domingo, 19 de julio de 2015

TROPAS EN SOS DURANTE LA PRIMERA GUERRA CARLISTA


En 1832 el rey Fernando VII promulgó la Pragmática Sanción, derogando la Ley Sálica que impedía reinar a las mujeres, abriendo de esta manera la sucesión al trono a su hija Isabel, en detrimento de su hermano Carlos María Isidro, el cual encabezó una sublevación contra su sobrina que condujo al país a una guerra civil adormecida y reavivada periódicamente a lo largo del siglo XIX bajo la forma de tres Guerras Carlistas en defensa de los derechos al trono de una segunda rama dinástica de los Borbones.
 Las principales operaciones militares de la primera guerra carlista tienen lugar en el País Vasco, Navarra, Cataluña y en el Maestrazgo. El trasvase de tropas entre el norte y Cataluña hace que existan partidas, o cuerpos militares, de paso por el territorio aragonés y por Sos, que en cualquier momento pueden ocasionar enfrentamientos con los liberales, o la conquista de núcleos de población obligando a sus habitantes a rechazar la nueva Constitución.
La población de Sos, al igual que la mayoría de las poblaciones de las Cinco Villas, se inclinó a favor de Isabel. A principios del año 1834 se celebra en Sos “con la mayor pompa, la proclamación de nuestra augusta Reina Doña Isabel II como Soberana de las Españas”[1] Es por esto por lo que la villa sufrió varias incursiones de partidas carlistas de la vecina y foralista Navarra, saqueando las tropas de don Carlos las casas de la Villa, quemando archivos, documentos, destrozando las fortificaciones, robando, asesinando y cometiendo toda clase de fechorías. Con este panorama había que reforzar la zona de efectivos contra los rebeldes. Así, el 22 de enero de 1834, ante el temor de que dos batallones de los rebeldes navarros llegaran a Sos, procedentes de Sangüesa, se reforzó al brigadier Dn. Vicente Vargas, Gobernador de Sos, con 100 infantes del 12 de línea y 20 caballos de Borbón, que unidos a las fuerzas que tenía el Gobernador, 60 tiradores y 25 caballos de flanqueadores de Navarra, pusieron a Sos libre de todo ataque por parte de los rebeldes. Los dos batallones de rebeldes que llegaron a Sangüesa el día 21, con una caballería compuesta por 200 caballos, salieron en dirección a Tiermas y Verdún al día siguiente, el 22 de enero. Una columna de combatientes al mando del capitán Suárez partió de Sos el día anterior para juntarse con una brigada de 12 infantes y dos escuadrones de caballería que el capitán general de Aragón, Marcelino Oráa, tenía en el puente de Cáseda y en el de Gallipienzo para alcanzar al día siguiente a los rebeldes en Verdún o en sus inmediaciones. Las tropas de refuerzo que se enviaron a Sos sostuvieron un tiroteo con la retaguardia rebelde. Estos refuerzos iban al mando de sus respectivos comandantes: el ayudante Dn. José García al mando de la caballería de Borbón, y el capitán Dn. León Iriarte al mando de los flanqueadores de Navarra. El capitán General comunica que el día 26, a las siete de la tarde, fueron fusilados en Verdún seis rebeldes que había cogido, y al amanecer del día 27 seguirá hacia Burgui, desde donde el capitán Suárez regresará con su columna a Sos.[2]
Como vemos, la actividad en la villa de Sos durante la guerra y los movimientos de tropas en la misma de uno y otro bando eran constantes y seguirán siéndolo, como veremos a continuación. Así, el 8 de febrero de 1834 una columna de 900 hombres al mando del brigadier Linares se acercó a Sos para juntarse y auxiliar a otra columna dirigida por el brigadier Oráa, que desde Puente La Reina se dirigía tras los facciosos que se dispersaban hacia Elizondo, Navascués y Salvatierra.[3]
El 12 de agosto del mismo año, de nuevo el brigadier Linares estuvo en Sos dando descanso a sus tropas tras una campaña por el valle del Roncal, Hecho y Ansó.[4]
La crueldad y el hacer caso omiso de los acuerdos pactados entre ambos bandos también se dejó notar en el bando enemigo. Así, en el mes de mayo de 1834 se tiene noticia de que los rebeldes de Navarra persiguen, arrestan, destruyen, extorsionan y secuestran a vecinos de los pueblos fronterizos de Aragón, llegando a Sos y cometiendo toda clase de fechorías e intentando conseguir dinero a toda costa.[5]
El 5 de diciembre de 1834, el brigadier Linares regresó a Sos, que había sufrido otra incursión por parte de los rebeldes y el pueblo estaba aterrado por las sanguinarias y feroces actuaciones de las hordas de facciosos: “se llevaron unos 40 mozos que ya habían desertado, y los padres o parientes de los que no se han presentado”. Los carabineros que el brigadier Linares mandó a Sos, “rescataron a un vecino de Undués de Lerda que después de haberle robado los facciosos cinco duros que llevaba, lo conducían preso”; además, en la villa “se habían apoderado y llevado 8 cargas de harina; al sosiense Ramón Bornas, mercader, lo aprehendieron y piden cinco mil duros por su rescate”[6]...
Con todo este movimiento de tropas isabelinas en la villa de Sos, y dada su posición fronteriza con Navarra, no es de extrañar que también se utilizaran las instalaciones de la villa como centro de intendencia para los ejércitos combatientes. Así, en el mes de marzo de 1835, un batallón del general Aldana se quedará en Sos a la espera de otros tres batallones más, preparando los víveres y el equipo necesarios para los mismos con vistas a perseguir e ir tras los facciosos que se habían desplegado y refugiado hacia los Pirineos.[7]
Igualmente el 31 de mayo de 1838 llegaba a Sos una columna del coronel José Coba, la cual, tras ser racionada, partió hacia Urriés, donde se hallaban unos 600 facciosos navarros asolando todo por donde pasaban.[8]
El 25 de mayo de 1835 llegó a Sos una columna de 3.000 hombres que iban a incorporarse al ejército. Formaban parte de nuevos movimientos para hacer más crítica la posición de los enemigos.[9]
Al día siguiente, 26 de mayo, el capitán de lanceros de Isabel II, don Mariano Sanz, jefe de la columna del distrito, salió de Sos con su columna de infantería y caballería hacia Sangüesa, pues tenía noticia de que se hallaban allí, con todas sus fuerzas, los cabecillas facciosos Royo de San Vicente y Manolín. Decidió atacarles al amanecer, con el resultado de 9 rebeldes muertos y varios heridos, mientras que las fuerzas de Sanz sólo se saldaron con 4 heridos.[10]
A finales del mes de junio de 1835 se acercó a Sos un batallón de facciosos, teniendo que replegarse la guarnición dentro de sus murallas, con tan mala suerte que el alférez que los mandaba, Dn. Pío Salvani y su asistente, no pudieron seguir al resto y, con el fin de no ser vistos por los rebeldes, se escondieron entre unos matorrales esperando no ser descubiertos; y caso de que así fuera, el alférez siempre confiaba en la “estipulación” o convenio pactado entre ambos bandos, y pasar a ser considerados como prisioneros de guerra[11]. Se equivocó Salvani en su juicio, pues al ser descubiertos por cinco lanceros rebeldes los asesinaron a lanzazos.[12]
El 24 de julio de 1835 llegó a Sos la caballería e infantería del comandante Iriarte, que procedente de Pamplona, regresaba de una expedición en Ochagavía donde logró sorprender a varios rebeldes que en su fuga fueron muertos, haciendo entre el resto varios prisioneros.[13]
El 20 de diciembre de 1835 llegaba a Sos el general de la división auxiliar argelina con su 6º batallón y Estado Mayor. Al día siguiente un batallón de Sádaba entra en Sos y manda al resto de batallones de la villa, añadiendo 400 caballos y algunas compañías de infantería, además de la división argelina que llegara ayer, hacia Sangüesa, pues se han visto por allí movimientos de siete batallones de facciosos.[14]
El 23 de octubre de 1836 salen de Zaragoza en dirección a Sos el batallón 1º de Zaragoza, la compañía de granaderos, la 1ª de carabineros, la de cazadores y la 1ª de tiradores.[15]
El 14 de noviembre del mismo año es relevado de Sos el batallón nº 13 de Mallorca, compuesto por 1.100 soldados, por el batallón de nacionales movilizados de Zaragoza.[16]
El 9 de enero de 1838, 7 batallones de carlistas, más 4 escuadrones y algunas piezas de montaña, merodean las inmediaciones de Sos; el Gobernador dio parte a las 9 de la noche de este avistamiento ignorando la dirección que iban a tomar.[17]
 El 29 de octubre de 1838 la correspondencia oficial que tenía que llegar a Sos procedente de Zaragoza fue interceptada y quemada en Uncastillo, pues la facción navarra había invadido el mencionado municipio.[18]
A todos estos movimientos de tropas que pasaban por Sos hay que añadir el batallón de la milicia nacional nº 17 de Sos, que a finales de 1842 estaba formado por los siguientes jefes, oficiales y suboficiales:
-Brigadier primer comandante: Patricio Domínguez
-Segundo comandante: Rodrigo López de Artieda. Ayudante: Pedro Ponz
-Capitanes: Joaquín Ballario, Silverio Bueno, Joaquín Sánchez, Isidoro Gil.
-Tenientes: Nicolás Tutor, Antonio Muro, Mariano Arceiz, Basilio Asensio.
-Subtenientes: Antonio García, José Martínez.
-Sargentos: Jorge Alastruey, Antonio Gaztelu.
-Cabos y soldados: Manuel Moreno, Jorge Fuertes, Salvador Fanteva, Manuel Berjes y Francisco de Laca.
Durante el conflicto también se daban casos de colaboración con el ejército, como fue el caso del patriota Antonio Andía. Operaba por estos lugares el cabecilla faccioso Peralta, encargado de interceptar los correos de la zona. El 25 de enero el capitán León Iriarte, en el trayecto de Sos a Pamplona, custodiando la correspondencia oficial con 23 lanceros y 54 tiradores, trató de averiguar el paradero de la facción mandada por Peralta. Antonio Andía, con 7 compañeros más que se presentaron desde Olite, se adelantaron a Monreal, pueblo de dicho cabecilla, y haciéndose pasar por facciosos consiguieron un guía que los llevó hasta los rebeldes, siendo sorprendidos de esta forma por la infantería mandada por los oficiales Dn. Bernardo Echaluce y D. Santos Fidalgo, que atacaron el pueblo por diferentes puntos, haciendo huir a los rebeldes que posteriormente fueron alcanzados, escapando sólo 3 de los 20 que eran, de los que 15 fueron muertos y dos hechos prisioneros.[19]
Y, como suele ocurrir en todas las guerras, también había traidores y desertores. El 1 de junio de 1835 tres compañías carlistas se aproximaron a Sos y tiraron algunos balazos a sus murallas. Los vecinos y los vigías quisieron hacer una salida para contraatacar, pero el gobernador, que se llamaba Bayona y era natural de Aoiz, se opuso, por lo que la guarnición se amotinó llamándolo faccioso y queriéndolo asesinar.[20] El 30 de mayo de 1836 fueron fusilados en Sos, Estaban Sanz y Casimiro Cortés, quintos de Tarancón, que desertaron de sus banderas[21]
Por otra parte, los gastos ocasionados por la guerra fueron muy cuantiosos. Para solventarlos, el 7de noviembre de 1837 se publica en el Boletín Oficial de la Provincia de Zaragoza el reparto con el que los pueblos de Aragón han de participar en la Contribución Extraordinaria de Guerra decretada por las Cortes el 8 de septiembre de 1837, entre ellos Sos con la cantidad de aportación de 51.575 reales. Si tenemos en cuenta que por aquella época el jornal medio de un trabajador del campo era de 5 reales diarios, la contribución de guerra representaba 10.315 jornales. Realizando la equivalencia a un jornal medio actual, por ejemplo de 50 euros/día, nos sale que Sos pagó 515.750€ (85.813.579 pesetas), y teniendo en cuenta también que no era la primera contribución de guerra que abonaban, es de suponer que los sosienses estaban para pocas bromas, y menos para que alguien les viniera con ideologías de este o aquel calibre.
Durante la primera guerra carlista y como consecuencia de la firma del Tratado de la Cuádruple Alianza en abril de 1834, que suponía el apoyo de Francia y Gran Bretaña a los gobiernos liberales de Portugal y España en sus respectivas guerras civiles, en agosto de ese mismo año España también consiguió que Francia se comprometiera a cerrar la frontera a los carlistas. Además, en 1835 el gobierno de Martínez de la Rosa solicitó también el envío directo de tropas. Tanto franceses como británicos evitaron participar directamente en la guerra carlista y enviaron a España tropas especiales de voluntarios y los franceses su “Legión Extranjera”, tan necesarios en la guerra como indeseables, pues sus tropelías, saqueos, pillaje, borracheras, deserciones, etc... dotaron a estos legionarios de una merecidísima mala fama. Aquí cabe reseñar la noticia de un comunicado durante la contienda en la que queda reflejada la “simpatía” que se les tenía a estos “aliados”: ” Zaragoza, día 18 de octubre de 1835. Anteayer llegó a esta capital el barón de Suarce, Coronel de los dos batallones franceses que estaban en Sos, acompañado de 30 soldados. Se dice que su viaje tenía por objeto pedir dinero a nuestras autoridades y que sólo pudo conseguir la facultad o la orden de encaminar directamente sus hombres hacia Francia”[22]. Para esas fechas se encontraban en Sos una compañía de Mallorca y el batallón de Africa.[23]
La última etapa de la guerra estuvo marcada por la división ideológica del carlismo. Por un lado estaban los transacionalistas, partidarios de alcanzar un acuerdo con los liberales, y por otro lado los intransigentes, más cercanos a Don Carlos y partidarios de continuar la guerra. Maroto, general transacionalista firmó con el general liberal Espartero el Convenio de Vergara el 31 de agosto de 1839. El acuerdo establecía la negociación para el mantenimiento de los Fueros en las provincias vascas y Navarra y la integración de los oficiales en el Ejército Real. Uniicamente las partidas carlistas de Cabrera resistían en el Maestrazgo en una guerra ya perdida hasta su total derrota en 1840.
El conflicto bélico acabó en 1839, pero el carlismo y su defensa de los valores tradicionales del Antiguo Régimen estaban sólamente dormidos. Volverían a despertar en 1848 con la segunda guerra carlista y en 1872 con una tercera(Continuación)




[1] Parte recibido en la Secretaría de Estado y del Despacho de la Guerra.La Revista Española”, nº 147, p. 3; 21/1/1834.
[2]La Revista Española”, nº 152, p. 3; 2/02/1834; nº 154, p. 2; 7/02/1834.
[3]La Revista Española”, nº 158, p. 3; 16/02/1834
[4] “Eco del Comercio”, nº 110, p. 3; 18/08/1834.
[5]La Revista Española”, nº 221, p. 3; 22/05/1834.
[6] “Eco del Comercio”, nº 226, p-2; 12/12/1834.
[7] “Eco del Comercio”, nº 320, p. 3; 16/03/1835.
[8] “Eco del Comercio”, nº 1497, p. 1; 6/06/1838.
[9]La Revista Española”, nº 97, p. 3; 5/06/1835.
[10] “Eco del Comercio”, nº 401, p.2; 5/06/1835.
[11] En abril de 1835 el carlista Tomás de Zumalacárregui y el isabelino Gerónimo Valdés, ante las barbaridades de los fusilamientos indiscriminados, firmaron un convenio para erradicar estos fusilamientos y promover el canje de prisioneros.
 [12] “Eco del Comercio”, nº 430, p. 2; 4/07/1835.
[13]La Revista Española, nº, 156, p. 3; 3/08/1835.
[14] “Eco del Comercio”, nº. 609, p.1, 30/12/1835; nº. 622, p. 6, 12/01/1836.
[15] “Eco del Comercio”, nº 912, p. 4; 28/10/1836.
[16] “Eco del Comercio”, nº 934, p. 2, 19/11/1836.
[17] “Eco del Comercio”, nº 1359, p. 1; 18/01/(1838.
[18] “Eco del Comercio”, nº 1654, p.1; 10/11/1838.
[19]La Revista Española”, nº 155, p. 2; 9/02/1834.
[20] “Eco del Comercio”, nº. 416, p. 2; 20/06/1835.
[21]La Revista Española”, nº 481, p. 4; 23/06/1836.
[22] Periódico “El Aragonés”, Zaragoza, 21/10/1835, publicado en el “Diario de Barcelona”, 29/10/1835
[23] “Eco del Comercio”, nº 649, p. 3; 8/02/1836.





BIBLIOGRAFIA

-Rújula López, Pedro. Realismo y carlismo en Aragón y el Maestrazgo, 1820-1840. PUZ. Zaragoza, 1998.
-Rújula López, Pedro. Rebeldía campesina y primer carlismo: los orígenes de la guerra civil en Aragón (1833-1835). D.G.A. Dpto. de Educación y Cultura. Zaragoza. 1995.
-Historia de España, 8 vols. Plaza& anés Editores, A.A. Espluges de Llobregat (Barcelona) 1991.