domingo, 21 de marzo de 2021

LOBEROS EN LA VALDONSELLA. LA PICARESCA EN EL SIGLO DE ORO

            


          La gran cantidad de lobos que poblaban la Península Ibérica en el siglo XVI, y los continuos ataques de estos cánidos a los ganados, hizo que los ganaderos sufrieran cuantiosa pérdidas económicas pues, a la pérdida de los animales devorados por los lobos había que añadir los heridos y contagiados de rabia, además de las pérdidas de crías y los productos derivados de los animales, como leche, carne o lana, sin tener en cuenta el esfuerzo y trabajo de largas y continuas jornadas destinadas a la custodia de los rebaños y a las batidas de caza, por lo que la caza del lobo se convirtió en una auténtica “cruzada” en la que había que vencer al enemigo y en la que el uso de cualquier método era válido con tal de aniquilarlo.

Y es en esta guerra contra el lobo, acentuada por la crisis de finales del siglo XVI y XVII, donde surgen unos aprovechados personajes para beneficiarse de esta lucha que llegó a convertirse, incluso, en una "razón de Estado”.

 

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El término "lobero" está claro que deriva de “lobo”. Por ejemplo, lobero, o lobera, se llama al monte donde hacen sus guaridas los lobos. Lobera de Onsella, municipio cercano a Sos del Rey Católico, debe su nombre precisamente por ser un lugar frecuentado antiguamente por numerosos lobos. Pero lobero también es usado como adjetivo calificativo y, en el transcurso de los siglos, el término “lobero” ha tenido distintas connotaciones o matices dependiendo de las diferentes “actividades” o comportamientos  con los que se asociaba a la persona así calificada, aunque sin perder nunca su vinculación con estos animales salvajes. Así, en la Edad Media, se llamaban loberos a unos siniestros personajes que, siempre solitarios, independientes y desligados prácticamente del resto de la sociedad, convivían con las manadas de lobos convirtiéndose en una especie de “macho alfa” de la manada y cobraban a los habitantes de una población por hacer que los lobos dejaran tranquilo al ganado. La gente del pueblo los consideraba como “brujos”, a los que pagaban una cuota determinada por mantener a los lobos alejados de su poblado, si bien fueron perseguidos por la Inquisición por considerarlos como unos “endemoniados”.

En el Siglo de Oro, con la crisis de finales del siglo XVI y el progresivo empobrecimiento de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, pueblos y ciudades se empezaron a llenar de vagabundos, mendigos, pedigüeños, pillos… y, entre ellos, unos variopintos personajes cuyo mayor exponente es el pícaro que, como dice Covarrubias: “…si no tienen de qué comer lo han de hurtar o robar[1].

            Los pícaros adaptaban su forma de actuar al lugar, población, usos y costumbres de los habitantes del lugar elegido para cometer sus fechorías. Alcahuetas, prostitutas, rufianes, tahúres, fulleros, falsos mendigos, cortabolsas, altaneros, ventosos, guzpatareros, apóstoles, maletas, juaneros, sangradores,…todo un rosario de maleantes llenaron pueblos y ciudades de la España del siglo XVI y XVII, dando origen al nacimiento del pícaro literario en manos de Mateo Alemán con su pícaro "Guzmán de Alfarache".

  En la ruta jacobea tampoco podían faltar estos bribones, sólo hay que leer el Codex Calixtinus para ver el amplio repertorio de pillos que nos presenta su autor, Aymeric Picaud, y la variedad de tretas y engaños empleados para defraudar, estafar o timar al pobre peregrino. Y en aquellas zonas rurales donde la ganadería es, prácticamente, el sustento de casi toda su población, hicieron acto de presencia otros pícaros relacionados con el ganado: los “loberos”; de nuevo estos personajes, pero con una artimaña distinta a la de sus “colegas” de la Edad Media

 El lobo ha sido una sub-especie endémica que sólo podía encontrarse en  la Península Ibérica. La cantidad de lobos repartidos por todo el territorio español fue muy abundante y su continua caza fue mermando progresivamente su población hasta casi extinguirse en la década de los años 60 del pasado siglo.

  Sin entrar en la controversia entre detractores y defensores, los motivos de su cacería han sido diversos: por deporte, por control de plagas, por su piel…pero el motivo que más ha contribuido a la casi desaparición del lobo ha sido, ya desde el Neolítico, la protección de la ganadería, sobre todo en áreas rurales. Había que proteger el ganado de los ataques de los lobos; por eso se realizaban batidas para darles caza e incluso se ofrecían recompensas a quienes lograran matar un lobo. Una ley de Cortes de Navarra de 1817 detalla la recompensa de 120 reales a quien matara un lobo adulto y 60 reales por un lobezno.

           Pero ofrecer recompensas por cazar lobos ya viene de siglos atrás. La primera ley conocida ofreciendo recompensas por la muerte de lobos data de 1542, por la que el rey Carlos I dicta la “Facultad de los pueblos para ordenar la matanza de lobos, dar premio por cada uno, y hacer sobre ello las ordenanzas convenientes” (Valladolid, 1542 pet.7):

  “Por quanto nos ha  seido fecha relacion , que los señores de ganado y otras personas han recibido y reciben mucho daño por causa de los muchos lobos que hay en estos nuestros Reynos; y porque esto cese, nos fué suplicado, que mandásemos dar licencia á todas las ciudades, villas y lugares destos nuestros Reynos, para que puedan dar órden como se maten los dichos lobos , aunque sea con yerba (veneno), y puedan señalar el premio por cada cabeza de lobo , ó por cada cama dellos que les traxeren, y puedan hacer sobre ello las ordenanzas que convinieren para la buena órden y execucion dello…" (ley 5, tit.8, lib.7. R.)[2]

  Otra ley posterior, la ley XXXIII de 1652 dice que “cada lobo grande que se matare se pague seis ducados, y dos por cada cría[3]. Esta ley se prorrogará diez años más.

  Ya hemos visto cómo la toponimia ha dejado huella de la presencia de lobos en nuestra zona (Lobera de Onsella) y prácticamente todos los pueblos que componen esta comarca vivían exclusivamente de la ganadería, por lo que los lobos disponían de abundantes presas a las que atacar en este territorio. El daño que estos animales ocasionaban a los habitantes se convirtió en una persecución y exterminio de lobos premiando económicamente a los autores de su cacería, lo que originó el nacimiento de un nuevo personaje en la zona: el “cazarrecompensas” de lobos. Y es aquí donde el pícaro “lobero” desarrolló su astucia para beneficiarse económicamente allí donde la presencia de lobos era notoria. Sos, Sangüesa, Navardún, Undués,  y todos los pueblos de la Valdonsella fueron los escenarios de estos pillos sinvergüenzas.

Estos pícaros iban de pueblo en pueblo presentando una piel de lobo diciendo que le habían dado muerte en las cercanías cuando estaba acechando a unos corderillos o cualquier otro animal doméstico. Los Justicias de los municipios les felicitaban y les daban la recompensa establecida, además de otras gratificaciones y propinas que recibían de los agradecidos pastores y ganaderos. Los “loberos” recogían el dinero y la piel del lobo y marchaban al siguiente pueblo a repetir la escena.

Lo que no sabían los inocentes aldeanos era que esa piel de lobo que les mostraban era siempre la misma en todos los pueblos. Con la piel de sólo un animal muerto se las ingeniaban para vivir meses, e incluso años. Antes de entrar en cada municipio manchaban con sangre fresca la boca y heridas del pellejo para simular que su captura era reciente, los habitantes se creían el engaño, les abonaban la recompensa y los “loberos” cargaban con la piel del lobo al hombro y…¡ a otro pueblo![4]

Pero, a la larga, el fraude fue detectado.

Como casi en todos los conflictos fronterizos entre aragoneses y navarros, los de Aragón echaban la culpa a los navarros de ser ellos quienes practicaban estos engaños por los pueblos de Aragón, mientras que los navarros culpaban a los aragoneses, aunque realmente las prácticas de estos pícaros y truhanes en tiempos de extrema necesidad no entendía de límites fronterizos.

            Pero el caso es que las Cortes de Navarra en 1743 y 1744, indignadas de la poca vergüenza de estos loberos, mandaron a los Justicias aplicar medidas:

Los Tres Estados de este Reyno de Navarra… decimos: Que algunos forasteros de este Reyno, y naturales de los confinantes, y especialmente del de Aragón, se introducen en este, y llevando un lobo muerto, o la piel de el, andan por todos los Lugares, pidiendo alguna recompensa por el beneficio que suponen resulta á los dueños de ganados mayores, y menores, en la extinción de estos animales; y los Pueblos les dan alguna cantidad, que cargan en la cuenta de los propios y rentas, y los dueños de los ganados les contribuyen también con alguna cosa, sin que esta permisión produzca ninguna utilidad…y no se consigue el fin de que se eviten los daños que ocasionan los lobos en este Reyno, no solo porque los que se traen, como se ha expresado, son muertos fuera de él, sino porque con un solo lobo, ó con su piel, andas muchos meses, y aun años, vagando por los lugares; todo lo que juzgamos digno de remedio, y para que se logre. Suplicamos á V….que en este Reyno no pueda andar ningún extranjero con lobos muertos, ni pellejos suyos, pidiendo que les contribuyan los Ganaderos, y Lugares, y que estos no les puedan dar cosa alguna… Y que todos los Alcaldes, y Regidores tengan obligación de impedir el llevar dichos lobos, ó pellejos en la forma espresada, y quitarlos á las personas que los llevaren, poniéndolas en la Carcel por veinte y quatro oras, para que se escarmienten, y no vuelvan[5].

                 Más tarde, en 1783, Carlos III, “con el fin de atajar los perjuicios que ocasionan tan crecido numero de ociosos y holgazanes” promulgó una Real Cédula persiguiéndolos: “Por lo respectivo à los que se llaman Saludadores y los Loberos, mándo asimismo sean comprehendidos en la clase de vagos, y tratados como tales…[6] Y en 1788, Carlos IV, en una Real Célula en la que expresa el reglamento para el exterminio de los lobos expone que “la piel, cabeza y manos de las fieras que se premien quedarán en poder de las Justicias sin poderlas devolver a los que las presentaron, ni a otras personas para obviar fraudes[7], medidas que serán renovadas en la Ley de Cortes de Navarra de 1817.

Con todas estas leyes y disposiciones el pícaro lobero del pellejo al hombro tenía muy difícil seguir engañando a la gente por los pueblos de la comarca; pero como la picaresca la llevan en la sangre, sólo era cuestión de abandonar el “oficio” de lobero y dedicarse a otras “actividades” igual de censurables y delictivas, deambulando por estos lugares realizando otros supuestos oficios relacionados con la ganadería que, al igual que el de lobero, sólo pretendían engañar y defraudar a la gente, como fueron los emasculadores o los afeitadores de caballerías, de los que hablaremos en otra ocasión, amén de otros pícaros que pululaban por la zona.

 

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            El lobo, que abundó extraordinariamente hasta el siglo XIX, fue exterminado en nuestra región en la década de los años 60 del siglo XX. Sus últimos reductos fueron los Pirineos, el Moncayo, las sierras de Beceite y los Montes Universales.

            Actualmente es una especie protegida, aunque continua activa la controversia de su caza entre detractores y defensores y su "caza" sigue viva, aunque sea de forma furtiva.





[1] Cobarruvias, Sebastián de. El Tesoro de la Lengua Castellana o Española. Voz: vagar.

[2] Novísima Recopilación de las Leyes de España, mandadas formar por el Señor Don Carlos IV. T.3, lib.7, ley I, pp. 651-652. Madrid, 1805

[3] Novísima Recopilación de las Leyes del Reino de Navarra. Ley XXXIII. Año 1735

[4] La actividad de estos loberos también es recogida por Iribarren en su libro “Historias y Costumbres”

[5] Ley LX. Quaderno de las Leyes y agravios reparados de los años de 1743 y 1744.

[6] Real Cédula de 25 de marzo de 1783. Imp. De D. Antonio Espinosa. Segovia, 1783.

[7] Real Cédula de 1788. Pamplona




BIBLIOGRAFÍA


-COVARRUBIAS OROZCO, SEBASTIÁN DE. El Tesoro de la Lengua Castellana o Española. Imp. Luis Sánchez. Madrid, 1611.

-IRIBARREN, JOSÉ MARÍA. Historias y costumbres. I.P.V. Diputación Foral de Navarra. Pamplona, 1956

-NAVARRO DURÁN, ROSA. “Sospechosos habituales. Los pícaros en la calle y en la literatura”. Revista Desperta Ferro. Arqueología & Historia, nº 20. Pícaros en el Siglo de Oro, pp.14-20. Desperta Ferro Ediciones. Madrid, 2018

-Novísima Recopilación de las Leyes de España. Mandadas formar por el Señor Don Carlos IV. Madrid, 1805.

-Novíssima Recopilación de las Leyes de el Reino de Navarra. T. I. Año 1735. Imp. Joseph Joachin Martínez. Pamplona, 1735.

-Quaderno de las Leyes y agravios reparados del año de los años 1743 y 1744. Imp. Pedro Joseph Ezquerro. Pamplona, 1744.

-Real Cédula de S.M. y Señores del Consejo. Imp. De D. Antonio Espinosa. Segovia, 1783.

-Real Celula de S.M. y Señores del Consejo. Año 1788. Imp. De la Viuda de Don José Miguel de Ezquerro. Pamplona.

En la web:

-revistajaraysedal.es. Israel Hernández Tabernero. “¿Por qué es erróneo culpar a los cazadores españoles de la situación de los animales en peligro de extinción?” 06/06/2020

-otsoanafarroanelloboeennavarra.home.blog. El lobo en Navarra. “Legislación histórica respecto al lobo en Navarra”


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