domingo, 4 de diciembre de 2016

EL "DICCIONARIO DEL AVIADOR"

            Tomás Machín Jáuregui, natural de Sos, fue un reconocido y experimentado piloto de aviación con más de 39.000 horas de vuelo.
Cuando su trabajo se lo permitía no dejaba de venir a Sos, donde residían sus amigos y familiares y, tal y como la tradición popular manda, no pudo evitar que entre los vecinos y amigos lo “bautizaran” con el cariñoso mote de “el aviador”.
De pequeño, estando en Sos, su lenguaje era muy parecido al de sus paisanos, pues constantemente oía a sus vecinos palabras, frases, expresiones y giros gramaticales que él mismo no dudaba en utilizar, ante el desconocimiento de que lo que estaba hablando era una mezcla entre el castellano y un léxico navarro-aragonés.
Borrador del "Diccionario del aviador"
Ya de mayor, su cultura le llevó a identificar este lenguaje de su pueblo como un léxico único que se hablaba en esta zona, derivado de la fabla aragonesa.    
Su inquieta curiosidad le llevó a ir anotando en un cuaderno todas esas palabras, muy enraizadas en la comarca, generalmente asociadas al trabajo diario de sus gentes, y que tienen mucho que ver con términos agrícolas y ganaderos, verbos y sustantivos del léxico de Sos. A la vez que anotaba su significado y definición, en algunos casos los ilustraba con expresivos dibujos para una mejor interpretación y conocimiento del utensilio u objeto a describir, todo ello bajo el epígrafe de “palabras comúnmente utilizadas en el lenguaje popular sosiense” (ver léxico de Sos).








                En su afán de recopilar palabras, a Tomás Machín  le ayudó su amigo Juan Cruz Pérez Gayarre, quien pacientemente fue clasificando, ordenando y mecanografiando las palabras hasta conformar un diccionario del léxico de Sos que entre los sosienses era conocido como “el diccionario del aviador”.
     









             El borrador de este “diccionario del aviador” consta de 48 folios mecanografiados, con más de mil palabras con sus definiciones, ordenadas alfabéticamente, presentando de vez en cuando anotaciones a mano de palabras intercaladas entre las mecanografiadas, lo que indica la aportación de nuevas definiciones sobre un escrito ya realizado con anterioridad, en una auténtico cuaderno de campo sobre el que Tomás iba añadiendo todas aquellas nuevas palabras que escuchaba en Sos. Además, los huecos que quedan en blanco, al margen del folio y entre líneas, son aprovechados para incluir 51 dibujos ilustrativos realizados a mano, algunos de ellos tan perfeccionistas que incluyen los nombres de todas las partes constitutivas del objeto a describir.
Perfectos e ilustrativos dibujos complementan el Diccionario

          El destino quiso que Tomás Machín perdiera la vida en un desgraciado accidente de aviación cerca de Pamplona en el año 1979, y el “diccionario” quedó en un estado de aletargamiento hasta que después de una década el filólogo y profesor Antón Chusé Gil, que vino a dar clase a la villa de Sos, tuvo conocimiento del mismo y, habiéndosele informado de la existencia de este diccionario, no paró hasta encontrarlo. Una vez localizado el diccionario, y convenientemente corregido gramaticalmente, revisado, y concienzudamente trabajado, lo sacó a la luz en 1999 en un libro titulado “Léxico aragonés de Sos del Rey Católico”, de la editorial Crica d´edizions.
    Los 51 dibujos del “diccionario del aviador” antes mencionados y sus definiciones nos ilustran herramientas, útiles de labranza, utillaje de uso agrícola y ganadero, accesorios, instrumentos, aparatos y objetos cotidianos del pasado siglo que han quedado en el olvido y que gracias a este “diccionario del aviador” podemos recuperar, si no en su uso, pues son instrumentos y objetos que han quedado obsoletos o en desuso, sí en el recuerdo de un tiempo no muy lejano, constituyendo un legado antropológico de gran valor, independientemente de la raíz gramatical, del localismo o su inclusión en el denominado léxico de Sos.
Estos 51 dibujos corresponden a las siguientes palabras, cuyas definiciones encontraremos en el citado “léxico aragonés de Sos del Rey Católico”:
Acial, Albardón, Aldaba, Argadillo, Arna, Arrendadero, Arado, Bañera, Barrón, Barzón, Bayarte, Bodoque, Camiz, Carruncho, Comporta, Comportillo, Costero, Cuairon, Cuenco, Cuezo, Esportizo, Ganchos, Garruncha, Guardalomo, Guembre, Harpa, Hondón, Jada, Jadico, Juela, Laya, Mallo, Molón, Morico, Mosquero, Pía, Pica, Pugones, Pozal, Queleta, Rastrón, Replegadera, Retabillo, Silleta, Tango, Tangea, Teja, Terrizo, Tuero, Vetapobre y Zoque.




Como broche final, y a modo de humor y en homenaje a estos dos vecinos de Sos por su laboriosa recopilación del habla local, compartimos una anécdota que ilustra la riqueza de este léxico. Sucedió en la consulta del médico de Sos del Rey Católico —un zaragozano recién llegado—, cuando se presentó una madre con su hijo de catorce años, quien lucía una herida bastante aparatosa.

— ¿Qué le ocurre al muchacho? —preguntó el doctor.

La madre, preocupada, respondió de inmediato:
    — ¡Ay, doctor, este mozé!... ¡Que está echucau! ¿Pues no se ha esperchicau un cortezón? ¡Y mire usted en qué sitio... justo junto al mellico!

El médico, observando la herida con desconcierto, insistió:
            — ¿Y cómo se ha hecho esto exactamente?
         — Esto viene d’un eslardadizo que se fizo en una presiquera junto al chapurquín —explicó ella con total naturalidad—. S’esbarizó s’esmorronó.

 El doctor, que no había comprendido ni una sola palabra, optó por guardar silencio y curar la herida. Una vez que la madre y el hijo se marcharon, se volvió hacia el enfermero, natural de Sos, que había presenciado la escena:

   — ¿Podrías explicarme qué ha dicho esa mujer? ¿Cómo se ha herido el chico?

  El enfermero, con la calma de quien habla su propia lengua, le respondió:
      
— Verá, doctor: el moete tenía un chafarrinón indignado junto al mellico, que se fizo al eslisarse mientras cogía presquillos junto al chapurquínS’esmolingó y, con el saquinazo, se fizo un eslardadizo que posteriormente quedó en cortezón. Y como el mozé tiene tanto azogue, se lo ha esperchicau originando tal catatana[1]

  Sobra decir que, tras la "aclaración", el médico siguió sin tener la más remota idea de cómo se había herido el muchacho, confirmando que el Diccionario del aviador no es solo un libro, sino un atlas de gran valor etnográfico y una herramienta de supervivencia indispensable para cualquiera que visite la Villa.

 

 



[1] Traducción: "El chico tenía una herida sangrante infectada junto al ombligo, que se hizo al resbalarse mientras cogía albaricoques junto al lavadero público; se desmoronó, y con la aparatosa caída se hizo una raspadura en la piel que posteriormente quedó en una pústula endurecida, y el chico, como no sabe estarse quieto, se ha arrascado hasta quitarse la postilla, originando semejante destrozo"



BIBLIOGRAFÍA

-Chusé Gil, Antón. Léxico aragonés de Sos del Rey Católico. Crica d´edizions. Zaragoza, 1999.
-Machín Jáuregui, Tomás. Inédito. Palabras comúnmente utilizadas en el lenguaje popular sosiense. (Borrador de “el diccionario del aviador”)

Agradecimientos:
-A los hermanos Margarita y Leandro Machín, por facilitarme el acceso al cuaderno de campo de su padre Tomás Machín Jáuregui (q.e.p.d.).

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