sábado, 8 de febrero de 2020

SOS Y EL ARCIPRESTAZGO DE LA VALDONSELLA


En los primeros siglos de nuestra Era, en el Sur de los valles del Pirineo y en las llanuras de las Cinco Villas los hispano-romanos harán posible la implantación del cristianismo y el nacimiento de obispados como el de Huesca, que estaba llamado a controlar la zona del Pirineo Central, pero la extrema dificultad de las comunicaciones y el aislamiento que vivía tanto el territorio de Sos como toda la zona de la Valdonsella, allá por los ss. VII-VIII, provocaron que el paganismo perviviera hasta avanzada la Edad Media.
La Valdonsella formó parte del reino de Pamplona desde su origen en el año 824. Cuando los musulmanes tomaron la Valdonsella, allá por el año 862, las cosas no cambiaron mucho respecto a los siglos anteriores, pues se limitaron a establecer un dominio político en las zonas más estratégicas y ni siquiera se adentraron por los valles.
Huesca siguió siendo la sede del poder y en ella residió el Obispo de estas tierras hasta que la convivencia entre cristianos y musulmanes se rompió en el siglo IX, lo cual obligó al obispo a buscar refugio en los valles pirenaicos, y la iglesia de Pamplona, con la Valdonsella recuperada a los musulmanes por el rey pamplonés Sancho Garcés en el 911, se refugió en el monasterio de Leire, convirtiéndose este cenobio en el centro espiritual de todas las tierras cristianas de Aragón y Navarra en un amplísimo radio desde su ubicación. Es entonces cuando se dan cuenta que quedaban amplias zonas sin cristianizar y que era necesario acometer una tarea de evangelización para llevar la Buena Nueva a todas esas gentes que hasta ahora habían permanecido prácticamente incomunicadas.
 Navardún, sede del primer arciprestazgo en la Valdonsella, donde la mitra de Pamplona
poseía iglesia, castillo, villa y tierras colindantes
En documentos conservados en el archivo parroquial de Uncastillo se insinúa que la zona de la Valdonsella, remotamente, fue un partido independiente en lo eclesiástico, exento o “nullius diocesis”, regido por un arcipreste con autoridad “cuasi episcopal”, hasta que suprimido su título colativo fue incorporado a la mesa episcopal, iglesia y diócesis de Pamplona. Si consideramos que todos los documentos religiosos que poseemos de los siglos posteriores referentes a esta provincia eclesiástica están fechados en Navardún, no sería muy aventurado el poder decir que este primer arciprestazgo constituyó su sede en este municipio[1]. No existe ninguna fecha que nos indique cuándo perdió el arciprestazgo su soberanía, pero otros documentos nos orientan que fue hacia finales del siglo X, puesto que a medida que la reconquista avanzaba, como los dominios espirituales eran cada vez más grandes, el obispo de Pamplona, Galindo, tras ver que la dificultad del terreno y las diferencias entre la población hacían muy compleja su asistencia pastoral,  creó necesario realizar una división de estos dominios con el fin de poder llevar con total eficacia el gobierno de los mismos y consagró en el año 922 tres nuevos obispos entre los que dividió su territorio. Una de estas primeras divisiones fue el Arciprestazgo de la Valdonsella, puesto que en el año 1027, Sancho III el Mayor señala los límites de la diócesis de Pamplona desde la peña Punicastro y Marañón hasta el Ebro, y siguiendo su cauce, hasta el río Gállego, comprendiendo toda la Valdonsella y la zona cristiana de Sos y de las Cinco Villas. Así pues, la sede de Navardún fue trasladada a Uncastillo, cuya iglesia de Santa María la Mayor la denominan muchos documentos “Secunda sedes Pamplonensis”, “la más insigne después de la catedral”, “cabeza y matriz del arciprestazgo de la Valdonsella”, sin que el cambio de residencia de sus arciprestes modificase su primitivo nombre.
Ferriolo fue otro obispo consagrado por Galindo, que recibió la denominación de “Obispo de Sasave”, pues su sede estaba en el monasterio de este nombre en el valle de Borau. A principios del s. XI, en tiempos del rey Sancho el Mayor, dejará de firmar en los documentos como obispo de Sasabe y pasará a ser obispo de Aragón, seguramente debido a que el propio rey le gusta denominarse rey de los aragoneses y pamploneses.
Torre del castillo de Sos
La inadecuación político-territorial de la diócesis pamplonesa en este sector altoaragonés, conllevaría las consiguientes disputas eclesiásticas bajomedievales[2], pues los territorios de las Cinco Villas estarán bajo el patrocinio tripartito de los obispos de Pamplona, Huesca y Zaragoza, siendo, por tanto, una comarca ubicada entre dos reinos, sujeta a tensiones políticas y a tres jurisdicciones eclesiásticas en su continuo proceso de determinación de las fronteras. Es decir, que el obispo de Pamplona tuvo que arbitrar todos los recursos a su disposición, incluso con la bendición y apoyo papales, para mantener lo que le pertenecía según la tradición y derechos históricos, o sea, la cuenca del Onsella, parte de la banda del curso medio del río Aragón y las cabeceras del Gállego hasta Agüero y Murillo[3].
El primer intento de unir la primera iglesia de Sos (la inferior, puesto que la superior todavía no se había construído) y las iglesias de los pueblos de la Valdonsella a obispos aragoneses fue llevado a cabo por Ramiro I cuando incorpora Sos y otros lugares al reino de Aragón, lo que no le sentó nada bien a la cátedra pamplonesa a tenor de los esfuerzos que realizó Leire por recuperar los extensos dominios que había perdido en determinadas villas de la zona.
 Durante el último tercio del siglo XI, la sede de Pamplona procede, no sólo a la recuperación del prestigio de su máxima figura gubernativa, sino a la lógica reorganización de sus rentas, la delimitación de sus dominios y a la construcción de un proyecto eclesiástico por encima incluso de los intereses monárquicos y dinásticos, lo que produjo contínuas tensiones con Aragón. Pero la situación se suavizó un poco cuando se volvieron a unir los reinos de Aragón y Pamplona bajo la persona del monarca Sancho Ramírez quien, ante la falta de una ciudad en la que, de acuerdo con el Derecho Canónico vigente, se fijase la sede episcopal y que diera nombre al Obispado, encontró la solución y decidió proclamar a los cuatro vientos que “quiero constituir como ciudad a mi villa que se llama Jaca”. Eran los primeros meses de 1077 y nacía así la ciudad de Jaca y su Obispado. Se nombraba como primer obispo al infante García, hermano del rey, quien incorporó Sos y otros pueblos cercanos a la diócesis de Jaca, a la vez que se iniciaba en la ciudad la construcción de una catedral destinada a ser escenario de las ceremonias reales y, sobre todo, cátedra del Obispo.
 Conforme la reconquista iba avanzando por la parte norte del Ebro de manos de Alfonso I, se fueron sumando a la sede de Jaca otros muchos lugares que habían estado bajo dominio árabe, y que hasta 1118 sólo dependían nominalmente del rey, quedando bajo su autoridad las tierras comprendidas dentro de los límites establecidos por Sancho el Mayor, antes referidos[4].
Portada de acceso a la primitiva iglesia de Sos
(Iglesia baja) Siglo XI-XII.
En cuanto a la iglesia de San Esteban en Sos, una de las referencias más antiguas que citan los documentos conservados aparece en el año 1087, cuando Sancho Ramírez confirma las propiedades del obispado de Pamplona, entre las que aparecen Eclesias etiam de Sos. Pero hay referencias anteriores en el tiempo. En el Cartoral, hoy desaparecido, figuran otras referencias y nos tenemos que conformar con una transcripción realizada en los años veinte del siglo pasado por Galindo, donde expone que la recopilación documental la inició García Garceiç en 1059, quando feci ego istas casas propter amorem Dei et Sancti Stefani, citando en las primeras líneas de la transcripción la advocación del templo y el tesoro que contenía:Hec est cartorarium Sancti Saluatoris et Sancti Stefani siue omnium reliquiarium qui ibi sunt. Ante la ausencia de dataciones y escatocolos, los nombres de los donantes son fundamentales para ordenar la documentación, y hay uno que se repite en el segundo folio y en el último, que es el quinto. El primero comienza con et intravit Garcia Furtugnonis et misit sua casa...; el otro cita a un Garsia Fortuniones archidiacono; sin duda se trata de la misma persona.
NOTA: [Actualización del 2020 sobre la existencia del Cartoral de Sos. (ver) ]
En 1096, el obispo de Pamplona Pedro de Rodez , que asistió al concilio de Clermont y estaba en sintonía con los principios reformadores de la Iglesia, obtendría un privilegio de protección para su iglesia, inaugurando las relaciones documentales de Roma con Pamplona. El documento- Iustus votis assensum- otorgado por Urbano II, además de otros asuntos, contenía la ratificación de los límites de la diócesis tal y como había establecido Sancho III El Mayor, abarcando las iglesias de Agüero, Murillo, Castellar, Luesia, Uncastillo y Sos[5], por lo que la Villa y los dominios de la Valdonsella volvieron a depender de la diócesis de Pamplona. La bula, ampliada por Pascual II cuatro años después (4 de marzo de1100), añadía el castillo de San Esteban y las iglesias de Garzanzu, Tafalla, Cebrón, Obanos y Falces. El cuerpo documental, además, sería considerado auténtico por Celestino III al acabar la centuria (26 de abril de 1196), y más en concreto en lo referente a las iglesias de la Valdonsella y el curso alto de los Arbas, pues al intervenir en la concordia entre los obispos de Pamplona y Zaragoza se acentúa la jurisdicción de tradición pamplonesa en el valle del Aragón, Pintano y Valdonsella, con las iglesias de Sos, Luesia, Agüero y Murillo.
Volviendo de nuevo a la iglesia de Sos, en el año 1107 la documentación de la catedral de Pamplona cita al primer eclesiástico de nombre conocido y con responsabilidad en San Esteban: Garsias Sossensis prior, es decir, García prior de Sos. ¿es éste el Fortuniones, antes citado? Martín Duque así lo ratifica al identificarlo en un documento sin fecha de Uncastillo donde aparece el prior domno Garsia, similiter archidiacono. En su testamento dejó sus propiedades de Sos a la abadía de San Esteban, en su advocación de San Salvador; en el mismo se citan una casa, cuatro viñas, cuatro piezas, un huerto y otro terreno, “para que San Salvador las posea enteras y libres a través de los siglos, por su alma, para que se le dedique una parte de las oraciones que allí fueran dichas por los siglos de los siglos. Amén”
De sobras se conocen las relaciones entre los obispos de Pamplona y los monarcas aragoneses, muy estrechas, dada su participación activa en los proyectos y campañas de reconquista y repoblación. El mitrado de Pamplona Guillermo (1115-1122), por ejemplo, asistió al concilio de Toulouse de 1118 con los arzobispos de Arlés, Auch y los obispos de Lescar, Bayona, Pamplona y Barbastro. También durante el cerco de Tarazona, Alfonso I concedió a Guillermo y sus sucesores la iglesia de Santa María Magdalena, de Tudela, en agradecimiento por los servicios prestados. Resulta llamativa la presencia, entre los canónigos-testigos documentales de Pamplona, de dos personajes procedentes de Sos; en concreto, Semen de Sos y el anteriormente mencionado Garsias Fortuniones, archidiaconus de Sos, título este último que sería sustituido por el de arcediano de la Valdonsella[6]. La presencia por tanto de este arcediano, indica la todavía influencia eclesiástica entre Pamplona y el valle de Onsella en el momento de las grandes reconquistas del valle medio del Ebro[7].
La muerte de Alfonso I supuso la separación definitiva de los reinos de Aragón y Navarra. La Valdonsella siguió permaneciendo al reino de Pamplona hasta 1142 en que fue conquistada por el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV que la anexionó a sus dominios en Aragón.
Mapa actual de las diócesis de Aragón, desde el sigloXVI.
(en la web: ifc.dpz.es. Cómo se formó Aragón. Agustín Ubieto Arteta)
El nombramiento de Lope de Artajona (1142-1159) como obispo de Pamplona más tarde, volvió a despertar unas disputas eclesiásticas que habían permanecido en estado latente. Esta vez, las reclamaciones serían con las dos circunscripciones orientales, Huesca y Zaragoza; esta última, al parecer, había recibido injustamente, con la legación de Guillermo que era arzobispo de Arlés, las iglesias de la Valdonsella con Ejea, Pola y el Castellar. Lope no dudó en solicitar la intercesión de la curia pontificia con la finalidad de recuperarlas, y por medio del cardenal Jacinto (1155) y mediante una concordia, las iglesias de Ejea, Tauste, Luna y El Castellar fueron adjudicadas a la diócesis zaragozana, y las iglesias de Uncastillo y Sos, entre otras, a la pamplonesa, cun omnibus pertinentiis suis ad omne ius perpetuo possideat[8].
Más tarde la Valdonsella estuvo temporalmente bajo el dominio de Raimundo, prelado pro-aragonés (1162-1163); posteriormente fue amenazada de ser absorbida por el obispo de Tarazona, a finales del s. XII, motivando una intervención arbitral papal en 1196 para aclarar y ratificar al nuevo obispo García (1194-1205) en la posesión de las iglesias del valle de Aragón, Pintano y Valdonsella con las iglesias de Sos, Agüero y Murillo. Para estas fechas era prior y abad de la iglesia de San Esteban, en Sos, Pedro de la Peza, conociéndose ya datos concretos de la organización de la comunidad religiosa, estando integrada por clérigos, cinco diáconos y un subdiácono. Mientras tanto las disputas por los límites territoriales continuaban, como así lo refleja un documento de enero de 1170 en el que el obispo de Pamplona, Don Pedro de París, dicta sentencia en el pleito que enfrentaba a los habitantes de Sos con don Bertrando, abad de la Oliva, por causa de los límites entre dicha villa y el término de Encisa, propiedad del monasterio, señalándose el límite entre ambos lugares[9].
La muerte del obispo de Pamplona Nicolás de Echávarri, en 1468 dejó vacante el obispado de Pamplona durante un quinquenio, lo que fue aprovechado por el arzobispo de Zaragoza, don Juan de Aragón, hijo bastardo del monarca Juan II, para obtener del Papado en el año 1471 la unión del arciprestazgo de la Valdonsella a la mesa metropolitana de Zaragoza, pese a las protestas del cabildo iruñés.Tras la muerte del arzobispo, el obispo de Huesca-Jaca, Antonio de Espés, reclamó rápidamente el arciprestazgo y tomó posesión del mismo en 1486, tras un pleito con D, Alonso de Carrillo, obispo de Pamplona, pasando el arciprestazgo de la Valdonsella a la mitra de Huesca durante 24 años, hasta 1519, año en el que, tras el conocido “proceso de la Valdonsella” se dictó sentencia, el 11 de julio, esta vez favorable al obispo de Pamplona[10], pero cuyo litigio por el arciprestazgo hizo renacer, con más fuerza que en las décadas anteriores,las dirputas episcopales, llegando incluso a tener que intervenir el Gobernador en 1512 y detener a dos clérigos de Sos entregándolos a su juez eclesiástico, el oficial de la Valdosella, por haver albolotado y pronunciado aquesta villa de Sos en mucho scandalo en deservicio del rey nuestro senyor[11].



      Diócesis de Jaca, integrada en la provincia eclesiástica de Pamplona




Respecto a la diócesis de Jaca, esta pervivió hasta el año 1096 como entidad independiente, pues al conquistarse Huesca se decidió trasladar la capitalidad del reino y la sede episcopal a la ciudad recién ocupada. Se recupera entonces el obispado de Huesca y se creaba una gran diócesis de Huesca-Jaca, que se mantendrá hasta el s. XVI, momento en el que se volvieron a separar para poder controlar mejor el espacio montañoso que abarcaban, máxime cuando “el de Jaca confinaba con tierras de herejes, cuya circunstancia exigía la presencia contínua de un pastor que velase por su rey”. Lo había pedido el rey Felipe II y lo concedía el Papa Pío V por Bula del 18 de junio de 1571.
Tras la muerte del último Obispo de Huesca-Jaca (Pedro Agustín, 26-2-1572), se lleva a efecto la separación que ejecutaron los comisarios apostólicos el día 8 de marzo de 1573. El territorio asignado a la nueva Diócesis se delimita en la misma bula y así permaneció inalterado hasta 1785, en que el Papa Pío VI, durante el pontificado de Estaban Antonio Aguado y Rojas, y a propuesta del rey Carlos III y en atención a que la mesa de Jaca no gozaba de la renta correspondiente a la dignidad episcopal y a las continuas cargas que tenía que soportar el prelado de aquella iglesia, y «contemplando por otra parte que son muy pingües los productos de la Mesa episcopal de Pamplona”, por Bula dada en Roma el 16 de Diciembre de 1785, ejecutada en Real Cédula de 9 de Abril de 1786, separó de Pamplona el Arciprestazgo de la Valdonsella, hasta entonces perteneciente al Obispado de Pamplona, y lo unión a la Mitra de Jaca[12].
Actualmente, aunque pastoralmente Sos está unida a la diócesis de la Provincia Eclesiástica de Jaca, integrado en el arciprestazgo de Erla-Uncasillo, pertenece jurídicamente a la Provincia Eclesiástica de Pamplona.



Arciprestazgo de Erla-Uncastillo, en la diócesis de Jaca
Mapa editado a partir de: Diócesis de Jaca (Willtron-Wikipedia)y
Cinco Villas (Comarcalización de Aragón)



Diócesis de Jaca     Arciprestazgo de Jaca-Berdún (parte antigua de Jaca)     Arciprestazgo de Jaca-Berdún (parte antigua de Berdún)     Arciprestazgo de Biescas     Arciprestazgo de Erla-Uncastillo (parte antigua de Erla)     Arciprestazgo de Sabiñánigo
     Arciprestazgo de Erla-Uncastillo (parte antigua de Uncastillo)






Parroquias del arciprestazgo Erla-Uncastillo
-Agüero
-Alera
-Ardisa
-Asín
-Barués (Sos del rey Católico)
-Biel
-Biota
-Campo Real (Sos del rey Católico)
-Casas de Esper
-Castiliscar
-Concilio
-El Frago
-Erla
-Farasdués
-Fuencalderas
-Gordués
-Gordún
-Isuerre
-Júnez
-Lacasta
-Lacorvilla
-Layana
-Lobera de Onsella
-Longás
-Luesia
-Luna
-Malpica de Arba
-Marracos
-Morán
-Murillo de Gállego
-Navardún
-Orés
-Paúles
-Petilla de Aragón
-Piedratajada
-Pintano
-Puendeluna
-Sádaba
-San Felices
-Santa Eulalia de Gállego
-Sierra Estronad
-Sierra de los Blancos
-Sofuentes (Sos del rey Católico)
-Sos del rey Católico
-Uncastillo
-Undués de Lerda
-Undués Pintano
-Urriés
-Valpalmas
(continuación)







[1] Escagües Javierre, Isidoro. “La Valdonsella”
[2] Goñi Gaztambide, J. Historia de los obispos de Pamplona, 2, pp. 65-66.
[3] Pavón Benito, Julia. “Reorganización y cobertura eclesiástica en las Cinco Villas aragonesas (siglo XII)”, pp.192-193.
[4] Escagües Javierre, Isidoro. “La Valdonsella”
[5] Goñi Gaztambide, J. Historia de los obispos de Pamplona, 1, pp. 272-273 y nota 81 de la p. 273.
[6] Lema Pueyo, José Angel. Colección Diplomática de Alfonso I de Aragón y Pamplona (1104-1134) Eusko Ikaskuntza. Donostia, 1990.
[7] Pavón Benito, Julia. “Reorganización y cobertura...” cit. p.194.
[8] Goñi Gaztambide, J. Historia de los obispos de Pamplona, 1, pp. 381-390.
[9] A.H.N., Secc. Ord. Militares, carp. 654, nº. 8 (A)
[10] A este respecto ver “el pleito de la Valdonsella” Juan Abellá Samitier, “Entre Aragón y Navarra: el arciprestazgo de la Valdonsella a finales de la Edad Media”, en Revista Príncipe de Viana, año 69, nº 243, pp. 69-98. Pamplona, 2008.
[11] A.H.P.S., Miguel del Sen, 1512, f. 55v.
[12] A.P.U. Doc. VII.








BIBLIOGRAFÍA

-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. “Entre Aragón y Navarra: el arciprestazgo de la Valdonsella a finales de la Edad Media”, en Revista Príncipe de Viana, año 69, nº 243, pp.69-98. Pamplona, 2008.
-ABBAD RÍOS, FRANCISCOCatálogo monumental de España. Zaragoza. C.S.I.C. Madrid, 1957.
-BUESA CONDE, DOMINGO J. Historia del Alto Aragón. Ed. Pirineo. Huesca, 2000.
-ESCAGÜES JAVIERRE, ISIDORO. “La Valdonsella”, Revista Príncipe de Viana. Año 6, nº 19. pp. 318-344. Pamplona, 1945
-FERNÁNDEZ PÉREZ, GREGORIO. Historia de la Iglesia y Obispos de Pamplona, Real y Eclesiástica del Reino de Navarra. Dpto. Hª, Universidad de Navarra. Imprenta Repullés. Madrid, 1820.
-FORTÚN PÉREZ DE CIRIZA, L.J. Documentación medieval de Leire: catálogo (s. XIII al XV)
-FORTÚN PÉREZ DE CIRIZA, L.J. Leire, un señorío monástico en Navarra (ss. IX-XIX) Col. hª, nº 70. Pamplona, 1994.
-GALINDO ROMEO, PASCUAL. Sos en los siglos XI y XII. Revista Universidad. Año I. Zaragoza, 1924.
-GOÑI GAZTAMBIDE, JOSÉ. Catálogo del Archivo de la catedral de Pamplona, 1: (829-1500) Pamplona, 1985.
-GOÑI GAZTAMBIDE, JOSÉ. Historia de los obispos de Pamplona, siglos IV-XIII, vol. 1. Universidad de Navarra. Pamplona, 1979.
-GOÑI GAZTAMBIDE, JOSÉ. Historia de los obispos de Pamplona, siglos XIV-XV. vol. 2. Universidad de Navarra. Pamplona, 1979.
-GOÑI GAZTAMBIDE, JOSÉ. Los obispos de Pamplona del siglo XIV. I.P.V. Pamplona, 1962.
-MARTÍN DUQUE, ÁNGEL J. Documentación medieval de Leire (siglos IX a XII) Pamplona, 1983.
-ORCÁSTEGUI GROS, CARMEN. “Administración eclesiástica en los siglos XI-XII (sedes episcopales y obispados)”, en Atlas de Historia de Aragón. I.F.C. Zaragoza, 1991.
-PAVÓN BENITO, JULIA. “Reorganización y cobertura eclesiástica en las Cinco Villas aragonesas (siglo XII)” en, Esteban Sarasa Sánchez (Coord) Las Cinco Villas aragonesas en la Europa de los siglos XII y XIII, pp.183-206. I.F.C., C.E.C.V..Ejea de los Caballeros, 2007.
-RIPALDA GABÁS, CARLOS. Navardún, historia de la Valdonsella. 2013.
-UBIETO ARTETA, AGUSTÍN. Cómo se formó Aragón. Versión web.
-UBIETO ARTETA, ANTONIO. Historia de Aragón. Divisiones administrativas. Anubar. Zaragoza, 1983.

-UBIETO ARTETA, ANTONIO. Historia de Aragón. La formación territorial. Anubar. Zaragoza, 1981.













miércoles, 5 de febrero de 2020

BUSCALAPOYO



Alto de Buscalapoyo

                      Buscalapoyo es una elevación del terreno (530 m), en el término municipal de Sos, junto al margen derecho del antiguo camino de Urriés a Sangüesa, en la muga con Undués de Lerda, recibiendo también este nombre el término colindante y un caserío ubicado en el mismo.
El topónimo Buscalapoyo ha sido, fonética y morfológicamente, deformado desde su origen, pues ya aparece en la documentación del siglo XII(1133) como Corcalapuyo en un documento en el que el rey Alfonso I "el Batallador" dona a Andrés, hijo del conde "Ugón" (Huas), el lugar de Corcalapuyo y su señorío[1], apareciendo este término en los siglos posteriores como Calapueyo, Colaspueyo, Buzcalapueyo, Buscalapueyo, Buzcalapoyo, Corcalapueyo, Cozcalapueyo, Corcalapuyo, Cozcalapuyo, Gorezcalapuyo, Urezcalapuyo, Çercalapuja,Buscalapujo, Buzcalapujo…
Buscalapoyo visto desde el camino de Urriés a Sangüesa
Así, en 1498, entre los numerosos pleitos del capítulo de San Esteban con la clase feudal de la villa de Sos por percibir el diezmo de determinados términos, aparece el lugar como Cozcalapueyo[2].
En mayo de 1513 Cozcalapueyo aparece citado como límite territorial en un documento por el que Antón de Albarado, infanzón y señor de Undués, cede todos sus derechos sobre Undués a cambio de 24.000 sueldos jaqueses:”… y con términos de la pardina de Cozcalapueyo…[3]
En los Anales de Aragón (1540-1558) de José Lupercio Panzano figura Buzcalapueyo como lugar de señorío del diputado del Reino Don Juan de Azlor, conde de Guara.
En las escrituras de deslinde y amojonación de 1603 se describe el lugar de Buzcalapueyo como una “lometa entre los caminos que van desde Sos a Xavierre y de Sos al lugar de Undués”[4]
En el Nomenclator de 1785 figura como Buzcalapoyo: coto redondo; señorío secular, regido por un alcalde ordinario de señorío.
José María Recondo, en el ensayo arqueológico de “El castillo de Xavier”(1957) comenta: “El Castillo de Buzcalapueyo, perfectamente conservado, sito en la Nava Mayor de Sos, quedaba junto a un camino viejo de Sos a Xavier[5]

Torreón edificado sobre la roca del monte
En materia de castellología, la fortaleza de Buzcalapueyo formaba parte de una serie de torres y donjones ubicados en la Valdonsella que daban cobertura a la extensa línea de castillos que formaban la línea defensiva contra los musulmanes levantada por Sancho el Mayor (ver) y continuada por Ramiro I. En la zona que nos ocupa, tres donjones partían desde Undués de Lerda hasta el castillo de Javier: La Torraza, a la entrada de Undués de Lerda sobre un gran escarpado de roca; el Castillón, levantado sobre un cerro en la muga entre Aragón y Navarra, dominando Liédena, y la Torreta, muy próxima al castillo de Javier. La Torraza y el Castillón estaban comunicados por un camino que llegaba hasta la Torreta.
Cerca de Lerda se alzaba el Castillejo de Iso. Más en el llano, en una pequeña loma, el castillo de Buzcalapueyo, junto a los antiguos caminos de Sos a Javier y de Sos a Undués. Más alejados, y bajo los castillos del Castellón de Petilla, Sibirana, Rueyta y Sos, en el valle, las fortalezas de Lobera, Sotirana, Gordún, Ceñito y Navardún, con las torres de Aguilar, Oyarda, Basaboz, Arbe, Fillera, Ull, El Real y, vigilando la Cañada Real, la torre de Adam. Controlando el río Aragón, las torres de Mauleón, Añués, Peña, Cáseda, Gallipienzo y Ujué. Toda una maraña de castillos y torres que formaban, en este tramo de la Valdonsella, una verdadera cadena de fortificaciones, con caminos que enlazaban entre ellos y con una perfecta comunicación visual entre unos y otros; una cadena imposible de cruzar cualquier ejército enemigo, por pequeño que fuera, sin ser visto. De hecho, los musulmanes nunca llegaron a cruzar esta fortificada línea defensiva.
Lado sur del torreón con una ventana geminada en la
segunda planta.

       En la Baja Edad Media, sobre los restos del castillo de Buzcalapueyo, se construyó la casa-fuerte que podemos ver actualmente.

A principios del siglo XVII el lugar perteneció a D. Diego Antonio Virto de Vera y Monreal, señor de Miana y Buzcalapueyo, familiar del Santo Oficio y Caballero de la Orden de Santiago, casado con Josefa Biota y Coscón, señora de Larrués y de Gordún, heredando las posesiones su hija Josefa María Virto de Vera y Biota (Zaragoza 1652-1677), señora de Gordún, Larrués, Miana y Buzcalapueyo, casada con D. Artal Azlor y Guasso (1648-1696), I Conde de Guara y General de Artillería.
Posteriormente el edificio se amplió y se destinó a usos agroecuarios. A principios del siglo XIX Mateo Suman, en sus “Apuntes para el Diccionario Geográfico del Reino de Aragón”, hace una extensa descripción de la “pardina de Buzcalapueyo”:
“Está en el partido de Cinco Villas. Es de la Excma. Sra. duquesa de Villahermosa. Está entre los términos de la villa de Sos, de Sangüesa, y lugar de Undués de Lerda. Su situación es llana, y sin árboles. Su longitud es de casi media hora, y su latitud cuarto, y medio. Confronta por oriente, y sur con término de la villa de Sos, de la cual dista una hora. Por occidente con términos de la ciudad de Sangüesa, y dista de ella dos horas, y por el norte con el lugar de Undués de Lerda, distante media legua. Al poniente de esta pardina hay una casa habitable con buena cocina, cuartos, granero, pajar y corrales, que sirven para paridera de 300 ovejas que se mantienen en el invierno con sus hierbas. En su centro se halla una copiosa fuente de agua dulce, fresca y de excelente calidad. Hay caza abundante de conejos, liebres, perdices y demás aves comunes; algún lobo, y zorro. La cosecha de granos que produce ascenderá a 400 cahíces; abunda de hierbas medicinales comunes. La jurisdicción se ejerce por un vecino de Undués de Lerda, con título de alcalde, nombrado por el dueño temporal, y por tiempo de su voluntad. Exige el alcalde las prendadas con despotismo y arbitrariamente. En casos criminales, ha de dar luego cuenta al corregidor del partido de Cinco Villas. No se sabe haya minerales, etc. El rey D. Sancho, y su mujer D.ª Urraca, que como se dijo en la descripción de pardinas dieron a las monjas de Sta. Cruz de la Serós, hoy Benedictinas de Jaca, las de Berné y Rompesacos, y también a Calapueyo, (era MXXX 6 feria 7 cal. aprilis. Briz en su Historia pág. 331). No sé si ese Calapueyo, será nuestra pardina la que con el transcurso del tiempo pudo adquirir, la sílaba que le faltó entonces. Si este fuese, habrá habido población de este nombre, porque Briz la propone como lugar, no menos que Rompesacos, que ahora no es más que pardina[6]
Al fondo, el edificio fortificado, y a ambos lados otros dos edificios anexos.
En el centro, el patio de entrada a las tres edificaciones.

En 1864 todavía pertenecía a los duques de Villahermosa, pues sabemos que el 17 de septiembre de este año salió a pública subasta el arrendamiento por tres años de la pardina de Buzcalapoyo.[7]                               Actualmente, el término de Buscalapoyo limita al norte, haciendo frontera, con el de Undués de Lerda, al sur con la partida sosiense de Pepe Remón, cerca del río Onsella, al este con en término de las Navas y al oeste con el canal de Bardenas. Aproximadamente ocupando el mismo territorio descrito por Mateo Suman.
Dentro de sus límites, en el camino de Urriés a Sangüesa, se encuentran los restos de la fortificación de Buscalapoyo. Es un caserío semiderruido formado por tres grandes edificaciones anexas: la principal, y más antigua, es la casa-torre fortificada de Buscalapoyo, de planta rectangular, donde vivían los últimos propietarios. La torre se edificó sobre la misma roca del pequeño alto en el que está emplazado, utilizando la propia roca como parte de los muros sur y oeste. De ambos extremos de la fachada del edificio surgen, paralelas entre sí y con las puertas de entrada enfrentadas, los otros dos edificios destinados a viviendas de empleados, servicio, pastores y demás personal de la pardina. Estos últimos son de factura claramente muy posterior al anterior. Todo el conjunto forma una especie de “U” o cuadrado sin cerrar por uno de sus lados, dejando en su interior un patio por el que se accede a las tres edificaciones, en cuyo centro se ubicaría el pozo o la fuente que reseña Mateo Suman en su Diccionario, siendo destinado todo el complejo, como igualmente indica Suman, para fines y actividades agrícolas y ganaderas.

 Las tres edificaciones tienen dos alturas. Por la parte exterior del edificio sur y adosado a él, encontramos restos en piedra de otras dependencias menores destinadas a graneros, pajares, cuadras, parideras, establos, corrales, caballerizas…

Sobresaliendo por encima de la maleza se adivina el señorial portal de entrada.

Al edificio de la casa-fuerte se accede desde el patio central a través de una gran puerta en arco de medio punto con grandes dovelas y escudo en la parte superior. Sobre la puerta, y ligeramente a su izquierda, el vano de una ventana reformada que el pasado siglo lucía un bello ventanal geminado. Los sillares empleados tanto en la puerta como en el resto del edificio indican claramente que estamos ante una gran casa fortificada de un noble señor de la Edad Media. El total abandono del recinto desde mediados del pasado siglo ha hecho que la vegetación salvaje se apodere del espacio y prácticamente ha cubierto toda la portada principal, siendo imposible acceder a su interior. Asímismo,  todo el patio central está cubierto de una espesísima y frondosa maraña de zarzas y vegetación que resulta imposible poder avanzar entre ella. A través de las puertas de los edificios laterales se puede observar cómo el del lado que da al norte tiene su tejado totalmente derruido, aunque se conserva su fachada. El edificio del lado sur se encuentra en estado más firme.
Edificio norte con la techumbre derruida
La torre-fortificada, en su origen, tuvo más altura y estaba rematada por almenas. Con posterioridad, la torre perdió su parte más alta con el almenado y fue sustituido por el tejado a dos aguas de la casa actual, probablemente al mismo tiempo que se construyeron los dos edificios agropecuarios anexos. Una gran chimenea en su zona central nos indica el gran hogar que había en su interior. 
          Otros detalles constructivos nos indican la gran casona señorial fortificada que fue: en el muro sur podemos apreciar una esbelta ventana geminada con arcos conopiales, a la que le falta el parteluz, similar a la que hubo sobre la entrada principal, aunque esta era de arcos de medio punto. Este tipo de arcos fue muy usado en la arquitectura del gótico flamígero en los siglos XIV y XV. También en el muro Oeste vemos troneras; aberturas en los muros similares a las saeteras pero con una abertura circular para poder defenderse con las nuevas armas de fuego que en aquella época iban apareciendo. Estas troneras comenzaron a instalarse en castillos y casas-fuertes en la segunda mitad del siglo XV.
El tejado sustituyó al primitivo almenado del torreón, más elevado en origen
que su actual altura.











[1] Lema Pueyo, José Ángel. Colección diplomática de Alfonso I de Aragón y Navarra (1104-1134) , nº 270 (año 1133)
[2] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 455 B, f.30.
[3] VV.AA. Cuadernos de Aragón nº 46. Undués de Lerda. Entre reyes, señores y abades. “Pergamino de Undués de Lerda (1513)”, p. 246. Apéndice segundo, pp.243-249.
[4] Archivo Administración de Javier (Sangüesa) Escrituras de deslinde y amojonación de la pardina de Buzcalapueyo, 1603.
[5] Recondo, J.Mª. “El castillo de Xavier” Revista Príncipe de Viana nº 67-68, p. 270. Pamplona, 1957.
[6] Mateo Suman. Apuntes para el Diccionario Geográfico del Reino de Aragón. Partido de Cinco Villas, pp. 221-222.
[7] B.O.P. nº 147. 17/9/1864

 





BIBLIOGRAFÍA


-BRIZ MARTÍNEZ, JUAN. Historia de la fundación y antigüedades de San Juan de la Peña y de los Reyes de Sobrarbe, Aragón y Navarra. Juan de Lanaja y Quartanet, impresor del Reino de Aragón. Zaragoza, 1620.
-CORTÉS USÁN, MIGUEL ÁNGEL. “Los infanzones y la Heráldica de la Villa de Tauste” Tauste en su historia. Actas de las IV Jornadas sobre la Historia de Tauste. 9 al 13 de diciembre de 2002, pp. 85-142. Patronato de la Casa de Cultura. Ayuntamiento de la Villa de Tauste.
-CORTÉS VALENCIANO, MARCELINO. Toponimia de Sos del Rey Católico. Cuadernos de Aragón nº 58. I.F.C. Zaragoza, 2015.
-LEMA PUEYO, JOSÉ ÁNGEL. Colección diplomática de Alfonso I de Aragón y Navarra (1104-1134) Fuentes Documentales Medievales del País Vasco. Eusko Ikaskuntza. San Sebastián, 1990.
-LÓPEZ AGUERRI, JOSÉ ALFONSO; CHAVERRI ARILLA, ÁNGEL; GARCÍA-VALDECASAS, ELENA. Undués de Lerda. Entre reyes, señores y abades.Cuadernos de Aragón, 46. I.F.C. Zaragoza, 2011.
-PANZANO, JOSEPH LUPERCIO. Anales de Aragón desde el año 1540 hasta el año 1558.Pascual Bueno, impresor del Reino de Aragón. Zaragoza, 1705
-RECONDO, JOSÉ MARÍA. “El castillo de Xavier”. Revista Príncipe de Viana, año nº 18, nº 67-68, pp. 261-417. Pamplona, 1957.
-SUMAN, MATEO. Apuntes para el Diccionario Geográfico del Reino de Aragón. Partido de Cinco Villas. Según el ms.9-5723 de la R.A.H. de 1802. Edición de Josefina Salvo Salanova y Álvaro Capalvo Liesa. I.F.C., D.P.Z. Zaragoza, 2015.
-Archivo Administración de Javier (Sangüesa) Escrituras de deslinde y amojonación de la pardina de Buzcalapueyo, 1603.
-Nomenclator de 1785. Imprenta Real. Madrid, 1789.
En la web:
-lancerosvillaviciosa.blogspot.com.es. Manuel Azlor de Aragón y Urriés.


domingo, 2 de febrero de 2020

INSCRIPCIONES EN LA PLAZA DEL MERCADO DE SOS

Si observamos detenidamente el gran arco exterior de medio punto de la plaza del mercado podemos ver en él dos inscripciones que no son fáciles de leer, pues al deterioro inevitable del paso del tiempo hay que añadir que las piedras están invertidas, por lo que su lectura no es muy legible pero sí fácil de interpretar una vez han sido estudiadas.
El hecho de que las piedras estén giradas puede ser debido a que el arco se debió de desmontar por algún motivo y a la hora de montarlo de nuevo los albañiles que lo hicieron no sabían leer o no tuvieron en cuenta dichas inscripciones.
Inscripción con la fecha de 1339
Una de las inscripciones está en la cuarta dovela de la parte izquierda, a la altura de los ojos, escrita en latín y en la que puede leerse: Anno domini MCCCXXXIX. (Año del Señor de 1339). Probablemente es la fecha de construcción del lugar del mercado en el sitio donde nos encontramos, lo que no quiere decir que con anterioridad a esta fecha ya se realizaran transacciones comerciales destinadas a vender los excedentes de producción agrícola y compra y venta de otros productos, pues hay noticias, datadas en 1319, de que en Sos, y por súplica del concejo, el monarca Jaime II cambió el día de mercado, que hasta ahora se realizaba los miércoles, al lunes[1]. Asimismo, otro escrito de 1321 nos cuenta que el mismo rey concedió a la villa de Sos la facultad de elegir “almutazaf”, al igual que lo hacía Ejea[2].

Inscripción que revela el eclipse de 1354
La otra inscripción se ubica en la parte derecha del mismo arco a la misma altura aproximadamente que la anterior, y en la que se lee: “ANNO DOMINI MCCCLIIII XVII DIE SEPTEMBRIS HORA PRIMA OBSCURAVIT SOL”, que viene a decir que en el año del Señor de 1354, el 17 de Septiembre a la hora prima se oscureció el sol, dejando constancia de un hecho hasta entonces inexplicable para la población como fue un eclipse total de sol. Esta información, según el profesor D. Julio Torres Lázaro, está contrastada con la base de datos de la NASA.  Este eclipse es el segundo de los dos ocurridos en el año 1354 y documentado en la ciudad italiana de Perugia (situada a una latitud similar a la de Sos) el 17 de septiembre a lo largo de dos horas durante la hora tercia.[3]

Flor de Lis en la parte posterior  central de los arcos apuntados






En la parte posterior de los arcos apuntados centrales, junto al hueco donde se ubicaba la balanza hay una pequeña inscripción que refleja una ¿cruz?... ¿una flor de lis?...







[1] A.C.A. Reg. Canc. 217, fol. 285v.
[2] A.C.A. Reg. Canc. 219, fol. 270 rº-vº.



BIBLIOGRAFIA

-IBAÑEZ, LOLI. Momentos en Sos. Gráficas Latorre.Tauste, 2005.

RUTA 1 EN 4X4. ROMÁNICO-GÓTICO POR SOS DEL REY CATOLICO

Ermita de Santa Lucía (Sos del Rey Católico)


En esta ruta vamos a ver algunas de las construcciones más importantes del románico y su transición al gótico en Sos del Rey Católico y sus alrededores. El trayecto se puede realizar perfectamente en un día y, aunque puede realizarse con diversos medios de transporte, es recomendable realizarlo con un todoterreno, pues en muchos tramos circularemos por caminos empedrados, mal asfaltados y pistas forestales.
Iniciamos la ruta (a pie, sin coger el coche) en el mismo municipio de Sos del Rey Católico, visitando la Iglesia de San Esteban(ver), la obra de mayor envergadura, y la cripta de Santa María del Perdón(ver) para, seguidamente, acercaremos hasta la iglesia de San Martín de Tours(ver), en el Palacio de los Sada. Salimos de la villa al exterior de la muralla para ver la ermita de Santa Lucía (todavía a pie)(ver).
Ermita de San Nicolás, en Ceñito (Sos del Rey Católico)
                 Continuaremos, ya con medio de transporte, por la carretera A-127 en dirección a Sangüesa y coger el desvío hacia Navardún por la A-1601. Poco antes de llegar a Navardún nos desviaremos a la derecha por la A-2601 unos dos kilómetros en dirección a Petilla de Aragón hasta llegar a la ermita de San Nicolás de Ceñito(ver), a la izquierda de nuestro sentido de marcha. Justo enfrente de Ceñito, en el mismo sitio donde hemos dejado la carretera y girado a la izquierda para ver la ermita, comienza, pero a nuestra derecha, una pista forestal que nos llevará hasta el castillo de Roita(ver). Regresaremos sobre nuestros pasos para tomar de nuevo la carretera A-127 que va hacia Sangüesa y ver los restos del castillo de Añues(ver). Para ello, una vez llegado al puente que cruza el canal de Las Bardenas, tomaremos a nuestra izquierda el camino de servicio que discurre paralelo al mismo, y tras cruzar el tercer puente sobre el canal y recorrer aproximadamente un kilómetro, llegaremos a Añués. Seguidamente regresamos hacia Sos para continuar en dirección a Zaragoza. En la pardina de Novellaco dejamos la carretera y tomamos a nuestra izquierda el camino que cruza esta pedanía y que nos llevará hasta  Barués y su ermita(ver). Regresamos de nuevo en dirección a Sos y tras coronar el puerto y empezar su descenso nos desviaremos a nuestra izquierda por la CV-868 hasta la pardina de Mamillas donde, nada más pasar esta entidad, a nuestra derecha, tomaremos un camino que nos llevará hasta la ermita de Serún (desde la carretera se ve la ermita en un altozano)(ver). Terminaremos el recorrido regresando a Sos y, justo antes de entrar en el municipio, tomamos a nuestra derecha la CV 481 (antigua carretera a Uncastillo) hasta poco antes de cruzar el primer barranco para contemplar el llamado puente románico de Uncastillo(ver).
Total recorrido: 90 km.

Mapa de la ruta

1-2. Iglesia de San Esteban y cripta.
3-Capilla de San Martín de Tours
4-Ermita de Santa Lucía
5-Ermita de Ceñito
6-Castillo de Roita
7-Castillo e iglesia de Añués
8-Ermita de Barues
9-Ermita de Serún
10-Puente de Uncastillo