domingo, 3 de abril de 2016

JUEGOS Y DEPORTES EN LA EDAD MEDIA

La principal ocupación de los señores en la Edad Media eran las guerras, pero cuando los caballeros no estaban en la guerra pasaban el tiempo disfrutando de diversos deportes y juegos que todavía hoy muchos de ellos se siguen practicando, y al igual que ahora no estaban exentos de ciertos riesgos.
Los torneos, batallas individuales preparadas entre caballeros, surgieron en el siglo X y contaron desde sus inicios con la condena del Papa, en el segundo Concilio de Letrán, bajo el Papa Inocencio II, y de los reyes de Europa, que no aprobaban las heridas y las muertes producidas entre sus caballeros por lo que ellos consideraban una actividad frívola. Sin embargo los torneos se extendieron, formando parte importante de la vida de un caballero y convirtiéndose en destacados acontecimientos sociales, llegando a atraer a patrocinadores y participantes desde lejanos lugares.  
         Se construyeron recintos especialmente destinados a ellos, con pabellones para los combatientes y gradas para los espectadores. Los caballeros seguían batiéndose individualmente, pero ahora lo hacían también en equipos. Se retaban utilizando diversas armas y llevaban a cabo simulacros de batalla con cuadrillas.                                   Las justas o lizas, un enfrentamiento de dos caballeros con lanza, se convirtieron en el acontecimiento más celebrado. Los caballeros competían como los atletas de nuestros tiempos para obtener premios, prestigio y la mirada de las damas que llenaban las gradas.
En el siglo XIII, murieron tantos hombres durante los torneos que los gobernantes de Europa, incluyendo el Papa, comenzaron a alarmarse. En 1240, por ejemplo, murieron sesenta caballeros en un torneo realizado en Colonia. El Papa quería disponer del mayor número posible de caballeros para luchar en Tierra Santa, y no aprobaba que se mataran entre sí en los torneos. Se despuntaron las armas y se dictaron reglas encaminadas a reducir la incidencia de lesiones relevantes, pero seguían produciéndose heridas graves y fatales. Enrique II de Francia, por ejemplo, fue herido de muerte en una justa que se llevó a cabo para celebrar la boda de su hija.
Representación de un combate entre caballeros.
Sos del Rey Católico
Los retos normalmente se planteaban de forma amistosa, pero si existían rencores entre combatientes, estos podían resolverse en un combate a muerte. Los perdedores eran capturados y debían pagar un rescate en caballos, armas y armaduras a los vencedores para su liberación. Los heraldos llevaban un control de los resultados del torneo, como los marcadores actuales. Un caballero de bajo rango podía amasar una fortuna gracias a los premios obtenidos y atraer a alguna dama adinerada.
La caza era deporte de ricos y pobres, nobles y plebeyos, aunque, naturalmente, existían diferencias. El poderoso buscaba, sobre todo, el oso y el jabalí, con acompañamiento de peones que batían el terreno y de perros que olfateaban primero y acosaban y acorralaban después la pieza perseguida. Otros animales codiciados, aunque en menor medida, eran los ciervos, lobos y zorros. Estas piezas no estaban al alcance de los pobres, que se tenían que conformar con el cobro de la liebre y el conejo, actividad que, al no representar peligro alguno ni excesivo esfuerzo físico para el cazador, no tenía el mismo interés para la clase dominante. No obstante, esta libertad de caza para el campesinado pobre siempre estaba condicionada por la permisibilidad del señor de las tierras, porque el campo, aparte de algunos terrenos comunales, era de propiedad señorial. Dotados de poco armamento, lo suplían con astucia, preparando lazos, ligas o trampas.
La caza y matanza del jabalí. Le Livre de la chasse.
 Gaston Phoebus. Ms M. 1044. The Morgan Library&Musseum
En cuanto a la caza de aves los señores se reservaban para su uso exclusivo la caza de aves de altos vuelos, utilizando para ello otra ave cuidadosamente entrenada para ello, el halcón o azor, dando nombre al arte de la cetrería. De origen oriental, esta modalidad de caza llegó a España a través de los árabes y la posesión de una de estas aves era motivo de orgullo del rey y de cualquier caballero que pudiera permitirse un deporte tan caro. Como de costumbre, el pobre se las tenía que ingeniar para, con un poco de audacia, poder cazar alguna perdiz, codorniz, gorrión o cualquier pajarillo que se posara en alguna rama de los árboles.
La caza menor permitida al villano está reglamentada por los concejos municipales. Ya en 1252 se acepta por el rey Alfonso X la institución de la veda desde el carnaval a San Miguel, en septiembre, lo que además de ayudar a la procreación de las especies, favorecía a la abstinencia de carne que la Iglesia católica preconiza a partir de Carnestolendas. Igualmente en la misma época se prohibía el comercio de huevos de perdices y codornices. 
                   El lugar adecuado para que los campesinos ejercieran el deporte de la caza eran las tierras de dominio común concejil siempre y cuando no estuvieran sembradas. Viñas y tierras de cereales estaban protegidas por la ley municipal contra los cazadores. El permiso de cazar a los vecinos del pueblo presupone que éstos vendiesen las piezas cobradas en el mismo lugar pagando el impuesto correspondiente. Por eso se prohíbe en casi todas las zonas sacar esas piezas para venderlas en otros lugares bajo multa y pérdida de las piezas cobradas.
El espectáculo español por excelencia, los toros, ya existía entonces, aunque con algunas diferencias: el toreo se hacía siempre a caballo, por lo que era deporte reservado a los nobles; los villanos actuaban a sus órdenes atrayendo al animal con la capa o sirviendo las lanzas cortas (rejones) al caballero; si el toro rehuía el enfrentamiento, le soltaban perros que le mordían.
Correr toros. Alfonso X "el Sabio". Cantigas de Santa María.
Miniatura de la cantiga nº 144.
Fiesta de señores, pero también popular, era el toro “enmamorado” o ensogado. También se admiraba el “mancornar” de las reses, agarrándolas del testuz a cuerpo limpio, costumbre que hoy se mantiene en Portugal con los “forcados”





Uno de los juegos que ha permanecido más años en el recreo de los hombres es el ajedrez, un juego tan noble que Alfonso X el Sabio creyó oportuno explicarlo en un libro, llamándolo juego “del seso”.
Templarios jugando una partida de ajedrez
Miniatura del libro de los juegos, de Alfonso X
Igualmente llamó juego de “aventura” (azar) a los dados, que se prohibió a finales del siglo XIV. La razón que dio el Fuero de Jaca para esta prohibición es la típica de un juego de azar, es decir, la adicción y las deudas que contrae el jugador empedernido y sus consecuencias; pero curiosamente esta sería la segunda razón. La primera y motivo más poderoso todavía de su prohibición es que el jugador tiende a enfadarse con su suerte y por ello a blasfemar y decir pestes de la Divinidad…
Porque el nombre de Nuestro Señor y de los santos es a menudo blasfemado por los tahúres y por los que juegan a los dados, y salen muchos hurtos y muchos homicidios y se hacen muchas cosas contra la fe cristiana, por esto mandamos y establecemos que, de aquí en adelante, ninguno de nuestro señorío ose jugar a los dados y el que lo haga que pierda la mano derecha…y a los que a los jugadores presten dados y tablero…los pierdan y paguen 60 sueldos al consejo de la villa…
Y más adelante hace una señalización un tanto discriminatoria si los aficionados son de mayor categoría:…pero si los caballeros o infanzones se quieren distraer con estos juegos, que jueguen sólo en sus casas.
De 1456 existe un documento en el cual el oficial de la Valdonsella prohíbe a los clérigos de Sos jugar con dados y naipes[1], bajo pena de cien florines."...don Pero Lobera, regient el officio de Valdonsiella,...fizo innicion e mandamiento a los vicario, clerigos e racioneros de la yglesia de Sant Esthevan de la villa de Sos que no jugasen juego ninguno de dados e naypes, dius pena de cient florines..."
También se jugaba a la pelota, tanto con el pie como con una raqueta o bastón. San Isidoro da la definición de una jugada: Dícese “dar pantorrilla” cuando los jugadores intentan golpear la pelota extendiendo la `pierna.”(Etimologías, libro 18)
Otros golpeaban el esférico con palos parecidos a los de jockey de hoy, e incluso a los del golf.
Otro deporte más a gusto de la plebe era la lucha, algo parecido entre la grecorromana, la libre y el boxeo.
También practicaban el tiro con arco tanto con flechas como con lanzas contra una diana. De esta última especialidad procede el lanzamiento de jabalina, aunque el interés del deportista de ahora, más que acertar en el blanco, es lanzarla lo más lejos posible.












[1] A.H.P.S. Juan Zareco, p. 404, f. 29v.




BIBLIOGRAFÍA



-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. Selección de documentos de la villa de Sos (1202-1533) I.F.C. (C.S.I.C.) Excma. Diputación de Zaragoza. Zaragoza, 23009.
-ROJAS LOZANO, MIGUEL; ROMERO RODRÍGUEZ, CARLOS. Patrimonio Histórico Español del juego y el Deporte: Etimologías de San Isidoro de Sevilla (627-630) Museo del juego. Madrid, 2010.
-Historia de Aragón (Coleccionable) Heraldo de Aragón. Zaragoza, 1991.
En la web:
-historiaybiografias.com. Diversiones, fiestas y juegos (ajedrez) en la Edad Media, caza y pesca.