sábado, 7 de noviembre de 2020

UN SELLO DE LOS REYES CATOLICOS

Reproducción del reverso de un sello de los Reyes Católicos.
Hermanas de la Caridad, en Sos del Rey Católico.

 

En el vestíbulo del edificio que ocuparon las Hermanas de la Caridad en Sos del Rey Católico, se halla, enmarcado en cristal y con forma circular, un dibujo representativo de la figura de Fernando el Católico montado a caballo y circundado  con la leyenda “FERDINANDUS DEI GRACIA REX CASTELE LEGIONIS ARAGONUM ET SEC” (Fernando, por la gracia de Dios, Rey de Castilla, León, Aragón y Sicilia).Se trata de una representación, a gran escala, del reverso de uno de los varios sellos que usaron los Reyas Católicos para autentificar la emisión de documentos.

Los sellos, también llamados timbres, son instrumentos (cuños, troqueles, tampón) con palabras o imágenes grabadas que, tras la impregnación en tinta, se plasma sobre papel el dibujo o texto grabado en el cuño; aunque también se llama sello al resultado de esta impresión. Actualmente los cuños se fabrican de caucho, aunque existen también de otros materiales, y se usan para dar validez a determinados documentos, tanto públicos u oficiales como privados.

Los sellos se han usado desde siempre, remontándose su empleo a las antiguas civilizaciones de la Mesopotamia y el Antiguo Egipto, pero los materiales con los que estaban fabricados los cuños han ido cambiando en el transcurso de las centurias (piedra, arcilla, madera, hierro, metales…), igual que el material sobre el que se estampaban (cera, plomo, lacre, oblea, creta asiática…), por lo cual, más que imprimir, se estampaba, por la presión que se ejercía con el cuño sobre una superficie de material maleable.

En la Edad Media era muy habitual que reyes, nobles y figuras relevantes, usaran los sellos para certificar sus documentos, dejando constancia de que eran ellos, personalmente, quienes los avalaban. Era la “marca” de autenticidad del emisor; por eso, el molde, o troquel con el que se estampaban, era un tesoro que había que guardar escrupulosamente. De ahí que en la corte existiera la figura del “canciller del sello real”, cuya misión era guardar celosamente el molde y aplicarlo en la documentación que correspondiera.

Bula papal "pendiente" de Pío IV, con vínculos
                     
                  Desde mediados del siglo VI se venía    usando el sello de cera. También en el siglo VI, en    la   cancillería imperial de Bizancio, empiezan a utilizarse sellos de plomo, confeccionados a partir  de  bulas (del latín bulla: bola, burbuja) de plomo y de aquí se difunde entre obispos y poderes eclesiásticos. Por este motivo, los documentos pontificios que tratan materias de fe, asuntos administrativos o judiciales,  o concesión de   ciertos privilegios, sellados con bolas de plomo, reciben el nombre de  bula papal o bula pontificia. Y es a partir de Carlomagno cuando se empezó a usar también la bula de plomo en las cancillerías reales, y a partir  del siglo XII se usó, igualmente, el sello pendiente o “colgado”, llamado así porque del  pergamino colgaban unas cintas confeccionadas con hilo de seda, llamadas vínculos, cuyos extremos quedaban incluidos en  el cuerpo del sello.

Con bula de plomo  selló Pedro II el “Católico” documentos del año 1210 relativos al Temple, y con bula de plomo se sellaron las confirmaciones del privilegio “de la Unión” de los reinos de Aragón y Valencia en 1284 y otros muchos documentos históricos de Papas y monarcas posteriores en el tiempo.

Los Reyes Católicos también usaron bulas de plomo en sellos, que fueron modificando el troquel, en cuanto a tamaño, forma y contenido, conforme se sucedían los diversos acontecimientos políticos e históricos. Concretamente, este sello que vemos representado en el edificio de las Hermanas de la Caridad en Sos corresponde a la etapa de la Unión de Castilla y Aragón, sello que modificarían posteriormente, tras la conquista de Granada, en el que se añadió en la leyenda el título de rey de Granada, además de otros cambios.

Anverso y reverso del sello de los Reyes Católicos.
1481. A.H.N. Madrid.
              
             En un principio, Fernando de Aragón aparecía en los sellos como imagen regia; figura sedente, como rey-caudillo, acompañado de distintos símbolos de realeza y poder: en trono gótico y vistiendo las galas cortesanas conforme a su dignidad, capa y corona (soberanía), cetro (legitimidad del cargo, autoridad real, administrador de justicia y continuidad dinástica), globo terráqueo (autoridad sobre sus dominios). En este caso lo hace ya montado a caballo, coronado, armado con escudo y espada desenvainada (fuerza), como guerrero en la lucha y conquista por los territorios, por preservarlos e incluso acrecentarlos, luciendo tanto en el escudo como en las gualdrapas del caballo los escudos de armas de Castilla, León, Aragón y Sicilia (sus dominios territoriales), de la misma forma que como lo hacían las efigies reales en las representaciones iconográficas de la Edad Media. Este que vemos en la villa de Sos es idéntico a un sello de plomo de 1481 conservado en el A.H.N. en Madrid.

Reproducción del anverso del sello de
 los Reyes Católicos
              
                    Pero hay que decir que este sello corresponde a uno de doble impronta, por lo que en la otra cara del sello, en el anverso o cara principal, estaría la reina Isabel, también coronada, sentada en un trono gótico, portando el cetro y el globo terráqueo y con los mismos escudos de armas que aparecen en el lado de su esposo Fernando, circundado con la leyenda: “HELISABET DEI GRACIA REGINA CASTELLE LEGIONIS ARAGONUM ET SECILIE”. Un sello tal y como correspondía a la idea tradicional de “unidad nacional” y de poder real que ambos monarcas trataron de publicitar en todo tipo de manifestaciones artísticas (arquitectura, literatura, heráldica, numismática, obras miniadas...) y, por supuesto, en los sellos[1].


        El hecho que la reina Isabel figure en el anverso del sello y D. Fernando en el reverso corresponde al cumplimiento dictado en la Concordia de Segovia en 1475 sobre los derechos de la reina y su marido sobre la sucesión y gobierno de Castilla.
        Los Reyes Católicos usaban el sello de plomo para sellar privilegios rodados, cartas de privilegio y de confirmación y privilegio, ejecutorias y sentencias de las reales chancillerías.

Según el historiador y Director del Archivo de la Corona de Aragón, Rafael Conde, el último uso en España de plomo para sellar es de 1702, del monarca Felipe V[2]. A partir de entonces, los Borbones introducirán la costumbre de plasmar sus sellos de cera o lacre directamente sobre el pergamino, o papel.

 La sigilografía es la disciplina que analiza y estudia estos sellos, extrayendo de los mismos información relativa a las costumbres, la política, la historia y el arte de cada época, pues en ellos se plasman cuestiones propias de su tiempo en los documentos en los que se aplican. Una valiosísima información añadida para historiadores e investigadores.



[1] Carrasco Lazareno, Mª Teresa. “El sello real en Castilla: tipos y usos del sellado en la legislación y en la práctica documental (siglos XII al XV)”. De sellos y blasones. Juan Carlos Galende Díaz (Coord.) pp.64-65.

[2] Conde y Delgado de Molina, Rafael. “La bula de plomo de los reyes de Aragón y la cruz “de Alcoraz”. Emblemata, XI, p. 79.





BIBLIOGRAFÍA


-CARRASCO LAZARENO, MARÍA TERESA. “El sello real en Castilla: tipos y usos del sellado en la legislación y en la práctica documental (siglos XII al XV)”. De sellos y blasones, pp. 63-169. Juan Carlos Galende Díaz (Coord.). U.C.M. Madrid, 2012.   

-CONDE Y DELGADO DE MOLINA, RAFAEL. “La bula de plomo de los reyes de Aragón y la cruz “de Alcoraz”. Emblemata. Revista Aragonesa de Emblemática, nº XI, pp. 59-82.  I.F.C. (C.S.I.C.) D.P.Z. Zaragoza, 2005.

-MORTE GARCÍA, CARMEN. “La imagen de Fernando el Católico en el arte: el tiempo vivido y el tiempo recreado (1452-1700)”, en La imagen de Fernando el Católico en la Historia, la Literatura y el Arte, pp.279-374. I.F.C, (C.S.I.C.). Zaragoza, 2014.

En la web:

-Blog de Herrera Casado. Rumbo Guadalajara. “Los sellos medievales” (1 marzo, 1975).





No hay comentarios:

Publicar un comentario