domingo, 1 de febrero de 2015

LA PLAZA DEL MERCADO



 En la Plaza del Ayuntamiento de Sos observamos una monumental arcada. Bajo estos arcos tenía lugar en la Edad Media el mercado.
Plaza de la Villa. Arcadas bajo las que se celebraba el mercado en la Edad Media

En estas arcadas rebajadas hay que reseñar la maestría que demostró el arquitecto al jugar magistralmente con las líneas geométricas que en tres planos alternan los arcos de medio punto con los ojivales. En ellos vamos a ir viendo diversos detalles que nos van a transportar  a un día de mercado en la Edad Media , imaginándonos por unos momentos cómo era la vida en él, donde mercaderes, vendedores y  compradores realizaban sus transacciones  y donde los ciudadanos podían ver y comprar aquellos productos o artículos traídos, en algunas ocasiones, de tierras lejanas.

EL PESO
En el espacio central donde se unen las dos arcadas interiores vemos un hueco de forma triangular: este sería el lugar donde se colocaría la balanza romana. 

Hueco para la romana y vara jaquesa
             La romana es un instrumento con el que se podían pesar grandes cantidades con bastante exactitud. Sus dos brazos tenían distinta longitud y el objeto que se quería pesar se colgaba del más corto. A lo largo del brazo largo se deslizaba un peso, o pilón, hasta que los brazos quedaban en equilibrio. La distancia recorrida por el pilón indicaba el peso del objeto.


EL “METRO”
En la parte izquierda de la ubicación de la romana podemos ver una hendidura vertical en la piedra: es la vara aragonesa o vara jaquesa. Antes de la adopción del sistema métrico decimal, cada zona de la Península tenía sus propias medidas; en Aragón regía como medida estándar la vara jaquesa, correspondiente a 722 mm , dividida en tres tercias (257mm.) y cuatro palmos (193mm) Este patrón debía situarse en un lugar público en el mercado, donde cualquiera pudiese verlo y hacer uso de él, estableciéndose así un cierto control social para evitar el posible fraude de los mercaderes.
López de Ayala, en su Rimado de palacio, asegura que los mercaderes de telas son los que más pueden engañar al cliente porque juegan con la vanidad de los señores ávidos de adquirir género importado del extranjero, por lo que tiene más reputación. La habilidad del vendedor para acomodar sus precios a la listeza del cliente está reflejada en los versos 219 a 300:

Una vez pedirán cincuenta doblas por paño;           
si vieren que estáis duro y entendéis vuestro daño,
dice: “Por treinta os lo doy, mas,¡ nunca él cumpla el año,
si no le costó cuarenta ayer de un hombre extraño!”.
Dice: “Tengo escarlatas de Brujas y de Malinas;
veinte años hace que nunca aquí fueron tan finas”.
Dice: “Tomadlas vos, señor, antes que unas mis sobrinas
las lleven de mi casa, que son por ellas caninas (deseosas)”.

Y para medir…

Las varas y las medidas, ¡Dios sabe cuáles serán!:
una os mostrarán larga y con otra medirán;
todo es mercaduría: no entienden que en esto han
ellos pecado alguno, pues que siempre así lo dan.
                
                      Con el fin de engañar más fácilmente, dejan en semioscuridad sus tiendas al mostrar el género y sólo abren las ventanas en el momento de cobrar…
      Hacen oscuras sus tiendas y poca lumbre les dan.
Por Brujas muestran Ypres, y por Malinas, Rohan;
y los paños violetas, bermejos parecerán;
al contar de los dineros, las finiestras abrirán.
(López de Ayala. Rimado de palacio.)

Con esta vara tallada en la piedra de los arcos era muy difícil engañar a los compradores de telas o hilos por parte de los comerciantes, ya que allí, y con el almutazaf de testigo, podían medir sus adquisiciones y no ser engañados.
Encontramos otras varas jaquesas como la de Sos en la llamada “lonja chica” de Jaca o en la lonja de Uncastillo, así como en los exteriores de los muros de las iglesias de San Miguel y de Santa María de Uncastillo.
La expresión “meterse en camisa de once varas” se aplica para advertir sobre la inconveniencia de complicarse la vida innecesariamente. La locución tuvo su origen en el ritual de adopción de un niño en la Edad Media: el padre adoptante debía meter al niño adoptado dentro de una manga muy holgada de una camisa de gran tamaño tejida al efecto, sacando al pequeño por la cabeza o cuello de la prenda. Una vez recuperado el niño, el padre le daba un fuerte beso en la frente como prueba de su paternidad aceptada. En muchas ocasiones el adoptado acababa por decepcionar al adoptante, por lo que se acuñó esta locución como advertencia a quienes ponen sus esperanzas en algo que no se sabe qué puede deparar en el futuro.

EL AFILADOR
Hasta la aparición de la piedra esméril a principios del siglo XIX, aunque ya la conocieron y usaron los antiguos egipcios, la forma de afilar las armas blancas y los cuchillos era frotándolos uno contra otro o, mejor, contra una piedra para así poder mantener o sacar el filo de éstos.
Daga grabada en la piedra y desgaste de la arista
Muchos de los vendedores del mercado usaban cuchillos para cortar los alimentos, las telas u otros materiales, (carniceros, pescateros, verduleros, curtidores, tejedores, pellejeros, alpargateros, etc) por lo que tenían que afilar frecuentemente los cuchillos que usaban y el único medio que encontraban en esta plaza eran las esquinas de las piedras de la arcada o las de las paredes de los edificios cercanos

Daga de la Edad Media, muy parecida en cuanto a tamaño y forma a la grabada en la piedra del soportal de la Plaza
Con el fin de no estropear ni desgastar las esquinas del soportal, o las de los muros de las edificaciones colindantes, se habilitó un lugar para que todo aquél que tuviera que afilar su cuchillo pudiera hacerlo en el mismo sitio. Así, si nos fijamos en la parte superior derecha del hueco donde se ubicaría la romana, podemos ver grabado lo que pudiera ser una daga, puñal, o cuchillo corto de los que se usaban entonces, indicando el lugar destinado para afilar. Justo en la esquina de la dovela vemos el lógico desgaste sufrido en la piedra originado por los miles de usos o afilados en el transcurso de los años.


BIBLIOGRAFIA

-Ibañez, Loli. Momentos en Sos. Gráficas Latorre, Tauste, 2005.
-López de Ayala, Pedro. Rimado de Palacio. Galaxia Gutenberg. Madrid, 2012.