domingo, 15 de abril de 2018

LA LECHUZA, AVE DEL 2018

Lechuza común (Tyto alba)

La Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife) ha elegido la lechuza como ave del Año 2018 para concienciar a la sociedad sobre su declive poblacional, que ha visto mermada su presencia en España en un 13% respecto al 2015, llegando en algunos puntos del territorio nacional al 50%.
La lechuza es un ave protegida incluida en el Listado de Especies Silvestres de Protección Especial. Está prohibido cazarlas, capturarlas e incluso molestarlas, tanto a ellas como a sus nidos.
Es un ave rapaz a la que, desde las primeras civilizaciones, se le ha atribuido un polivalente simbolismo.  Para el pueblo azteca simbolizaba los infiernos, asociada a las fuerzas tectónicas y todos los desastres de la naturaleza, como tempestades, inundaciones…Para los egipcios, igual que en la India, representaba desgracias y muerte, el frío y los malos presagios de personas cercanas, al igual que en las culturas orientales, como la china, que la considera como anunciadora de desdichas y calamidades por tener “ojos de demonio”. Autores clásicos destacan que la lechuza se la ve merodear siempre por los cementerios, habitando en cuevas, introduciéndose en las iglesias para beber el aceite de las lámparas y arrojar allí sus excrementos, por eso, si era vista de día era señal de un cruel y maligno presagio, como cuenta San Isidoro en sus Etimologías( en realidad el aceite de las lámparas se lo llevaban los sacristanes). En la antigua Roma se creía que las lechuzas se transformaban en brujas para entrar por las ventanas en las guarderías de los niños y chuparles la sangre cuando estaban durmiendo en sus cunas, por lo que las capturaban para clavarlas vivas en las puertas de sus casas como venganza por sus actos y así  alejar el mal de sus moradores.
La Biblia lo considera un animal impuro (Lv. 11, 16), y la tradición cristiana tiene a la lechuza como portadora de mal augurio, desgracias, males y desdichas. Los griegos, por el contrario, la asociaban con las virtudes de la prudencia, la sabiduría y el conocimiento ya que, gracias a su excelente visión nocturna, sólo ellas podían ver donde los demás no ven absolutamente nada.
En nuestra cultura tradicional también se las considera portadoras de mal augurio. Existe la creencia popular que si una persona oye una lechuza durante varias noches seguidas, ella o algún pariente cercano perderá la vida.
Como en todas las creencias y supersticiones, el temor hacia estas inofensivas aves nocturnas  es infundado, pero aún sabiéndolo, el halo misterioso que siempre ha rodeado a las lechuzas desde tiempos muy remotos y que ha sido transmitido durante siglos generación tras generación por las numerosas y variadas civilizaciones, seguirá presente hoy en día en las creencias, folklore y cultura de todos los pueblos del Planeta.

La lechuza común (tyto alba)
La lechuza es un ave del orden de las strigiformes, rapaz de hábitos nocturnos, de cabeza grande y ancha, con los dos ojos muy desarrollados y orientados frontalmente; excelente oído, situado al lado de los ojos pero no visibles por estar tapados con plumaje y a diferente altura uno del otro, pico ganchudo y fuertes garras para capturar sus presas. Aunque sus ojos son fijos (no los mueve), y están orientados hacia adelante, poseen un espectacular oído capaz de detectar cualquier mínimo movimiento a sus espaldas, poseyendo la habilidad de poder girar su cuello a izquierda y derecha hasta 270 grados merced a las catorce vértebras que lo componen, por lo que gracias a esto abarcan un campo de visión de 360 grados sin necesidad de moverse del sitio.
El plumaje es espeso y suave; en la parte dorsal y la cola suele ser vermiculado con estrías y pinceladas de color negro, gris, pardo y blancuzco, mientras que las zonas ventrales suelen mostrar un moteado variable, siendo blanca la parte frontal de la cabeza. Pero la característica más importante de su plumaje es su diseño. Las plumas están diseñadas para no hacer ningún ruido mientras vuela o aletea, por lo que su silencioso vuelo se convierte en un excelente aliado a la hora de atrapar sus presas sin que éstas se percaten de su proximidad.
La forma de cazar de la lechuza resulta muy curiosa. Su característica “cara” redondeada actúa como una antena parabólica. Primero escucha; con su agudísimos oídos a diferente altura es capaz de triangular la posición exacta de su presa; al no poder girar los ojos para verla, lo que gira es su cabeza para con su excelente visión nocturna en tres dimensiones orientarse en línea recta hacia ella; levanta ágil y silenciosamente el vuelo y, una vez coordinados perfectamente el oído, la vista y el cuerpo, se lanza sigilosa sobre su presa (que ni la ha visto ni oído llegar), agarrándola viva fuertemente con sus garras o pico (dependiendo del tamaño de la misma) y se la lleva a otro lugar para descuartizarla tranquilamente e ingerirla.
Su dieta preferida son los roedores, aunque también atrapan lagartijas, topos, murciélagos, pequeños pájaros que se mueven mientras duermen en los árboles, arañas, gusanos, cucarachas, grillos, musarañas, ranas, e incluso gazapos.
Podemos encontrar lechuzas en cualquier punto de España; suelen ser sedentarias, apenas se mueven de un emplazamiento a no ser que haga demasiado frío, por lo que buscará otra ubicación  más templada lo más cerca posible, o se vea obligada a marcharse de su lugar habitual por falta de alimento.
Generalmente están presentes en cualquier tipo de hábitat excepto en los bosques muy densos y las zonas muy montañosas, adaptándose muy bien al hábitat urbano, no dudando en ocupar edificios abandonados, oquedades de las casas, campanarios, graneros, iglesias, castillos…,.(en algunos pueblos todavía se las conoce como “ lechuzas de campanario”),  lugares que les proporcionan altura para poder vigilar desde lo alto, protección contra el viento, lluvia o granizo y seguridad para ellas mismas y para su nidada, pues al ser cavernícolas aprovechan cualquier oquedad del muro para poner sus huevos.
Al llegar la primavera el macho buscará compañera para aparearse. Para ello emite unos sonidos distintos y mucho más fuertes que los habituales para atraer a la hembra, compaginados con una diversa exhibición de vuelos y mostrando el lugar de anidada entrando y saliendo del futuro nido. Si la hembra acepta, se acerca al macho y culminan la acción. Ésta pondrá entre 5 y 7 huevos, dependiendo de lo mejor o peor nutrida que esté, haciéndolo en dos veces con un intervalo de dos o tres días entre puesta y puesta,  e incubará los huevos ininterrumpidamente al menos entre 32-34 días, siendo alimentada durante todo el proceso de incubación por el macho.(En esta época de cría una pareja de lechuzas puede llegar a consumir unos cien ratones al mes)
Una vez eclosionados los huevos es indispensable que todos los polluelos estén bien alimentados, de lo contrario los hermanos mayores-aquellos que nacieron de la primera puesta- comenzarán a practicar el canibalismo contra sus parientes más débiles y pequeños.
El macho emite hasta 17 sonidos diferentes, todos ellos, a menudo, chirriantes y estridentes, pero el más característico y reconocido, por ser el que más usa, es una especie de siseo muy sonoro que va “in crescendo” de volumen a medida que el animal lo va emitiendo. Los chillidos de la hembra, por el contrario, suelen ser más graves, como ronquidos, algo ronroneantes y repetitivos.
En Sos del Rey Católico, hasta hace cuatro o cinco años, era muy frecuente escuchar por las noches estas aves nocturnas en el castillo o en cercanos graneros, no se veían pero se oían. Últimamente ya no se escuchan casi sus estridentes sonidos; la presencia de estas aves es muy reducida, si no nula. Sólo muy de vez en cuando alguna despistada lechuza que pasa por la zona vuelve a habitar muros de la iglesia, del castillo o a algún viejo caserío o granero abandonado, pero no por mucho tiempo.  La abundancia de comida de hace años ya no es la misma que ahora, y si no hay ratones que cazar habrá que buscarlos en otro lugar. Se van.
Las lechuzas en Sos, con su falta de presencia, nos están anunciando los problemas sociales y ambientales que atraviesa el medio rural en la actualidad. En Sos y en el resto de España.
Desde hace años, como si de una relación causa-efecto se tratase, la breve pero gradual ausencia de lechuzas nos va anunciando, al mismo tiempo y  progresivamente, la cada vez menos existencia de vida en el campo, tanto animal como humana.
El motivo de este descenso poblacional, no sólo de lechuzas sino de otras aves y animales de nuestra fauna,  es la rápida y contundente transformación del medio agrario en los últimos años, cada vez más alejado del típico paisaje rural que mostraba un mosaico de cultivos adaptados a la realidad hídrica de la zona, y que según la directora ejecutiva de la S.E.O, Asunción Ruiz, “cada vez se basa más en los monocultivos y en el uso abusivo de plaguicidas y rodenticidas”. Además, la bióloga Patricia Orejas denuncia que el agricultor, por el afán de aprovechar hasta el último milímetro cuadrado de tierra,” no respeta los linderos ni la vegetación natural  y  no hay alternancia de hábitats, que es lo que da riqueza a una zona
Lechuza en una exhibición de vuelos de aves rapaces en Sos del Rey Católico
A todo esto hay que añadir el también paulatino despoblamiento del medio rural y el abandono de instalaciones agropecuarias. Hace años los graneros, corrales y otras construcciones rurales ofrecían cobijo y comida a las lechuzas y otros animales asociados a los humanos.
Con esta progresiva degradación del hábitat agrícola y rural no es de extrañar que el número de lechuzas haya disminuido drásticamente. Las pobres rapaces pierden sus tradicionales lugares de nidificación, muchos de ellos derrumbados, la población animal de las variadas especies que componen su dieta alimentaria se ha visto trágicamente mermada; hay menos insectos, por lo tanto, menos roedores, y si consiguen apresar algún ratón resulta que está envenenado (se han encontrado restos de pesticidas en cadáveres de lechuzas, probablemente por haber ingerido ratones envenenados)
Y por si todo esto fuera poco, aún quedan otras actuaciones del ser humano que continúan impidiendo el asentamiento de estas rapaces, como por ejemplo el cerrar con alambradas los campanarios de las iglesias que, si bien  estos cerramientos están pensados para evitar las plagas de palomas y evitar así el deterioro y corrosión de sus muros derivados de la abundante cantidad de excrementos que dejan, no han tenido en cuenta los daños colaterales que originan a otras especies protegidas, como es el caso de la lechuza.
A todo esto hay que añadir los accidentes mortales sufridos por las lechuzas al cruzar entre las aspas de los numerosos “ enjambres” de aerogeneradores que pueblan nuestros cerros, los atropellos sufridos al ser deslumbradas por los faros de un coche al pasar junto a una carretera y las electrocuciones derivadas por tocar un cable de alta tensión, accidentes e instalaciones hechas por la mano del hombre que no contribuyen en nada a mejorar el estado de conservación de la lechuza en nuestra comarca y en España en general.
En resumen, la pérdida de la diversidad natural del hábitat, la transformación del medio agrario, el  uso de pesticidas, el despoblamiento del medio rural y otras actuaciones del ser humano son las causas del descenso poblacional de las lechuzas en toda España.
Una solución a todo esto es mejorar la biodiversidad del medio rural, todo un reto que se ha propuesto alcanzar  la S.E.O., un camino a recorrer que va a resultar muy largo y difícil, con muchas trabas e impedimentos por delante, sorteando infinidad de obstáculos ante las Administraciones, Diputaciones y diversos Organismos Oficiales, pero que en los próximos años la citada Sociedad se ha propuesto alcanzar importantes objetivos. Veremos que nos deparan las Leyes Medioambientales.





BIBLIOGRAFÍA

-Periódico El País. 2 de enero de 2018. “La lechuza común está desapareciendo en silencio”, artículo de Bruno Marín
En la web:
-hablemosdeaves.com. Lechuza
-National Geographic, 3/1/2018. “La lechuza común, ave del 2018” natinalgeographic.com.lechuza
-www.abajocomoarriba.blogspot.com.es. “Símbolos, mitos y arquetipos”. Blog de Johnny McClue