lunes, 7 de septiembre de 2015

INFANZONES Y CASALES


 A finales del siglo XII la villa de Sos seguía creciendo; pero este crecimiento no hubiera sido posible, como se hizo en otras ocasiones, sin la atracción de gente por medio de las cartas de población.
Fragmento de una carta de población
Estas cartas de población y fueros recibidos tanto en Sos como en otras localidades de las Cinco Villas otorgaron a sus pobladores la franqueza e ingenuidad en personas y bienes, sin pechas señoriales, formándose así un fuerte municipio cuyos vecinos fueron libres y muchos de ellos infanzones. Además, su personalidad se reafirmará más adelante con su presencia en las Cortes. A partir del siglo siglo XIII los infanzones pedirán salvas por confirmar su infanzonía y la exención de impuestos reales o señoriales.
El término infanzón es sinónimo de noble y coloquialmente se usaba para referirse a la nobleza no titulada. En castellano antiguo eran los hidalgos, hijosdalgo, fijosdalgo o fidalgos, donde la palabra "algo" denota "rico" o "riqueza", sinónimo de ricohombre, palabras, todas ellas, que definen una misma posición social de una persona. Entre los infanzones hay que distinguir a los caballeros, dedicados a las actividades fundamentalmente militares en defensa del reino y los escuderos, el escalafón más bajo de la nobleza del reino al que pertenecían prácticamente la totalidad de los infanzones de Sos. En el Cuatrocientos se tiene constancia de sólo dos caballeros en Sos: Mosén Hugo de Urriés y mosén Martín de Ampiedes.
 Este grupo de poderosas familias infanzonas ejercía una fuerte influencia sobre Sos, controlando gran parte de la productividad de la tierra y otros tipos productivos, los mecanismos crediticios, los molinos harineros, etc..., perpetuando su poder a lo largo del tiempo por medio de complejos sistemas matrimoniales y hereditarios.
Desde la segunda mitad del siglo XIV hasta los primeros años del XVI los nobles consolidaron su linaje reforzándose como grupo y demostrando al resto de la población su supremacía social y su privilegiado status por medio de unas señas de identidad que remarcaban su preponderancia y preeminencia, como por ejemplo el uso del “don” o “mosén”. 
Otro de los elementos más significativos y definidores de la nobleza es la posesión del solar o casal que, según la ideología de los hidalgos, habría sido fundada por un antepasado epónimo.
La R.A.E. define como solar, casal o casa solariega a la morada más antigua de una noble familia. Es decir, a la primera vivienda en la que residió el “tronco”, fundador, o primer hombre notable de una familia, generalmente con títulos de honor, cuya distinción merecía el aprecio y respeto de toda la sociedad. Esto fue esencial en la articulación de los linajes, ya que los cabezas de los mismos ejercieron su liderazgo desde estos solares o casales tan trascendentales. Con posterioridad fueron llamándose casales las moradas de los descendientes del primer noble de una familia, dando más importancia a la estirpe y el linaje familiar que a la vivienda en sí, y es por esto que blasonaban con complejos escudos sus viviendas, que identificaban más al linaje que al propietario.
Tradicionalmente se ha asociado la presencia de solares o casales con una estructuración del poblamiento más bien dispersa, ya que la mayoría se localizaban en ámbitos montañeses, pero en la villa de Sos presentó un hábitat concentrado. Generalmente las casas solariegas se edificaron en el interior del casco urbano y los elementos constructivos y materiales empleados en su edificación varían de acuerdo con las posibilidades económicas de sus moradores. De este modo existen en Sos tanto suntuosas casas solariegas de grandes dimensiones como casales más modestos en cuanto a superficie edificada o decoración de la fachada. Pero todos estos casales tienen un denominador común, y es que en ellos han vivido infanzones, nobles y miembros de importantes linajes de la élite de la sociedad sosiense haciendo honor a su apellido, que desciende, como antes dijimos, de un tronco inicial de una noble familia.
Portal de Casa Bonafonte. Sos del Rey Católico
                       Estas casas solariegas, construídas a lo largo del Renacimiento y reformadas durante el siglo XVIII, siguen una composición constructiva muy esquemática que se dió en todo el Reino de Aragón. Construídos generalmente en piedra sillar, sobre todo la fachada, solían tener tres plantas. En la primera destacaba un amplio y suntuoso portal, generalmente flanqueado por un arco de piedra, bien de medio punto o apuntado, en cuya clave se solía colocar el escudo de la familia. En el interior un amplio zaguán con una espaciosa escalera al fondo para acceder a la segunda planta, donde se hacía la vida familiar, con amplios ventanales y balcones a la calle; y una tercera planta destinada a granero y despensa, en algunas ocasiones adornada a lo largo de toda la fachada con una galería de arquillos imitando la arquitectura de los grandes palacios aragoneses de la época. El tejado solía ser de doble vertiente sobresaliendo de la fachada en forma de un amplio alero de madera muchas veces profusamente decorado. Los materiales utilizados en el interior del edificio, los que no están a la vista de la gente, ya eran más pobres, abundando el tapial de barro y paja para la separación de dependencias.
Casa Fuertes. Sos del Rey Católico

           


Escudo sobre el portal de Casa Fuertes.



















                  En el casco urbano de Sos podemos contemplar algunos de estos casales: Casa Fuertes, Casa Monterde, Casa Español de Niño, Casa Espatolero, Casa Bonafonte, Casa Artieda...y otras muchas casas solariegas de familias infanzonas del municipio.
 Pero no sólo en el casco urbano hubo casales. También en los diversos términos que conformaban el municipio hubo infanzones que levantaron casales con torres, en lo que venía a ser prácticamente un edificio fortificado. Existen referencias de una torre en Sofuentes perteneciente a los Artieda[1], otra en Fillera que era de los Ortiz y de los Artieda[2], en Arbe existía otras dos, una de los Artieda[3] y otra de los Sada[4]. Más allá de los términos de Sos los Ampiedes fueron los propietarios del palacio y de la casa de La Certera a mediados del siglo XV, mientras que la casa y torre de Aguilar, situada en Urriés, perteneció sucesivamente a los Artieda y posteriormente a los Español[5]  



Torre con aspillera. Sos del rey Católico
                  Estas torres eran parte integrante de las explotaciones agrarias de los infanzones, al mismo tiempo que servían de defensa en caso de conflicto, además de ser una clara referencia visual frente a los demás del poder y prestigio de estos linajes. Ello explica la elevada suma de 2.500 sueldos que pagaron los escuderos Pedro Alfonso de Artieda y Miguel Ortiz por la obra efectuada en la casa y torre de Fillera en el año 1478 [6]
                  Pero también estas familias de infanzones reforzaban sus casas en el casco urbano con elementos defensivos como torres y aspilleras para poder defenderse de otras familias con las que tenían constantes peleas.
Aspillera en una casa de Sos.
Sin embargo los infanzones no pudieron disponer de sus torres y de sus casas de forma absoluta. Debido a los brotes de violencia que surgían entre familias infanzonas y para evitar males mayores, los poderes públicos impusieron a los linajes ciertos límites en lo que respecta a la edificación de torres y casas fuertes con una finalidad bélica. A este respecto los magistrados municipales decretaron la destrucción de las torres cuando vieron que atentaban contra el bien común, como sucedió a finales del Cuatrocientos en el marco de una guerra privada entre los Sada y los Español, ordenando las autoridades locales derribar las defensas que ambos linajes habían mandado levantar.
Casa de los Sada



                    Pero los casales no fueron importantes únicamente desde la concepción mítica del pasado que los propios nobles cimentaron, sino que en los procesos conocidos como salva de infanzonía, el casal de origen fue uno de los datos que casi siempre aportaron los nobles para demostrar ante la monarquía su nobleza.
La salva de infanzonía permite a un habitante de Aragón el reconocimiento legal de su pertenencia al estamento de la baja nobleza. Los fueros se ocupan continuamente de estas salvas. En la Compilación Foral de 1247, conocida como “Vidal Mayor”, se establece que el que se vea hostigado por su infanzonía pueda probarla mediante dos caballeros juradores[7](demostrando de esta forma la superioridad de los dedicados al servicio de las armas del resto de la baja nobleza), además debían ser consanguíneos suyos por vía paterna, tenían que jurar que el interesado es infanzón y mostrar, si es necesario, el casal del cual procede su infanzonía.[8] 
 La salva de infanzonía se debe hacer siempre en poder del rey o en el de quien el rey designe, aquí era el Justicia de Aragón, que ya lo efectuaba con anterioridad pero cuya competencia queda establecida por fuero en las Cortes de Ejea de 1265. Para ser nombrado Justicia el interesado tenía que ser caballero.
El procedimiento para la salva era el siguiente: el aspirante, que no podía actuar a través de procurador, se dirigía al rey afirmando que estaba en posesión de la infanzonía y deseaba obtener la carta de salva que reconociera los derechos que de su condición se derivaban. El soberano remitía el documento de petición al Justicia de Aragón para que comprobara si la infanzonía era cierta, recibiera la salva y le remitiera el resultado del proceso. El Justicia recibía el testimonio de dos caballeros que juraban sobre la cruz y los evangelios que el demandante era infanzón Herminio, consanguíneo suyo y que su “casal” estaba en determinado lugar. Si se demostraba que los caballeros testificantes juraban en vano, ellos y sus sucesores perdían la infanzonía para siempre y aquel por quien juraron la adquiriría para siempre. 
A continuación devolvía el expediente a la curia regia, donde era examinada por el juez real, y finalmente, si todo era correcto, el monarca expedía el oportuno documento testificante de la infanzonía.[9] En el documento el rey sintetizaba los trámites y resultados del proceso: nombres de los testigos y lugares de residencia de los mismos, parentesco con el demandante, localización del “casal” de donde precedía su infanzonía y demás avatares del procedimiento, afirmando que debet accipere et non dare per aliqua villanía y ordenaba a los oficiales del reino que excusasen al mismo de todo servicio y exacción real o señorial, como era costumbre entre los infanzones hermunios. Seguía la data y la firma del rey. La carta se expedía en pergamino y quedaba copiada en el registro de la Cancillería Real. El interesado pagaba las tasas por la expedición del documento, que ascendían a 30 sueldos jaqueses. Si cambiaba su domicilio a otro municipio no tenía que salvar de nuevo su infanzonía, simplemente debía comunicar a los regidores de la nueva localidad su condición y estos debían aceptarla.

Lista de habitantes de Sos y casal al que corresponden y que obtienen su infanzonía tras realizar la salva correspondiente. (S.XIV)
La salva de infanzonía más antigua de la que se tiene noticia procede de Ramiro II a favor de Fortún Ximénez de Sos, contenida en una confirmación de Alfonso III a sus descendientes por línea directa, datada el 27 de mayo de 1289. En el documento dice que es “noble”, sin especificar “infanzón”, aunque lo que se concede a los descendientes es salva de infanzonía[10]
1308, 3 de mayo: Juan Gil de Oriafierro ……………Casal en Sos
1308, 3 de mayo: Pedro Ximeno de Oriafierro……...Casal en Sos
1308, 3 de mayo: Lope El Maestro……………….....Casal en Garbala (Navarra)
1308, 3 de mayo: Ximeno Rodríguez………………..Casal en Sada (Navarra)
1309, 30 de enero: Pedro Miguel de Olleta
1361,10 de noviembre: Lope Garcés de Sos, nieto
de Lope El Maestro, infanzón……………………......Casal en Garbala (Navarra)
1361, 10 de noviembre: Pedro Garcés de Sos, nieto
de Lope el Maestro, infanzón…………………..........Casal en Garbala (Navarra)

Del siglo XV tenemos información de algunos infanzones escuderos de Sos, pues el 24 de noviembre de 1437 se celebró una reunión del capítulo de los infanzones en la capilla de Santa María de la iglesia de San Esteban, que tras ser convocado por el jurado Martín Pérez de Ayerbe asistieron quince escuderos: Martín Pérez de Ayerbe, Eximeno de Olleta mayor de días, Eximeno Ballés, Alfonso de Artieda, García de Olleta, Lope de Morea, Martín de Morea, Domingo Pérez de Isuerre, Martín de Olleta, Pedro Ximénez de Undués, Miguel de Lozano, García Pérez Dija, Fernando de Undués, Gil de Olleta y Pedro Gastón[11]. Así pues, a mediados de los años treinta del siglo XV vivían en Sos, al menos, diez familias infanzonas. A lo largo del mismo siglo se instalaron nuevas familias infanzonas en Sos al mismo tiempo que otras marcharon a otros lugares y algunos linajes se extinguieron, y a finales de la centuria un ennoblecimiento considerable de individuos pertenecientes a la élite política y económica incrementó de forma sustancial su número[12]
Debido a las destrucciones sufridas durante los sitios de Zaragoza de 1808 y 1809 durante la guerra de la Independencia, los saqueos, traslados e incendios que a lo largo del siglo XIX sufrieron tanto el Archivo de la Diputación de Zaragoza como el Archivo Histórico de la Real Audiencia de Aragón, son escasísimos los documentos que quedan de los cincovilleses que probaron su hidalguía y limpieza de sangre en los siglos XVIII y XIX.
 Javier Cañada, director del Archivo de la Audiencia Territorial de Zaragoza, sacó a la luz estos documentos publicando en su día “Indice de los fondos genealógicos-nobiliarios del Archivo de la Diputación de Zaragoza” “Indice de los procesos de infanzonía conservados en el archivo Histórico de la Real Audiencia de Aragón”; estos últimos, actualmente, se encuentran depositados en el Archivo Histórico Provincial de Zaragoza.
A continuación detallamos los infanzones de Sos que aparecen en estos documentos junto a su localización en el archico correspondiente y la fecha de documentación recordando una vez más que, debido a los diversos infortunios sufridos en los Archivos, la lista hubiera sido considerablemente mucho mayor[13]

Infanzones de Sos
Agüero, Martín de, 1627. Legajo 286-15, A.H.P.Z.
Español de Niño, Leandro, 1700. Ms.613, f.125; A.D.Z.
Español de Niño. Leonardo, 1627. Ms. 383, f. 343; A.D.Z.
Español de Niño, Miguel, 1627. Ms. 383, f. 361; A.D.Z.
Espatolero, Jerónimo, 1700. Ms. 613, f. 83; A.D.Z.
Legarre, Joaquín, 1805. Leg. 219-3; A.H.P.Z.
López de Artieda, Juan, 1641. Ms. 436, f. 331; A.D.Z.
Lozano, José, 1685. Ms. 585, f. 99; A.D.Z.
Pérez y Cortes, Diego, 1704. Ms. 613, f. 170; A.D.Z.
Reta, Lorenzo de, 1697. Ms. 608, f. 1; A.D.Z.
Sada, Bernardo de, 1638. Ms. 423, f. 356; A.D.Z.

En los padrones de infanzones de Sos en el período comprendido entre 1737 y 1788 aparecen los siguientes apellidos:[14]
Agüero
Andía
Artieda (con este apellido aparecen dos infanzones)
Bailo (aparecen dos infanzones)
Bandoct
Barrios
Bueno Aznárez
Cardesa
Carlos
Cuellar
Domínguez
El Marqués de Camporreal
Español
Español de Niño
Espatolero (aparecen cinco infanzones)
Gabarri (aparecen dos infanzones)
Gayarre
Gayarri (aparecen dos infanzones)
Gil
Guerrero (aparecen seis infanzones)
Guerrero Ozcaroz
Guerrero Uriz
Ibarra
Landa
Larraz (aparecen dos infanzones)
Les
Lizuain
López
López de Artieda
Lorente
Lozano
Mendívil
Meoz
Monterde
Ochoa
Olleta
Paris
Pérez
Ramón
Royo
Ruiz (aparecen dos infanzones)
Sada
Salvo
Samper
Sánchez
Sangorrín
Sarria (aparecen dos infanzones)
Suescun
Vaudoct
Venero
Ximénez
Ximénez de Embúm
Zapata
Zeñito
Zoco (aparecen dos infanzones)








[1] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 419, ff. 4-4v.
[2] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 422, f. 1.
[3] A.H.P.S., Bartolomé Español, p. 485, ff. 62-62v.
[4] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 455 B, ff. 37v-38v.
[5] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 430, ff. 21-21v; p. 436, ff. 2-3v.
[6] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 422, f. 1.
[7] Falcón Pérez, Mª. I. Las Cinco Villas, tierra de infanzones
[8] Resume la legislación un documento dado en Zaragoza el 31 de marzo de 1356. ACA, Cancillería, Reg. 898, fol. 238v. Falcón Pérez, Mª. I. Los infanzones de Aragón en la Edad Media.
[9] ACA, Cancillería. Reg. 39, fol. 204-205. Doc. de 18 de junio de 1277. Falcón Pérez, Mª. I. op. cit. “los infanzones...”
[10] A.C.A. Cancillería. Reg. 83, fol. 47.
[11] A.H.P.S., Miguel Martínez de Sada, p. 365, f. 45v.
[12] Abellá Samitier, J. Sos en la Baja Edad Media, pp. 122-123.
[13] Berraondo, M.J. “Infanzones de las Cinco Villas”, en Suessetania nº 11, pp. 47-50
[14] Ripalda Gabás, Carlos. Navardún, historia de la Valdonsella, p. 239.  






BIBLIOGRAFÍA

-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. La concesión de la infanzonía colectiva a la villa de Sos en 1458, en: Aragón en la Edad Media, XIII, pp. 5-24.Universidad de Zaragoza.Facultad de Filosofía y Letras. Dpto.de Historia Medieval. Zaragoza, 2012.
-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. Sos en la Baja Edad Media. Una villa aragonesa de frontera. I.F.C. (C.S.I.C.) Excma. Diputación de Zaragoza, 2012.
-BENEDICTO GIMENO, EMILIO. “Las casas solariegas. La formación de una élite social”, en Benedicto Gimeno, Emilio (Coord) Comarca del Jiloca. Col Territorio nº 9. D.G.A., 2003.
-BERRAONDO, M. J. Infanzones de las Cinco Villas. Suessetania nº 11, pp. 47-50.
-DÍAZ DE DURANA ORTIZ DE URBINA, J. R. La otra nobleza: escuderos e hidalgos sin nombre y sin historia. Hidalgos e hidalguía universal en el País Vasco al final de la Edad Media (1250-1515) U.P.V. Bilbao, 2004.
-FALCÓN PÉREZ, Mª. I. “Las Cinco Villas, tierra de infanzones”, en Esteban Sarasa Sánchez. Las Cinco Villas aragonesas en la Europa de los siglos XII y XIII. I.F.C. D.P.Z., 2007.
-FALCÓN PÉREZ, Mª. I. Los infanzones de Aragón en la Edad Media. Premio Dragón de Aragón, 2004.I,F.C. (C.S.I.C.) Zaragoza, 2008.
-FERNÁNDEZ-XESTA y VÁZQUEZ, ERNESTO. El infanzón aragonés: realidad, estructura y evolución. I.F.C. (C.S.I.C.) Excma. Diputación de Zaragoza. 2014.
-LAPEÑA PAÚL, ANA I. "Fueros y cartas de población en las Cinco Villas", en: Nuria Asín García(Coord.) Comarca de las Cinco Villas. Col. Territorio, 25. D.G.A. Zaragoza, 2007.
-RIPALDA GABÁS, CARLOS. Navardún, historia de la Valdonsella. 2013.



PEDRO IV "EL CEREMONIOSO". LA GUERRA DE LOS DOS PEDROS.

Pedro IV el "Ceremonioso"

                      Cuando Pedro IV accedió al trono tenía dieciséis años, siendo coronado solemnemente en la Seo de Zaragoza en 1336.
Uno de los objetivos del rey era recuperar para la Corona de Aragón el reino mallorquín que Jaime I había segregado de la Corona al entregarlo a su segundo hijo, Jaime. Sus sucesores reclamaron constantemente la adhesión de Mallorca a la Corona aragonesa mediante reconocimiento por el rey balear de su vasallaje al aragonés, pero éste no se había llevado a cabo. Es más, durante el reinado de Pedro III, los mallorquines habían apoyado a la dinastía de Anjou frente a los aragoneses y en 1275 Jaime II había renunciado a la soberanía del reino de Mallorca mediante el tratado de Anagni.

No siempre los habitantes de Sos mostraron fidelidad a la monarquía, pues además de los casos de rebeldía contra Pedro III a los que ya hemos hecho referencia, también existieron otros casos en 1348 contra Pedro IV.
En lo referente al litigio entre el abad de Leire y el alcalde de Sangüesa sobre la percepción de diezmos de El Real todavía continúa para estas fechas. Los vecinos de El Real informaron al rey Pedro que aunque se habían dictado sentencias en lo referente a estos diezmos, éstas no se habían llevado a efecto, lesionando el derecho que el rey tenía en El Real, por lo que Pedro IV, el 9 de septiembre de 1337, ordenó al abad que actuaran de tal manera que no se perjudicaran los derechos reales[1]. Bastantes años más tarde, los vecinos de Sangüesa, sin causa justa y, según se decía, por mandato del obispo de Pamplona, se negaban a pagar a los clérigos y porcioneros de El Real la mitad de los diezmos de todos los frutos, trigo y vino de las tierras que sembraban y trabajaban, por lo que el abad y el convento de Leire y los clérigos porcioneros de El Real se quejaron al Ceremonioso, quien el 4 de febrero de 1360 rogó al obispo de Pamplona  que no permitiera que se continuara perjudicando a los suplicantes y que se les devolviera lo que indebidamente se les había usurpado.[2]Con la misma fecha realizó la misma petición al rey de Navarra, Carlos II, como señor que era de Navarra[3].
Durante este siglo la villa de El Real es invadida varias veces por gente de armas de Sangüesa; pero también vecinos de El Real interceptan en varias ocasiones cabezas de ganado de gente de Sangüesa alegando que habían entrado en sus tierras. Los problemas fronterizos que Jaime II quiso solucionar al fundar El Real se van incrementando conforme va transcurriendo el siglo, hasta tal punto que Pedro IV suscribe en 1341 una tregua con el reino de Navarra sobre estos problemas fronterizos, momento que el rey utilizará para destinar parte de la primicia a la reconstrucción y reparación de los muros de Sos[4] Pero la tregua se violará en 1362 con la tala de El Real por parte de Sangüesa.
 Por referencias posteriores al año 1371 se sabe que El Real fue destruído y despoblado en la guerra, lo que motivó nuevos intentos de la monarquía por habitar el lugar, como asignar los 1000 sueldos que anteriormente se destinaban a la tenencia de la torre de El Real a sufragar las obras de los muros[5], o como enviar al baile general del reino para que pregonase que todos aquellos que tuviesen heredades y habitasen allí antes de la contienda bélica regresaran bajo pena de perder sus tierras; pasando un tiempo prudencial, el baile debería vender las heredades de aquellos que no hubiesen retornado, destinando lo obtenido a las obras de los muros o bien entregar las tierras en nombre del rey a nuevos pobladores[6]. A pesar de estas iniciativas El Real jamás volvió a ser la entidad que fuera antaño, terminando por convertirse en un núcleo poblacional de ínfimo tamaño (en el fogage de 1495 sólo se contabilizaron tres fuegos)[7]

En agosto de 1349 Pedro IV consiguió que el reino mallorquín quedara finalmente incorporado a los dominios de la Corona de Aragón, manteniendo sus leyes e instituciones propias. Igualmente consolidó el dominio sobre Cerdeña y de los ducados de Atenas y Neopatria.
La península Ibérica hacia 1350

         A mediados de este siglo llega a la península la “peste negra”. Durante estos años las pérdidas demográficas fueron cuantiosas. A los estragos de la peste se añadieron los de la guerra, concretamente la que enfrentó a Castilla y Aragón, conocida como la “guerra de los dos Pedros”. Pedro I de Castilla estaba enfrentado a un sector de la nobleza castellana dirigido por su hermanastro Enrique de Trastámara, que pretendía el trono. Pedro IV de Aragón se alió con él esperando a cambio la cesión del reino de Murcia. La guerra duró desde 1350 a 1369 y en el transcurso de los acontecimientos Pedro I se apoderó de ciudades como Tarazona, Calatayud, Cariñena o Teruel. Durante el invierno de 1362 y primavera de 1363 los ataques castellanos fueron constantes en toda la frontera aragonesa.
Ante estos hechos de guerra, la villa de Sos se alzó como plaza fuerte de todo su entorno, refugiándose en ella los habitantes de las plazas próximas.
Ante las acometidas del rey de Navarra por la frontera Nordeste de Aragón, se alarmaron los habitantes de Sos, Ejea y Tiermas, pues el rey navarro, con 2.000 hombres de armas, se acercaba a la frontera por la parte de Tiermas y Sos, localidades puestas a recibir ayuda de parte de Pedro Jordán de Urriés y Jordán de Urriés. Pero el rey navarro Carlos II, aliado de Pedro I, puso sitio a Sos y éste tuvo que rendirse a pesar de su heróica defensa; asimismo entrega los términos, heredades y casas de El Real a Sangüesa[8]

En el mes de marzo de 1362 se ordenó, que "para mayor defensa de Sos y su fortaleza, y para mayor seguridad en la Frontera, que todos los vecinos de los lugares de Isuerre, Berdún, Lobera, Longares de Bagues, Navardún y otros de la comarca que no se podían defender, se desamparasen y los vecinos con sus armas y viandas se recogiesen en el Castillo de Sos como plaza de Armas y antemural contra Navarra”[9], encomendando la custodia y defensa de la Villa de Sos a un Caballero llamado Ruiz Pérez de Abarca. En Sos, al igual que en Sádaba, se recurrió a la evacuación de parte de su población, como en otros muchos lugares de similares características. En febrero de 1363, por ejemplo, el rey ordenó al capitán de Sos sacar del castillo a las mujeres, niños y hombres incapacitados para manejar las armas, con objeto de que no consumieran las provisiones disponibles[10]. Además, en el mismo año, Pedro IV incorporó a la villa de Sos El Real y sus aldeas, junto a su jurisdicción[11], abandonando e incluso destruyendo los caseríos[12]. El Real debía ser derrocada completamente, de manera que únicamente quedara en pie su torre, rodeada por un foso, en la que deberían refugiarse todos sus habitantes[13]

Estos agitados años supusieron una reordenación de las estructuras de la población, notándose en la documentación existente cómo muchos lugares de la Valdonsella se despoblaron por esta gran crisis. Parece ser que Sos se vio favorecida de esta reorganización del espacio comarcal, puesto que muchos de los despoblados fueron anexionados y convertidos en términos municipales sosienses, como Basanoz, lugar éste que en 1369 el monarca concedió a perpetuidad para que los sosienses pudieran llevar a pacer sus ganados gruesos y menudos[14]
 Además de Basanoz se constata la desaparición de los lugares donde se percibían rentas eclesiásticas o reales de diversas entidades como Sosito, Añués, Sibirana, Villicilla, Domeino o la parroquia de Miana. En el libro de las rentas del obispo de mediados del siglo XIV se menciona que Villicilla, Domeino y la parroquia de Miana se encontraban destruidas[15].
 Todos estos lugares eran pequeños enclaves fruto de la expansión económica y demográfica que había experimentado la zona desde el siglo XI, donde se ubicaron el excedente humano de núcleos más consolidados y de mayores posibilidades, como demuestra la toponimia en el caso de Sosito con Sos. Muchos de ellos ya habían sufrido las incursiones navarras y francesas a finales del siglo XIII, o la política de los reyes aragoneses tendente a concentrar a la población en nuevos núcleos fortificados en detrimento de estos modestos enclaves, por lo cual el  azote de la peste y el retorno de la guerra, fue el puntillazo para gran parte de estas aldeas que acabaron por abandonarse, refugiándose su población, como hemos visto, en Sos, que terminó por apoderarse de estos despoblados, integrándolos en sus términos y convirtiéndolos en numerosas ocasiones en zonas de pasto, en una evidente reorganización económica y social del espacio, en el que las entidades eclesiásticas, linajes de la pequeña nobleza, y villas cabeceras de la comarca pugnaron entre sí por dominar los nuevos despoblados, generalmente para destinarlos a fines ganaderos.[16] M. Berthe señala como períodos especialmente intensos en el abandono de núcleos de población el que fue de 1347 a 1349 y el que comprendió de 1362 a 1368[17] Además, Pedro IV también situó en Sos un puesto de aduanas de las Generalidades, con lo que la monarquía aragonesa potenciaba así a la Villa como centro administrativo y fiscal de la Valdonsella, implicando más a la localidad sosiense en la defensa del reino.

En 1364 el rey navarro y el aragonés se aliaron contra el rey castellano y se reunieron en Sos para firmar su alianza y unas capitulaciones, jurando ambos cumplir lo pactado sobre el Santísimo Sacramento de la iglesia de Sos el 2 de marzo de 1364.”...se congregaron en la villa de Sos, el Rey Don Pedro de Aragón, el Rey Carlos de Navarra y el Conde de Trastámara para conferenciar sobre los negocios públicos y por mayor seguridad de las personas reales, fue puesto por Alcayde y Gobernador del Castillo y Villa Don Juan Ramírez de Arellano [18]”. Para mayor seguridad de este tratado, Pedro IV dio en rehenes a su hijo, el infante don Martín, y el navarro a un sobrino suyo, el infante don Luis y a otros jóvenes de familias principales. Tras jurar la concordia, y como viera el de Aragón que tenía dificultad en dar al de Navarra la gran suma de dinero que en tratos anteriores éste le había ofrecido, se convino ahora en que le daría al contado 50.000 florines de oro, dejando en rehenes por el resto de la deuda, la ciudad de Jaca y las villas de Sos, Uncastillo, Tiermas y Ejea.
Hacia 1366 la situación se tornó más favorable para los aragoneses y cuando, finalmente, Pedro I murió en Montiel en 1369, Enrique de Tratámara se hizo con el trono castellano. Pero el tratado de paz pactado en Almazán en 1375 no respondió a las aspiraciones de Pedro IV que, si bien pudo recuperar los territorios perdidos durante la guerra, hubo de renunciar a cualquier otro beneficio y otorgó a su hija Leonor como esposa al infante Juan de Castilla. Este enlace permitirá a los Trastámara llegar al trono de Aragón en el futuro, inaugurando una nueva etapa en la configuración política de la península.

Pedro IV concedió al concejo de la villa de Sos numerosos privilegios, entre ellos confirmó a la Villa el privilegio concedido por su padre y abuelo, los señores reyes Don Alfonso y Don Jaime, acerca de la exención de tributos, con reserva de los tres sueldos por vecino, y 300 por toda la Universidad, y lo mandó expedir en Zaragoza a 25 de febrero de 1336, siendo el secretario Ximeno Garcés de Fillera[19].
El 4 de junio de 1341 expidió un mandato al Bayle General de Aragón para que el Justicia y Jurados de Sos tuviesen la administración de la Primicia gastando principalmente el útil de sus frutos en las cosas necesarias de la Iglesia y, satisfecha ésta, en la reparación de las murallas y en otros negocios del municipio, como era costumbre en otros lugares del Reino; y le manda ”... que no los compela a dar cuentas de dicha Primicia, si no es que tenga justas rezones para hacerlo, de las cuales procure, por escrito, informar a la Corte del Rey ..”[20] 
Además de este privilegio, tendente a aumentar la autonomía del concejo, también concedió otros destinados a aumentar las tierras pertenecientes a Sos, ya que en el año 1363, como ya hemos indicado, incorporó a la villa de Sos el lugar del Real, sus términos y aldeas de Fuente Aragón y Añués, lo que provocó una guerra, de más de un siglo, entre Sangüesa y Sos por dominar estas tierras.
También el 26 de abril de 1363, Predro IV confirma a los hombres de Sos el privilegio de confirmación otorgado por Alfonso IV en el que se ratificaban mercedes concedidas anteriormente por Jaime II, la exención de lezda y peaje[21].  Igualmente en 1337 se menciona en un documento un permiso real para la construcción de dos molinos de viento en Sos.[22]
Curiosamente es la primera y única vez que aparecen molinos de viento en esta zona. Su construcción se realiza para paliar las necesidades de la villa, cuyos vecinos tenían que desplazarse hasta Navarra a moler el trigo. Para sufragar los gastos de su construcción, el monarca les concede las primicias de los frutos del lugar.
Por privilegio dado en Barcelona a 10 de diciembre de 1365 concedió a los jurados de Sos la facultad de imponer y cobrar dos sueldos por carga de vino que pasase por sus términos por espacio de tres años; y que este producto sirviese para reparos y fortificación, tanto del castillo como de la Villa[23]
El 10 de junio de 1366, expedido en Zaragoza y refrendado por el secretario Pedro de Gostemps, concedió otro Privilegio relevando a los vecinos de Sos de la imposición de tres sueldos cada uno, cuyo peculio llegase a setenta, y de los 300 sueldos y 50 medidas de trigo y otras tantas de ordio por la Universidad; y ordenó que las cuatro caballerías que sobre este derecho tenía situadas el noble Pedro de Luna, las cobrase de los derechos y emolumentos de las salidas de Remolinos y el Castellar[24]. También dispone que pueden poblar la localidad gentes de otros reinos, incluso criminales, a excepción de implicados en herejía o en sodomía[25].
Pedro IV agregó a la Villa de Sos, por privilegio dado en Lérida a 21 de marzo de 1375, el lugar despoblado de Ceñito que, sin derecho, quería ocupar el Obispo de Pamplona y manda que sean de una misma jurisdicción y una misma la contribución, tallas e impuestos[26].
El 14 de agosto de 1376 concedió a la Villa y vecinos de Sos, por Privilegio dado en Monzón y refrendado por el secretario Pedro de Gostemps, ”... que atento a que la conmutación de los tres sueldos por casa y 300 por la Universidad, con las expresadas medidas de trigo y ordio, no había sido admitida por el noble Pedro de Luna, y que después, doña Alfa de Exerica como tutora del noble Pedro de Luna su hijo y de dicho Pedro de Luna ya difunto, los había absuelto por pacto y convenio de dicho tributo; para que el primer Privilegio no aparezca en adelante interrumpido y perjudicado, lo da de nuevo y además, hace a los vecinos francos, libres y exentos de todo Hoste, Junta o Ejercito y cabalgada, menos cuando el Rey personalmente, o su Primogenito asistiesen, en cuyo caso tambien deben ir todos los Barones del Reyno”[27]   
El 17 de febrero de 1382 Pedro IV confirma a los hombres de Sos un privilegio de Pedro II por el que se les concedió sus términos y montes.[28]
 Pedro IV murió en Barcelona el 6 de enero de 1487.(Continuación)






[1] A.C.A., C, reg. 589, f. 24r.
[2] A.C.A., C, reg. 669, f. 147v-148r.
[3] A.C.A., C, reg. 699, f. 148r.v.
[4] A.C.P. Arca Episcopi VI, doc. 41, nº 233.
[5] A.C.A. R.C.reg. 1467, Castrorum Aragonum, f. 42v.
[6] A.C.A. Cancillería, reg. 1467, Castrorum Aragonum, f. 42.
[7] A. Serrano Montalvo. “La población de Aragón según el fogaje de 1495”. Dos vols, I.F.C., Zaragoza, 1995-1997, en Abellá Samitier, J. Sos en la Baja Edad Media, p. 32.
[8] Villabriga, V. Sangüesa ruta compostelana. Apuntes medievales. Sangüesa, 1962, p. 170, doc. 35.
[9] Jerónimo Zurita. Anales, T.2, Lib.9, c.43, fol.316.
[10] A.C.A., Canc., reg. 1384, f. 179v.
[11] Zurita, J. Anales de la Corona de Aragón, lib.IX, p. 452.
[12] Inciden en este sentido las instrucciones generales emitidas por el rey a diferentes delegados, especialmente durante la guerra con Navarra. Por ejemplo, al caballero Pedro Jiménez de Pomar. A.C.A., Canc., reg. 1384, f. 157v. Al baile, el gobernador, el infante Fernando y el capitán de Sos, A.C.A., Canc., reg. 1385, ff. 110v-111v.
[13] A.C.A., Canc.,reg. 1384, f. 60v.
[14] A.C.A., Cancillería., reg. 912, f. 180r.
[15] Abellá Samitier, J. Entre Aragón y Navarra; el arciprestazgo de la Valdonsella a finales de la Edad Media. Príncipe de Viana, Gobierno de Navarra, nº 243, 2008.
[16] Abellá Samitier, J. Los orígenes de una élite rural: la casa de ganaderos de Sos a finales de la Edad Media. Revista STVDIUM, nº 17, p. 70. 2001.
[17] M. Berthe. Famines et épidémies dans les campagnes navarraises à la fin du Moyen Age. S.F.I.E.D., París, 1984, en Abellá Samitier, J., Sos en la Baja Edad Media, pp. 32-33.
[18] Moret. Anales. T. 4, parte 2, lib. 2, cap. 2, fol. 107.
[19] Archivo de la villa de Sos. 1336.
[20] Archivo de la villa de Sos. 1341 A.C.P. Arca Episcopi VI, doc. 41, nº 2.
[21] A.C.A. R.C. Reg. 858, ff. 69v-70v.
[22] A.C.A. R.C. Reg. 861, fol. 216r-vº.
[23] A.C.A. R.C. Reg. 912, ff. 44v-45.
[24] Archivo de la villa de Sos, 1366. A.C.A. Cancillería, reg. 912, ff. 178-79v.
[25] A.C.A. R.C. Reg. 912, ff. 178-179v.
[26] A.V.S. 1375
[27] Noticias históricas de Sos. Ambrosio Guillén de Jasso; tomado del Archivo de la Villa de Sos, año 1376, y recogido por J. Cabezudo Astrain.
[28] A.P.Z. R.O., Reg. 810/7.



BIBLIOGRAFÍA

-ABELLÁ SAMITIER, J. Entre Aragón y Navarra; el arciprestazgo de la Valdonsella a finales de la Edad Media. Revista Príncipe de Viana. Gobierno de Navarra, nº 243. Pamplona, 2008.
-ABELLÁ SAMITIER, J. Los orígenes de una élite rural: la casa de ganaderos de Sos a finales de la Edad Media. Revista STVDIUM nº 17. Zaragoza, 2001.
-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. Selección de documentos de la villa aragonesa de Sos (1202-1533) I.F.C. (C.S.I.C.) Excma. Diputación Provincial. Zaragoza, 2009.
-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. Sos en la Baja Edad Media. Una villa aragonesa de frontera. I.F.C. (C.S.I.C.) Excma. Diputación de Zaragoza. Zaragoza, 2012.
-CABEZUDO ASTRAIN, JOSÉ y ANTONIO GUILLÉN DE JASSO. Noticias históricas de Sos. Cuadernos de Historia Jerónimo Zurita, nº 3. Zaragoza, 1952.
-GUTIÉRREZ DE VELASCO. Las fortalezas aragonesas ante la gran ofensiva castellana en la guerra de los dos Pedros. C.H.J.Z., 12-13. I.F.C. Zaragoza, 1961.
-MORET, JOSÉ. Anales del Reino de Navarra. Imp. Bernardo de Huarte. Pamplona, 1695.
-SESMA MUÑOZ, JOSÉ ÁNGEL, C. LALIENA CORBERA (Coordinadores). La población de Aragón en la Edad Media (siglos XIII-XV). Estudios de demografía histórica. Ed. Leyere. Zaragoza, 2004.
-VV.AA. Undués de Lerda, entre reyes, señores y abades. Cuadernos de Aragón, 46. I.F.C. (C.S.I.C.) Excma. Diputación de Zaragoza, 2011.
-ZURITA, JERÓNIMO. Anales de la Corona de Aragón. Ed. A. Canellas. Zaragoza, 1989-1996.
-Coleccionable Reyes y Reinas de Aragón. Heraldo de Aragón.
En la web:
-www.sosdelreycatolico.com. Historia de Sos del Rey Católico.

domingo, 6 de septiembre de 2015

LOS MAESTROS CANTEROS Y CONSTRUCTORES EN LA EDAD MEDIA. LOS GREMIOS MEDIEVALES

En el Románico, la construcción de las iglesias estaba a cargo del llamado Magíster Muri. Se le solía representar con una virga (bastón de mando) en la mano. El maestro tenía conocimientos específicos para concluir la obra; también se encargaba de la organización del trabajo, del traslado de los materiales, de la invención de nuevas máquinas, de nuevos sistemas de construcción, etc.…
De este maestro dependían los capataces y de éstos los obreros, que eran los que se enfrentaban a los problemas prácticos que iban surgiendo según se desarrollaban las obras. El maestro también solía agrupar a escultores, tallistas, marmolistas, cortadores de piedra, carpinteros, pintores, etc. Estos grupos eran conocidos con el nombre de “Corporaciones”, y las grandes obras a veces requerían a más de uno de estos grupos, ya fueran nacionales o extranjeros. Los Magíster Muri y los canteros poseían conocimientos y estudios prácticos de matemáticas, geometría y arquitectura.
El mito y leyenda de los maestros constructores se remonta a la época del rey Salomón, pero el seguimiento histórico resulta difícil y confuso. El hilo conductor de la existencia de estos gremios artesanales se retoma en el siglo XI y XII, en pleno auge del renacimiento medieval. Las fraternidades constructoras, la realeza y la Iglesia emprenden programas arquitectónicos, pero pronto surgen desavenencias entre las autoridades y los gremios constructores, por lo que estos gremios buscarán un acercamiento a las órdenes religioso-militares y será la Orden del Temple quien dará cobijo a estos artesanos, a los que protegerá de los abusos de la nobleza y de la Iglesia. Tras la disolución de los templarios en el siglo XIV, estos constructores pasaron a la clandestinidad y algunos de ellos se integraron en la francmasonería, origen de la masonería moderna.
A principios del siglo XII, los canteros y albañiles no habían dejado de ser obreros, pero habían conquistado libertades y empezaron a organizarse. Consiguieron el derecho a tener su logia, lugar en donde trabajar y poder celebrar sus asambleas privadas. Pronto formaron una auténtica hermandad y con ella se organizaron, consiguiendo a mediados del siglo XII que la logia de los constructores se convirtiera en escuela con biblioteca y archivo para guardar sus planos, hasta aquel momento inexistente.
Cuando un cantero itinerante les visitaba, describía los edificios en los que había trabajado, así como aquellos que había observado en su camino, les enseñaba bocetos y dibujos y les contaba sus técnicas constructivas. Las logias se ocupaban de hacer copias y distribuirlas entre ellas. Cuando llegaba un cantero viajero a una logia daba tres golpes en la puerta y gritaba: “¿Trabajan aquí constructores?”. Los que estaban dentro se quitaban el mandil, se ponían el jubón, y se aprestaban a recibir al huésped. Con el fin de reconocerse entre ellos y evitar que nadie pudiera hacerse con sus conocimientos crearon complicados ritos y convirtieron su oficio en secreto.
Lo importante era la obra a realizar para la posteridad y no la fama o el protagonismo. Por esta razón se desconocen en la mayoría de los casos quiénes fueron los autores de las obras.
Pero no sólo los canteros se reunían en fraternidades o asociaciones, ya que el gremio en la Edad Media ocupa un lugar predominante en la estructura social y en la vida de las villas y ciudades. Así, por distinción del oficio, nacen las agrupaciones gremiales bajo la advocación de un santo patrono y cada una tenía sus propios símbolos y marcas. Los gremios eran agrupaciones de artesanos de una localidad dedicados a un mismo oficio. Cada gremio tenía sus propias ordenanzas y una estructura interna muy rígida en la que normalmente se contemplaban tres niveles de trabajo: aprendiz, oficial y maestro.
Para ingresar en los gremios medievales eran necesarios determinados requisitos y largos períodos de formación, tanto profesional como intelectual. Se ingresaba con el grado de aprendiz, que podía durar varios años, en el taller de un maestro que además lo sustentaba.Tras unas pruebas podía ascender al grado de oficial, pudiendo vivir aparte y trabajando para su maestro con salario o bien para otro taller del gremio, y tras varios años de oficio, duro trabajo, perfeccionamiento y después de demostrar sus cualidades, presentar un trabajo original y aptitudes ante las más altas jerarquías de la logia, se recibía, por fin, el título de maestro y se era considerado a partir de entonces como un “compañero”. 
Casa-taller de un maestro tonelero
Ser compañero era toda una filosofía y un comportamiento de vida. El gremio mantenía un control muy estricto sobre el trabajo de sus miembros, con lo que se aseguraban la pervivencia del mismo y de sus estructuras. Solo el maestro tenía el derecho de fabricar un producto y venderlo por su cuenta; sólo ellos podían participar en las asambleas y sólo ellos tenían su casa y su familia. Los oficiales no podían negociar sus salarios y tenían que aceptar como pago lo ofrecido por el maestro; podían vivir en una casa de huéspedes o en casa de un maestro que tuviera una hija, aunque fuera fea, pues casándose con ella las posibilidades de ascender a maestro aumentaban considerablemente.
Los maestros se organizaban para que sólo ellos pudieran fabricar y vender los productos de su especialidad, porque la norma les impedía fabricar artículos de otros oficios. Esta forma de trabajar estaba fijada por un estricto reglamento que les indicaba los materiales que podían emplear y los procedimientos que debían seguir para realizar su trabajo. Se prohibía la competencia y quien vendiera una mercancía que no llevara su sello podía ser multado, recluído en la cárcel y sufrir la confiscación de sus mercancías.

Banderas con los emblemas de los gremios medievales. Alemania.









BIBLIOGRAFÍA


-DORLING KINDERSLEY. Signos y símbolos. Círculo de lectores, 2008.
-Historia de las civilizaciones, T. 3. Los orígenes de la Edad Media. Larousse, 1996.
En la web:

-www.litosonline.com. Marcas de cantero y signos lapidarios