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sábado, 25 de julio de 2026

UN NUEVO BLASÓN EN SOS DEL REY CATÓLICO: EL ECO DE ESCOCIA EN LA PIEDRA DE LA VILLA

Escudo labrado en piedra (Sos del Rey Católico)


 

Se ha dicho muchas veces que pasear por Sos del Rey Católico es realizar un viaje en el tiempo, donde la historia no solo se respira, sino que se lee en sus fachadas. Y es verdad. Los muros de piedra de la villa custodian un catálogo vivo de heráldica medieval y moderna; un entramado de líneas, cuarteles y timbres que narran el devenir de los linajes locales. Tradicionalmente, estos escudos han sido el reflejo de apellidos profundamente arraigados, mayoritariamente, a la tierra aragonesa, navarra, vasca, catalana o castellana; familias de abolengo que defendieron, repoblaron e incluso gobernaron este enclave fronterizo durante siglos. Cada piedra en Sos era, hasta ahora, un documento de identidad local cincelado en roca. Así, tenemos en sus muros los escudos de armas, muy conocidos entre los sosienses, de los Espatolero, los Lozano, los Bueno, los Español de Niño, los Sada o los Artieda, aunque de alguno de ellos no quede ya descendiente alguno en la villa, porque la historia de las poblaciones no es un organismo estático, sino un lienzo en constante evolución que va dejando tras de sí el eco de sus apellidos en los archivos de la villa. Pero el vacío que dejan no es permanente. Nuevas gentes, procedentes de las latitudes más diversas, acuden a poblar Sos, devolviendo la vida a sus viejas casonas y adoptando esta tierra como su nuevo hogar.

 El paso del tiempo, el dinamismo demográfico y el devenir del mercado inmobiliario transforman inevitablemente la propiedad de las casas históricas y nuevos moradores llegan a la villa, enamorados de su pasado, imantados por su belleza, pero portando sus propias mochilas identitarias. Es un impulso humano natural y legítimo el querer marcar el propio hogar con la impronta del linaje al que se pertenece, perpetuando una tradición secular —la de colocar el blasón familiar en la fachada— aunque dicho linaje no hunda sus raíces en el sustrato original del pueblo.

Es precisamente este fenómeno el que da origen al objeto de este post. Rompiendo la secular monotonía de los apellidos infanzones de la comarca, un nuevo escudo heráldico ha venido a sumarse al paisaje urbano de Sos del Rey Católico. No encontramos en sus cuarteles las barras de Aragón ni las cadenas de Navarra, flores de lis u otros símbolos más familiares, sino la iconografía y el simbolismo propios del apellido Ross, un antiquísimo y célebre clan procedente de las Tierras Altas de Escocia (Highlands) Este nuevo blasón, lejos de desentonar, enriquece el patrimonio visual de la villa y testifica su capacidad de acogida cosmopolita en pleno siglo XXI.

A continuación, nos adentraremos en el análisis detallado de esta noble familia transmarina, desentrañando el significado de sus armas.

 

ROSS. Origen del linaje

 

El apellido Ross no es una simple denominación familiar, sino el nombre de uno de los clanes más antiguos y respetados de las Tierras Altas (Highlands) de Escocia. El término procede del gaélico ros, que significa «promontorio» o «península», haciendo alusión original a las tierras norteñas de Ross-shire.

Históricamente, los Ross fueron grandes magnates y condes que desempeñaron un papel crucial en la independencia escocesa, combatiendo codo con codo junto a figuras legendarias como Robert the Bruce en la histórica batalla de Bannockburn (1314) y de quienes luego surgieron varias ramas.

El escudo labrado en la fachada de una casa de Sos del Rey Católico responde con rigurosidad a la tradición armorial escocesa (históricamente regulada por el estricto Tribunal del Lord Lyon en Edimburgo). El blasón se compone de los siguientes elementos iconográficos: en la heráldica pintada, y en el campo del escudo, se muestran tres leones rampantes de argent (plata) sobre campo de gules (rojo). En el lenguaje de los blasones, el león rampante simboliza la fuerza militar, el coraje indomable, la bravura y la nobleza de espíritu.

Suele acompañar al escudo el célebre lema oficial del Clan Ross: «Spem successus alit». Esta inscripción, en latín se traduce tradicionalmente como «El éxito alimenta la esperanza» (o "el éxito nutre la esperanza"), aunque en este escudo de Sos no se ha tallado la inscripción (posiblemente, debido a su dificultoso trabajo de talla).

En el contexto histórico de Sos del Rey Católico, un pueblo que sabe bien lo que es resistir asedios, batallas fronterizas y el desgaste de los siglos, este lema adquiere una nueva dimensión. No es solo la divisa de unos nuevos propietarios orgullosos de sus ancestros; es un recordatorio filosófico tallado en la roca para todo aquel que pasee por la calle: la constancia y los logros alcanzados en la vida son el verdadero motor que mantiene viva la ilusión y el futuro de un linaje; simboliza la victoria, el honor y el crecimiento continuo a través del esfuerzo colectivo de la familia.

Cresta del blasón del clan Ross
            Hay que reseñar que en la heráldica escocesa existen diferencias entre el escudo de armas (el blasón original usado únicamente por el jefe del clan) y la cresta del blasón, usada como insignia por todos los miembros de la familia para mostrar su lealtad hacia el jefe. Esta cresta está formada por una mano derecha (dexter hand) sosteniendo una guirnalda de enebro o laurel (según la variante) y a su alrededor una correa y una hebilla, y aquí es donde se coloca el lema “Spem successus alit”. Ambos elementos forman parte de la heráldica del clan Ross. Mientras que el escudo con los tres leones es la base del blasón del jefe, la mano con el lema es el símbolo que comparten todos los miembros que llevan el apellido.

Cómo este linaje escocés ha cruzado las fronteras británicas para labrar sus armas en la piedra caliza de la villa aragonesa de Sos del Rey Católico siete siglos después, uniendo la bruma del norte con el sol de las Cinco Villas, es un testimonio que vamos a descifrar seguidamente.

En los siglos XVIII y XIX, durante el auge de la industria azucarera y la breve toma de La Habana por los ingleses (1762), muchas familias de origen escocés e irlandés (entre ellos portadores del apellido Ross) emigraron y se asentaron en Cuba. Adquirieron plantaciones azucareras (ingenios) y trabajaron también como ingenieros maquinistas introduciendo la máquina de vapor inglesa en la isla. Podría decirse que la migración británica a Cuba del apellido Ross (o su variante Ros), no fue masiva pero sí muy influyente. A menudo eran ingenieros de maquinaria, comerciantes o dueños de ingenios (plantaciones azucareras).

Descendientes de estos emigrantes se asentaron en Cuba e islas cercanas, como Puerto Rico o República Dominicana y descendientes de estos llegaron a España en un claro testimonio de emigración y globalización residencial de los siglos XX-XXI.


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A partir de hoy, es de esperar y desear que nuevos blasones con apellidos nacidos en otras fronteras engalanen progresivamente las fachadas del municipio, y esto no debe entenderse como una anomalía histórica, sino como el fiel reflejo de una realidad antropológica ineludible. Es, simplemente, ley de vida. Lejos de desvirtuar el conjunto, estas nuevas piedras armeras enriquecerán el ya de por sí vasto patrimonio local. La heráldica del mañana en Sos del Rey Católico ya no pertenecerá únicamente a la vieja nobleza aragonesa, navarra o castellana, sino a una aristocracia del afecto: la de aquellos que, habiendo nacido en cualquier rincón del mundo, eligen la belleza eterna de esta villa para esculpir el orgullo de sus ancestros y echar raíces de cara al futuro.

 

 

 





domingo, 17 de noviembre de 2024

UN PEQUEÑO JARDÍN BOTÁNICO EN SOS

 

Una mesa, dos sillas, un árbol y un jardín botánico adecentan este solar en Sos del Rey Católico. 

              

Hotel de insectos

                  Paseando por las calles de Sos del Rey Católico, encontré un curioso espacio que ocupaba un abandonado solar, que siempre estaba cubierto de hierbas, maleza, matojos y vegetación salvaje, convertido en un pequeño y coqueto jardín botánico. Cuál fue mi sorpresa al encontrarme con el pequeño solar limpio de hierbajos, en el que dejaron en su centro un árbol que había crecido espontáneamente; en su pie habían colocado una mesa y dos sillas, invitando al paseante a sentarse bajo su sombra a leer un libro o, sencillamente, a sentir la suave brisa sobre su piel. Maravilloso y relajante. Y colgando del tronco del árbol, un hotel de insectos, un curioso artilugio de fabricación casera que sirve tanto de refugio para los insectos autóctonos como para facilitar otras interesantes funciones naturales imprescindibles en la madre naturaleza (junto al tronco del árbol encontramos un cartelito explicativo). Otro cartel a la entrada del solar anuncia: “El balcón de Valentuñana”. (No hay que ser un lince para saber por qué le han puesto este nombre).

            Pero no queda aquí la cosa. Alrededor del solar crecían, suntuosas, diferentes plantas embelleciendo el  lugar, la mayoría aromáticas, medicinales y culinarias, con un cartelito en cada una de ellas en el que podía leerse la variedad de plantas allí expuestas y sus  propiedades, tanto medicinales como culinarias. En el cartel de entrada al solar puede leerse que la mayoría de las plantas expuestas han sido recogidas en el viejo camino que baja hasta el monasterio de Valentuñana, pues son muy comunes en nuestro entorno: espliego, menta, tomillo, caléndula, romero, melisa…, entre otros, y que son plantas que utilizaban nuestros antepasados como terapia y remedio contra las enfermedades y los males que afligían a los sosienses hasta mediados del pasado siglo; incluso aún hay quien las sigue utilizando actualmente dependiendo del tipo de molestia que padezca el enfermo.  

                En resumen, un mini jardín botánico, explicativo y muy bien cuidado, adecentando un abandonado solar de la villa que hasta ahora había sido un vergel y convirtiéndolo en un curioso y coqueto espacio para gozo y disfrute del paseante. 

            El jardincito se encuentra en la parte trasera del Parador de Turismo, en las llamadas “casicas del cura”, justo al principio de la calle que da entrada a las mismas (calle de las Damas) y junto a las escaleras que conducen, en bajada, a la carretera, y es obra de una joven pareja que vive en una de las citadas casas y a la que hay que felicitar por su curiosa y brillante iniciativa. Una “cucada” que te llama y te invita a curiosear y a conocer el lugar, porque no pasa desapercibido si paseas por allí.

              Si vas, seguro que te sientas en una de las sillas bajo el árbol e intentarás curiosear y ver si el hotel de insectos tiene huéspedes.Resulta tentador.






domingo, 10 de noviembre de 2024

"EL OJO QUE TODO LO VE" EN UNA CASA DE SOS DEL REY CATOLICO

 

"El ojo que todo lo ve" o "el ojo de la Providencia" en una casa de Sos del Rey Católico

            

              Ya hablé en un post, en febrero del 2015, de las abejas esculpidas en los balcones de la primera planta de la casa frente al nº 26 de la calle Ramón y Cajal de Sos del Rey Católico y su simbolismo plenamente masónico.(ver)

            El día que realicé las fotos de las abejas para aquel post,  no hice más fotografías de los balcones del segundo piso porque, debido a la oscuridad que suele reinar en este tramo de la calle y el contraluz permanente existente al mirar hacia arriba, con el luminoso cielo detrás del objeto a fotografiar, no se aprecia claramente lo que hay, aunque se vislumbra, esculpidos en la parte inferior de dichos balcones, “algo” que tiene la misma forma circular que los del primer piso, por lo que supuse que, por simetría y paridad arquitectónica y decorativa, serían duplicidades de las abejas esculpidas en el primer piso. Varias veces, al pasar junto a la casa, miraba hacia arriba, hacia los balcones del segundo piso, pero siempre me encontraba con el efecto de contraluz antes descrito y nunca vi claramente qué dibujo contenían esos dos círculos. Y así quedó durante unos años y me olvidé absolutamente de ello.

            El mes pasado me dio otra vez por mirar, pero esta vez iba bien pertrechado con prismáticos y una buena cámara de fotos con un buen zoom y cuál fue mi sorpresa al descubrir que eran distintos que los del primer piso, y corroboran, todavía más, la idea de que el restaurador de la casa era masón, pues se trata, nada más y nada menos, que del Ojo de la Providencia, o “el ojo que todo lo ve”; uno en cada balcón, inscrito en un triángulo, del que existen varias interpretaciones y que a continuación detallamos.

            El origen del "Ojo que todo lo ve" hay que buscarlo en Egipto, en el conocido “ojo de Horus” o Udyat  y significa “el que está completo”. Puede decirse que era un amuleto protector, purificador y sanador que encarnaba el orden y el estado perfecto; simbolizaba la salud, la prosperidad, potenciaba la vista, protegía y curaba enfermedades oculares, contrarrestaba el “mal de ojo” y protegía a los difuntos.

            El Udyat fue adoptado posteriormente por otras civilizaciones, dándole diferentes significados según sus culturas. Así, mientras asirios y babilonios lo consideraron como un símbolo de protección divina, los judíos y cristianos lo utilizaron para representar la omnipotencia y omnisciencia de Yahvé o Dios, creyendo que representa la supervisión divina y el control que los dioses ejercen sobre el mundo y los seres humanos.

            El simbolismo más generalizado a lo largo de la historia es el de representar la vigilancia, el control, el conocimiento y la providencia divina, la capacidad de ver más allá de lo evidente, de trascender la realidad física y acceder a un conocimiento más profundo, divino y espiritual, abriendo nuevas formas de comprensión y conocimiento.

            Ya en el siglo XVIII, con el nacimiento de la masonería en Europa, el ojo fue adoptado por diferentes logias, enmarcándolo en un triángulo equilátero, recibiendo el nombre de “delta luminoso” (por su parecido con la letra griega delta), para simbolizar al Gran Arquitecto del Universo. Ese arquitecto, Ser Supremo que, omnipotente y omnisciente, está presente en nuestras vidas y nos exhorta a buscar una conexión más profunda con lo divino, o nos recuerda que debemos ser libres para explorar nuestro propio camino espiritual, nos induce a buscar la verdad y nos recuerda que nuestros hechos, acciones y comportamientos se hallan siempre bajo vigilancia y que debemos ser conscientes de nuestras propias responsabilidades, actuando con transparencia, honestidad e integridad moral en todas las facetas de la vida.

            En la sociedad actual, "el ojo que todo lo ve" va adquiriendo nuevas interpretaciones, como el recordatorio de la importancia de la vigilancia y la conciencia en un mundo cada vez más controlado y vigilado, o la simbolización, más bien conspirativa, del poder y la influencia de las élites y las sociedades secretas que controlan el mundo en las sombras.[1]

            “El ojo que todo lo ve” y “la abeja” en una misma construcción. No hay duda que Almárcegui, que así se llamaba el maestro de obras restaurador de esta casa de Sos, era masón.



[1] Para conocer más sobre “el ojo que todo lo ve”, ver este texto del filósofo, esoterista, matemático y masón René Guenón  de su obra “Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada”, recogido en https://www.masoneriadelmundo.com/2018/02/simbolismo-del-ojo-que-todo-lo-ve.html

 







BIBLIOGRAFÍA



-En la web:

https://elblogdelmason.com/el-ojo-que-todo-lo-ve-que-significa/#El_ojo_que_todo_lo_ve_en_la_cultura_popular

www.confilegal.com. ¿Qués es, de dónde procede y cuál es el significado del Ojo que todo lo ve?

www.secretosmasones.org. Simbolismo del “ojo que todo lo ve” en la Masonería: significado revelado.


domingo, 14 de abril de 2024

LA OFICINA DE TURISMO DE SOS DEL REY CATÓLICO

 

                              



          En respuesta a los que preguntáis si hay oficina de turismo en Sos, deciros que sí. Sos del Rey Católico tiene una preciosa oficina de turismo. Se encuentra ubicada en la casa-palacio de Sada, lugar de nacimiento de Fernando "el Católico" y actualmente Centro de Interpretación, donde allí mismo podréis contratar la visita guiada a la villa e informaros de otros paseos, excursiones y servicios, y donde os ofrecerán una completísima información, tanto del municipio como de toda la comarca.

          En este enlace tenéis la página web de la oficina de turismo de Sos del Rey Católico con toda la información. https://www.oficinaturismososdelreycatolico.com/

        Recordad que los días de visitas y horarios pueden sufrir cambios; conviene que lo verifiquéis con antelación.


Entrada al Palacio de Sada. Sos del Rey Católico.


sábado, 30 de marzo de 2024

EL BATALLÓN DE LOS PROVINCIALES DE HUESCA. INSCRIPCIÓN EN EL CASTILLO

 

Inscripción en el torreón circular del castillo de Sos del Rey Católico (Zaragoza)

              En el torreón circular del castillo de Sos del Rey Católico hay una inscripción que Loli Ibañez consiguió descifrar en el año 2021.

                 Confieso que yo también estaba intrigado por saber qué ponía en dicha inscripción. Llevaba años dándole vueltas y solo malinterpretaba lo mismo que, en un principio, leía Loli: ”…los pio,… de lospio….” Lo que sí tenía claro era que el final de la inscripción cerraba con la palabra “Huesca”. Pero de ahí no avanzaba más. No había forma de interpretarla.

                   Por fin Loli dio con la solución: “Btes (Batallones) de los provinciales de Huesca”, añadiendo que es una inscripción de mediados del siglo XIX haciendo alusión al período de las guerras carlistas.(ver)

               

Torreón circular. Castillo de Sos.

              Y tenía toda la razón. Efectivamente, la inscripción parece corresponder a los años de mitad de siglo XIX, y podemos decir que es posterior a la finalización "oficial" de la primera guerra carlista (1840) pues, a tenor de los datos que disponemos sobre los batallones de las milicias provinciales de entonces, el batallón de los Provinciales de Huesca se constituyó con posterioridad a esta fecha, concretamente en 1841.

             La inscripción está tallada en una única piedra y mide 47cm. de largo por 22cm. de ancho, dividida en tres partes longitudinales de diferentes anchuras, de modo que aparentan como tres líneas, de arriba a abajo, de 6, 9 y 7 cm. de anchura respectivamente, donde la primera línea es totalmente ilegible debido al desgaste, la erosión y el paso del tiempo. La parte legible corresponde a la segunda y tercera línea, donde puede leerse: "Bta. de los pro" en la segunda línea, y "vinciales de Huesca" en la tercera. Bajo esta inscripción hay otra piedra de 30 cm de largo por 12 de ancho que también contiene otra inscripción, pero resulta totalmente indescifrable.

         En relación al cuerpo legible de la inscripción, podríamos decir que la primera palabra abreviada podría estar en singular y no en plural porque, a diferencia de otras provincias más grandes en cuanto a población se refiere y que, lógicamente, disponían de más batallones, realmente en Huesca sólo existió “UN” batallón de milicias, y no dos o más. Es por esto que la letra contigua a la “B” y la “t” podría ser, sencillamente, una “a” o una “o” de “Batallón”(en singular); “Batallón de los Provinciales de Huesca”, porque, como confirmaremos más adelante, sólo existió un único batallón.(Personalmente, por los trazos de la letra, me inclino más por la "a" que por la "o"). En alguna de las dos partes ininteligibles de la inscripción (la primera línea y la piedra de abajo) es muy probable que estuviera inscrito el número del batallón del cuerpo de milicias de Huesca que se acuarteló en Sos en el siglo XIX.


          Las milicias provinciales eran cuerpos de infantería con gente civil reclutada de la reserva o voluntarios de ciudades, villas y pueblos que, prácticamente, no tomaban las armas; se encargaban de proteger las ciudades o pueblos mientras las fuerzas de choque o el ejército activo era el que verdaderamente daba la cara y se enfrentaba con el enemigo. Los batallones provinciales recibían instrucción pero solo actuaban en caso de extrema necesidad. Asímismo, durante los períodos de paz, estos batallones permanecieron acuartelados en los pueblos y ciudades como ayuda al mantenimiento del orden y la paz en la localidad y alrededores.

           Históricamente, la creación de las milicias provinciales se debe a Carlos I, pero quien las impulsó considerablemente y ordenó su establecimiento en toda España fue su hijo, Felipe II. En un principio, en su origen, estaban dedicados a la defensa interior del Reino, aunque ocasionalmente también actuaron en el exterior (Portugal, Italia…). A partir de 1637, con Felipe IV,  y con motivo de la guerra con Francia, las milicias provinciales se organizaron en Tercios, pero será Felipe V, casi un siglo más tarde, quien potenció definitivamente estas unidades, promulgando un primer reglamento en 1704, en el que ordenaba crear 50 regimientos en las 17 provincias en las que se dividía el Reino de Castilla. Cada uno contaría con 12 compañías que contabilizaban un total de 551 soldados y oficiales, llegando en los años de la Guerra de Sucesión hasta el número de cien regimientos. Las Reales Ordenanzas de 31 de enero de 1734 dispusieron la reducción a 33 regimientos de milicias, compuestos de ocho compañías con un total de 800 hombres de tropa, distribuidos por todas las provincias de la Corona de Castilla. Dependían de un Inspector General de Milicias y de un Estado Mayor General. Durante el reinado de Fernando VI (1746-1759) se crean también regimientos de milicias en Aragón, Cataluña y Valencia. El 18 de Noviembre de 1766 se publica un nuevo reglamento para las Milicias Provinciales, cuyos regimientos se aumentan hasta 42, organizados en un único batallón con ocho compañías de fusileros, una de granaderos, otra de cazadores y la Plana Mayor del Regimiento, con un total de unos 720 miembros[1].

          Terminada la primera guerra carlista (1840) fueron reformadas las Milicias Provinciales creándose, por vez primera, Regimientos con nombres de provincias aragonesas: 47º Huesca, 48º Zaragoza y 49º Teruel. Concretamente estos batallones de infantería se crearon en 1841. Posteriormente, en 1846, tomaron el nombre de “cuerpos de reserva del ejército” y se llamó “Regimiento de Reserva nº 16” formado por los batallones: 46º Huesca, 47º Zaragoza y 48º Teruel. En el año 1847 se disuelve su Plana Mayor y vuelven a quedar independientes los batallones. En 1855 aumentaron los batallones y los correspondientes a Aragón serían: 54º Huesca, 55º Zaragoza y 56º Teruel, a los que se añadirán 66º Calatayud y 67º Alcañiz. Finalmente, en 1867 quedan disueltas definitivamente todas las milicias provinciales de España al dictarse la nueva ordenanza para reorganizar el ejército activo y el de reserva, pero ocho años después, por R. D. de 5-IV-1875 volvieron a crearse las Milicias Provinciales. Los Batallones aragoneses eran en esta ocasión, y por un período de dos años, los mismos que cuando se crearon en 1841: Batallón Provincial n.° 47 Huesca (1875-1877) Batallón Provincial n.° 48 Zaragoza (1875-1877) y nº 49 Teruel (1875-1877).

              Observamos cómo el “Batallón de Provinciales de Huesca" nº 47 fue creado en 1841 y no hubo ninguno más, por lo que se deduce que la inscripción del torreón del castillo tiene que ser, como mínimo, de 1841 y anterior a la fecha de disolución del mismo (1877). 

Torre del homenaje y torreón circular.
Castillo de Sos del Rey Católico

                  Sobre la primera guerra carlista y las tropas que se instalaron en Sos ya hemos hablado en otra ocasión (ver), pero sirva el siguiente resumen para hacernos una idea del extraordinario movimiento de tropas que había en la villa. Solamente durante el período de la primera guerra carlista (siete años) se instalaron en Sos: una unidad de “caballería de Borbón”, otra de infantería del “12 de línea”, un batallón de tiradores y otro de caballería de “flanqueadores de Navarra” al mando del capitán Iriarte, una brigada de combatientes del capitán Suárez, dos escuadrones de caballería del capitán General Marcelino Oráa, otro escuadrón de “caballería de Borbón” al mando del comandante José García y tropas de infantería del brigadier Linares con una columna de 900 hombres, un batallón del general Aldana, otro del coronel Coba, otro del capitán de “lanceros de Isabel II” Mariano Sanz,y un batallón de "tiradoes de Isabel II", el general de la división auxiliar argelina con su 6º batallón y Estado Mayor, el batallón 1º de granaderos de Zaragoza, la 1ª compañía de carabineros, la 1ª de cazadores y la 1ª de tiradores también de Zaragoza, el 13º batallón de Mallorca y un batallón de “Nacionales de Zaragoza”, dos batallones de Africa, un batallón de "América" y otros dos de los indeseables franceses de la “Legión Extranjera” al mando del barón de Suarce, y varios batallones más de infantería y caballería con más de 10.000 unidades en total.

            Otras y muchas fuerzas militares más pasaron por Sos en este corto período de siete años que duró la primera guerra carlista, por lo que el servicio de control y vigilancia de un sencillo batallón de voluntarios provinciales casi como que estorbaba. Por eso, a tenor de la ingente cantidad de soldados y tropas profesionales de diversos cuerpos y ejércitos que se dieron cita en la villa para hacer frente a los numerosos ataques de los facciosos enemigos, es bastante improbable que un batallón de voluntarios permaneciera en Sos durante la guerra. 

            Sin embargo, en períodos de paz sí que tuvieron plena actividad y efectividad (a partir de 1840). Aunque Sos era un pueblo más bien pequeño (por aquel entonces contaba aproximadamente con unos 2.500 habitantes), tenía su propio batallón de milicias, del que nos han llegado los nombres de los voluntarios que lo formaban a finales de 1842:

 Jefes, oficiales y suboficiales de la milicia nacional nº 17 de Sos. Año 1842

-Brigadier primer comandante: Patricio Domínguez

-Segundo comandante: Rodrigo López de Artieda. Ayudante: Pedro Ponz

-Capitanes: Joaquín Ballario, Silverio Bueno, Joaquín Sánchez, Isidoro Gil.

-Tenientes: Nicolás Tutor, Antonio Muro, Mariano Arceiz, Basilio Asensio.

-Subtenientes: Antonio García, José Martínez.

-Sargentos: José Alastruey, Antonio Gaztelu.

-Cabos y soldados: Manuel Moreno, Jorge Fuertes, Salvador Fanteva, Manuel Berges y Francisco de Laca.

              El hecho de que, oficialmente, la primera guerra carlista se dé por terminada en 1840 no quiere decir que Sos y su comarca estuviera libre de incursiones carlistas y de bandoleros, pues, aunque en menor escala y con menos frecuencia, siguieron existiendo escaramuzas e insurecciones carlistas en el transcurso de todo el siglo XIX. La milicia Provincial nº 17 de Sos resultaba insuficiente para mantener a raya a estos pocos facciosos, por lo que, al parecer, el Gobernador de Sos reforzó el puesto de vigilancia con el recién creado batallón de Provinciales nº 47 de Huesca quienes, para dejar constancia de su apoyo y ayuda a la villa de Sos, grabaron en una piedra del castillo el nombre de su batallón, que es el que podemos observar ahora: " Batallón de los Provinciales de Huesca". Como antes se ha dicho, es muy probable que la parte ilegible de la inscripción haga alusión al nº 47 con que se identificaba el batallón de los Provinciales de Huesca, que en el año 1842 se encontraba bajo el mando del teniente coronel D. José Antonio Hernández[2].

            Igualmente, es bastante probable que la piedra que contiene la inscripción, y que actualmente vemos en el torreón circular del castillo, no corresponda con su primigenia ubicación y se haya recolocado allí en alguna reforma o restauración posterior del castillo, pero no es menos cierto que su lugar original no estaría muy lejos de aquí, puesto que el castillo, igual que durante la Edad Media, seguía sirviendo de atalaya y lugar de acuartelamiento de las tropas del ejército. Hay que tener en cuenta que Sos del Rey Católico quedó enormemente devastado tras la guerra de la Independencia, pero gracias al impulso del Gobernador de Sos, Vicente de Vargas, fue totalmente restaurado, castillo incluido.

Lugar de la inscripción (marcado en rojo)

             Todavía quedan más inscripciones en Sos del Rey Católico por descifrar, o interpretar, pero poco a poco, unos u otros, vecinos o investigadores, con insistencia, mucha dosis de paciencia y muchísimos pasos en falso, al final damos con el enigma, que es lo que nos satisface. Como dice Loli: "¡una menos!".

                 ¡Vamos a por la siguiente!

           




[1] “Regimiento de Milicias Provinciales de Lorca”: historia constitucional de las Milicias Provinciales. Archivo General de la Región de Murcia. Doc. ES.30030.AGRM/29

[2] "El Correo Nacional", 1º de Mayo de 1842.






BIBLIOGRAFÍA

-de OZCARIZ, D.H. Historia de las milicias provinciales, de su origen… Imprenta de Ramón Santacana. Madrid, 1852.

-SORANDO MUZÁS, LUIS; GUIRAO LARRAÑAGA, RAMÓN. “Botones militares aragoneses”. Rev. Emblemata, nº 2, pp. 143-163.

-Periódico "El Correo Nacional". 1º de Mayo de 1842.


En la web:

-Archivo General de la Región de Murcia. "Regimiento de Milicias Provinciales de Lorca" Doc.  ES.30030.AGRM/29

-Loli Ibañez. Blog de la Ruta del Tiempo. "¡Una menos!"

 https://www.rutadeltiempo.es/una-menos/

-Manuel Valle (blog). “Tropas en Sos durante la primera guerra carlista”. https://villadesosdelreycatolico.blogspot.com/2014/11/tropas-en-sos-durante-la-primera-guerra.html

-Milicia provincial. 1842. Caballipedia. http://caballipedia.es/1842


miércoles, 30 de agosto de 2023

LA ESPADA DE FERNANDO "EL CATÓLICO"

 


            En una sala del palacio de Sada se expone la espada de Fernando el Católico. Evidentemente, se trata de una réplica y fue donada a Sos del Rey Católico por la Diputación de Granada, junto con su vaina, en 1973. Venía en una caja de taracea granadina.

            La pieza original se conserva en la sacristía-museo de la Capilla Real de la Catedral de Granada desde 1518 por orden de la esposa del rey, Germana de Foix, dando así cumplimiento al testamento de Fernando “el Católico”, y desde entonces jamás ha salido de la catedral, aun cuando Franco se la quiso llevar tras terminar la Guerra Civil.

La espada fue fabricada en Florencia y mide 92cm de longitud por 4 cm de anchura de hoja, con empuñadura grabada y chapada en oro, formada por dos conos truncados unidos por su parte más ancha terminando en pomo esférico con hojas y flor superior central; la cruz la componen dos grandes gavilanes con decoración vegetal  y otros dos interiores más pequeños acabados en sendas cabezas de serpiente.

Con ella, el rey Fernando "el Católico" entró en Granada en 1492.

domingo, 2 de abril de 2023

UNA VENTANA CON ARCO CONOPIAL

 


                               Suele pasar en Sos muchas veces. Puedes pasar mil veces por la misma calle y no darte cuenta de un detalle que lleva ahí muchos años..., hasta que en la 1001 vez que pasas te das cuenta. Y eso fue exactamente lo que me ha sucedido en la calle Juana Enríquez.

                            En otra entrada del blog vimos que la única ventana con arco conopial que existía en Sos era la característica ventana geminada que hay en la calle Mayor(ver) Pues bien; hay otra; y esta de un solo vano; en la mencionada calle Juana Enríquez; con un remate muy pequeñito, pero lo tiene. Precisamente, el que sea tan pequeño el vértice de la parte superior de la clave y que está ubicada la ventana a una altura un poco elevada, sea el motivo por el que casi pasa desapercibida pero, si os fijáis bien, ahí la tenéis, en el nº 4. Por cierto, una ventana con una vistosa decoración tallada en piedra en todo su perímetro con unas pequeñas bolas decorativas, lo que la convierte en la única ventana conopial de un solo vano en todo el pueblo (de momento, no vaya a ser que aparezca otra), modelo de arco muy usado en el gótico tardío (finales del s.XV y XVI).



domingo, 17 de julio de 2022

LAS ROSETAS HEXAPÉTALAS DE SOS DEL REY CATOLICO

 

           


       En una entrada anterior del blog ya hemos visto la simbología y significado de la roseta hexapétala(ver) 

            En este post vamos a tratar de señalar las rosetas de seis pétalos encontradas en la Villa de Sos del Rey Católico. Hacemos constar que también hay en el pueblo rosetas de cinco y siete pétalos, pero esta vez nos limitamos a buscar sólamente las de seis pétalos. Es probable que exista alguna más de las diez que aquí se señalan. No obstante, conforme vayan siendo localizadas, las iré incluyendo en este post.

              Rosetas hexapétalas en Sos del Rey Católico

              -Calle Ejército Español nº 19. Encontramos dos rosetas hexapétalas en la parte inferior de cada uno de los dos balcones de la segunda planta.

            -Calle Luna nº 7. Casa deshabitada. En el dintel de la ventana superior podemos ver una roseta junto a una inscripción que podría tratarse de unas antiguas ¿tenazas?

Calle Luna nº7

           

          -Calle del Reloj. Subiendo al castillo, en la primera explanada. Una pequeña roseta en el ángulo superior derecho de un ventanuco con forma de arco apuntado simulando una vidriera; el ángulo superior izquierdo está ocupado por una cruz.

Calle del Reloj


               -Calle del Mudo nº 1. Sobre la puerta de la casa.

               -Junto al Portal del Mudo. Sobre la puerta de la casa

            -Calle Gil de Jaz nº 23. Sobre la puerta, y a ambos lados de la fecha que muestra (1900), dos rosetas más.

           -Calle Desengaño. En la primera casa, accediendo desde la calle Gil de Jaz, encontramos otra roseta. Esta vez en el suelo, frente a la entrada de la vivienda.



Calle Desengaño

Calle Gil de Jaz

Portal del Mudo

Calle Ejército Español




                                  

                    Cuatro días después de la publicación de este post, Loli Ibañez me manda una fotografía de otra roseta hexapétala ubicada en dintel lateral de la puerta de la primera casa de la calle Gil de Jaz bajando al Callejón del Mudo.




domingo, 6 de febrero de 2022

LOS CLAUSTROS. EL CLAUSTRO DE VALENTUÑANA

 

Claustro de Valentuñana (Sos del rey Católico)

La palabra claustro proviene del latin claustrum (cerradura, cerrojo, cierre), derivado de claudere (cerrar) por indicar un sitio cerrado o una reunión (cerrada) de un grupo de personas. En términos arquitectónicos se refiere a una galería que rodea el patio principal de una iglesia, convento o monasterio, donde los monjes y frailes vivían “enclaustrados” (encerrados, sin contacto con el mundo exterior).

En un monasterio, el edificio principal es la iglesia, lugar de oración de los monjes, y el claustro era, quizás, el segundo elemento estructural en importancia, desde donde se accedía al resto de dependencias del cenobio y al que se tenía acceso directo desde la iglesia, ubicada, generalmente, junto a la galería norte, protegida de los vientos, del viento Aquilón, frío y tempestuoso, hijo de Eolo y de la Aurora, que arrastra con él, como la serpiente que lo representa, las maldades y los vicios de las profundidades de este mundo.

El término “clausura”, que ya proviene de la antigüedad clásica, fue utilizado para definir la vida de los monjes de la orden benedictina, sin que a través de la documentación que ha llegado hasta nuestros días de toda la Alta Edad Media, se pueda diferenciar si se refiere únicamente a una estancia (la que comúnmente conocemos como claustro) o al conjunto de toda la construcción monacal.

San Benito, fundador del monacato occidental, no dice nada en su Regla de los claustros; probablemente porque pensaba que todo el monasterio debía ser un claustro, un lugar alejado y aislado de lo mundano para dedicarse en cuerpo y alma a Dios: “ Si es posible, debe construirse el monasterio de modo que tenga todo lo necesario, esto es, agua, molino, huerta, y que las diversas artes se ejerzan dentro del monasterio, para que los monjes no tengan necesidad de andar fuera, porque esto no conviene en modo alguno a sus almas”.[1]

Fueron los monjes benedictinos quienes organizaron el sistema de construcción claustral, y en la Regla de San Isidoro también se establecía la conveniencia de unir los edificios de uso común alrededor de un patio. En el período carolingio ya existía el claustro como centro organizador de la vida monástica, y durante los siglos IX y X fue adoptado por las demás órdenes religiosas de vida comunitaria.

Un pergamino de principios del siglo IX, procedente de la ilustre abadía benedictina de Saint-Gall (Suiza), permite vislumbrar la relevancia que el claustro tenía en la vida monástica: “Es el centro del monasterio. El lugar dedicado a la meditación, en el que los religiosos se sumergen en los misterios de lo humano y de lo divino, profundizan, con el ejercicio del deambular, en la lectura de los textos sagrados”[2].

El claustro es el Paraíso, un lugar que San Isidoro describe en sus Etimologías: “ El paraíso es un lugar situado en tierras orientales, cuya denominación, traducido del griego al latín, significa jardín; en lengua hebrea se denomina Edén, que en nuestro idioma quiere decir delicias. La combinación de ambos nombres nos da El Jardín de las Delicias[…] De su centro brota una fontana que riega todo el bosque[…] por doquier se encuentra rodeado de espadas llameantes, es decir, se halla ceñido a una muralla de tal magnitud que sus llamas casi llegan al cielo…las llamas alejan a los hombres…para que las puertas del paraíso estén cerradas a la carne y al espíritu que desobedeció”[3].

En los siglos del románico, el paraíso, con sus jardines, su fuente y murallas flameantes, se convirtió en jardín de piedra. El Paraíso apenas suele representarse en la pintura románica, a excepción de algún Mapamundi miniado. Y en la escultura tan solo el árbol de la vida y episodios de la expulsión de Adán y Eva  reflejan su existencia como lugar. “El Paraiso, pues, no se representa: es el claustro, el espacio aislado de las iglesias catedrales, colegiales o monásticas, sin función concreta, isla de naturaleza en el que se revive la primigenia inocencia de la Creación”[4].

       El claustro, como paraíso, ha de configurarse a la manera de una Jerusalén celestial.  Tiene forma cuadrada, y en cada uno de sus lados, también llamados panda o benedictos, una galería cubierta porticada. En el centro suele haber un pozo, fuente o árbol (el axis mundi) en el que confluyen cuatro caminos donde se cruzan las coordenadas temporales y las espaciales; en el espacio restante, un pequeño jardín y, a su alrededor, altos muros de piedra protegen su pureza de los espíritus malignos y de las envidias humanas. 

       El armariolum, sala capitular, calefactorio, refectorio, biblioteca, scriptorium, hospital, cocina, bodega y almacén, son las diferentes estancias a las que se accede desde el claustro, centro neurálgico de la vida monacal, donde los religiosos pasan la vida en común, armoniosamente, de noche y de día, abandonando las cosas profanas, para servir a Dios. La sala capitular, desde donde se gobernaba la comunidad, arquitectónicamente, era la que recibía un trato más noble y esmerado, con bóvedas nervadas que solían descansar en columnas centrales o apeadas en modillones en las paredes.

Lavabo. Claustro de
Valentuñana. (Sos del
Rey Católico)
            Frente al refectorio, o próximo a él, no solía faltar un templete de lavado cuya fuente estaba destinada a las obligaciones antes de las comidas. En la planta superior se encontraban las celdas o dormitorios.

          El armariolum es una pequeña estancia, generalmente cerca del cuerpo de la iglesia, que servía como estudio o pequeña biblioteca en el que se consultaban y depositaban los libros litúrgicos para los actos religiosos diarios, así como otros libros de lectura habitual de los monjes. Independientemente de este armariolum, existía otra estancia para la biblioteca del monasterio, con libros de mayor valor tanto histórico como material, documentos, legajos y pergaminos.

          A partir del siglo XI, a través de los movimientos congregacionistas anteriores a la reforma gregoriana, encontramos los primeros testimonios, tanto textuales como arqueológicos, de claustros románicos gracias a la recuperación del impulso constructivo, pero esto no significa que no existieran con anterioridad[5]. Hasta entonces, los claustros eran una representación de la belleza divina y de la armonía del universo: la desnudez de la piedra, el espacio, la naturaleza, el agua, las plantas, los árboles, el cielo, el sol,…; pero a lo largo del siglo XI, la renaciente escultura en las fachadas de las iglesias se fue introduciendo en los claustros, apareciendo bellos ejemplares escultóricos en muros, basas y capiteles de las columnas que servían de soporte en las galerías porticadas de los claustros y que tuvo sus detractores pues, defensores de la austeridad figurativa, argumentaban que las representaciones escénicas de pasajes historiados de la Biblia, de personas humanas, animales de lo más variado, etc, distraían a los monjes, pues la contemplación de las figuras esculpidas desviaban su atención de su fin principal, que era el de la meditación de la ley del Señor.

          A mediados del siglo XIl, el clérigo francés Hugo de Fouilloy, en su de claustro animae (el claustro del alma) expresa: “ ¡Oh, maravilloso pero perverso deleite![…] Que los edificios de los monjes no sean lujosos, sino humildes; no agradables, sino honestos. Es útil la piedra en la construcción, pero ¿Cuál es la utilidad de la piedra esculpida? Fue útil en la construcción del templo, pues servía como explicación y ejemplo. ¡ Que se lea el Génesis en un libro, no en una pared![6]

          Fue a partir del siglo XII cuando la orden cisterciense, nacida como una reforma de la cluniacense, vuelve a seguir la Regla de San Benito en cuanto a la austeridad arquitectónica se refiere. El ascetismo y pobreza de la orden se reflejan en la simplicidad de las formas de la arquitectura, evitando todo lo superfluo, esculturas, pinturas y adornos. Con la llegada del estilo gótico, los cistercienses aceptaron algunos conceptos del nuevo estilo y construyeron monasterios, donde el románico y el gótico convivían en la misma época hasta que el románico fue totalmente desplazado.

       El concilio de Trento (1545-1563) y la Contrarreforma Católica explicaron que a través de la arquitectura, pintura y escultura se puede llegar a impactar a los creyentes, justificando los adornos y demás elementos ornamentales, lo que originó el estilo barroco, ajustándose los cistercienses a las nuevas directrices del concilio construyendo edificaciones barrocas que afectarían a la arquitectura propiamente dicha, pero no así a la distribución espacial de los monasterios, que seguirían manteniendo las mismas estancias y dependencias que las establecidas por los benedictinos siglos atrás.

               Un claro ejemplo de todo lo visto hasta ahora, lo tenemos en el Monasterio de Valentuñana, en Sos del Rey Católico, construido en el período temporal conocido como “segundo barroco aragonés”, desarrollado desde el último tercio del siglo XVII hasta finales del XVIII, época de una importante revitalización de la actividad arquitectónica religiosa en Aragón[7] tras la crisis económica del siglo XVII.

Pozo en el centro del patio (Velentuñana)
        La nueva fábrica del monasterio de Valentuñana, como hemos dicho, data de finales del siglo XVII y primer tercio del XVIII, en pleno barroco aragonés (ver),edificado según la nueva corriente arquitectónica, pero el claustro y sus adyacentes dependencias seguirán guardando la primigenia distribución benedictina, y así ha llegado hasta nuestros días aunque, actualmente, estas dependencias ya no se usan para las funciones que fueron creadas; éstas han sido adaptadas a las  comodidades de los tiempos modernos y ubicadas en otras zonas del edificio por su mejor  adaptabilidad, rendimiento, aprovechamiento y comodidad. Pero podemos seguir viendo el patio del claustro con el pozo en su centro, y acceder a la iglesia desde el mismo; también podemos ver los espacios que ocupaban el refectorio,
Una de las dependencias de la galería(sala capitular)
 convertidaen sala de exposición
armariolum, el lavabo, sala capitular y demás dependencias que tenían acceso desde la galería, pero hoy en día  convertidos en salas que albergan un precioso y variado museo de gran valor biológico, antropológico y etnográfico (ver).

         Pero el Monasterio de Valentuñana y su claustro, aun con los cambios realizados, sigue rezumando la misma paz y tranquilidad que aquellos claustros que siglos atrás idearon los monjes benedictinos y que San Isidoro describió como el Paraíso. Sólo hay que pasear por su claustro, iglesia y exteriores del edificio, y dejarse llevar por su místico influjo "enclaustrador" para comprobar cómo una inmensa paz se adueña de nuestro cuerpo, mente y alma, (ver).



Otras dependencias del patio convertidas en museo





[1] Regla de San Benito. Cap. 66, 6-7.

[2] Joan Sureda. “Vere claustrum et paradisus” El espíritu del Arte Románico. Historia del Arte Español, T. IV, p.126.

[3] Etimologías. 14.3,2-4

[4] Joan Sureda. “Vere claustrum et paradisus” El espíritu del Arte Románico. Historia del Arte Español, T. IV, p.125.

[5] Xavier Barral i Altet. “La España del románico”. Historia del Arte Español, T.IV. pp. 64-65.

[6] Hugo de Fouilloy. De claustro animae, Cap. II, 4.

[7] Natalia Juan García. “Contribución a las trazas arquitectónicas del siglo XVII: el diseño de la iglesia del monasterio nuevo de San Juan de la Peña del arquitecto zaragozano Miguel Ximénez”. Artigrama, núm. 22,  p. 592, citando a Almería, José Antonio; Arroyo, Julia; Díez, Mª. Pilar; Ferrández, María Guadalupe; Rincón, Wifredo; Romero, Alfredo y Tovar, Rosa María, en Las artes en Zaragoza en el último tercio del siglo XVII (1676-1696). Estudio documental, pp.19-47.

 




 BIBLIOGRAFÍA

-BARRAL Y ALTET, XAVIER. “La España del románico”. Historia del Arte Español. T.IV, pp.11-97. Planeta. Barcelona, 1995.

-JUAN GARCÍA, NATALIA. “Contribución a las trazas arquitectónicas del siglo XVII: el diseño de la iglesia del monasterio nuevo de San Juan de la Peña del arquitecto zaragozano Miguel Ximénez”.  Atigrama nº 22, pp.567-593. I.F.C. Zaragoza, 1983.    

-SAN ISIDORO DE SEVILLA. Etimologías. Edición bilingüe. Texto latino, versión española y notas por José Oroz Reta y Manuel A. Marcos Casquero. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, 2004.

-SUREDA, JOAN. “Vere claustrum et paradisus”. Historia del Arte Español. T.IV, pp.125-129. Planeta. Barcelona, 1995.

En al web:

-Wikipedia. Arte cisterciense.

-http://www.sbenito.org/regla/rb.htm. Regla de San Benito. Abadía de San Benito.