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domingo, 7 de junio de 2026

EL MILANO REAL (Milvus milvus)

 

Milano Real (Milvus milvus)
(Sos del Rey Católico)(Fotos: Nacho Valle)

                    El milano real (milvus milvus) es un ave rapaz de mediano tamaño que se ubica principalmente en Alemania, Francia y España. En España se le ve en el centro y oeste de la península y en la cara sur de los Pirineos hasta el valle del Ebro.

                   Aunque en Sos del Rey Católico siempre se ha dejado ver de forma esporádica, en la actualidad se observa casi a diario sobrevolando los límites de la villa en busca de comida. Es inconfundible su majestuoso vuelo, sin mover las alas y moviéndose en amplios círculos aprovechando las corrientes termales.

                 

                  El milano real presenta un plumaje de tono rojizo, profusamente rayado de oscuro en la región ventral y con un característico orlado en el dorso debido a los bordes pálidos de las plumas coberteras alares. Es muy característica su cola ahorquillada, de color rojizo anaranjado y unas manchas blancas en sus alas al lado de las puntas negras. El cuello y la cabeza presentan un tono gris pálido surcado por finas estrías casi negras. El pico es negro y su base amarilla. Las patas y un círculo alrededor del ojo son amarillos y el iris de color ámbar. La voz del milano es como un maullido agudo emitido durante el vuelo. Si está excitado, bien por alarma o durante el celo, sus gritos son todavía más agudos.

 

                Se alimenta de pequeños mamíferos, anfibios, reptiles e insectos que caza en áreas abiertas de cultivos, en ocasiones muy próximas a núcleos habitados, donde frecuenta también basureros, mataderos y granjas. Su tendencia carroñera lo lleva a vigilar con asiduidad las carreteras en busca de animales atropellados, por lo que es muy frecuente verlos suspendidos en el aire a poca altura en las cunetas. Tras pasar casi todo el día cazando o comiendo, se retira a descansar y dormir a los bosques o sotos ribereños cercanos, donde encuentra refugio.

                   Suelen nidificar en árboles de gran tamaño, poniendo la hembra entre uno y cinco huevos de color blanco mate, moteados de pardo rojizo. La incubación dura aproximadamente un mes y la realiza la hembra, aunque, a veces, es sustituida por el macho.

                               El milano real siempre ha gozado de mala fama entre la gente del campo y ha sido perseguido por su costumbre de coger pollos de los gallineros.

                               Muchas parejas de milanos son sedentarias en España y pasan todo el año en su zona de cría. En invierno aumenta la población de estas aves por la llegada de las que emigran de Alemania y Francia y vienen a España a pasar la temporada invernal 

                  El milano real se encuentra incluido en el Libro Rojo de las Aves de España 2021 en la categoría de EN (en peligro de extinción).

Milano sobrevolando el barranco de Calderón (Sos del Rey Católico)

 

sábado, 10 de febrero de 2024

RAPACES, PÁJAROS DE MAL AGÜERO

 

Buitre negro

                De todos es conocida la expresión "ser pájaro de mal agüero", aludiendo a una persona que es pesimista, portadora de malas noticias o anunciadora de que algo malo sucederá en un futuro.

            La superstición popular dice que las rapaces son aves consideradas de mal augurio, asociándolas con  la maldad, muerte y destrucción. Es por esto que, desde tiempos muy remotos, lechuzas, búhos, buitres, cernícalos, águilas, aguiluchos, mochuelos, milanos…han sido perseguidos, maltratados, cazados y sacrificados por el hombre con el fin de evitar los posibles males y daños que pudieran ocasionar a las personas que se cruzaran con ellas.

            Antonio Luis Pueyo Campos recoge, en el I Congreso de Aragón de Etnología y Antropología, diferentes interpretaciones agoreras en tres municipios de las Cinco Villas relativas al avistamiento de estas rapaces. Así, cuenta que, en Castiliscar, cuando aparecían en el campo cuervos volando en la misma dirección, la gente, temerosa, regresaba inmediatamente a sus casas. En Malpica, si se avistaba al mismo tiempo en el cielo la caída del águila culebrera cuando caza con el paso de un cuervo era señal de que algo malo le iba a ocurrir a las caballerías, (actualmente a los tractores), en la hacienda o en la casa. Y en Sos del Rey Católico cuenta que la gente decía que, a finales del siglo XIX, el notario de Iso era tan malo que a la mañana siguiente de su muerte hacía tanto calor en la habitación donde se encontraba el muerto que tuvieron que abrir las ventanas, y en ella aparecieron dos buitres negros de grandes dimensiones que querían llevárselo; entonces, el fallecido se incorporó súbitamente de la cama.[1]



[1] Pueyo Campos, Antonio Luis. “Algunos ritos y tradiciones de las Cinco Villas(Zaragoza)”, en: I Congreso de Aragón de Etnología y Antropología, p.238.




BIBLIOGRAFÍA

-PUEYO CAMPOS, ANTONIO LUIS. “Algunos ritos y tradiciones de las Cinco Villas(Zaragoza)”, en: VV.AA. I Congreso de Aragón de Etnología y Antropología, pp.237-239. I.F.C. Zaragoza, 1981.


domingo, 21 de marzo de 2021

LOBEROS EN LA VALDONSELLA. LA PICARESCA EN EL SIGLO DE ORO

            


          La gran cantidad de lobos que poblaban la Península Ibérica en el siglo XVI, y los continuos ataques de estos cánidos a los ganados, hizo que los ganaderos sufrieran cuantiosa pérdidas económicas pues, a la pérdida de los animales devorados por los lobos había que añadir los heridos y contagiados de rabia, además de las pérdidas de crías y los productos derivados de los animales, como leche, carne o lana, sin tener en cuenta el esfuerzo y trabajo de largas y continuas jornadas destinadas a la custodia de los rebaños y a las batidas de caza, por lo que la caza del lobo se convirtió en una auténtica “cruzada” en la que había que vencer al enemigo y en la que el uso de cualquier método era válido con tal de aniquilarlo.

Y es en esta guerra contra el lobo, acentuada por la crisis de finales del siglo XVI y XVII, donde surgen unos aprovechados personajes para beneficiarse de esta lucha que llegó a convertirse, incluso, en una "razón de Estado”.

 

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El término "lobero" está claro que deriva de “lobo”. Por ejemplo, lobero, o lobera, se llama al monte donde hacen sus guaridas los lobos. Lobera de Onsella, municipio cercano a Sos del Rey Católico, debe su nombre precisamente por ser un lugar frecuentado antiguamente por numerosos lobos. Pero lobero también es usado como adjetivo calificativo y, en el transcurso de los siglos, el término “lobero” ha tenido distintas connotaciones o matices dependiendo de las diferentes “actividades” o comportamientos  con los que se asociaba a la persona así calificada, aunque sin perder nunca su vinculación con estos animales salvajes. Así, en la Edad Media, se llamaban loberos a unos siniestros personajes que, siempre solitarios, independientes y desligados prácticamente del resto de la sociedad, convivían con las manadas de lobos convirtiéndose en una especie de “macho alfa” de la manada y cobraban a los habitantes de una población por hacer que los lobos dejaran tranquilo al ganado. La gente del pueblo los consideraba como “brujos”, a los que pagaban una cuota determinada por mantener a los lobos alejados de su poblado, si bien fueron perseguidos por la Inquisición por considerarlos como unos “endemoniados”.

En el Siglo de Oro, con la crisis de finales del siglo XVI y el progresivo empobrecimiento de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, pueblos y ciudades se empezaron a llenar de vagabundos, mendigos, pedigüeños, pillos… y, entre ellos, unos variopintos personajes cuyo mayor exponente es el pícaro que, como dice Covarrubias: “…si no tienen de qué comer lo han de hurtar o robar[1].

            Los pícaros adaptaban su forma de actuar al lugar, población, usos y costumbres de los habitantes del lugar elegido para cometer sus fechorías. Alcahuetas, prostitutas, rufianes, tahúres, fulleros, falsos mendigos, cortabolsas, altaneros, ventosos, guzpatareros, apóstoles, maletas, juaneros, sangradores,…todo un rosario de maleantes llenaron pueblos y ciudades de la España del siglo XVI y XVII, dando origen al nacimiento del pícaro literario en manos de Mateo Alemán con su pícaro "Guzmán de Alfarache".

  En la ruta jacobea tampoco podían faltar estos bribones, sólo hay que leer el Codex Calixtinus para ver el amplio repertorio de pillos que nos presenta su autor, Aymeric Picaud, y la variedad de tretas y engaños empleados para defraudar, estafar o timar al pobre peregrino. Y en aquellas zonas rurales donde la ganadería es, prácticamente, el sustento de casi toda su población, hicieron acto de presencia otros pícaros relacionados con el ganado: los “loberos”; de nuevo estos personajes, pero con una artimaña distinta a la de sus “colegas” de la Edad Media

 El lobo ha sido una sub-especie endémica que sólo podía encontrarse en  la Península Ibérica. La cantidad de lobos repartidos por todo el territorio español fue muy abundante y su continua caza fue mermando progresivamente su población hasta casi extinguirse en la década de los años 60 del pasado siglo.

  Sin entrar en la controversia entre detractores y defensores, los motivos de su cacería han sido diversos: por deporte, por control de plagas, por su piel…pero el motivo que más ha contribuido a la casi desaparición del lobo ha sido, ya desde el Neolítico, la protección de la ganadería, sobre todo en áreas rurales. Había que proteger el ganado de los ataques de los lobos; por eso se realizaban batidas para darles caza e incluso se ofrecían recompensas a quienes lograran matar un lobo. Una ley de Cortes de Navarra de 1817 detalla la recompensa de 120 reales a quien matara un lobo adulto y 60 reales por un lobezno.

           Pero ofrecer recompensas por cazar lobos ya viene de siglos atrás. La primera ley conocida ofreciendo recompensas por la muerte de lobos data de 1542, por la que el rey Carlos I dicta la “Facultad de los pueblos para ordenar la matanza de lobos, dar premio por cada uno, y hacer sobre ello las ordenanzas convenientes” (Valladolid, 1542 pet.7):

  “Por quanto nos ha  seido fecha relacion , que los señores de ganado y otras personas han recibido y reciben mucho daño por causa de los muchos lobos que hay en estos nuestros Reynos; y porque esto cese, nos fué suplicado, que mandásemos dar licencia á todas las ciudades, villas y lugares destos nuestros Reynos, para que puedan dar órden como se maten los dichos lobos , aunque sea con yerba (veneno), y puedan señalar el premio por cada cabeza de lobo , ó por cada cama dellos que les traxeren, y puedan hacer sobre ello las ordenanzas que convinieren para la buena órden y execucion dello…" (ley 5, tit.8, lib.7. R.)[2]

  Otra ley posterior, la ley XXXIII de 1652 dice que “cada lobo grande que se matare se pague seis ducados, y dos por cada cría[3]. Esta ley se prorrogará diez años más.

  Ya hemos visto cómo la toponimia ha dejado huella de la presencia de lobos en nuestra zona (Lobera de Onsella) y prácticamente todos los pueblos que componen esta comarca vivían exclusivamente de la ganadería, por lo que los lobos disponían de abundantes presas a las que atacar en este territorio. El daño que estos animales ocasionaban a los habitantes se convirtió en una persecución y exterminio de lobos premiando económicamente a los autores de su cacería, lo que originó el nacimiento de un nuevo personaje en la zona: el “cazarrecompensas” de lobos. Y es aquí donde el pícaro “lobero” desarrolló su astucia para beneficiarse económicamente allí donde la presencia de lobos era notoria. Sos, Sangüesa, Navardún, Undués,  y todos los pueblos de la Valdonsella fueron los escenarios de estos pillos sinvergüenzas.

Estos pícaros iban de pueblo en pueblo presentando una piel de lobo diciendo que le habían dado muerte en las cercanías cuando estaba acechando a unos corderillos o cualquier otro animal doméstico. Los Justicias de los municipios les felicitaban y les daban la recompensa establecida, además de otras gratificaciones y propinas que recibían de los agradecidos pastores y ganaderos. Los “loberos” recogían el dinero y la piel del lobo y marchaban al siguiente pueblo a repetir la escena.

Lo que no sabían los inocentes aldeanos era que esa piel de lobo que les mostraban era siempre la misma en todos los pueblos. Con la piel de sólo un animal muerto se las ingeniaban para vivir meses, e incluso años. Antes de entrar en cada municipio manchaban con sangre fresca la boca y heridas del pellejo para simular que su captura era reciente, los habitantes se creían el engaño, les abonaban la recompensa y los “loberos” cargaban con la piel del lobo al hombro y…¡ a otro pueblo![4]

Pero, a la larga, el fraude fue detectado.

Como casi en todos los conflictos fronterizos entre aragoneses y navarros, los de Aragón echaban la culpa a los navarros de ser ellos quienes practicaban estos engaños por los pueblos de Aragón, mientras que los navarros culpaban a los aragoneses, aunque realmente las prácticas de estos pícaros y truhanes en tiempos de extrema necesidad no entendía de límites fronterizos.

            Pero el caso es que las Cortes de Navarra en 1743 y 1744, indignadas de la poca vergüenza de estos loberos, mandaron a los Justicias aplicar medidas:

Los Tres Estados de este Reyno de Navarra… decimos: Que algunos forasteros de este Reyno, y naturales de los confinantes, y especialmente del de Aragón, se introducen en este, y llevando un lobo muerto, o la piel de el, andan por todos los Lugares, pidiendo alguna recompensa por el beneficio que suponen resulta á los dueños de ganados mayores, y menores, en la extinción de estos animales; y los Pueblos les dan alguna cantidad, que cargan en la cuenta de los propios y rentas, y los dueños de los ganados les contribuyen también con alguna cosa, sin que esta permisión produzca ninguna utilidad…y no se consigue el fin de que se eviten los daños que ocasionan los lobos en este Reyno, no solo porque los que se traen, como se ha expresado, son muertos fuera de él, sino porque con un solo lobo, ó con su piel, andas muchos meses, y aun años, vagando por los lugares; todo lo que juzgamos digno de remedio, y para que se logre. Suplicamos á V….que en este Reyno no pueda andar ningún extranjero con lobos muertos, ni pellejos suyos, pidiendo que les contribuyan los Ganaderos, y Lugares, y que estos no les puedan dar cosa alguna… Y que todos los Alcaldes, y Regidores tengan obligación de impedir el llevar dichos lobos, ó pellejos en la forma espresada, y quitarlos á las personas que los llevaren, poniéndolas en la Carcel por veinte y quatro oras, para que se escarmienten, y no vuelvan[5].

                 Más tarde, en 1783, Carlos III, “con el fin de atajar los perjuicios que ocasionan tan crecido numero de ociosos y holgazanes” promulgó una Real Cédula persiguiéndolos: “Por lo respectivo à los que se llaman Saludadores y los Loberos, mándo asimismo sean comprehendidos en la clase de vagos, y tratados como tales…[6] Y en 1788, Carlos IV, en una Real Célula en la que expresa el reglamento para el exterminio de los lobos expone que “la piel, cabeza y manos de las fieras que se premien quedarán en poder de las Justicias sin poderlas devolver a los que las presentaron, ni a otras personas para obviar fraudes[7], medidas que serán renovadas en la Ley de Cortes de Navarra de 1817.

Con todas estas leyes y disposiciones el pícaro lobero del pellejo al hombro tenía muy difícil seguir engañando a la gente por los pueblos de la comarca; pero como la picaresca la llevan en la sangre, sólo era cuestión de abandonar el “oficio” de lobero y dedicarse a otras “actividades” igual de censurables y delictivas, deambulando por estos lugares realizando otros supuestos oficios relacionados con la ganadería que, al igual que el de lobero, sólo pretendían engañar y defraudar a la gente, como fueron los emasculadores o los afeitadores de caballerías, de los que hablaremos en otra ocasión, amén de otros pícaros que pululaban por la zona.

 

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            El lobo, que abundó extraordinariamente hasta el siglo XIX, fue exterminado en nuestra región en la década de los años 60 del siglo XX. Sus últimos reductos fueron los Pirineos, el Moncayo, las sierras de Beceite y los Montes Universales.

            Actualmente es una especie protegida, aunque continua activa la controversia de su caza entre detractores y defensores y su "caza" sigue viva, aunque sea de forma furtiva.





[1] Cobarruvias, Sebastián de. El Tesoro de la Lengua Castellana o Española. Voz: vagar.

[2] Novísima Recopilación de las Leyes de España, mandadas formar por el Señor Don Carlos IV. T.3, lib.7, ley I, pp. 651-652. Madrid, 1805

[3] Novísima Recopilación de las Leyes del Reino de Navarra. Ley XXXIII. Año 1735

[4] La actividad de estos loberos también es recogida por Iribarren en su libro “Historias y Costumbres”

[5] Ley LX. Quaderno de las Leyes y agravios reparados de los años de 1743 y 1744.

[6] Real Cédula de 25 de marzo de 1783. Imp. De D. Antonio Espinosa. Segovia, 1783.

[7] Real Cédula de 1788. Pamplona




BIBLIOGRAFÍA


-COVARRUBIAS OROZCO, SEBASTIÁN DE. El Tesoro de la Lengua Castellana o Española. Imp. Luis Sánchez. Madrid, 1611.

-IRIBARREN, JOSÉ MARÍA. Historias y costumbres. I.P.V. Diputación Foral de Navarra. Pamplona, 1956

-NAVARRO DURÁN, ROSA. “Sospechosos habituales. Los pícaros en la calle y en la literatura”. Revista Desperta Ferro. Arqueología & Historia, nº 20. Pícaros en el Siglo de Oro, pp.14-20. Desperta Ferro Ediciones. Madrid, 2018

-Novísima Recopilación de las Leyes de España. Mandadas formar por el Señor Don Carlos IV. Madrid, 1805.

-Novíssima Recopilación de las Leyes de el Reino de Navarra. T. I. Año 1735. Imp. Joseph Joachin Martínez. Pamplona, 1735.

-Quaderno de las Leyes y agravios reparados del año de los años 1743 y 1744. Imp. Pedro Joseph Ezquerro. Pamplona, 1744.

-Real Cédula de S.M. y Señores del Consejo. Imp. De D. Antonio Espinosa. Segovia, 1783.

-Real Celula de S.M. y Señores del Consejo. Año 1788. Imp. De la Viuda de Don José Miguel de Ezquerro. Pamplona.

En la web:

-revistajaraysedal.es. Israel Hernández Tabernero. “¿Por qué es erróneo culpar a los cazadores españoles de la situación de los animales en peligro de extinción?” 06/06/2020

-otsoanafarroanelloboeennavarra.home.blog. El lobo en Navarra. “Legislación histórica respecto al lobo en Navarra”


sábado, 5 de septiembre de 2020

EL CHOTACABRAS O ENGAÑAPASTORES

Caprimulgus rufficollis. Chotacabras o engañapastores, perfectamente confundido con el terreno.
(Foto de Marcelino, en www.verpueblos.com. Hortiguela.Burgos)

                  Con la llegada de la primavera comienza el retorno de las primeras aves migratorias. El cielo de Sos empieza a poblarse de golondrinas, aviones comunes y vencejos. Pero hay otra ave que viaja con ellas y que apenas la nombramos  porque no la vemos. Sabemos que existe, pero como apenas se deja ver, la ninguneamos y no le prestamos atención, siendo una de las aves más curiosas de nuestro entorno por su peculiar comportamiento. Se trata del  caprimulgus ruficollis, más conocido como chotacabras (no confundir con chupacabras) o, vulgarmente,  como “engañapastores”  
                    No las vemos llegar de su larga migración desde los países africanos cercanos al Golfo de Guinea porque son aves de hábitos nocturnos y la migración la hacen durante la noche y, como animal nocturno que es, apenas tiene actividad durante el día y, al no ser tampoco un ave urbana, resulta muy difícil poder verla. Por pura probabilidad estadística, las personas que pasan muchas horas en el campo y en el monte son las que tienen más opciones de encontrarse con ellas, y estas personas son los pastores.
                  El caprimulgus ruficollis es una especie de ave de la familia caprimulgidae, de patas pequeñas y débiles, pico pequeño pero  de boca enorme flanqueada de fuertes y desarrolladas cerdas que le ayudan a atrapar los insectos cuando la abren durante el vuelo;  tienen un plumaje críptico, es decir, con gran facilidad para camuflarse y mimetizarse con el terreno, de tonos pardos, castaños y grisáceos con veteados blancos y negros, muy parecido a las hojas secas del suelo o a la corteza de un árbol. Durante el día reposa en el suelo, sin moverse, con los ojos cerrados o semicerrados, confiado en su excelente camuflaje para hacer frente a los depredadores, y es al anochecer y durante la noche cuando inicia su actividad, consiguiendo un vuelo muy rápido y ágil con sus largas alas y cola, como los vencejos pero más grandes en envergadura, a la vez que silencioso, como si de una rapaz nocturna se tratara.
     
La enorme boca del chotacabras le sirve para capturar insectos
mientras vuela con la boca abierta.(infoHuevar)
        Su nombre científico( caprimulgus) deriva de la combinación de las palabras latinas capra (cabra) y mulgere (ordeñar) = ordeñacabras. El término "chotacabras", en español, significa lo mismo y viene de un término arcaico, “chotar”, que proviene del latín suctare (mamar) y hacen referencia a una antigua creencia por la que se pensaba que estas aves, al estar constantemente con los rebaños de ovejas y cabras se alimentaban mamando de las ubres de las mismas, pero la realidad es que se acercan a los rebaños para volar entre ellos y capturar al vuelo, con su enorme boca abierta, los pequeños insectos voladores que suelen acompañar al ganado. Pero ya sabemos cómo es la tradición popular, máxime tratándose de un animal que arrastra desde el siglo XVI mala fama, representado como un ser monstruoso y protagonista de terroríficas leyendas. Ya Jheronimus Van Aken, El Bosco, en su famoso tríptico "El jardín de las delicias", pinta en la parte derecha del tríptico, que representa el infierno, un chotacabras devorando un ser humano con su enorme boca.
                  El hábitat preferido del chotacabras son las zonas cálidas y secas de moderada altitud y poco arbolado. Prefiere paisajes mixtos con alternancia de arbustos y árboles dispersos con cultivos y eriales, huertas y sotos fluviales, huyendo de los frondosos bosques y de las zonas montañosas. Es muy típico verlo por las noches posado en las carreteras, deslumbrado por los faros de los coches, motivo por el que suelen aparecer muchos atropellados.
                El canto del macho viene a ser como un contínuo croar, muy parecido al traqueteo constante del motor de un camión.Aunque personalmente todavía no he visto ningún chotacabras sí he oído su característico "motor en marcha" en las proximidades del convento de Valentuñana. El canto para llamar la atención de la hembra es distinto y se asemeja a un silvido terminado en una nota de su característico "croar".
                    
Perfecto camuflaje del chotacabras
(oiseaux.net)
        El chotacabras no utiliza ningún material para construir su nido, simplemente hace la puesta directamente en el suelo, generalmente dos huevos, cuya cáscara posee un color muy críptico confundiéndose fácilmente con guijarros, y muy similar al terreno, por eso la puesta siempre la realiza  junto a hojas secas o algún trozo de madera, que servirán también de camuflaje para los futuros polluelos.
                Lo más curioso y significativo de esta ave es su mecanismo de defensa ante una seria amenaza contra su nido o sus polluelos, lo que le ha servido para ganarse con todo merecimiento el sobrenombre de engañapastores.                
               Ya hemos visto cómo el chotacabras pasa el día tumbado en el suelo confiando en su excelente camuflaje, y así permanecerá inmóvil hasta que una persona o cualquier otro animal esté justamente encima de él, entonces levantará el vuelo y se marchará. Tanta es la confianza que tiene en su mimetismo que esperará hasta el último segundo para huir y, es verdad, es imposible distinguirlo cuando está inmóvil entre los guijarros, palos secos y hojarasca. Pero cuando está cuidando de su puesta  de huevos o de los polluelos el comportamiento es distinto. Antes de aproximarnos a él tanto como nos hubiera dejado si no tuviera nidada, levantará el vuelo y, con unos movimientos aparentemente torpes en el volar, como si estuviera enfermo, o herido en un ala, se desplazará unos metros, distanciándose de nosotros, y volverá a posarse en el suelo aparentando ser una caída; al acercarnos de nuevo volverá a hacer la misma maniobra: levantará el vuelo no más de un metro del suelo, con movimientos torpes y volviendo a caer, y así cuantas veces nos aproximemos a él, habiéndonos desplazado del lugar de la nidada lo suficiente como para que ésta se encuentre a salvo. Este “engaño” es  la forma que tienen los chotacabras de defender sus polluelos ante una amenaza y, como en el campo, debido a su trabajo, son los pastores quienes pasan la mayor parte del tiempo, y los que más han sufrido este hábil engaño, popularmente se añadió al animal el sobrenombre de “engañapastores”
               Es significativo también el engaño al que son sometidos los perros del pastor o de los cazadores, llegando éstos a desatender totalmente sus labores de pastoreo o de caza ante el inútil intento de cazar al chotacabras.
                Esta es la verdadera razón del porqué a estas aves se las llama “engañapastores”, pero la tradición popular, esa que cuenta que “dicen que…”, “en cierta ocasión…” etc..., donde la imaginación y la exageración de los acontecimientos hacen que una historia, real o no, se convierta en leyenda, hace que en otros lugares de la geografía española el mismo suceso se narre de forma distinta, aunque en el fondo, el resultado final sea el mismo. Es lo que sucede, por ejemplo, en Fuencalderas, localidad también cincovillesa, no muy distante de Sos, donde el significado del “engañapastores”, según la tradición popular, se debe a que en cierta ocasión un pastor se disponía a comer migas, y mientras las estaba cortando vino a posarse en su rodilla el pájaro; el pastor quiso darle un pinchazo con su cuchillo, pero engañado por el ave por el característico movimiento de vaivén que tiene al posarse, se lo clavó él mismo en la pierna[1]. Además, tanto en Fuencalderas como en otras localidades de la geografía española, atribuyen el sobrenombre de "engañapastores" a un ave distinta: la motacilla alba (lavandera blanca)
               
                         Tras la nidada y cría de los polluelos y con el cambio de estación, el chotacabras, junto con otras aves, emigrará de nuevo a tierras africanas hasta la siguiente primavera.

Los ojos del chotacabras son grandes para facilitarle la visión nocturna
(Foto:InfoHuévar. infohuevar.es. 20/09/2014)





[1] Arbués Possat, José. Tradiciones, costumbres y lengua en Fuencalderas. P. 122. Quadernos Jean-Joseph Saroïhandy. Prensas Universitarias de Zaragoza y Xordica Editorial.







BIBLIOGRAFÍA

-ARBUÉS POSSAT, JOSÉ. Tradiciones, costumbres y lengua en Fuencalderas. Quadernos Jean-Joseph Saroïhandy. Prensas Universitarias de Zaragoza y Xordica Editorial. Zaragoza, 2012.

En la web:

-Wikipedia. El engañapastores

domingo, 1 de diciembre de 2019

LA AVISPA ASIÁTICA (VESPA VELUTINA) EN SOS


          
Avispa asiática (vespa velutina)

                   La vespa velutina, conocida vulgarmente como avispa asiática, es una especie de avispa originaria del sudeste asiático que en los últimos años se ha establecido en Europa y está considerada en España como una especie invasora, aprobado por Real Decreto 630/2013 de 2 de agosto según la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, que establece que se considera como especie exótica invasora aquella que se introduce o establece en un ecosistema o hábitat natural o seminatural y que es un agente de cambio y amenaza para la biodiversidad biológica nativa, bien sea por su comportamiento invasor o por el riesgo de contaminación genética.
               Esta avispa invasora se distingue de la avispa común o autóctona por ser su tórax aterciopelado, de color negro, y el abdomen también de color negro, a excepción del último segmento, que es amarillo. La primera parte de sus patas  son de color marrón oscuro (la parte que arranca de su tórax), mientras que la otra mitad (las extremidades de las patas) son también de color amarillo, siendo sus alas de color oscuro y la cara anaranjada.
                La vespa velutina, aclimatada en su origen a un clima subtropical templado, se ha establecido  en España en varias zonas de su geografía, concretamente en aquellas en las que las condiciones climáticas son muy similares a las de su hábitat de  procedencia, o sea, zonas húmedas y templadas: Galicia, Asturias, Cantabria, Navarra, País Vasco, Cataluña…, por lo que, a priori, el clima aragonés, con grandes contrastes entre el verano e invierno, no es muy confortable para esta especie invasora pero, aunque sólo haya sido puntualmente, ya han sido cuatro las intervenciones que en Aragón han realizado los agentes de protección de la naturaleza, junto a bomberos y apicultores, para retirar nidos de avispa velutina. La última, el pasado 30 de octubre, en Sos del Rey Católico. Retiraron un nido de unas dimensiones de 75x55 cm y un peso aproximado de 7 kilos[1].
                Alfredo Sanz, director técnico de la asociación aragonesa Arna Apicultura, ha comentado que estos han sido casos puntuales y que, de momento, no suponen riesgo ni problema alguno para Aragón, ya que la avispa velutina “es muy exquisita a la hora de elegir dónde vivir”. No obstante, comenta,  “siempre se debe estar prevenido por si empiezan a establecerse en alguna ribera de algún río, donde hay más vegetación”.
                  En cuanto a la picadura de la avispa velutina no hay ningún motivo de alarma, pues resulta igual de molesta que la de la avispa común. Es cierto que ha habido en Galicia tres muertes por la picadura de esta avispa y alguna más en otras provincias, pero no porque su picadura fuera mortal. La muerte por picadura de avispa velutina puede producirse de la misma manera que por las picaduras de una avispa autóctona: por sufrir varios picotazos de una sola vez, si se producen en zonas sensibles del cuerpo o si la persona es alérgica a su veneno.
                  La alarma generada por este insecto invasor no es por su picadura, sino por la depredación y aniquilación de las abejas de la miel, que son su principal pieza alimentaria; por eso su asentamiento supone un peligro para la producción de miel, que a su vez afectaría a la polinización de muchas especies vegetales con el consiguiente daño para la agricultura y la biodiversidad autóctona.
              De momento, en Sos, y en Aragón, no hay motivos para alarmarse, pero hay que estar vigilantes y comunicar de inmediato al SEPRONA si detectamos algún nido de avispa velutina y evitar así su establecimiento, como se ha hecho esta vez.




[1] Heraldo de Aragón. 5/11/19.
    



           
BIBLIOGRAFÍA
Hemeroteca
- Heraldo de Aragón. 26/8/2018. Tania Colás.”Aragón ¿Un repelente para la avispa asiática?”
- Heraldo de Aragón, 5/11/2019. Elena Rodríguez. “Retiran un nido de avispa asiática en Sos del Rey Católico”

jueves, 14 de noviembre de 2019

ABEJAS, ABEJARES Y ARNALES EN SOS



Un abejar es el lugar donde se ubican las colmenas de abejas, o sea, un colmenar, siendo la apicultura la técnica de criar abejas para aprovechar sus productos, una actividad milenaria muy beneficiosa para el entorno natural. Sin la labor de polinización que desarrollan las abejas la productividad de las cosechas descendería hasta en un 75%.
La historia de la humanidad y la de las abejas están íntimamente ligadas. Se tiene constancia, por  pinturas rupestres localizadas, de la coexistencia y relación del hombre primitivo con las abejas. No se sabe con exactitud cuándo el hombre empezó a explotar las abejas para la obtención de la miel, pero sí se sabe que la miel formaba parte de la dieta alimentaria del hombre del paleolítico, probablemente procedente de colmenas silvestres.
Posteriormente, fueron los egipcios los que nos legaron con todo detalle sus técnicas de extracción de la miel, almacenamiento y conservación, técnicas que fueron utilizadas y mejoradas por otros pueblos, como los griegos y romanos.
En la Edad Media fue un alimento protagonista en la dieta árabe, usándose también como recurso medicinal, sabedores de las propiedades curativas para determinadas enfermedades.
La forma de practicar la apicultura no cambió mucho durante siglos hasta que a mediados del siglo XIX el norteamericano Lorenzo Langstroth diseña un sistema con marcos móviles separados por una distancia de 9,5mm., suficiente para que las abejas no construyan puentes de cera o propóleo entre ellos y los panales sean extraíbles e intercambiables. A partir de entonces, nuevas técnicas e innovaciones van apareciendo hasta conformar la apicultura moderna tal y como hoy la conocemos.
Desde épocas remotas se buscó habilitar un lugar que, más que un hogar para las abejas, fuera un receptáculo en el que éstas almacenasen su cosecha y al que los hombres pudieran acceder cómodamente. Esto dio lugar a numerosos tipos de construcciones según las variadas tribus, pueblos y culturas que fueron poblando los territorios. En España, además de las diversas civilizaciones que habitaron en ella, otros factores influían en la tipología de estas construcciones. El clima, la altura, las montañas, los materiales del entorno, los peligros de depredadores como el oso y otros aspectos  contribuyeron a que las construcciones apícolas tradicionales de España resultaran de lo más variadas y ricas en cuanto a ingenio, construcción y materiales utilizados. Así, tenemos, por ejemplo, los cortines de peña, con o sin gradas, en el noroeste de la Península; los talameiros, colmenares defensivos de piedra seca, colmenares de herradura, truébanos, caxiellos (Asturias), cepos (León), trovos…todos colmenares con el mismo fin pero con diferentes estructuras y construcción dependiendo de los factores anteriormente expuestos.
Abejar en desuso. Sos del  Rey Católico

En Aragón, y más concretamente en las Cinco Villas, estas construcciones se llamaron abejares, abejeras o arnales
Como antes hemos comentado, diferentes culturas y civilizaciones han dejado su huella en las construcciones tradicionales apícolas en nuestra comarca, donde se identifican tres tipos de abejares:
-Colmena horizontal de material vegetal
-Colmena horizontal de obra
-Colmena vertical de material vegetal
La colmena tumbada u horizontal está formada por arnas, que son una especie de vasos de forma cilíndrica formados  por cañas trenzadas y rebozadas por bosta de vaca o barro. La construcción que acoge las arnas se denomina arnal, presentando, aunque no siempre, el frente abierto. A veces los arnales se semienterraban en el suelo o se colocaban en el granero abierto de las casas.
La colmena de obra  es una construcción que en su pared frontal  posee varias filas e hileras de nichos que permiten una mayor protección para las abejas frente a las inclemencias del tiempo. Su mayor embergadura y el mejor aprovechamiento del espacio que la anterior hace que pueda albergar un número mayor de abejas.
Colmenas trashumantes en Castillo Barués (Sos del Rey Católico)
Las colmenas en posición vertical pueden presentar diversas formas y ser de diferentes materiales como cañas, ramas, tablas o corcho. Se integran en una edificación mucho más sencilla que la anterior  llamada banqueta, que viene a ser una grada protegida por una sencilla cubierta, pudiendo, a veces, desarrollarse en pisos, llegando a formar parte de grandes recintos cerrados.
Estos tres tipos de colmenas que hemos visto son de construcción fija, es decir, los abejares permanecen estables en el mismo sitio todo el año. Para “mover” las abejas de un sitio a otro existen los colmenares trashumantes, realizados por el hombre, en madera u otro material, con la ventaja de poder moverlos de emplazamiento por circunstancias climáticas, de floración de especies florales según las estaciones del año, etc…y así obtener un mayor y mejor rendimiento de la explotación apícola.
          
Arnales de madera en Monte San Cristóbal. Sos del Rey Católico,
  El diccionario de la R.A.E. define el vocablo arna como “vaso de colmena”, casilla hexagonal que junto con otras forma el panal de las abejas, avispas y otros insectos. Tomás Machín Jáuregui, en el “Diccionario del aviador” (ver)ya recogía esta palabra como una de las “palabras comúnmente utilizada en el lenguaje popular sosiense” definiéndola como “vaso de colmena fijista, en general de caña”.
            Sin duda, el hecho que Tomás Machín recogiera el vocablo, era por haber oído dicha palabra en numerosas ocasiones a los vecinos de Sos, pues por aquel entonces(mediados del siglo pasado) eran muchos los sosienses que se dedicaban a la apicultura como complemento a sus trabajos de agricultura y ganadería. De hecho son muchos los arnales o abejares que todavía pueden verse dispersos por la comarca de Sos.
            Igualmente, la práctica de la apicultura en Sos se ve reflejada también en la toponimia del lugar, en la que se encuentran reflejados hasta ocho topónimos relacionados con esta actividad: Abejas, Abejares, Abejar Alto, Abejar Medio, Abejar Bajo, Abejar Barranco, Abejar Fortunato y Abejar Carmen, indicándonos bien su localización relativa en el espacio bien su emplazamiento en un lugar o el nombre del poseedor del terreno o del abejar.
Tanto los abejares distribuidos por el término municipal de Sos como su toponimia nos indican la presencia de una actividad apícola bastante notoria en la zona, pero lamentablemente el abandono del medio rural en la segunda mitad del pasado siglo ha influído en que actualmente muchas de estas construcciones apícolas queden en desuso, unas mejor conservadas que otras, otras ya derruidas, pero ahí están, formando parte del paisaje rural sosiense, siendo testigos mudos del ingenio y esfuerzo de una agitada actividad que realizaron nuestros abuelos para aprovechar los recursos naturales de su entorno, pasando a formar parte del  recuerdo y a considerar estos abejares de gran valor etnográfico como parte que son de la arquitectura tradicional de las Cinco Villas.
Pero, aunque en la zona de Sos del Rey Católico la apicultura se ha quedado en una actividad meramente testimonial, en otras zonas de las Cinco Villas han sabido sacar mayor rendimiento a esta milenaria actividad. Sobre todo en las zonas de Tauste y Ejea, siendo la comarca de las Cinco Villas la mayor productora de miel de Aragón, con más de 100 apicultores y más de 9.000 colmenas distribuidas por todo el territorio cincovillés, con una producción aproximada de 1.500 toneladas de miel, aproximadamente el 7% de la producción nacional.
Según datos de la UAGA-COAG actualmente hay en Aragón más de 1.500 apicultores con una cifra aproximada de más de 110.000 colmenas.


BIBLIOGRAFÍA
-CORTÉS VALENCIANO, MARCELINO. Toponimia de Sos del Rey Católico. Cuadernos de Aragón, 58. I.F.C. Zaragoza, 2015.
-MACHÍN JÁUREGUI, TOMÁS. Palabras comúnmente utilizadas en el lenguaje popular sosiense. Inédito. (Borrador de "El diccionario del aviador")
-RIVAS, FÉLIX. Arnales, banqueras y abejares. Revista “La magia de viajar por Aragón”, 5. Zaragoza, 2005.
En la web:
-Díaz y Otero, Ernesto y Naves Cienfuegos, Fco. Javier. Los colmenares tradicionales del noroeste de España. Açafa on line, nº 3. (2010)
-REGA. Registro General de Explotaciones Ganaderas. Censo apícola de España (2016)
-UAGA-COAG. Producción de miel en Aragón
-www.aragon.es.Historia de la apicultura en Aragón. Dpto. de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente. Servicio de Estudios, Análisis e Información. Gobierno de Aragón
-www.arnaapicola.es. Colmenares de obra.