domingo, 3 de enero de 2021

RECLINATORIOS

 

Reclinatorio en la ermita de Santa María de Barués. (Sos del Rey Católico)

El reclinatorio (del latín reclinatorium) es un pequeño mueble litúrgico de uso privado que se usaba en las iglesias, capillas o casas particulares para reclinarse sobre él y orar. Tienen el aspecto de una silla baja en cuya base se apoyan las rodillas y un pasamanos o atril en la parte superior para apoyar los brazos o mantener abierto el misal.

Aunque hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX su uso era frecuente en las iglesias, actualmente apenas se utilizan; pero todavía podemos ver alguno olvidado o abandonado en algún trastero, en la falsa de alguna casa o en alguna cerrada ermita donde apenas se celebran oficios, o se abren una vez al año, como sucede en la ermita de Santa María de Barués.

El origen del reclinatorio se remonta al siglo XV y era un objeto muy utilizado por la nobleza y la élite de la sociedad en sus propias casas o palacios, donde cumplían con sus deberes religiosos cuando acudía a la casa algún representante de la Iglesia. De esta forma evitaban acudir personalmente a la iglesia y mezclarse con las gentes de clases inferiores.

Reclinatorio. Santa María de Barués
 (Sos del Rey Católico)

         Para la élite de la sociedad de la Edad Media se convirtió en el mueble eclesiástico por excelencia, y por ello los propietarios de reclinatorios no reparaban en gastos a la hora de encargar la fabricación de una de estas piezas. Dependiendo del poder económico de cada uno, los reclinatorios se mandaban realizar de las más diversas formas y tamaños, con maderas nobles o ricos materiales, dotados de los más excelentes materiales textiles e incluso adornados con piedras preciosas.

Los reclinatorios más modestos, para la gente humilde, se fabricaban con madera corriente y  la base realizada por un trenzado de enea sobre el que se solía colocar una pequeña almohada o cojín para apoyar las rodillas y así evitar que se "marcara" en ellas el trenzado vegetal de la base, como estos que podemos ver en la ermita de Santa María de Barués.

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