sábado, 11 de febrero de 2017

LAS LUCHAS DE BANDOS EN SOS

En el siglo XV y principios del XVI la pluralidad de poderes y la falta de una delimitación perfecta de los mismos habían favorecido, al entrar en colisión unos con otros, la existencia de frecuentes litigios entre las clases más poderosas de Sos que acabaron por degenerar en verdaderas luchas armadas.
El destacado protagonismo que tuvieron los miembros de la nobleza en estos violentos comportamientos es lo que se ha denominado tradicionalmente como lucha de bandos.
Estas luchas estaban basadas en los fundamentos ideológicos propios de los integrantes de este grupo social, resumido en el concepto del “honor” y del “más valer”, que implicaba tanto la competencia entre los nobles por disfrutar de más bienes materiales, de más dinero, como por poseer más valor y más honor[1], ya que el honor proporcionaba prestigio y poder. El cronista Lope García Salazar decía que estas luchas se hacían para saber “quién valía más en la tierra”, y fray Juan de Vitoria, en el siglo XVI, igualmente comentaba que se hacían para demostrar “cuál ser más y mandar más.”
En estas luchas de bandos no se perseguía la aniquilación del enemigo, puesto que se necesitaba a un rival igual para competir y reactivar continuamente el honor mediante la realización de actos valerosos[2].Además tenían su propio código de honor con sus normas, como la de no hacer la guerra sin razón, no quebrantar las treguas, no matar a traición, guardar la palabra dada, etc…
 
La villa de Sos estaba dividida en banderías, siendo “los dichos guerreantes hombres principales e muy emparentados[3], y los enfrentamientos afectaban “no solament a las dichas partes, mas ahun encara a todos vecinos e habitadores de la dicha villa”[4] o sea, que no sólo participaban en estos enfrentamientos los nobles e infanzones, sino que arrastraban también en sus confrontaciones a vecinos de la villa no pertenecientes a la élite social.
Estas disensiones entre las familias más poderosas no sólo se dieron en Sos, sino que afectaron a todos los pueblos de la comarca: Uncastillo, Sádaba, Biel, Luesia…llegando a producirse también estas confrontaciones entre familias de diferentes municipios, por lo que este agitado clima que se vivía tanto en Sos como en toda la zona en el primer tercio del siglo XVI hizo que la situación del orden y la paz social en Sos  se viera alterada, siendo muy difícil encontrar en el territorio un solo año de paz en esta época, quedando la vida de los vecinos profundamente trastornada y convirtiendo el concejo y sus términos en lugares inseguros.

Muchos de los enfrentamientos que se dieron en Sos  sólo se quedaban en un intercambio de palabras injuriosas por cuestiones que nos pueden parecer banales, aunque en muchos casos tenían que intervenir los árbitros judiciales para impartir justicia y mediar en una tregua entre las partes; pero el caso es que a estas banalidades  la nobleza le daba mucha importancia por las razones antes expuestas del ”más valer”, y los rencores volvían a aflorar y las paces o treguas que firmaban se volvían a reactivar al cabo de un tiempo. Así, por ejemplo, se conoce la animadversión que  tenían los Artieda contra los Undués y contra los Urroz de Uncastillo, que aunque no sabemos el motivo que provocó este enfrentamiento, sí conocemos la tregua que estas familias firmaron en 1447 hasta el día de Santa María de agosto de ese mismo año entre Fernando de Undués y Fernando de Undués menor de días, y Juan y Sancho de Urroz con los Aznar de Sádaba y con los Artieda de Sos y de Uncastillo[5]. Sin embargo los conflictos entre estas familias continuaron, pues en 1456 firmaron una tregua perpetua el escudero Fernando de Undués con los infanzones Alfonso y Pedro Alfonso de Artieda[6], que de perpetua no tuvo nada, pues tan sólo cinco años después, en 1461 una sentencia arbitral muestra de nuevo el enfrentamiento de los Artieda contra los Undués y los Urroz por un motivo que, como anteriormente se ha comentado, nos puede parecer de lo más banal, como es el hecho del orden en el que debían sentarse los miembros de estas familias en la iglesia de San Esteban[7]; pero no olvidemos que este orden de ubicación en la iglesia marcaba también el orden social de la familia en el municipio, aflorando de nuevo el concepto del “más valer”, el “más prestigio”, el “más honor”.
En febrero de 1476, y por el mismo trivial motivo, se enfrentaron los Sada y los Artieda; tras dictar sentencia los árbitros y adjudicarles su sitio en la iglesia, establecieron que Pedro Alfonso y Martín de Sada fuesen amigos desde entonces y que hiciesen paz perpetua de qualesquiere quistiones e rancores, que por la dita razon entre las ditas partes fasta el dia e ora presentes se esen subseguido[8].
Pero también es cierto que en otras ocasiones, ante la constante preocupación por parte de las familias nobles de demostrar  su “más valer” ante la sociedad, la situación se les escapaba de las manos, terminando en escandalosos y terribles resultados, llegando a protagonizar las familias litigantes violentas agresiones físicas, incluso  en algún caso con resultado de muerte.
Así, en la víspera del día de San Jaime de julio del año 1447 hubo una ingente pelea entre vecinos en las Eras del Solano, consiguiendo refugiarse una de las dos partes en la villa, cerrando las puertas tras de sí, mientras que el otro grupo intentó entrar en el recinto amurallado violentamente. Debieron ser muchos, incluso mujeres, pues se menciona cómo “hombres e mulleres cerravan la puerta, que no entrasen los de fuera.” Cuando el jurado Gil de Sos acudió al lugar, se unió al bando que pretendía penetrar y al no poder hacerlo hirió con una espada mortalmente en el pecho a García del Parral[9]. Los motivos del altercado no parecen claros, aunque cinco meses antes, el 6 de marzo de 1447, el concejo había dado poder al Justicia y a los jurados para que, junto a ocho diputados a los que tenían que elegir, redactaran unos nuevos estatutos y ordinaciones[10] que al parecer ya estaban redactados en el mes de agosto[11]. Tal vez las tensiones originadas por el hecho de dotarse de un nuevo marco que regulase la convivencia y un nuevo reparto de las cuotas de poder, así como la sorda pugna entre diversos sectores por participar en su confección, salieron a la luz en las vísperas del día de San Jaime, una jornada muy significativa para las comunidades rurales.
 Respecto a la implicación de los linajes y participantes en este altercado apenas hay datos sobre los mismos, a excepción de los ya citados Gil de Sos y García del Parral, a lo que debe añadirse el ataque de Sancho de Agüero sobre la persona del racionero Domingo de Sos en la misma jornada[12], no perteneciendo ninguno a familias infanzonas[13], lo que demuestra, como anteriormente se ha comentado, que no sólamente los nobles participaban en los altercados.
Para acabar con las luchas internas dentro de la villa de Sos, en diciembre de 1454, el Justicia, los jurados y vecinos de la villa, reunidos en concejo, y con la presencia de mosén Juan López de Gurrea, gobernador del reino de Aragón, aprueban un estatuto estableciendo en el mismo que las diferencias entre particulares deben ser resueltas por los magistrados locales; así, ante los muytos albolotos, escandalos e bolicios que de continuo en la dita villa se sucitan e fazen se estipuló que en caso de que suscitasen bregas, scandalos, bulicios, menaças o palavras injuriossas o dessaffiamientos, las partes debían dejar sus diferencias en manos del Justicia y de los jurados y aceptar su sentencia, bajo pena de 1.000 sueldos; si se persistía en desobedecer lo decretado por los magistrados, los insumisos debían ser encartados, exiliados e fuera quitados de la dita villa e terminos de aquella[14].
Pero aún así los altercados continuaron.
El 3 de septiembre de 1495 los magistrados de la villa nombraron a Bartolomé Español como diputado para negociar la reforma de una nueva insaculación de los oficios de la villa[15], estando elaborada la nueva matrícula en marzo de 1496[16]. Muchas personas se sintieron perjudicadas al ver que no podían acceder a los cargos públicos porque Bartolomé Español, haciendo primar sus intereses,y por puro nepotismo, había incluído en la lista a su padre y ermanos y otros parientes principales suyos y ad algunas personas strangeras del regno porque eran sus amigos y aderecian a su voluntat, y además algunas rentas y emonumentos de la villa habían sido usurpadas por particulares[17]. El 4 de junio de 1498 más de cincuenta vecinos, entre los que no había infanzones, nombraron procurador al escudero Miguel de Sada menor de días para que compareciese ante el Rey, el Obispo, o ante el Gobernador de Aragón para denunciar este hecho pidiendo al rey que reformase la insaculación y reparase las rentas de la hacienda local, señalando el escudero que son venidos los ditos vezinos en malas enconias y se espera algun danyo[18] Pero el daño ya había empezado hacía tiempo; así en la Pascua de Navidad de 1496 se produjo un altercado en el que resultaron heridas siete u ocho personas, llegando el suceso a oídos del arzobispo de Zaragoza, quien solicitó un informe de lo acaecido[19], sabiéndose por una carta del 16 de febrero de 1498 que en uno de los bandos participó el escudero Miguel de Sada[20].
Un año después el fenómeno era ya endémico y el arzobispo obligó al comisario real Sancho Pérez de Pomar a instar a los oficiales municipales de Sos a capturar y castigar a los alborotadores[21]. Aunque en los inicios de 1498 se establecieron treguas entre varios habitantes[22], el litigio aumentó su gravedad en el mes de mayo cuando los escuderos Miguel de Sada y Martín de Olleta intentaron asesinar a Bartolomé Español y tras no conseguirlo, mataron a dos de sus parientes[23], provocando un recrudecimiento del conflicto hasta tal punto que los Sada y los Español llegaron a levantar fortificaciones defensivas en sus domicilios y a contratar mercenarios extranjeros para defenderse[24].   
Así, el 4 de junio de 1498, los oficiales de Sos requieren a Miguel de Sada para que 20 extranjeros que ha traído a la villa salgan de la misma para evitar más altercados y escándalos públicos[25]; y el 22 de noviembre de 1498 los oficiales de la villa conminan a Bartolomé Español para que no construya una torre con saeteras en su casa; dos días más tarde éste se dirige a los oficiales justificando la fortificación de su casa ante el hecho de que Miguel de Sada y Martín de Olleta mataron a dos parientes suyos e intentaron hacer lo mismo con él, además de que ha traído extranjeros armados a la villa y que tienen intención de atacar su casa y la de sus parientes[26].
En el verano de 1499 tanto los Sada como los Español volvieron a contratar compañías armadas, siendo requeridas ambas partes el 11 de agosto para que los mercenarios abandonen sus casas[27].
El conflicto, lejos de apaciguarse, continuó encrudeciéndose, puesto que en el mes de octubre los Sada destruyeron las propiedades que Bartolomé Español tenía en torno al molino del Cubo, junto al río, declarando en la denuncia el hermano de Bartolomé que cuando llegaron al lugar el molino estaba ardiendo, que entre su trigo y harina y el de otros vecinos que en el momento del incendio se encontraba en el molino, habría una cantidad cercana a los 35 cahíces; igualmente denunció que entre gallinas, capones y pollos habían desaparecido cerca de 70 aves y que habían quemado también las puertas de un huerto que poseían enfrente del molino, talando un cerezo quasi grueso como la pierna, el qual estava fresco cortado y derribado en tierra[28]
En noviembre de 1499 las autoridades intervinieron de nuevo para lograr la pacificación, ya que el día 12 el Justicia y los jurados detuvieron a catorce o quince navarros armados que habían llegado a Sos para entrevistarse con Miguel de Sada[29]. Al día siguiente el caballero mosén Carlos de Pomar, diputado del reino de Aragón, publicó un pregón en la plaza en el que instaba a los extranjeros a abandonar Sos, incluyendo en el bando que se había impuesto una tregua entre Bartolomé Español y Miguel de Sada[30]; el día 16 el diputado del reino solicitó a los oficiales y vecinos que fuesen a sus casas a buscar sus armas para acompañarle y expulsar a los extranjeros que todavía se encontraban en las casas de los Sada, obteniendo ayuda del señor de Sigüés y del alcaide del castillo de Navardún[31].
                     Finalmente, la intervención de las autoridades locales, junto con las enviadas por el Rey y por la Diputación, pudieron sofocar el conflicto entre los Sada y los Español, evitando nuevos enfrentamientos entre ellos que habrían terminado, probablemente, en una verdadera catástrofe, y de este modo devolver la tranquilidad a la villa.
Aunque a  partir del comienzo del siglo XVI la conflictividad disminuyó notablemente, desapareciendo las compañías armadas y la violencia entre los Español y los Sada,  en el pueblo todavía saltaban rebrotes virulentos, como ocurrió en el mes de marzo de 1502 en el que una noche se enfrentaron los Artieda y los Larraz, recibiendo Miguel Larraz una serie de cuchilladas por parte de Lope de Artieda, mientras que Alfonso de Artieda menor de días sufrió una saetada en la misma jornada, acusando del ataque a Sancho Larraz; el 8 de abril de 1502 ambas familias firmaron una paz de 101 años evitando que la violencia se reanudase[32].
En estas luchas de bandos el campesinado fue el sector más perjudicado, pues los señores de los que dependían, para compensar el descenso de rentabilidad agrícola derivado de la desolación de campos y montes y de la destrucción causada en sus luchas internas, aumentaron su presión económica y el control jurídico sobre los campesinos. Este dominio, que llegó a ser tiránico, dio origen a movimientos antiseñoriales con acciones violentas, aisladas y sin apoyo social, lo que empeoró todavía más el campesinado y la situación de la villa.
Pero todos estos factores de desorden se inician siempre desde la más estricta legalidad: los movimientos antiseñoriales muestran un casi obligado prólogo de presentación de las reivindicaciones por vía judicial. Los vasallos sólo reaccionan con violencia cuando entienden que sus derechos han sido conculcados sin que la justicia les preste por ello la menor atención. Las reyertas entre los distintos concejos estaban previstas en los Fueros aragoneses, que establecían incluso los márgenes en que se podía desarrollar el enfrentamiento, hasta dónde era lícito el uso de las armas, contra quiénes, etc. Cabía la posibilidad de que los litigios degeneraran, como hemos visto, en verdaderas luchas armadas sin por ello transgredir las leyes del Reino. Todas las tensiones entre el monarca y sus súbditos estaban, al menos en apariencia, motivadas por una distinta interpretación sobre jurisdicciones y las protestas de unos y otro no se apartaban de tales términos. Incluso cuando las autoridades aragonesas, en una de las decisiones más graves de la historia del Reino, opten por enfrentarse con las armas al ejército del rey que acaba de invadir Aragón, lo harán no tanto por la esperanza de salir victoriosos en la lucha, cuanto por cumplir con lo previsto por los Fueros.
Finalmente fueron los Reyes Católicos quienes anularon y disolvieron los bandos y ligas nobiliarias a través de pactos, acuerdos y capitulaciones de las distintas facciones y linajes nobiliarios de la Corona que se mostraba como árbitro y "cabeza visible de los intereses nobiliarios en su conjunto", actuando el rey como "pariente mayor de toda la alta nobleza, lo que le sitúa por encima y al mismo tiempo al frente de todos los lazos de afinidad y clientela que daban oculta pero intensa cohesión al grupo noble en su conjunto" y, aunque las viejas formas de actuar de la nobleza no desaparecieron de inmediato, finalmente "acabaron de convencer a toda la nobleza de que su futuro político y social estaba ya en la defensa completa de la autoridad monárquica[33] (Continuación)   




[1] García de Cortázar, J.A. La sociedad vasca rural y urbana en el marco de la crisis de los siglos XIV y XV. Bilbao, 1975, p. 297. Citado en: Abellá Samitier, J. Sos en la Baja Edad Media. Una villa aragonesa de frontera, p. 175.
[2] Laliena Corbera, C. Iranzo Muñío, Mª. T. “Poder, honor y linaje en las estrategias de la nobleza urbana aragonesa (siglos XIV-XV)” Revista d´Historia Medieval, 9. Oligarquías políticas y élites económicas en las ciudades bajomedievales (siglos XIV-XVI) Universidad de Valencia, 1998, p.p. 77-78; citado en Abellá Samitier, J. Sos en la Baja Edad Media. Una villa aragonesa de frontera, p. 175.
[3] A.D.Z., Ms. 90, f. 52.
[4] A.D.Z., Ms. 90, f. 52.
[5] A.H.P.S., Martín de Ampiedes, p. 380, ff. 34-34v.
[6] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 404, ff. 2v-3.
[7] A.H.P.S., Martín de Sada, p. 442, ff. 3v-4.
[8] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 419, f. 6v.
[9] A.H.P.S., Martín de Ampiedes, p. 380, f. 70v.
[10] A.H.P.S., Martín de Ampiedes, p. 380, ff. 26v-27.
[11] A.H.P.S., Martín de Ampiedes, p. 380, f. 70v.
[12] A.H.P.S., Martín de Ampiedes, p. 380, ff. 73v-74v.
[13] Abellá Samitier, J. Sos...cit. pp. 179-180.
[14] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 402, ff. 21-22.
[15] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 453, ff. 45v-46.
[16] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 454, 13v-14.
[17] A.H.P.S., Miguel de Marta, p. 1169, s.f.
[18] Ibidem.
[19] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 455, ff. 10-11.
[20] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 455, ff. 12-12v.
[21] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 455, ff. 48-49.
[22] A.H.P.S., p. 481, ff. 11-11v. El 21 de enero de 1498 se establecieron treguas entre la parte de Miguel García y Domingo de Sos, Lope de Artieda, Gil de Monterde y Juan del Sen menor de días con la parte de Juan de la Pieza, que formaba parte del entorno de Miguel de Sada. En Abellá Samitier, J. Sos...cit. p.181.
[23] A.H.P.S., p. 440, ff. 22v-24.
[24] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 455 B, ff. 37v-38v.
[25] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 455, ff. 25v-26.
[26] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 440, ff. 22-24v.
[27] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 441, ff. 8-9.
[28] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 456, ff. 47v-48.
[29] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 441, f. 13v.
[30] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 456, f. 56.
[31] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 456, ff. 59v-60.
[32] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 459, ff. 14v-15.
[33] Ladero Quesada, M.A. “Sobre la política nobiliaria de los Reyes Católicos”. La España de los Reyes Católicos, pp. 107-218.

 





 


 BIBLIOGRAFÍA

-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. “Elecciones, poder municipal y violencia política en las villas aragonesas de la Valdonsella en el siglo XV”, en La convivencia en las ciudades medievales, pp. 133-148. Coord. Beatriz Arízaga Bolumburu, Jesús Ángel Solórzano Telechea. I.E.R. 2008.
-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. La villa aragonesa de Sos en la Edad Media: economía, sociedad y manifestaciones de poder. Tesis doctoral. Universidad de Zaragoza, 2007.
-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. Sos en la Baja Edad Media. Una villa aragonesa de frontera. I.F.C. (C.S.I.C.) Excma. Diputación de Zaragoza. Zaragoza, 2012.
-DÍAZ DE DURANA ORTÍZ DE URBINA J. R. La otra nobleza: escuderos e hidalgos sin nombre y sin historia. Hidalgos e hidalguía universal en el País Vasco al final de la Edad Media (1250-1515) U.P.V. Bilbao. 2004.
-DÍAZ DE DURANA ORTÍZ DE URBINA J. R. "Las luchas de bandos: ligas nobiliarias y enfrentamientos banderizos en el nordeste de la Corona de Castilla". Conflictos sociales, políticos e intelectuales en la España de los siglos XIV y XV. XIV Semana de Estudios Medievales, Nájera, del 4 al 8 de agosto de 2003, pp. 81-111.Coord: José Ignacio de la Iglesia Duarte.I.E.R. Logroño, 2004.
-LADERO QUESADA, M. A. La España de los Reyes Católicos. Alianza Editorial. Madrid, 2005.