domingo, 22 de julio de 2018

RECETAS Y PLATOS TRADICIONALES SOSIENSES

Conejo escabechado


A continuación se exponen varias recetas de nuestros ancestros adaptadas a las actuales y modernas comodidades culinarias, como son las cocinas eléctricas, los frigoríficos, las nuevas aleaciones metálicas de las ollas, perolas, sartenes y demás utensilios culinarios; pero todas ellas poseen los mismos ingredientes y conservan las mismas formas de cocinarlas que antaño; diríamos que solamente hemos cambiado el “instrumental” para cocinar, ganando así en comodidad y rapidez.

Conejo escabechado al estilo de Sos


Plato típico de la comarca pensado para conservar los conejos tras un buen día de caza, antes de que llegaran a los hogares los frigoríficos. De esta forma se conservaban los conejos muchos días más y se podían consumir sin problemas, igual que otros productos escabechados.
Tomar un conejo, trocearlo y salarlo. Cortar en “juliana” una cebolla y dos zanahorias. Rehogar en una sartén el conejo junto con la “juliana”, unos dientes de ajo y unos granos de pimienta negra. Una vez rehogado añadir un vasito de agua, otro de vinagre blanco y otro de vino blanco, junto con dos hojas de laurel y tomillo, dejándolo cocer todo el conjunto hasta que el conejo esté tierno. Retirarlo del fuego, y tras dejarlo enfriar, se guarda en el frigorífico durante dos días, dándole vuelta de vez en cuando para que se macere bien. Transcurridos estos dos días ya podemos disfrutar de este suculento plato.

Cordero al chilindrón. (Para 6 personas)


Este es un plato muy típico de la zona. Antiguamente se hacía en casa los domingos. Igualmente, con esta misma preparación se hace el pollo, la gallina o el conejo al chilindrón.
Coger un kilo y medio de cordero de la parte que se desee, da igual pierna que paletilla o costillar, se trocea y se salpimenta; se ponen los trozos en una cazuela con aceite de oliva y se sofríen.
Anteriormente se habrán puesto en remojo durante media hora dos pimientos secos. Cortamos en dados pequeños 150 gr. de jamón serrano, tres pimientos rojos y una cebolla en “juliana” muy fina. Pelamos cinco dientes de ajo y los guardamos enteros. Igualmente rallamos y reservamos cinco tomates maduros. Majamos en un mortero uno de los dientes de ajo ya pelados, una ramita de perejil y la carne de los pimientos secos y reservamos.
A la cazuela del cordero, una vez sofrito, le añadimos cuatro dientes de ajo, la piel de medio limón, lo cubrimos de agua y lo ponemos a fuego fuerte hasta que empiece hervir.
Aparte, en una sartén hacemos un sofrito con la cebolla y los pimientos rojos; antes de que se terminen de sofreir añadimos los dados de jamón y la ralladura de tomate, dejándolo que se haga lentamente. Cuando se termine de hacer este sofrito, se añade, junto con el majado del mortero, al cordero; se rectifica de sal y se deja que se termine de hacer a fuego lento.

Migas de pastor


Las migas es un plato típico de los pastores de ganado trashumante, que las preparaban para merendar en el campo o en las chozas. En el zurrón solían llevar una “pelota” de sebo de cordero, ajos y pan duro, ingredientes que podían portar varios días sin que se echaran a perder. Estos son los originales y auténticos ingredientes de las migas de pastor.  
El pan se corta en rebanaditas muy finas, frotando de vez en cuando la corteza del mismo con el ajo. En una sartén puesta al fuego se echa un trozo de sebo, y una vez derretido se incorporan las migas y se revuelven con una cuchara de madera hasta que se empapen de la grasa, y sin dejar de revolver, se mantiene la sartén en el fuego durante unos minutos. Se comen muy calientes y directamente de la sartén con la cuchara de madera.
Actualmente hay mil formas distintas de cocinarlas para que no resulten tan rústicas, elaborándolas de distinta manera y con otros ingredientes para hacerlas más suculentas y digestivas, bautizándolas con distintos nombres dependiendo de la comarca de donde se hagan, así tenemos las “ahogadas”, las “canas”, a la pastora, de Teruel, en perolico, a la zaragozana… unas añadiendo riñonada de cordero, otras chorizo o chistorra, panceta, jamón o longaniza, acompañadas con huevos fritos, granos de uvas o incluso con chocolate.

Migas de pastor al estilo de Sos (para seis personas)


A poder ser se sustituye el sebo por un “entresijo” (o entresegal), que es el mesenterio o redaño del cordero, un repliegue membranoso del peritoneo que une el estómago y el intestino con las paredes del abdomen, y que contiene numerosos vasos sanguíneos y linfáticos, haciendo que resulte más sabroso y menos pesado que el propio sebo. El pan, de 500 grs., preferiblemente de hogaza de dos o tres días, se corta en rebanadas muy finas, se salan y se rocían con agua para que queden bien húmedas y se cubren con un paño mojado, dejándolas en reposo 10 o 12 horas.
En un caldero con un poco de aceite de oliva se fríen dos dientes de ajo aplastados hasta que se doren, retirándolos después. En el aceite se echa el entresijo muy picadito, y cuando están muy fritos se añaden las migas, que se harán a fuego lento, sin dejar de picarlas y removerlas para que se empapen bien; al mismo tiempo echaremos muy picaditos otros dos dientes de ajo crudo para que se vayan haciendo a la vez que las migas. Se sigue removiendo y picando las migas unos minutos más hasta que queden “esponjosas”, comiéndolas bien calientes con una cuchara de madera del propio caldero.      

Jarretes de ternasco con alcachofas


El jarrete es la parte de la pierna del ternasco situada detrás de la articulación de la rodilla, posee una carne muy fina y jugosa. En primavera, cuando las alcachofas de las huertas están en la máxima plenitud de su ternura, nuestras abuelas, muchas veces azuzadas por la necesidad que imponía la pobreza, se las ingeniaban para elaborar suculentos y contundentes platos para aprovechar al máximo tanto lo que daba la ganadería como lo que salía de sus huertos. Así nació este sencillo guiso, pero muy sabroso, y que forma parte de nuestra cocina tradicional.

Ingredientes para 4 personas:
·      4 jarretes
·      6 alcachofas
·      6 dientes de ajo
·      ½ l. de vino rancio
·      10 dl. De aceite de oliva
·      sal y pimienta
  

Elaboración

Se toman los jarretes y se salpimentan, friéndolos en una olla con el aceite de oliva. Cuando estén dorados se reservan aparte. En el aceite donde los hemos frito se doran los ajos pelados y cortados en láminas. Se sacan los ajos con una espumadera y se ponen sobre los jarretes. Con anterioridad habremos limpiado las alcachofas, quitando las hojas más duras, y cortadas por la mitad se salpimentan y se fríen, pero no del todo, pues terminarán de hacerse con la cocción posterior. En este punto añadimos los jarretes y los ajos que habíamos apartado y vertemos el vino rancio. Cuando arranque el hervor, se baja a fuego lento y se deja cocer con la olla tapada y a fuego lento durante 45 minutos aproximadamente, rectificando de sal si fuera necesario. Si vemos que el guiso se nos va quedando seco añadiremos un poco de caldo de carne.


Patatas a la pastora


La patata, desde su llegada a la comarca de Sos, ha sido el omnipresente tubérculo en infinidad de guisos; añadidas a la carne, al bacalao, a las aves o a las verduras, fue, y sigue siendo, un ingrediente muy socorrido para matar el hambre y “engordar” platos.
     Hay mil formas de preparar las patatas, y aquí vamos a dar la receta de otro ingenioso plato de nuestras abuelas, aprovechando todo lo que la huerta y el campo daba, siendo un guiso especialmente preparado para los cazadores, quienes le dedican una especial atención

Ingredientes para 4 personas
·      1 kg. de patatas
·      250 g. de cebolla
·      2 dientes de ajo
·      200 gr. de panceta de cerdo
·      30 gr. de almendras tostadas
·      4 huevos
·      2 tomates
·      pan frito
·      2 hojas de laurel
·      2 dl. de aceite de oliva
·      0.5 dl. de vino blanco
·      4 pimientos asados
·      3 hebras de azafrán, o un poquito de pimentón dulce, en su defecto.
·      2 ramitas de perejil
·      sal
·      agua

Elaboración
Las patatas, peladas y lavadas, se cortan en trozos de mediano tamaño, y la panceta la cortamos en dados.
En una cazuela de barro puesta al fuego freímos en el aceite la cebolla muy picada y los tomates pelados y troceados, haciendo con ello un sofrito. Cuando esté hecho incorporamos el vino blanco, dejamos que dé un hervor y seguidamente echamos las patatas y la panceta, añadiendo agua hasta cubrir las patatas. Incorporamos los pimientos, previamente asados y cortados en tiras, junto con el laurel. Cuando empiece a hervir le añadiremos una majada preparada con los ajos, las almendras, el azafrán, el perejil y el pan frito, salamos y lo dejamos cocer unos 15 minutos hasta que las patatas estén hechas. Un poquito antes de que se terminen de hacer las patatas se rectifica de sal y se cubre la cazuela con los cuatro huevos, en crudo, para que se escalden en la superficie del guiso


Pochas


Las pochas son alubias blancas de la variedad redonda cuya principal característica es que se recogen frescas, sin llegar a secarse, presentando un aspecto entreverado y de color blanquiverde. Una vez cocidas presentan un sabor mantecoso y exquisito al paladar. El cuidado principal del agricultor, para su perfecto crecimiento y cultivo, es que tiene que abonarlas con abono orgánico, es decir, de origen animal. Esas son las auténticas pochas de Sos. Transmitida esta forma de cultivo de generación tras generación, todavía podemos encontrar en la Villa las afamadas pochas cultivadas por algún agricultor que conservan estas técnicas ancestrales de cultivo. 
Es un poco difícil hacerse con unos kilos traídos directamente de la huerta, pero si damos con la persona adecuada, podremos hacernos en casa un buen puchero de las sabrosísimas pochas de Sos o de Sangüesa.
Ingredientes (para 4 personas)
·      1.5 kg. de pochas con la vaina ( 800 g. desgranada)
·      150 gr. de jamón en filetes pequeños
·      8 rodajas de longaniza
·      1 cabeza de ajos
·      1 pimiento verde
·      1 pimiento rojo
·      1 tomate maduro
·      1 cebolla
·      aceite de oliva
·      sal y agua

Preparación
Se lavan bien las pochas y se disponen en una olla cubiertas por completo de agua fría. Le añadimos los filetes de jamón, la longaniza, la cebolla, la cabeza de ajos y el tomate, todo ello entero; lo rociamos con un chorrito de aceite y le añadimos sal.
Se dejan cocer a fuego lento durante 30 minutos. Aparte, en una sartén con un poco de aceite ponemos los pimientos cortados en trozos pequeños y los freímos a fuego lento. Sacamos de la olla la cabeza de ajos y la cebolla y los pasamos por el pasapurés, añadiéndolos a los pimientos que tenemos en la sartén. Todo este sofrito se vierte en la olla de las pochas, dejamos cocer 10 minutos más y ya tenemos listo el plato para empezar a degustarlo.
Aunque de este plato hay múltiples variantes, otra de las más modernas y populares es disfrutar las pochas con almejas, dándole un distinguido toque marinero al guiso.

Ternasco al horno con patatas a lo pobre, nuestro plato emblemático


¡Quién nos iba a decir a los sosienses y a los aragoneses que lo que en un principio fue una necesidad, ahora se ha convertido en un plato estrella a nivel nacional e internacional y llegando incluso a tener la denominación de origen calificada!
 Hace décadas, el desprecio del rendimiento monetario por parte de las economías menos favorecidas por un lado, la necesidad imperiosa de alimentarse con el mínimo costo posible por otra parte o porque la situación de hambruna lo requería, obligaba a los ganaderos a sacrificar los corderos cuando aún no habían cobrado kilos, cuando todavía estaban mamando de sus madres y nuevamente sus mujeres se “inventaron” la fórmula para “engordar” el plato: Ya que es tan pequeñico… ¿ Porqué no le añadimos unas pataticas “pa que cunda más”? ¡Qué geniales eran nuestras tatarabuelas!  Lo de “a lo pobre” es un término mucho más reciente que cuesta mucho aceptar. En otras comarcas se les llama así porque sólo se las alegra con aceite y sal, pero ya me diréis qué tienen de pobres unas patatas arropadas en la rustidera con el ternasco e impregnadas de las grasas y jugos que éste desprende mientras se asa; ¡de pobres no tienen nada!





Ingredientes para 5 personas

·      1,600 kg. de ternasco (es tan bueno que da igual la parte que pongas. Dependerá de la cantidad de carne magra que quieras comer si cocinas paletilla, pierna, costillas, cuello o tajo bajo)
·      2 kg. de patatas
·      6 dientes de ajo
·      1 hoja de laurel, o perejil (al gusto). Si se usa laurel hay que tener mucho cuidado que no se apodere del gusto del asado (todo dependerá del laurel: si es verde, fresco, seco, e incluso del tipo de árbol de laurel que hemos usado. No es lo mismo un laurel mediterráneo que uno de zonas cálidas.)
·      10 dl. de aceite de oliva
·      ¼ l. de agua
·      sal

Preparación
Se pelan y cortan las patatas en rodajas y se disponen en una fuente de horno. Los ajos, laminados, el laurel, el aceite, el agua y la sal se vierten sobre las patatas. El ternasco, previamente sazonado se coloca sobre la cama de patatas y se lleva al horno durante una hora y cuarenta minutos a fuego moderado. De vez en cuando se irá remojando el ternasco con el jugo del asado. Casi al final del asado se sube la temperatura del horno para que se dore por encima, dándole la vuelta a los dos minutos para que se dore por el otro lado y se muestre dorado por igual por ambas partes.


Otros platos tradicionales


Como no se trata aquí de escribir un recetario completo sobre la cocina de Sos, detallamos a continuación una serie de platos tradicionales y populares de nuestra gastronomía, donde muchos de ellos, por no decir todos, están a la orden del día en nuestras cocinas actuales, en las de nuestras madres y en los establecimientos hosteleros de la Villa, y que a buen seguro habéis degustado más de una vez:



Ensaladas.

-Lechugas de la huerta del Ramblar
-Tomates del Ramblar

Migas

-Migas de pastor
-Migas a la pastora
-Migas zaragozanas


Verduras y hortalizas
Borrajas con patatas

-Acelgas con patatas
-Alcachofas
-Borrajas con patatas
-Cardo con salsa de almendras
-Coliflor al ajoarriero
-Firigolla
-Fritada
-Guisantes a la aragonesa
-Judías verdes estofadas
-Pencas de acelgas rellenas


Sopas, caldos y purés
-Caldo de gallina
-“Caldo de zorro”
-Puré de lentejas
-Sopas de ajo

Salsas
-Salsa aragonesa
-Salmorejo aragonés


Arroces

-Arroz a la aragonesa

Legumbres

-Cocido
-Garbanzos de ayuno
-Judías con oreja de cerdo
-Lentejas estofadas
-Pochas
-Potaje de garbanzos de vigilia

Patatas

-Calderete con carne
-Patatas a la pastora
-Patatas con arroz
-Rancho

Huevos

-Al plato con longaniza, chorizo o jamón
- Huevos al salmorejo
-Huevos tontos con longaniza
-Tortillas de chorizo o jamón

Pescados


Bacalao ajoarriero
 

-Bacalao ajoarriero
-Bacalao en escabeche
-Merluza a la baturra

Carnes, aves y caza

-Codornices estofadas
-Conejo asado con ajoaceite
-Conejo en pepitoria
-Conejo escabechado
-Conejo con caracoles
-Conejo en salmorejo
-Cordero a la pastora
-Cordero al chilindrón
-Costillas de ternasco albardadas
-Costillas de ternasco a la brasa
-Gallina en pepitoria
-Jabalí asado o guisado
-Jarretes de ternasco con alcachofas
-Liebre con chocolate
-Liebre estofada
-Magras con tomate
-Perdices escabechadas
-Pollo al chilindrón
-Pollo escabechado
-“Ropa vieja”
-Ternasco asado con patatas a lo pobre
-Ternera en salsa de almendras

Flanes

-Flan de huevo
-Natillas


Frutas

-Carne de membrillo
-Melocotón en vino
-Peras al vino tinto

Bizcochos, tartas, pastas, dulces y turrones

-Brazo de gitano
-Magdalenas
-Pastas de coco
-Tortas de anís
-Tortas de manteca
-Turrón de yema

Fritos

Pestiños

-Crespillos
-Pestiños
-Rosquillas
-Torrijas

Bebidas

-Pacharán
-Vino “embrujao”
-Vino de nueces
-Vino melau de Nochebuena


                          
Todos estos platos que acabamos de mencionar no se conocen así preparados de antiguo ni aparecen en los viejos textos o referencias. Un estusiasta gastronómada, Dionisio Perez, recorre España levantando acta de las cocinas populares que encuentra en su camino, y en la zona de Sos, cita como destacados los chilindrones y el conejo en salmorejo.

Casi todos estos platos que hemos visto pueden degustarse, con el toque personal del maestro cocinero, en nuestra encantadora Villa, ya que Sos posee una amplia y excelente oferta gastronómica. ( ver restaurantes) 






BIBLIOGRAFÍA

-ALFARO, ANGELINA. Cocina Regional; Cocina Navarra. Círculo de Lectores. Barcelona, 2000.
-BAQUÉ, AMALIA; MAINER, Mª AMALIA. Rezetas familiars aragonesas. Publicazions d´o Consello d´a Fabla Aragonesa. Huesca, 2001 (2ª edición)
-BELTRÁN, ANTONIO. Cocina Regional; Cocina Aragonesa. Círculo de Lectores. Barcelona, 2000.

UN CABALLO CORDOBÉS EN SOS


Caballo cordobés (Foto:Yahoo Noticias)



 Ya en el siglo I d.C se hicieron mundialmente famosas las yeguadas de Alhaken II quien, además de ampliar la mezquita de Córdoba, tenía como hobby la cría de caballos. Poseía 2000 caballos en edificios colindantes a su alcázar junto al río. Posteriormente, Almanzor, aficionado también a los caballos, creó en la dehesa de Alamiriya una yeguada de Córdoba.
Fernando III utilizó caballos cordobeses en la conquista de Córdoba, y los Reyes Católicos crearon un cuerpo de caballería ligera formado también por caballos cordobeses. Felipe II eligió Córdoba como ciudad para construir sus caballerizas, y sus dehesas para criar las yeguas. Carlos I montaba sobre caballos cordobeses. En 1751 las caballerizas de Córdoba sufrieron un incendio, por lo que Fernando VI ordenó reconstruirlas, finalizándose la obra en tiempos de Carlos III, quien colocó sus armas en la fachada. Carlos IV ordenó la creación de dos escuelas de Veterinaria: una en la corte de Madrid y la otra en Córdoba, donde se criaban los mejores y más afamados caballos. En el siglo XIX la cría caballar pasó a depender del Ramo de la Guerra, creándose la yeguada militar en la “Hacienda de Moratalla”, en Hornachuelos (Córdoba)…
Todo esto nos da una idea de la importancia y la fama que tenían, y tienen, nuestros caballos cordobeses.  Y si son tan buenos caballos, ¿porqué no traer uno de estos afamados equinos a Sos? Esto es lo que debió pensar, a principios del siglo XIX, el padre Onofre, rector del colegio escolapio Isidoro Gil de Jaz, en Sos del Rey Católico.
En 1802 el padre Onofre envió una carta a un colega religioso suyo en Madrid para que hiciera llegar la misiva a otro sacerdote muy cercano al rey Carlos IV, expresándole al monarca el deseo de poseer uno de los afamados caballos cordobeses que el rey poseía en el Real Sitio de Aranjuez para llevarlo a la finca que los padres escolapios poseían en Sofuentes. “El cazador”, sobrenombre con el que se conoce a Carlos IV, respondió al P. Onofre mostrándole la intención de regalar al Colegio de Sos uno de sus caballos, de los de mejor linaje y casta raza, pero que tendría que esperar un tiempo, pues tenía que hacer una buena selección.
Dos años después, el 27 de marzo de 1804, el padre Onofre recibe una carta del sacerdote cercano al rey  comunicándole la inminente entrega del corcel, regalo del rey al colegio escolapio de Sos, reseñando que es un buen caballo, de Casta de este Sitio, de seis años de edad, color castaño oscuro, muy manso, de nombre “Labrador” y de un valor entre 15.000 y 20.000 reales, indicándole que un palafranero lo lleva hoy  a entregárselo a su colega religioso de Madrid para que mande a alguien a buscarlo.
“Labrador” estuvo en la Parada que los padres escolapios tenían en Sofuentes hasta el 14 de abril de 1811, fecha en que un batallón de las tropas francesas napoleónicas entró en Sofuentes y arrasó con todo, llevándose a "Labrador" y otros animales más que tenían los escolapios en la finca.






BIBLIOGRAFÍA

-GARCÉS ABADÍA, MÁXIMO. Don Isidoro Gil de Jaz. Fundación Gil de Jaz. Zaragoza, 1994.
En la web:
-Wikipedia. Caballo andaluz





EL SEXO EN LA EDAD MEDIA


Aristóteles dijo, y es cosa verdadera,
que el hombre por dos cosas trabaja: la primera,
por el sustentamiento, y la segunda era
por conseguir unión con hembra placentera.

                                                                                                 (Juan Ruiz, Arcipreste de Hita)
               


         La sexualidad en la Edad Media, como en casi todos los aspectos relacionados con la vida cotidiana, estaba controlada y dirigida por la Iglesia, al menos en teoría, porque en realidad luego cada cual daba rienda suelta a su imaginación o se dejaba llevar por sus instintos de placer, pese a las amenazas de la Iglesia que en algunos casos llegó incluso a castigar con la muerte a todo aquel que se alejara de las normas y directrices dictadas.
                El acto sexual en sí mismo estaba considerado como algo execrable, por lo tanto, prohibido. Únicamente la sexualidad era lícita si se practicaba dentro del matrimonio y sólo con fines reproductivos. Solamente en este caso estaban justificadas las relaciones sexuales, puntualizando que no debería haber placer en el coito, pues el placer viciaba desde el principio el propósito reproductivo. Ya en el siglo XIII Tomás de Aquino decía que “el hombre que manifestaba deseo por su esposa la estaba tratando como a una prostituta”.
               
El tamaño del pene podía ser motivo de nulidad del matrimonio
               Como el matrimonio era concebido con el único fin de procrear, si el marido resultaba ser impotente era motivo suficiente para disolver la unión, al igual que si la mujer era “tan cerrada que no había manera de consumar el acto carnal”. Otra causa de anulación del matrimonio era el tamaño del pene, pues el “superdotado” podía poner en peligro la vida de la esposa.
                 Pero no podías concebir a tu vástago cuando quisieras, la Iglesia también imponía los días en los que se podía tener sexo o no. Por ejemplo, estaba prohibido mantener relaciones de jueves a domingo, o sea, que entonces, de lo de “sábado, sabadete…”, ni pensarlo. Igualmente tampoco se podían mantener relaciones durante el día; sólo eran lícitas por la noche. También estaban prohibidas durante la Cuaresma, los 40 días previos a la Navidad, los 40 días previos y los ocho posteriores a la fiesta de Pentecostés , las fiestas religiosas, la octava de Pasión, los días de ayuno, cinco días antes de recibir la comunión y uno después, y los días en que se celebrara a un santo; o sea, que si tenías un calentón a las 10 de la mañana te tenías que aguantar, si lo tenías por la noche pero era viernes o resultaba que era Diciembre o los días previos a Pentecostés,o llevabas intención de comulgar, o…. también; todo un calendario de días y horas prohibidas que había que tener en cuenta para no pecar (unos 240 días del año. Más las noches de los 125 restantes). Y por si esto fuera poco, si por una de las casualidades el calentón surgía dentro de los días y horas permitidos pero la esposa no se encuentra en el hogar porque se ha ido a casa de sus padres para hacerles una visita, tampoco  dejaban autocomplacerte, pues la masturbación masculina estaba severamente reprimida, y esto es debido a que la Iglesia tenía verdadera obsesión con el desperdicio del semen, mientras que, paradójicamente, la femenina no suscitaba tanto interés en las autoridades eclesiásticas, aunque también era castigada por descuidar sus obligaciones de esposa para con la procreación. Para la mentalidad eclesiástica de la época el único destino del semen era la vagina de la mujer con el único fin de procrear, y toda práctica sexual fuera de esta finalidad era una perversión fuertemente reprochable y pecaminosa, porque el desperdicio del semen iba contra el fin de la procreación, por lo que también estaban prohibidas las relaciones anales, la fornicación interfemoral, la homosexualidad masculina, la fornicación con animales ,el sexo oral….y todo acto en el que el fluído masculino no tuviera el único destino permitido, la vagina de la mujer. La homosexualidad femenina se toleró más porque su práctica no entrañaba derramamiento de semen.
               
La única postura aceptada era la del "misionero"
             En cuanto a las posturas de la pareja a la hora de tener relaciones sexuales para la procreación, sólo estaba permitida la postura del “misionero”, todas las demás estaban prohibidas con distintos grados de desaprobación y pecaminosidad, siendo consideradas como antinaturales que podían, además, producir deformidades o malformaciones en los descendientes.
              Para evitar el deseo carnal, considerado por la Iglesia como una enfermedad, a los hombres se les recomendaba que se practicaran sangrías en las venas superficiales de los muslos, y a las mujeres lavativas de incienso en la vagina.
               Las penitencias que solía imponer el Clero ante la transgresión de las normas de la Iglesia en materia de relaciones sexuales  se recogen en los “penitenciales” de la Alta Edad Media. Una especie de manual en el que orientaban al clero sobre las penitencias que debían imponer a los pecadores según el grado de “pecado” cometido, y que variaban desde “arrepentirse hasta el final de sus días” por eyacular en la boca a “ayunar durante quince años” (una serie de días concretos al año) quien fornicara con un animal o a siete años de penitencia por practicar la homosexualidad masculina o a tres la femenina. Los penitenciales se prohibieron en el Consejo de París del año 829 debido a la disparidad de los castigos que se imponían, pero se siguieron utilizando hasta el siglo XII.
                Hasta el siglo XIII se trató la sodomía como un pecado más, al que se le aplicaba la penitencia oportuna, pero a partir de 1250 se empezó a identificar la sodomía con la herejía y a castigarse con la horca, la hoguera o la castración.
                El adulterio de una mujer se castigaba con extrema severidad, ya que mancillaba el honor del marido, castigando a la adúltera a la confiscación de la dote, humillaciones en público de diferentes maneras, torturas,  expulsión del hogar e incluso la muerte, castigo en el que, con frecuencia, era acompañada por su amante.
              También era castigado el aborto y el infanticidio. Se condenaba a muerte tanto a quien preparara hierbas abortivas como al que incitara a tomarlas; igualmente se castigaba con la muerte al infanticida pero, siendo benevolentes, sólo se castigaba, a veces, con la ceguera.
               
La prostitución era considerada como "un mal necesario"
Como paradoja a todo lo visto, la prostitución, aunque era una actividad indeseable, se consideraba como necesaria porque servía para mantener la paz social, por lo tanto se permitía este “mal necesario”, aunque con algunas condiciones, como ubicar los burdeles extramuros de la ciudad, prohibir la práctica de este antiguo oficio en determinadas fechas del calendario o identificar a las prostitutas con señaladas prendas de vestir. San Agustín dijo: “si se expulsa la prostitución de la sociedad, se trastorna todo a causa de las pasiones”
 Las prostitutas contribuían a que los jóvenes perdieran la virginidad a temprana edad, a saciar los deseos de la población masculina, protegiendo así  a sus esposas y al resto de mujeres de posibles violaciones, a las que respetaban. Si un hombre quería realizar determinadas prácticas prohibidas, se aceptaba que las buscara fuera de casa en lugar de proponérselas a su esposa. Además la prostitución era una importante y constante fuente de ingresos  económicos para las ciudades.
              
             En la Edad Media una cosa eran las normas y otra muy distinta el cumplimiento de las mismas, ya que fueron los propios clérigos quienes fueron los primeros en saltarse sus propios mandatos (ver); y si el mismo clero se saltaba a la torera las normas de la Iglesia…¿qué no iba a hacer la plebe? Andrea Capellanus nos lo cuenta en su tratado “sobre el amor”, de 1184, más conocido como “El arte del amor cortés”: ……"la plebe no practica la caballería del amor, sino que, como el caballo y el asno, tienden naturalmente al acto carnal"
             No obstante, y a pesar de todo, en la concepción medieval teocrática del ser humano, la castidad era el grado superior al que podían aspirar tanto los hombres como las mujeres, existiendo una gran presión para que todos ellos ingresaran en monasterios y conventos, y en cuanto a los matrimonios y los actos sexuales practicados en el mismo, si se cumplía con las normas establecidas, era admitido pero, en cuanto a virtud, nada era comparable con una vida consagrada a la abstinencia, que proporcionaba directamente la salvación de las almas.







BIBLIOGRAFÍA



-BRUNORI, RODRIGO. “El sexo en la Edad Media. El inútil deseo de suprimir el deseo humano.” Revista Muy Historia, nº 98, pp. 42-51.
-ESLAVA GALÁN, JUAN. Historia secreta del sexo en España. Temas de hoy. Madrid, 1996.
-MARTOS RUBIO, ANA. Historia medieval del sexo y el erotismo. Nowtilus. Madrid, 2008.

domingo, 15 de julio de 2018

LOS GRUPOS INTERMEDIOS EN LA SOCIEDAD MEDIEVAL EN SOS


         
Vendimia (Detalle) Ciclo de los meses: Octubre
Maestro Wenceslao, hacia 1400. Castello del Buonconsiglio. Trento.
Entre los grupos de la élite de la población (nobleza y clero) y el estrato inferior (pobres, judíos y agotes ) existió en Sos otro grupo poblacional intermedio, muy numeroso y heterogéneo, que constituía el estrato medio de la sociedad.
                Igual que los grupos inferiores, estos grupos de población intermedios tampoco gozaron de los privilegios jurídicos y fiscales que disfrutaron las clases superiores, viviendo principalmente del esfuerzo personal que todos los miembros del grupo aportaban al propio clan familiar, pudiendo considerarse como pequeños productores independientes o autónomos.
      Las principales actividades económicas que caracterizaron a este grupo social fueron las derivadas de la explotación agrícola y la artesanal.
                A diferencia de los grupos inferiores, los grupos intermedios pudieron participar en la política municipal asistiendo a las reuniones del concejo, pero nunca como Justicias, cargo reservado únicamente para miembros de la élite, sino sólo en calidad de consejeros o jurados, y aún así sólo unos pocos lo consiguieron y de forma muy esporádica a lo largo de su vida, por lo que su representación política fue más bien escasísima, no pudiendo intervenir ni decidir en asuntos de vital importancia para sus intereses. 
                Los sosienses de este grupo intermedio que se dedicaron a la explotación agrícola lo hacían tanto como propietarios del terreno o trabajando las tierras en enfiteusis o en arrendamiento. En muchas ocasiones la Iglesia, propietaria de las tierras, ante la incapacidad de poder explotar sus propiedades, las arrendaba estipulando qué había que plantarse y el modo de repartirse los beneficios, siendo habituales los arriendos de viñedos o majuelos, pues era preferible obtener la mitad de los beneficios por una enajenación que sufragar el costoso proceso de cultivo y el pago de salarios[1]. Así, en el siglo XIV, 40 cahizadas de tierras y 250 peonadas de viñas que poseía el capítulo de San Esteban fueron entregadas a labradores del municipio a cambio de un porcentaje de la cosecha, junto al diezmo y la primicia[2].
               
               Los contratos agrarios permitieron a este grupo intermedio adaptar el tamaño de las explotaciones agrarias al número de miembros del hogar en edad de trabajar, para de este modo obtener lo necesario para la subsistencia del clan familiar una vez descontados los impuestos y pagos obligados, que no eran pocos. Por una parte tenían que entregar, en especie, el diezmo a la Iglesia (el 10% de la producción), un 3% al concejo en forma de primicia y cerca del 2% al molinero por los derechos de molienda; además, en dinero, tenían que satisfacer las rentas feudales al rey de Aragón ,el arrendamiento de las sisas del pan y de la carne y alguno más, lo que suponía entre 25 y 30 sueldos por cada unidad familiar, por lo que tenían que destinar unos dos cahíces de trigo de la cosecha para vender en el mercado y obtener así el dinero necesario para afrontar los pagos o vender otra clase de artículos[3].
                En cuanto al patrimonio de estas familias y el tamaño de las explotaciones, generalmente se trataban de heredades que garantizaban perfectamente el mantenimiento de una unidad familiar tipo medio, es decir, un matrimonio con dos o tres hijos. Para hacernos una idea de este patrimonio hay que acudir a los inventarios de los bienes aportados como ayuda por sus parientes en las capitulaciones matrimoniales. Veamos dos ejemplos.
En las capitulaciones firmadas en 1498, Pedro Espatolero donó a su hijo Pedro un corral, una era y un conjunto de piezas en Roita que había comprado a García de Avarzuza, una viña en Arbe, una pieza en la val de Suso, una pieza en Ceñito y la mitad de un plantado, una vaca, una asna, 50 cabezas de ganado menudo, una cameña de ropa y la mitad de sus casas[4]. En 1484 Pedro Lacagorría entregó a su hija María en su matrimonio, siete piezas, dos majuelos, cinco conos de abejas, una cama de ropa, dos nietros de vino mosto y 100 sueldos para comprar un buey, a lo que hay que sumar lo que su esposo, Juan Martínez de Pintano, recibió de su padre Martín: la mitad de unas casas, ocho piezas, un majuelo, un plantado, un linar y una viña y media[5].
Pero, como antes se ha dicho, aunque estas propiedades eran suficientes para abastecer la unidad familiar, una mala cosecha, la muerte de algún animal de tiro, el aumento del número de miembros del grupo, sobre todo si no están en edad de trabajar, o por incapacidad física, podían resultar fatídicos a la hora de asegurar el abastecimiento de la familia por lo que, en ocasiones, y como previsión, tuvieron que comprar más tierras o recibirlas en régimen de aparcería o arrendamiento, tal como hizo Sancho Alegre en 1508, quien se comprometió entregar anualmente, durante ocho años, dos cargas de trigo al escudero Antón de Albarado, señor de la Certera, a cambio de trabajar las heredades que éste acababa de comprar en Undués de Lerda[6].
           
Labrador. Manuscrito Landauer twelve brothers´house,
de Nuremberg. Siglo XV.
                 Independientemente de los infortunios que pudieran acontecer en el seno de este grupo, hemos visto cómo con sus tierras y propiedades podían abastecerse de los alimentos más básicos y necesarios, pero además, una de las estrategias empleadas por estas familias campesinas fue la diversificación productiva para que, al mismo tiempo que proporcionaba más variedad alimentaria de productos al hogar, de este modo evitaban una catástrofe en caso de que un sólo producto atravesara una crisis comercial en algún momento determinado.
En cuanto al ganado, tanto pequeño como mayor, no eran grandes propietarios, sino que disponían de pequeños y medianos rebaños de ovejas y cabras cuya exclusiva finalidad era el consumo de leche y derivados para uso doméstico en el caso de pequeños propietarios y para la comercialización de excedentes en el caso de los medianos. De este modo, vemos cómo entre los bienes de Sancho Bernat se registraron en 1442 cinco cabras mayores y tres chicas[7] o sólo las dos cabras que poseía en 1503 Pedro de Sada[8], mientras que en 1501 Marquesa Martínez poseía 100 cabezas de ganado menudo[9] o las 160 cabezas que se repartieron en 1441 los herederos de García Juan de Tomás[10].
En referencia al ganado mayor, las posesiones por unidad familiar se limitaban a la tenencia de uno o dos bueyes, una mula y algún caballo o yegua en el mejor de los casos.
Otra de las actividades que realizaron los miembros de estas familias fue la industria textil doméstica, orientando la producción a la fabricación de prendas de vestir para el propio grupo familiar y otros artículos para la casa, con el consiguiente ahorro al no tener que ir al mercado a comprar prendas de vestir, y  a la venta de fibras textiles  a los artesanos para que confeccionaran manufacturas más elaboradas, siendo la comercialización de estas fibras textiles una fuente de ingresos extras de gran importancia para las familias, tanto que a comienzos del siglo XVI el concejo de Sos tuvo que intervenir para fijar los salarios que los artesanos debían cobrar por realizar estas tareas[11].
Maestro zapatero (mediados del siglo XV)
Además de la agricultura y del comercio textil, este grupo también estuvo integrado por personas con otras actividades artesanales, pues la demanda, tanto de los propios vecinos de Sos como en los lugares más próximos, de otro tipo de necesidades básicas, hizo que las familias orientaran su productividad hacia este tipo de necesidades, tales como la construcción, la manipulación de los metales, el cuero, la sanidad u otro tipo de servicios complementarios. Zapateros, herreros, piedrapiqueros, cesteros, fusteros, mazoneros, pelliceros, notarios, sastres, barberos, pelaires, tejedores, médicos, mercaderes, molineros y un largo etcétera de artesanos se instalaron en Sos, si bien la producción artesanal era más bien doméstica y local, con productos de calidad media y destinado al mercado villano y su entorno, por lo que los artesanos, ante la dificultad de poder mantener una familia con los beneficios obtenidos por el desarrollo de su frágil actividad, se vieron obligados, igual que los agricultores se apoyaron en las labores textiles, a complementar sus ingresos realizando labores agrícolas. De este modo vemos cómo en 1515 el pelaire Sancho San Vicent, en sus capitulaciones matrimoniales, aportó al matrimonio unas casas, dos plantados de ocho peonadas cada uno, un buey, nueve fanegas de simiente, 100 sueldos, más 400 que le debían, quince cargas de trigo, 50 lanas y 50 codos de sayal y lana para hacer una pieza de burel, y sus suegros aportaron 350 sueldos, tres cargas de trigo, una cama de ropa, dos piezas de siete arrobas cada una, una pieza de dos arrobas y un plantado de siete peonadas[12]; o cómo el picapedrero Martín de Ordanza, recién instalado en la villa, aportó para su matrimonio con María Ezquerra, en 1513, 1600 sueldos en bienes muebles, mientras que los padres de la novia entregaron cuatro campos que sumaban tres caficadas y dos arrobas, además de dos viñas[13] .
Esta necesidad de los artesanos de realizar labores agrícolas complementarias para conseguir lo necesario para la supervivencia del grupo familiar indica su cercanía en lo que respecta a experiencias vitales con los campesinos, con los que conformarían en última instancia un mismo grupo social[14].
La fragilidad de estas economías domésticas hizo que en muchas ocasiones las familias tuvieran que acudir al préstamo, si bien solían ser cantidades de poca cuantía que quedaban canceladas en un corto espacio de tiempo. Solían ser cantidades adelantadas para comprar grano o semillas, para la compra de algún animal para aumentar el ganado de tiro o en sustitución de otro que había muerto, pero nunca grandes cantidades que pusieran en peligro la estabilidad de sus unidades económicas.
En resumen, un grupo intermedio en la escala social, agricultores y artesanos, con un patrimonio medio y cuyo primordial objetivo fue el de asegurar la supervivencia del clan familiar, aunque para conseguirlo tuvieron que solventar algunas contrariedades, pero que nunca supuso una seria amenaza para sus economías y su sustento.



[1] Piedrafita Pérez, Elena. “Sectores sociales y ocupación territorial en las Cinco Villas (siglos XI al XIII), p. 291; en Las Cinco Villas aragonesas en la Europa de los siglos XII y XIII. Cood. Esteban Sarasa Sánchez, pp. 249-294.
[2] A.C.P. IV Episcopi 30, ff. 27-33v.
[3] Abellá Samitier, Juan. Sos en la Baja Edad Media, Una villa aragonesa de frontera, pp. 235-236.
[4] A.H.P.S., Juan Zareco. P. 441, f.1.
[5] A.H.P.S., Miguel del Sen. P. 446, ff. 10-12v.
[6] A.H.P.S., Miguel del Sen. P. 464, f.103.
[7] A.H.P.S., Miguel Martínez de Sada. P. 373, ff.39-41v.
[8] A.H.P.S., Miguel del Sen. P. 460, ff.6v.-7.
[9] A.H.P.S., Miguel del Sen. P. 458, ff. 62v-64.
[10] A.H.P.S., Miguel Martínez de Sada. P. 370, ff. 70-70v.
[11] A.H.P.S., Miguel del Sen. P. 459, ff. 84-85v.
[12] A.H.P.S., Gil García de Urriés. P. 507, ff. 9-11.
[13] A.H.P.S. Miguel del Sen. P. 468, ff.38v-39v.
[14] La antropología considera a estos artesanos como parte integrante del grupo social de los campesinos. E.R. Wolf, Los campesinos. Cita a pie de página en: Abellá Samitier, Juan. Sos en la baja Edad Media, p. 252.






BIBLIOGRAFÍA

-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. Sos en la Baja Edad Media, una villa aragonesa de frontera. I.F.C. Zaragoza, 2012.
-MARTÍN VISO, IÑAKI.  Poblamiento y estructuras sociales en el norte de la Península Ibérica. Siglos VI-XIII. Ediciones Universidad de Salamanca. Salamanca, 2000.
-SARASA SÁNCHEZ, ESTEBAN (Coord.) Las Cinco Villas aragonesas en la Europa de los siglos XII y XIII.  I.F.C.  Zaragoza, 2007.

domingo, 8 de julio de 2018

EL ORGANO BARROCO DE SOS

“Téngase en gran estima en la Iglesia Latina el órgano de tubos, como instrumento musical tradicional, cuyo sonido puede aportar un esplendor notable en las ceremonias eclesiásticas y levantar poderosamente las almas hacia Dios y hacia las realidades celestiales” (Conc. Vat: II.Constitución sacrosanctum concilium sobre la sagrada liturgia. Cap. VI : la música sagrada, nº 120) 


Los órganos fueron instrumentos de temprana y amplia implantación, desempeñando un papel importante en el ámbito religioso, social y cultural.
A partir del siglo XVI comienza a ser habitual este instrumento en las capillas de las Cinco Villas. Los primeros testimonios que evidencian su existencia son de la segunda mitad de este siglo y en la mayoría de los casos son la base y el soporte de los que se conservan en la actualidad por la costumbre de reaprovechar parte de la infraestructura de instrumentos anteriores.
Por un documento con fecha 6 de diciembre de 1504 se sabe que los jurados de la villa de Sos y el maestro Juan de Orna, vecino de la localidad de Estella, organista, llegan a una concordia para que construya un órgano para la capìlla de la Vírgen María de la iglesia de San Esteban de Sos.[1] De este órgano no se sabe nada más.
El actual órgano de Sos fue construido sobre el año 1757 por Silvestre Thomas, gran maestro organero aragonés. En el interior de su secreto se lee:” Ramón de Tarazona me fecit en Pamplona año 1775”, inscripción y fecha que corresponden a la construcción del secreto del órgano, y no a los tubos y a la fachada. Años después sufrió arreglos muy mal hechos como la acomodación del teclado, el cambio e inutilización de algunos registros y otros elementos que luego se arreglaron bien, con la última restauración en 1980[2].
En el libro IV de mandatos de la Parroquia queda constancia de la restauración que se hizo en 1914 llevada a cabo por el organero Nemesio Gómez. En 1965, con motivo de las obras de restauración de la Iglesia, el órgano fue desmontado y arrinconado, quedando muy maltrecho, pero los parroquianos, en 1980, decidieron restaurarlo y colocarlo de nuevo en su Iglesia. Las obras de restauración comienzan con el permiso y asesoramiento de la Comisión Provincial para la Protección del Patrimonio Histórico Artístico de la Delegación Provincial de Cultura, siendo el artesano de dicha restauración Dn. Luis Galindo Bisquer, organero y sacerdote diocesano, párroco de Agüero. Junto a él hay que reconocer el trabajo artesano de Mariano Iriarte y su hijo Jesús en cuanto se refiere a la caja y decoración. Su restauración exigió un gran costo económico, y fue una vecina de Sos, Dña. María Mola, quien sufragó prácticamente la totalidad del costo, el resto lo donó la Secretaría de Estado para el Turismo y la aportación voluntaria de algunos vecinos o amigos de Sos. El órgano quedó restaurado totalmente en 1981.
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En la restauración se aprovecharon todas las maderas del antiguo órgano, la mayoría de los tubos y, por supuesto, el secreto. Hay que añadir el teclado en madera de boj construído en Agüero.
Consta de una caja de madera con sendas puertas laterales y dos pisos con decoración de rocalla, flores de lis, casetones, etc…, y su flautado, compuesto por cinco filas de tubos sobre una doble trompetería. Inicialmente fue de octava corta, transformada en octava larga durante el siglo XIX y vuelto a su tono original con motivo de su última reparación.
Organo de Sos en la Iglesia de San Esteban

El órgano de Sos, que no todos, posee la característica de tener registros en eco. Se trata de un sistema sencillo pero de un resultado sorprendente, consistente en colocar algún registro dentro de una caja con su secretillo, teniendo una tapa móvil en su cierre, permitiendo de este modo, por medio de su apertura, que el sonido sea más presente o lejano, dando la sensación de eco (normalmente suelen ser los registros de cornetas y clarines) En la consola se encuentra un tablón que el organista, por medio de su pie, puede accionar, abriendo o cerrando la caja a su voluntad. La fachada del órgano está profusamente decorada, presentando una policromía de estilo barroco a base de rocalla, casetones y flores.
Originariamente estaba ubicado junto al coro, en el lado de la Epistola, hasta el año 1965 en que se desmontó y se retiró de la iglesia con motivo de la restauración de la misma llevada a cabo por el Patrimonio Artístico Nacional, pero tras su restauración se colocó en su ubicación actual, en la capilla de la Virgen del Pilar y San Francisco Javier, también en el lado de la Epístola.


Tras su restauración, sus primeras notas sonaron en una sesión inaugural interpretada por el propio Dn. Luis Galindo Bisquer, y que tuvo lugar a las 8 de la tarde del día 14 de agosto de 1981 con un concierto dado por el propio don Luis Galindo con obras de Cabezón, Olagué, Bruna, Pasquín, de Sola, Heredia, Bach, Martín Coll, varios anónimos y una improvisación de Dn. Galindo. Al día siguiente, festividad de la Asunción de la Vírgen, hubo Misa Solemne, a las 12 horas, con intervención del Coro Parroquial y, lógicamente, música de órgano por organistas de la parroquia. Por la tarde, a las 20 horas, un segundo concierto a cargo de don Conrado Beltrán Jiménez, natural de Alerre (Huesca).El domingo , día 16 hubo misa solemne con intervención de la Escolanía “Nora” de Sangüesa que al final de la Misa dio un excelente concierto polifónico, con lo que se cerraron los actos inaugurales del recién restaurado órgano de Sos del Rey Católico, Desde entonces no ha dejado de sonar en las celebraciones litúrgicas, como había venido haciéndose desde hace  más de 200 años, recordando de este modo los vecinos de Sos el esplendor de otras épocas.

Disposición original del órgano de Sos (según la ortografía original que consta en la fachada del órgano)

MANO IZQUIERDA
MANO DERECHA
Bajoncillo
Oboe
Zímbala
Clarín de campaña
Lleno
Zímbala
Trompeta real
Clarín de campaña
Trompeta de batalla
Lleno
Nasardo tercero
Trompeta magna
Decimonovena
Trompeta real
Nasardo segundo
Docena, quincena, decimonovena
Quincena
Clarín de eco
Docena
Flautado de eco
Nasardo primero
Nasardo segundo y tercero
Octaba
Cornetas
Biolón
Cornetas de eco
Flautado mayor
Nasardo primero

Octaba

Flautado mayor

Biolón
PEDAL

Contras

Tambor




En el archivo Parroquial queda constancia de los contratos que se hacían a los organistas, que desde 1876 fueron hechos con la saga de los Bandrés, Dn.José, Dn. Baldomero y Dn. Francisco Bandrés.

Curiosidades

     -El 30 de julio de 1876 se hizo un contrato a favor del organista Dn. José Bandrés con las siguientes condiciones:
-1. Enseñar gratis a cuatro niños.
-2. Tocar y ensayar a los niños para cantar gratis en las novenas y funciones de la Parroquia.
-3. Tocar gratis en todas las funciones públicas que manden celebrar las autoridades eclesiásticas y civiles.
-4. Estar siempre a las órdenes del párroco
-5. Por una misa cantada sin solemnidad, una peseta. Por una solemne 2‘5 ptas, por un miserere 1´25 ptas. Por cualquier novena particular 15 ptas; por una salve, 1 pta.
 El dos de mayo de 1880 se nombró a Dn. Baldomero Bandrés Oiza como organista con las mismas condiciones antes descritas.
-En un documento que se redacta durante el contrato hecho a Dn. Baldomero Bandrés, se dice: “...con el objeto de saber a qué atenerse tanto el Ayuntamiento como el Organista... en el desempeño de su cargo en esta Iglesia Parroquial y en la de Valentuñana...” se concretan las cargas: “...además de acompañar las misas e instruir a los niños, debía de tocar el órgano en las novenas de S. Francisco, S. José, Septenario”.   
-En el mes de mayo se le gratificaba con una peseta cada día” a no ser que interviniera algun voluntario, a lo que no podía oponerse. Miserere de Maitines de Semana Santa, estar a las órdenes de los Misioneros; respetar si alguna vez la banda de música quiere tocar en la administración de la confirmación o en funciones extraordinarias con motivo de la visita del Obispo a la Villa, en tiempo de rogativas públicas. En sus ausencias, no siendo por enfermedad, debía poner un sustituto, y aún por enfermedad pasado un mes, o si surgía novena o ejercicio de algunos días.”
 -De comienzos del siglo XX se conserva un recibo que dice literalmente: “He recibido de Mosén Jacobo, cura párroco de la Iglesia de Sos, la cantidad de treinta pesetas por la afinacion del órgano y para que conste doy el presente recibo. Sos 12 de Septiembre de 1903”. ( son: 30 ptas.) Firma: Nemesio Gómez.
  Probablemente el párroco al que hemos hecho referencia anota (para que no se le olvide) en la primera página del ¡libro IX de Difuntos! lo siguiente: “Fue colocado el órgano de esta parroquia en 1775 y reparado últimamente en mayo de 1899”
 -En el libro IV de Mandatos de la Parroquia queda también constancia de la última restauración del órgano. Dice en la pagina correspondiente al año 1914: “Diciembre, 8: se inauguró el órgano después de una restauración llevada a cabo por el organero Nemesio Gómez, con la reforma de la traslación de los fuelles al local del excusado y cambio de los retretes”; y curiosamente termina: “las comuniones administradas en el año han sido 28.200”.
. En la página siguiente se detalla el material existente que suma un total de 901 tubos. Observamos que se han anulado al menos dos registros y varios cientos de tubos.[3]




[1] A.H.P.S. Miguel de Sen, p. 461, ff. 68-69v.
[2] Galindo Bisquer, Luis. “El órgano de la iglesia de San Esteban”, en Organo de la iglesia de San Esteban Protomártir. Programa-invitación Agosto 1981. Parroquia de Sos.1981, Sos del Rey Católico.
[3] Ibidem.

HITOS, LOS GUÍAS DEL CAMINO

Hito en el camino de Sos a Sofuentes

Un hito es un montoncito de piedras,  generalmente con forma piramidal, colocadas y apoyadas unas sobre otras,  sin usar ningún tipo de argamasa que las una, que normalmente encontramos en los bordes de los caminos y senderos y que sirven para indicarnos que estamos en el camino correcto, aunque también existen otros que delimitan lindes entre propiedades o mugas entre territorios o comarcas.
En la antigüedad, los hitos pétreos se erigieron como monumentos sepulcrales y como elementos conmemorativos de acontecimientos sociales, políticos, religiosos o de otra índole. Pero actualmente, si el hito lo encontramos junto a un sendero, no hay ninguna duda de que se trata de un indicador del mismo. Por norma general, si el sendero no presenta muchas dificultades y el trayecto a seguir se intuye claramente, es posible que tardemos bastante tiempo en encontrar otro hito, que sí lo encontraremos cuando la senda a seguir muestre problemas o contrariedades que puedan confundirnos y apartarnos del camino  correcto. En otras ocasiones también se suelen localizar hitos al final del trayecto para indicarnos el fin del recorrido.
Señalización pintada homologada del sendero de pequeño recorrido entre Sos y Sofuentes




Los hitos son, pues, indicadores de caminos en aquellos lugares donde la señalización de senderos homologados por medio de marcas pintadas  de colores (GR,PR,SL o SU) no ha llegado por ser caminos o rutas muy poco transitadas o usadas por un escaso número de personas y en contadas ocasiones a lo largo del año. No obstante, ahí están, pues tanto en el campo como en el monte, donde las sendas y caminos son innumerables, la facilidad para perderse y desorientarse se multiplica extraordinariamente, y los hitos  reafirman el camino acertado tanto al personal  experto local como al despistado caminante o senderista que se introduce en territorio desconocido.
Estos hitos no son indicadores de ahora, sino que vienen de muchos siglos atrás, pues era la única forma de señalizar los caminos, senderos y veredas que jalonaban nuestros campos y montes para trasladarse de una localidad a otra, a un campo de labor lejano del pueblo, un determinado punto en el monte o cualquier otro lugar en la comarca sin perderse.
Actualmente las vías de comunicación de hoy en día en Sos no son las mismas que las de antes, siendo muchos los caminos y senderos han quedado prácticamente intransitados o han desaparecido a causa de las roturaciones agrícolas y otras actuaciones del ser humano, y con ellas, paralelamente, desaparecieron muchos de los hitos que guiaban al caminante pero, si nos fijamos bien en los caminos que quedan, todavía podemos ver esos hitos que antaño  guiaron a nuestros abuelos, agricultores, pastores... y que alguien, probablemente guiado por la nostalgia, costumbre o tradición, se preocupa de mantenerlos en un afán de recordar tiempos pasados y de perpetuar estas primitivas señalizaciones campestres.
Cuando paseamos por los caminos de Sos pasamos junto a ellos y, al no tener que buscarlos intencionadamente, puesto que habitualmente el itinerario que vamos a realizar no precisa de visualizar las marcas del camino para no extraviarnos, no nos damos cuenta de su existencia, pero ahí están, y aunque no les damos la importancia que se merecen, siguen cumpliendo una valiosa labor. Sólo tenéis que dar un pequeño paseo por los alrededores de la villa y los veréis. En los montes sí que perduran muchos más hitos, pues la facilidad de perderse en su espesura es mucho mayor, además de ser espacios que no han sufrido tanto la transformación por la mano del hombre como en el terreno llano.
Así pues, cuando veáis un hito, no se os ocurra darle una patadita y derribarlo. Recordad la extraordinaria importancia que supone su visualización si te encuentras perdido en el monte y que todavía hay gente que se sirve de ellos para encontrar el camino correcto. Imagínate el caos que se originaría si desaparecieran los indicadores de dirección actuales de todas las carreteras. Además, si te ven derribarlo, estarás expuesto a una importante multa pues, aunque no lo parezca, los hitos forman parte de la vida rural de los municipios y, por lo tanto, pertenecen a la cultura etnográfica de los pueblos.