sábado, 12 de enero de 2019

UN DIQUE ROMANO DESAPARECIDO


Acueducto romano de Los Bañales

No hay ninguna duda que el territorio de las Altas Cinco Villas fue una zona altamente romanizada. Infinidad de restos arqueológicos de todo tipo así lo confirman; y que sus tierras fueron aprovechadas para su cultivo, también; pero igual que sucede actualmente, los romanos también tuvieron que solventar los problemas de escasez de agua en la comarca tanto para cultivar los campos como para consumo ganadero y humano, y es aquí donde la ingeniería de la época Imperial mostró sus avanzados conocimientos hidráulicos para solucionar los problemas de abastecimiento de agua. Acueductos, edificios termales, presas, diques y otros sistemas hidráulicos contribuyeron a solucionar el problema del agua.
En las Cinco Villas tenemos el ejemplo del acueducto de Los Bañales, con sus termas, o la presa de Cubalmena en Biota, pero son muy pocos, si no inexistentes, los restos que quedan de diques romanos en la comarca, lo que no quiere decir que no existieran, simplemente que no se ha conservado ninguno o que no han llegado hasta nuestros días resto alguno de estas construcciones, a excepción de uno en la muga de Castiliscar con el término de Sos del Rey Católico aunque, lamentablemente, apenas quedan piedras de su fábrica.
El historiador y arqueólogo Manuel Antonio Martín Bueno estudió hace más de 40 años este dique, cuando todavía quedaba parte de su estructura, ubicado en el término del Salado, justo en la frontera de los términos municipales de Castiliscar con Sos. La construcción servía para almacenar el agua del arroyo de Castiliscar, que fluía por el barranco del mismo nombre, de caudal irregular pero contínuo, y de otra serie de barrancos, de carácter estacional, que confluyen en la zona.

Según el profesor Antonio Martín este dique es, sin duda alguna, de la época Imperial romana, y podría datarse hacia la mitad del siglo II, aunque pudiera ser anterior, teniendo, “indudablemente, carácter eminentemente agrícola, aunque no deben de descartarse asimismo sus posibilidades de utilización para el abastecimiento a construcciones”, como así asevera el historiador Ignacio Bueno Olóriz en un artículo en Ejea Digital[1]
Planta rectangular del dique
(Fuente: Miscelánea Arqueológica)
La obra fue realizada en buena sillería, teniendo alguno de sus sillares almohadillados, sobre todo en la parte frontal, por lo que pueden considerarse como “sillares ornamentales” al tratarse, por decir así, de la “fachada” de la obra, y estaba formada por tres muros cerrando en rectángulo, ubicando sus lados largos paralelos al eje de los barrancos que confluyen en el valle para captar el caudal de los mismos. Desconocemos la longitud total de los lados largos, pero el lado corto que hace las veces de frontal mide 21,5 m con un grosor de 2 m en el frente y una altura de unos tres metros.
La unión de los sillares se realizó mediante “opus caementicium” (mortero y guijarros) de buena calidad cuidando “cubrir todas las posibles grietas que pudiesen constituir amenaza para la obra”
Ángulo de la fachada con las huellas de las grapas de sujección
(Fuente: Miscelánea Arqueológica)
Respecto a la descripción de la obra, continúa el profesor Martín: “ La cimentación se realizó asentando las primeras hiladas en zanja abierta en el terreno y posiblemente con una preparación previa del mismo para evitar fugas subterráneas del agua.
En uno de los ángulos se apreciaban huellas de grapas exteriores, colocadas sin duda ante el peligro de agrietamiento que se había producido en la fábrica al parecer por las presiones internas o bien por el fallo del terreno, cosa menos probable.
La solidez de la obra era notable ya que si calculamos que se conservaban unos 450 metros de muro e ignoramos sus dimensiones originales, el cómputo de metros cúbicos que quedaban encerrados era considerable para una obra en la que cada metro de su estructura debía soportar idéntica presión por el líquido.”
En la parte central de la “fachada” o zona frontal del rectangular dique, existían dos desagües, “presumiblemente regulables” para controlar voluntariamente la salida del caudal de agua “ y eran de sección rectangular con una pendiente de salida hacia el exterior con una continuación al parecer en forma de canal, ya que de este posible canal quedaba aún el arranque en el muro del dique. La altura de las aberturas del desagüe era de 1,10 m y estaban revestidas con restos de un “opus cementicium” más fino, casi “opus signinum” (mortero y teja), lo que le confería una mayor impermeabilidad, a la par que una mayor resistencia ante la erosión producida por el agua en su salida. Revestimiento usual en toda construcción hidráulica romana de una cierta entidad.
La regulación del agua se efectuaría mediante compuertas metálicas quizás del tipo de corredera, las que hoy se denominan “tajaderas”de las que no ha quedado resto alguno ni huella en la piedra que nos permita con seguridad determinar cómo eran.
La distribución exterior, aparte de los canales de salida mencionados, que ignoramos si estarían cubiertos o no, se efectuaría asimismo por otros menores o bien el agua vertería directamente a acequias o canalizaciones en tierra”
Cuando hace años el profesor Martín pudo observar este magnífico dique la superficie interior  del rectángulo que lo conformaba estaba totalmente cultivada, así como la parte exterior, pero se podía ver claramente el perímetro del mismo, así como las piedras que lo conformaban y poder estudiarlas; con posterioridad, y de nuevo debido a la destructora mano del hombre, todo quedó derruído y reducido a escombros para ampliar el espacio cultivable. El diario “Aragón Expres”, en su edición del 24 de octubre de 1973 se hizo eco de ello denunciando en su artículo esta lamentable pérdida de nuestro Parimonio histórico.
Se sabe que parte de los sillares del dique fueron vendidos para la construcción del Parador Nacional de Sos, que empezaba a edificarse para esos años.
Actualmente en El Salado, donde estuvo el dique, sólo quedan, como muestra de su bimilenaria existencia, unos pocos sillares que afloran en el suelo.



[1] Ignacio Bueno Olóriz. “Dique romano desaparecido en Castiliscar” Ejeadigital.com. 28/05/2006








BIBLIOGRAFÍA

-MARTÍN BUENO, MANUEL ANTONIO. “Dique romano en Cinco Villas” Miscelánea Arqueológica (Separata) que al profesor Antonio Beltrán dedican sus discípulos. Librería General. Zaragoza, 1975.
-Periódico Aragón Expres. 24 de Octubre de 1973. “Otro atentado al patrimonio cultural aragonés” Autor:M.M.B.
En la web:
-Ejeadigital.com. 28/05/2006. Ignacio Bueno Olóriz. “Dique romano desaparecido en Castiliscar”


viernes, 11 de enero de 2019

"SOCARRACRISTOS" Y "CHAPUCEROS" LOS DE ASÍN



             Estos dos seudogentilicios con los que se conoce a los habitantes de Asín proceden, según cuenta la tradición oral, de un mismo suceso ocurrido hace tiempo.
            Cuenta la tradición que los vecinos de Asín llevaron un día a Ejea de los Caballeros el Cristo de la iglesia para que lo repintaran, pues estaba muy estropeado. Cuando pasaron a recogerlo unos días más tarde todavía no se había secado bien la pintura y barnices de la restauración, pero los asineros que fueron a buscarlo, teniendo prisa en recoger el Cristo y llevarlo de nuevo a su iglesia, lo taparon  con unas mantas, lo cargaron en las mulas y regresaron con la sagrada imagen a su pueblo. Al retirar las mantas observaron que las pelusas y “filarchos” de las mismas habían quedado adheridas a la todavía fresca pintura del Cristo y no se les ocurrió otra cosa para quitárselas que chamuscarlas con fuego. Os podéis imaginar el resultado. Esta  “chapuza” es la que hizo que los pueblos vecinos se rieran de ellos y “bautizaran” a los asineros con los apodos de “chapuceros” y “socarracristos”.
           También llaman “socarracristos” a los habitantes de Bierge (Huesca) y cuentan exactamente la misma historia, excepto que el Cristo es llevado a un taller de restauración de Huesca en vez de a Ejea.
               Igualmente llaman “socarracristos” a los habitantes de San Pedro de Torelló (Barcelona) si bien, en este caso, la leyenda varía un poco.

domingo, 6 de enero de 2019

SOS DEL REY CATÓLICO (ROMANCE)




                         José Anselmo Oruj, en su libro “poesía de municipios y personajes en las Cinco Villas”(ver) narra este romance lírico de Sos del Rey Católico, típico de la poesía popular.

Sos del Rey Católico

Eres Sos en Cinco Villas
la que más te haces sonar
porque tienes algo grande
sobre todas las demás.

Con Navarra eres frontera
de Aragón eres por ley
y en la casa de los Sada
el nacimiento del rey.

Desde otro reino apurando
en el vientre de su madre
por nacer en Aragón
que es la patria de su padre.

Custodiado estás por sierras
la de Peña y la de Leyre
la mayor Santo Domingo
que te mira desde el este.

Con caudal irregular
además de ser escaso
te acompaña el río Onsella
aunque no es mucho, a su paso.

Regadío no en exceso
pero sí el agua del cielo
contribuyen a llenar
la cosecha en tu granero.

De las Altas Cinco Villas
su capital eres tú
desde Pintano a Longás
y de Urriés hasta Gordún.

Campo Real y Barués
hoy seiscientos habitantes
los que están en su padrón
con Mamillas y Sofuentes.

Iglesia de San Esteban
y casa consistorial
con el Palacio de Sada
mucha fama a tí te dan.

Monasterio de prestigio
Valentuñana lo es
donde clérigos formó
instruidos en la fe.

En la Peña Feliciana
tu castillo se erigió
la mayor parte en madera
toda ella se perdió.

La Torre del Homenaje
hoy está reconstruida
y de lana por sus hijos
en sus paredes tejida.

Una ermita dedicada
en principio a San Miguel
Santa Lucía es después
quien le da gracias a él.

Isidoro Gil de Jaz
quien fue ministro del rey
lo escogió Carlos III
confiando mucho en él.

Aunque no nació en tu villa
un colegio con su nombre
y que en ella se crió
lo recuerda para siempre.

Tu barrio La Judería
hoy Plaza de la Sartén
callejones sin salida
guardan recuerdo de él.

También La Lonja otra joya
de aquel tiempo Medieval
hoy alberga biblioteca
en su sala principal.

Propaganda no hace falta
para irte a visitar
todo aquel que va repite
con tu arte a disfrutar.

sábado, 5 de enero de 2019

CARTA EN UNA BOTELLA (CUENTO)


                 Carta en una botella es un bonito cuento de aventuras de la escritora y profesora María Jesús Varela que transcurre en la localidad cincovillesa de Sos del Rey Católico. El libro está editado por la editoroal Edinumem y pertenece al nivel "verde" de la colección "Lecturas Gominola"
              
              El cuento, orientado a pequeños lectores de entre diez a doce años y destinado al aprendizaje de la lengua española, narra las aventuras de dos jóvenes amigos que tratan de resolver un grave problema linguístico que padecieron las personas mayores de Sos del Rey Católico.
            Según cuenta Mª Jesús Varela en la introducción del libro, se trata de un cuento anónimo que ella mismo encontró dentro de una botella que había arrastrado el mar hasta la playa de Mugardos (La Coruña)

              Los dos amigos, a quienes su autor les concede el protagonismo del relato, bien pudieran ser dos personas ficticias sacadas de la imaginación del mismo, pero realmente son los nombres de dos personajes históricos; se trata del escudero y escritor Martín Martínez de Ampiés (ver) y del también escritor e impresor, el alemán Bernardo De Breidenbach, autor del libro “Viaje a Tierra Santa” y que Martín de Ampiés tradujo al castellano en 1498, si bien en el cuento no se hace mención alguna a sus notables relevancias personales y sociales, sino que son dos jóvenes amigos, Martín y Bernardo, que, entre palacios antiguos, magia, palabras incomprensibles y animales que hablan, viven una apasionante aventura en la pequeña localidad de Sos del Rey Católico.

LA PERLA DEL ONSELLA (ODA)

                                 
El Padre D. José Beltrán Roche



                         El padre escolapio José Beltrán Roche, gran literato y poeta de principios del siglo XX dedicó esta oda a la villa de Sos, y que recoge el P. Máximo Garcés en su libro de Sos del Rey Católico.







La perla del Onsella


Noble Villa,
Villa hidalga,
rica perla del Onsella,
flor de heroica prosapia,
barandal de bronce y oro de la Historia,
de las Villas de Aragón la más bizarra,
la serrana de perfiles legendarios,
la princesa de los sueños encantada,
la que ciñe por cabellos áureas mieses,
la que ostenta por collar rojas manzanas,
la que borda con preciosos paisajes
su gentil manto de rosas y esmeraldas,
reclinada en tu almohadón de musgo y hiedra
en la cima de tu histórica montaña,
como estatua que los siglos patinaron
duerme y sueña en tus grandezas, Villa hidalga,
duerme y sueña sobre el oro de tus piedras
de tus ínclitos castillos y murallas.




BIBLIOGRAFIA

-GARCÉS ABADÍA, MÁXIMO. Sos del Rey Católico. Edilesa. León, 2009.



"LECHACINOS" LOS DE RUESTA

Lechacina. ( Foto: Wikipedia)



                A los habitantes del despoblado de Ruesta se les llama, popularmente, lechacinos.
            La lechacina, o lechacino, también llamada cerraja, o cerrajón,  es una planta silvestre no comestible que suele crecer entre los cultivos, preferentemente de regadío, que aprovechan la humedad del suelo para crecer rápidamente, ralentizando y privando así el normal desarrollo del cultivo o la cosecha plantada por el agricultor. El lechacino es, digamos, una de las muchas malas hierbas que pueden arruinar una cosecha, y se llama así por ser productora de una savia de aspecto lechoso (látex)
            Con este nombre eran apodados los vecinos de Ruesta, dando a entender que tienen los campos abandonados y plagados de lechacinos, por lo que sus cosechas resultaban ser muy pobres, cuando en realidad sería todo lo contrario y los vecinos de los pueblos limítrofes verían con envidia las abundantes y fructíferas cosechas de los ruestanos, mejores que las suyas, dando así origen al pseudogentilicio de” lechacinos”.  También hay quien dice que este apodo es personal, atribuyéndolo a la forma de ser de los de Ruesta que, al igual que las lechacinas, no sirven para nada, pues lo único que hacen es estorbar, dificultar e impedir el normal crecimiento de las cosechas.

"CARACOLEROS" LOS DE NAVARDÚN


   
     
          
           La afición a coger y comer caracoles en algunos pueblos ha llevado al resto de municipios cercanos a ellos a ponerles el apodo o seudogentilicio de caracoleros.
Como ejemplo cercano tenemos Navardún. Cuenta la tradición popular que era tal el hábito del consumo de este molusco por parte de sus habitantes que un día que marchaban de romería a Javier con el párroco empezó a llover y, la gente, desentendiéndose del peregrinaje,  se puso a coger caracoles.
            También se les llama caracoleros, por el mismo motivo, a los habitantes del municipio oscense de Agüero, apodo que llevan con orgullo. Tanto es así que el Ayuntamiento,en el año 2009, al recuperar la tradición carnavalera de la “Festa d´as Mascaretas”, cambió la figura de “el hombre de fe” (personaje que presidía la comparsa asegurando que todas las personas que iban disfrazadas eran gente de buena voluntad) por el “caracolero”, personaje cubierto con una tela de saco adornada toda ella con infinidad de conchas de caracoles.
                Existe un dicho popular en Agüero que dice: 

“Agüero caracolero,
caracolero ladrón,
espaldaste cuatro tapias
por coger un caracol”

                Igualmente a los habitantes de la localidad riojana de Tricio también se les llama caracoleros, y también por la misma razón de la afición al consumo de estos gasterópodos. Curiosamente este municipio tiene fama por sus riquísimos guisos de caracoles.
                Además, en Tricio, tiene lugar, en las fiestas de San Bartolomé, que se celebran el 24 de agosto, el “Festival del caracol”, con degustaciones del molusco y con la conocidísima “carrera de caracoles”, siendo una de las 10 fiestas más curiosas de Europa según el conocido Portal Internacional “Viajeros piratas”
Un dicho popular dice:

“Caracoleros de Tricio,
hombres de gran corazón,
que se subieron a la torre
a buscar un caracol”

               También a los habitantes de Sabiñán (Zaragoza) se les llama caracoleros por su afición a coger caracoles tras las lluvias y por su costumbre de cocinarlos.