domingo, 10 de diciembre de 2017

RECUERDOS DEL AYER



                Muchos son los objetos, detalles y utensilios cotidianos que se han quedado obsoletos con el paso del tiempo y que por otras muchas circunstancias  y razones lógicas, muchas de ellas relacionadas con los avances industriales y tecnológicos, han desaparecido de nuestro entorno y caídos en el olvido. Pero muchos de estos objetos aún están ahí, en algún rincón del desván de nuestra casa o en la de nuestros padres y abuelos, abandonados en alguna esquina de la bodega, formando parte de la decoración de nuestros hogares o incluso todavía, aunque inutilizados, en las mismas calles de nuestro municipio.
                Desde hace algunos años, al mismo tiempo que realizaba fotografías en Sos para ilustrar las diferentes entradas de mi blog, realizaba algunas fotografías de estos objetos sin saber muy bien qué uso iba a hacer de ellas, hasta que ahora, tras poseer unas cuantas agrupadas en un pequeño archivo de mi ordenador, se me ha ocurrido la idea de crear un álbum fotográfico de estos recuerdos que marcaron la vida diaria de nuestros padres y abuelos. Antiguos tendidos eléctricos, interruptores de principios del siglo XX, carteles taurinos, planchas de hierro, botellas de refresco antiguas, sifones, candiles, lecheras, tinajas, aperos de caballerías, herramientas, y un largo etcétera de objetos y utensilios se me amontonaban en formato fotográfico en ese pequeño archivo, y ahora les ha llegado el turno de ver la luz. 
                Poco a poco iré añadiendo fotografías a este álbum, en memoria de nuestros padres y abuelos, que nos acerca más a ver la forma de vida de nuestros ascendentes y que no deja de ser un álbum de gran valor etnográfico de la villa de Sos del Rey Católico del siglo XX ( Todas las fotografías están tomadas en la villa de Sos)
           Junto a las fotografías se adjunta la descripción del objeto y algo de información añadida, pues en algunos casos desconocía cuál era su utilidad, e incluso su nombre, y he tenido que pedir ayuda a los más mayores de Sos para identificar el objeto y el uso que se le daba. 



RECUERDOS DEL AYER

Calderos de cobre realizados de una sola pieza. Los usaban los tintoreros para teñir la ropa.
Balanza de dos platos usada en comercio (Expuesta en el bar El Leñador)

Pesa que se usaba en las antiguas balanzas de platos

Interruptor de luz del pasado siglo

Típico cuadro de cacería que adornaba muchos salones de las casas el pasado siglo

Sifón "Landa", de la antigua fábrica de gaseosas de Sos que en el primer cuato de siglo regentaba Federico Ladrero Remón

Argolla de hierro encastrada en la piedra que servía para atar en ella las caballerías

A mediados del siglo XX empezaron a llegar a Sos refrescos de otras regiones del País
Collerones de caballerías

Planchas macizas para planchar ropa de hierro fundido con mango (siglo XIX). Se calentaban al fuego y se tenía que coger el asa con un trapo para no quemarse las manos
Programa de fiestas de Sos año 1974

Lámpara de aceite, de bronce.
Cartel taurino año 1975
Lechera con el nombre del propietario grabado

Cartel taurino año 1980













GORDUÉS

               Gordués es un caserío despoblado de las Cinco Villas situado en el valle del Onsella, a 518 m de altitud sobre el nivel del mar, que perteneció al término municipal de Sos hasta que en 1845 se unió administrativamente al municipio de Navardún hasta la actualidad.
           
                  Esta entidad se encuentra a 6,6 Km de Sos del Rey Católico, y para llegar al lugar desde Sos hay que tomar la carretera A-1601 que va a Navardún, y tras recorrer 4,8 Km por ella tomamos un desvío a la derecha que nos llevará, tras doscientos metros por carretera sin asfaltar, hasta el antiguo núcleo urbano de Gordués.
                El caserío presenta la particularidad de formar un recinto cerrado que engloba unas antiguas viviendas de agricultores y ganaderos, un palacio señorial y una iglesia en el ángulo sudeste del recinto que parece estar “engullida” por las construcciones anejas. Dedicada a San Esteban, la iglesia es un pequeño edificio de origen románico levantado en el siglo XII aunque muy reformado en el siglo XVII-XVIII, con una portada renacentista en el lado del evangelio protegida por un sencillo pórtico adintelado, entre pilastras cajeadas, con decoración geométrica y frontón partido cobijando una hornacina. De la fábrica primitiva, una nave rectangular dividida en tres tramos y ábside semicircular cubierto con bóveda de horno, tan sólo conserva esta última parte, alterada tras la restauración llevada a cabo hace pocos años. Desde el exterior puede apreciarse parte de la cabecera original, embutida en el edificio que alberga el horno de pan del caserío anejo. En el interior pueden apreciarse los apeos de las pilastras en las que se apoyaban los arcos fajones. Al exterior, lo más característico es la espadaña de dos vanos que se yergue sobre la techumbre a los pies del edificio.

                Toponímicamente Gordués deriva de Gordus, formado por el sufijo aquitánico –ossu, siendo el antropónimo Gordus variante de Cordus, atestiguado en una inscripción de Lugdunum (CIL, XIII, 1833). También es conocido como Gurdués por el frecuente cierre articulatorio de la vocal pretónica (o-u)[1]
             
               La primera fuente documentada que tenemos del lugar data del 24 de abril de 1189: “in sulco de Sancio (Garcez) de Gurdos[2]
             El lugar perteneció al monasterio de San Juan de la Peña y pasó en 1195 por permuta con otras propiedades al Hospital de Roncesvalles. 
            
          En 1335 sabemos que el infanzón  Lope Ximénez de Gordués tenía casal en el poblado.
     En Enero de 1395 los Lozano compraron a la Corona el lugar de Gordués y sus tierras por 200 florines de oro, 4.000 sueldos y cuatro dineros jaqueses, pero un lustro después, el 3 de septiembre del 1400, el rey Martín I autorizó al consistorio de Sos para reincorporar a la jurisdicción de la villa el lugar de Gordués, “…que por una sentencia arbitraria se había adjudicado a Martín de Lozano y Ampiés y recobrado que sea, lo une y devuelve su Majestad a dicha villa para siempre, prometiendo y jurando por Dios Nuestro Señor y a los Cuatro Evangelios, tocados de dicho Rey, de no ser separado jamás de dicha villa, reservándose perpetuamente los emonumentos que provengan de la jurisdicción y cualesquiera otros que hubieran tenido los Señores Reyes sus antecesores[3], reservándose el monarca el derecho de retracto mediante un instrumento de gracia confeccionado el 20 de julio de ese mismo año.
                Esto originó que los Lozano tuvieran que enfrentarse con el concejo de Sos en defensa de sus posesiones. Finalmente el rey reconoció la sentencia arbitral anterior que adjudicaba el lugar a Martín de Lozano[4], por lo que Gordués volvió a ser de los Lozano, siendo señores del lugar durante todo el siglo XV, y los únicos en Sos que tuvieron la categoría de señores por poseer un tipo de señorío, frente al resto de la nobleza del municipio que no gozaba de esta prerrogativa, con las influencias que ello conllevaba.
               
                Para entonces Gordués era un señorío sin vasallos, por lo que los Lozanos no obtenían beneficios en concepto de pechas, monedajes u otras rentas señoriales, pero sí obtuvieron beneficios explotando sus tierras y sus recursos naturales. De este modo, el señor de Gordués arrendó por un año, en 1479, a Pedro Carlos, un molino harinero que tenía junto al Onsella a cambio de 100 sueldos y la molienda gratuita de 25 cahíces de trigo, lo que demuestra la importante producción de cereal que los Lozano podían llegar a controlar si tenemos en cuenta que el consumo medio anual de cereal por persona  en el Medioevo era entre 1,5 y 2,5 cahíces, por lo que con toda seguridad la producción le generaría a los Lozano una buena cantidad de excedentes para su comercialización. Esto originó que los Lozano consiguieran una notable influencia sobre la población, ya que de ellos dependía el poder moler el grano, que sumado al hecho de ser los únicos en Sos que podían ostentar el tratamiento de señor, elevó la casa de los Lozano a un alto estatus social, siendo una de las familias que con más frecuencia ocuparon cargos públicos en la villa como jurados, jurado claveros e incluso en la Magistratura del Justiciazgo.

                   Además, en 1498 una crecida del río Onsella arrasó el azud del molino de Sosito, propiedad de la villa de Sos y lugar al que acudían a moler la mayoría de los vecinos, por lo que el concejo, intentando evitar ir a Navarra a moler el grano, le propuso a Lozano levantar un azud y una acequia en los términos de Gordués para solucionar el problema, a lo que el de Gordués accedió, dando un plazo de un año para la realización de las obras[5]
                También, en 1501, Lozano Martínez menor formalizó un contrato de aparcería con Miguel y Juan Espatolero por el que el infanzón les entregó un par de bueyes por cinco años y las tierras suficientes para que las labraran; los gastos de las simientes, siega, trilla, acarreos y herramientas serían a medias, así también como la cosecha obtenida. Transcurridos los cinco años, si los bueyes todavía estuvieran vivos volverían a poder de Lozano y si, por el contrario, alguno o los dos animales hubiere muerto o se hubiere perdido, ambas partes contribuirían por igual a reponerlo y al final del contrato se repartirían las bestias[6].
      
       
         Los Lozano también explotaron otros recursos, como las yerbas y pastos. A finales del siglo XV el aumento de la demanda de yerbas en la zona prepirenaica cincovillesa por parte de los ganaderos pirenaicos hizo que estos pagaran sumas considerables por la compra de los herbajes para pasto de sus rebaños en invierno. La primera referencia que tenemos de ventas de pastos en Gordués data del 8 de octubre de 1481, en la que se arrendaron yerbas a tres ganaderos de Ansó por 230 sueldos[7], volviéndose a vender los mismos pastizales en 1499 por un año a otro ganadero ansotano por 400 sueldos y un carnero[8]
                Los señores don Lozano Martínez y su esposa Sancha Romeu, ya mayores, se aseguraron sus últimos años de su vida arrendando el lugar de Gordués en 1505 a su hijo Lozano, a quien ya nombró heredero universal en 1457, a cambio de una renta anual de 200 sueldos y de mantenerlos en el comer, beber, vestir y calzar al mismo tiempo que debieran sustentar a una sirvienta que les ayudara. De este modo, Lozano Martínez padre aseguró la continuidad de sus posesiones y de su linaje, mientras su hijo Lozano continuaría explotando las tierras de Gordués y sus viñas, los recursos de hierbas, leñas y caza, además de recibir el diezmo y la primicia, aunque tenía que entregar el cuarto al obispo de Pamplona y hacerse cargo de la iglesia y de las misas ordenadas[9]
                Más tarde, Gordués fue abandonado y a finales del siglo XV era un lugar ya deshabitado que ni tan siquiera aparece en el censo de 1495, aunque posteriormente fue habitado de nuevo por otras familias.
               
                    En los siglos XIX y XX sus edificaciones fueron utilizadas por ganaderos y campesinos de Sos como casas de labor, siendo una pedanía de Sos hasta que en 1845 pasó a depender del cercano municipio de Navardún.
                Mateo Suman, en sus “Apuntes para el Diccionario Geográfico del Reino de Aragón” de principios del siglo XIX describe así el caserío de Gordués:       
                “Es lugar del partido de Cinco Villas en la Valdonsella, y obispado de Jaca. Es moderno, aunque ya existía en el año de 1728 como consta del empadronamiento de la sal del mismo año en el que se le señalan ocho vecinos. D. Andrés Fuertes vecino de la villa de Biel es señor solariego de este lugar, y él mismo nombra alcalde que es el único que ejerce jurisdicción, sin regidores, ni síndico. Su situación es llana, excepto un poco de repecho que hace a su poniente. La figura del lugar es cuadrada; es una plaza murada por nueve casas, y una iglesia; tres casas a cada lado. Los edificios son de piedra común, cubiertos con tejas copadas, y el suelo sin empedrar. Confina por poniente con término de Navardún; por oriente y sur con término de Sos, y con Arroitia, y por norte también con término de Navardún. Dista de este media hora, de Sos una; de Urriés, otra; de Jaca once y de Zaragoza poco más de 20. El río Onsella corre cerca de Gordués, y este lugar está a su izquierda. Ya se ha dicho el nacimiento, curso, etc. de este río. No hay molino, ni fábrica. Próxima al pueblo hay una fuente de buena agua de la cual se surte para su consumo. No hay árboles, sino arbustos comunes, bojes, gabarderas, espinablos, aliagas, artos, etc. La caza, es también común, perdices, conejos, liebres, palomas torcaces, raposas, algún corzo, etc. Pueden mantenerse en sus montes 400 cabezas de ganado lanar; y de vacuno de 40, a 50. La mayor parte del monte es para la agricultura cuya cosecha anual se calcula ser la de 800 cahíces de trigo; 100 de cebada, avena 200. Hay también lino y hortaliza, pero para su consumo. En lo espiritual Gordués, es anexo de Navardún, y el cura de este, lo es de aquél. La iglesia parroquial está dedicada a San Roque, y este santo está de bulto en el único altar que hay en ella. El patrón es San Estevan protomártir. Hay un pósito de trigo. El señor presta grano a sus vecinos para sembrar, y lo devuelven a la cosecha, para que siempre esté existente. Pagan a dicho señor seis fanegas de diezmo, por cahizada de tierra. Estos naturales visten al estilo de los de Valdonsella y montaña, con ungarina, chupa, abarcas, o alpargatas. Sus juegos, naipes, barra y pelota. En sus fiestas usan de la flauta, o churlar y salterio. Las casas son nueve; los vecinos doce, y las personas 64. Algunos llaman a este lugar Gurdués pero lo común es Gordués. La tierra de año y vez y el 5 por uno, suele dar, y a veces más”.

                Y medio siglo después  Pascual Madoz, en su “Diccionario Geográfico Histórico” describe Gordués de la siguiente manera:
                “Lugar con ayuntamiento de la provincia, audiencia, territorio y capitanía general de Zaragoza (25 horas), partido judicial de Sos, diócesis de Jaca. Situado en la ribera izquierda del río Onsella, al Este de la capital del partido, goza de buena ventilación y clima saludable. Tiene 8 casas, un palacio y una iglesia aneja de la parroquia de Navardún, las cuales forman un círculo para cuya entrada hay dos puertas. El término confina al Norte con el de Navardun; Este con Urriés y Gordún, Sur el despoblado de Rueita, y Oeste con Sos. El terreno participa de monte y llano, y es de regular calidad la porción que se cultiva, y fértil la que se riega con las aguas del río Onsella. Los caminos son locales y no muy buenos. El correo se recibe de la administración de Sos tres veces a la semana. Produce trigo, cebada, judías, lino y hortalizas; mantiene poco ganado, y hay caza de perdices y conejos en corta cantidad. Industria: la agrícola. Población: 6 vecinos, 27 almas. Capital productivo: 30.000 rs. Imponible: 1.800. Contribución: 510. Este pueblo pertenece a la casa de Fuentes de Bucastillo, de la que son colonos todos sus habitantes, pagando el arriendo proporcionado a las tierras que cultivan”

                Sabemos que en 1980 Gordués contaba todavía con 19 habitantes, 4 en 1991 y ninguno actualmente. Hoy forma parte de una explotación agropecuaria utilizada también como coto privado. Varias construcciones ganaderas como cuadras, almacenes, rediles, etc..., algunos de ellos derruidos o abandonados, rodean el recinto por su parte exterior.

                Como curiosidad podemos decir que en esta entidad de Gordués se rodaron varias escenas de la película “La vaquilla” de Berlanga, concretamente las correspondientes a los interiores de la Casa del Marqués (Adolfo Marsillach), cuyo actual propietario es Ricardo Mola.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          




[1] Cortés Valenciano, Marcelino. Toponimia de las Cinco Villas de Aragón.
[2] A.P.S., sin catalogar, en Piedrafita Pérez, Elena: La organización territorial y la propiedad de la tierra en las Cinco Villas durante los siglos XII y XIII. Universidad de Zaragoza, 202, doc. 240, 1992
[3] Noticiaas históricas de Sos. Ambrosio Guillén de Jasso. Archivo de la villa de Sos, año 1440.
[4] A.P.Z., Reales Ordenes, 810/7
[5] A.H.P.S. Juan Zareco, p. 440, ff. 27-27v.
[6] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 458, f. 56v.
[7] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 424, f. 32.
[8] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 456, ff. 43-43v.
[9] A.H.P.S. Bartolomé Español, p. 487, ff. 76v-78




BIBLIOGRAFÍA


-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. Sos en la Baja Edad Media. Una villa aragonesa de frontera. I.F.C. (C.S.I.C.) Zaragoza, 2012.
-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. Selección de documentos de la villa aragonesa de Sos (1202-1533) I.F.C. (C.S.I.C.) Excma. Diputación de Zaragoza. Zaragoza, 2009.
-CORTÉS VALENCIANO, MARCELINO. Toponinia de las Cinco Villas de Aragón. I.F.C., C.E.C.V., Ejea de los Caballeros (Zaragoza)
-FALCÓN, ANA ISABEL. “Las Cinco Villas, tierra de infanzones”, en Esteban Sarasa Sánchez: Las Cinco Villas aragonesas en la Europa de los siglos XII y XIII. I.F.C., D.P.Z., 2007.
-GIMÉNEZ AÍSA, Mª PILAR. Guía del arte románico. Cinco Villas. Fundación Uncastillo, 2008.
-GUILLÉN DE JASSO, AMBROSIO. Noticias históricas de Sos. Cuadernos de Historia Jerónimo Zurita, nº 3. Zaragoza, 1952.
-MADOZ, PASCUAL. Diccionario Geográfico Estadístico Histórico. 1845-1850. Edición facsímil. D.G.A. Valladolid, 1985.
-SUMAN, MATEO. Apuntes para el diccionario Geográfico del Reino de Aragón. Partido de Cinco Villas. Según el ms. de la R.A.H. de 1802. Edición de Josefina Salvo Salanova y Álvaro Capalvo Liesa. I.F.C., D.P.Z. Zaragoza. 2015.
En la web:
-www.sipca.es. Iglesia de San Esteban de Gordués

miércoles, 6 de diciembre de 2017

RUTA DE LOS CASTILLOS: CASTILLO DE OBANO

El castillo de Obano se encuentra  dos kilometros de Luna, ubicado en pleno llano junto al río Arba de Biel, siendo su misión la de vigilar e interceptar el paso entre Ejea de los Caballeros y Huesca y consolidar el avance cristiano por el valle y preparar la conquista de Luna y Ejea.
Castillo de Obano (foto: web Ayuntamiento de Luna)
Para llegar al lugar hay que ir hasta la localidad cincovillesa de Luna y desde aquí tomar la salida del municipio por la carretera A-1103 en dirección a El Frago. Nos desviamos por la derecha en el primer desvío tras salir de Luna, y tras recorrer dos  kilómetros encontraremos las ruinas del castillo de Obano.
 Este fue levantado en tiempos de Sancho Ramírez (siglo XI) posiblemente sobre una fortificación islámica anterior. La primera mención documentada que tenemos del lugar data del año 1086, donde en un documento sobre la herencia entre el infante Pedro I y su hermano Fernando, firmado en Sos, se hace referencia al lugar de Obano con sus términos[1]. En 1093 su iglesia románica, dedicada a Santo Tomás, pertenecía al monasterio de San Juan de la Peña, pasando con posterioridad, hacia 1167, a manos de la Orden del Temple por donación del rey Alfonso II de Aragón. Posteriormente perteneció a María de Luna, esposa de Martín I “El Humano”.  
A sus pies se levantó el poblado de Obano, que por medio de cartas de población concedidas por Sancho Ramírez llegó a ser de relativa importancia, pues sus habitantes llegaron a disponer de su propio molino y el lugar contaba con un pequeño recinto amurallado del que actualmente no queda nada.
La fortaleza fue edificada en piedra sillar de grandes bloques, dando a sus muros hasta casi dos metros de espesor; su planta es rectangular, de siete por nueve metros de planta y quince de altura, levantada sobre una base rocosa de poca altura. La alta torre del castillo tenía cinco plantas, siendo la primera destinada a almacén. Los mechinales que se observan en la zona alta nos indican que contaba con un cadalso corrido en esta parte de la torre, al que se accedía por dos vanos de dintel plano ubicados en la cara norte y sur de la quinta planta de la torre, a los que se accedía por el interior a través de una escalera de caracol, al igual que al resto de pisos. Tenía una techumbre, desaparecida actualmente.
A la torre se accedía por una puerta adintelada al exterior, situada en la parte sur de la segunda planta, de aspecto rectangular por fuera y semicircular por dentro. Los mechinales que se observan exteriormente y que la rodean indican que poseía un balconcillo de madera para su mejor defensa. Otros vanos en diferentes lados y alturas  completan las aberturas de esta fortificación.
A finales del siglo XIV, cuando la ruta que controlaba el castillo cayó ya en desuso, Obano quedó totalmente despoblado y el castillo abandonado.
Actualmente el castillo de Obano está considerado como Bien de Interés Cultural según lo dispuesto en la Ley 3/1999, de marzo, del Patrimonio Cultural Aragonés, y se encuentra bajo la protección de la Declaración Genérica del Decreto de 22 de abril de 1949 y la ley 16/1985 sobre el Patrimonio Español.



[1] Colección diplomática de Pedro I de Aragón y Navarra doc.2. Antonio Ubieto Arteta.




  
BIBLIOGRAFÍA


-CORTÉS VALENCIANO, MARCELINO. Toponimia de las Cinco Villas de Aragón. I.F.C., C.E.C.V. Zaragoza, 2010.
-GUITART APARICIO, CRISTÓBAL. Castillos de Aragón, I. Librería General. Zaragoza, 1976.
-UBIETO ARTETA, ANTONIO. Colección diplomática de Pedro I de Aragón y Navarra. C.S.I.C. Escuela de Estudios Medievales, 1951.
En la web:
-www.luna.es. Ayuntamiento de Luna. Castillo de Obano
-www.patrimonioculturaldearagon.es. Castillo de Obano.
-www.romanicoaragones.com. A, García Omedes. Obano
-www.turismodezaragoza.es. Castillo de Obano




domingo, 19 de noviembre de 2017

LAS CAMPANAS DE SAN ESTEBAN DE SOS



Espadaña de la iglesia de San Esteban con sus respectivas campanas en los vanos. Sos del Rey Católico


              Apenas les hacemos caso, pero ahí están. Son las campanas de la espadaña de la iglesia de San Esteban. Las campanas que desde siempre han marcado el ritmo de vida de los vecinos de Sos y que actualmente ya apenas cumplen ese cometido, pero todavía voltean para anunciarnos algunos acontecimientos, recordándonos lo importante que fueron hasta no hace mucho tiempo en la vida diaria de los habitantes de Sos y sus alrededores.

                Las campanas ya eran utilizadas por antiguas civilizaciones como la persa, griega o romana, pero fueron los monjes benedictinos de Italia quienes en el siglo VI las introdujeron en las iglesias tal y como las conocemos hoy, de bronce y con badajo de hierro, pero mucho más pequeñas, para comunicar los diferentes oficios y servicios religiosos a los habitantes.
               
La doble espadaña de la iglesia de San Esteban de Sod
               La construcción de torres en las iglesias para ubicar las campanas data del siglo XII, con el fin de que su sonido llegara lo más lejos posible, y con el paso del tiempo se usaron también para informar y avisar a los vecinos de cualquier acontecimiento civil relacionado con la vecindad, y de esta forma aumentaron el número de campanas en los campanarios de las iglesias de los pueblos, así como el tamaño de las mismas y poco a poco se fue perfeccionando un “lenguaje” sonoro que dependía del número de campanas que sonaban a la vez, su forma de voltearlas, la frecuencia del toque, su cadencia y su intensidad, dando origen a numerosos tipos de toques, donde cada uno de ellos tenía un determinado significado que todos los vecinos conocían perfectamente.
               
                    En aquellos tiempos donde el único reloj que se conocía era el de sol, los toques de campana llegaron a ser un instrumento fundamental para los habitantes de un municipio, girando su vida en torno a sus toques;  su sonido se escuchaba por todo el término anunciando y avisando a los vecinos de los diferentes actos, oficios, servicios, avisos, peligros o acontecimientos tanto eclesiásticos como civiles
                Así, por ejemplo, existían los toques de a maitines, invitando a la oración del alba, al Ángelus, invitando a la oración al mediodía, o a vísperas, indicando el descanso merecido tras una jornada trabajada. La encargada en Sos de esta labor era la campana llamada “la voz del Ángel”
                Otros toques de campana son a clamor o de difuntos(a muerto) indicando el fallecimiento de un vecino, y cuyos toques llegaban a indicar si el fallecido era hombre, mujer o niño; a gloria o de fiesta, avisando de una buena noticia o la visita de un personaje relevante al municipio; a misa diaria, dominical o festiva; a rosario, de calendas, de enfermos e impedidos, de matraca, de arrebato,  toque temido por los vecinos, pues era indicativo de algún siniestro, como un incendio u otra catástrofe, llamando a los habitantes  a reunirse para hacer frente a la desgracia,…
               Solamente una vez al año las campanas de las iglesias enmudecen, y es durante los días centrales de la Semana Santa, desde la “gloria” del Jueves Santo hasta la “gloria” de la misa de Resurección.

                Las campanas de los pueblos de España eran conocidas por todos los vecinos por su sonido, su tamaño o por su nombre, normalmente  asociado a algún santo. Generalmente la más grande estaba dedicada a la Vírgen María. En Sos la más grande se llama Santa María y es una de las que suele voltearse cuando tocan a misa. También en Sos está la campana “Santa Bárbara”, dedicada a esta Santa, abogada de las tormentas, que sonaba cuando se acercaban negros nubarrones, con el fin de alejar las nubes y evitar el temido granizo que arruinaría las cosechas. Curiosamente, en el siglo XVI en Sos, cuando sonaba esta campana estaba prohibido jugar, bailar y tocar música, así como también mientras se celebra misa y en las vísperas[1].
                Otra de las campanas del campanario de Sos  recibe el nombre de “la exaltación de la Santa Cruz”, en honor a la Exaltación de la Cruz, que se celebra el 14 de septiembre, fecha en la que la localidad celebraba sus fiestas mayores, trasladadas actualmente al mes de agosto.
        Estas campanas eran volteadas hasta el pasado siglo por “el campanero”, oficio ya desaparecido en Sos tras la progresiva eliminación de muchos de sus toques y la posterior electrificación mecánica para su volteo.


                Pero todavía continúan allí, en la altiva y doble espadaña de la iglesia de San Esteban (ver), volteando y repicando, anunciándonos algunos acontecimientos en la villa, recordándonos lo importante que fueron para los habitantes de Sos y suplicando no caer en el olvido para no dejar de sonar algún día, pues ellas, nuestras cinco campanas, tienen que seguir oyéndose en todo el pueblo porque ellas también forman parte del patrimonio cultural e histórico de Sos del Rey Católico



[1] A.H.P.S. Miguel del Sen, p. 459, ff.29-29v. 8 de mayo de 1502.




BIBLIOGRAFÍA

-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. Selección de documentos de la villa de Sos del Rey Católico (1202-1533) I.F.C., (C.S.I.C.) Excma. Diputación Provincial. Zaragoza, 2009.
En la web:
-www.campaners.com. Javier Monzó. El lenguaje de las campanas.
-https://aufop.blogspot.com.es. Blog de la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado. “Las campanas y sus lenguajes”, artículo de José Emilio Palomero, 17 de septiembre de2011.

EL CHOTACABRAS O ENGAÑAPASTORES

Caprimulgus rufficollis. Chotacabras o engañapastoes, perfectamente confundido con el terreno.
(Foto de Marcelino, en www.verpueblos.com. Hortiguela.Burgos)

                  Con la llegada de la primavera comienza el retorno de las primeras aves migratorias. El cielo de Sos empieza a poblarse de golondrinas, aviones comunes y vencejos. Pero hay otra ave que viaja con ellas y que apenas la nombramos  porque no la vemos. Sabemos que existe, pero como apenas se deja ver, la ninguneamos y no le prestamos atención, siendo una de las aves más curiosas de nuestro entorno por su peculiar comportamiento. Se trata del  caprimulgus ruficollis, más conocido como chotacabras (no confundir con chupacabras) o vulgarmente  como “engañapastores”  
                    No las vemos llegar de su larga migración desde los países africanos cercanos al Golfo de Guinea porque son aves de hábitos nocturnos y la migración la hacen durante la noche y, como animal nocturno que es, apenas tiene actividad durante el día y, al no ser tampoco un ave urbana, resulta muy difícil poder verla. Por pura probabilidad estadística las personas que pasan muchas horas en el campo y en el monte son las que tienen más opciones de encontrarse con ellas, y estas personas son los pastores.
          
El camuflaje del engañapastores es extraordinario
(Foto de Xurxo.Blogueiros.axena.org.)
El caprimulgus ruficollis es una especie de ave de la familia caprimulgidae, de patas pequeñas y débiles, pico pequeño pero  de boca enorme flanqueada de fuertes y desarrolladas cerdas que le ayudan a atrapar los insectos cuando la abren durante el vuelo;  tienen un plumaje críptico, es decir, con gran facilidad para camuflarse y mimetizarse con el terreno, de tonos pardos, castaños y grisáceos con veteados blancos y negros, muy parecido a las hojas secas del suelo o a la corteza de un árbol. Durante el día reposa en el suelo, sin moverse, con los ojos cerrados o semicerrados, confiado en su excelente camuflaje para hacer frente a los depredadores, y es al anochecer y durante la noche cuando inicia su actividad, consiguiendo un vuelo muy rápido y ágil con sus largas alas y cola, como los vencejos pero más grandes en envergadura, a la vez que silencioso, como si de una rapaz nocturna se tratara.
                Su nombre científico( caprimulgus) deriva de la combinación de las palabras latinas capra (cabra) y mulgere (ordeñar) = ordeñacabras. El término "chotacabras", en español, significa lo mismo y viene de un término arcaico, “chotar”, que proviene del latín suctare (mamar) y hacen referencia a una antigua creencia por la que se pensaba que estas aves, al estar constantemente con los rebaños de ovejas y cabras se alimentaban mamando de las ubres de las mismas, pero la realidad es que se acercan a estos animales para volar entre ellos y capturar al vuelo, con su enorme boca abierta, los pequeños insectos voladores que suelen acompañar al ganado.Pero ya sabemos cómo es la tradición popular, mámime tratándose de un animal que arrastra desde el siglo XVI mala fama, representado como un ser monstruoso y protagonista de terroríficas leyendas. Ya Jheronimus Van Aken, El Bosco, en su famoso tríptico "El jardín de las delicias", pinta en la parte derecha del tríptico, que representa el infierno, un chotacabras devorando un ser humano con su enorme boca.

                El hábitat preferido del chotacabras son las zonas cálidas y secas de moderada altitud y poco arbolado. Prefiere paisajes mixtos con alternancia de arbustos y árboles dispersos con cultivos y eriales, huertas y sotos fluviales, huyendo de los frondosos bosques y de las zonas montañosas. Es muy típico verlo por las noches posado en las carreteras, deslumbrado por los faros de los coches, motivo por el que suelen aparecer muchos atropellados.
              
Polluelo de chotacabras en el nido
(Foto: Xurxo. Blogueiros.axena.org.)
                     El canto del macho viene a ser como un contínuo croar, muy parecido al traqueteo constante del motor de un camión.Aunque personalmente todavía no he visto ningún chotacabras sí he oído su característico "motor en marcha" en las proximidades del convento de Valentuñana. El canto para llamar la atención de la hembra es distinto y se asemeja a un silvido terminado en una nota de su característico "croar".
                  El chotacabras no utiliza ningún material para construir su nido, simplemente hace la puesta directamente en el suelo, generalmente dos huevos, cuya cáscara posee un color muy críptico confundiéndose fácilmente con guijarros, y muy similar al terreno, por eso la puesta siempre la realiza  junto a hojas secas o algún trozo de madera, que servirán también de camuflaje para los futuros polluelos.
                Lo más curioso y significativo de esta ave es su mecanismo de defensa ante una seria amenaza contra su nido o sus polluelos, lo que le ha servido para ganarse con todo merecimiento el sobrenombre de engañapastores.                
               Ya hemos visto cómo el chotacabras pasa el día tumbado en el suelo confiando en su excelente camuflaje, y así permanecerá inmóvil hasta que una persona o cualquier otro animal esté justamente encima de él, entonces levantará el vuelo y se marchará. Tanta es la confianza que tiene en su mimetismo que esperará hasta el último segundo para huir, y es verdad, es imposible de distinguirlo cuando está inmóvil entre los guijarros, palos secos y hojarasca. Pero cuando está cuidando de su puesta  de huevos o de los polluelos el comportamiento es distinto. Antes de aproximarnos a él tanto como nos hubiera dejado si no tuviera nidada, levantará el vuelo, y con unos movimientos aparentemente torpes en el volar, como si estuviera enfermo, o herido en un ala, se desplazará unos metros, distanciándose de nosotros, y volverá a posarse en el suelo aparentando ser una caída; al acercarnos de nuevo volverá a hacer la misma maniobra: levantará el vuelo no más de un metro del suelo, con movimientos torpes y volviendo a caer, y así cuantas veces nos aproximemos a él, habiéndonos desplazado del lugar de la nidada lo suficiente como para que ésta se encuentre a salvo. Este “engaño” es  la forma que tienen los chotacabras de defender sus polluelos ante una amenaza, y como en el campo, debido a su trabajo, son los pastores quienes pasan la mayor parte del tiempo, y los que más han sufrido este hábil engaño, popularmente se añadió al animal el sobrenombre de “engañapastores”
              
La boca del chotacabras es enorme en comparación a su cuerpo. Le sirve
para capturar insectos por la noche mientras vuela.

(Foto: InfoHuévar. infohuevar.es.20/09//2014)
                       Es significativo también el engaño al que son sometidos los perros del pastor o de los cazadores, llegando éstos a desatender totalmente sus labores de pastoreo o de caza ante el inútil intento de cazar al chotacabras.
                Esta es la verdadera razón del porqué a estas aves se las llama “engañapastores”, pero la tradición popular, esa que cuenta que “dicen que…”, “en cierta ocasión…” etc..., donde la imaginación y la exageración de los acontecimientos hacen que una historia, real o no, se convierta en leyenda, hace que en otros lugares de la geografía española el mismo suceso se narre de forma distinta, aunque en el fondo, el resultado final sea el mismo. Es lo que sucede, por ejemplo, en Fuencalderas, localidad también cincovillesa, no muy distante de Sos, donde el significado del “engañapastores”, según la tradición popular, se debe a que en cierta ocasión un pastor se disponía a comer migas, y mientras las estaba cortando vino a posarse en su rodilla el pájaro; el pastor quiso darle un pinchazo con su cuchillo, pero engañado por el ave por el característico movimiento de vaivén que tiene al posarse, se lo clavó él mismo en la pierna[1]. Además, tanto en Fuencalderas como en otras localidades de la geografía española, atribuyen el sobrenombre de "engañapastores" a un ave distinta: la motacilla alba (lavandera blanca)
               
                         Tras la nidada y cría de los polluelos y con el cambio de estación, el chotacabras, junto con otras aves, emigrará de nuevo a tierras africanas hasta la siguiente primavera.

Los ojos del chotacabras son grandes para facilitarle la visión nocturna
(Foto:InfoHuévar. infohuevar.es. 20/09/2014)





[1] Arbués Possat, José. Tradiciones, costumbres y lengua en Fuencalderas. P. 122. Quadernos Jean-Joseph Saroïhandy. Prensas Universitarias de Zaragoza y Xordica Editorial.







BIBLIOGRAFÍA

-ARBUÉS POSSAT, JOSÉ. Tradiciones, costumbres y lengua en Fuencalderas. Quadernos Jean-Joseph Saroïhandy. Prensas Universitarias de Zaragoza y Xordica Editorial. Zaragoza, 2012.

En la web:

-Wikipedia. El engañapastores

viernes, 17 de noviembre de 2017

ANONIMOS, FIRMANTES Y DONANTES. MARCAS DE CANTERO




En la época románica, los teólogos reflexionaron sobre el arte y muy especialmente sobre su belleza- como reflejo de la belleza de Dios, causa de todas las bellezas-, pero apenas dijeron nada ni del trabajo ni de la consideración de aquellos que creaban dicha belleza, los artistas. El hombre que trabaja con sus manos, llámese artesano o artista –artifex practice, en definitiva-, no es el verdadero creador de una obra, o al menos no es a quien la Edad Media tuvo más aprecio. El arquitecto, que piensa el edificio, es superior al albañil que lo realiza en materia, y por eso es el verdadero artista, el artífice teórico (artifex theorice) Así se considera también al individuo, que en el ámbito de las artes figurativas, por lo común un religioso (obispo, abad, monje) habla, entiende, idea los programas iconográficos de las decoraciones murales, de los retablos, de los relieves de una fachada o de los capiteles de un claustro. El artifex practice fue siempre el hermano menor del artifex theorice, el sabio.
Iglesia de la Magdalena. Tudela (Navarra)

  Generalmente del artifex practice de una obra apenas ha quedado rastro alguno, ni tan siquiera documental; no puede afirmarse, como en muchas ocasiones se ha hecho, que el románico fuera un ser anónimo. El tipo de relaciones laborales de la época, el nomadismo de muchos de los artífices y la pérdida de innumerables obras y de documentación, han sustraído a la historia los nombres de aquellos que sin duda desarrollaron su trabajo con alta estima profesional, puesto que antes que nada, en los siglos del año 1000 a una obra artística, fuese la que fuese, se le exigía un sólido, preciso y perfecto oficio. A este supuesto anonimato contribuyó sin duda la inicial obligación de los monjes artistas de practicar la humildad ante el temor de asemejarse al Creador, obligación compartida en ocasiones por los seglares, lo cual sin embargo no impidió que alguno de los que levantaban edificios, labraran capiteles, o dejaran la huella de su arte en los murales, labrasen o pintasen su nombre y a veces, las menos, aduladoras palabras en aquellas obras pensadas para durar.
No siempre las inscripciones que certifican la autoría de una obra son, ciertamente elogiosas, ni tan siquiera extensas como lo es, por ejemplo, la del maestro Mateo en los dinteles del Pórtico de la Gloria. La mayoría de ellos se reducen a los lacónicos “hizo esto” (hoc fecit) o “me hizo”( me fecit) y poco más, tal como se lee en el ábside del evangelio de la cripta de Santa María del Perdón, en Sos: ”A(NNUS) D(OMI)NE M.CCC.LXX y III FIZO PINTAR D(OMI)NI GUYLLEM DE SANT GIL Y SU M(U)LLER ELVIRA LONGAS A LOS QUAL(E)S DE DIOS PA(RA)YSO AMEN” ( Año del Señor de 1373 hizo pintar Guillen de San Gil y su mujer Elvira Longas a los cuales de Dios Paraíso. Amen), o en el libro abierto que tiene entre sus manos la estatua columnaria de María en el pórtico meridional de Santa María la Real de Sangüesa: MARIA MATER XPI LEODEGARIUS ME FECIT; y en el bisel inferior del retablo de la iglesia parroquial del pueblo oscense de Chía en el que se lee: IOH(ANNES)PINTOR ME FECIT.
Abside del evangelio de la cripta de Santa María del Perdón. Bajo la cruz de consagración puede observarse la inscripción del artista.

             En menos ocasiones se afirma la calidad del trabajo (hoc opus insign), la nobleza del insigne (hoc nobie facit opus), e incluso su santidad, tal como se lee en el epitafio de Pedro Deustambem, un poco anterior seguramente a 1148, en su sepulcro de San Isidoro de León: HIC REQUIESCIT PETRUS DE DEO, QUI SUPERAEDIFICAVIT ECCLESSIAM HANC. ISTE FUNDAVIT PONTEM, QUI DICITUR DE DEUS TAMBEN, ET QUIA ERAT MIRAE ABSTINENTIAE, ET MULTIS FLOREBAT MIRACULIS OMNES EUM LAUDIBUS PRAEDICABANT. SEPULTUS EST HIC AB IMPERATOR ADEFONSO ET SANCIA REGINA. Es decir: “Aquí reposa pedro Deustambem, que sobreedificó esta iglesia. El mismo construyó un puente, llamado de Deustambem; y porque era varón de admirable templanza y se distinguía por sus muchos milagros, todos lo elogiaban. Aquí está sepultado por el emperador Alfonso y la Reina Sancha”
El artista, sin embargo, no sólo se identifica con su nombre adjetivado con más o menos orgullo, o con las marcas de taller. En la época románica no son extrañas su representación en el momento de ejecutar su labor, como ocurre, por ejemplo, en el claustro de Sant Cugat del Valles, en el que aparece el escultor, documentado entre 1205 y 1207, Arnau Gatell labrando su capitel y acompañado de una inscripción que le identifica a él y a su labor: HEC EST ARNALLI SCULTORIS FORMA CATELLI QUI CLAUSTRUM TALE CONSTRUXIST PERPETUALES.
Sin embargo, a pesar de tales manifestaciones y a pesar de la habilidad, del conocimiento técnico y de la capacidad creativa de los artistas románicos, el mérito y la gloria de una bella construcción o de una pieza hermosa no recaían por lo común, como se ha dicho, en el arifice practice y, en algunas ocasiones, ni tan siquiera en el atrifex theorice, sino en el patrono de la obra o, en su caso, en el donante, fuese el abad de un monasterio, el obispo o el capítulo de una colegiata o de una catedral, la comunidad de una parroquia, un rey o un señor feudal.
Los patronos y donantes, en la época románica no hicieron de la humildad su mejor virtud y en diversas ocasiones sus figuras fueron inmortalizadas por los artistas como orantes o presentando su ofrenda, en ocasiones una maqueta o modelo del propio edificio erigido, a Cristo, a la Virgen María o a algún santo. Como modelo de donantes orantes tenemos un claro ejemplo en la cripta de Santa María del Perdón de Sos del Rey Católico, en el ya citado ábside del evangelio.
Marcas de cantero. Siglas y signos gremiales
Los miembros de los gremios constructores viajaban libremente por Europa, manteniendo entre ellos estrechos lazos fraternales y de hospitalidad. Cuando el neófito solicitaba el ingreso, recibía un signo o marca de cantero que debía reproducir en todos sus trabajos, y era su “marca de honor”.

Marca de cantero en los ábsides de San Esteban
Marca de cantero en los ábsides de San Esteban
Los signos lapidarios que aparecen en los sillares de los edificios están íntimamente ligados a las logias de los canteros medievales. Estos signos son de muy diversas formas y tipos. Los instrumentos que usaban los canteros adquieren un gran significado, por lo que la representación de escuadras, compases, picos, etc. es frecuente entre las marcas de cantero: también son frecuentes las formas geométricas, como el triángulo, doble triángulo, rectángulo, arcos…: con forma de estrella, de cruz o de asterisco; representando animales, vegetales, letras, figuras diversas, símbolos de alquimia, Instrumentos musicales u objetos diversos.





Marca en los ábsides de la iglesia
Marca en los ábsides de la iglesia





Marca en los ábsides de la igles
Marca en el túnel del Perdón
Marca en el puente de Uncastillo


Los especialistas sobre este tema discrepan sobre la finalidad de los mismos; mientras que para unos es una forma de identificar su obra y así determinar el estipendio correspondiente, para otros es la firma del que pagaba la obra, en un afán de darse publicidad; para otros son simplemente marcas masónicas, e incluso hay quien piensa que son signos relacionados con la astrología, la alquimia o la magia, o incluso pertenecientes a viejos alfabetos masónicos que pueden observarse en antiguos edificios egipcios, romanos y griegos.

Algunas marcas de cantero que se pueden ver en Sos:










BIBLIOGRAFÍA

-ALMAZÁN de GRACIA, ÁNGEL. Claves masónicas de los maestros constructores. Sobatur. Soria, 2005.
-DORLING KINDERSLEY. Signos y símbolos. Círculo de Lectores, 2008.
-PÉREZ CHAVARRI. Marcas de cantero y signos lapidarios. Litos on line

-Historia del Arte Español. Planeta. Barcelona, 1995.