domingo, 1 de febrero de 2026

MARÍA, LA PRIMERA GUÍA TURÍSTICA DE SOS

 

Doña María Sanz Sánchez

María, la primera guía turística de Sos

                Una vecina de Sos me ha contado una historia y traído un escrito dirigido a su abuela María. Me ha parecido interesante y digno de publicarlo en esta sección de "Sos ayer y hoy" del blog[1].

                María es una sosiense que bien podríamos considerar como un ejemplo —o incluso un símbolo—, de toda una generación que vivió tiempos difíciles. Le tocó enfrentarse a todo tipo de situaciones en una sociedad y en un escenario histórico, político, económico y social en el que a las vacas gordas siguieron las flacas: los problemas, el hambre, la emigración, el regreso, la guerra, más problemas, las soluciones… En resumen, ¡la lucha contínua por sobrevivir!

         La vida de María es el fiel reflejo de muchas otras personas y familias humildes de la España rural del siglo XX.

    A través del relato que nos brinda su nieta Maribel, podemos leer —y entrever— breves y certeras pinceladas de aquellos tiempos convulsos, duros y difíciles, ya fueran históricos, económicos, o de cualquier otra índole, que marcaron sus vidas. También descubrimos la dura lucha que tuvieron que afrontar, muchas veces en solitario, para superar las no pocas dificultades y adversidades del camino.

    Esta es la historia de María Sanz Sánchez, de su familia y de su lucha y empeño por sacar adelante a su numerosa prole, hasta convertirse en la primera guía turística de la recién restaurada Villa de Sos del Rey Católico, allá por los años 50 del pasado siglo.

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María, la primera guía turística de Sos

                Texto de Maribel Ilarri (nieta de María)

 

María Sanz Sánchez nació en el año 1900 en la vecina localidad de Petilla de Aragón, provincia de Navarra.

A María, los astros le depararon una vida dura. Se casó siendo casi una niña, a los 18 años, con Gregorio Morea Remón, natural de Sos, y sin cumplir los 19 ya tuvo a su primer hijo, instalándose en Sofuentes (entidad menor de Sos) con su esposo y su suegra.

Llegan años difíciles, años de hambre que hacen tomar la decisión —como a otros muchos paisanos— de partir a América buscando una vida mejor.

        Así pues, María, Gregorio, su hijo Apolonio y su suegra Alejandra toman rumbo a Argentina con la esperanza de vivir una vida digna.

        Tras un largo viaje en barco de casi un mes, recalan en Avellaneda, donde el esposo de María encuentra trabajo como conserje en el departamento de Fomento.

La vida les sonríe, se compran una casita con jardín y allí nacen cinco de sus ocho hijos.

De estos cinco hijos, dos de ellos, gemelos, fallecen allí y más tarde también la abuela Alejandra.

El clima bonaerense no sentaba muy bien a Gregorio, que enfermó, por lo que, con mucho pesar, sobre todo de María, deciden regresar al lugar del que años antes partieran. Vendieron todo lo que tenían: su casa, sus animales…, y junto a sus cuatro hijos regresan a Sofuentes.

 Vuelven con dinero. Gregorio presta parte de ese dinero a una familia para que pudieran  conservar la finca que en ese momento tenían embargada, y a cambio se instalan en una casa de esta familia. Con el dinero que les queda compran dos machos, una yegua y un carro.

Cuando estalla la guerra civil en 1936, la familia había aumentado; tenían una boca más que alimentar. Gregorio se dedica a recorrer los pueblos de la zona llevando en su carro el racionamiento. No les faltaba de nada, fueron años buenos para ellos. Cinco años después volverían a ser padres de otra niña.

Vivían felices, no les faltaba de nada, hasta que esta felicidad se truncó; Gregorio enfermó y, con tan solo 44 años, falleció, dejando a María con seis hijos; la pequeña, con apenas cuatro años.

Así fue cómo María dejó Sofuentes y se trasladó a Sos para que sus hijos mayores y los no tan mayores buscasen un trabajo para poder salir adelante.

Después de muchas penurias, lavando en las fuentes para la gente pudiente —con aquellos fríos de rigor—, cosiendo sacos para la harinera, etc., un buen día un empleado del ayuntamiento, el señor Santiago Garrido —al que ella siempre estuvo agradecida—, le pidió que enseñara la casa natal de Fernando el Católico —que para entonces ya se había terminado de restaurar— a toda la gente que viniera a Sos. Al principio, a María esto le pareció una barbaridad. ¿Qué iba a contar ella si no sabía nada de historia? —le comentaba al Sr. Garrido.

Primer folleto turístico de Sos
            Don Santiago le dijo que él le diría lo que tenía que decir y, tras un tira y afloja, la convenció. Le entregó la llave del palacio y desde el Ayuntamiento le ofrecieron unos folletos sobre Sos que debía vender. Por supuesto, ella no cobraba nada; su sueldo serían las propinas que los visitantes le dieran y una pequeña parte que el Ayuntamiento le daría de la venta de los folletos.

 No os podéis imaginar el empeño que puso María para que este proyecto saliera adelante. La Sra. María cuidó del Palacio de Sada durante 25 años mucho mejor que si de su propia casa se tratase, pudiendo asegurar que una gran parte de visitantes, por no decir todos, se fueron de Sos con el mencionado folleto.

         Entre sus anécdotas hay que mencionar cuánto le incomodaba el que algún navarro le dijera que Fernando el Católico no había nacido en Sos, sino que había nacido en Sangüesa y que era navarro; a lo que ella contestaba que, “si Fernando el Católico era navarro, San Francisco Javier es aragonés, que había nacido en Undués de Lerda y ahora se creen ustedes que es navarro y lo tienen en Javier, pues mire usted, el uno por el otro”.

         En aquella época, años 70, en el patio del palacio se colocó un busto de Fernando el Católico realizado por Juan Modrego, escultor, natural de Sos y afincado en Madrid, y que todavía puede verse en el patio(ver). Fue un regalo que este sosiense hizo a su pueblo y el Ayuntamiento decidió colocarlo en la casa donde había venido al mundo el rey Fernando. Cuando el visitante accedía al patio, ella les preguntaba de dónde venían y seguidamente les mostraba la estatua del rey Fernando y les decía: “este es el rey que nació acá”. (María todavía conservaba y se le “escapaba” alguna palabra o giro gramatical argentino).  Y así comenzaba la visita a la casa de los Sada.

 En la primera sala, subiendo la escalera a la derecha, se podían ver varios documentos y sellos antiguos, copias de los originales, entre los que se encontraba una copia de la carta que el rey don Juan II envió a Alcira (Valencia), comunicando que había nacido su hijo.

         Siguiendo la escalera y llegando al siguiente rellano, una puerta daba acceso a la parte posterior del palacio, donde se encuentra el pozo, lugar que María adornaba con abundantes macetas de flores, para que el visitante lo viese bonito. Cuatro escaleras más arriba, a la derecha, la antesala de la sala de banderas, una antesala muy austera con algún cuadro en la pared, entre los que destacaba la boda de los Reyes Católicos en Valladolid. Una puerta de dos hojas en el centro de la sala daba acceso al gran salón de la casa, la sala de banderas. En ella, colgadas alrededor de la sala, todas las banderas de Hispanoamérica y, presidiendo la sala, las banderas de España y de Sos.

         Lo que todo visitante quería ver era la habitación donde se dice que nació Fernando el Católico. Una placa de cerámica blanca y azul colocada en la pared daba razón de dicho acontecimiento. En ella se podía leer: “Habitación en que nació Fernando el católico”. Una mesa, unas pocas sillas y una alcoba en la que se podía ver una cama con unas cuerdas, a modo de somier, era todo lo que allí había.

         Para finalizar la visita guardaba la joya del palacio: la capilla de San Martín, del siglo XIII, adosada a la casa.

Otras anécdotas

        La Sra. María estaba dispuesta a enseñar el palacio a cualquier hora del día. Eran muchos los que llamaban a la puerta de su casa, incluso cuando estaba comiendo, y dejaba la comida en el plato para atender al visitante. Su entrega era total.

    Por allí pasaron políticos de la época, periodistas, como José María García, catedráticos de universidad y un sinfín de gente que se llevó de Sos la imagen de una amable mujer.

        No fueron pocos los que, en una posterior visita se acercaron a su casa preguntando por la señora María, incluso después de haber fallecido.

        Tanto fue el afán y la dedicación que María mostró por su trabajo y su pueblo que hasta los altos cargos se saltaban el protocolo institucional o municipal y enviaban instrucciones protocolarias a la misma María en vez de mandarlas, siguiendo el procedimiento reglamentario, al Ayuntamiento de la Villa. Es lo que ocurrió el 13 de enero de 1972, fecha en la que María recibió una carta personal del Administrador General del Instituto de Cultura Hispánica, Luis Sánchez Belda —quien había visitado con anterioridad con su familia el Palacio de Sada—referente a un asunto muy delicado, pues observó algunas irregularidades ptocolarias en la colocación y ubicación de las banderas hispanoamericanas en la sala de las banderas del Palacio.

                  Carta del Administrador General del Instituto de Cultura Hispánica a María Sanz
             

         En la carta le explicaba a María con todo detalle cómo y en qué postura debían estar colocadas las banderas, así como el orden que debían llevar para evitar posibles suspicacias o complicaciones con los nacionales de cada país o con sus embajadores; instrucciones que María cumplió a rajatabla.

          Doña María  Sanz Sánchez siguió enseñando el Palacio de Sada, “su casa”, hasta su muerte. En noviembre de 1985 cayó enferma, falleciendo seis meses después, en abril de 1986.

        El Ayuntamiento de Sos del Rey Católico colocó en el Palacio de Sada una placa en su honor como reconocimiento y agradecimiento a la insigne labor desempeñada por María Sanz durante más de 25 años.

        Para terminar, Maribel, su nieta, sentencia: “Tengo que decir con orgullo, que mi abuela fue una embajadora de Sos y de Fernando el Católico y que trató a todos los que visitaron la cuna del Rey Fernando con cariño, amabilidad y respeto”. (Los sosienses y muchísima gente fueron testigos de ello).



[1] También puedes leer este artículo en el nº 5 de la revista SOPICONA de la Asociación TANTO MONTA. (Enero de 2026)

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               Tras la restauración de Sos del Rey Católico, a partir de mediados del pasado siglo, la Villa iniciaba con gran ilusión su arriesgada apuesta por el turismo como nuevo motor económico del pueblo. Doña María Sanz Sánchez se convirtió así en la primera guía turística de la Villa, mostrando y explicando a los visitantes durante 25 años el Palacio de Sada. La ilusión, dedicación, entrega, y la peculiar forma con que María desempeñaba su trabajo, la convirtió en todo un referente en su cometido, siendo requeridos sus servicios, como ha dicho su nieta, incluso hasta después de fallecer.

                Es de reconocer, pues, en primer lugar, la fortaleza que mostró Doña María en la primera etapa de su vida, luchando contra las adversidades, y la aportación y el impulso que, con total dedicación y entusiasmo, supo dar al floreciente turismo de la Villa de Sos con sus reconocidos  servicios de guía turística durante la segunda etapa de su vida. Como hemos dicho al principio, todo un ejemplo de lucha, fortaleza, amor y entrega por su pueblo.

 

 

 


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