viernes, 25 de septiembre de 2020

GATERAS EN SOS DEL REY CATOLICO

 

 

Gatera en una casa de la calle Ramón y Cajal
(Sos del rey Católico)

           Una gatera es un agujero que se hace en la pared o puerta de la vivienda para que el gato pueda salir o entrar a la casa a través de él.

            En Sos del Rey Católico las gateras se realizaban en las puertas, ya que el grosor y la dureza de la piedra de los muros de las casas era muy difícil de perforar.

            Además de las viviendas, también se perforaban gateras en cuadras, pajares y otras dependencias de la casa destinadas a contener las reservas de trigo, maíz o cualquier otro cereal con el fin de que los gatos puedan entrar y salir y mantener alejados a los indeseables roedores.

          Prácticamente todas las casas de Sos del Rey Católico tenían, hasta no hace mucho tiempo, gateras, pues en casi todas ellas se guardaba el grano de las cosechas. Hoy en día ya están en desuso y la mayoría de ellas han desaparecido, pero en viejas puertas de algunas viviendas de la Villa que todavía no han sido reformadas o restauradas, podemos ver estas gateras, tapadas con madera, que tanto usaron los felinos de Sos.

           Curiosamente, el invento de la gatera, según cuenta Cyril Aydon en “Historias curiosas de la ciencia”, es atribuible a Isaac Newton. Dice que, mientras el científico trabajaba en sus investigaciones, su gata no cesaba de maullar para salir de casa; así que Newton hizo un agujero en la parte inferior de la puerta para que no le molestase y poder seguir centrado en su trabajo.

sábado, 19 de septiembre de 2020

LA FIRMA DE LA LÁPIDA EN HONOR DE DON ISIDORO GIL DE JAZ


D. Isidoro Gil de Jaz


En la escalera principal del colegio escolapio Isidoro Gil de Jaz, en Sos del Rey Católico, se colocó, en 1940, una lápida en memoria de este ilustre personaje.

              La lápida reza:

                A la memoria del muy ilustre señor don Isidoro Gil de Jaz que por su saber y rectitud fue condecorado por los reyes Felipe V, Fernando VI y Carlos III, con los títulos de oidor en la audiencia de Pamplona, regente en la de Oviedo, presidente en la chancillería de Granada, ministro en el real y supremo consejo de Castilla, asesor en el de guerra y real cuerpos de guardias de Corps y de Walona, Presidente de la Real Junta de La Habana y bienhechor de la villa de Sos del Rey Católico fundando este colegio de Escuelas Pías en el Año MDCCLX

                                                                      La escuela Pía y la Villa de Sos del Rey Católico

                                                                      Agradecidas le erigen esta lápida en MCMXXXIX

 

                De todos es conocido que Don Isidoro Gil de Jaz (ver biografía),  es hijo de una noble familia y que nació y fue bautizado en la parroquia de Santa María en la cercana localidad navarra de Sangüesa, municipio que lleva con orgullo el hecho de que en él naciera tan ilustre personaje, tanto, que incluso el Ayuntamiento honró su memoria poniendo su nombre a una calle de la localidad.

            Don Isidoro Gil de Jaz falleció en Madrid el 22 de abril de 1765, dejando expuesto en su testamento que sus restos mortales descansaran en la iglesia del colegio de su fundación en Sos, deseo que no se pudo realizar hasta que estuvieran finalizadas las obras de la iglesia,  y aunque estas finalizaron en 1793, no fue hasta el 31 de enero de 1796 , treinta y un años después de su muerte, cuando finalmente sus deseos se hicieron realidad, depositando sus restos en una tumba en el presbiterio de la iglesia de San José de Calasanz, al lado de la Epístola. Y allí estuvieron hasta 1940, año en el que los restos se trasladaron a un panteón construido al efecto y situado a los pies de la iglesia, su actual ubicación.

                Dos años antes, con el fin de preparar este traslado y honrar la memoria de tan ilustre personaje, el Padre Eusebio Pera, Rector del Colegio Escuelas Pías, se dirigió al Alcalde y Ayuntamiento de Sangüesa solicitando ayuda económica para sufragar parte de los gastos “…para honrar la memoria de un hombre extraordinario, colocando una lápida y trasladar sus restos al panteón que se erigirá en una capilla de la misma…

                El Padre Eusebio, confiando que el alcalde de Sangüesa iba acceder a su petición, pues su Ayuntamiento tenía en tan alta consideración a Don Isidoro, ya tenía preparada la firma de la lápida conmemorativa: 

             La escuela Pía y la villa de Sos del Rey Católico

             y la ciudad de Sangüesa, su ciudad natal

            Agradecidos le erigen esta lápida en MCMXXXIX

Con lo que no contaba el Padre Eusebio era con la respuesta del alcalde sangüesino:

Este Ayuntamiento ve con muchísimo agrado todo cuanto se proyecta realizar en memoria y homenaje del M.I. Sr. Isidoro Gil de Jaz que tanto honra a esta ciudad de Sangüesa, su pueblo natal, en donde ya hace muchos años se le dedicó una calle, pero que en cuanto se refiere a los gastos de la lápida y demás que se proyectan, encontrándolo desde luego todo muy plausible, no está este municipio en condiciones de contribuir con cantidad alguna por ser muchas las atenciones a las que hacer frente, estando dispuesto a sumarse y adherirse a todos los honores que se le hagan por parte de esa villa de Sos del Rey Católico a la que tanto benefició el ilustre personaje[1]

El acto-homenaje tuvo lugar el 9 de junio de 1940. El Rector del Colegio, Eusebio Pera; el alcalde de Sos, Olegario Ortigas y Federico Ladrero, exalumno, invitaron al acto al Ayuntamiento de Sangüesa, asistiendo el Alcalde y un concejal, pero, evidentemente, al no haber aportado la alcaldía sangüesina ninguna cantidad de dinero , se retiró de la firma la mención al vecino minicipio “y la ciudad de Sangüesa, su ciudad natal”, quedando la firma tal y como la vemos hoy.



[1] A.M.S. Caja 433/1. Ref. en La nobleza navarra (s. XVII.XVIII). Indice de la obra de D. Isidoro Gil de Jaz, p. 97.



BIBLIOGRAFÍA

-GARCÉS ABADÍA, MÁXIMO. Don Isidoro Gil de Jaz. Fundación Gil de Jaz. Impr: Félix Arilla. Ejea de los Caballeros (Zaragoza), 1994

-MARURI ORRANTIA. “La nobleza de Navarra (S.XVI-XVII.XVIII) Indice de la obra de D. Isidoro Gil de Jaz”, Revista Zangotzarra, año 5, nº 5, pp. 81-152. Grupo Cultural Enrique de Albret. Sangüesa (Navarra). 2001


domingo, 13 de septiembre de 2020

CONDES Y REYES DE ARAGON


              Todos los reyes de Aragón han tenido alguna relación,bien directa o indirecta, con la villa de Sos.
            En diversas entradas del blog, en el epígrafe de "historia", vemos el resumen del reinado de cada uno de ellos y su relación o intervención con la villa; unas veces debido a guerras, conquistas, residencia, concesiones de privilegios, otras por enfermedad, firmas de tratados, fueros, alianzas, capitulaciones, donaciones, permutas o de ventas de propiedades
            Puesto que los vamos a nombrar a todos, exponemos a continuación la relación de condes y reyes de Aragón, los años de su reinado y el enlace al post de cada uno de ellos, estando a su vez  entrelazados cronológicamente entre ellos, al final de cada post, señalizado con la palabra "continuación".

CONDADO DE ARAGON (ver)
AUREOLO (802-809)
AZNAR GALINDEZ  I (809-820)
GARCÍA GALÍNDEZ (820-833)
GALINDO GARCES (833-844)                                                                          
GALINDO  I AZNAREZ (844-867)                                                                   
AZNAR  II GALINDEZ (867-893)               
GALINDO  II AZNAREZ (893-922)
ANDREGOTO GALINDEZ (922-943)

REYES DE PAMPLONA Y CONDES DE ARAGON
GARCIA SANCHEZ  I (943-970)
SANCHO GARCES  II “ABARCA” (970-994)
GARCIA SANCHEZ  II “EL TEMBLON” (994-1004)
SANCHO GARCES III “EL MAYOR” (1004-1035) (ver)

REINO DE ARAGON

CASA DE ARAGON

RAMIRO I (1035-1063) (ver)
SANCHO RAMIREZ (1063-1094) (ver)
PEDRO I (1094-1104) (ver)
ALFONSO I “EL BATALLADOR” (1104-1134) (ver)
RAMIRO II “EL MONJE” (1134-1157) (ver)
PETRONILA (1157-1164) (ver)
ALFONSO II “EL CASTO” O “EL TROVADOR” (1164-1196) (ver)
PEDRO II “EL NOBLE” O “EL CATOLICO” (1196-1213) (ver)
JAIME I “EL CONQUISTADOR” (1213-1276) (ver)
PEDRO III “EL GRANDE” (1276-1285) (ver)
ALFONSO III “EL FRANCO” O “EL LIBERAL” (1285-1291) (ver)
JAIME II “EL JUSTO” (1291-1327) (ver)
ALFONSO IV “EL BENIGNO” (1327-1336) (ver)
PEDRO IV “EL CEREMONIOSO” (1336-1387) (ver)
JUAN I “EL CAZADOR” (1387-1396) (ver)
MARTIN I “EL HUMANO” (1396-1410) (ver)
Interregno que se termina con el Compromiso de Caspe. (1410-1412)

CASA DE TRASTAMARA

FERNANDO I “DE ANTEQUERA” (1412-1416) (ver)
ALFONSO V “EL MAGNANIMO” (1416-1458) (ver)
JUAN II “EL GRANDE” (1458-1479) (ver)
FERNANDO II “EL CATÓLICO” (1479-1518) (ver)
Unión de Castilla y Aragón.(ver)

sábado, 5 de septiembre de 2020

LOS REMEDIOS TERAPÉUTICOS DE LA ABUELA


"El niño enfermo" del chileno Pedro Lira (Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago de Chile)
(Un niño enfermo en brazos de su madre y a la abuela preparando el "remedio" para su curación)


Hasta la segunda mitad del siglo XX, en que la medicina y la farmacología empezaban a  conseguir importantes logros en cuanto al conocimiento de enfermedades y sus tratamientos se refiere, los remedios terapéuticos de enfermedades, infecciones y otros males, provenían muchas veces de la sabiduría popular de nuestras abuelas y tatarabuelas.  No existen documentos ni  libro alguno que recopile estos “remedios de la abuela”, pues fue la transmisión oral la encargada de transferirlos de generación en generación. Además, los “remedios caseros” no son los mismos en toda la geografía española, pues en cada aldea, en cada pueblo, en cada comarca, hay remedios distintos para las mismas afecciones, pues la idiosincrasia de los habitantes de un determinado lugar, su cultura, sus relaciones sociales, hábitos, costumbres,creencias, tradiciones,… varían de un pueblo a otro; además, como para la fabricación de muchos de los remedios recurren a las plantas naturales y a la fauna autóctona como ingredientes principales de las milagrosas pócimas y tratamientos, no en todos los lugares  existen las mismas especies de plantas o coexiste la misma fauna, por lo que en cada región o comarca aplicaban diferentes clases de plantas o recurrían a distintos animales para curar una misma enfermedad. Son recetas basadas en la experiencia personal de nuestros ancestros, algunas de ellas de cientos de años de antigüedad, modificadas posteriormente por curanderos, sanadores, brujas, boticarios…, que tendrían, o no, su eficacia, pero que se han conservado a través de los siglos gracias a la transmisión oral.
En algunas ocasiones acertaban y sí que es cierto que determinadas plantas curan o alivian algunos males, pero la mayoría de las veces no dejan de ser ancestrales remedios caseros que, en sus orígenes, a veces por el efecto placebo que inducía al enfermo, conseguían un mejoramiento de la enfermedad en el paciente, lo que generaba la falsa creencia de haber hallado un excelente remedio para un determinado mal.  En otras ocasiones algunos remedios populares resultan extravagantes, y otros llegan a tal extremo que  son considerados como mitos, como el hecho de creer que en el interior del oído vive un gusano que hay que alimentar para que no se muera y  nos produzca la molesta infección de oído.
            Pero el hecho es que son remedios y creencias de nuestras abuelas y de toda una sociedad que han convivido con nosotros desde tiempos muy remotos hasta no hace mucho tiempo y forman parte de la cultura, usos y costumbres de nuestra comunidad, porque el vulgo creía y confiaba plenamente en la efectividad de estos ancestrales remedios.
            A continuación vamos a exponer algunos de estos remedios caseros que formaban parte de la terapéutica popular de Sos, muchos de ellos recogidos por José María Iribarren en su libro Historias y costumbres (“ El folklore de Sos y la Valdonsella”)

            Nota: Como alguno de ellos me han resultado bastante divertidos por su utópica entelequia, me he tomado la licencia (cosa que no hago nunca) de hacer algún gracioso comentario sobre ellos. Este comentario personal aparece escrito entre paréntesis al final de cada remedio, sin pretender valorar científicamente, o menospreciar,  la eficiencia, o no, de los mismos.

                                                      REMEDIOS CASEROS

   
         Según la creencia popular, como antes se ha dicho, en el oído hay un gusano al que hay que alimentar para que no se muera. Cuando aparece un dolor de oídos es que el gusano se está muriendo de hambre, por lo que hay que alimentarlo rápidamente, pero con leche materna vertida directamente del pecho, sin tocar ningún cazo o recipiente. Si el dolor de oídos persiste habrá que introducir en el conducto auditivo un trocito en forma cónica de tocino viejo, así el gusanillo se alimentará mejor, se calmará y cesará el dolor. (¿Os imagináis cruzaros con un vecino por la calle con una loncha de jamón en el oído? Y ahora imaginaros la escena de la mujer intentando atinar con su leche en el oído del paciente).     
          
                                                                                                        



                    Para que los niños no padeciesen durante la dentición, les daban a chupar huesos. (Como a los perros. ¡Haberles dado algo más blandito…hombre!)
           




               Para curar las hemorroides hay que tomar la hierba de la estrella (planta perenne que nace en terrenos incultos) frita en aceite. El médico forense de Sos Emiliano Ladrero comenta jocosamente “el gran parecido de esta planta con las rugosidades de un ano con almorranas”.
           



                  Para las enfermedades de los ojos y las nubes de la córnea se aplicaban unos polvos llamados lardachina, que eran las heces secas del lardacho (lagarto) (¿Os pondríais caca de lagarto en los ojos? Seguramente cogerían otras infecciones oculares.)
           


                 Para el dolor de muelas se metía en el bolsillo del doliente, sin que éste se apercibiera, un gusano de los que parasitan la charguera (zarza) (¡ Qué manía estos sosienses con los gusanicos!)
   
          
             
                     Contra las rojeces y el herpetismo se tomaba raíz de junco cocida con leche. (¡Hombre! Esto ya parece otra cosa. ¡Esto ya es más normal!  E incluso parece que puede tener buenos resultados.)
           



                    Contra la hiperhidrosis de manos y pies pasar la parte afectada por el lomo de una culebra. (Vamos a peor, ahora culebras en vez de gusanos. No especifican que tipo de culebra; espero que no fuera una víbora)         


  
                   Para curar las lombrices de los niños y favorecer la salida de los dientes le ponían a los chavales collares de ajos. (¡Pobres niños! Primero les dan a roer huesos, y luego los adornan con una ristra de ajos.)
           

         


             Para combatir las anginas se hacen gárgaras con la cocción de la espiga del llantén (plantaina), planta buscada con avidez por los jilgueros.(Con las gárgaras,adiós anginas,... y cantarás como un ruiseñor)
         




             Come ajos crudos para combatir el frío.
         Come gran cantidad de ajos crudos para curar la rabia. ( O sea, que el ajo sirve “pa too” (pa las lombrices de los niños, pa sus dientes, contra el frío, la rabia…..)
        Respecto a este último remedio, Ladrero comenta que en Sos se conserva el recuerdo de varias curaciones de rabia debidas al consumo de ajo[1].

               Existen otros curiosos remedios en los que no hay que ingerir nada, ni aplicarse ninguna cataplasma ni tocar ningún animal, como el que te cura la ictericia. El enfermo sólo tiene que elaborar una torta, pero no para él. Se la tiene que dar a comer a… ¡un perro!  (Y ya está, así de sencillo. Cocinas una torta, se la das a comer a un perro y, como por arte de magia, te has curado la ictericia). 
                    Pero, parece ser, como es lógico, que este remedio no daba buenos resultados, por lo que otras abuelas descubrieron un remedio más eficaz. El enfermo debía levantarse antes de que saliera el sol y hacer su primera micción del día en una mata de marrubio (rubiana, malvarrubia) mientras recitaba estos versos:


“A visitarte vengo, marrubio,
entre la Luna y el Sol;
quítame, pues, lo amarillo
y devuélveme el color.”
                      Después regresaba a casa y desayunaba aceite de oliva; y así todos los días hasta que desaparecía la enfermedad.
          



                   Y  para finalizar (aunque habrá otra entrega de remedios), ese remedio contra la diarrea que todos conocemos muy bien: el cocimiento de tapaculos (fruto del rosal silvestre). (Este sí que verdaderamente funciona)
           



              Estos han sido algunos de los remedios caseros que se aplicaban en Sos a principios del pasado siglo, los remedios de nuestras abuelas, una terapéutica popular que probablemente algún sosiense de avanzada edad recordará y posiblemente haya sido sometido por su abuela a alguno de ellos, aunque a lo mejor era muy niño y no se acuerda. (Pero si tienes buena dentadura seguro que tu abuela te daba huesos para chupar cuando eras un niño)


Nota.
            Aunque en las terapias expuestas es cierto que no se ha maltratado ningún animal, sí que es verdad que en muchos otros remedios se utilizaban animales vivos que acababan en la olla mezclados con otros ingredientes. Las tatarabuelas, a base de hacer experimentos, probarlos en enfermos y fallar en muchas ocasiones, había veces que acertaban y sabían que ciertos animales curaban determinadas dolencias. Desconocían el porqué, pero sabían que curaban, y sus “remedios” pasaron de boca en boca durante siglos.
            Aunque el uso de animales vivos en prácticas curativas no esté justificado, resulta curioso que, siglos después, la medicina explicaría científicamente porqué estos animales aliviaban ciertas dolencias o curaban determinadas enfermedades; por ejemplo, el sapo. Los pobres sapos eran muy codiciados, sanaban muchos tipos de dolencias. Cogidos vivos y cocidos en agua hirviendo, las tatarabuelas sabían que aplicando el agua de la cocción en fuertes dolores locales, estos cesaban; o que aplicándolo en hemorragias,  también cesaban. Desconocían que  la secreción mucosa del sapo, por su composición, tiene  efectos anestésicos y antihemorrágicos; ellas no se preocupaban del por qué, sólo veían que el paciente mejoraba, que era lo que importaba.






[1] Iribarren, José María. “El folklore de Sos y la Valdonsella”. Historias y costumbres, p. 304






BIBLIOGRAFÍA


IRIBARREN, JOSÉ MARÍA. “El folklore de Sos y la Valdonsella”. Historias y costumbres. Diputación Foral de Navarra. Pamplona, 1956.















EL CHOTACABRAS O ENGAÑAPASTORES

Caprimulgus rufficollis. Chotacabras o engañapastoes, perfectamente confundido con el terreno.
(Foto de Marcelino, en www.verpueblos.com. Hortiguela.Burgos)

                  Con la llegada de la primavera comienza el retorno de las primeras aves migratorias. El cielo de Sos empieza a poblarse de golondrinas, aviones comunes y vencejos. Pero hay otra ave que viaja con ellas y que apenas la nombramos  porque no la vemos. Sabemos que existe, pero como apenas se deja ver, la ninguneamos y no le prestamos atención, siendo una de las aves más curiosas de nuestro entorno por su peculiar comportamiento. Se trata del  caprimulgus ruficollis, más conocido como chotacabras (no confundir con chupacabras) o vulgarmente  como “engañapastores”  
                    No las vemos llegar de su larga migración desde los países africanos cercanos al Golfo de Guinea porque son aves de hábitos nocturnos y la migración la hacen durante la noche y, como animal nocturno que es, apenas tiene actividad durante el día y, al no ser tampoco un ave urbana, resulta muy difícil poder verla. Por pura probabilidad estadística, las personas que pasan muchas horas en el campo y en el monte son las que tienen más opciones de encontrarse con ellas, y estas personas son los pastores.
          
El camuflaje del engañapastores es extraordinario
(Foto de Xurxo.Blogueiros.axena.org.)
El caprimulgus ruficollis es una especie de ave de la familia caprimulgidae, de patas pequeñas y débiles, pico pequeño pero  de boca enorme flanqueada de fuertes y desarrolladas cerdas que le ayudan a atrapar los insectos cuando la abren durante el vuelo;  tienen un plumaje críptico, es decir, con gran facilidad para camuflarse y mimetizarse con el terreno, de tonos pardos, castaños y grisáceos con veteados blancos y negros, muy parecido a las hojas secas del suelo o a la corteza de un árbol. Durante el día reposa en el suelo, sin moverse, con los ojos cerrados o semicerrados, confiado en su excelente camuflaje para hacer frente a los depredadores, y es al anochecer y durante la noche cuando inicia su actividad, consiguiendo un vuelo muy rápido y ágil con sus largas alas y cola, como los vencejos pero más grandes en envergadura, a la vez que silencioso, como si de una rapaz nocturna se tratara.
                Su nombre científico( caprimulgus) deriva de la combinación de las palabras latinas capra (cabra) y mulgere (ordeñar) = ordeñacabras. El término "chotacabras", en español, significa lo mismo y viene de un término arcaico, “chotar”, que proviene del latín suctare (mamar) y hacen referencia a una antigua creencia por la que se pensaba que estas aves, al estar constantemente con los rebaños de ovejas y cabras se alimentaban mamando de las ubres de las mismas, pero la realidad es que se acercan a los rebaños para volar entre ellos y capturar al vuelo, con su enorme boca abierta, los pequeños insectos voladores que suelen acompañar al ganado. Pero ya sabemos cómo es la tradición popular, máxime tratándose de un animal que arrastra desde el siglo XVI mala fama, representado como un ser monstruoso y protagonista de terroríficas leyendas. Ya Jheronimus Van Aken, El Bosco, en su famoso tríptico "El jardín de las delicias", pinta en la parte derecha del tríptico, que representa el infierno, un chotacabras devorando un ser humano con su enorme boca.

                El hábitat preferido del chotacabras son las zonas cálidas y secas de moderada altitud y poco arbolado. Prefiere paisajes mixtos con alternancia de arbustos y árboles dispersos con cultivos y eriales, huertas y sotos fluviales, huyendo de los frondosos bosques y de las zonas montañosas. Es muy típico verlo por las noches posado en las carreteras, deslumbrado por los faros de los coches, motivo por el que suelen aparecer muchos atropellados.
              
Polluelo de chotacabras en el nido
(Foto: Xurxo. Blogueiros.axena.org.)
                     El canto del macho viene a ser como un contínuo croar, muy parecido al traqueteo constante del motor de un camión.Aunque personalmente todavía no he visto ningún chotacabras sí he oído su característico "motor en marcha" en las proximidades del convento de Valentuñana. El canto para llamar la atención de la hembra es distinto y se asemeja a un silvido terminado en una nota de su característico "croar".
                  El chotacabras no utiliza ningún material para construir su nido, simplemente hace la puesta directamente en el suelo, generalmente dos huevos, cuya cáscara posee un color muy críptico confundiéndose fácilmente con guijarros, y muy similar al terreno, por eso la puesta siempre la realiza  junto a hojas secas o algún trozo de madera, que servirán también de camuflaje para los futuros polluelos.
                Lo más curioso y significativo de esta ave es su mecanismo de defensa ante una seria amenaza contra su nido o sus polluelos, lo que le ha servido para ganarse con todo merecimiento el sobrenombre de engañapastores.                
               Ya hemos visto cómo el chotacabras pasa el día tumbado en el suelo confiando en su excelente camuflaje, y así permanecerá inmóvil hasta que una persona o cualquier otro animal esté justamente encima de él, entonces levantará el vuelo y se marchará. Tanta es la confianza que tiene en su mimetismo que esperará hasta el último segundo para huir y. es verdad, es imposible de distinguirlo cuando está inmóvil entre los guijarros, palos secos y hojarasca. Pero cuando está cuidando de su puesta  de huevos o de los polluelos el comportamiento es distinto. Antes de aproximarnos a él tanto como nos hubiera dejado si no tuviera nidada, levantará el vuelo y, con unos movimientos aparentemente torpes en el volar, como si estuviera enfermo, o herido en un ala, se desplazará unos metros, distanciándose de nosotros, y volverá a posarse en el suelo aparentando ser una caída; al acercarnos de nuevo volverá a hacer la misma maniobra: levantará el vuelo no más de un metro del suelo, con movimientos torpes y volviendo a caer, y así cuantas veces nos aproximemos a él, habiéndonos desplazado del lugar de la nidada lo suficiente como para que ésta se encuentre a salvo. Este “engaño” es  la forma que tienen los chotacabras de defender sus polluelos ante una amenaza y, como en el campo, debido a su trabajo, son los pastores quienes pasan la mayor parte del tiempo, y los que más han sufrido este hábil engaño, popularmente se añadió al animal el sobrenombre de “engañapastores”
              
La boca del chotacabras es enorme en comparación a su cuerpo. Le sirve
para capturar insectos por la noche mientras vuela.

(Foto: InfoHuévar. infohuevar.es.20/09//2014)
                       Es significativo también el engaño al que son sometidos los perros del pastor o de los cazadores, llegando éstos a desatender totalmente sus labores de pastoreo o de caza ante el inútil intento de cazar al chotacabras.
                Esta es la verdadera razón del porqué a estas aves se las llama “engañapastores”, pero la tradición popular, esa que cuenta que “dicen que…”, “en cierta ocasión…” etc..., donde la imaginación y la exageración de los acontecimientos hacen que una historia, real o no, se convierta en leyenda, hace que en otros lugares de la geografía española el mismo suceso se narre de forma distinta, aunque en el fondo, el resultado final sea el mismo. Es lo que sucede, por ejemplo, en Fuencalderas, localidad también cincovillesa, no muy distante de Sos, donde el significado del “engañapastores”, según la tradición popular, se debe a que en cierta ocasión un pastor se disponía a comer migas, y mientras las estaba cortando vino a posarse en su rodilla el pájaro; el pastor quiso darle un pinchazo con su cuchillo, pero engañado por el ave por el característico movimiento de vaivén que tiene al posarse, se lo clavó él mismo en la pierna[1]. Además, tanto en Fuencalderas como en otras localidades de la geografía española, atribuyen el sobrenombre de "engañapastores" a un ave distinta: la motacilla alba (lavandera blanca)
               
                         Tras la nidada y cría de los polluelos y con el cambio de estación, el chotacabras, junto con otras aves, emigrará de nuevo a tierras africanas hasta la siguiente primavera.

Los ojos del chotacabras son grandes para facilitarle la visión nocturna
(Foto:InfoHuévar. infohuevar.es. 20/09/2014)





[1] Arbués Possat, José. Tradiciones, costumbres y lengua en Fuencalderas. P. 122. Quadernos Jean-Joseph Saroïhandy. Prensas Universitarias de Zaragoza y Xordica Editorial.







BIBLIOGRAFÍA

-ARBUÉS POSSAT, JOSÉ. Tradiciones, costumbres y lengua en Fuencalderas. Quadernos Jean-Joseph Saroïhandy. Prensas Universitarias de Zaragoza y Xordica Editorial. Zaragoza, 2012.

En la web:

-Wikipedia. El engañapastores

sábado, 29 de agosto de 2020

LAS "GOLONDRINAS" ALPARGATERAS


Muchas veces olvidamos la historia, no la recordamos o, simplemente, no tenemos conocimiento de ella por falta de información o por haberse cortado en algún momento  la trasmisión oral, principal y prácticamente la única via de comunicación que tanto se usaba antiguamente para recordar sucesos, costumbres, tradiciones y, en definitiva, todo lo relacionado con la vida y usos sociales de los habitantes de un pueblo o comarca.
Por eso hoy, y como homenaje, vamos a recordar y recuperar la memoria histórica de un valiente colectivo de sosienses, todas mujeres, que marchaban todos los años a Francia a trabajar. Pero no sólo eran de Sos del Rey Católico, a estas se unían cientos de mujeres más procedentes de otros pueblos de las Cinco Villas, e incluso de Zaragoza, pero la mayoría de estas emigrantes procedían de los numerosos pueblos y aldeas que conforman los valles pirenaicos del norte de Navarra y Aragón (Baztán, Salazar, Roncal, Hecho, Ansó…).
Desde 1880 hasta 1930, aproximadamente,una caravana de cientos y miles de mujeres, aunque también había matrimonios y familias enteras, pero en número muy reducido,  se ponía cada año en marcha a primeros de octubre para pasar al país vecino con destino a las fábricas de alpargatas de Mauleón, Oloron-Saint-Marie y localidades cercanas de La Soule y el Bearn; y allí pasaban seis meses trabajando hasta la primavera siguiente, que era cuando regresaban a sus respectivos pueblos. Popularmente eran conocidas como “las golondrinas”, por el hecho de ir vestidas de negro y de coincidir esta temporalidad laboral con el ciclo migratorio de estas aves.

Alpargatas se han usado desde tiempos muy remotos y generalmente se confeccionaban en las propias casas para toda la familia. Bastaba con un poco de cuerda de esparto o cáñamo trenzado y lino.
Ya en el siglo XVIII, el pueblo francés de Mauleón se convirtió en el primer productor de alpargatas. Para entonces, el 100% de la producción se confeccionaba a mano y Mauleón fue una de las primeras villas francesas a las que llegó la electricidad en 1850[1], por lo que el proceso de fabricación de alpargatas comenzó a industrializarse. Como las alpargatas están confeccionadas al cien por cien con fibras naturales, su duración no es muy longeva, por lo que la demanda era muy alta, existiendo en el año 1914 en Mauleón, al menos, 30 fábricas de alpargatas para poder cubrir la demanda existente, a lo que ayudó la también pronta llegada del ferrocarril a la zona (1886), dando empleo a más de 5000 trabajadores[2].
La escasez de mano de obra en Francia para tanta producción convirtió a la industria alpargatera francesa en un fenómeno socioeconómico casi sin precedentes para los pueblos navarros y aragoneses. A sus fábricas llegaban cada octubre miles de mujeres navarras y aragonesas con el fin de llevar un salario al hogar, en muchas ocasiones el primero y único, para ayudar a la economía doméstica en unos años en los que la escasez de todo tipo era notoria.
Eran mujeres jóvenes, solteras, con edades comprendidas entre los 15 y 25 años, y su viaje a Francia se vivía con mucha intensidad tanto en sus familias como en el pueblo en general, pues la gran mayoría de las mujeres tenían algún grado de parentesco entre ellas, ya que en un pueblo pequeño casi todas las familias tienen algún lazo familiar. Es por eso que el día de la partida era muy especial, pues se vivía, por un lado, con mucha ilusión, y con nerviosismo, incertidumbre y preocupación por otro. No en vano, algunas de estas mujeres murieron a su paso por los Pirineos en alguna ocasión que las nevadas se adelantaron al invierno; otras ya no volvieron porque conocieron y se casaron con algún lugareño del país vecino y otras porque encontraron otros trabajos que en su pueblo natal no iban a encontrar a su regreso.
En un estadillo de trabajadores inmigrantes en Mauleón de 1911 aparecen el número de trabajadoras procedentes de algunos pueblos navarros y aragoneses, apareciendo 34 mujeres procedentes de Sos del Rey Católico, 64 de Salvatierra, 105 de Fago, 77 de Isaba, 93 de Ansó, 82 de Undués Pintano, 46 de Berdún, 41 de Pintano, 57 de Sigüés, 41 de Burgui, 42 de Ustárroz, 35 de Lorbés, 26 de Petilla, 25 de Roncal, 20 de Luesia,14 de Ruesta, 22 de Jaca, 21 de Vidangoz, 15 de Garde, 21 de Aísa, 16 de Aragüés del Puerto, 21 de Zaragoza y 15 de Artieda.[3] Evidentemente faltan muchísimas “golondrinas” más y muchos pueblos más, pero con este estadillo nos podemos hacer una idea del gran éxodo de mujeres que cada año emigraban a Francia para trabajar.
El día de la partida, los parientes de cada chica, generalmente el padre o el hermano, o ambos, se disponían a cargar las acémilas para acompañarlas hasta la muga. Eso quien podía disponer de animal de carga, de lo contrario la travesía debería hacerla andando. Normalmente el equipaje era bastante ligero: ropa de abrigo, muda y algo de calzado, porque a la vuelta iban a venir muy cargadas. Una vez llegados a la frontera, “las golondrinas” debían continuar solas, pues era muy arriesgado para los acompañantes cruzar al país vecino sin un salvoconducto que justificara su presencia. El cruce a Francia solían hacerlo por las mugas de Larrau, Belagua y Somport. “Las golondrinas” de Sos, por cercanía, lo hacían por Belagua. 
Largo y duro camino les esperaba a las "golondrinas"
(Valle de Isaba, desde Belagua)
 Tomaban la Cañada Real de los Roncaleses y a lo largo del camino se les sumaban más mujeres de los sitios por los que pasaban: Sangüesa, Javier, Yesa, Burgui..., a los que se sumaban en sus cruces de caminos las provenientes de otros pueblos: Petilla, Navardún, Isuerre, Lobera, Longás, Pintano, Bagüés, Artieda, Sigüés, Salvatierra, Vidángoz, Garde, Roncal, Hecho, Ansó, Urzainqui…llegando todas a Isaba para comenzar a subir el puerto de Belagua. Por las noches dormían al raso, cobijadas en alguna ermita o en las ventas del camino, siendo la venta de Arrako, cerca de Belagua una de las más concurridas debido a su cercanía con la frontera. Y desde aquí enfilaban el ascenso de Belagua, aprovechando la “ruta de la lana”, hacia la venta de Juan Pito, último refugio en territorio español, para enfilar el paso por Arrakogoiti, conocida ruta de contrabandistas, donde se separarían definitivamente de sus seres queridos y de las caballerías hasta la primavera siguiente, que se volverían a encontrar en el mismo punto.
Bajando Belagua por la vertiente francesa y por la Venta Dominica hacia Santa Engracia, la caravana se dividía en dos ramales: uno a la derecha, hacia Olorón-Saint-Marie, y el otro, a la izquierda, hacia Mauleón, donde se dirigían la gran mayoría de las “golondrinas”. Más adelante se juntarían con las compañeras navarras procedentes del valle de Salazar, que habían cruzado la frontera por Larrau.
Una vez llegado a su destino buscaban su alojamiento, apalabrado ya de antemano, que no era precisamente todo lo bueno que cabía esperar, pues los empleadores no se preocupaban mucho de ello. Vivían en situación bastante precaria, falto de comodidades y con unas condiciones higiénicas mínimas, en barriadas obreras y muy humildes como Ville en Bois y Haute Ville.
"Golondrinas" en una fábrica mecanizada de Mauleón (foto: lakukula.com)

El siguiente paso sería ir a sus puestos de trabajo y empezar a coser alpargatas. Duras jornadas de 14 y 16 horas les esperaban a todas ellas. Unas lo hacían en fábricas ya mecanizadas trabajando en serie sobre largas mesas; las menos afortunadas, en fábricas todavía no mecanizadas, lo seguían haciendo de modo artesanal, todo a mano, sobre un banco alpargatero.

Alpargateras cosiendo a mano

Seis meses de duro trabajo, sin apenas ratos de ocio, cosiendo a mano o a máquina el cáñamo, el yute y el lino.
Con la primavera llegaba el final de la temporada y el momento de cobrar. Una buena cantidad de francos que no podían traer a España ante el temor de ser requisados en la aduana, pues estaba prohibido pasar dinero de un país a otro, además de no servir los francos en España, por lo que gastaban todo el dinero comprando productos y mercancías para el hogar: telas, sedas, buena pasamanería, manteles, joyas, bisutería, relojes, chocolate, regalos para la familia… Avisaban con antelación a sus familiares el día que iban a salir de Mauleón para que les fueran a esperar en el punto de encuentro fijado a la ida. Padres y hermanos, con las mulas, pasaban la noche en la muga, evitando a los gendarmes y a la guardia civil, a la espera de su llegada y cargar en los animales toda la mercancía comprada y pasarla en forma de contrabando para no tener que pagar impuestos aduaneros, dejándoles solamente un pequeño hatillo de equipaje que las “golondrinas” pasaban por la aduana al día siguiente. Los guardias aduaneros revisaban su escaso equipaje y, ante su asombro por lo poco que tenían de declarar, “las golodrinas” se excusaban diciéndoles que “había sido un mal año.”
Y al regresar a su pueblo se incorporaban de nuevo a las tareas rutinarias del hogar y del campo, ayudando a la familia, excepto las que encontraron novio u otro trabajo.
De esta forma, y durante años, estas valientes “golondrinas”, en plena juventud, cruzaron los Pirineos por sus viejos y difíciles caminos para ganarse, con mucho esfuerzo y sacrificio, un digno y justo jornal con el que contribuir a la ajustada economía familiar.
Por eso no queremos que caigan en el olvido, salvaguardando su memoria y recordando su valentía, entrega, lucha, capacidad, afán y dedicación.
En Sos del Rey Católico, como se ha dicho, hubo muchas “golondrinas.” Sólo he podido identificar a Emiliana Garde, modista de profesión. En el estadillo de trabajadoras en Mauleón  de 1911, antes referido, aparecen como trabajadoras Clemencia y Patricia Garde, de 17 y 15 años respectivamente, posiblemente hermanas, o parientas, de Emiliana.
Sirva este post para recordar a todas nuestras “golondrinas” de Sos y con la ayuda de sus descendientes intentar poner nombre y apellidos a todas aquellas valientes jóvenes que no dudaron, año tras año, en atravesar los Pirineos, haciéndose un merecido hueco en la historia de la antropología cultural, económica y social de la villa, historia que no se encuentra en los libros y que no debemos olvidar.

La emigración de estas "golondrinas" empezó a decaer con la crisis global del capitalismo, tras el crack de 1929.





[1] “Vuelven nuestras golondrinas” Año 1914. Almanaque de los Pirineos 1910-1025, pp.54-55. 
[2] Ibidem
[3] Ibidem
       





BIBLIOGRAFIA

-SÁNCHEZ LANASPA, SERGIO. “Vuelven nuestras golondrinas”. Almanaque de los Pirineos 1910-1925. Año 1914. pp. 54.55. Editorial Pirineum, Jaca (Huesca), 2014.

-La Kukula. Boletín de difusión histórica y cultural de la villa de Burgui, nº 43. “Golondrinas. Del rosario a las alpargatas”  Ed. Asociación cultural La Kukula. Septiembre, 2016. Ayuntamiento de Burgui (Navarra).