domingo, 25 de septiembre de 2022

LA BODA DE ISABEL Y FERNANDO. LOS PROLEGÓMENOS (II)

 

FERNANDO E ISABEL. LOS REYES CATÓLICOS

             El viaje del príncipe Fernando hasta Valladolid para encontrarse con Isabel no iba a resultar sencillo.(ver)

            Enrique IV, y su principal consejero, Juan Pacheco, no estaba dispuesto a que Isabel llevara a buen término sus planes, y es por eso que llenó la frontera de Castilla con Aragón de tropas y espías para interceptar a Fernando por si fuese a encontrarse con Isabel, por lo que los partidarios de la boda tuvieron que ingeniárselas muy bien para ocultar al príncipe y no levantar sospecha alguna.

            El 5 de octubre, el Príncipe Fernando, disfrazado de arriero, acompañado de sólo seis personas más, salió de Zaragoza. Alonso de Palencia narra así el viaje desde Zaragoza hacia tierras castellanas: “…dispúsose la marcha de modo que aquél (el Príncipe), acompañado de sus criados y con el más profundo sigilo, se encaminaron hacia Castilla, fingiendo antes que acudía al llamamiento de su padre, para prestar oportuno socorro a sus aliados y a las guarniciones, temerosas del poder de los enemigos.[…] A los nueve días de nuestra primera visita al Príncipe, salimos con Pedro Vaca en dirección a Calatayud, cuyo camino debíamos seguir, el enviado del Almirante don Fadrique, Tristán de Villarruel, hombre íntegro y conocedor del secreto, y yo; al paso que Gutierre de Cárdenas debía torcer su marcha desde aquella ciudad hacia Verdejo, lugar fronterizo de Castilla y confinante con Gomara, donde por secreto acuerdo se aguardaba al Príncipe Don Fernando, procedente de Zaragoza.”

            Así pues, desde Calatayud, Gutierre fue a Verdejo a esperar la llegada del Príncipe, mientras los demás se dirigieron al Burgo de Osma por Ariza y Monteagudo.

            Reunidos en Verdejo el Príncipe y Gutierre, salieron hasta una pequeña aldea entre Gomara y El Burgo de Osma, donde pararon a descansar, y para no levantar sospecha alguna “y según previo acuerdo, el Príncipe, fingiéndose criado de mercaderes, estuvo cuidando a las mulas y sirviendo la cena”.

            Cuando Fernando y su escolta llegaron el día 7 por la noche al Burgo de Osma, población casi fronteriza entre Castilla y Aragón, llamaron a las puertas del castillo y los del interior, confundiéndolos por bandidos, les arrojaron una lluvia de piedras que alcanzaron la oreja de Fernando. Al parecer, llegaron un día antes de lo previsto y Palencia no había advertido a los centinelas de ronda de su llegada. Con el jaleo que se armó, Palencia se despertó y reprendió a los guardias, diciéndoles que dejaran pasar a los recién llegados, pues eran gente de bien. El Príncipe Fernando, al oir la voz de Palencia, le dijo: “¿Os sería posible, querido Alfonso, acogernos en la villa?, porque si bien en nada estimo mi cansancio, impórtame mucho la vida de los que me acompañan, y los veo rendidos de frío y de sueño…

            Con su disfraz de arriero y sorteando la vigilancia del rey, el Príncipe Fernando llegó a Dueñas el día 9, siendo recibido con grandes muestras de cariño.

            El día 14 por la noche se encaminó a Valladolid, con tan sólo tres servidores, a las casas de Juan de Vivero para visitar a la Princesa Isabel, donde se conocieron personalmente y hablaron, siempre en presencia del Prelado, durante unas dos horas y, a media noche, regresar a Dueñas.

       Cuatro días después, el 18, en Valladolid, el Arzobispo de Toledo los desposó, en presencia del Almirante don Fadrique, abuelo de don Fernando y de otros nobles allí presentes, previa lectura de la bula apostólica del Pontífice Pío II (ver). Al día siguiente se completó la ceremonia religiosa y se hizo nueva publicación de la dispensa pontificia y de las capitulaciones matrimoniales otorgadas por don Fernando y ratificadas por su padre, don Juan II de Aragón, quedando ultimado el matrimonio.

            La noticia de este matrimonio supuso un duro golpe para la Corte de don Enrique, que vio frustrados los deseos de Villena y del Rey.

 

 

 

BIBLIOGRAFIA

 

-PALENCIA, ALONSO DE. Crónica de Enrique IV. Traducida por P.A. Paz y Melia. Lit. “Revista de Archivos”. Madrid, 1904.

-PULGAR, HERNANDO DEL. Crónica de los Señores Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel de Castilla y de Aragón. Imp. Benito Monfort. Valencia, 1780.

-SILIO CORTÉS, CÉSAR. Isabel La Católica, fundadora de España. Grandes biografías. Espasa-Calpe S.A. Madrid, 1967.

 

               

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