Mostrando entradas con la etiqueta Economía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Economía. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de noviembre de 2021

LA PRIMERA SEGADORA MECÁNICA EN SOS DEL REY CATÓLICO

 

Cosechadora de McCormick

         A finales del siglo XIX, a diferencia de otros países europeos occidentales, España se incorporó con retraso a la Segunda Revolución Industrial.

            Muchos fueron los factores que obstaculizaron la modernización en España. En un país de economía eminentemente agrícola, a razones políticas, sociales, económicas y guerras, se añadían la baja productividad de la agricultura, la existencia de una gran clase terrateniente, la elevada tasa de agricultura de autoconsumo y una gran masa de campesinos sin tierra, por lo que la articulación de un mercado nacional fue un proceso lento que no empezó a despegar hasta la segunda mitad del siglo XX.

                                      ****************************************************

Cyrus Hall McCormick fue un joven inventor estadounidense que el 21 de junio de 1831 patentó la primera cosechadora mecánica, un artilugio que revolucionó el mundo de la agricultura.

En 1863 comenzaron a funcionar en Andalucía cuatro  segadoras de su marca, y poco a poco se fueron implantando en el resto de la Península otras marcas.

Desconocemos cuándo llegó a Sos del Rey Católico la primera cosechadora mecánica, pero un artículo publicado en el diario pamplonés “Lau-Buru”, del 29 de julio de 1884, nos habla de una segadora moderna en Sos que, sin poder confirmar que fuera la primera, con toda probabilidad sí sería una de las primeras en nuestra comarca o, al menos, la primera que aparece documentada.

En dicho artículo, que viene a ser como una carta agrícola, fechado en Sangüesa (Navarra) el día 23 del mismo mes y firmado por J.D., su autor se lamenta de la mala cosecha recogida y la baja productividad agrícola ese año en Sangüesa. J.D. relata, asombrado, la máquina segadora que vio personalmente en una finca de Sos, detallando su funcionamiento y resultados, vaticinando su futura integración en el mundo agrícola : “…tuve el gusto días pasados de ver funcionar en la casa de campo del Sr. Casillo, rico propietario de la villa de Sos, una segadora moderna, cuyo trabajo, a juicio de personas inteligentes unido a la sencillez de su mecanismo, la hace recomendable sobre manera, pues además de poder ser manejada sin dificultad alguna y segar diariamente de cinco a seis hectáreas, deja la mies en haces o gavillas casi iguales a las que resultan hechas a mano por segadores de hoz; no queda duda pues que estos medios mecánicos se generalizarán, porque son cosas que se imponen”[1].

Posteriormente, en 1924 (cuarenta años después), llegaría el primer tractor a Sos del Rey Católico de manos de la familia Pérez Legaz[2] , que sustituiría al tiro animal, lo que nos confirma la lenta mecanización del campo. Pero, aunque lenta, gracias a ella se incrementó la producción cerealista en los campos españoles,  ampliando las hectáreas cultivadas y logrando mantener una alta productividad del trabajo, lo que contribuyó al crecimiento agrario y, con él, el económico.







[1] Diario de Pamplona “Lau-Buru”. Nº 753. 29 de julio de 1884, p.2.

[2] Publicación de la exposición "Ayer y Hoy", en el Palacio Español de Niño, agosto 2021, bajo la dirección y coordinación de Francisco José Biel Machín e impreso por Graphic Factory Digital. Fotografía de la p. 10.


sábado, 29 de agosto de 2020

LAS "GOLONDRINAS" ALPARGATERAS




Muchas veces olvidamos la historia, no la recordamos o, simplemente, no tenemos conocimiento de ella por falta de información o por haberse cortado en algún momento  la trasmisión oral, principal y prácticamente la única via de comunicación que tanto se usaba antiguamente para recordar sucesos, costumbres, tradiciones y, en definitiva, todo lo relacionado con la vida y usos sociales de los habitantes de un pueblo o comarca.
Por eso hoy, y como homenaje, vamos a recordar y recuperar la memoria histórica de un valiente colectivo de sosienses, todas mujeres, que marchaban todos los años a Francia a trabajar. Pero no sólo eran de Sos del Rey Católico, a estas se unían cientos de mujeres más procedentes de otros pueblos de las Cinco Villas, e incluso de Zaragoza, pero la mayoría de estas emigrantes procedían de los numerosos pueblos y aldeas que conforman los valles pirenaicos del norte de Navarra y Aragón (Baztán, Salazar, Roncal, Hecho, Ansó…).
Desde 1880 hasta 1930, aproximadamente,una caravana de cientos y miles de mujeres, aunque también había matrimonios y familias enteras, pero en número muy reducido,  se ponía cada año en marcha a primeros de octubre para pasar al país vecino con destino a las fábricas de alpargatas de Mauleón, Oloron-Saint-Marie y localidades cercanas de La Soule y el Bearn; y allí pasaban seis meses trabajando hasta la primavera siguiente, que era cuando regresaban a sus respectivos pueblos. Popularmente eran conocidas como “las golondrinas”, por el hecho de ir vestidas de negro y de coincidir esta temporalidad laboral con el ciclo migratorio de estas aves.

Alpargatas se han usado desde tiempos muy remotos y generalmente se confeccionaban en las propias casas para toda la familia. Bastaba con un poco de cuerda de esparto o cáñamo trenzado y lino.
Ya en el siglo XVIII, el pueblo francés de Mauleón se convirtió en el primer productor de alpargatas. Para entonces, el 100% de la producción se confeccionaba a mano y Mauleón fue una de las primeras villas francesas a las que llegó la electricidad en 1850[1], por lo que el proceso de fabricación de alpargatas comenzó a industrializarse. Como las alpargatas están confeccionadas al cien por cien con fibras naturales, su duración no es muy longeva, por lo que la demanda era muy alta, existiendo en el año 1914 en Mauleón, al menos, 30 fábricas de alpargatas para poder cubrir la demanda existente, a lo que ayudó la también pronta llegada del ferrocarril a la zona (1886), dando empleo a más de 5000 trabajadores[2].
La escasez de mano de obra en Francia para tanta producción convirtió a la industria alpargatera francesa en un fenómeno socioeconómico casi sin precedentes para los pueblos navarros y aragoneses. A sus fábricas llegaban cada octubre miles de mujeres navarras y aragonesas con el fin de llevar un salario al hogar, en muchas ocasiones el primero y único, para ayudar a la economía doméstica en unos años en los que la escasez de todo tipo era notoria.
Eran mujeres jóvenes, solteras, con edades comprendidas entre los 15 y 25 años, y su viaje a Francia se vivía con mucha intensidad tanto en sus familias como en el pueblo en general, pues la gran mayoría de las mujeres tenían algún grado de parentesco entre ellas, ya que en un pueblo pequeño casi todas las familias tienen algún lazo familiar. Es por eso que el día de la partida era muy especial, pues se vivía, por un lado, con mucha ilusión, y con nerviosismo, incertidumbre y preocupación por otro. No en vano, algunas de estas mujeres murieron a su paso por los Pirineos en alguna ocasión que las nevadas se adelantaron al invierno; otras ya no volvieron porque conocieron y se casaron con algún lugareño del país vecino y otras porque encontraron otros trabajos que en su pueblo natal no iban a encontrar a su regreso.
En un estadillo de trabajadores inmigrantes en Mauleón de 1911 figuran el número de trabajadoras procedentes de algunos pueblos navarros y aragoneses, apareciendo 34 mujeres procedentes de Sos del Rey Católico, 64 de Salvatierra, 105 de Fago, 77 de Isaba, 93 de Ansó, 82 de Undués Pintano, 46 de Berdún, 41 de Pintano, 57 de Sigüés, 41 de Burgui, 42 de Ustárroz, 35 de Lorbés, 26 de Petilla, 25 de Roncal, 20 de Luesia,14 de Ruesta, 22 de Jaca, 21 de Vidangoz, 15 de Garde, 21 de Aísa, 16 de Aragüés del Puerto, 21 de Zaragoza y 15 de Artieda[3]. Evidentemente faltan muchísimas “golondrinas” más y muchos pueblos más, pero con este estadillo nos podemos hacer una idea del gran éxodo de mujeres que cada año emigraban a Francia para trabajar.
El día de la partida, los parientes de cada chica, generalmente el padre o el hermano, o ambos, se disponían a cargar las acémilas para acompañarlas hasta la muga. Eso quien podía disponer de animal de carga, de lo contrario la travesía debería hacerla andando. Normalmente el equipaje era bastante ligero: ropa de abrigo, muda y algo de calzado, porque a la vuelta iban a venir muy cargadas. Una vez llegados a la frontera, “las golondrinas” debían continuar solas, pues era muy arriesgado para los acompañantes cruzar al país vecino sin un salvoconducto que justificara su presencia. El cruce a Francia solían hacerlo por las mugas de Larrau, Belagua y Somport. “Las golondrinas” de Sos, por cercanía, lo hacían por Belagua. 
Valle de Isaba (desde Belagua)

 Tomaban la Cañada Real de los Roncaleses y a lo largo del camino se les sumaban más mujeres de los sitios por los que pasaban: Sangüesa, Javier, Yesa, Burgui..., a los que se sumaban en sus cruces de caminos las provenientes de otros pueblos: Petilla, Navardún, Isuerre, Lobera, Longás, Pintano, Bagüés, Artieda, Sigüés, Salvatierra, Vidángoz, Garde, Roncal, Hecho, Ansó, Urzainqui…llegando todas a Isaba para comenzar a subir el puerto de Belagua.
 Por las noches dormían al raso, cobijadas en alguna ermita o en las ventas del camino, siendo la venta de Arrako, cerca de Belagua una de las más concurridas debido a su cercanía con la frontera. Y desde aquí enfilaban el ascenso de Belagua, aprovechando la “ruta de la lana”, hacia la venta de Juan Pito, último refugio en territorio español. Dicen que Juan, el dueño de la venta, los días de tormenta, niebla o de mucha oscuridad, solía salir al camino y tocar una especie de txistu, flauta o silbote que sonaba como un pito para orientar a las "golondrinas" y que no se perdieran en la oscuridad, atrayéndolas hacia la venta, de ahí que le llamaran “Juan el del pito”, que luego quedó en Juan Pito. Seguidamente ascendían hasta el paso por Arrakogoiti, conocida ruta de contrabandistas, donde se separarían definitivamente de sus seres queridos y de las caballerías hasta la primavera siguiente, que se volverían a encontrar en el mismo punto. 
Bajando Belagua por la vertiente francesa y por la Venta Dominica hacia Santa Engracia, la caravana se dividía en dos ramales: uno a la derecha, hacia Olorón-Saint-Marie, y el otro, a la izquierda, hacia Licq, y desde aquí, con transportes mecanizados, o en carros, hasta Mauleón, donde se dirigían la gran mayoría de las “golondrinas”. Más adelante se juntarían con las compañeras navarras procedentes del valle de Salazar, que habían cruzado la frontera por Ochagavía y Larrau. También hubo quienes, tras la inauguración del Canfranero en 1928, cruzaron por Lescun y Somport, o val d´Aspe hasta Olorón.
Una vez llegado a su destino buscaban su alojamiento, apalabrado ya de antemano, que no era precisamente todo lo bueno que cabía esperar, pues los empleadores no se preocupaban mucho de ello. Vivían en situación bastante precaria, falto de comodidades y con unas condiciones higiénicas mínimas, en barriadas obreras y muy humildes como Ville en Bois y Haute Ville.
"Golondrinas" en una fábrica mecanizada de Mauleón (foto: lakukula.com)

El siguiente paso sería ir a sus puestos de trabajo y empezar a coser alpargatas. Duras jornadas de 14 y 16 horas les esperaban a todas ellas. Unas lo hacían en fábricas ya mecanizadas trabajando en serie sobre largas mesas; las menos afortunadas, en fábricas todavía no mecanizadas, lo seguían haciendo de modo artesanal, todo a mano, sobre un banco alpargatero.

Alpargateras cosiendo a mano

Seis meses de duro trabajo, sin apenas ratos de ocio, cosiendo a mano o a máquina el cáñamo, el yute y el lino.
Con la primavera llegaba el final de la temporada y el momento de cobrar. Una buena cantidad de francos que no podían traer a España ante el temor de ser requisados en la aduana, pues estaba prohibido pasar dinero de un país a otro, además de no servir los francos en España, por lo que gastaban todo el dinero comprando productos y mercancías para el hogar o vender en el pueblo: telas, sedas, buena pasamanería, manteles, joyas, bisutería, relojes, chocolate, regalos para la familia… Avisaban con antelación a sus familiares el día que iban a salir de Mauleón para que les fueran a esperar en el punto de encuentro fijado a la ida. Padres y hermanos, con las mulas, pasaban la noche en la muga, evitando a los gendarmes y a los carabineros, a la espera de su llegada y cargar en los animales toda la mercancía comprada y pasarla en forma de contrabando para no tener que pagar impuestos aduaneros, dejándoles solamente un pequeño hatillo de equipaje que las “golondrinas” pasaban por la aduana al día siguiente. Los guardias aduaneros revisaban su escaso equipaje y, ante su asombro por lo poco que tenían de declarar, “las golondrinas” se excusaban diciéndoles que “había sido un mal año”, aunque los agentes ya lo sabían y hacían "la vista gorda".
Y al regresar a su pueblo se incorporaban de nuevo a las tareas rutinarias del hogar y del campo, ayudando a la familia, excepto las que encontraron novio u otro trabajo.
De esta forma, y durante años, estas valientes “golondrinas”, en plena juventud, cruzaron los Pirineos por sus viejos y difíciles caminos para ganarse, con mucho esfuerzo y sacrificio, un digno y justo jornal con el que contribuir a la ajustada economía familiar.
Por eso no queremos que caigan en el olvido, salvaguardando su memoria y recordando su valentía, entrega, lucha, capacidad, afán y dedicación.
En Sos del Rey Católico, como se ha dicho, hubo muchas “golondrinas.” Sólo he podido identificar a Emiliana Garde, modista de profesión. En el estadillo de trabajadoras en Mauleón  de 1911, antes referido, aparecen como trabajadoras Clemencia y Patricia Garde, de 17 y 15 años respectivamente, posiblemente hermanas, o parientas, de Emiliana.
Sirva este post para recordar a todas nuestras “golondrinas” de Sos y con la ayuda de sus descendientes intentar poner nombre y apellidos a todas aquellas valientes jóvenes que no dudaron, año tras año, en atravesar los Pirineos, haciéndose un merecido hueco en la historia de la antropología cultural, económica y social de la villa, historia que no se encuentra en los libros y que no debemos olvidar.

            La emigración de estas "golondrinas" empezó a decaer con la crisis global del capitalismo, tras el crack de 1929.

Ampliación de datos a 26/08/2024.
En una publicación del Ayuntamiento de Sos del Rey Católico del año 2024[4]  con motivo de un acto institucional para rendir reconocimiento y nombrar hijos adoptivos de Sos a descendientes de familias sosienses que emigraron a Francia a principios del siglo XX en busca de un próspero futuro, se hace alusión a estas "golondrinas", y según las investigaciones de Fanny Arthus, Catherine Echeverry, Maritxu Gauyacq, y otras personas, existen en Mauleón 84 actas matrimoniales entre los años de 1900 y 1930, de mujeres navarras y aragonesas pertenecientes a veinte municipios diferentes que se casaron en Mauleón con jóvenes franceses o con otros compatriotas emigrantes, apareciendo entre todas ellas nueve matrimonios cuyas mujeres procedían de Sos, convirtiéndose así  en las nueve primeras "golondrinas" de las que tenemos noticia documentada y son las siguientes: 

NOMBRE

APELLIDO  SOLTERA

APELLIDO  CASADA

FECHA  NACIMIENTO

María Jesús

Gallart

Labarta

06/03/1901

Ciria

Sánchez

Giménez

04/06/1901

Aurea

García

Salvat

25/08/1908

Irene

Sánchez

Gango

26/03/1894

Adoración

Borao

Gil

30/08/1890

Francisca Rosalía

Iso

Domínguez

23/07/1884

María Jesús

Lacuey

Labasta

13/10/1890

Lucía

Ladrero

Sánchez

02/03/1887

María de las Nieves

Lacuey

Masguain

05/04/1896

(En Francia, las mujeres casadas toman el apellido del marido)

Se conocen muy pocos nombres de “golondrinas” porque hay muy pocos registrados y documentados de manera oficial, ya que los registros se hacían por grupo o por pueblo, no por nombres individuales, por eso, en los registros franceses aparecen entradas como: “20 trabajadoras del Rocal, 17 de Zaragoza, 5 de Ansó, etc. Hay que recurrir a los registros orales, testimonios familiares o archivos parroquiales de matrimonio o de otra índole, como el que acabamos de exponer, para poder identificar individual y personalmente a estas valientes.







[1] “Vuelven nuestras golondrinas” Año 1914. Almanaque de los Pirineos 1910-1925, pp.54-55. 
[2] Ibidem
[3] Ibidem
[4] Emigrantes de Sos a principios del siglo XX. Iriarte Machín, Mariano (Coord.).
       

(Imagen generada con I.A.)



BIBLIOGRAFIA

-GORRÍA IPAS, JESÚS. "Las migraciones golondrina en el sistema económico tradicional del Pirineo Occidental: el caso de la fabricación de alpargatas en Mauleón". Temas de Antropología Aragonesa, nº 25, pp. 21-52.  Prensas Universitarias de Zaragoza. Zaragoza,2019.
-IRIARTE MACHÍN, MARIANO (Coord.) Emigrantes de Sos a principios del siglo XX. Ayuntamiento de Sos del Rey Católico. 2024.
-SÁNCHEZ LANASPA, SERGIO. “Vuelven nuestras golondrinas”. Almanaque de los Pirineos 1910-1925. Año 1914. pp. 54-55. Editorial Pirineum, Jaca (Huesca), 2014.
-La Kukula. Boletín de difusión histórica y cultural de la villa de Burgui, nº 43. “Golondrinas. Del rosario a las alpargatas”  Ed. Asociación cultural La Kukula. Septiembre, 2016. Ayuntamiento de Burgui (Navarra).

jueves, 14 de noviembre de 2019

ABEJAS, ABEJARES Y ARNALES EN SOS



Un abejar es el lugar donde se ubican las colmenas de abejas, o sea, un colmenar, siendo la apicultura la técnica de criar abejas para aprovechar sus productos, una actividad milenaria muy beneficiosa para el entorno natural. Sin la labor de polinización que desarrollan las abejas la productividad de las cosechas descendería hasta en un 75%.
La historia de la humanidad y la de las abejas están íntimamente ligadas. Se tiene constancia, por  pinturas rupestres localizadas, de la coexistencia y relación del hombre primitivo con las abejas. No se sabe con exactitud cuándo el hombre empezó a explotar las abejas para la obtención de la miel, pero sí se sabe que la miel formaba parte de la dieta alimentaria del hombre del paleolítico, probablemente procedente de colmenas silvestres.
Posteriormente, fueron los egipcios los que nos legaron con todo detalle sus técnicas de extracción de la miel, almacenamiento y conservación, técnicas que fueron utilizadas y mejoradas por otros pueblos, como los griegos y romanos.
En la Edad Media fue un alimento protagonista en la dieta árabe, usándose también como recurso medicinal, sabedores de las propiedades curativas para determinadas enfermedades.
La forma de practicar la apicultura no cambió mucho durante siglos hasta que a mediados del siglo XIX el norteamericano Lorenzo Langstroth diseña un sistema con marcos móviles separados por una distancia de 9,5mm., suficiente para que las abejas no construyan puentes de cera o propóleo entre ellos y los panales sean extraíbles e intercambiables. A partir de entonces, nuevas técnicas e innovaciones van apareciendo hasta conformar la apicultura moderna tal y como hoy la conocemos.
Desde épocas remotas se buscó habilitar un lugar que, más que un hogar para las abejas, fuera un receptáculo en el que éstas almacenasen su cosecha y al que los hombres pudieran acceder cómodamente. Esto dio lugar a numerosos tipos de construcciones según las variadas tribus, pueblos y culturas que fueron poblando los territorios. En España, además de las diversas civilizaciones que habitaron en ella, otros factores influían en la tipología de estas construcciones. El clima, la altura, las montañas, los materiales del entorno, los peligros de depredadores como el oso y otros aspectos  contribuyeron a que las construcciones apícolas tradicionales de España resultaran de lo más variadas y ricas en cuanto a ingenio, construcción y materiales utilizados. Así, tenemos, por ejemplo, los cortines de peña, con o sin gradas, en el noroeste de la Península; los talameiros, colmenares defensivos de piedra seca, colmenares de herradura, truébanos, caxiellos (Asturias), cepos (León), trovos…todos colmenares con el mismo fin pero con diferentes estructuras y construcción dependiendo de los factores anteriormente expuestos.
Abejar en desuso. Sos del  Rey Católico

En Aragón, y más concretamente en las Cinco Villas, estas construcciones se llamaron abejares, abejeras o arnales
Como antes hemos comentado, diferentes culturas y civilizaciones han dejado su huella en las construcciones tradicionales apícolas en nuestra comarca, donde se identifican tres tipos de abejares:
-Colmena horizontal de material vegetal
-Colmena horizontal de obra
-Colmena vertical de material vegetal
La colmena tumbada u horizontal está formada por arnas, que son una especie de vasos de forma cilíndrica formados  por cañas trenzadas y rebozadas por bosta de vaca o barro. La construcción que acoge las arnas se denomina arnal, presentando, aunque no siempre, el frente abierto. A veces los arnales se semienterraban en el suelo o se colocaban en el granero abierto de las casas.
La colmena de obra  es una construcción que en su pared frontal  posee varias filas e hileras de nichos que permiten una mayor protección para las abejas frente a las inclemencias del tiempo. Su mayor embergadura y el mejor aprovechamiento del espacio que la anterior hace que pueda albergar un número mayor de abejas.
Colmenas trashumantes en Castillo Barués (Sos del Rey Católico)
Las colmenas en posición vertical pueden presentar diversas formas y ser de diferentes materiales como cañas, ramas, tablas o corcho. Se integran en una edificación mucho más sencilla que la anterior  llamada banqueta, que viene a ser una grada protegida por una sencilla cubierta, pudiendo, a veces, desarrollarse en pisos, llegando a formar parte de grandes recintos cerrados.
Estos tres tipos de colmenas que hemos visto son de construcción fija, es decir, los abejares permanecen estables en el mismo sitio todo el año. Para “mover” las abejas de un sitio a otro existen los colmenares trashumantes, realizados por el hombre, en madera u otro material, con la ventaja de poder moverlos de emplazamiento por circunstancias climáticas, de floración de especies florales según las estaciones del año, etc…y así obtener un mayor y mejor rendimiento de la explotación apícola.
          
Arnales de madera en Monte San Cristóbal. Sos del Rey Católico,
  El diccionario de la R.A.E. define el vocablo arna como “vaso de colmena”, casilla hexagonal que junto con otras forma el panal de las abejas, avispas y otros insectos. Tomás Machín Jáuregui, en el “Diccionario del aviador” (ver)ya recogía esta palabra como una de las “palabras comúnmente utilizada en el lenguaje popular sosiense” definiéndola como “vaso de colmena fijista, en general de caña”.
            Sin duda, el hecho que Tomás Machín recogiera el vocablo, era por haber oído dicha palabra en numerosas ocasiones a los vecinos de Sos, pues por aquel entonces(mediados del siglo pasado) eran muchos los sosienses que se dedicaban a la apicultura como complemento a sus trabajos de agricultura y ganadería. De hecho son muchos los arnales o abejares que todavía pueden verse dispersos por la comarca de Sos.
            Igualmente, la práctica de la apicultura en Sos se ve reflejada también en la toponimia del lugar, en la que se encuentran reflejados hasta ocho topónimos relacionados con esta actividad: Abejas, Abejares, Abejar Alto, Abejar Medio, Abejar Bajo, Abejar Barranco, Abejar Fortunato y Abejar Carmen, indicándonos bien su localización relativa en el espacio bien su emplazamiento en un lugar o el nombre del poseedor del terreno o del abejar.
Tanto los abejares distribuidos por el término municipal de Sos como su toponimia nos indican la presencia de una actividad apícola bastante notoria en la zona, pero lamentablemente el abandono del medio rural en la segunda mitad del pasado siglo ha influído en que actualmente muchas de estas construcciones apícolas queden en desuso, unas mejor conservadas que otras, otras ya derruidas, pero ahí están, formando parte del paisaje rural sosiense, siendo testigos mudos del ingenio y esfuerzo de una agitada actividad que realizaron nuestros abuelos para aprovechar los recursos naturales de su entorno, pasando a formar parte del  recuerdo y a considerar estos abejares de gran valor etnográfico como parte que son de la arquitectura tradicional de las Cinco Villas.
Pero, aunque en la zona de Sos del Rey Católico la apicultura se ha quedado en una actividad meramente testimonial, en otras zonas de las Cinco Villas han sabido sacar mayor rendimiento a esta milenaria actividad. Sobre todo en las zonas de Tauste y Ejea, siendo la comarca de las Cinco Villas la mayor productora de miel de Aragón, con más de 100 apicultores y más de 9.000 colmenas distribuidas por todo el territorio cincovillés, con una producción aproximada de 1.500 toneladas de miel, aproximadamente el 7% de la producción nacional.
Según datos de la UAGA-COAG actualmente hay en Aragón más de 1.500 apicultores con una cifra aproximada de más de 110.000 colmenas.


BIBLIOGRAFÍA
-CORTÉS VALENCIANO, MARCELINO. Toponimia de Sos del Rey Católico. Cuadernos de Aragón, 58. I.F.C. Zaragoza, 2015.
-MACHÍN JÁUREGUI, TOMÁS. Palabras comúnmente utilizadas en el lenguaje popular sosiense. Inédito. (Borrador de "El diccionario del aviador")
-RIVAS, FÉLIX. Arnales, banqueras y abejares. Revista “La magia de viajar por Aragón”, 5. Zaragoza, 2005.
En la web:
-Díaz y Otero, Ernesto y Naves Cienfuegos, Fco. Javier. Los colmenares tradicionales del noroeste de España. Açafa on line, nº 3. (2010)
-REGA. Registro General de Explotaciones Ganaderas. Censo apícola de España (2016)
-UAGA-COAG. Producción de miel en Aragón
-www.aragon.es.Historia de la apicultura en Aragón. Dpto. de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente. Servicio de Estudios, Análisis e Información. Gobierno de Aragón
-www.arnaapicola.es. Colmenares de obra.

jueves, 17 de octubre de 2019

DELIMITACION COMARCAL. DIVISIONES ADMINISTRATIVAS Y ORGANIZACION POLITICO-TERRITORIAL

 


Las divisiones territoriales responden a necesidades políticas, económicas, administrativas y sociales de un momento histórico determinado, dando lugar a un modelo territorial actual que es síntesis de la tradición histórica y de los cambios que han experimentado distintos proyectos y realidades históricas.
El hombre primitivo ya realizaba divisiones territoriales, no en el concepto que ahora tenemos de ello, pero sí delimitaba “su espacio” en el que desarrollaba su vida diaria; era una forma de “separar” sus territorios frente a los de otro clan. Conforme el hombre se hizo sedentario, empezó a asentarse en determinadas zonas y espacios que delimitaba e intentaba defender de las invasiones enemigas. Al mismo tiempo que estos lugares aumentaban su población, la necesidad de mayores espacios tanto para su asentamiento como para cultivar tierras y criar ganado eran imperiosas. Así, con el afán de conquistar territorios, llegaron las invasiones a España, y con ellas las guerras y los grandes dominios territoriales conquistados. Pero los territorios había que dividirlos para una mejor administración, gobierno y defensa. Estas divisiones, a lo largo de la historia han sido flexibles, aumentando, disminuyendo y variando sus límites en razón a las conquistas, conveniencias o intereses sociopolíticos, religiosos, militares o de otra índole.
                 En el año 218 a.C. llegan las primeras tropas romanas a la Península para tratar de cortar el suministro de tropas cartaginesas al ejército de Aníbal con el fin de ganar la guerra contra el pueblo cartaginés y dominar así el Mediterráneo occidental. Tras la derrota de Cartago, Roma pasó a controlar, en torno al año 197 a.C., todo el territorio costero de la Península Ibérica, desde los Pirineos hasta el sur de Portugal, donde las tribus íberas asentadas no crearon excesivos problemas al dominio de Roma, y dividieron el territorio conquistado en dos provincias: Hispania Citerior y Ulterior

La Península en el 27 a.C.
Posteriormente Roma, poco a poco, fue conquistando la Península.El pueblo romano, en el 27 a.C., en virtud del carácter más o menos acomodaticio y colaboracionista de los pueblos conquistados, ideó dos clases de provincias: las “senatoriales”- las más pacíficas, administradas por el Senado- y las “imperiales”-las más problemáticas- dependientes directamente del emperador. Hispania estaba dividida en este año 27 a. C. en tres provincias: Tarraconensis (capital Tarraco), Baetica (capital Corduba) y Lusitania (capital Emerita). La zona de la actual Sos estaría emplazada en la provincia Tarraconensis.
División de las tres provincias en conventos jurídicos (mapa de A. Ubieto)
 La conquista de toda la Península llegó en el 19 a.C., lo que unido a otras circunstancias, obligó a Augusto a remodelar su primera división provincial entre los años 7 a 2 a.C. Esta remodelación no afectó al número total de provincias, que siguieron siendo tres, sino a sus límites. Debido a la gran extensión de las provincias, sobre todo la Tarraconensis, dividió éstas en circunscripciones menores, los “conventos jurídicos”, cuya configuración demuestra la magnífica visión de estratega de Augusto, puesto que, excepto la desmembrebación política de la Meseta, se vislumbra bastante bien la realidad geopolítica de la Península: Cataluña-Valencia, Meseta Sur y Sudeste, Andalucía, Portugal, Extremadura, León-Asturias, Galicia, Castilla La Vieja y Aragón-valle del Ebro.  Ésta última división o “convento jurídico”sería el Caesaraugustano, con capital en Caesaraugusta y en cuya demarcación estaría incluído Sos y todo el territorio de lo que actualmente es Aragón (recordemos que Sos todavía no existía como tal toponímicamente hablando, o por lo menos no se tiene constancia de que así fuera hasta finales de la centuria. De lo que no hay duda es que la zona estaba habitada a tenor de los restos arqueológicos hallados en la comarca)
A principios del siglo III d.C. Caracalla apenas retocó esta distribución, aumentó los límites de una provincia y disminuyó los de otra, sin afectar estos movimientos a Aragón, que seguía incluída en el mismo convento jurídico que dejó marcado Augusto. La gran modificación tuvo lugar con Diocleciano en el año 293, base asimismo de la división provincial de los visigodos. Este emperador subdividió las tres provincias existentes en tres más: Gallaecia, Cartaginensis y Balearica; modificó los límites de Tarraconensis por lo que parte de Aragón entró a formar parte de Cartaginensis, pero Sos continuaba en la provincia Tarraconensis.
Invasiones germánicas
Con la llegada de las invasiones germánicas en el siglo V y la debilitación del imperio romano, las divisiones provinciales desaparecieron y en su lugar aparecieron las zonas de dominio ocupadas por los recien llegados: los vándalos en el sur, los alanos en el centro y suevos en Galicia, parte de Castilla, Aragón y Cataluña eran territorios ocupados por romanos protegidos por los visigodos, y el País Vasco y Cantabria territorio de vascones y cántabros.
        Los visigodos en el siglo VI se basaron en la división romana y ampliaron las provincias: Iberia, Autrigonia, Galecia, Lusitania, Hispalis, Betica, Aurariola y Septimania (en Francia) Sos perteneció a la provincia visigoda de Autrigonia.
       En el siglo VIII entran los musulmanes en la Península, dominándola. El proceso de conquista y repoblación realizado por los reinos cristianos a costa de los dominios musulmanes determinó la organización territorial y administrativa de la España medieval.Nace el condado de Aragón y surgen las tenencias, a cuyo frente el soberano colocaba un tenente a cargo del castillo y el territorio conquistado, siendo Sos una importante tenencia en la zona de las Cinco Villas, y problablemente la primera, al menos conocida, durante el reinado de Sancho el Mayor, con el tenente Jimeno Garcés (1006-1054), perteneciendo al reino de Pamplona hasta que en 1044 Ramiro I incorporó Sos a Aragón. 
             El régimen de tenencias fue el primer intento de organización administrativa, y suponía, según Antonio Ubieto, “una forma de gobierno, ordenación y aprovechamiento del reino donde el monarca delegaba, en determinadas personas, funciones miltares, administrativas, civiles, judiciales y otras”. Junto a las tenencias surgieron los espacios organizados en torno a los monasterios, habiendo historiadores que califican a los cenobios como los primeros ordenadores del territorio.

             Mientras avanza la reconquista, en 1170 el concejo de Sos llega a una avenencia con la orden hospitalaria de Castiliscar y delimita los términos de este concejo y las posesiones de los monjes de la Oliva en el término de Enciso[1]llegando a febrero de 1179, fecha en la cual el concejo y la abadía de San Esteban de Sos hace lo propio con el Hospital de Castiliscar, delimitando los términos entre ambas localidades.
Como se puede observar las actuaciones de los concejos tienen por finalidad en estos años establecer concretamente los lindes de su término, y justamente van a ser las Ordenes Militares y algunos monasterios los protagonistas de estas avenencias, pues los asentamientos en lugares abandonados o escasamente poblados obliga a los concejos a precisar limites hasta entonces muy vagos, adivinando tras esta situación, que la realidad a finales del siglo XII es que se ha producido un completo reparto de tierras, con lo que todas ellas tendrán un propietario, que ejercerá su autoridad y llevara una explotación del espacio lo más completa posible.
        Con el proceso de repoblación se crean municipios, concejos o bailías impulsados por importantes beneficios fiscales mediante cartas de población y controlados por súbditos de la Corona. Muchos de estos municipios recibían del rey el título de villas o ciudades de realengo, y también recibían fueros municipales y estatutos jurídicos privilegiados. La figura del bailio (baile) aparece en los documentos hasta el siglo XIV, se encargaba de administrar los bienes comunes de las Comunidades, Universidades y Concejos.El baile general de Aragón debía ser aragonés, no judío y caballero principal.
Por encima de las bailías se encontraba el merinado, que ejercía sobre ella la administración del patrimonio real, la jurisdicción gubernativa, judicial y militar, a cuyo frente figuraba un merino u oficial responsable en una determinada zona. Doce eran los merinados de Aragón: Barbastro, Huesca, Jaca, Calatayud, Ribagorza, Daroca, Sobrarbe, Las Valles, Tarazona, Teruel, Zaragoza y Ejea, perteneciendo Sos a éste último merinado. Debido a sus escasos rendimientos, el cargo de merino de Ejea estuvo siempre unido al de Jaca.
En el período cronológico de Pedro I a Pedro II, esto es, de finales del siglo XI a principios del XIII, se podría decir que Aragón confirma sus límites territoriales al amparo del avance reconquistador en primer lugar, dándose además la fijación de las fronteras con Navarra y Castilla. Sólo restaba determinar con mayor precisión las existentes entre Aragón y Cataluña, que quedaron definidas a lo largo del reinado de Jaime I y Jaime II.
        En el siglo XIII Aragón estaba dividido en nueve regiones que se llamaban juntas. Cada junta estaba regida por un sobrejuntero, que era nombrado por el rey, y cuya función principal era la de preservar el orden público, perseguir a los malhechores y castigar a los delincuentes de su demarcación, llamada sobrejuntería. Estas sobrejunterías eran las de Zaragoza, Huesca, Sobrarbe,Jaca y Tarazona, además de las Comunidades de Calatayud, Daroca, Albarracín y Teruel, que tenían un estatuto propio, aunque el número de juntas y sobrejunterías cambió constantemente a lo largo de los años. Sos, en un principio perteneció a la sobrejuntería de Jaca, para pasar más tarde a depender de la sobrejuntería de Ejea. A partir del siglo XIII dependieron del “Justicia de Aragón”, una imposición popular ante la autoridad regia.

               



































  El lento proceso de maduración institucional de la Diputación del Reino, unido a la progresiva organización del sistema hacendístico de Aragón, estimulado por las demandas y aprestos de la monarquía aragonesa, derivaría en la reforma de 1446. Para estas fechas,  los ingresos del reino eran insuficientes para sufragar todos los gastos, por lo que en las Cortes de Zaragoza de 1446 se empezaron a tomar decisiones dándose plenos poderes al arzobispo de Zaragoza y al Justicia de Aragón para nombrar sobrecullidores y reglamentar sus atribuciones.Se establece que desaparezcan los jueces que se nombraban cada vez que se imponía la recogida de “generalidades”; la administración ya no se arrendaba, sino que se realizaba directamente, para lo cual se establecen  “sobrecullidas”,  que recibirían las cantidades recaudadas por los “cullidores” y las entregarían a la Diputación, así como vigilarían los puntos de “cullida”. Aragón quedó dividido en las siguientes “sobrecullidas”: Huesca, Jaca, Aínsa, Ribagorza, Barbastro, Calatayud, Daroca, Albarracín,  Montalbán, Tarazona y Teruel. Zaragoza tiene también categoría de sobrecullida.  Sos y los municipios suesetanos quedarán integrados en la sobrecullida de Jaca, quedando la mencionada sobrecollida formada por los siguientes municipios: Ainsa, Ansó, El Bayo, Benasque, Berdún, Bielsa, Biescas, Canfranc, Castliscar, Echo,Ejea, Gistain, Jaca, El Real, Sadaba, Salvatierra (de Escó), Sallent de Gállego, Sos, Tauste, Tiermas, Torla, Uncastillo y Villareal (de la Canal)
Este sistema de culliderías permanecerá hasta mediados del siglo XVII.Sos fue una impotante “collida”, pues era puesto fronterizo por donde se importaba hacia Aragón carbón, hierro, acero y pescado del norte de la Península, y por aquí también pasaba parte de la exportación de trigo, aceite, paños jaqueses, papel, azúcar, algodón,  cítricos y dátiles.
En 1495 Fernando el Católico, con el fin de realizar un fogaje para la recaudación de un impuesto extraordinario en previsión de una posible guerra con Francia, dividió Aragón en 12 zonas geográficas o sobrecullidas a cargo de un sobrecullidor en cada una. Estas fueron: Zaragoza, Alcañiz, Teruel, Albarracín, Daroca, Calatayud, Tarazona, Huesca, Jaca, Aínsa, Barbastro y Ribagorza, estando Sos esta vez incluído en la sobrecullida de Tarazona.
A mediados del siglo XVII las Cortes de Zaragoza ordenaron realizar un nuevo censo y  se establece la división administrativa de las veredas, realizándose sobre la anterior de sobrecullidas,pero con algunas variaciones; la más importante  es el cambio de la antigua  sobrecollida de Montalbán en dos veredas:la de Montalbán y la de Teruel.
                      Este sistema administrativo se mantuvo hasta la publicación del Decreto de Nueva Planta de Felipe V en 1707, fecha en la que se introduce el sistema administrativo castellano. En Aragón habrá un   “Comandante General, a cuyo cargo esté el gobierno militar, político, económico y gubernativo de él”, también habrá “una Audiencia con dos Salas…”, se mantendrá el derecho privativo aragonés y se dividirá el territorio en el “Corregimiento” de Zaragoza y en 12 “partidos” más. Se suprime el Consejo de Aragón y se agrega al Consejo y Cámara de Castilla. Este decreto se impone en Aragón en 1711, desapareciendo las instituciones tradicionales y los fueros del reino. A pesar de que no hubo grandes diferencias, la Corona tuvo que transigir con viejas costumbres, como nombrar para los cargos públicos a naturales. También desaparecieron las Cortes de Aragón en 1709 y se integran en las Cortes de España. A pesar del esfuerzo uniformador no se pudo reintegtar a todos los señoríos, por lo que se mantuvieron muchas peculiaridades, que tendrán especial importancia en la recaudación de impuestos. Habrá provincias exentas, como Navarra y el País Vasco, y fiscalidad diferenciada para la Corona de Aragón.
Para esta nueva reforma se partía de dos puntos básicos: la existencia de once ciudades que serían cabeceras territoriales y de dos regiones históricas netamente diferenciadas; Cinco Villas y Ribagorza.
Los doce partidos en que se divide Aragón son los siguientes: Albarracín, Borja, Benabarre, Calatayud, Cinco Villas, Daroca, Tarazona, Teruel, Jaca, Alcañiz, Huesca y Barbastro, además de Zaragoza.
Sos perteneció al Corregimiento de las Cinco Villas, siendo además capital del mismo por deseo del momarca Felipe V dada la notoria fidelidad, ayuda y valentía demostrada por los habitantes de la Villa durante la guerra.
Como comenta A. Ubieto, la división presentaba incongruencias tales como seguir los cursos fluviales o las divisorias de aguas, pasando por alto la existencia de los términos municipales, con lo que se dio el caso de localidades cuyo término pertenecía a dos corregimientos.
Aunque posteriormente hubo dos sucesivos intentos de reforma administrativa en 1808 y 1813, como veremos a continuación, estos no se llevaron a efecto y fueron los corregimientos los que prolongaron su existencia hasta el año1833 en que entró en vigor la división de España en provincias.
El 7 de noviembre de 1808 y acorde con los requerimientos de Napoleón de establecer un “sistema común” entre Francia y España, José I encargó al coronel Francesc Amorós la presentación de una memoria sobre la división de España en departamentos o prefecturas. En 1810 se intenta ordenar el territorio dividiéndolo en 38 prefecturas y 111 subprefecturas, según el proyecto del cérigo Llorente: las prefecturas se llamarán de la misma manera que el nombre de la capital. Pese a que este proyecto nunca entró en vigor, sí fue ampliamente utilizado por las ciudades que reivindicaban su capitalidad en proyectos sucesivos, aportando su capitalidad en la división francesa como aval para conseguir la capitalidad de una provincia. Sos quedó encuadrada en la prefectura de Huesca.
En 1813 se encargará una nueva división provincial a Felipe Bauzá, que determina 44 provincias. Sin embargo estos cambios no se aprobarían, puesto que coincidieron con el regreso de Fernando VII, que supuso la vuelta al antiguo régimen, con ciertas modificaciones.

         En enero de 1822 se aprueba en las Cortes, con carácter provisional, una división provincial de España en 52 provincias, regidas por criterios de población, extensión y coherencia geográfica, no se respetan los límites tradicionales de las provincias y se caracteriza por su poco rigor histórico. Se eliminan enclaves de unas provincias en otras si pertenecen a distintos reinos, aunque se conservan muchos de estos enclaves. La caída del gobierno liberal y la restauración del absolutismo dio al traste con el proyecto, que nunca entró en vigor.
División de España en provincias
   Finalmente es en noviembre de 1833 cuando se dispone una nueva división de España en 49 provincias (muy similar al proyecto de 1822), que son las actuales y que ya no sufriría más cambios, a excepción de unas pequeñas modificaciones, como la división de Canarias en las dos provincias actuales.
    Por el decreto de 21 de abril de 1834 las provincias se dividen en partidos judiciales teniendo en cuenta los límites provinciales. La división de cada provincia en partidos judiciales canaliza la vida política y administrativa hasta el nivel local y define el ámbito de la administración de justicia. Las tareas de estado pasan desde la provincia y desde su Jefe Político hasta las cabeceras de los partidos judiciales, en el terreno de contribuciones, educación, registro de la propiedad, elecciones, etc…
Aragón quedó dividida en 31 partidos judiciales: 8 en Huesca (Jaca, Boltaña, Benabarre, Huesca, Barbastro, Tamarite, Sariñena y Fraga),13 en la provincia de Zaragoza ( Sos, Ejea, Zaragoza, Pina, Caspe, Tarazona Borla, La Almunia, Cariñena, Belchite, Ateca, Calatayud y Daroca) y 10 en la de Teruel (Calamocha, Albarracín, Montalbán, Yeruel, Aliaga, Mora de Rubielos, Híjar, Castellote, Alcañiz y Valderrobres)
Mapa comarcal de Aragón
El 11 de noviembre de 1965 se promulgó un decreto por el que se establecía una nueva demarcación judicial. Los 31 partidos judiciales aragoneses se redujeron a 14, número parecido con la división histórica de 12 sobrecollidas o 13 corregimientos. La provincia de Huesca se reduce a los partidos de Jaca, Boltaña, Huesca, Barbastro y Fraga; la de Zaragoza se queda con los partidos de Ejea (que vuelve a incluir Sos), Tarazona, Zaragoza, Caspe, Calatayud y Daroca; y la provincia de Teruel queda reducida a Calamocha, Alcañiz y Teruel
Las Delimitaciones Comarcales en Aragón se establecieron por ley en 1996, reservándose la denominación “legal” de Comarca a aquéllas cuya Ley de creación haya sido aprobada, una vez realizados todos los trámites pertinentes ,como el envío por parte del Gobierno de Aragón del correspondiente Proyecto de Ley, por las Cortes de Aragón. Aragón queda dividida en 33 comarcas.
La última distribución de partidos se hizo en 1998, quedando Sos incluído en el partido judicial de Ejea
                    Los municipios que  integraban la comarca de las  Cinco Villas eran 30 : Ardisa,Asín, Bagüés, Biota, Castejón de Valdejasa, Castiliscar, Ejea de los Caballeros, Erla, El Frago, Isuerre , Layana, Lobera de Onsella, Longás, Luesia, Luna, Navardún, Orés, Las Pedrosas, Piedratajada, Puendeluna, Los Pintanos, Sádaba, Sierra de Luna, Sos del Rey Católico, Tauste, Uncastillo, Undués de Lerda, Urriés, Valpalmas y Biel-Fuencalderas. Posteriormente se segregó Marracos de Priedratajada, pasando a ser 31.

En febrero de 2001, Cinco Villas era legalmente una Delimitación Comarcal. En septiembre de 2002, se aprobó por el Gobierno de Aragón el Proyecto de ley de creación de la Comarca de Cinco Villas que está integrada por 31 municipios anteriormente citados.


[1] A.H.N., Secc. Ord. Militares, carp. 654, nº 8 (A) 






BIBLIOGRAFÍA



-BIELZA DE ORY, VICENTE. “La delimitación comarcal de Aragón”. Las comarcas de Aragón: Territorio y Futuro. Jorge Infante Díaz (ed.) pp.115-136. Zaragoza, 2003.

-BIELZA DE ORY, VICENTE. “Tribuna científica II: visión histórica-geográfica de la organización del territorio aragonés”. Revista Territorio & desarrollo local nº 9 (Enero-Mayo, 2007) pp. 27-34. Zaragoza, 2007.

-UBIETO ARTETA, AGUSTÍN. Atlas didáctico histórico. Aragón, comunidad histórica. D.G.A. Zaragoza, 1991.

  -UBIETO ARTETA, AGUSTÍN. Cómo se formó Aragón. Versión electrónica de la Institución Fernando el Católico.

-UBIETO ARTETA, AGUSTÍN. El largo camino hacia las comarcas de Aragón. (Aproximación didáctica) Colección Territorio,1. D.G.A. Zaragoza, 2001.

-UBIETO ARTETA, AGUSTÍN. “La organización territorial de Aragón: perspectiva histórica”. Las Comarcas de Aragón: Territorio y Futuro. Jorge Infante Díaz (ed.) pp. 81-101. Zaragoza, 2003.

-UBIETO ARTETA, AGUSTÍN. Las Cinco Villas, paso a paso. I.F.C. Ejea de los Caballeros, 2002.

-UBIETO ARTETA, ANTONIO. Historia de Aragón: Divisiones administrativas. Anubar. Zaragoza, 1983.

    -UBIETO ARTETA, ANTONIO. La formación territorial. Historia de Aragón, vol. I. Anubar Ediciones. Zaragoza, 1981.

-VV.AA. El proceso de comarcalización de Aragón. Análisis Político y Administrativo. Col. Territorio, 6. D.G.A. 2003.

En la web:

-www.aragonesasi.com. Chusé María Cebrián Muñoz. Divisiones administrativas en Aragón