domingo, 4 de septiembre de 2016

LA PINTURA MURAL ROMANICA


El color es una de las características del edificio románico y, en general, las iglesias estaban pintadas en su interior.
En pintura, al igual que en escultura, el románico desarrolló una serie de programas figurativos y decorativos mediante los cuales se transmite a la población los principios básicos del cristianismo y también cierto conformismo social dentro del orden jerárquico establecido. La naturaleza de las representaciones pictóricas es muy similar a la de las escultóricas, donde el condicionamiento tectónico y el contexto litúrgico van a jugar un papel determinante, tanto en el desarrollo compositivo como iconográfico. En cierto modo puede decirse que la pintura mural complementa el simbolismo arquitectónico, al localizar las imágenes de mayor divinidad en el punto de mayor sacralidad, el ábside, y las narrativas en las paredes laterales.
Si partimos de la estructura básica de las construcciones religiosas durante la Edad Media románica, las imágenes pictóricas se disponen en la cabecera, de un único o múltiples ábsides y, a lo largo de muros laterales y bóvedas del cuerpo basilical, así como a los pies de la iglesia, en el reverso del muro de la fachada. En el primer ámbito van a localizarse, por su posición axial respecto a la puerta y quizás por su perfil semicircular, al igual que en los tímpanos, temas visionarios de carácter sintético que a menudo están inspirados en el Antiguo Testamento, libros de Isaías, Ezequiel y Daniel, en el Nuevo Testamento y el Apocalipsis de Juan. En el segundo se combinan temas del Antiguo y Nuevo Testamento. En el muro interior de la fachada a veces acoge el Juicio final.
Las imágenes del ábside se disponen siguiendo una rígida organización jerárquica, reflejo de la sociedad románica, valiéndose para ello de los propios elementos arquitectónicos, como ventanas y cornisas, o recreándolos figuradamente. En la cuenca absidal encontramos la manifestación de la divinidad, en el registro intermedio profetas, apóstoles o santos, como intercesores entre el mundo divino y humano y en el interior representaciones animalísticas o decorativas, imitando a menudo, en el último caso, tejidos o revestimientos marmóreos.
Normalmente la visión teofánica que se ofrece es la de la Maiestas Domini, Cristo entronizado y bendiciendo con la mano derecha, rodeada por los ancianos y jinetes del Apocalipsis.
Hasta la segunda mitad del siglo XII se percibe una relajación en la mencionada jerarquía compositiva e iconográfica. Así algunos santos, que hasta el momento solo aparecían de forma testimonial en los registros intermedios de los ábsides o en las paredes laterales, alcanzan el cuarto de esfera absidal.
Desafortunadamente apenas quedan restos de esta primitiva pintura mural románica en Sos: algunos vestigios en el ábside central de la iglesia de San Esteban (ver) y poco más en la ermita de Santa Lucía (ver)

Pinturas del ábside central en la cripta de Santa María del Perdón.
Sos del Rey Católico
Durante la primera mitad del siglo XIII se introdujo en Aragón el ambiente bizantinante que caracteriza el estilo de entresiglos. La monumentalidad, el valor gráfico de las vestiduras, el tratamiento cromático del fondo y la importancia dada a la línea blanca como estructura de las formas son algunos de los rasgos característicos de las pinturas murales de este período. En algunas zonas, el naturalismo de algunos de los personajes representados, no así la concepción espacial, anuncia ya claramente el paso hacia el primer gótico lineal. De esta época son la mayoría de las pinturas murales que se conservan en Sos y que resultan ser de extraordinaria belleza debido a su buen estado de conservación. Podemos admirarlas en la cripta de Santa María del Perdón (ver), ermita de Santa Lucía (ver) y, algo más deterioradas , en la iglesia de San Martín (ver).
Reproducción sobre tabla de las pinturas murales de la ermita de Santa Lucía en Sos del Rey Católico.
Tabla del taller de diseño, artesanía y restauración de Esther y Luis, en Luceni (Zaragoza)








BIBLIOGRAFÍA



-ABBAD RÍOS, FRANCISCO. Las pinturas murales de San Esteban de Sos del Rey Católico, Archivo Español de Arte XLIV, nº 173. Madrid, 1971.
-GUDIOL, JOSÉ. Pintura medieval en Aragón. I.F.C. Zaragoza, 1971.

-Historia del arte español; T. IV. La época de los monasterios. Planeta. Barcelona, 1995.