El homenaje-recreación brotó con fuerza en la
plaza del Ayuntamiento. Los sones de los txistus de Isaba rompieron el silencio
con un pregón de bienvenida que erizó la piel de los asistentes, marcando el
inicio de una ronda por las calles del pueblo al compás de melodías
tradicionales que sonaban a una mezcla de fiesta, despedida y recuerdo.
Al salir, la plaza volvió a ser el epicentro
del sentimiento. Arropadas por la coral, los txistularis, sus seres queridos y
un público entregado, se mecieron los bailes tradicionales, como la dantza del
thun thun o el Axurri beltxa, y se entonaron cantos que encogían el corazón,
como “la tumba de la golondrina”, de la Ronda de Boltaña y Rozalén. Con el
ondeo imponente de la gran bandera del Valle de Roncal se selló un momento que
fue mucho más que una recreación: un acto de auténtica justicia poética y
exaltación de las mujeres rurales del valle roncalés.
Por último, los pasos de todos se encaminaron
hacia los arrabales del pueblo, dejando atrás el abrigo de Isaba para
adentrarse en el campo abierto, allí donde el valle se ensancha y vigila la
montaña. En ese punto exacto las golondrinas se despidieron de todos alzando
sus pañuelos y comenzaron su vuelo en solitario, iniciando una aventura
invisible y dura hacia el invierno francés, con la promesa de regresar a
finales de mayo o principios de junio.
Esta recreación de Isaba posiblemente no diferirá mucho de lo que hacían las alpargateras de Sos del Rey Católico o los cientos de mujeres de otros municipios de los valles cercanos antes de partir. Más adelante, en las fábricas francesas, coincidirían todas ellas y juntas pasarían las mismas penalidades y las mismas alegrías.
Honor y gloria a aquellas inolvidables
golondrinas. Mujeres valientes que, con el equipaje ligero pero el corazón
cargado de amor por los suyos, no dudaron en dejar atrás a sus familias y
desafiar la inmensidad del Pirineo en momentos en que la economía de sus casas
flaqueaba. En tiempos de escasez y hogares fríos, ellas cruzaron fronteras
físicas y sociales con una dignidad inquebrantable para ayudar y aportar al
hogar. Su sacrificio no se ha borrado con la nieve del olvido; hoy el valle
late con fuerza gracias a su memoria. ¡Que su valentía siga inspirando para
siempre a las generaciones venideras!
¡Hasta siempre, golondrinas! ¡Nunca os
olvidaremos!
[1]
Revista Sopicona nº. 6, pp.12-18. Manuel Valle Molero. “Las golondrinas
alpargateras: memoria de una migración valiente”. Edita: Asociación Tanto
Monta https://villadesosdelreycatolico.blogspot.com/2020/08/las-golondrinas-alpargateras.html


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