una excelente comida para reponer fuerzas, quedando todos más que satisfechos. 

Seguidamente, el grupo, encabezado por Luis Barreiro Bordonaba, se dirigió a la iglesia parroquial de San Esteban, donde el profesor expuso las evidencias relacionadas en Sos del Rey Católico con el Camino de Santiago y que a continuación se exponen:

-Antiguo monasterio de Santo Ángel: complejo monástico histórico de la zona.

-Ermitas periféricas: complejos devocionales dedicados a San Martín, San Cristóbal y San Julián; esta última consta documentada desde el siglo XI y se ubica hipotéticamente en el antiguo despoblado de Sosito.

-Iconografía jacobea en San Esteban: presencia de veneras esculpidas en los nervios de alguna de las bóvedas y en capiteles.

-Santuario dedicado a San Martín: espacio sacro integrado en el palacio de Sada.

-Alberguería altomedieval: referencias documentales del primer tercio del siglo XII que la señalan como uno de los establecimientos hospitalarios más antiguos de la comarca.

-Hospital de Sos: Centro asistencial para viajeros que funcionó de forma documentada entre los siglos XV y XIX.

-Peregrinación testamentaria: mandato del siglo XV otorgado por Miguel de Ruesta, quien estipuló en su testamento que su hija y su yerno peregrinaran a Montserrat con su nieta.

-Ventas camineras: infraestructuras de parada y posta representadas por la Venta de los Mudos, entre Castiliscar y Sos, y la Venta del Zapato, al sur de la localidad.

-Despoblado de Fillera: en las proximidades de Sos; enclave que albergó una cofradía bajo la jurisdicción del Hospital de Santa Cristina de Somport.

-Antroponimia y registros de paso: mención explícita en Fillera de dos posibles peregrinos vinculados a la ruta: Longobardo Peregrino y un hospitalero encargado de la casa de Santa Cristina, Falco.

-Ermita de la Virgen del Camino: templo de adscripción navarra, perteneciente al municipio de Sangüesa, pero muy cercana a Campo Real y al despoblado de Añués (ambos enclaves pertenecientes a Sos).

A pesar de los retos y avances conseguidos, todavía queda “camino” por recorrer: es necesario señalizar correctamente el trazado, editar una guía de servicios al peregrino y confeccionar un inventario de evidencias jacobeas (como antiguos hospitales, iglesias, monasterios, ermitas, albergues, veneras, toponimia de lugares…). Aunque la Asociación reconoce que es un proceso lento, también es verdad que ya ha conseguido importantes logros: Patrimonio ha reconocido formalmente las evidencias históricas del camino y la DGA lo ha incluido en el Plan Director de Caminos Identitarios por Aragón. Hay que continuar hasta que el ramal quede reconocido en el mapa oficial del Camino de Santiago.

¡Fuerza y mucho ánimo!

Foto: Teresa

Foto: Teresa

Foto: Juan Carlos

Foto: Teresa

Foto: Teresa


domingo, 16 de julio de 2017

MONTE Y ERMITA DE SAN CRISTÓBAL

Monte San Cristóbal. Sos del Rey Católico


                 Al Noroeste de Sos, y nada más dejar el municipio en dirección a Sangüesa, se encuentra el monte San Cristóbal, de 800 m. de altitud y ubicado en el extremo sureste de la sierra de Peña, de la que forma parte.
                El cerro de San Cristóbal es conocido en Sos también como Paco de San Cristóbal donde, según el vocabulario de las Cinco Villas, la voz  Paco viene a ser un adjetivo que significa “zona umbría del monte” A sus pies, por el Este, la N- 620 que viene de Sos, cruzando y bordeando el barranco del Riguel, y rodeado en su parte Norte y Oeste por el barranco de Cenaruga.
                El nombre del monte lo toma del Santo a cuya advocación se dedicó una ermita ubicada en la cima del mismo, en este caso a San Cristóbal, de la que se tienen noticias documentadas desde mediados del siglo XIII.
                Labaña, en su “Itinerario del Reino de Aragón” de 1610 da las siguientes referencias tomadas desde el castillo de Sos respecto a la ermita de San Cristóbal: “ De Oeste a Norte: 27,5º. Un sexto de legua. Queda en lo alto de un monte que está al otro lado de Sos, y un hondo en medio (El Riguel)"
                Pascual Madoz, en el Diccionario Geográfico Estadístico Histórico también nombra la ermita de San Cristóbal junto con otras cuatro más en el término de Sos.
              
Vistas de la Valdonsella desde la cima del monte San Cristóbal
(Sos del Rey Católico)
                 La razón que se dedicara una ermita a San Cristóbal no se sabe con certeza, pero podría ser por servir como punto de orientación para los guías de peregrinos en el camino de Santiago. Según Agustín Ubieto, el camino de Santiago está jalonado a ambos lados de ermitas dedicadas a San Cristóbal, que junto con Santiago y San Martín, son considerados universalmente como amparadores de peregrinos. Las ermitas dedicadas a estos santos y ubicadas en las cimas de los montes son visibles desde muy lejos, pues al no existir entonces guías impresas del camino, el único modo de orientarse entre la salvaje vegetación que cubrían los territorios por los que pasaba la Ruta a Santiago, era tomando como referencia las cruces y ermitas ubicadas en estas estratégicas cimas; si no, no se explica, por ejemplo, que en los diferentes caminos de la ruta Jacobea que cruzan el territorio aragonés se encuentren más de 170 ermitas o iglesias con advocación a San Cristóbal, Santiago o San Martín. Y a estas hay que añadir otras muchas más de las demás provincias. El monte de San Cristóbal de Sos es visible desde la lejanía desde diversos puntos del camino de Santiago, sólo hay que subir a su cima y ver el amplio y extenso territorio que desde allí se otea.
Sos del Rey Católico desde la cima del monte San Cristóbal

                Para subir al mismo puede hacerse por cualquiera de sus laderas; el único inconveniente es que no existe pista forestal alguna ni caminos que nos lleven hasta el alto, por lo que el ascenso lo realizaremos de forma arbitraria, eligiendo el mejor sitio para ascender y sorteando los numerosos bancales o fajas que desde la base llegan hasta la cima. Sobra decir que hay que portar un buen calzado y llevar cubiertas las piernas, pues las aliagas, coscojas y otros matorrales espinosos nos dificultarían el ascenso.
               

Restos de la ermita de San Cristóbal
              En la cumbre del monte se encontraba la ermita de San Cristóbal, ya derruída totalmente, de la que apenas afloran del suelo unas pocas piedras que imaginariamente nos hace intuir su perímetro sobre el terreno y deducir que se trataba de una construcción de planta rectangular y ábside semicircular, de unos 9 m de largo por cinco de ancho.                
                Desparramados por las laderas del monte, restos de piedras que probablemente formaran parte de su fábrica.

Navarra, con Sangüesa al fonfo, visto desde la cima del
monte San Cristóbal
                

                  



               

                Desde la cima del monte San Cristóbal se puede ver la totalidad del municipio de Sos del Rey Católico y, como antes se dijo, unas maravillosas vistas de la Valdonsella y Navarra.

                Tiempo aproximado del itinerario: 1 h, 30 minutos (ida y vuelta)










BIBLIOGRAFÍA

-CORTÉS VALENCIANO, MARCELINO. Toponimia de Sos del Rey Católico. Cuadernos de Aragón, 58. I.F.C. Excma. Diputación de Zaragoza. Zaragoza, 2015.
-LABAÑA, JUAN BAUTISTA. Itinerario del Reino de Aragón. Estudio previo de Paulo Ubieto Artur. Anubar. Zaragoza, 1992.
-MADOZ, PASCUAL. Diccionario Geográfico Estadístico Histórico. 1845-1850. Edición facsímil. D.G.A. Valladolid, 1985.
-UBIETO ARTETA, AGUSTÍN. Caminos peregrinos de Aragón. I.F.C. (C.S.I.C.) Excma. Diputación de Zaragoza, 2016.

domingo, 22 de marzo de 2015

SOS EN EL CAMINO DE SANTIAGO

 

Según la guía del peregrino Aymeric Picaud, escrita supuestamente hacia el año 1160, existían cuatro rutas que atravesaban los Pirineos y que se unían en Puente la Reina, formando desde allí un sólo camino hasta Santiago.
La ruta denominada “camino francés” o “camino histórico” pasaba por Saint Guilles, Montpellier, Toulouse y se adentraba en tierras españolas por el paso del Somport, uno de los lugares más difíciles para los peregrinos, también llamado Portus Asperi, un puerto de algo más de 1600 metros de altitud en el que en invierno se acumulaban las nieves. En él se levantaban el monasterio y hospital de Santa Cristina, que extendía sus territorios tanto al sur, en el que poseía treinta iglesias, como al norte, con catorce, y que incluso tenía dominios en Bohemia y Hungría.
Codex Calixtinus de Aymeric Picaud
Para Aymeric Picaud, Santa Cristina era uno de los tres grandes hospitales del mundo: “Tres columnas valde necessarias as sustinendos pauperes suos maxime Dominus in hoc mundo instituit: hospitale scilicet Jherusalem et hospitale Montis Jocci ey hospitale Sancte Xpistine quod est in Portibus Asperi...” (Tres son particularmente las columnas, de extraordinaria utilidad, que el Señor estableció en este mundo para sostenimiento de sus pobres, a saber, el hospital de Jerusalén, el hospital de Mont-Joux y el hospital de Santa Cristina, en el Somport.)
Desde Somport a Puente la Reina había tres cortas etapas, en realidad de 26, 37 y 97 kilómetros. La primera se dirigía de Borge, una villa situada al pie del Somport por la vertiente del Gascuña hasta Jaca. La segunda de Jaca a Monreal y la tercera de Monreal a Puente la Reina.
En la primera etapa, tras pasar el puerto del Somport y el hospital de Santa Cristina, el peregrino, siguiendo la antigua calzada que unía Burdeos con Zaragoza orillando el río Aragón, llegaba a Jaca, que conserva la más antigua catedral románica de la Península, concluida hacia 1063.  Esta localidad fue elevada en su condición jurídica de villa a ciudad por el rey Sancho Ramírez en el año 1076, mediante la correspondiente concesión de fueros, convirtiéndose en sede episcopal y en capital del primitivo reino de Aragón hasta la conquista de Huesca en el año 1096. De esta manera, al favorecerse a Jaca, se potenciaba por parte del monarca aragonés el Camino de Santiago al paso por sus dominios.
En la segunda etapa se salía de Jaca y tras pasar Puente la Reina de Jaca el camino se dividía en dos rutas hasta Sangüesa. Una iba por la margen derecha del río Aragón: Berdún, Aso Veral, Miramont, Sigüés, Escó y Tiermas. La otra por la izquierda: Arrés, Martes, Mianos, Artieda, Ruesta y Undués de Lerda.
El camino a Santiago era recorrido por muchos peregrinos, pero también transitaban por él un gran número de mercaderes, artistas, artesanos caldereros, vidrieros, tejedores, curtidores, ebanistas, maestros armeros, herreros, canteros, escultores, caballeros que anhelaban poner su espada al servicio de los reyes de los reinos peninsulares en su lucha contra los árabes, en busca de fortuna y gloria; campesinos que escapaban de los malos tratos de sus señores; campesinos libres huyendo de las pestes, guerras, saqueos y persecuciones religiosas, en busca de nuevas tierras que labrar; y un sinfín de heterogéneos personajes que buscaban un nuevo lugar en el que establecerse en busca de una vida mejor.
Estos se iban quedando en las poblaciones aledañas al camino o se desviaban para instalarse en lugares cercanos o más alejados del mismo según las casualidades, o atraídos por los beneficios fiscales de repoblación de algunas ciudades o villas.
La cercanía de Sos en este tramo del camino de Santiago, en la que a comienzos del siglo I d. de C. los romanos habían construído una vía romana y que fue aprovechada por los peregrinos medievales para ir a Santiago, hizo que también se beneficiase de este tránsito humano, cultural, religioso y económico.


 No debemos de olvidar que al camino principal afluían gran cantidad de ramales procedentes de distintos puntos de la geografía española. Por Sos pasaba un ramal que provenía del camino de Montserrat en su variante por Huesca, trayendo peregrinos que desembarcaban en los puertos catalanes. 

Dicha variante pasaba por Binefar, Monzón, Monflorite, Huesca, Bolea, Loarre y Ayerbe. Desde aquí salían dos ramales: uno se dirigía a Puentelarreina de Jaca y otro se desviaba por Biel, Luesia, Uncastillo y, pasando por Sos, se unía al camino principal en Sangüesa (éste último ramal está actualmente en desuso). El historiador Antonio Ubieto Arteta comenta que existía un camino que, “partiendo del itinerario francés, se desviaba por Sos del Rey Católico para entrar en Navarra”.
Como muestra de la relación  que posee Sos con el camino de Santiago nos trasladamos a la iglesia de San Estaban, observando que en las jambas de la puerta principal aparece representado el monje Pelayo quien, según la tradición, descubrió la tumba del apóstol Santiago en Compostela. También, en una de las bóvedas de la iglesia hay una decoración cuyo tema principal son las conchas, que era uno de los atributos principales de los peregrinos medievales.


BIBLIOGRAFIA

-PASSINI, JEAN. Aragón, el camino a Santiago: Patrimonio edificado. Casa de Valázquez. Madrid, 1993.
-UBIETO ARTETA, ANTONIO. Los caminos de Santiago en Aragón. D.G.A. Zaragoza, 1993.



domingo, 15 de marzo de 2015

LAS PRIMERAS PEREGRINACIONES. EL CAMINO DE SANTIAGO

Para el campesino del siglo X, que habitaba en una choza y se alimentaba a menudo de bellotas y raíces, las enseñanzas del evangelio resultaban herméticas. A pesar de todo era creyente. Acudía a la iglesia para rogar a Dios e implorar su perdón pues, más fuerte que su fe y también más irracional, era un terrible sentimiento que albergaba, el miedo. Miedo del hambre, de las epidemias, de la oscuridad, de las fuerzas de la naturaleza y de los poderosos. Para aquel pueblo primitivo e iletrado todo era un signo: los fenómenos cuyas causas se le escapaban- inundaciones, tempestades y perturbaciones de los cielos- le parecían manifestaciones de fuerzas misteriosas, cuyo favor había que ganarse por todos los medios. Los pobres, que padecían una subalimentación crónica, podían ser presa de aterradoras visiones. Las antiguas supersticiones, heredadas del paganismo y apenas desvanecidas tras cuatro siglos de cristianización, resurgieron rápidamente. Los mismos monjes se entregaron al tráfico de toda clase de ensalmos, amuletos y talismanes a los que se atribuían un origen santo para explicar sus propiedades mágicas, capaces de someter a las fuerzas de la naturaleza.
El mayor de los miedos, sin embargo, era el que se tenía a la muerte y al infierno, a donde el peso de sus culpas podía arrastrar por siempre jamás al pecador. Este miedo, presente en el origen del culto a los santos, cobró entonces una impresionante amplitud y, de día en día, iba en aumento el número de los que acudían a pedir a un santo, orando ante sus reliquias que les protegiera de este mundo, pero sobre todo, que intercediera en su favor el día del Juicio Final. También se incrementó rápidamente el número de reliquias al hallarse restos de santos por todas partes. Su fama muchas veces no fue más allá de los alrededores del cementerio que los cobijaba, pero, si un santo local hacia repetidos milagros y se divulgaba la noticia, los peregrinos acudían en masa y los donativos afluían sin cesar. Había nacido el fenómeno de las peregrinaciones.
Entre las peregrinaciones que se emprendieron en el siglo X, la de Santiago de Compostela despertó un especial fervor. En la creación del mito jacobeo confluyeron los anhelos espirituales de una gran parte de la población con los intereses de una élite que azuzó este movimiento hasta convertirlo en un acontecimiento trascendental para la historia europea.
Todo comenzó en el siglo IX cuando en los confines del reino asturiano, que mantenía el espíritu de la cristiandad en una Península dominada por el Islam, se encontró la tumba de un Apóstol, la única de todo occidente, si hacemos excepción de las de Pedro y Pablo en Roma.
En el año 950 el Obispo Godescalco llegó hasta el sepulcro del apóstol al frente de un grupo de peregrinos franceses. Entonces la ruta jacobea inició los más fecundos contactos espirituales entre los pueblos de Occidente. La Europa medieval se sintió solidaria de una civilización que hundía sus raíces en el mundo clásico, pero que se expresaba con un lenguaje profundamente cristiano.

El Camino de Santiago aparece así como un lazo que fue atando, siglo a siglo, a gentes muy diversas dentro de un ideal religioso. Pero al calor de la fe se produjo un denso trasvase de formas artísticas, de fermentos culturales. Entraron en España modos de vida ultra pirenaicos en el momento en el que todo el norte de la Península se repoblaba con cristianos procedentes de tierras musulmanas (mozárabes), transmisores de la refinada civilización islámica. Así pudo surgir el estilo románico como el primer definidor de la unidad europea, aunque enriquecido por las aportaciones orientales.
Doscientos años después, otro reino que se había desgajado del control del reino de Pamplona, halló justificación para su existencia en la apertura de antiguas vías que, a la vez que facilitaban el tránsito a Galicia, nutrían de peregrinos, comerciantes, monjes y guerreros a un territorio escaso de población y recursos.
Así fue como los primeros reyes aragoneses desde Ramiro I hasta Alfonso I el Batallador en cien espléndidos años (1035-1135) y con el apoyo del Papado y la poderosa Orden de Cluny abrieron el paso del Camino de Santiago por las tierras que iban configurando su reino.
Los peregrinos tenían que atravesar montes, ríos, colinas y llanuras, protegerse del cansancio que se acumulaba en sus pies y en su espíritu; tenían que alimentar su cuerpo y también su alma. Para lo primero disponían de las posadas y de las hospederías, para lo segundo de las ermitas, iglesias y catedrales; cuando caían enfermos, de los hospitales; cuando morían en el camino, de las ermitas funerarias y de los camposantos. 
Aquel peregrino que andaba por los caminos para alcanzar la tumba del Apóstol y obtener así la remisión de sus pecados – como penitencia que voluntariamente se había impuesto o a la que le habían obligado, o para cumplir la promesa de agradecimiento a un beneficio concedido- temía no poder alcanzar la meta: huía de la muerte que le acechaba entre los matorrales, que le podían asaltar tras cualquier árbol o en la orilla de un río, aunque sabía que los que muriesen “yendo a la casa de Santiago”, tendrían la valiosa intercesión del apóstol, al igual que gozaban de privilegio aquellos que morían en viaje a Jerusalén.
Para ilustrar mejor a los peregrinos surgió la primera guía de viaje que produjo la Edad Media. Se trata de una guía escrita por un francés, Aymeric Picaud, en la que informaba de los itinerarios, las comidas, las buenas y malas aguas, el carácter de las gentes, las iglesias famosas, las costumbres..., terminando con una entusiástica descripción de Compostela y su famosa basílica.

En los siglos del románico ni laicos ni clérigos se distinguieron por llevar una existencia virtuosa. Las crónicas de la época presentan un mundo abocado al pecado, a la falsedad, a la lujuria, a la perversidad, y una de las que lo hace más agudamente es el Codex Calixtinus. Aymerid Picaud dice que quien quiera que construyese el hospital de Santa Cristina debería merecer gloria eterna, pero a continuación se despacha a gusto con la descripción de unos tipos que constituyen una de las galerías de retratos más pintorescas de todo el mundo medieval. Habla de los malos mesoneros, que engañan a los peregrinos dándoles a probar vino bueno y vendiéndoles del malo; de los que venden pescado o carne cocida de dos o tres días; de los hospederos, que embriagan a sus huéspedes para robarles; de las criadas, que por motivos vergonzosos y para ganar dinero se acercan al lecho de los peregrinos como lo hacen las meretrices. 
Los peligros, sin embargo, no sólo acechan en las hospederías; en su camino además de encontrarse con ríos cuyas aguas son mortíferas, se topan con gentes que cambian con monedas falsas o roban; con falsos penitenciarios que ponen penitencias imposibles, como la de dar treinta monedas a presbíteros que no hayan tenido trato con mujeres; con hipócritas que se fingen enfermos, sordos o mudos que terminan asaltando al peregrino; con especieros que venden por buenas especias podridas; con médicos que adulteran los potingues y jarabes; con portazgueros que cobran falsos tributos y con guardias que custodian los altares de los grandes santuarios de peregrinación y se apoderan de las ofrendas.
Si a todo esto sumamos los peligros naturales del campo, como ataques de animales venenosos o peligrosos, como lobos y, sobre todo, osos, podemos imaginarnos el angustioso peregrinaje de esta gente hasta llegar a su meta de Santiago de Compostela.
En contraposición a estos males del camino es sobradamente conocida la estrecha interrelación existente entre el auge de las peregrinaciones en el siglo XI, el desarrollo de las ciudades del Camino, la penetración y asentamientos de francos y el incremento del comercio. Muy pronto la ruta de peregrinos se convirtió en una ruta comercial del norte de España. Al impulso de las peregrinaciones se crearon nuevos centros y se transformaron los antiguos núcleos preurbanos. Las actividades derivadas de la atención a los peregrinos, comerciales y artesanales, prevalecen sobre las agrarias primitivas y son desempeñadas preferentemente por los inmigrantes “francos”, los cuales se establecen casi siempre en calles o barrios especiales en las afueras de las poblaciones. En contraste con los habitantes hispano-cristianos, dedicados sobre todo al ejército o a la agricultura, los “francos” eran burgueses, es decir, mercaderes o artesanos.
Además de ruta comercial, el Camino de Santiago fue vehículo de intercambios e influencias culturales e ideológicas.


BIBLIOGRAFIA

-PITA ANDRADE, J.M. El camino de Santiago.Territorio Museo. Publicación del Ministerio de Información y Turismo. 1975.
-UBIETO ARTETA, ANTONIO. Los caminos de Santiago en Aragón. D.G.A. Zaragoza, 1993.
-Historia de las Civilizaciones, T. 3. Los orígenes de la Edad Media. Larousse, 1996.