domingo, 29 de mayo de 2016

VISITAS REALES EN SOS

Pocos pueblos de la geografía española pueden presumir de haber sido testigos de la presencia de varios monarcas a lo largo de los siglos. Sos es uno de estos privilegiados pueblos.
Ya desde los inicios del siglo X Sancho Garcés I anduvo por estos lugares. Con posterioridad lo hicieron Sancho Garcés II y Ramiro Garcés, quien llegó a fijar su residencia en Sos, Sancho III, Ramiro I, Sancho Ramírez, su hijo Pedro I, Alfonso I, quien al menos visitó Sos en tres ocasiones y Ramiro II, que fortaleció el castillo; el navarro García Sánchez, Alfonso II, Pedro II, que tenía casas, campos, viñas y heredades en Sos, Jaime II, Pedro IV, Carlos II de Navarra, Juan II, que igual que Alfonso I están documentas hasta tres visitas del monarca a la villa de Sos.
El 21 de octubre de 1993 estuvieron los reyes Dn. Juan Carlos I y Dña. Sofía para conmemorar el nombramiento de Fernando como rey de Aragón. Para don Juan Carlos y doña Sofía esta era la segunda vez que visitaban Sos, pues ya lo hicieron con anterioridad, siendo todavía  príncipes.
Don Felipe y doña Leticia en su viaje de novios a Sos del Rey Católico
(El Mundo. Foto:José Aymá)
El 8 de junio del 2000 Felipe IV, entonces príncipe de Asturias, vistió el municipio de Sos por primera vez . Posteriormente, en mayo del 2004,  todavía como príncipe, hizo su segunda visita a Sos; en esta ocasión lo hizo acompañado por su esposa Dña. Leticia en su viaje de luna de miel.
Las razones de las visitas de estos reyes de Aragón y de España -y alguno de Navarra- responden a muy diversos motivos: guerras, conquistas, residencia, concesiones de privilegios y fueros, enfermedad, firmas de tratados, de fueros, alianzas, capitulaciones, donaciones, permutas o de ventas de propiedades; cortesía, conmemoraciones, celebraciones…, y últimamente, como se ha reseñado, de luna de miel.
Como hemos visto, el municipio de Sos ha sido honrado en múltiples ocasiones con la visita de diversos monarcas; esperemos que estas “reales visitas” se sigan sucediendo en el tiempo para engrandecer y ennoblecer todavía más, si cabe, a esta villa de Sos, cuna del rey más grande de España, Fernando de Aragón “El Católico”.



EL APELLIDO GARRIDO (DIOS AYUDA)

Escudo de los Garrido.
La familia de Dios Ayuda, como afirma Jerónimo Zurita y el genealogista Sans Puig, poseía el señorío de la villa de Sos. Tuvieron siete hijos y, según cuenta la leyenda, el valiente caballero Dios Ayuda fue con todos ellos a servir al rey don Alfonso XI de Castilla en la batalla del Salado en el año 1340. Tras la lucha resultaron victoriosos, y llevando sus armas ensangrentadas, Dios Ayuda y sus hijos desfilaron por delante del Monarca, quien al verlos de aquella guisa le dijo: “Garridos hijos lleváis”, de donde les quedó el sobrenombre de Garrido, aplicación onomástica del adjetivo “garrido”, cuyo significado es “lozano, apuesto, robusto”. Alfonso XI, por el heroísmo mostrado en la batalla, le premió con el escudo de armas
Los ocho hermanos, por su comportamiento, ingresaron en la Orden de la Banda. Sancho Garrido fue caballero de la Orden de la Espuela Dorada y tuvo “repartimiento” de tierras en la conquista de Granada. Numerosos portadores de este apellido probaron su hidalguía ante las Reales Chancillerías de Valladolid y de Granada, así como ante otros altos Tribunales.
Garrido es un apellido frecuente y extendido por toda España.

Escudo de Armas: De oro, con una banda de gules, engolada en cabezas de dragones de sinople, y acompañada de dos lobos de sable.








BIBLIOGRAFÍA

-Diario del Alto Aragón. 31 de octubre de 2010, secc. domingo, p. 12. Broto Aparicio, Santiago. “Los linajes de Dios, Dios Ayuda y Domec”.
-En la web:
-www.haraldica.levante-emv.com. Garrido

-www.heraldaria.com. Garrido

GALERÍAS ARAGONESAS

Galería de arquillos y alero. Ayuntamiento de Sos del Rey Católico
A partir del siglo XVI la nobleza y otras clases sociales privilegiadas hacen valer su poder construyendo grandes viviendas en el medio urbano. Estos edificios, construidos en piedra sillar finamente tallada o en ladrillo a cara vista, suelen tener tres plantas de altura. En la planta baja, y en su centro geométrico, se abre una gran puerta en arco de medio punto. En los dos primeros pisos se abren amplios vanos, generalmente guardando la simetría, y en la última planta una loggia o sucesión de vanos en arco de medio punto, a modo de arquillos, rematada por aleros de mucho voladizo y canes ricamente labrados. Es el típico palacio aragonés, de notable influjo renacentista, que se extendió a lo largo de los siglos XVII y XVIII con algunas variantes.
Los arquillos se sustentan por pilares equidistantes
Colegio Isidoro Gil de Jaz (Sos del Rey Católico)
(Foto: Ignacio Valle)
Es frecuente ver edificios en Sos que siguen la pauta de estos viejos palacios aragoneses, con su galería de arquillos en la última planta. La función estructural de esta galería aragonesa era originalmente actuar como aislante entre el edificio y la cubierta. Aparece como una constante estilística que potencia y ennoblece la fachada principal, en una síntesis de funcionalidad y belleza. Su esquema compositivo se basa en la repetición, rítmica y simétrica, de vanos en arcos de medio punto sustentados por pilares equidistantes. Se protegen con pequeños pretiles y se decoran con impostas corridas y óculos.
En la plaza Mayor de Sos tenemos los ejemplos del colegio Isidoro Gil de Jaz, Ayuntamiento y, con variantes más simples, Casa Mesejuan. También en el Palacio Español de Niño y algún otro edificio de la villa. Basta con mirar hacia arriba para identificarlos.





Fachada del Palacio Español de Niño (Sos del Rey Católico)

Fachada del Ayuntamiento (Sos del Rey Católico)

Fachada del colegio Isidoro Gil de Jaz (Sos del Rey Católico)




 BIBLIOGRAFÍA


-GIMÉNEZ AÍSA, Mª PILAR. Arquitectura tradicional de las Cinco Villas. Adefo Cinco Villas. Zaragoza, 2008.

domingo, 22 de mayo de 2016

LA LENGUA ARAGONESA.EL LÉXICO DE SOS

La historia de la lengua aragonesa corre paralela con la del reino de Aragón. Las dos nacen en los valles pirenaicos a principios del milenio pasado, se expanden hacia el sur y se fortalecen en el mismo ámbito geográfico durante quinientos años, hasta la instauración en Aragón de la dinastía castellana de los Trastámara, para languidecer después durante otros cinco siglos hasta la época actual.

El aragonés es una lengua resultante de la evolución del latín que trajeron a la Península Ibérica los romanos a principios de la era cristiana. Sobre el latín influyeron las lenguas que ya se hablaban en esta área antes de la llegada de los romanos. Resultantes de esa misma evolución son el castellano, el portugués, el catalán, el gallego y el bable o asturiano. Cabe señalar que en Sos se habló el euskera desde épocas prerromanas hasta el siglo XVIII, no en vano se han encontrado en Sádaba y Sofuentes inscripciones romanas en las que se leen nombres de persona en euskera. También datos del siglo XVI y XVII nos comentan de la condición vascoparlante de Sos de Rey Católico (en vasco Zauze, pronunciado “sáuse”.)

Situación lingüística en la Península en el siglo X 
                         (http://www.cultureduca.com/leng_penin_formac07.php)

Sos, y gran parte de los territorios que darían lugar al Condado de Aragón y al Reino de Aragón inicial, formaron parte de la jurisdicción vascona en la época romana y posteriormente del Ducado de Vasconia. De hecho Aragón es un topónimo vasco que significa “el lugar del valle” [ (h) ara(n) (valle) + -on(“lugar de”)]  Estos territorios, al avanzar hacia el sur la reconquista, harían suyos amplios dominios de la marca andalusí, que eran mayoritariamente de lengua románica, lo que conllevará que dentro del territorio de Aragón los hablantes de la lengua de los conquistados superasen en número a la de los conquistadores, que traían con ellos su lengua y su cultura, y que, por tanto, la lengua románica de los nuevos aragoneses pasase a ser la principal del reino, siendo la lengua vasca desplazada a un segundo orden. Esta lengua románica será la que en el futuro se conocerá como lengua aragonesa.
Glosas Emilianenses. En el margen derecho aparecen
las glosas aclaratorias, en navarro-aragonés, del texto latino (siglo XI)
El primer texto latino en el que aparecen palabras aragonesas (o vasco-aragonesas) son las Glosas Emilianenses de San Millán de la Cogolla que se escribieron en el siglo X. Eran unas pequeñas notas o aclaraciones para que los que leían el texto latino supiesen en su lengua lo que aquellas palabras significaban; podríamos decir que eran como una traducción rápida al castellano de palabras o pequeños párrafos que hacen los estudiantes entre líneas en sus libros o en los márgenes de texto de inglés o francés para no perderse estudiando. Ya alrededor del año 975 nos encontramos pues, con gentes que no hablaban latín, sino vasco y aragonés.

El nombre de Aragonés para referirse a la lengua que hablan los habitantes de Aragón es usado múltiples veces durante la Edad Media, nombrándola como “vulgari aragonensi” (en 1363), “aragonés” (en 1372), “lengua aragonés” (1409)[1]
Durante toda la Edad Media el aragonés, el catalán y el latín fueron las únicas lenguas habladas y escritas en el Reino de Aragón para comunicarse oficialmente y, las dos primeras, también junto al árabe y el vasco, para comunicarse en los ambientes familiares, festivos, laborales, etc. De esta forma podemos imaginar el ambiente del mercado medieval de Sos o de cualquier pueblo o ciudad del Reino, desde Jaca hasta Murcia, en el que se entremezclarían los productos artesanos, agrícolas y ganaderos aragoneses y árabes con los pregones y conversaciones en las tres lenguas, en una convivencia popular y normalizada de las tres culturas.
Respecto a la romanización de los vascos de Aragón, la ciudad de Huesca, que estuvo bajo dominio musulmán, fue un foco romanizador de la zona norte de Aragón, una zona que era únicamente de lengua vasca. De hecho el primer decreto de prohibición de la lengua vasca del que hay constancia es el de la ciudad de Huesca y se dio en el año 1349, en el que se obligaba a hablar en aragonés tanto a los vasco-aragoneses de la ciudad como a los que venían de las localidades vascoparlantes del entorno a comerciar,  y se les multaba con treinta monedas de oro aragonesas (soles) si hablaban en vasco en el mercado de Huesca. Un decreto de prohibición de la lengua vasca que según el Archivo Histórico de Huesca estuvo vigente año tras año durante cuatro siglos, lo que hace reseñar la solidez de la comunidad vasca en Aragón y el número de vasco-aragoneses existentes que ocasionó que se dilatara tanto en el tiempo esta prohibición.
En la Edad Media, además del euskera y el aragonés, también se hablaba occitano y francés. Los occitanos y franceses que vivían por esta zona eran comerciantes traídos por los reyes para potenciar económicamente el Camino de Santiago, siéndoles otorgados grandes privilegios para el desarrollo de sus actividades y de su asentamiento. Finalmente acabaron por fundirse con la población de habla vasca.
Así pues, el léxico aragonés está compuesto, en su mayoría, por palabras navarro-aragonesas, derivadas del latín. No obstante, es abundante también el vocabulario de origen prerromano, debido al substrato vasco-pirenaico mayormente, aunque también hay algunos celtismos posteriores que quizás entraron ya a través del latín vulgar. También encontramos algunas voces de origen germánico, traídas por los visigodos, y de origen árabe, incorporadas por los musulmanes. Y, por último, no pocos préstamos de lenguas latinas, los más numerosos del Occitano (lengua que se habla en el sur de Francia), del catalán y del castellano.
Situación lingüística en la Península en los siglos XIII-XV
                          (http://www.cultureduca.com/leng_penin_formac07.php)

Uno de los autores aragoneses más importantes de esta época fue Juan Fernández de Heredia (1310-1396), quien tradujo del griego al aragonés obras de Plutarco y Tucídices, así como el libro de Marco Polo, considerándosele por ello como un precursor del Renacimiento en Aragón. Un Renacimiento que, desgraciadamente para la lengua aragonesa, no llegó a producirse, pues la decadencia del aragonés como lengua literaria y de la corte (y también de Aragón como Reino) comienza en el siglo XIII y se completó, prácticamente en el siglo XV, con la llegada de la dinastía castellana de los Trastámara a la Corona de Aragón, pasando el castellano a ser lengua mayoritaria y de uso culto, que progresivamente se va convirtiendo en la lengua de la corte y de la nobleza aragonesa, siendo los núcleos urbanos  los primeros focos de castellanización, quedando el aragonés cada vez más relegado a lengua de ámbito rural o doméstico y a sufrir un desprestigio social progresivo
 Algunos ejemplos extraídos de documentos de la época pueden ilustrar el proceso de esta castellanización. La “f” inicial (fillo), que era uniforme en toda la zona aragonesa, no se castellanizó hasta finales del siglo XV, sustituyéndose por la “h”. En 1468 apareció la primera “h” y la desaparición de la “f” fue regular desde 1518, con una etapa previa con variaciones, desde 1481.Sin embargo el grupo “ l + yod” (mulier) que en castellano da “j” y en aragonés da “ll” (muller), se mantuvo así hasta 1475, con excepciones, pues a veces aparece la “j” (mejor) en textos anteriores, como el Fuero de Teruel y el Libro del Chantre de Tarazona (forcajo, mojón). La solución castellana no se impuso hasta el siglo XVI. Si en castellano el grupo interior “ct” se transforma palatizando en “ch” (lacte, leche), en aragonés se modifica sólo el primer fonema y se mantiene el segundo:” lacte, leite”. En este caso, la castellanización es más temprana que en el caso de la “j”, pues en documentos de 1452 aparece esporádicamente y ya es corriente desde 1480-85. Al igual que el caso anterior, la modificación ya se inició en el siglo XIV, en “la gran crónica de los conquiridores”, de Fernando de Heredia (dicho, pecho, lecho).
Los siglos posteriores al decreto de Nueva Planta de Felipe V supondrán la implantación casi total de la lengua castellana en Aragón, donde actualmente es el único idioma oficial y la lengua familiar del 95% de los aragoneses.

La fabla
Algunos pueblos, bien por sus condiciones geográficas de ubicación, bien por sus malas comunicaciones terrestres con las ciudades, su aislamiento o por otros diversos aspectos socio-culturales, han conservado la lengua aragonesa, aunque actualmente, al no existir ya prácticamente estas  “barreras de aislamiento”, poseen ya un cierto grado creciente de castellanización. Las variedades dialectales del aragonés son denominadas popularmente fabla, aunque existen notables diferencias entre ellas. Fabla aragonesa, o simplemente fabla, es una denominación informal, popularizada en el último cuarto del siglo XX e inspirada en la expresión fabla chesa empleada en el aragonés cheso.
 Hoy en día se habla fabla en el Pirineo aragonés, fundamentalmente en los valles de Hecho y Ansó (cheso y ansotano), en el de Bielsa (belsetán), en el de Gistaín o Chistau (chistabino), y en el de Benasque (benasqués o patués),zona de Ayerbe, valle de Aragüés,Cinca Medio, Somontano de Barbastro,Alto Gállego, Valle de Tena, Sobrarbe central,valle de Basa, Ribera del Gállego, valle de Rasal, Jacetania, ribera de Fiscal, Somontano de Huesca, valle de Broto, valle de Canfranc, además de en la Ribagorza (ribagorzano occidental y ribagorzano oriental, este último, habla de transición entre lo aragonés y lo catalán).
Desgraciadamente, y desde hace muchas décadas, se ha considerado a la fabla un habla de “rústicos” y “vulgares”, lo que hacía que quienes la tenían como lengua materna se avergonzaran de ella y se plegaran a sustituirla por el castellano, idioma urbano y “ civilizado”. Sin embargo, en los años posteriores a la dictadura de Franco, el aragonés contó con una notable revitalización, que llevó a la creación de asociaciones defensoras y promotoras del idioma, a progresivos intentos de estandarización de los dialectos- así como de unas normas ortográficas consensuadas-, una creciente creatividad artística, principalmente literaria, y a una búsqueda de su cooficialidad en varios municipios altoaragoneses. Pero, a pesar del aumento de jóvenes estudiantes de aragonés y de gente concienciada por salvaguardar y recuperar la fabla, se sigue contando con muy poca ayuda por parte de las instituciones  y su estado de conservación es cada vez más precario entre sus hablantes nativos. Pero esta actitud de recuperación del idioma, aunque no deja de ser meramente testimonial, está contribuyendo a realzar las señas de identidad aragonesas y a garantizar la enseñanza de la lengua allá donde todavía se habla.

El léxico de Sos
En muchos pueblos y aldeas de Aragón la castellanización fue generalizada, produciendo deserciones idiomáticas aragonesas en masa, forzadas, segun los casos, por la presión del entorno social, la escuela, la despoblación del territorio, la influencia de los medios de comunicación, o bien por todos estos factores simultáneamente, aunque todavía sus gentes conservan y utilizan palabras, frases, giros y expresiones de la lengua aragonesa que, mezcladas con el castellano actual, parecen no querer abandonar aquel aragonés que hace muchos años se hablaba en la zona.  En este contexto se situaría el léxico de Sos del Rey Católico; palabras y expresiones dialécticas aragonesas y vasco-navarras, generalmente relacionadas con el vivir cotidiano, se entremezclan con el castellano dando origen a un lenguaje que, aunque resulta comprensible( a veces), no deja de ser fonéticamente curioso para los  castellano- parlantes.
Aquí cabe recordar a dos vecinos de Sos, Tomás Machín Jáuregui, conocido como “el aviador” (1979), por ser un reconocido piloto con más de 39.000 horas de vuelo, y Juan Cruz Pérez Gayarre (1993) quienes, en sus paseos y conversaciones con los lugareños de Sos, fueron recopilando palabras, locuciones y expresiones aragonesas que paciente y laboriosamente Tomás Machín iba anotando en un cuaderno bajo el título “Palabras comúnmente utilizadas en el lenguaje popular sosiense” (más conocido vulgarmente como “el diccionario del aviador”).
El destino quiso que Tomás Machín sufriera un desafortunado accidente de aviación en las proximidades de Pamplona, donde perdió la vida, quedando el mencionado diccionario “dormido”, hasta que años más tarde, Antón Chusé Gil sacó a la luz, en 1998, convenientemente revisado y actualizado, este “Diccionario del Aviador” bajo el título: “léxico aragonés de Sos del Rey Católico”, editado por Crica d´edizions.
A modo de humor y en homenaje a estos dos vecinos por su laborioso trabajo y por la fabulosa recopilación del léxico sosiense, voy a contar lo que le acaeció al médico de Sos, que era de Zaragoza, un día que se presentó en su consulta una madre con su hijo de 14 años y que llevaba una herida sangrante:
- ¿Y qué le pasa al niño?, pregunta el doctor.
A lo que la madre del chico responde:
- ¡este mozé!...! que está echucau!...¿ Pues no se ha esperchicau un cortezón?... ¡ Y mir´usté en qué sitio...junto al mellico!
El médico ve la herida y pregunta:
- ¿Y cómo se ha hecho esto?
- Esto viene d´un eslardadizo que se fizo en una presiquera junto al chapurquín, s´esbarizó y s´esmorronó.
El médico, que no ha entendido nada de lo que le ha dicho la señora, se dedica a curar la herida al niño. Cuando termina y se marchan de la consulta la madre con su hijo, el médico le pregunta al enfermero, que había estado presente en la cura:
- ¿Cómo ha dicho la mujer que se hizo eso el niño?
Y el enfermero, que era de Sos, le responde:
- El moete tenía un chafarrinón indignado junto al mellico, que se fizo al eslisarse mientras cogía presquillos junto al chapurquín, s´esmolingó y con el saquinazo se fizo un eslardadizo que posteriormente quedó en cortezón, y el mozé, como tiene tanto azogue, se lo ha esperchicau originando tal catatana. [2]
Por supuesto, el médico siguió sin saber la causa de la herida del chico.


              Como dijimos al empezar, la suerte del aragonés corrió pareja con la del Reino de Aragón. Ahora que hemos alcanzado cotas de autonomía superiores a las del pasado reciente y que Aragón resucita de un letargo de siglos, es previsible que el aragonés resucite con él, porque a chen que deixa tresbatir a suya fabla está prenzipiando a amortarse como pueblo. Pero este resurgimiento sucederá si nosotros, los aragoneses, queremos. Todas las lenguas tienen en sí el germen de la vida;todas son susceptibles de transformarse en vehículos de cultura, basta con la voluntad de sus habitantes.



[1] José Luis Aliaga Jiménez. “Nuevas notas para la historiografía del habla de Aragón”. Archivo de filología aragonesa, L (1994), pp. 21-41.
[2] Traducción: El muchacho tenía una herida sangrante infectada junto al ombligo, que se hizo al resbalarse mientras cogía albaricoques junto al lavadero, se desmoronó y con la aparatosa caída se hizo una raspadura que posteriormente quedó en una pústula, y el muchacho, como no sabe estarse quieto, se ha rascado la herida hasta levantar la postilla originando tal destrozo.






BIBLIOGRAFÍA

-ALIAGA JIMÉNEZ, JOSÉ LUIS. “Nuevas notas para la historiografía del habla de Aragón”. Archivo de Filología Aragonesa, vol. 50, pp. 21-41. I.F.C. 1994.
-CHUSÉ GIL, ANTÓN. Léxico aragonés de Sos del Rey Católico. Crica d´edizions. Zaragoza, 1999.
-ENGUITA UTRILLA, JOSÉ MARÍA. “Evolución lingüística en la Baja Edad Media: aragonés y navarro”, en Rafael Cano (Coord). Historia de la lengua española, pp. 571-592. Ariel. Barcelona, 2004.
-MARTÍN ZORRAQUINO, Mª ANTONIA y ENGUITA UTRILLA, J. M. Las lenguas de Aragón. Ed: Caja de Ahorros de la Inmaculada. Colección C.A.I. 100, nº 99.Zaragoza, 2000.
-NÚÑEZ MÉNDEZ, EVA. " Historia del Español: Periodización", en Enciclopedia de Lingüística Hispánica, Javier Gutiérrez Rexach (Ed) T.I, pp. 576-589. Routledge. Oxford, 2016.
-Coleccionable Historia de Aragón. Heraldo de Aragón.
En la web:
-ssl.wbs.uvigo.es. Nagore Laín, Francho. “El aragonés hablado en el Alto Aragón: del bilingüismo diglósico a la sustitución lingüística.” Actas/ Proceedings II Simposio Internacional Bilingüismo, pp. 967-987. 
-www.lanceros.es. Historia de la fabla aragonesa.
-Wikipedia. Glosas Emilianenses


LAS FERIAS EN LA EDAD MEDIA

A raíz de las Cruzadas aumentó el intercambio comercial entre las ciudades italianas y el cercano Oriente. Con el tiempo, la cantidad de objetos, materiales, ropas, alimentos y bienes traídos de Oriente llegó a ser tan grande que ya no pudieron ser consumidos por los propios italianos. Los mercaderes empezaron a cruzar los Alpes y a vender sus mercancías en los países del norte.
En las ciudades poco pobladas, pueblos y aldeas existían los mercados locales, donde los siervos de la villa vendían semanalmente los excedentes de su escasa producción agrícola o los productos manufacturados de su pequeña industria doméstica y poco más. Pero, tras el crecimiento del comercio internacional, una vez al año los señores feudales establecieron las ferias, donde se reunían comerciantes provenientes de todas partes de Europa para vender los productos traídos desde los lugares más remotos.
En las ferias se vendían infinidad de especias
 Estas ferias estaban regidas por una reglamentación muy estricta debido al mayor volumen comercial respecto a los mercados y a la muy diversa procedencia de los mercaderes y mercancías. En ellas de vendían pescados frescos y salados, pieles, paños finos,vino, sal,azúcar, tapices, telas de seda, cobres cincelados,metales labrados, infinidad de especias orientales,productos medicinales como el alkanfor, ruibarbo, áloes, jábega..., perfumes y aromas, y un sinfín de productos traídos tanto del resto de Europa como de Oriente o de África, ferias en las que no faltaban los acróbatas, juglares, trovadores y manifestaciones literarias, poesía, danza y teatro para atraer tanto a lugareños como a foráneos.
Artículos de cobre, bronce, madera, piel...se podían comprar
en las ferias. (Feria medieval de Sos del Rey Católico)
A lo largo de los siglos, las ferias  fueron evolucionando y adaptándose a las necesidades económicas y empresariales de cada momento, transformándose de ferias-mercado ferias de muestra; así, desde el siglo  XVII hasta el XIX se produce un gran desarrollo industrial en Europa y las ferias sufren una transformación muy importante, pasando de ser lugares donde se producen intercambios comerciales a ser medios para la promoción de los avances tecnológicos de un país y medios para promover la actividad comercial en el extranjero[1].
Igualmente, en España, esta evolución se produjo tanto en las ciudades como en el medio rural, adaptándose cada comarca al momento socio-político, económico, cultural y comercial de cada zona.
Feria de ganado en Sevilla a finales del s. XIX
(foto: Arahal)
Madoz, en su "Diccionario geográfico, estadístico e histórico de España" de 1848menciona que en Sos se celebra una feria anual del 20 al 26 de mayo, y los objetos que en ella se comercian son varias tiendas de ropas y quincallas, algunos efectos al pormenor, y sobre todo las compras, ventas y permutas de ganados vacunos, mulares, caballares y jumentos, y que por un cálculo prudencial ascenderán las operaciones que se hacen a unos 16.000 duros. Es decir, que en una zona eminentemente agrícola y ganadera como Sos las ferias servían sobre todo para realizar transacciones relacionadas con ganados y caballerías.



[1] Jiménez, J.F.; Cazorla, I.M.; Linares, E. “Ferias comerciales en España. Un análisis sectorial”. Revista Distribución y Consumo nº 61, pp.61-71.





BIBLIOGRAFÍA


-CUÉLLAR LÁZARO, Mª CARMEN y CONCEPCIÓN PARRA. “Las ferias medievales, origen de documentos de comercio”, en Domingo Pujante González (Coord), Ecrire, traduire et représenter la fête, pp. 103-117. Universidad de Valencia, 2001.
-JIMÉNEZ, J. F.; CAZORLA, I. M.; LIMARES, E. “Ferias comerciales en España. Un análisis sectorial”. Revista Distribución y Consumo nº 61, año 12. Enero-febrero de 2002, pp. 61-71. Madrid.
-MADOZ, PASCUAL. Diccionario geográfico, estadístico e histórico de España.1845-1850. Edición facsímil. D.G.A. Valladolid, 1985.
-RODRÍGUEZ OROMENDÍA, AINHOA; MUÑOZ MARTÍNEZ, AZAHARA y GONZÁLEZ CRESPO, DEMETRIO. “Historia, definición y legislación de las ferias comerciales”. Anuario Jurídico y Económico Escurialense, XLVI, pp. 449-466. Real Centro Universitario Escorial-María Cristina. San Lorenzo del Escorial (Madrid), 2013.

sábado, 21 de mayo de 2016

EL SUELO DE LAS CASAS

En el hogar tradicional sosiense los suelos de las viviendas variaban según las estancias y las posibilidades económicas del propietario.
El enlosado de piedra puede considerarse el pavimento tradicional y, en su momento, el más extendido. Las losas asientan sobre un lecho de mortero de barro y pueden ser de gran tamaño, cortadas regularmente y bien rejuntadas, o más pequeñas y de forma irregular, con peor acabado de las juntas. Su superficie, pulida con aceites y barnices, tomaba una característica tonalidad oscura.
Típico enlosado de baldosas rojas y amarillas
Restaurante El Leñador (Sos del Rey Católico)
En las viviendas más humildes la piedra era sustituída por tierra, presente también en suelos de cuadras y corrales. En los pisos superiores se utilizaba el yeso como solución más básica y las baldosas de ladrillo macizo, sustituídas después por baldosas más pequeñas y finas de colores rojo y amarillo.




Patio del Restaurante El Principal
(Sos del Rey Católico)
En los mejores patios aparecen las losas de piedra. Los forjados son de entarimado de madera con tablazón superpuesta, sobre la que puede colocarse un enlosado más o menos regular de piedra, canto rodado o baldosa cerámica, formando preciosos y elaborados trabajos con vistosas decoraciones geométricas y delicados diseños.
 La baldosa cerámica fue muy utilizada a finales del siglo XIX y principios del XX, especialmente en su colorido tradicional rojo y blanco, que se dispone normalmente en ajedrezado aunque existen multitud de diseños. Posteriormente, al generalizarse la baldosa, se diversifica el colorido y se complica la decoración, apareciendo una amplia gama de diseños que escasamente se repiten. Mosaicos de gran brillo y colorido aparecen formando bellísimos motivos geométricos o florales diferentes en cada habitación, cuyo uso se fue generalizando con el tiempo.
 
La tierra era muy común en los suelos de cuadras y corrales en viviendas humildes
Vico (Sos del Rey Católico)

Preciosos y elaborados dibujos realizados con cantos rodados










BIBLIOGRAFÍA

-GIMÉNEZ AÍSA, Mª PILAR. Arquitectura tradicional de las Cinco Villas. Adefo Cinco Villas. Zaragoza, 2008.


sábado, 14 de mayo de 2016

IGLESIA DE SAN ESTEBAN: SACRISTÍA Y OBJETOS LITÚRGICOS

Sacristía y museo de objetos litúrgicos[1]

La sacristía de la parroquia de San Esteban de Sos es obra del siglo XVI, gótica, construida al mismo tiempo que se abren los muros laterales de la iglesia y se añaden las cuatro capillas laterales de la nave principal.
Se accede a ella a través de una puerta renacentista al fondo de la capilla de la Vírgen del Pilar y está constituída por una sala rectangular de 7m x 5 m con bóveda de crucería, ventana con reja y asientos de piedra a los lados, en la parte baja de las jambas, y lavabo, también de piedra, para las abluciones, este algo mas tardío, barroco y muy bien conservado.
Esta sacristía guarda un museo de objetos litúrgicos. Para conocer la riqueza y cuantía de los objetos y ornamentos litúrgicos de la Iglesia de San Esteban hay que recurrir a los inventarios disponibles. Se conocen seis en total. El más antiguo data del 23 de enero de 1558 y los otros restantes corresponden a los años 1863, 1867, 1882, 1902, y nuevamente 1902, si bien en el último figuran adendas y la indicación de que se relacionan objetos comprados hasta 1913, siguiendo una relación de objetos pertenecientes al convento de Nuestra Señora de Valentuñana.
La mayor parte de las piezas son desconocidas en cuanto a publicación, a excepción de la cruz procesional mayor, que lleva punzones CES y G/MATA[2], publicada por Abbad Ríos en "Jerónimo de la Mata, orfebre del siglo XVI".
En la sacristía encontramos:
-Un escudo de la Villa de Sos en madera sobredorada, barroco, del siglo XVIII.
-Cuadro sobre lienzo  de un Cristo en flagelación, del siglo XVIII.
-Cuadro pintado sobre tabla, de 1,70 x 1,40m. representando la Resurrección del Señor, del siglo XVI.
-Cuadro en lienzo de la Virgen de la Consolación con marco rococó del siglo XVIII.
-Talla de Jesús atado a la columna, barroca, de 1,50 m. de altura, siglo XVII.
-Una moderna imagen de 1940 de la Vírgen del Pilar tallada en madera, obra del escultor sosiense Juan Modrego Garcés.
-Un crucifijo tallado en madera del siglo XVIII.
-Dos espejos en madera dorada del siglo XVIII.
-Una urna de monumento, rococó, del siglo XVIII.
-Un armario Calaje, barroco, del siglo XVII.
-Sobre este armario y sobre una mesa en el centro de la estancia, podemos ver candelabros, campanillas, portapaces, acetres, relicarios, etc...
En una gran hornacina que sirvió de puerta de entrada a la sacristía desde el siglo XVIII hay expuesto un gran y valioso conjunto de piezas de orfebrería de las que nombramos alguna de ellas, recogidas en el catálogo diocesano:


Cruz procesional Mayor. Anverso. (Juan Mora Insa)
-Cruz procesional mayor, de plata sobredorada, clavada en alma de madera, de 85,5 cm. de altura y 43 cm. de anchura de brazos; del siglo XVI (entre 1558 y 1570). El enchufe, ligeramente troncocónico, va repujado con cintas, formando losanges que alojan motivos de flores. El nudo consta de tres partes: la inferior tiene forma esférica achatada, la del centro, prismática, exagonal, con cresterías de roleos en los vértices, lleva a cada lado un óculo de círculos concéntricos, con cabecitas de ángel en las enjutas; los bustos en los interiores de los óculos representan a San Pedro, San Valero, San Juan, la Vírgen con el Niño y San Miguel, todos en figuras fundidas y muy alto relieve; y por último, la parte alta de la linterna se adorna con grutescos, también fundidos. La cruz en sí muestra cresterías por los bordes y pináculos en la terminación superior y en las de los brazos, siendo muy similar por el anverso y el reverso, salvo en las figuras centrales. En la cara anterior aparece un Cristo de tres clavos, muerto, con corona de espinas y con un perizonium muy similar a otros del mismo artífice. Para la cara posterior, la imagen, de bulto redondo, fundida y sujeta a tornillo-como el Cristo- es la de una Vírgen con Niño, sobre pequeño pedestal, con iconografía de tradición gótica. Ambas imágenes llevan encima un dosel arquitectónico, que recuerda también antecedentes de época gótica, pero la ornamentación aquí es renacentista. Los brazos de la cruz muestran en ambos lados cabecitas de ángel a buril, y dichos brazos, lo mismo que los del árbol, terminan en medallas, que incluyen un óculo entre cuatro arcos conopiales. Estos espacios se ocupan con bustos, que hacen ocho figuras en total. Inmediatos a ellos, en los brazos y pie, pequeñas cartelas grutescas. Aparece ocho veces el punzón G/MATA y siete veces CES, precedido de un león. Este último es el punzón normal de Zaragoza, utilizado en la platería del Bajo Renacimiento. G/MATA lo es de Jerónimo de la Mata, platero de Calatayud.
Cruz procesional Mayor. Reverso. (Juan Mora Insa) 
-Cruz procesional menor, de plata sobredorada, clavada en alma de madera, de 47 cm, de altura y 22 cm. de anchura de brazos; siglo XVI.
El enchufe, repujado con cintas que forman losanges, con motivos de flores dentro, está muy próximo a la cruz procesional mayor, siendo ésta algo más sencilla. El nudo, de una sola pieza tiene forma esférica achatada y se decora con cuatro óculos de círculos concéntricos que alojan, en altorrelieve fundido, los bustos de San Pablo, San Valero, la Vírgen y San Juan. Los brazos y el árbol de la cruz ornamentados a buril con motivos clásicos, a la romana, y culminan en cuatro espacios limitados por arcos conopiales y enrollamientos con pequeños óculos en el interior que llevan también bustos fundidos. Anverso y reverso son similares, con medalla central terminada en ornamentos fundidos para sus vértices. Naturalmente se diferencian en la imagen de bulto, que es un Cristo de tres clavos, algo más movido que el de la cruz mayor, para la cara anterior, y una Vírgen con Niño, sobre pedestal, para la posterior. Lleva cinco punzones CES con león delante.
-Cruz procesional de plata, clavada sobre alma de madera, rococó. La plata se mantiene en su color, salvo para la medalla central y el Cristo en la parte anterior, que van sobredorados, igual que el motivo central de la parte posterior. Altura: 61 cm. Anchura de brazos: 38,5 cm. Primera mitad del siglo XVIII.
Enchufe semejante a los dos anteriores, pero más rígido y geometrizado en su ornamentación, que va con óvalos, rombos y flores. Toda la cruz combina elementos repujados y cincelados, salvo la imagen del Cristo, que es fundida en bulto completo. Brazos y árbol de la cruz siguen en su contorno ritmos ondulantes, con abundancia de ces enrolladas y vegetales endurecidos que se aproximan a la apariencia de rocalla. Hay cuatro cabecitas de ángel, una en la terminación de cada lado. En el anverso, la parte central está ocupada con un Cristo de proporciones alargadas, sobre medalla de rayos. Le corresponde, por el reverso, un medallón con la figura de San Esteban.
Lleva ocho punzones CES, aunque la mayoría se leen mal a causa del claveteado. Uno de ellos, al pie del anverso, parece más bien CESARE. Bajo San Esteban, punzón STRA. En el enchufe, STA, que podría ser STRA mal marcado. Todo esto nos permite conocer tanto el nombre de su artífice (Estrada) como su ciudad de origen (Zaragoza)
-Arqueta eucarística de plata en su color, cubierta a cuatro vertientes, de 19 cm. de alto por 10 cm. de ancho y 17 cm. de longitud, del siglo XVI. Punzones CES y G. Mata.
-Cáliz de plata sobredorada, de 18.5 cm. de alto por 11,3 cm. de ancho en su pie, del siglo XVI
-Custodia de sol en plata, que alterna el color con sobredorado, de 66cm. de altura con pie ovalado de 30,5x24 cm. Diámetro máximo con los rayos: 32 cm. Diámetro del ostensorio propio: 15 cm. Primera mitad del siglo XVIII.
El pie, ricamente repujado, se distribuye en dos zonas adornadas con cabecitas de ángel en bulto completo, fundidas y con piedras engastadas. El astil es abalaustrado y su nudo repite motivos similares a los del pie. En el sol del ostensorio alternan los rayos, planos y sin ondular, con estrellas de seis puntas soportadas por hojas de lanza. Sigue un anillo de nubes y cabezas de ángel repujadas, que centra el viril, rodeado por una coronita de zafiros. Entre las piedras engastadas en el sol y resto de la custodia dominan las azules, tipo aguamarina, si bien hay algunas venturinas y algún rubí. Una cruz remata la parte superior.
-Crismera en plata; altura 39,4 cm; diámetro recipiente para algodón, 7,5cm; diámetro recipientes óleos, 4,5cm, del siglo XVI (1558 a 1570) Tiene forma de candelabro, con el recipiente mayor rodeado por brazos que sustentan los menores. Originariamente fueron tres, actualmente falta uno de ellos. El pie y los recipientes se decoran con cintas, entre las que se alojan motivos vegetales cincelados. El apoyo de la manzana parte de unos pequeños motivos fundidos en forma de S, para seguir a modo de copa gallonada, sobre la que se asienta un esferoide, el nudo, achatado, con cabecitas de ángel en relieve. Los dos recipientes menores que se conservan cierran con tapa semiesférica, rematadas en un caso por una C y en el otro por una O; ambos llevan la inscripción CHRISMA en la zona cilíndrica. El recipiente mayor acaba en una cubierta cónica que remata en una cruz florenzada, con un Cristo de tres clavos. Lleva punzones en la tapa mayor, Ces con león; en el interior del pie otro igual, y en el exterior G/MATA.
-Relicario de plata con forma de arqueta cubierta a cuatro vertientes. Altura: 19 cm. Anchura: 10 cm. Longitud: 17 cm. Siglo XVI (entre 1558 y 1570)
La arqueta puede ser aprovechada de un copón-ostensorio. La caja se asienta sobre un calado de aspecto gótico y decora sus vértices con motivos arquitectónicos fundidos, ya renacentistas. A partir del frente se lee EG(O) (SV) M/PA/NIS VIV9/QVI, en inscripción cincelada. Las letras entre paréntesis quedan en todo o en parte tapadas por la cerradura. Las vertientes de la cubierta, también cinceladas, van con motivos vegetales simétricos. Culmina en una cruz, con dos grutescos laterales de apoyo. Lleva los punzones CES con león y G/MATA.
-Cristo en madera al que le falta un brazo, de 45 cm. de altura, gótico, del siglo XVI
-Virgen Maria, busto pintado sobre cobre, del siglo XVI
-Dos relicarios barrocos de plata, tipo espejo, del siglo XVIII. Uno de ellos se dedica a San Esteban Protomártir y a San Teodoro. El otro, con punzones RS y SAE, lleva dentro una cruz con los nombres de María, Joaquín, José y Ana.
-Un relicario rococó de plata en su color, más moderno, de tipo espejo, dedicado a Santa Lucía y a San Bonifacio.
-Cáliz de plata sobredorada. Altura: 18,5 cm. Anchura máxima del pie: 11,3 cm. Diámetro de la copa: 7,7 cm. Mediados del siglo XVI.
Sobre su apoyo calado, fundido, de tradición gótica, tiene el pie lobulado, con perfiles de arco conopial dividido en seis partes, en cuya ornamentación alternan motivos vegetales e inscripciones o más bien anagramas relativos a Cristo y símbolos de la Pasión, todo ello repujado. En la parte baja del recibe-manzana, seis delfines fundidos. El nudo va calado, como la parte inferior, entre dos placas con rayos o estrías. También va calada la subcopa, mientras la copa propia queda lisa. Lleva punzón CES con león.
-Dos cálices de plata, uno de ellos con la copa dorada, del siglo XVII. Ambos llevan motivos cincelados desde el pie hasta la subcopa. El segundo muestra subcopa gallonada, en repujado y lleva punzón CES.
-Otros dos cálices de plata dorada del siglo XVIII con características rococó. Ambos con bastante relieve y uno de ellos decorado con plaquitas de plata en su color, superpuestas a la subcopa.
-Cuatro cálices, muy sencillos, sin decoración, más modernos.
-Un copón en cobre dorado del siglo XVII. Con motivos a cincel desde el pie hasta el nudo: cintas, cartelas y elementos vegetales. Su copa es lisa, pero no así la tapa, que se cincela con ornamentación similar a la del resto y se corona por una cruz.
-Dos copones con el pie repujado, siendo el resto liso, también más moderno.
-Dos coronas de plata repujada, barrocas, del siglo XVIII. Una de ellas, tipo sol, lleva punzón PELLIZER, la otra, punzón STRA.
-Otros objetos expuestos son: una custodia menor de plata sobredorada, dos bordones para las cruces procesionarias, de plata en su color, con punzones CESAR y ESTRA en cada uno de los tramos; dos incensarios; una naveta; una bandeja que soporta dos vinajeras y cinco cucharillas; una patena; un portaformas; una palmatoria de plata con las marcas PAR y DE ROSA; una bandeja de plata “Meneses” que soporta los botes de unción y una copa de viático; una bandeja de punzón CES; un portapaz neogótico de plata “Meneses” con el Buen Pastor; una concha bautismal y cuatro parejas de jarrones, una de ellas con motivos goyescos.
Como antes indicamos, el inventario más antiguo que disponemos data de 23 de enero de 1558; pero existe un documento con fecha de 4 de julio de 1447 en el que se relaciona un inventario de la plata y los ornamentos litúrgicos de la iglesia de San Esteban de Sos y que a continuación detallamos:
-Hun enconspero d´argent, pesant XX onzas.
-Una cruz d´argent dorada smaltada, que fue de dona Gracia Sanchez Baquero.
-Dos cruzes blancas d´argent, la una mayor de otra.
-Un caliz d´argent con su patena, pesant XIII onzas.
-Un caliz con su patena, dorado, pesant XX onzas y media.
-Un caliz con su patena pesant XI onzas y media.
-Un caliz con su patena pesant XIII onzas y media.
-Un caliz con su patena pesant XI onzas y media.
-Un caliz con su patena pesanr X onzas y media.
-Un caliz con su patena pesant XVIII onzas.
-Un caliz con su patena pesant XI onzas.
-Un crebado sin patena. X onzas.
-Una patena por marcar pesant II onzas.
-Un caliz con su patena poir marcar, todo pesant XVI onzas.
-Un caliz con su patena por marcar, todo pesant XII onzas y media.
-Un caliz con su patena por marcar, todo pesant XII onzas.
-Hun reliquiario dárgent con una carpeta e cruceta pesant XXII onzas.
-Una custodia con hun caliz chiquo para comulgar e con su cruceta, todo pesant con las baras do stan los angeles de fierro/ VIIII marcos, II onzas.
-Una imagen de Sant Anthon d´argent pesant con un troz de crestal, XII onzas y media.
-Dos candeleros d´argent que fueron de Johan de Buena, pesantes XXXVII onzas[3]









[1] Angel Azpeitia. “Museo parroquial de San Esteban”, en Arte religioso en la villa de Sos del Rey Católico. I.F.C. Zaragoza, 1978. Angel San Vivente. “Acotaciones documentales para la historia del arte en Cinco Villas durante el siglo XVI”, en Estudios en Homenaje al Dr. Eugenio Frutos Cortés. U.Z, 1977. Máximo Garcés Abadía. Iglesia parroquial de San Esteban, Sos del Rey Católico. Edilesa.2001
[2] Marcas de punzones de orfebres plateros zaragozanos.
[3] A.H.P.S., Martín de Ampiedes. P. 380, ff. 61-61v.





BIBLIOGRAFÍA

-ABBAD RÍOS, FRANCISCO. Jerónimo de la Mata (orfebre del siglo XVI). I.F.C.(C.S.I.C.) Zaragoza, 1951.
-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. Selección de documentos de la villa aragonesa de Sos (1202-1533). I.F.C., (C.S.I.C.) Excma. Diputación de Zaragoza. Zaragoza, 2009.
-AZPEITIA. ÁNGEL. “Museo parroquial de San Esteban”, en Arte religioso en la villa de Sos del rey Católico. Angel San Vicente. I.F.C. Zaragoza, 1978.
-GARCÉS ABADÍA, MÁXIMO. Sos del Rey Católico. Iglesia Parroquial de San Esteban. Edilesa, Monografías, nº 51. 2001.
-SAN VICENTE, ÁNGEL. “Acotaciones documentales para la historia del arte en Cinco Villas durante el siglo XVI”, en Estudios en Homenaje al Dr. Eugenio Frutos Cortés. U.Z. Zaragoza, 1977.