lunes, 23 de abril de 2018

¡ALA MAÑOOOOO.....!


            Ya hemos visto el léxico de Sos(ver), y cómo todavía algunos vecinos de la villa usan ciertas palabras, giros o expresiones lingüísticas de este peculiar léxico.
            Pero además del léxico de Sos existen en Aragón otras expresiones, chabacanas y vulgares, pero no por ello menos usadas, sobre todo en el medio rural, incluído Sos.
          Son expresiones formadas por una sola palabra y que vienen a sustituir una frase entera con todos sus constituyentes sintácticos, y aunque, como hemos dicho, conllevan mucha vulgaridad y ordinariez, su uso está bastante popularizado. Generalmente son exclamaciones, palabras sincopadas, peyorativas, eufemismos...de ámbito muy local y que pueden adquirir diversos significados dependiendo del contexto y la situación en la que se encuentren los interlocutores y, claro está, no pasan desapercibidas para un oyente de cualquier otra comunidad autónoma.
           Como ejemplo, aunque algo exagerado y en clave de humor, exponemos a continuación un diálogo entre dos agricultores sosienses que se hallan en la huerta de uno de ellos. Uno se dispone a sembrar semillas en los hoyos que previamente había excavado en la tierra mientras el otro se encuentra de pie tapando el hoyo sin darse cuenta de ello.
            Fijaros la facilidad con la que resumen 85 palabras en sólo ¡10!

-          ¡Aivadái!
-          ¿Mande?
-          ¡Tiraaaa...!
-          ¿Ein?
-          ¡Rídiela!
-          ¿Pasapués?
-          ¡Alakaskala!
-          ¿Yesopués?
-          ¡Recojona! ¡ala mañoooo.....!

TRADUCCIÓN

 -Por favor ¿Tendrías la amabilidad de apartarte de ahí?            
-Perdona, no te he entendido ¿Qué es lo que quieres?               
-¡Que te apartes de enmedio ¿Que no me dejas trabajar!             
-¿Que dices, que no te entiendo?                                             
-¡Me dejas asombrado con tu forma de entender las cosas!¡Joder qué torpe!        
-No entiendo qué es lo que sucede ¿podrías explicármelo?                                                   
-¡Que te vayas de aquí! ¡Que no te quiero ni ver!                                     
-¿porqué quieres que me vaya?                                                  
-¡Joder! ¡Ya te lo he dicho! ¿Te apartas de ahí o no?    



            ¡Seguro que habéis oído en el pueblo a más de uno estas expresiones!                          

domingo, 22 de abril de 2018

ARCOS CONOPIALES EN SOS




Arco conopial apuntado. Sos del Rey Católico

El arco conopial es un tipo de arco apuntado formado por dos arcos de cuarto de circunferencia, cóncavos en el arranque seguidos por dos convexos y presentando en su remate, en la clave, una escotadura con el vértice hacia arriba, por lo que contiene cuatro centros, dos en el lado interno y otros dos en el externo.
Fue un arco inventado por la arquitectura islámica pero muy utilizado por el arte gótico y en la arquitectura de los siglos XIV y XV.
           Actualmente, la presencia de estos tipos de arcos en la villa de Sos del Rey Católico se reduce a dos puertas y una ventana.

Existen básicamente tres tipos característicos de arcos conopiales: el modelo clásico de arco conopial rebajado; el tipo de arco conopial apuntado no rebajado, muy utilizado en los portales góticos y, aunque con menos presencia en la arquitectura, también existe el remate conopial, un arco de medio punto reconvertido en apuntado al añadirle un simple vértice en la parte superior de la clave, a modo de remate.
Es precisamente éste último tipo el que nos encontramos en dos puertas de Sos del Rey Católico, ambas contiguas (s. XV-XVI), y probablemente las dos únicas manifestaciones de este tipo de arco en todo el pueblo. Se encuentran junto al albergue, en dirección hacia el castillo.

Remate en arco conopial. Sos del Rey Católico
Estos remates conopiales se esculpían en las portadas a modo de adorno, simplemente para romper la sobriedad de los arcos de medio punto y conseguir un efecto visual más alegre, vistoso y diferente al resto de portales.
Igualmente encontramos en la calle de Fernando el Católico una ventana geminada con sendos arcos conopiales en ambos vanos (fotografía del encabezamiento de la entrada); éstos son del tipo de arco conopial apuntado no rebajado, muy característico del arte gótico, pero de factura muy posterior a los portones anteriormente citados.
            Respecto al modelo clásico de arco conopial, rebajado, hubo en Sos una ventana de este tipo en el Barrio Alto, la única en todo el pueblo, pero lamentablemente la hicieron desaparecer no hace muchos años cuando los propietarios de la vivienda reformaron el edificio.
               
Modelo cásico de arco conopial rebajado. Ujué.(www.verpueblos.com)

UN CRISTO DE SOS EN EL MUSEO DE NAVARRA

Cristo crucificado, procedente de Sos.
 Museo de Navarra.

En el siglo XVI hubo un Cristo en Sos que actualmente se encuentra en el museo de Navarra. Es una talla renacentista realizada en madera policromada que representa un Cristo crucificado pero del que no se conserva la cruz. La altura del mismo es de 62 cm por 50 cm de anchura y 14,50 de profundidad. La anatomía es típica de la figuración española renacentista, con los brazos extendidos hacia arriba y marcando un fuerte realismo expresivo. Se trata de un Cristo todavía vivo, crucificado con dos clavos en las palmas de las manos y uno atravesando los pies. El cuerpo está cubierto con un perizonium policromado en blanco estofado y con decoración de líneas de colores verticales. La cabeza, sin corona de espinas, se encuentra ligeramente inclinada hacia su derecha. El cuerpo es policromado en tono grisáceo con manchas de sangre y marcadas heridas en el costado, rodillas y cabeza.

domingo, 15 de abril de 2018

LA LECHUZA, AVE DEL 2018

Lechuza común (Tyto alba)

La Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife) ha elegido la lechuza como ave del Año 2018 para concienciar a la sociedad sobre su declive poblacional, que ha visto mermada su presencia en España en un 13% respecto al 2015, llegando en algunos puntos del territorio nacional al 50%.
La lechuza es un ave protegida incluida en el Listado de Especies Silvestres de Protección Especial. Está prohibido cazarlas, capturarlas e incluso molestarlas, tanto a ellas como a sus nidos.
Es un ave rapaz a la que, desde las primeras civilizaciones, se le ha atribuido un polivalente simbolismo.  Para el pueblo azteca simbolizaba los infiernos, asociada a las fuerzas tectónicas y todos los desastres de la naturaleza, como tempestades, inundaciones…Para los egipcios, igual que en la India, representaba desgracias y muerte, el frío y los malos presagios de personas cercanas, al igual que en las culturas orientales, como la china, que la considera como anunciadora de desdichas y calamidades por tener “ojos de demonio”. Autores clásicos destacan que la lechuza se la ve merodear siempre por los cementerios, habitando en cuevas, introduciéndose en las iglesias para beber el aceite de las lámparas y arrojar allí sus excrementos, por eso, si era vista de día era señal de un cruel y maligno presagio, como cuenta San Isidoro en sus Etimologías( en realidad el aceite de las lámparas se lo llevaban los sacristanes). En la antigua Roma se creía que las lechuzas se transformaban en brujas para entrar por las ventanas en las guarderías de los niños y chuparles la sangre cuando estaban durmiendo en sus cunas, por lo que las capturaban para clavarlas vivas en las puertas de sus casas como venganza por sus actos y así  alejar el mal de sus moradores.
La Biblia lo considera un animal impuro (Lv. 11, 16), y la tradición cristiana tiene a la lechuza como portadora de mal augurio, desgracias, males y desdichas. Los griegos, por el contrario, la asociaban con las virtudes de la prudencia, la sabiduría y el conocimiento ya que, gracias a su excelente visión nocturna, sólo ellas podían ver donde los demás no ven absolutamente nada.
En nuestra cultura tradicional también se las considera portadoras de mal augurio. Existe la creencia popular que si una persona oye una lechuza durante varias noches seguidas, ella o algún pariente cercano perderá la vida.
Como en todas las creencias y supersticiones, el temor hacia estas inofensivas aves nocturnas  es infundado, pero aún sabiéndolo, el halo misterioso que siempre ha rodeado a las lechuzas desde tiempos muy remotos y que ha sido transmitido durante siglos generación tras generación por las numerosas y variadas civilizaciones, seguirá presente hoy en día en las creencias, folklore y cultura de todos los pueblos del Planeta.

La lechuza común (tyto alba)
La lechuza es un ave del orden de las strigiformes, rapaz de hábitos nocturnos, de cabeza grande y ancha, con los dos ojos muy desarrollados y orientados frontalmente; excelente oído, situado al lado de los ojos pero no visibles por estar tapados con plumaje y a diferente altura uno del otro, pico ganchudo y fuertes garras para capturar sus presas. Aunque sus ojos son fijos (no los mueve), y están orientados hacia adelante, poseen un espectacular oído capaz de detectar cualquier mínimo movimiento a sus espaldas, poseyendo la habilidad de poder girar su cuello a izquierda y derecha hasta 270 grados merced a las catorce vértebras que lo componen, por lo que gracias a esto abarcan un campo de visión de 360 grados sin necesidad de moverse del sitio.
El plumaje es espeso y suave; en la parte dorsal y la cola suele ser vermiculado con estrías y pinceladas de color negro, gris, pardo y blancuzco, mientras que las zonas ventrales suelen mostrar un moteado variable, siendo blanca la parte frontal de la cabeza. Pero la característica más importante de su plumaje es su diseño. Las plumas están diseñadas para no hacer ningún ruido mientras vuela o aletea, por lo que su silencioso vuelo se convierte en un excelente aliado a la hora de atrapar sus presas sin que éstas se percaten de su proximidad.
La forma de cazar de la lechuza resulta muy curiosa. Su característica “cara” redondeada actúa como una antena parabólica. Primero escucha; con su agudísimos oídos a diferente altura es capaz de triangular la posición exacta de su presa; al no poder girar los ojos para verla, lo que gira es su cabeza para con su excelente visión nocturna en tres dimensiones orientarse en línea recta hacia ella; levanta ágil y silenciosamente el vuelo y, una vez coordinados perfectamente el oído, la vista y el cuerpo, se lanza sigilosa sobre su presa (que ni la ha visto ni oído llegar), agarrándola viva fuertemente con sus garras o pico (dependiendo del tamaño de la misma) y se la lleva a otro lugar para descuartizarla tranquilamente e ingerirla.
Su dieta preferida son los roedores, aunque también atrapan lagartijas, topos, murciélagos, pequeños pájaros que se mueven mientras duermen en los árboles, arañas, gusanos, cucarachas, grillos, musarañas, ranas, e incluso gazapos.
Podemos encontrar lechuzas en cualquier punto de España; suelen ser sedentarias, apenas se mueven de un emplazamiento a no ser que haga demasiado frío, por lo que buscará otra ubicación  más templada lo más cerca posible, o se vea obligada a marcharse de su lugar habitual por falta de alimento.
Generalmente están presentes en cualquier tipo de hábitat excepto en los bosques muy densos y las zonas muy montañosas, adaptándose muy bien al hábitat urbano, no dudando en ocupar edificios abandonados, oquedades de las casas, campanarios, graneros, iglesias, castillos…,.(en algunos pueblos todavía se las conoce como “ lechuzas de campanario”),  lugares que les proporcionan altura para poder vigilar desde lo alto, protección contra el viento, lluvia o granizo y seguridad para ellas mismas y para su nidada, pues al ser cavernícolas aprovechan cualquier oquedad del muro para poner sus huevos.
Al llegar la primavera el macho buscará compañera para aparearse. Para ello emite unos sonidos distintos y mucho más fuertes que los habituales para atraer a la hembra, compaginados con una diversa exhibición de vuelos y mostrando el lugar de anidada entrando y saliendo del futuro nido. Si la hembra acepta, se acerca al macho y culminan la acción. Ésta pondrá entre 5 y 7 huevos, dependiendo de lo mejor o peor nutrida que esté, haciéndolo en dos veces con un intervalo de dos o tres días entre puesta y puesta,  e incubará los huevos ininterrumpidamente al menos entre 32-34 días, siendo alimentada durante todo el proceso de incubación por el macho.(En esta época de cría una pareja de lechuzas puede llegar a consumir unos cien ratones al mes)
Una vez eclosionados los huevos es indispensable que todos los polluelos estén bien alimentados, de lo contrario los hermanos mayores-aquellos que nacieron de la primera puesta- comenzarán a practicar el canibalismo contra sus parientes más débiles y pequeños.
El macho emite hasta 17 sonidos diferentes, todos ellos, a menudo, chirriantes y estridentes, pero el más característico y reconocido, por ser el que más usa, es una especie de siseo muy sonoro que va “in crescendo” de volumen a medida que el animal lo va emitiendo. Los chillidos de la hembra, por el contrario, suelen ser más graves, como ronquidos, algo ronroneantes y repetitivos.
En Sos del Rey Católico, hasta hace cuatro o cinco años, era muy frecuente escuchar por las noches estas aves nocturnas en el castillo o en cercanos graneros, no se veían pero se oían. Últimamente ya no se escuchan casi sus estridentes sonidos; la presencia de estas aves es muy reducida, si no nula. Sólo muy de vez en cuando alguna despistada lechuza que pasa por la zona vuelve a habitar muros de la iglesia, del castillo o a algún viejo caserío o granero abandonado, pero no por mucho tiempo.  La abundancia de comida de hace años ya no es la misma que ahora, y si no hay ratones que cazar habrá que buscarlos en otro lugar. Se van.
Las lechuzas en Sos, con su falta de presencia, nos están anunciando los problemas sociales y ambientales que atraviesa el medio rural en la actualidad. En Sos y en el resto de España.
Desde hace años, como si de una relación causa-efecto se tratase, la breve pero gradual ausencia de lechuzas nos va anunciando, al mismo tiempo y  progresivamente, la cada vez menos existencia de vida en el campo, tanto animal como humana.
El motivo de este descenso poblacional, no sólo de lechuzas sino de otras aves y animales de nuestra fauna,  es la rápida y contundente transformación del medio agrario en los últimos años, cada vez más alejado del típico paisaje rural que mostraba un mosaico de cultivos adaptados a la realidad hídrica de la zona, y que según la directora ejecutiva de la S.E.O, Asunción Ruiz, “cada vez se basa más en los monocultivos y en el uso abusivo de plaguicidas y rodenticidas”. Además, la bióloga Patricia Orejas denuncia que el agricultor, por el afán de aprovechar hasta el último milímetro cuadrado de tierra,” no respeta los linderos ni la vegetación natural  y  no hay alternancia de hábitats, que es lo que da riqueza a una zona
Lechuza en una exhibición de vuelos de aves rapaces en Sos del Rey Católico
A todo esto hay que añadir el también paulatino despoblamiento del medio rural y el abandono de instalaciones agropecuarias. Hace años los graneros, corrales y otras construcciones rurales ofrecían cobijo y comida a las lechuzas y otros animales asociados a los humanos.
Con esta progresiva degradación del hábitat agrícola y rural no es de extrañar que el número de lechuzas haya disminuido drásticamente. Las pobres rapaces pierden sus tradicionales lugares de nidificación, muchos de ellos derrumbados, la población animal de las variadas especies que componen su dieta alimentaria se ha visto trágicamente mermada; hay menos insectos, por lo tanto, menos roedores, y si consiguen apresar algún ratón resulta que está envenenado (se han encontrado restos de pesticidas en cadáveres de lechuzas, probablemente por haber ingerido ratones envenenados)
Y por si todo esto fuera poco, aún quedan otras actuaciones del ser humano que continúan impidiendo el asentamiento de estas rapaces, como por ejemplo el cerrar con alambradas los campanarios de las iglesias que, si bien  estos cerramientos están pensados para evitar las plagas de palomas y evitar así el deterioro y corrosión de sus muros derivados de la abundante cantidad de excrementos que dejan, no han tenido en cuenta los daños colaterales que originan a otras especies protegidas, como es el caso de la lechuza.
A todo esto hay que añadir los accidentes mortales sufridos por las lechuzas al cruzar entre las aspas de los numerosos “ enjambres” de aerogeneradores que pueblan nuestros cerros, los atropellos sufridos al ser deslumbradas por los faros de un coche al pasar junto a una carretera y las electrocuciones derivadas por tocar un cable de alta tensión, accidentes e instalaciones hechas por la mano del hombre que no contribuyen en nada a mejorar el estado de conservación de la lechuza en nuestra comarca y en España en general.
En resumen, la pérdida de la diversidad natural del hábitat, la transformación del medio agrario, el  uso de pesticidas, el despoblamiento del medio rural y otras actuaciones del ser humano son las causas del descenso poblacional de las lechuzas en toda España.
Una solución a todo esto es mejorar la biodiversidad del medio rural, todo un reto que se ha propuesto alcanzar  la S.E.O., un camino a recorrer que va a resultar muy largo y difícil, con muchas trabas e impedimentos por delante, sorteando infinidad de obstáculos ante las Administraciones, Diputaciones y diversos Organismos Oficiales, pero que en los próximos años la citada Sociedad se ha propuesto alcanzar importantes objetivos. Veremos que nos deparan las Leyes Medioambientales.





BIBLIOGRAFÍA

-Periódico El País. 2 de enero de 2018. “La lechuza común está desapareciendo en silencio”, artículo de Bruno Marín
En la web:
-hablemosdeaves.com. Lechuza
-National Geographic, 3/1/2018. “La lechuza común, ave del 2018” natinalgeographic.com.lechuza
-www.abajocomoarriba.blogspot.com.es. “Símbolos, mitos y arquetipos”. Blog de Johnny McClue

miércoles, 11 de abril de 2018

PACHARÁN CASERO



Al ser Sos del Rey Católico una zona donde tradicionalmente se ha venido elaborando el pacharán, se ofrece a continuación una receta para elaborar el mismo aunque, como en toda elaboración artesanal,”cada maestrillo tiene su librillo”.

Pacharán
El pacharán es un licor anisado de entre un 25 y 30 % en volumen de alcohol, con un color y aroma característico que se obtiene tras la maceración del fruto del endrino en el propio licor.
Las endrinas, también llamadas arañones, son los frutos del endrino [prunus spinosa (ciruelo espinoso)], un ciruelo silvestre de la familia de las rosáceas con espinas en las ramas (de ahí el nombre de arañón, por la facilidad de arañarse las manos en el momento de la recolección) Estas pequeñas “ciruelas”, del tamaño de una uva pequeña, son de forma redonda, de color negro azulado y sabor áspero.
 El hábitat natural del endrino es muy variable y crece prácticamente en toda la Península Ibérica, aunque con menos intensidad en el sur. Prefiere suelos calizos, por lo que su máxima presencia corresponde en el área norte, concretamente en la zona vasco-navarra.







Endrinas en la mata
Las endrinas se usan en la elaboración de mermeladas, jaleas, colorantes, licor y pacharán, siendo éste último el proceso de elaboración más usado en la zona del País Vasco y Navarra. ¡Ojo! no confundir el licor de endrinas con el pacharán; el primero es muy probable que no lleve endrinas, sino acidulantes, aromas, colorantes..., el segundo, el pacharán, tiene que llevar endrinas, o arañones.
En el mercado existen diferentes marcas de pacharán, más o menos buenos, más o menos caros, pero ninguno es comparable con el pacharán casero, hecho por nosotros mismos, y que a continuación detallamos el proceso de su elaboración, desde la recolección hasta su embotellamiento y posterior consumo.
 La principal ventaja de hacer el pacharán casero es que podemos elaborarlo según nuestro gusto particular: con más o menos grados de alcohol, más o menos dulce, denso, aromático, o con más o menos intensidad de color, todo dependerá del tipo de licor que usemos y de la maduración, cantidad y calidad de endrinas que le añadamos.
 Las recomendaciones y pasos de elaboración que a continuación se exponen son para realizar un auténtico pacharán casero tipo stándar, de gran aroma y justa graduación, cuyos únicos ingredientes son dos: anís y arañones, nada más; ni granos de café, canela, vainilla...u otros ingredientes que nada tienen que ver con el auténtico pacharán.
Endrino entre otros arbustos
 Lo primero que tenemos que hacer es recoger arañones, sin ellos no hay pacharán. Para ello tendremos que tener localizados de años anteriores algunas matas en los alrededores de Sos, cuya ubicación guardaremos con extremado celo, cuidando escrupulosamente no desvelar su situación a ningún vecino o amigo, pues aunque hay muchas matas en la comarca, más son aún los interesados en recoger sus frutos, por lo que con la divulgación de las ubicaciones de los matorrales muy probablemente se nos adelantarán  y perderíamos la recolección, teniendo que buscar nuevas matas, que muy probablemente ya hayan sido visitadas y expoliadas por otras personas, por lo que hay años que la recogida de arañones puede resultar desastrosa o nula.
Las matas de endrinas las encontraremos en las lindes de caminos y zonas sin cultivar, lindes de pastos de ganado y en pequeñas zonas arbustivas dispersas por la comarca de Sos.
La fecha ideal para recoger las endrinas es a finales de septiembre, pero todo dependerá de las lluvias y el clima que haya reinado durante el verano.
Hay gente que para evitar que otras personas se lleven las endrinas antes que ellos, comienzan a recogerlas desde mediados de agosto, casi verdes todavía; se puede hacer pacharán con estas endrinas, pero nos darán como resultado un pacharán muy ácido y poco digestivo. Lo mejor es esperar a finales de septiembre o primeros de octubre, cuando el arañón está ya maduro pero sin llegar a una maduración extrema.
Endrinas o arañones
En referencia al tamaño del arañón son preferibles los pequeños a los grandes. La razón la encontramos en que el característico color rojo del pacharán lo aporta en su totalidad la piel de la endrina, al igual que también la mayor parte de los aromas, y como por cada litro de licor hay que añadir cierta cantidad de gramos de arañones, si introducimos arañones pequeños habrá más cantidad de piel que si éstos fueran grandes, por lo tanto obtendremos un pacharán con más color y más aromático; de lo contrario, con los frutos grandes, al tener más pulpa y menos piel, tendremos un pacharán con menos color, menos aromático, más ácido y con menor grado alcohólico.
Recogidos los arañones nos dispondremos a limpiarlos y lavarlos, extendiéndolos sobre un paño blanco y del que, uno a uno, iremos cogiéndolos, quitándoles cualquier partícula extraña o impureza que pudieran tener (trocitos de hojas secas, ramitas...), desecharemos las agujereadas, agusanadas o arrugadas, a la vez que les quitaremos el pedúnculo o rabillo por el que cuelga de la rama, pues amargaría nuestro licor. Los vamos pasando a un recipiente con agua para terminar de limpiarlos y posteriormente los dejamos secar antes de introducirlos en la botella. A poder ser, el agua del lavado es mejor que sea mineral, sin cloro que pueda alterar aromas y sabores.
El pacharán se embotella en vidrio
El recipiente donde vamos a hacer nuestro pacharán será de vidrio, nunca de plástico, pues ya sabemos que éste material cede desagradables aromas y sabores ante un contenido alcohólico.
Ya tenemos la botella y los arañones lavados, sólo nos falta el anís. De la elección del anís para hacer nuestro pacharán dependerá mucho el resultado final.
Hacer un pacharán con una marca de anís de 35º o más nos dará como resultado símplemente un anís de color rojo, pues los aceites esenciales del anís se apoderarían del afrutado sabor de los arañones.
Aunque cada uno puede usar el anís que quiera, lo mejor es comprar un anisado preparado, especial para hacer pacharán, y que se comercializa en garrafas, pero sólo si encontramos en el mercado garrafas de anisado de 30º o más, porque lo más normal es que encontremos preparados de 24º, ya que los productores rebajan el grado del anisado para pagar menos impuestos de bebidas alcohólicas y así poder vender más barato; en este caso desecharemos este preparado de 24º, pues sabemos que al añadir las endrinas estamos rebajando el grado alcohólico en el mismo porcentaje en que las usamos. Es decir, que si añadimos un 30% de endrinas por litro, obtendremos un pacharán de 16,8º de alcohol, graduación insuficiente para la conservación del pacharán, apareciendo partículas blancas y enturbiándose el anís.
Sólo si encontramos preparados de al menos 30º compraremos la garrafa, pero recordad, es anís preparado y comercializado, no es el auténtico pacharán casero; tan sólo hemos comprado un preparado para pacharán y lo único que hemos aportado son los arañones para su maceración.
Si queremos un auténtico “pacharán casero”, elaborado en su totalidad por nosotros mismos, tenemos que saber que el preparado anisado para el mismo requiere únicamente tres productos: aceites esenciales, alcohol y azúcar. Los aceites esenciales los tenemos en cualquier marca de anís dulce (El Mono, La Castellana...) y son de muy buena calidad. El alcohol, neutro, sin aroma, lo tenemos en el vodka (nos servirá uno de los más económicos, pues no requiere una doble o triple destilación, de unos 37-38 grados)
Para preparar 6 litros de anisado para pacharán verteremos en un recipiente 5 litros de vodka y 1 kilo de azúcar, removiendo bien hasta disolver el azúcar, y después añadir medio litro de anís. Tras añadir las endrinas obtendremos un anisado de 26º aproximadamente, suave, aromático, de un color rojo intenso, sin enturbaciones ni posos. A partir de aquí depende del gusto de cada uno la elaboración de un pacharán más seco mezclando anís seco o semiseco en vez de dulce, o más anisado añadiendo más anís a la mezcla, más o menos dulce añadiendo más o menos azúcar al vodka...
Ahora ya tenemos el licor preparado por nosotros mismos, las endrinas y las botellas de vidrio. Llega el momento de embotellar.
En cada botella de litro introducimos una a una 200 gr, de arañones, por lo que cabrán posteriormente 800 ml. de anisado. Si una vez llenada la botella observamos que alguna endrina flota en el anisado es conveniente retirarla, pues lo más seguro es que esté deshidratada o agusanada, que aunque no afecte apenas al sabor, queremos elaborar un pacharán sólo con endrinas sanas, pues no queremos que se estropee un pacharán que con tanto esmero, cuidado y cariño hemos elaborado. La cantidad de endrinas a usar no debe ser excesiva; la cantidad antes expuesta, 200gr/litro (aproximadamente 1/5 de la botella) sería la normal, pues un exceso de ellas provocaría que el pacharán resultara poco dulce y muy ácido. Tapamos la botella con un corcho y...¡a esperar!
El pacharán estará listo para su consumo, además de en su mejor momento, a los tres meses de su maceración. Hasta entonces lo tendremos en un lugar fresco y oscuro, sin variaciones bruscas de temperatura, y girando las botellas con relativa frecuencia (dos o tres veces por semana) para favorecer el mezclado y homogeneización de todo el anisado.
Pasados estos tres meses hay que retirar las endrinas de las botellas para que la maceración no llegue al hueso, pues la cianhidrina, sustancia que contiene el hueso, estropearía el pacharán dándole un sabor amargo nada agradable, además de deshacerce las endrinas, lo que generaría gran cantidad de posos; por eso, tras retirar las endrinas, hay que filtrar el pacharán para eliminar cualquier resto de impurezas que hayan podido quedar en suspensión con el anís (posos, pieles...) obteniendo un pacharán limpio, de un color rojo intenso, suave, aromático y digestivo, para deleite de nuestra familia y amigos.
Este pacharán casero es conveniente consumirlo pronto, no pensemos que es como un vino, que contra más viejo, mejor. Al ser un producto natural, sin colorantes ni antioxidantes artificiales, tras dos o tres años, dependiendo de la temperatura de conservación, tiende a oxidarse, cambiando progresivamente su brillante color rojizo a anaranjado, rosa..., hasta tomar una tonalidad marrón rosácea, por lo que es recomendable consumirlo en el año. No obstante, si lo guardamos en el frigorífico retrasaremos bastante su oxidación.
Con todo esto os animo a elaborar vuestro pacharán casero, que como véis no es nada difícil, y así podréis disfrutar de este afrutado y aromático licor rico en vitamina C, astringente, vasodilatador y fortificante del estómago, cualidades que ya conocían nuestros antepasados en la Edad Media, y que si habéis pasado por mi casa durante las fiestas patronales de Sos habréis podido degustar.

         Para más información sobre el pacharán recomiendo visitar la página elblogdelpacharan.blogspot.com










            


martes, 10 de abril de 2018

NATURALEZA Y POESÍA EN SOS. 11- EL CIPRÉS

           
Ciprés (cupressus sempervirens)
en el cementerio de Sos del Rey Católico
 El cupressus sempervirens, también llamado ciprés común, ciprés mediterráneo, ciprés piramidal o ciprés de los cementerios, es un árbol de la familia de las cupresáceas, muy rústico, que crece en todo tipo de suelos, excepto los muy encharcados y salinos, muy resistente a la sequía, las heladas y al viento, y llegando a vivir más de 500 años ( se conocen ejemplares que superan el milenio)
            No es un árbol representativo de la comarca de Sos. Su localización se reduce básicamente al lugar donde la tradición popular y la simbología floral sitúa los cipreses: en el cementerio.
            Aunque hay quienes relacionan los cipreses con la muerte, su simbología más conocida y generalizada es aquella que los relaciona con la inmortalidad y con el sentimiento universal que transmiten, el ansia de paz espiritual, y es por esta razón por la que normalmente los encontramos en los cementerios de prácticamente todos los municipios de España.
             Igualmente, esta ansia de paz espiritual que transmite el ciprés y la firmeza de la fe cristiana que genera su contemplación ha sido fuente de inspiración de muchos artistas y poetas. 
           
Cipreses en la entrada del cementerio de Sos



           Gerardo Diego, uno de los máximos exponentes de la Generación del 27, escribió el conocido soneto "El ciprés de Silos", uno de los poemas más leídos y comentados de la literatura española. En esta ocasión el ciprés no se encuentra en un cementerio, sino en el claustro del monasterio de Silos (Burgos), pero basta acercarnos al cementerio de Sos, contemplar los cipreses y entender a la perfección lo que Gerardo Diego, con un lenguaje muy sencillo, siente al contemplar un ciprés.
         
                                         












                                                                                              EL CIPRÉS DE SILOS

Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño;
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi, señero, dulce firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.



El poeta ve, en la altura y la verticalidad del Ciprés, un símbolo del anhelo de eternidad que la fe provoca en el hombre. Después habla de sí mismo para confesarle al ciprés cómo llegó hasta él falto de espíritu y finalmente, tras contemplarlo, cómo sintió esa confianza en la fe que se desprende de la apariencia del árbol. 

Gerardo Diego (1896-1987)


ALGUNOS VECINOS DE SOS A TRAVES DE LOS SIGLOS. SIGLO XVIII


Siglo XVIII

Adot, Francisco, mosén, (1760), beneficiado de la parroquia y representante de D. Isidoro Gil
Agesta, Gracia, (1773), casada con Juan José Artieda
Aínsa, Juan de, (1708)
Almárcegui Pérez, María Gracia, (1769), hija de José y Babila, casada con Manuel Pedro Lapieza Pérez.
Almárcegui Remón, José, (1730), hijo de José y Gracia, casado con Babila Pérez Jáuregui
Almárcegui Udi, José, (1770), hijo de José y Prudencia, casado con Gracia Remón Solana
Alocer Casteran, Valero, (1771). hijo de Balero y Antonia, casado con María Les Remón
Alocer Guerrero, Hipólito, (1797), hijo de Miguel y Tomasa, casado con Balera Benedí Cardona
Alocer Les, Miguel, (1771), hijo de Valero y María, casado con Tomasa Guerrero Ugarte
Alcocer, Ramona, (1770) casada con Martín Rubio
Arbunies, Catalina, (1707), casada con Francisco Lacuey
Arbunies Leache, Ciriaca, (1790), hija de Manuel y Blasa, casada con Vicente Rubio Alcocer
Arbunies, Manuel, (1770), casado con Blasa Leache
Arceiz, María, (1761), casada con Juan Ibarra Sarrías
Artiaga Carlos, Teresa, (1717), hija de José y Antonia, casada con Miguel Berges Canaluche
Artiaga Ceñito, Josefa, (1755), hija de Miguel y Babilda, casada con José Garcés Ayensa
Artiaga, Miguel, (1708), casado con Babilda Ceñito
Artieda y Navascués, José, (1799)
Artieda, Matías, (1798)
Arrastia, Manuel Nicolás de, (1787), alcalde
Arrúa, Águeda, (1750), casada con Esteban Benedí mayor
Arrúa, María,(1726), casada con Juan Remón
Aznar Garcés, Manuel, (1765), casado con María Francisca Peña y con Josefa Anaya Anaya
Azparren, Francisca, (1779), regente y maestra de una escuela de hilar en Sos.
Balda, Ana María, (1710), hija de Juan, casada con Bartolomé Learte Guerrero
Balda Martínez, Manuela, (1741), hija de Juan y Orasia, casada con José Ruesta Barcos
Balda Martínez Villanúa, Babila, (1702), hija de Juan y Orasia, casada con Blas Les Lozano
Ballejos de Sada, Francisca, (1707), hija de Miguel y Gracia de Sada. casada con José Bueno Lucas
Ballejos, Miguel, (1705), casado con Gracia de Sada
Baquero Morea, Angélica Paulina, (1788), hija de Antonio y Gaspara. casada con Nicolás Joseph Bertrand
Barcos, Josefa, (1714), casada con José Ruesta
Benede Bon, Josefa (1748), hija de Ramón y Francesca, casada con Ignacio Rubio Laserrada.
Benedé Lanzaco, Ramón, (1747), hijo de Miguel y María, casado con Francesca Bon Lastau
Benedí Arrúa, Esteban, (1770), hijo de Esteban y Águeda, casado con Petronila Pérez
Benedí Cardona, Balera, (1799), hija de Joaquín y Bernarda, casada con Hipólito Alocer Guerrero
Benedí, Esteban, (1750), casado con Águeda Arrúa
Benedí Pérez, Joaquín, (1772), hijo de Esteban y Petronila, casado con Bernarda Cardona Orduna
Berges Artiaga, Miguel, (1727), hijo de Miguel y Teresa, casado con María Josefa Francisca Cortes Ilarri
Berges Canaluche, Miguel, (1717), hijo de Miguel y Catalina, casado con Teresa Artiaga Carlos
Berges Cortés, Antonio, (1751), hijo de Miguel y María Josefa Francisca, casado con Teresa Lobera San Juan.
Berges Escaso, Pantaleón, (1738), hijo de Jean y Rosa, casado con Ana María Lacuey Arbunies
Berges Lacuey, Tomasa, (1748), hija de Pantaleón y Ana María, casada con Antonio Benito Juan Iguacen Pérez
Berges Lobera, María Antonia Ramona, (1784), hija de Antonio y Teresa, casada con Alejandro Les Ubieto
Bermúdez de Castro y Azlor, (1701), esposa de Fernando de Sada, tercer marqués de Sada.
Biel, francisco, (1709), casado con Josefa Guerrero
Biel Guerrero, Francisco, (1741), hijo de Francisco y Josefa, casado con Teresa Lorente Ibáñez
Biel Labari, Sebastiana María Canuta, (1792), hija de Pascual y Teresa, casada con Juan José Ruesta Balda
Biel Lorente, Pascual, (1752), hijo de Francisco y Teresa, casado con Teresa Labari.
Biel, Lucía, (1750), casada con Mariano Cenito
Bon, Blas, (1709), casado con Teresa Lastau San Juan
Bon Lastau, Francesca, (1718), hija de Blas y Teresa, casada con Ramón Benedé Lanzaco
Botín Martínez, Gracia, (1703), hija de Martín y María Josefa, casada con Bernardo Fermín Lacuey Arrúa
Bueno Ballejos, Andrés, (1737), hijo de José y Francisca, casado con Manuela Learte Balda
Bueno, Bartolomeo, (1726), casado con María Soteras
Bueno, Francisco, (1705), casado con Josefa Lafita
Bueno Lafita, Babil, (/1710), hijo de Francisco y Josefa, casado con Teresa Ripalda Ayres
Bueno Learte, Tomasa Francisca, (1771), hija de Andrés y Manuela, casada con Agustín Lorenzo Canaluche Lacuey
Bueno Lucas, José, (1701) hijo de Francisco y Francisca, casado con Francisca Ballejos de Sada
Bueno Ripalda, María Teresa, (1766), hija de Babil y Teresa, casada con Juan Bautista Remón Guerrero
Bueno Sánchez, Francisco, (1752), regidor
Bueno Soteras, Catalina, (1757) hija de Bartolomeo y María, casada con Francisco Jáuregui Les
Caballero, José, (1771), regidor
Canaluche Brun, Manuel, (1759), hijo de Estaban e Isabel, casado con Miguela, Gurpegui Jáuregui
Canaluche Lacuey, Agustín Lorenzo, (1779), hijo de Lorenzo y María Ángela, casado con Tomasa Francisca Bueno Learte
Canaluche La Plaza, Lorenzo, (1729), hijo de Domingo y Rosa, casado con María Ángela Lacuey Les
Candevilla, Domingo, (1795), notario.
Cardera, Juan Antonio, (1798)
Cardona Casaban, Miguel, (1750), hijo de Miguel y Francisca, casado con Ignacia Orduna Saiz
Cardona Orduna, Bernarda, (1773), hija de Miguel e Ignacia, casada con Joaquín Benedí Pérez
Casales, Juan, (1769), regidor
Casales Pérez, Pedro Pascual (1792)
Celma, Pedro, (1760), padre carmelita
Ceñito Biel, Inés, (1790), hija de Mariano y Lucía, casada con Aniceto Portal Pernaute
Ceñito, Estefanía, (1701), casada con José Lacuey
Ceñito, María, (1750), casada con Juan Uriz, natural de Rocaforte.
Ceñito, Mariano, (1750), casado con Lucía Biel
Colás, José, (1760), padre escolapio
Cortés Ilarri, Marís Josefa Francisca, (1729), hija de Miguel y María, casada con Miguel Berges Artiaga
Cortés Zenito, Miguel, (1738), hijo de Domingo y Gracia, casado con María Ilarri Garrari
Cuéllar, Teresa, (1750), casada con José Ripalda
Domínguez de Sada, Antonio, (1750), padre de Mariano y esposo de Jerónima Longás Clemente de Embún
Domínguez Longás, Mariano, (1752), hijo de Antonio y Jerónima Longás, bisnieto de Ana Espatolero, comisario general de Palafox
Domínguez Longás, Jerónima, (nacida en 1747), casada con Esteban Espatolero Mendivil
Domínguez Longás, Patricio, (1747), hermano de Jerónima
Domínguez, Lucas, ( 1753), regidor
Domínguez y Sada, José Ignacio, (1725) doctor en Teología, vicario de la iglesia de San Gil de Zaragoza
Español de Niño Lorés, Bernardo, (1717), regidor,padre de Miguel, casado con Mª Antonia Cruzat
Español de Niño y Cruzat, Miguel (1752), regidor, hijo de Bernardo, casado con Dña. Joaquina Zapata de Calatayud Villabona
Español de Niño, Miguel Antonio, (1786), regidor
Español de Niño, Miguel Marcelino, (1794), hijo de Miguel y Joaquina
Español de Niño, Sebastián, (1730) casado con Rosa Lorés, padres de Bernardo
Esparza, Isabel, (1702), casada con Juan Espurra
Espatolero, Ana, (1784),hija de Dn.Jerónimo y bisabuela de Dn. Mariano Domínguez
Espatolero, Jerónimo, (1760), infanzón en 1700, padre de Ana
Espatolero y Domínguez, Esteban, (1799)
Espatolero Larraz, Antonio, (1701), casado con María Juana Novallos
Espatolero Mendivil, Esteban. nacido el 18 de abril de 1735, casado con Jerónima Domínguez Longás
Espatolero Novallos, Esteban, (nacido en 1716),casado con Teresa Mendívil Larraldía, abuelo de Esteban Espatolero Mendivil.
Espurra Gil, Pedro, (1739), hijo de Antonio y Teresa, casado con Teresa Lafita Lacosta
Espurra, Juan (1702), casado con Isabel Esparza
Espurra Subirón, Jerónima, (1739), hija de Juan e Isabel
Estada, Bartolomé, (1790), alcalde
Ferrer, José, (1728), maestro arquitecto y retablista
Ferrer, Vicente, (1799), notario
Furrondo Lacosta, Catalina, (1771), Hija de Francisco y Catalina, casada con José San Juan de los Campos 
Gabarri, Marcos, (1795), escribano real.
Garcés, Abel, (1795)
Garcés Artiaga, José Babil, (1756), hijo de José y Josefa, casado con María Ramona Zalba Benebente
Garcés Ayensa, José, (1710), hijo de Marco y María, casado con Josefa Artiaga Zenito
Garcés Fume, Elizabel, (1791),hija de Antoine y Jeanne, casada con Nicolás Chareton
Garcés, Vicenta, (1796)
Garcés Zalba, María Josefa, (1792), hija de José Babil Antonio y María Ramona. casada con Francisco Landa Iguacen
García Cháverri Ibarra y Torralba, Esteban, (1780)
Gayarre, José, (1771), comisario inquisitorial
Gil Castillo, Teresa, (1730), hija de Pedro y Francisca, casada con Antonio Espurra Esparza
Gil de Jaz, Ana María, (1724), hermana de Isidoro Gil de Jaz, casada con Miguel de Larraz
Gil de Jaz, Isidoro,( 1703), fundador del colegio Escuelas Pías de Sos
Gil de Jaz, José, (1720), hermano de Isidoro, canónigo de Orihuela.
Gil de Jaz, María Pascuala, (1750), hermana de Isidoro Gil de Jaz
Gil Lacruz, Esteban, (1713), hijo de Matías y Ursula
Gil Lacruz, Esteban Lamberto, (1703), hijo de Matías y Ursula
Gil Lacruz, Francisco, (1706), hijo de Matías Pascual y Ursula
Gil Lacruz, Martín, (1728), casado con Ana María Ustes
Gil Lacruz, Matías Pascual, (1710), hijo de Matías Pascual y Ursula.
Gil Lacruz, Pedro José, (1708), hijo de Matías Pascual y Ursula
Gil Ustes, Augustina, (1715), hija de Martín y Ana María, casada con Francisco Landa Arana
Gil y Fernández, Joseph, (1709),padre de Dn. Isidoro, ocupó un puesto de aduanas en Sos
Gode, Isabel, (1795), casada con Antonio Almárcegui
Gregorio del Carmelo, (1789), prior de los pp. Carmelitas.
Guardia, Juan Francisco, (1760), padre escolapio.
Guerrero Arilla, Ana María, (1731), hija de Pedro y Agena, casada con Diego Guerrero Espatolero
Guerrero Espatolero, Diego, (1731), hijo de Diego y Ana María, casado con Ana María Guerrero Arilla
Guerrero Guerrero, María Agudo, (1736), hija de Diego y Ana María, casada con Pedro Remón Olleta
Guerrero Guerrero, Salvadora, (1765), casada con Andrés Sarrias Sans
Guerrero Iñiguez, Teresa. (1750), casada con Antonio Meoz
Guerrero, Josefa, (1709), casada con Francisco Biel
Guerrero Lafita, María Juana, (1783), hija de Antonio y María, casada con Bartolomé Subirón Guerrero
Guerrero Landa, Juana Antonia, (1773), hija de Francisco y Babila, casada con Jerónimo Subirón Iñiguez
Guerrero Ugarte, Tomasa, (1770), hija de Manuel y María, casada con Miguel Alocer Les
Guinda, Catalina, (1709), casada con Carlos Labari y con Pedro Soteras
Gurpegui Jáuregui, Miguela, (1765), hija de Ignacio y Martina, casada con Manuel A. Canaluche Brun
Hugarte Puyada, Juan, (1732), hijo de Juan y Gertruda, casado con Tomasa Matheo López
Ibañez, Teresa, (1714), casada con Francisco Lorente
Ibarra Morales y Luna, Francisco Javier, (1744), regidor, hijo de Francisco y Teresa Morales y Luna
Ibarra Sarrías, Juan, (1761), casado con María Arceiz
Ibarra García, Francisco, (1714), hijo de José y Gracia, casado con Teresa Morales y Luna
Ibarra García-Navascués, Esteban (1718), hijo de José Ibarra y Gracia García Navascués, casado con María Luisa Mateo Salvador
Ibarra García-Navascués, Jorge, (1735), hijo de José Ibarra y Gracia García Navascués, casado con Escolástica Fernández Morea
Ibarra Lozano, Martín, (1715), hijo de Martín y María, casado con Isabel Larraz
Ibarra y Morales, Francisco, (1777), regidor.
Iguacén Berges, Josefa, (1773), hija de Antonio Benito Juan y Tomasa, casada con Pedro Tomás Landa Gil.
Iguacén Pérez, Antonio Benito, (1746), hijo de Juan Domingo y Rosa, casado con Tomasa Berges Lacuey
Ilarri Garrari, María, (1708), hija de Jerónimo y Agustina, casada con Miguel Cortés Zenito
Iñiguez García, María Antonia, (1710), hija de Sebastián y Catalina, casada con Juan Subiron de Traza
Iriarte Canaluche, Teresa Catalina, (1703), hija de Ramón y Gracia, casada con Francisco Remón Sanz
Iriarte, Ramón, (1702), casado con Gracia Canaluche Olleta
Jáuregui Bueno, Isadora, (1758), hija de Francisco y Catalina, casada con Ignacio Agustín Ruesta Balda.
Jáuregui Les, Francisco, (1788), hijo de Francisco y Francisca, casado con Catalina Bueno Soteras
Jáuregui Les, María Blasa, (1741), hija de Simón e Isabel
Jáuregui Les, María Isabel, (1744) hija de Simón e Isabel
Jáuregui Les, María Isidora, (1746), hija de Simón e Isabel
Jáuregui Les, Martina, ( 1735), hija de Simón e Isabel, casada con Ignacio Gurpegui Basterra
Jáuregui Ondarza, María Francisca, (1706), hija de Francisco Ignacio y Catalina, casada con Bernardo de Lucas Olleta
Jimenez, Josefa, (1761), casada con Blas López.
Labari, Carlos, (1709), casado con Catalina Guinda
Labari Guinda, Pedro, (1710), hijo de Carlos y Catalina,casado con María Sánchez
Labari Sánchez, Teresa, (1775), hija de Pedro y María, casada con Pascual de Biel Lorente
Labarta Aguas, Aguada, (1715), casada con Juan Lafita Mínguez
Lacosta Furrondo, Juan, (1714), hijo de José e Isabel. casado con Juana Ruesta Lapieza
Lacosta Ruesta, Josefa, (1723), hija de Juan y Juana, casada con Casimiro Lafita Labarta.
Lacuey Arbunies, Ana María, (1738), hija de Francisco y Catalina, casada con Pantaleón Berges Escaso
Lacuey Arrúa, Bernardo Fermín, (1706), hijo de Antonio y Juana, casado con Gracia Botin Martínez
Lacuey Botín, Bernardo, (1728), hijo de Bernardo y Gracia, casado con María Josefa de Lucas Jáuregui
Lacuey de Lucas, Bernardo, (1768), hijo de Bernardo y María Josefa, casado con María Ángela Rubio Benedé
Lacuey Extremat, Juan Antonio, (1775), hijo de José y Blasa
Lacuey Extremat, Juan Francisco José, (1775), hijo de José y Blasa
Lacuey Extremat, Manuel Lucas Mariano, (1790), hijo de José y Blasa, casado con Manuela Sarrias Guerrero.
Lacuey Extremat, María Francisca Antonia, (1785) hija de José y Blasa
Lacuey Extrtemat, María Juana, (1789), hija de José y Blasa
Lacuey Extremat, Mariano, (1786), hijo de José y Blasa,
Lacuey, Francisco, (1707), casado con Catalina Arbunies
Lacuey, Juan, (1719), casado con Josefa Remón
Lacuey Les, María Ángela, (1741), hija de Gaspard y Ana, casada con Lorenzo Canaluche La Plaza
Lacuey Remón, José, (1749), hijo de Juan y Josefa, casado con Blasa Extremat
Lafita Labarta, Casimiro, (1716), hijo de Juan y Aguada, casado con Josefa Lacosta Ruesta
Lafita, Josefa, (1710), casada con Francisco Bueno
Lafita Lacosta, María, (1744), hija de Casimiro y Joseja, casada con Antonio Guerrero de Jaca.
Lafita Lacosta, Teresa, (1799), hija de Casimiro y Josefa, casada con Pedro Espurra Gil
Landa Gil, Pedro Tomás, (1766), hijo de Francisco y Agustina, casado con Josefa Iguacen Berges
Landa Iguacen, Francisco, (1795), hijo de Pedro Tomás y Josefa, casado con María Josefa Inés Garcés Zalba.
Lapieza Arguries, Esteban, (1750), hijo de Esteban y María, casado con Magdalena Pérez Parra
Lapieza Pérez, Manuel Pedro, (1766), hijo de Esteban y Magdalena, casado con María Gracia Almárcegui Pérez
Larraldía, Pedro, (1777)
Larraz, Miguel de, (1724), infanzón, casado con Ana María Gil de Jaz
Larraz Sarrió, Josefa, (1727) casada con Sebastián Remón Arrúa
Laserrada Lucas, Adriana, (1702), hija de José y María, casada con Jacinto Antoine Rubio
Learte Balda, Juachina (1772), hija de Bartolomé y Ana María casada con Pedro Juan Abadía Arilla.
Learte Balda, Manuela, (1739), hija de Bartolomé y Ana María, casada con Andrés Bueno Ballejos
Learte, Bartolomé, (1730), casado con Ana María Balda
Les, Ana, (1720), casada con Gaspar Lacuey Guerrero
Les Balda, Alejandro, (1724), hijo de Blas y Babilda, casado con Ignacia Teresa Remón Iriarte
Les Chaverri, Isabel, (1703), hija de José y Josefina, casada con Simón Jáuregui Artieda
Les, Juan Francisco de, (1763), notario, regidor
Les, Juan José, (1776), hijo de Juan Francisco,escribano
Les Lozano, Blas, (1703), hijo de Esteban e Isabel, casado con Babilda Balda Martínez
Les Remón, Alejandro, (1755), hijo de Alejandro e Ignacia Teresa, casado con Francisca Ubieto de Lucas
Les Remón, María, (1749), hija de Alejandro e Ignacia Teresa, casada con Valero Alocer Casteran
Les Ubieto, Alejandro, (1780), hijo de Alejandro y Francisca, casado con María Antonia Ramona Berges
Lizuain, Manuel Antonio, (1774)
Lizuaín, Marcos, (1761), regidor
Lobera San Juan, Teresa, (1756), hija de Sebastián e Isabel, casada con Antonio Berges.
Lobera Sofuentes, Sebastián, (1746), hijo de José y Manuela, casado con Isabel San Juan Furrondo
Longás y Clemente de Embún, Jerónima, (1750), esposa de Antonio Domínguez de Sada
López, Antonio Mariano, (1795), clérigo y vicario de San Esteban
López, Blas, (1761), casado con Josefa Jiménez, regidor
López de Artieda, Cecilio, (1790), alférez mayor, alcalde, regidor, hijo de Rodrigo.
López de Artieda, Rodrigo, (1754), regidor, padre de Cecilio
López, Josefa, (1709), casada con Juan Matheo
López, Manuel, (1761)
Lorente, Francisco,(1714), casado con Teresa Ibañez
Lorente Ibáñez, Teresa, (1730), hija de Francisco y Teresa, casada con Francisco Biel
Lucas Jáuregui, Felicia, (1740). hija de Bernardo y María Francisca, casada con Agustín Ubieto Baranguan y con Alejandro Les Balda
Lucas Jáuregui María Josefa, (1734), hija de Bernardo y María Francisca, casada con Bernardo Lacuey Botín
Lucas Olleta, Bernardo, (1704), hijo de José Valero y María Josefa, casado con María Francisca Jáuregui Ondarza
Luna, Rosalía, (1798), casada con Mariano Garcés
Matheo López, Tomasa, (1710), hija de Juan y Josefa, casada con Juan Hugarte Puyada
Menac, Francisco, (1723), escultor
Mendivil Larraldía, Teresa, (nacida en 1705), casada con Esteban Espatolero Novallos, abuela de Esteban Espatolero Mendivil
Miguel de Miguel, (1760), hermano escolapio
Meoz Guerrero, María Josefa, (1762), hija de Antonio y Teresa, casada con Isidoro Sebastián Remón Larraz
Meoz, José, (1732)
Montaner, (1790), casada con Fernando de Sada y Matigó
Montero, Joaquín, (1714), alcalde
Monterde, Francisco, (1760)
Montesinos, Pantaleón, (1796), alcalde
Moros, Domingo, (1760), hermano escolapio
Mur, Andrés, (1760), hermano escolapio
Napal, Joaquín (1791)
Olleta, Catalina, (1726), casada con Lorenzo Remón
Ondarza, Catalina, (1705), casada con Francisco Ignacio de Jáuregui Monreal
Orduna, Francisco, (1780), casado con Teresa Saiz
Orduna Saiz, Ignacia, (1747), hija de Francisco y Teresa. casada con Miguel Cardona Casaban
Ozcoidi Moriones, José, (1700), hijo de Agustín y Estefanía, casado con Teresa Sánchez Muriel
Palacios, Jose Joaquín, (1791), médico.
Parra Sánchez, María(1730), hija de Juan y María, casada con Francisco Bartolomé Pérez
Pascual Arriaga, María Josefa, (1774), hija de José Ramón y Ana Adrexa, casada con Antonio Manuel Ripalda Cuéllar
Pejón, (1761), orfebre
Pejón, José, (1745), comisario inquisitorial
Pérez Bueno, María,(1798), hija de Manuel y Clara, casada con José Remón
Pérez Gayarre, Juan, (1795), regidor
Pérez Jáuregui, Babila, (1734), hija de Pedro y Francisca, casada con José Almárcegui Remón
Pérez Lastiesas, Petronila, (1770), hija de Jerónimo y María, casada con Esteban Benedí Arrúa
Pérez Parra, Magdalena, (1733), hija de Francisco Bartolomé y María, casada con Esteban Lapieza Arguries 
Pérez y Cortes, Diego, (1704), infanzón.
Peña, Marís Francisca, (1770), casada con Manuel Aznar Garcés
Ramo, Cayetano, (1760), padre carmelita
Remón, Antonio, (1785), casado con Antonia Ripalda
Remón Arrúa, Sebastián, (1726), hijo de Juan y María, casado con Josefa Larraz Sarrió.
Remón Guerrero, Juan Bautista, (1760), hijo de Pedro y María Agudo, casado con María Teresa Bueno Ripalda
Remón Iriarte, Ignacia Teresa, (1726), hija de Francisco y Teresa Catalina, casada con Alejandro Les Balda
Remón, Josefa, (1719), casada con Juan Lacuey
Remón Larraz, Isidoro Sebastián, (1757), hijo de Sebastián y Josefa, casado con María Josefa Meoz Guerrero
Remón, Lorenzo, (1726), casado con Catalina Olleta
Remón Meoz, Benigno Marcelo, (1757), hijo de Isidoro y María Josefa, casado con María Cruz Ripalda Pascual
Remón Olleta, Pedro, (1750), hijo de Lorenzo y Catalina, casado con María Agudo Guerrero Guerrero
Remón Ripalda, Antonio, (1793), hijo de Antonio y Antonia, casado con Magdalena Sánchez Lozano
Remón Sanz, Francisco, (1723), hijo de Ramón y Teresa, casado con Teresa Catalina Iriarte Canaluche
Remón Solana, Gracia, (1772), hija de Juan y Magdalena, casada con José Almárcegui Udi
Ripalda, Antonia, (1785), casada con Antonio Remón
Ripalda Ayres, Teresa, (1786), hija de Pedro y Josefa, casada con Babil Bueno Lafita
Ripalda Cuéllar, Antonio Manuel, (1766), hijo de José y Teresa, casado con María Josefa Pascual Arriaga.
Ripalda Pascual, María Cruz, (1798), hija de Antonio Manuel y María Josefa, casada con Benigno Remón Ripalda.
Rubio Benedé María Ángela, (1773), hija de Ignacio y Josefa, casada con Bernardo Lacuey de Lucas
Rubio Lacuey, Jacinto Antonio, (1719), hijo de Domingo y María Antonia, casado con Adriana Laserrada Lucas
Rubio Laserrada, Ignacio, (1749), hijo de Jacinto Antonio y Adriana, casado con Josefa Benedé Bon
Rubio, Martín, (1780), casado con Ramona Alcocer
Rubio Uriz, Domingo, (1718), hijo de Bernardo y Francisca, casado con María Antonia Lacuey
Ruesta Balda, Ignacio Agustín. (1749), hijo de José y Manuela, casado con Isadora Jáuregui Bueno
Ruesta Barcos, José, (1740), hijo de José y Josefa, casado con Manuela Balda Martínez
Ruesta Jáuregui, Juan José, (1785), hijo de Ignacio Agustín e Isadora, casado con Sebastiana María Canuta Biel Labari
Ruesta, José. (1714), casado con Josefa Barcos
Ruesta Lapieza, Juana, (1714), hija de Bartolomeo y María, casada con Juan Lacosta Furrondo
Ruiz, Francisco, (1769) regidor
Sada, Fernando, (1701), tercer marqués de Sada, casado con Mª Ignacia Bermúdez de Castro y Azlor
Sada, Fernando, (1710), cuarto marqués de Sada
Sada, Gracia, (1705), casada con Miguel Ballejos
Sada y Matigó, (1790), casado con Sra. Montaner
Saiz, Teresa, (1715), casada con Francisco Orduna
Salvador, Domingo del, (1795), padre escolapio
Salvo, Isabel, (1761)
Salvo, Mosén Miguel, (1799), presbítero, comisario inquisitorial
Salvo, Pedro, (1798)
Salvo Gayarre, Manuel, (1753), regidor
Samitier Gil, Francisco, (1798), casado con Manuela Abadía Gastón
San Juan Furrondo, Isabel, (1746) hija de José y Catalina, casada con Sebastián Lobera Sofuentes
Sánchez Lozano, Magdalena, (1794), hija de Joaquín y María Teresa, casada con Antonio Remón Ripalda
Sarrias Guerrero, Manuela, (1797), hija de Andrés y Salvadora, casada con Manuel Lucas Mariano Lacuey Extremad
Sarrias, Primo, (1790), hijo de Estaban y Antonia, casado con Francisca Martínez Quintana
Sarrias Sans, Andrés, (1790) casado con Salvadora Guerrero Guerrero
Sofuentes Agorriz, Manuela, (1700), hija de Sebastián y María, casada con José Lobera Lozano
Soteras, María, (1720), casada con Bartolomeo Bueno
Subirón Guerrero, Bartolomé, (1781), hijo de Jerónimo y Juana Antonia, casado con María Juana Guerrero Lafita
Subirón Iñiguez, Jerónimo, (1738), hijo de Juan y María Antonia, casado con Juana Antonia Guerrero Landa
Tabar Biamonte, Josefa, (1786), hija de José y María, casada con Eustaquio Espurra Lafita
Torralba, José María, (1760), padre escolapio
Ubieto Baranguan, Agustín, (1730), hijo de Francisco y María, casado con Felicia de Lucas Jáuregui
Ubieto de Lucas, Francisca, (1757). hija de Agustín y Felicia, casada con Alejandro Les Remón
Ugarte Matheo, María, (1736), hija de Juan y Tomasa, casada con Manuel Guerrero
Ustes, Ana María, (1728), casada con Martín Gil Lacruz
Vázquez y Araujo, Joseph Andrés, (1779), alcalde.
Venero García, Juan Francisco, (1730), hijo de Juan Francisco y Teresa.
Yagüe, Miguel de (1732), pintor aprendiz
Zoco, Antonio, (1795), regidor
Zoco, Fermín. (1760), regidor