sábado, 17 de julio de 2021

¿SE CONSTRUYÓ LA CRIPTA DE SANTA MARÍA DEL PERDÓN SOBRE UN TEMPLO ANTERIOR? (II) LOS VISIGIDOS

 

En un post anterior vimos cómo la cripta de Santa María del Perdón podría estar asentada sobre un terreno donde inicialmente se levantó un templo pagano, cristianizado poco tiempo después (ver). Evidentemente no existen restos arqueológicos que lo confirmen, tan sólo disponemos de la certeza histórica de la romanización del lugar, el hallazgo de unos restos óseos incinerados procedentes de un enterramiento romano y el recuerdo toponímico sobre Feliciana, datos insuficientes para aseverar fehacientemente este hecho, pero no por ello disparatado si tenemos en cuenta otros vestigios que van apareciendo y que nos inducen a dar cada vez más credibilidad al hecho que la iglesia baja de Sos fue edificada sobre templos anteriores en el tiempo, circunstancia, por otra parte, muy común en muchas iglesias actuales. Sin ir más lejos, la catedral de La Seo de Zaragoza fue en sus orígenes, también, un templo romano, cristianizado desde el siglo III; con la llegada de los visigodos fue sede episcopal con una catedral dedicada a San Vicente; mezquita mayor en el siglo VIII con la llegada de los musulmanes y finalmente, tras la reconquista de la ciudad en el siglo XII, se convertiría en la iglesia cristiana más importante de la ciudad.


 Los pueblos germánicos empezaron a establecerse en Hispania a principios del siglo V, pero fue a inicios del siglo VI cuando se produjo el asentamiento masivo de la población visigoda. Con los germanos puede decirse que la cultura y civilización romanas no fueron interrumpidas, y que el mundo visigodo es una continuidad del tardorromano.

En los dos siglos de presencia visigoda en la Península el arte siguió los vaivenes de la situación política y religiosa, pudiendo dividirse en dos períodos bien diferenciados: el arriano (507-586) y el católico, desde la conversión al catolicismo de Recaredo hasta la llegada de los musulmanes (586-711). Durante el primero, los visigodos, sin tradición arquitectónica propia y muy tolerantes, permitieron a los hispanorromanos construir sus iglesias y fundar sus monasterios, pues su actividad artística se concentró en los objetos de uso y adorno personal.

Por otra parte, sabemos que ya existían obispados. El obispado de Pamplona se documenta por primera vez entre las  sedes  católicas  asistentes  al  III  concilio  de  Toledo  (589)  y tres años más tarde en el II de Zaragoza (592), que prosigue en el marco provincial la tarea de  erradicación  del  arrianismo.

La unidad política y religiosa en el 589 (III Concilio de Toledo) supuso el desarrollo de un arte con un lenguaje propio, apreciable en muchos monumentos del siglo VII y principios del VIII, si bien todavía estuvo marcado por la influencia paleocristiana y en algunos aspectos por la bizantina, siendo el empleo del arco de herradura una de sus aportaciones más notables (aunque éste ya era patente en época arriana). Generalmente este arco de herradura exhibía un peralte aproximado de un tercio del radio. En cuanto al aspecto decorativo, la ornamentación geométrica fue muy utilizada para decorar muros, frisos, cornisas o cimacios.

Precisamente, estas dos características (arco de herradura y ornamentación geométrica) son las que vamos a encontrar en la cripta de Sos del Rey Católico y ambas, como veremos, no ofrecen duda alguna de ser anteriores al  siglo XI.

Los historiadores dicen que el arco de herradura lo trajeron a Hispania los bizantinos cuando éstos se asentaron en el Levante a su llegada a la Península en el año 552, aunque ya lo conocían los romanos debido a sus incursiones y asentamientos en Oriente. Los visigodos lo copiaron y fueron quienes le dieron un fuerte impulso. De los visigodos pasó al arte hispanomusulmán, al prerrománico, al mozárabe y al románico.

El arco de herradura visigodo se caracteriza por tener rectos los salmeres en el trasdós y con vuelo en el intradós; la prolongación de la curva del arco no suele sobrepasar el tercio del radio; arranca del ábaco y ensancha progresivamente su luz hasta la mitad de su altura, rebasando el intercolumnio; a partir de aquí es igual que al arco de medio punto. (ver en el glosario los términos arquitectónicos)



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2.- A ambos lados de la embocadura del ábside central de la cripta de Santa María del Perdón, en Sos del Rey Católico, encontramos dos columnas de fuste corto que, por medio de sendos capiteles extraordinariamente tallados y atribuidos al maestro Esteban, dan apeo a unos arcos formeros peraltados. Si observamos detenidamente el salmer del arco del lado del evangelio (el que apoya sobre el capitel de las “aves picándose las patas”), veremos que la curvatura del arco y su prolongación no guarda su trayectoria natural, sino que hace un efecto “antinatural”, dando la impresión de que “algo” no está bien colocado, de estar como "desviado" ligeramente. La respuesta es que este salmer está invertido, viéndose con claridad que en un principio, y en su original posición, daba forma a un arco de herradura. Con posterioridad a su inicial colocación el arco se desmontó y, al montarlo de nuevo, se puso esta piedra al revés para eliminar el arco de herradura y convertirlo en arco de medio punto. No se puso el salmer al revés por error, se colocó así a propósito. Sin duda, el maestro constructor se quiso ahorrar el tallar una nueva dovela, así que…invirtió la que había. Una pequeña “chapucilla” que apenas se nota, donde el efecto óptico del medio punto está casi logrado, pasando inadvertido a primera vista; sin embargo, el maestro no consiguió ocultar el "apaño" ante los avezados ojos de observadores e investigadores postreros.

                  Desconocemos si, originariamente, este salmer formó parte del mismo arco en el que ahora se encuentra pero, independientemente de esta circunstancia, lo que demuestra es que antes de la construcción del templo tal y como hoy lo vemos, o bien se desmontó y reconstruyó el arco ya existente o bien existió otra estructura que usó el arco de herradura en alguno de sus elementos constructivos y posteriormente, tras una reconstrucción, se utilizó la piedra para incluirla en este arco, invirtiéndola e intentando “eliminar” así cualquier vestigio arquitectónico anterior, bien sea visigótico o mozárabe, adaptándolo a la nueva corriente  prerrománica, caracterizada, además, por la reutilización de edificios anteriores, así como sus sillares y otros elementos arquitectónicos o estructurales.

Pero aún hay más. Al pie de uno de los robustos pilares cilíndricos que separan las naves, concretamente en el situado al lado del evangelio y en su parte frontal (frente a los ábsides)  y justo en el primer sillar que arranca del suelo, haciendo de base, hay tallado un dibujo representando una flor de seis pétalos seguida de una clásica cenefa entrelazada que se corta en la junta con el siguiente sillar, sugiriendo claramente que el dibujo está incompleto.

 Estos elementos ornamentales de decoración geométrica, roleos, trenzados, etc… como antes se ha dicho, son muy usados en la decoración tardorromana. Ejemplos muy similares al de la cripta de Sos del Rey Católico los podemos encontrar en el parque arqueológico de Segóbriga, ubicado en el cerro de Cabeza del Griego en la localidad de Saelices (Cuenca).

El hecho de que parezca que este adorno esté incompleto es porque, evidentemente, faltan uno o más sillares que darían continuidad a la cenefa, lo que nos hace pensar que este sillar fue reutilizado y reubicado en este pedestal procedente de alguna otra estructura anterior. Pero hay un detalle que nos ratifica rotundamente este hecho.          

 Si nos fijamos bien, bajo la cenefa, y prácticamente a ras del suelo, en la esquina inferior derecha del sillar, aparece una inscripción latina, también incompleta por la falta del sillar o sillares contiguos antes referidos, casi ilegible, pero que en sus últimas letras puede leerse perfectamente la declinación “…DEI” (a Dios). Se podría pensar que esta inscripción pudiera ser un graffiti, inscrito tras la construcción del pilar, pero un curioso detalle no deja lugar a dudas que es original y coetáneo con el resto del dibujo y, lo más importante, que el sillar fue reutilizado de una anterior ubicación, pues se instaló invertido, y el lugar que ocupa la inscripción, exactamente junto al suelo, hace que sea totalmente imposible poder grabar nada tras la colocación de la piedra, con la dificultad añadida, al estar invertido el sillar, de estar también invertida su grafía, por lo que no hay lugar a dudas que fue recolocado allí. 

Si lo giramos y lo ponemos en su correcta posición leeríamos bien la grafía (terminada en “DEI”) y la roseta de seis pétalos sería el adorno que figuraría como remate final de la cenefa, pues se aprecia claramente que tras ella no existe continuidad alguna de dibujo; sin embargo, donde sí le faltaría continuidad  ahora, por su lado izquierdo, sería a la cenefa que, por lógica ornamental y simetría, seguiría uno o más sillares hasta finalizar, probablemente, en otra roseta hexapétala igual a la vemos ahora. 


            Por otra parte, las características de la talla del sillar, en bajo relieve, casi plano, con la técnica de bisel, muy extendida en el arte visigodo, lo excluye claramente del mundo romano, cuyos relieves esculpidos son mucho más volumétricos.

Todo esto nos sugiere inequívocamente que dicho sillar, junto a otros que darían continuidad tanto a la cenefa como a la inscripción, formaría parte de algún dintel, cornisa, parte de muro o de otro elemento estructural de una edificación anterior, dedicada a Dios, y reubicado con posterioridad en este pilar cilíndrico como base del mismo y que daría sustento, posteriormente, a la edificación de un nuevo templo.

Estos pequeños indicios arquitectónicos que hemos visto nos remiten, sin duda alguna, a una cronología y técnicas tardorromanas que se han tratado sin la mayor atención o, simplemente, nunca se han tratado o no han sido contextualizados, probablemente por la generalizada idea de la escasa o nula presencia visigoda en la zona debido a la falta de documentación, restando valor a estos indicios.

 Pero todavía hay más.(Continuación)

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

-DE PALOL, PEDRO.  Arte hispánico de la época visigoda. Ed. Polígrafa. Barcelona, 1968.

-GALTIER MARTÍ, FERNANDO. “Las grandes líneas del arte prerrománico aragonés”, Rev. Artigrama, nº 8-9, pp. 259-280. Dpto. de Historia del Arte. Universidad de Zaragoza, 1991-1992.

-LÓPEZ QUIROGA, JORGE. Arqueología del hábitat rural en la Península Ibérica ( Siglos V - X). La Ergastula Ediciones. Madrid, 2011.

-TABOADA, ROGELIO. “Capitel de Santa María del Perdón”. Sangüesa siempre. Apéndices históricos, pp-15-32. . Ediciones RT. Sangüesa (Navarra), 2016.

-Historia del Arte Español. Tomo II. Imperio y religión. Del mundo romano al prerrománico. Planeta. Barcelona, 1997.

En la web:

-www.charlarte.com. Escultura visigoda

-www.glosarioarquitectonico.com. Arco de herradura romanovisigodo


 

 


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