sábado, 16 de julio de 2016

LOS CASTILLOS EN LA EDAD MEDIA


En las primeras décadas del siglo X apareció, entre el Loira y el Rin, un tipo de fortificación al que los documentos dan el nombre de “castillo”. El fenómeno se extendió por todo occidente a lo largo del siglo XI. La torre y el castillo de frontera se convirtieron en un elemento clave para la estructuración de los nuevos territorios.



Torre de Añués, en la frontera con Navarra
             Estas construcciones aportaban seguridad en las fronteras con su función defensiva y llegaban a ser núcleos de colonización y repoblación gracias a su función de hábitat. No obstante este tipo de fortificaciones estaba condicionado por diversos motivos, como a las exigencias bélicas del momento, al medio físico de su asentamiento, al sistema de recluta y formación de tropas, al tipo y eficacia de las armas usadas, a la modalidad de la guerra ofensiva y defensiva, etc… e incluso a la intencionalidad de su constructor.
En la zona de Ribagorza y Cataluña se han localizado una serie de torres circulares que constituyen una muestra arquitectónica de primer orden dentro del románico de Europa occidental. Sus muros, construidos con un aparejo pequeño unido con argamasa, tenían en la base un espesor superior al metro y medio y podían alcanzar una altura considerable. Carecían de todo tipo de decoración parietal; la puerta de entrada, a la que se accedía por un puente de madera, estaba a una altura comprendida entre los cinco y diez metros y las ventanas se encontraban en la zona superior.  En su interior las torres estaban divididas en diferentes plantas. Al interior, normalmente cubierto con bóveda o cúpula, se accedía desde el exterior a través de una trampilla; las plantas superiores, dos o tres, estaban formadas por suelos planos de envigados de madera. A veces la planta superior volvía a estar cubierta con una bóveda por dentro y se coronaba con un tejado al exterior.
 En el siglo XII los castillos, hasta entonces presa fácil de incendios por estar construidos de madera, se empezaron a edificar con piedra al mismo tiempo que se ampliaban considerablemente sus dimensiones. Cuando el área donde se asentaban las torres de vigilancia dejó de ser fronteriza, éstas fueron abandonadas o se convirtieron paulatinamente en castillos de residencia.
Torre del homenaje. Castillo de Sos del Rey Católico
De las torres circulares de madera de origen carolingio se pasó a las torres cúbicas o prismáticas de piedra que servían para proteger villas, monasterios y poblados. En este marco tipológico fue donde irrumpieron las torres circulares, provocando que algunas rectangulares, de construcción anterior, se adaptaran a la grata forma circular por su mejor adecuación a las funciones de guarda y defensa. Debido a su carácter aislado, hemos de suponer que las torres circulares existían como puntos avanzados de castillos, a los cuales avisaban mediante señales en caso de peligro. Para esta función fueron concebidas en sus inicios y no como vivienda, aunque tenían en ellas los elementos esenciales de la torre maestra de habitación románica.



Sos del Rey Católico, edificado en lo alto de un cerro






         El elemento fundamental del castillo es la “mota”, montículo o loma artificial de tierra, ya que su función, sin dejar de ser residencial, es ante todo defensiva, y su emplazamiento debe ser acorde con esta intención, razón por la cual normalmente se encuentra en lugares elevados. A veces es rodeado en su base por un foso rematado por una empalizada de madera. Bajo este precepto el castillo puede ser de pequeñas dimensiones, habitado por un guardia que da aviso ante un peligro inminente, o de grandes dimensiones, alojando guarniciones del ejército para que se lancen a la reconquista. En este caso, en la cima aplanada se levantaba una torre cuadrangular de madera, o “torre del homenaje”, a la que se accedía mediante una escalera que conducía a una sola puerta. Las dimensiones del montículo eran modestas: 15 metros de altura por 30 metros de diámetro en la base; la superficie cercada apenas superaba media hectárea. Al lado se encontraba el corral o albacara, protegido por un talud de tierra y cercado por una empalizada. En el castillo habitaban los caballeros, cuya misión era la de combatir. En los alrededores del castillo vivían los campesinos sometidos al dominio señorial: además de trabajar las tierras del señor, le pagaban censos y, si la ocasión lo requería, tenían que combatir por él y podían refugiarse en el recinto del castillo en caso de peligro.
 
Castillo de Sos del Rey Católico
    Pero el castillo es también conocido como residencia del señor; consecuentemente su estructura y distribución deben responder a las necesidades de alojamiento y recepción. Aún existen otras funciones que se atribuyen al castillo durante la Edad Media, como el hecho de ser el centro administrativo de una región o el núcleo de una explotación agrícola. Normalmente la construcción de un castillo era prerrogativa o propósito del príncipe. Sin embargo, durante el siglo XII estas construcciones, que eran símbolo de poder, fueron motivo de codicia, lucha e insubordinación. Soberanos y señores feudales no hicieron prevalecer sus derechos en materia de fortificación más que a la fuerza.
La relación existente entre un castillo y el asentamiento de un grupo poblacional estable, pueblo o ciudad, es muy estrecha; aunque sea muy difícil de determinar cuál de los dos motivó el nacimiento del otro, dependiendo siempre de los casos individuales.
Normalmente el castillo sustituye a un núcleo más antiguo, por lo que se instala en el centro de la explotación y de las casas que lo constituían. En otras ocasiones busca el resguardo de un monasterio vecino, pero con más frecuencia aún es el emplazamiento del castillo el que provoca el surgimiento de un hábitat, a través de su necesidad de abastecimiento, agrupándose las casas en función del terreno que lo rodea, bien en el interior o en el exterior de un primer o segundo perímetro de murallas. Sos del Rey Católico es un claro ejemplo de éste último caso, donde las casas se fueron construyendo alrededor del castillo.(ver urbanismo ciudad medieval)
La evolución tipológica de los castillos depende de cada reino cristiano, de la propia función desempeñada por éste y de la situación político-social en la que se encuentra cada uno de los reinos.
En el caso de Sos es probable que la demarcación territorial a través de castillos ya existiera desde el siglo XI y principios del X.
Torreón circular. Castillo de Sos del Rey Católico

Los reinos y los estados cristianos de la península ibérica fueron el resultado de un continuo proceso de reconquista contra los dominios musulmanes. En los territorios fronterizos se produjo progresivamente una militarización de la población, tanto por parte musulmana como cristiana, en la cual las fortificaciones y los castillos jugaron un papel esencial.
En el siglo X, desde las Cinco Villas hasta el valle del rio Segre, musulmanes y cristianos se encontraban separados entre sí por una estrecha franja neutral que oscilaba entre 4 y 8 kilometros, jalonada de fortificaciones a ambos lados, como si se tratara del más enconado de los frentes militares modernos. Esta línea de castillos que partía de Eramprunya atravesaba los condados catalanes, las actuales tierras de Aragón y el reino de Pamplona-Nájera perdiéndose en la lejanía en el reino de Castilla y León sin que hubiera entre unos castillos y otros la menor fisura que permitiera la irrupción por ella de los ejércitos musulmanes.(ver fortificaciones)
                  La frontera septentrional del Islam frente a la cristiandad en el espacio geográfico más próximo a las Cinco Villas debía estar formada por la siguiente línea de ciudades y castillos musulmanes; Calahorra, Falces, Olite, Caparroso, Rada, Carcastillo, Valtierra, Arguedas, Sádaba, Biota, Malpica de Arba, Yequera, Agüero y Murillo de Gállego (estas dos últimas cambiaron varias veces de manos) Ayerbe, Bolea, Puibolea, y la fortaleza de Peña de Sen (Huesca), Alcalá de Gurrea y Tauste.









BIBLIOGRAFÍA

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