domingo, 10 de mayo de 2015

LOS TENENTES DE SOS

Hasta que en 1035 naciera el Reino aragonés, la única organización o estructura político-administrativa del territorio provenía de los monasterios, actuando como rectores de sus respectivas áreas de influencia.
Con la reorganización monacal iniciada por Sancho III el Mayor, continuada después por sus sucesores, los cenobios dejaron de ser el pilar fundamental de la nueva administración.
Con el nacimiento del nuevo Reino surgió una institución que, matizada y evolucionada por los acontecimientos políticos, perduró hasta comienzos del siglo XIII, estableciéndose entonces otros tipos de sistemas organizativos. 
                  Esta nueva institución, que tenía a la vez carácter militar, administrativo, judicial y político, se llamó “tenencia” y, quienes la desempeñaron, “tenentes” o “seniores”.
Ante la carencia de un ejército estable, el rey, para oponerse a los musulmanes, buscó la ayuda de los hombres de armas: los “milites”, a los que compensó con tierras; asimismo, tuvo que asegurar las ganancias territoriales con hombres de su confianza. Estos hombres, los “tenentes”, asentados en sus castillos, no fueron solo defensores militares de los territorios confiados en “tenencia” por el monarca, sino que se convirtieron en sus representantes políticos y administrativos. De esta manera había surgido un primer ordenamiento administrativo del nuevo Estado.
Castillo de Sos
El tenente del castillo era el representante del rey, y por lo tanto procedía de una familia principal, o allegada al monarca; es decir, que formaba parte de la minoría de los “barones”, que son los que tenían el derecho a acceder a los “honores reales”, lo que significaba de facto la posesión de casa, tierras y hombres sujetos a las mismas.
Si las tenencias de la retaguardia o del interior podían ofrecer mayores ventajas económicas por la percepción de algunas rentas y derechos, las de la frontera eran más llamativas y reconocidas política y socialmente, a pesar del riesgo en el que estaban siempre sumergidas; diferenciándose asimismo las que se encontraban en la frontera castellana, en las que se jugaban intereses políticos, de las que se enfrentaban a la taifa de Zaragoza, de estricto carácter defensivo y controlador de los movimientos de los musulmanes del valle medio del Ebro. Y si las plazas fronterizas con Castilla presentaron conflictos políticos con la monarquía, las enfrentadas al Ebro proporcionaron a sus titulares el tener una finalidad estrictamente militar. En cuanto a las del interior se organizarían con el tiempo como auténticos señoríos, y si las fronterizas eran fácilmente renovables en sus titulares, aquéllas se vincularían más a las familias que inicialmente las mantuvieron.
Desde el siglo XI pues, excluyendo los bienes alodiales de la nobleza y de los hombres libres en general, las concesiones de los bienes atribuidos por el rey a la nobleza debido a los servicios prestados por ésta reciben el nombre técnico de honores, comprendiendo derechos y tributos que el rey percibía de sus habitantes. De esta manera el rey permanecía como señor efectivo en un principio, y el beneficiario recibía junto con el señorío la tenencia del honor de suerte, que cuando un señor obtenía en honor la totalidad de un distrito pasaba a percibir una parte de sus rentas; advirtiéndose, no obstante, con el paso del tiempo, una tendencia a similar la tenencia en honor a la tenencia en dominio propio.
La honor tenía además, como soporte jurídico, bien una simple relación entre sus habitantes y el poder real o bien una estricta dependencia personal o territorial, confundiéndose en este caso en un mismo organismo lo administrativo y lo señorial. Una de las obligaciones del titular de la honor era el mantenimiento de las caballerias de honor, necesarias en una época de guerra latente o efectiva.
En el reinado de Alfonso el Batallador, con la llegada de caballeros extranjeros, se introdujo a principios del siglo XII un rito peculiar en la entrega de honores y entrada en vasallaje típico del feudalismo europeo; y a partir de Berenguer IV, príncipe consorte de Aragón, aparece con frecuencia la fórmula “ad usum et consuetudinem Catalonie o Barcinone”, acentuándose las diferencias entre las honores del interior y las tenencias fronterizas, las honores urbanas y las rurales, los castillos y las comunidades de frontera en la extremadura. Todo ello dentro de un feudalismo arraigado en las relaciones sociales de una sociedad en marcha vertebrada en torno al predominio de los señores y de la Iglesia. La heredabilidad de las honores sería el último paso hacia la feudalización de las relaciones sociales y políticas que a partir del siglo XII recrudecería sus diferencias y conflictos por cuestiones de competencias entre la monarquía y los nobles, aristocracia y caballería, consecuencia todo ello de las transformaciones ocurridas en Aragón a partir de la ocupación y repoblación del Ebro y en Navarra a raíz de la restauración de la monarquía pamplonesa con García Ramírez, el Restaurador, en 1134.
Torre del castillo de Sos
Muchas “tenencias” se fueron acumulando en manos de unas pocas familias que trataron de convertirlas en hereditarias, lo que en cierta medida consiguieron, dando origen a la primera nobleza del Reino entre la segunda mitad del siglo XI y la primera del XII.
Entre los tenentes más conocidos del castillo de Sos figuran, además de su primer tenente Gimeno Garcés (1006-1054), su hijo Sancho Galíndez (1054-1080), a quien le sucedieron sus hijos Jimeno Sánchez(1083-1086) y Galindo Sánchez(1086-1106). Sos se muestra así claramente como la tenencia “patrimonial” de este linaje, mantenida bajo su dominio ininterrumpido durante un siglo, desde 1006 hasta 1106.
 La alta alcurnia del linaje explica que de 1060 a 1090 las principales tenencias de la zona de la Valdonsella (Sos, Uncastillo, Ruesta, Luesia) se encuentren controladas por los miembros de una familia. En ello influye, sin duda, el hecho de que en esta centuria las plazas de esta comarca estén bajo control directo de los miembros de la familia real o de personajes muy allegados a ésta[1].
En el siglo XII la posición de esta primera familia de tenentes cambiará: Alfonso I sustituyó los tenentes por otros, como Banzo Fortuñones en 1110, personaje ligado a la familia real. Posteriormente la tenencia de Sos volvió a pasar al primitivo linaje: en el año 1111 figura como tenente de Sos Iñigo Galíndez, hijo de Galindo Sánchez; en 1124 su yerno Dn. Antón Atorrella; en 1129 Sanz Garceyz, entre 1130 y 1134 Lópe López, hermano del anterior. A partir de ésta fecha el ocaso de esta familia es notorio, aunque aparecerán ocasionalmente como tenentes en Ejea y Tauste.

Otros tenentes de Sos fueron:

-         Entre 1134 y 1136: Frontín.
-         1136: Guillermo Aznárez de Oteiza
-         1137: Pedro Taresa.
-         1139: Guillen Aznarez.
-         1154-1160: Deus Aiuda.
-         1180: Pedro Ladrón (hijo de Deus Aiuda).
-         1187-1190: Jimeno de Luesia.
-         1191: Pedro Cornel.
-         1196-1209: Micael, Eximinus de Luesia y García de Rua.
-         1210: Martín de Luesia.
-         1228: Martín García de Layana.
-         1244: Sanz D’Arrua
-         1287: Eximino de Artieda.
-         1291 Johan Fortun.
-         1310-1313 Pedro Garcés.
-         1313-1327 Gil Martínez de Undués y Pedro Martínez Luna.
-         1363   Rui Pérez de Abarca y Juan Ramírez de Arellano.
-         Finales del siglo XIV: Martín de Lozano
-         1425 Juan Pérez de Urriés
-         1440: Miguel de Ruesta, último alcaide, debiendo entregar, por orden de Alfonso V, la fortaleza al concejo, o a su procurador o síndico para que lo guardase como castellano[2].

A partir de 1440 fue el propio municipio el que nombre por cortos períodos de tiempo a los que debían vigilar el castillo, a quienes se les recompensaba con un salario que se obtenía de las rentas de los hornos y castellajes que desde entonces gestionaron los magistrados locales; así, en 1441 fue Sancho de Agüero, en el período 1499-1504 el infanzón Martín de Artieda, o García de Rúa en 1512, quienes se hicieron cargo de la vigilancia del castillo.




[1] Piedrafita, E. Sectores sociales y ocupación territorial en las Cinco Villas.
[2] J. Cabezudo Astraín, A. Guillen de Jaso. Noticias históricas de Sos, p. 178.




BIBLIOGRAFÍA



-CABEZUDO ASTRAIN, JOSÉ, y ANTONIO GUILLÉN DE JASSO. Noticias históricas de Sos. Cuadernos de historia Jerónimo Zurita, nº 3, pp. 162-182. Zaragoza, 1952.
-CANELLAS LÓPEZ, ÁNGEL,ÁNGEL SAN VICENTE. Rutas románicas en Aragón. Encuentro S.A. Madrid, 1995.
-FORTÚN PÉREZ DE CIRIZA. Documentación medieval de Leire: catálogo (s. XIII al XV)
-MARTÍN DUQUE, ÁNGEL J. Documentación medieval de Leire (siglos IX al XII) Pamplona, 1983.
-MORET, P. Anales del Reino de Navarra. Imprenta Pascual Ibáñez. Pamplona, 1776.
-PIEDRAFITA PÉREZ, ELENA. "Sectores sociales y ocupación territorial en las Cinco Villas (siglos XI al XIII)", en Sarasa Sánchez, Esteban: Las Cinco Villas aragonesas en la Europa de los siglos XII y XIII. I.F.C., D.P.Z., 2005.
-UBIETO ARTETA, AGUSTÍN. Los "tenentes" en Aragón y Navarra en los siglos XI y XII . Anubar. Valencia, 1973.

En la web:
-LACARRA de MIGUEL, J. M. Honores y tenencias
-UBIETO ARTETA, AGUSTÍN. “El sistema de tenencias (siglos XI-XII)”, en Cómo se formó Aragón. (versión on line)
-Atlas de historia de Aragón. I.F.C.

sábado, 9 de mayo de 2015

ELEMENTOS AUXILIARES EN LA FACHADA

En muchas fachadas de las viviendas de Sos existen unos  elementos auxiliares que apenas les prestamos atención, bien sea porque actualmente ya están en desuso y han quedado en el olvido o porque no son componentes estructurales del edificio o no forman parte de la decoración de la fachada, pero sin duda en un tiempo no muy lejano fueron piezas imprescindibles y muy utilizadas en la vida diaria de los vecinos. Son el branquil, los poyatos, las argollas y las clavellineras.

El branquil

En muchas puertas suele haber un pequeño escalón o branquil que determina la separación entre la calle y la entrada al patio de la casa. Su función es evitar la entrada del agua, paja, tierra o barro y mejorar el ajuste del portón de entrada por el lado inferior.




La casa popular del sosiense no se acaba en su espacio interior y cerrado, zonas claramente exteriores como la puerta constituyen verdaderas “prolongaciones” de las viviendas.
A un lado de la entrada de la casa, o a ambos, aparecen a menudo bancos de piedra adosados al muro. Son los poyos, poyatos o petriños que, originariamente, servían de apoyo para bultos y facilitaban la carga, descarga y monta de las caballerías.
También utilizaban estos poyatos las mujeres de Sos para realizar ciertas labores domésticas y personales, como la costura, la charla, la tertulia, los juegos, el arreglo personal, u otras labores  agrícolas como el desgranado, el descascarillado de frutos secos, ...



Poyatos a ambos lados de la puerta
     .





En casas de distinta posición económica, donde se podían permitir tener caballerías, existen, junto a los portales, algunos elementos que permitían mantener atadas a las mismas. Pueden ser argollas de hierro o herraduras.






En algunas ventanas, generalmente en la última altura o “falsa”, a ambos lados del vano, cercano al borde y a mediana altura, se colocaban unas estacas empotradas en la pared, llamadas clavellineras y se utilizaban como fresquera o secadero, pudiendo colocarse entre ambos una barra transversal donde se colgaban los productos agrícolas.
Clavellineras en una casa abandonada de Sos














BIBLIOGRAFÍA

-BIARGE, FERNANDO Y ANA. Piedra sobre piedra. El paisaje pirenaico humanizado. Arpirelieve S.A. Huesca, 2000.




CASTILLO DE AÑUÉS

Situación

Castillo de Añués, en la muga entre Aragón y Navarra

El castillo, o Torre de Añués, perteneciente al término municipal de Sos, se encuentra al noroeste de la Villa, a mitad de camino entre Sos y Sangüesa, a 515m de altitud.
Para llegar a Añués hay que tomar la carretera de Sangüesa, recorrer unos tres kilómetros y desviarse a la izquierda bordeando el canal de las Bardenas, cruzándolo por el tercero de sus puentes de servicio y atravesar una pista hasta que tomamos un poco de altura. Desde aquí lo divisaremos bien dada la altura de su torre y su ubicación sobre una pequeña elevación en el despoblado que lleva su mismo nombre, a la sombra del monte Chaparral .Enseguida nos percatamos, dada la proximidad con Sangüesa, que nos encontramos justo en la muga con Navarra, imaginándonos la función militar para la que fue diseñado y edificado. También podemos llegar hasta él a pie, tomando el sendero histórico GR 1 que pasa por Sos y tras un paseo de 7,5 Km.
Señal del sendero histórico GR 1 en Añués indicando la dirección a Sos y su distancia (7,5 Km)


Historia

Este castillo, uno de los más antiguos de la provincia de Zaragoza, era más bien un puesto de vigilancia avanzado sobre la vecina Navarra. Las primeras referencias históricas datan de un documento falsificado del año 880, cuando el municipio era propiedad del monasterio de Leyre, donado a éste por el rey García Iñiguez junto con Lerda[1]. Según Ubieto Arteta, citado por C. Guitart, es la antigua “Annuissem.”
En la documentación del monasterio de Leire se conservan varias referencias a la antigua villa y a su iglesia, citando el lugar con topónimos como Anias, Anios, Aniosse, Agnos...
En 1088 Aznar (Acenarius clericus de Anios), clérigo de Añués, encomendó su cuerpo y su alma a San Salvador, por medio de un instrumento en el que figura un tal García, “...sacerdos de Anias.”
En 1090 García Fortuñones de Villatuerta y su mujer Toda Galíndez estipularon que tras su muerte pasaría a propiedad del abad Raimundo y el monasterio de Leire su alodio y “palatium” de Añués[2].
 En 1098 esta posesión fue confirmada al abad Raimundo, reconociendo sus derechos sobre la villa[3]., figurando entonces como “Anoise”. Parece ser que la donación consistía en la mitad de la honor que había poseído allí, pues la otra mitad fue entregada por los hermanos de García, Ortí Ortiz de Cortes y Sancha, en 1099, cuando confiaron a su sobrino Lupo, hijo de García y Toda, al monasterio navarro.
En el mismo año (1098), y con motivo de la consagración de San Salvador, el rey Pedro I reconoció los derechos del monasterio sobre la villa. Un diploma datado antes de 1115 afirma que la villa había sido donada a los monjes del monasterio de Leire por el monarca, expresando al mismo tiempo la existencia de una iglesia en el lugar. El mencionado diploma fue suscrito por García, prior de Añués, lo que indica que la iglesia fue, probablemente, sede de un priorato dependiente del monasterio navarro. Por sentencia arbitral, la posesión del templo por los benedictinos no tendría lugar hasta el año 1197.
 En 1136 el Abad García liberó a los hombres de Añués de las malas pechas y los malos fueros, regulando sus relaciones con el monasterio. Por estas fechas se repobló la villa y se mejoraron las defensas del castillo ante el peligro de alguna invasión navarra. Permaneció en el señorío del monasterio de Leyre hasta que en 1305 los monjes del monasterio lo permutaron a Jaime II por el patronazgo de la iglesia de La Real.
En 1473 Juan II lo entregó a Juan Ortiz por la ayuda prestada por éste durante la guerra civil. 
La población fue perdiendo importancia y quedó deshabitado en el siglo siguiente. Sus últimos señores fueron los Añués, hasta la Desamortización, y en 1840 lo adquirió Marco Antonio Bonafonte, en cuya descendencia familiar continúa.[4]

Arte

Lamentablemente no tenemos información arqueológica de profesionales sobre este emplazamiento, pero sí un fabuloso estudio realizado por A. García Omedes.
Torre de Añués
Lo que más destaca, y por consiguiente, lo primero que observamos es su torre, de unos doce metros de altura, de planta cuadrada de unos cuatro metros de lado, con una aspillera en la zona inferior y dos en la superior, y está rematada con almenas. En su interior una escalera de caracol, en piedra.
Adosada a su costado norte vemos los restos de lo que fuera un templo románico de época tardía (XII-XIII), dedicado a San Pedro, edificado en buena piedra sillar con una cuidada técnica, orientado canónicamente, de 18,5 m de largo por 5,5 de ancho; conserva el muro de poniente, la práctica totalidad del muro sur con el presbiterio y algo de los pies del muro norte. El cilindro absidial ha desaparecido, pero se observan sobre el terreno hiladas de sillares que lo perfilan. 






Restos de una edificación posiblemente musulmana
Una granja del último siglo se adosa a todo el conjunto. A unos quince metros hacia el noroeste del templo, en la zona más elevada del pequeño oppidum, queda el basamento de una construcción de planta cuadrada de unos siete metros de lado edificada a base de grandes sillares irregulares y poco trabajados colocados a hueso, que bien pudieran corresponder a una torre anterior, quizás musulmana.
El presbiterio sur forma parte del lienzo norte de la torre. Posee una puerta de medio punto dovelada cegada, que comunicó ambas estructuras. Una imposta biselada recorre la unión de muro y bóveda, de la que se conserva el arranque en este lugar y por detrás del mismo, permitiendo aseverar que era de medio cañón apuntado.
Tras el amplio presbiterio, el muro sur muestra el lugar donde hubo un ventanal, con su medio punto a partir de la imposta. Hubo dos arcos fajones apeados en pilastras adosadas al muro, mediante continuación de la imposta descrita. La más anterior ha desaparecido, quedando su cicatriz, y la posterior, permanece íntegra.
El muro de poniente permanece completo hasta el nivel superior del ventanal derramado al interior que lo centra en altura. Hay mechinales en los muros laterales que evidencian la presencia de un coro alto de madera.
A la derecha de la imagen: cierre de mampostería del muro norte
Gran parte del muro norte ha desaparecido y se sustituyó por un cierre de mampostería hasta enrasar con la fachada este de la torre, probablemente para poder cerrar y utilizar como sala para uso diferente al original. Desde el interior de la granja adosada al conjunto podemos ver la zona exterior del muro sur del templo y los contrafuertes que señalan la existencia de pilastras al interior.
Frontal de la torre, donde se aprecian las diferentes hechuras en su construcción
En la base de la torre está la zona más antigua del conjunto. Se ubica en su frontal con el ventanal aspillerado y en el ángulo sureste de la misma. Allí los sillares son de diferente hechura, más toscos, irregulares y arcaicos, cuyas primeras hiladas están formadas por enormes bloques, que cuando devienen tizones alcanzan todo el espesor del muro. Son de la misma época que las cinco primeras hiladas de la primitiva muralla pétrea de Sos en lo que fuera palacio de Sancho Garcés. Hacia el norte de esta zona se aprecia la diferente hechura de lo que fue templo del siglo XII-XIII, y en la parte alta de la torre se aprecia, incluída en ella, el perfil de la cornisa del muro sur del templo. 
Cornisa del muro sur del templo empotrada en la torre
No es normal picar en una torre  para empotrar una cornisa que no se ha de ver; lo que evidencia que el templo se estructuró adosado a una pequeña edificación arcaica, y posteriormente se levantó una torre defensiva sobre ella aprovechándola como arranque. Teniendo en cuenta que la construcción  del templo data hacia el siglo XIII, la zona media y alta de la torre, con su elegante escalera de caracol construida en su interior, ha de ser, por lógica, de finales del XIII o ya a principios del XIV.
Exterior del muro de poniente, con ventanal centrado y derramado al interior y los mechinales para soportar el suelo del coro
Cuando se edificó tardíamente la escalera de caracol, se dejó una oquedad para permitir la iluminación del arranque, y a través de ella,en el espesor del muro sur del templo, por detrás de la segunda columna, contemplamos un absidiolo. Sobre el ventanal, hay imposta biselada de la que arranca una bóveda de cuarto de esfera de pequeñas dimensiones y tosca ejecución.
La diferencia de hechuras con el templo descrito como del XII-XIII es abismal para ni siquiera sospechar que fuera una capilla adosada. Debió de ser parte de un pequeño templo de cabecera plana, orientado, prerrománico(hispanovisigodo)[5]





[1] Ubieto Arteta, A. Documentos reales navarro-aragoneses hasta el año 1004. Zaragoza, 1986., doc. 5, pp. 24-27.
[2] Martín Duque, Angel J. Documentación medieval de Leire, (siglos IX a XII). Doc. 132, pp. 192-193.
[3] Martín Duque, Angel J. Documentación medieval de Leire, (siglos IX a XII) Doc. 164, pp. 234-237.
[4] Cabañas Boyano,A. Aragón, una tierra de castillos, El Periódico de Aragón, Zaragoza, 1999. p. 170.Guitart Aparicio, C. Castillos de Aragón; T. III, p.151, Librería General, Zaragoza, 1999.
[5] A. García Omedes. Romanicoaragones.com.


BIBLIOGRAFIA

-ACÍN FANLO, J. L. Arquitectura románica. Vol. 5. Universidad de Barcelona.
-CABAÑAS BOYANO, AURELIO. Aragón, una tierra de castillos. El Periódico de Aragón. Zaragoza, 1999.
-CABAÑERO SUBIZA, BERNABÉ. Los orígenes de la arquitectura medieval de las Cinco Villas (891-1105): entre la tradición y la renovación. Cuaderno de las Cinco Villas, 3. C.E.C.V. Ejea de los Caballeros, 1988.
-GUITART APARICIO, CRISTÓBAL. Castillos de Aragón, III. Librería General. Zaragoza, 1999.
-MARTIN DUQUE, ANGEL J. Documentación medieval de Leire (siglos IX al XII). Pamplona, 1983.
-UBIETO ARTETA, A. Documentos reales navarro-aragoneses hasta el 1004. “Textos medievales”, 72. Zaragoza, 1986.

En la web:
-castillosespanyoles.bolgspot.com
-www.romanicoaragones.com

sábado, 2 de mayo de 2015

LAS TRES ALTURAS DE LA CASA: PATIO, PRIMER Y SEGUNDO PISO

 

Las casas tradicionales suelen estar compuestas por un sótano, planta baja o patio, una primera planta donde se ubicaba la cocina y las habitaciones (había casas que disponían de un segundo piso destinado también a habitaciones) y la última planta, conocida vulgarmente como falsa, que se destinaba a granero, secadero y despensa.

EL PATIO DE ENTRADA
El patio o zaguán es el espacio inmediato al que accedemos tras cruzar la puerta de entrada; este espacio resulta ser muy funcional, pues es, a la vez, zona de paso y de acceso y distribución a las diferentes estancias de la planta baja y edificios anexos, por lo que en general suelen ser bastante amplios. Desde el patio una escalera ascendía a la planta superior y otra descendía a la bodega, utilizada para tal fin y también como almacén.

Amplio patio con un  pozo en una esquina. Sos del Rey Católico
Patio en planta baja. Sos del Rey Católico.





















Asimismo, si la vivienda era de un comerciante o artesano, se utilizaba el patio como  tienda o taller de éste, y en caso de ser morada de un agricultor se disponía, en torno al zaguán, todo lo relacionado con la economía y el consumo familiar y con las labores agrícolas: la cuadra, la choza del cerdo, la bodega, la leñera, la despensa, el granero, el pozo, el almacén de aceite, la majadería, el abrevadero, los útiles y aperos de trabajo, algunos productos agrícolas y el “cenicero”, lugar donde se guardaba la ceniza utilizada para blanquear la colada.
El patio de entrada también cumplía las funciones de zona de recibimiento, lugar de encuentros y tertulias con los vecinos o donde realizar algunas labores agrícolas, como el descacarillado.
El suelo de los patios de los hogares humildes era simplemente de tierra pisada; otros, en casas de mayor rango, suelen estar enlosados o empedrados con cantos rodados o ruejos colocados de manera que forman atractivos y artísticos dibujos, algunas veces muy recargados y complejos.
Patio con el suelo empedrado formando dibujos. Sos.
Patio combinando losas y empedrado. Sos del Rey Católico.

 En ambos casos, tanto la losa de piedra como los ruejos, se asientan sobre un mortero de barro, constituyendo un pavimento pesado y firme, que ofrece gran seguridad contra el deslizamiento, por lo que se prefiere en los lugares transitados por caballerías. Pero este tipo de suelo es de difícil limpieza y conservación, por lo que muchos de ellos han desaparecido. No obstante, afortunadamente aún se conservan algunos de ellos, mostrando la gran calidad de sus trabajos.







Empedrado en el patio del Palacio Español de Niño. Sos del Rey Católico
                                          

EL PRIMER PISO
En el primer piso se encuentran la cocina y los dormitorios. La cocina es la pieza fundamental de la casa, donde está el hogar, centro de convivencia y testigo de acogedoras veladas en torno al fuego. Allí, junto al fuego, es donde las familias pasan el resto del día una vez terminadas las labores del campo o el trabajo diario; allí, al lado del fuego, se cocina, se come, se comentan los problemas de la casa y del trabajo, se habla de la economía familiar, se educa a los hijos con las enseñanzas ancestrales legadas por los mayores, se discuten los problemas, el porvenir de los hijos, se cuentan historias de antepasados, cuentos, leyendas, se reza,... en fin, es el centro neurálgico de la casa y el punto de encuentro de sus moradores

Cadiera alrededor del fogaril


                               Este “fogaril” solía situarse junto a la pared exterior o en el centro de la sala y solía tener forma cuadrada y estar situado bajo el gigantesco paragüas de una  chimenea o rialda de ancha boca y forma cónica; en él se coloca la losa de arenisca o rodena para el fuego, en sus ángulos se suelen poner los morillos , barrotes de forja empotrados en el suelo que impiden que los troncos se deslicen fuera y rueden, y colgando de la chimenea el “canaril”, los cremallos o calderizos (cadenas que sostienen el caldero donde se guisa sobre la lumbre).Para guardar la ceniza se coloca en la pared el cenicero. Muchos otros utensilios complementaban la cocina tradicional: sujeta a la pared está la “espedera”, en cuyas estanterías se colocan pequeñas vasijas, los “espedos” de hierro para asar la carne ensartada y los “trébedes”, usados para sostener sobre el fuego las perolas;el aparador donde se guardaba la vajillería; las mesas de “pata de lira” que servían de escritorio en las casas principales; los arcones con el ajuar doméstico, las mesitas tocineras donde se aviaban los menudos de la matanza del cerdo, fuelles, candiles y otros utensilios completaban la cocina.
Alrededor del fogaril se extendía  un banco para sentarse, conocido como cadiera, con sus pequeñas mesas abatibles para comer, la cantarera de arquillos o los armarios vajilleros acoplados en otro muro, el masador y, a veces, unas ventanas con banquillos (festejadores) donde conversar y coser (todos ellos, espacios dedicados a la trasmisión de la cultura).
Habitación con alcoba




Contiguos a la cocina, para aprovechar el calor del fogaril, se encuentran los dormitorios que, a veces, son habitaciones independientes y otras están dispuestas a modo de alcobas en el interior de una sala.
                                                                                

EL SEGUNDO PISO
En la segunda planta puede haber más dormitorios o situarse directamente la falsa, espacio abuhardillado que ocupa toda la extensión de la planta, bajo la techumbre, y que suele servir de almacén de alimentos, secadero de grano y lana, y de“trastero”.
LA ESCALERA

Patio. Escalera de acceso al primer piso. Sos del Rey Católico
La escalera es un elemento espacial de cierta importancia como zona de paso o unión, cuya función es facilitar el acceso al piso superior. En un principio no se le dio mucha importancia a la escalera, simplemente la que requería por ser un elemento indispensable de acceso a otras plantas, pero con el paso del tiempo fue adquiriendo cierto peso en el aspecto decorativo de la vivienda, hasta el extremo de llegar a definir y diferenciar  el bienestar, el confort y la ostentación. La balustrada, generalmente de madera, tiene especial interés, pues pueden encontrarse casos de excelentes trabajos de talla muy sofisticados.
Escalera de madera en La Mora Baja
Listones de madera en el borde. Sos.


La escalera se solía cubrir con el mismo tipo de pavimento que el resto de la casa y con un listón de madera en el borde, aunque el primer tramo suele ser de piedra. En las casas más humildes se confeccionaba con sencillas tablas de madera.


Preciosa escalera adornada con cerámica y balaustrada trabajada en madera. Sos del Rey Católico.




BIBLIOGRAFÍA

 -BIARGE, FERNANDO Y ANA. Casa por casa. Detalles de la arquitectura rural pirenaica. Arpirelieve. Huesca, 2001.

-GIMÉNEZ AÍSA, Mª PILAR. Arquitectura tradicional de las Cinco Villas. Adefo Cinco Villas. Zaragoza, 2008.