domingo, 12 de junio de 2016

LA GANADERÍA DE SOS EN LA EDAD MEDIA.LA CASA DE GANADEROS

                                                       

Sos ha sido siempre una villa eminentemente agrícola y ganadera. Ya en los siglos XII, XIII y XIV la villa de Sos mantuvo litigios con el concejo de Castiliscar porque sus ganados entraban a pastar en tierras de Sos, lo que indica que desde una época muy temprana la ganadería formaba parte importante de la economía sosiense.

La zona de Sos del Rey Católico ofrece numerosos pastos
para la cabaña ganadera.
Tras la expansión territorial que realizó la Villa durante el siglo XIV y que continuó en la centuria siguiente, agregando aldeas y despoblados al municipio (El Real en 1363 y sus aledaños de Fuente Aragón y Añués; Basanoz en 1366; Ceñito en 1375; en 1400 Arbe, Gordués y su jurisdicción...) Sos obtuvo una extensa superficie de terreno donde las yerbas y los excelentes y abundantes pastos de la comarca, además de proporcionar alimento para la cabaña ganadera del municipio, suponían el principal ingreso para la hacienda local, pues el Concejo vendía anualmente los herbajes como pastos de invierno a ganaderos del Pirineo aragonés y navarro.
Aragoneses y navarros introducían cada año gran número de reses en Sos, como así se desprende de la declaración de varios vecinos navarros en diciembre de 1446 al collidor de la tabla del General de Sos, según la cual  Juanco Lavasti metió 215 vacas y bueyes, cuatro rocines y tres yeguas en los términos de la villa; el mayoral de la cabaña de Petri Manch, vecino de Isaba, introdujo 690 borregos, carneros y cabras junto a 5 rocines; Miguel Ochoa, de Burgui, 55 ovejas, carneros y cabras;su vecino Sancho Barriata 340 ovejas, e Iñigo Barriata, 580 ovejas que pastaron en Gordués[1]. El 16 de diciembre del año siguiente, Eneco Bidondo, metió 3.300 ovejas, carneros, borregos, cabras, y 4 rocines en los montes del Real[2]. En total se puede estimar que los rebaños procedentes de Navarra que acudían a pacer en Sos y en su entorno más cercano a mediados del siglo XV ascendían a unas 5.000 cabezas de ganado menor y a unas 250 de ganado mayor, una cantidad a la que habría que sumar las manadas procedentes del Pirineo aragonés, que podrían igualar e inclusive superar las cifras navarras, pues se tiene constancia de que en 1441 un ganadero de Jasa y otro de Aragüés introdujeron 3.600 ovejas en los montes de El Real; en el contrato se especificó que la villa se reservaba 400 varas para herbajar otras 5.200 ovejas, con lo que se deduce que el término de Sos tendría capacidad para alimentar a unas 9.000 cabezas de ganado menudo a mediados del Cuatrocientos[3].
Ovejas pastando en Sos del Rey Católico.
La presencia de estas cabañas foráneas fue trascendental para Sos, entre otras causas, como antes se ha dicho, por los suculentos ingresos fijos que significó para las arcas municipales, puesto que durante la mayor parte del Cuatrocientos y en los inicios del siglo XVI el concejo obtuvo de media en cada ejercicio anual unos 5.000 sueldos por razón de los herbajes, lo que representaba alrededor de la mitad de las entradas globales de su hacienda[4]

 Pero a finales del Cuatrocientos se produjo en Sos un fuerte aumento de la demanda, en primer lugar, de materias primas por parte de los mercados, incluso a nivel internacional, de lana; y en segundo lugar, a un nivel más local y comarcal, un aumento de la demanda  de productos como la carne, leche, queso o estiércol, lo que contribuyó a un incremento de las actividades pecuarias que originó que los ganaderos comprasen los principales pastos de la villa. Fiel reflejo de este incremento comercial se refleja en el peaje de Sangüesa. En 1363, sólo entraron, procedentes de Sos, 18 docenas y un saco de lana, y 18 libras y nueve docenas de añino en diversas operaciones muy modestas protagonizadas por varios vecinos que apenas llegaron a movilizar individualmente cifras significativas o cuantiosas. En el año 1380 el tránsito de este artículo aún fue más reducido, ya que sólo un tal Martín Gil de Jaca introdujo en Navarra el 10 de marzo una carga de lana y una saca de borra junto a un odre de óleo y diez docenas de cordeduras[5]. Sin embargo en 1447 fueron casi 800 arrobas de lana las que se exportaron al reino navarro desde Sos. Igualmente, en mayo de 1451, el mercader Martín de Munárriz, habitante de El Real, recibió 1.000 sueldos en comanda del sosiense Juan Guerrero menor de días, obligando 1.100 lanas que guardaba en las casas que el infanzón Martín de Olleta tenía en Sofuentes, muy probablemente adquiridas en la temporada de esquilado para posteriormente colocarlas en el mercado.
A través de otras operaciones comerciales de los mercaderes Sancho de Alegre, Juan Ezquerra y su hijo Juan, Juan Don Blasco, Diego Monterde, Sancho Ruiz o Español de Sos, podemos apreciar la trascendente y notable evolución de la comercialización de la lana entre Aragón y Navarra a través de Sos.
 Este aumento de la exportación de la lana se debió, entre otros factores, a la creciente actividad de algunos mercaderes de Sangüesa que, dentro de su más amplia labor de ámbito internacional, decidieron controlar la producción lanera de una zona próxima a su villa e insertarla en su área de influencia económica.
Rebaño de ovejas. Sos del Rey Católico
Asimismo, la producción de lana proporcionó abundante materia prima a los artesanos de Sos. Se tiene constancia que en las dos primeras décadas del Quinientos la industria textil en Sos dio trabajo, al menos, a 47 personas, de las cuales 21 fueron tejedores, 16 sastres, 8 pelaires, un calcetero y un tintorero[6], y esto se refleja fielmente en los inventarios de sus bienes, pues en la gran mayoría de relaciones de propiedades se menciona la lana, entre otras fibras textiles[7].
En cuanto a la producción alimentaria derivada de la ganadería, ésta aportó carne, leche y queso. La producción de carne derivada de la ganadería alcanzó una relevada importancia para el reino y para los ingresos de la Corona, siendo apoyada por los propios reyes.
 Igual que en el resto de la Europa medieval, donde cualquier mínima entidad poblacional poseía una carnicería, aquí en Sos y en todas las Cinco Villas también se abrieron carnicerías que las autoridades públicas arrendaban al mejor postor para garantizar el suministro de carne, con lo cual los ganaderos dispusieron de varias plazas donde colocar su producción. En los arrendamientos de las carnicerías, generalmente adquiridos por personas privilegiadas de Sos mediante concursos de subasta pública, los magistrados solían incluir una cláusula por la cual el carnicero debía comprar carne preferentemente a los vecinos, por lo que los dueños de las cabañas más amplias de la localidad se aseguraron el dominio de los mercados locales gracias a la política proteccionista de los municipios. “...yes condicion que los ditos arendadores e cada uno d´ellos si a comprar havran ganado menudo algunos, sian tenidos conprar et conpren de los ganados de los vezinos o habitadores de la dita villa pora servitut de las ditas sus tablas durante el tiempo sobredito los carneros, cabrones, cabras e ovellas aquellas que sea razonables e en justo precio de lo qual, si las ditas partes no sende concordaran, assi del precio como de las carnes, sia a conozimiento de dos personas nombraderas por los jurados de la dita villa mediant sagrament”[8]. Así lo hicieron en Sos los carniceros Sancho de Agüero, Juan Carlos, Gil Esparza, Ximeno Lozano, Juan Martínez de Castiliscar, Juan Ruiz o Español de Sos. Igualmente en los arriendos de la carnecería se concedían determinadas zonas de los comunes para que pastasen anualmente hasta 300 cabezas de ganado menudo que debían ser destinados al consumo local.
Lógicamente, el ganado menudo también proporcionaba productos lácteos que también fueron comercializados. En Sos, entre los diferentes géneros que los arrendadores de la tienda podían vender públicamente, en el año 1503 se incluyó el queso, decretando las autoridades locales que los arrendadores debían comprar el queso al primiciero y a los ganaderos[9], con lo cual, de nuevo la política económica concejil benefició a los propietarios de ganado reservándoles parte del mercado lácteo local, habiendo constancia de modestas exportaciones de queso hacia Navarra por parte de vecinos que no estaban especializados en actividades mercantiles, pero de esta manera conseguían unos ingresos extras para completar la economía doméstica[10].
El ganado, además de pieles, lanas y productos alimentarios, también aportaba abono natural para enriquecer la tierra y mejorar su producción. Generalmente los vecinos utilizaban el estiércol de los animales en sus corrales, pero también hay testimonios de compras de estiércol a instituciones como el concejo cristiano o la aljama judía. Así, en noviembre de 1489 Martín Alegre, habitante de Castiliscar, adquirió del consistorio de Sos el fiemo de la Bardena por 16 sueldos[11], y María Ruiz, viuda de Ximeno Olleta, obtuvo en el mismo año el arrendamiento durante una década de la pieza del fosar de los judíos y del fiemo de su corral por una renta anual de cuatro fanegas de trigo[12]
 Debido a este auge comercial no resulta extraño que la ganadería en Sos experimentara un gran incremento cuantitativo y cualitativo a partir del último cuarto del siglo XV, como así se desprende de la partición del diezmo de los corderos y cabritos del año 1476 entre el capítulo de San Esteban y el arcipreste de la Valdonsella, cuyos derechos estaban secuestrados por la Corte del Justicia de Aragón, sorteándose los animales por los jurados y dividiéndolos en dos partes iguales, correspondiendo al arcipreste 89 cabezas[13]. 35 años más tarde, en el mes de mayo de 1511 de nuevo se realizó el reparto del diezmo del ganado entre los eclesiásticos, cifrándose en 138 las reses a los que cada parte tuvo derecho[14]. Es decir, que en estos 35 años se produjo un aumento del 55% en las cantidades que los clérigos recibían como diezmo, que al ser una renta proporcional sobre la producción refleja los cambios de su volumen, aunque debe tenerse en cuenta, según comenta Abellá, que al no disponerse de datos de más anualidades, el resultado de la comparación debe ser tomado con mucha cautela[15].
En resumen, a finales del siglo XV la explotación de los generosos pastos de Sos, unida a la numerosa cabaña ganadera, facilitó que muchas familias del municipio participaran en el desarrollo de una ganadería de naturaleza claramente comercial, y que además permitía exportar al exterior grandes cantidades de lana, generando unos suculentos ingresos a los habitantes de la villa.
Debido a este espectacular crecimiento de la cabaña ganadera de Sos, el Concejo tuvo que limitar la entrada de ganado foráneo, pues la disponibilidad de pastos se había convertido en un verdadero problema que había que solucionar con urgencia, promulgando ordenanzas específicas acerca del uso y aprovechamiento de las yerbas[16]
Ordinaciones de Casa de Ganaderos
Archivo de Protocolos de Sos del Rey Católico. Sig: doc. nº1.257.
Así, a principios del XVI, en 1502, el concejo de Sos se reunió para reducir la entrada de ganado que los pastores extranjeros, generalmente del norte del reino, podían meter en los comunales de forma gratuita por cuidar rebaños de los vecinos, aduciéndose como razón última la multiplicación de los ganados que los vezinos de aquella tienen[17].
Al mismo tiempo, el crecimiento ganadero que se produjo tanto en Sos como en el resto de las localidades de las Cinco Villas y ante la necesidad urgente de la regulación de rebaños y pastizales y de resolver los grandes conflictos suscitados entre los ganaderos y pastores con los campesinos y terratenientes por el uso y posesión de pastos, aguas y pasos cabañeros, nacieron las asociaciones de ganaderos, primero en Tauste, Ejea de los Caballeros, Uncastillo, Sádaba, y finalmente, en el año 1533, el emperador Carlos V permitió a los sosienses tener juez y realizar ordinaciones para el buen regimiento de sus rebaños[18], creándose el ligallo de ganaderos de Sos. Entre las misiones de estas asociaciones, además de regular los pastizales y el agua para el ganado, estaban la autodefensa y la persecución de cuatreros y la reintegración al legítimo dueño del ganado perdido o robado.
Curiosamente en Aragón y en el ámbito de la Corona no se configuró, respecto a la actividad ganadera, una organización general bajo el control real como sucedió en la vecina Castilla con la creación de la Mesta en 1273. Mantuvieron autónomos sus ligallos, mestas y cofradías. Todas ellas se encargaban del aprovechamiento de los pastos y articulaban la trashumancia, defendían sus privilegios, cuidaban de las infraestructuras pecuarias, criaban razas autóctonas de ganado y la mezclaban con algunas foráneas para vender luego sus excedentes. No se sabe porqué los ganaderos de Aragón organizaron en épocas remotas sus actividades ganaderas sin seguir un modelo como el de la Mesta castellana, centralizado, controlado desde el poder y aglutinador. Algunos estudiosos apuntan a que quizás las razones se encuentren en el propio carácter de la persona aragonesa, caracterizada por una pura “filosofía individualista” y libertaria de las relaciones humanas[19].
Para esas fechas había en Sos 32 ganaderos censados pertenecientes a la asociación. Más de la mitad, 17 concretamente, formaron parte de las familias que frecuentemente ocuparon cargos públicos, es decir, miembros de familias privilegiadas. Entre ellas sobresalían los Ezquerra, con dos miembros en la asocisción (Juan y Martín), los Sen con otros dos(Juan mayor y Juan menor), los Morea y los Villar con dos miembros cada uno, los Español con tres (Español de Sos, Bartolomé y Alfonso Español) y los Guerrero con cinco (Martín, Pedro mayor, Pedro menor, Sancho mayor y Sancho menor), lo que facilitó que algunos ocupasen una posición relevante dentro de la corporación, sobre todo Bartolomé Español, que se caracterizó por arrendar yerbas al concejo de Sos para posteriormente incluir en los acuerdos al resto de ganaderos a cambio de que éstos se comprometiesen a hacer frente a los elevados costes de los alquileres de pastos.
     De este modo, para asegurarse yerbas con las que alimentar a su cabaña, en septiembre de 1495, Bartolomé Español consiguió que el Justicia y los jurados vendieran las yerbas de la Bardena durante un trienio por 2350 sueldos anuales, obligándole a traspasarlas al resto de ganaderos por el mismo precio: “...a rearendar o acoxer a qualesquiere vezinos de aquella que poner querran sus propios ganados en la dita yerba, pues paquen por aquellos al precio y respeto que a vos cuesta[20]; pocos días después, en octubre, se produjo el rearrendamiento de la Bardena por parte del notario a 22 ganaderos en las mismas condiciones que en el contrato original[21].En 1513 Juan del Sen, Sancho Guerrero y Pedro Guerrero menor de días fueron quienes habían comprado los pastos de la Bardena, de Sosito, de Ceñito y del Saso de Arbe por tres años por la suma global de 2.815 sueldos, recibiendo el compromiso del resto de ganaderos locales de participar en el pago de las yerbas en los plazos establecidos[22].
Pero ¿Cuántas cabezas de ganado había entonces en Sos? Desgraciadamente no disponemos de censos de ganado de aquella época, pero algunos documentos nos ofrecen una valiosa información por la que, aunque no podemos cuantificar la cabaña ganadera del municipio, sí podemos intuir su importante potencial.
 En el estatuto de la asociación de ganaderos de 1502 se estipuló que se consideraría como rebaño de ganado menudo aquel que excediese los 300 animales, y de ganado mayor el que sobrepasara los 50[23]. Teniendo esto en cuenta vemos que en las capitulaciones matrimoniales de María Español con Antón de Monterde del año 1502, Bartolomé, padre de la novia, le dio como parte de la dote cien ovejas, que debían salir mediante sorteo de sus dos rebaños, además de 100 corderos[24], con lo que muy posiblemente este ganadero poseyó una cifra cercana al millar de ovinos. El infanzón Pedro Lacasa, procedente de Tramacastilla y avecindado en Sos en 1495 y que llegó a ingresar en el ligallo local, cuando tuvo que declarar las cabezas de ganado que poseía, aseguró que su número era de 749[25]. Los Guerrero (don Juan Guerrero y su sobrino Sancho Pérez Guerrero) poseían en común en el año 1499 dieciocho yeguas y 800 cabezas de ganado menudo[26]. En las capitulaciones del hijo de Juan Espatolero en 1498, éste le donó a su vástago, entre otros bienes, una vaca, una asna y 50 cabezas de ganado menudo, y Agueza Ezquerro dio a su hija Toda Bueno diez cabezas de ganado menudo, entre otros bienes[27]
Los herederos de Martín Ximénez de Burriel se repartieron, en 1442, 8 yeguas, 2 potros y 3 potras, que posiblemente tuvieron como finalidad el cruce con garañones para criar mulas con fines a su comercialización, como permite suponer que en la partición se explicitase que el fallecido había vendido una mula antes de morir[28]
Por otra parte, las clases menos favorecidas poseían los animales de tiro necesarios para trabajar sus tierras siendo, por lo general, un par de bueyes, y en algunas ocasiones asnos o yeguas. Igualmente cada familia criaba cerdos para poder abastecerse de alimentos durante gran parte del año, como se desprende del testamento de Martina Pintano, en el que entre sus bienes se encontraba un cerdo de tres meses y un pernil de puerco salado de cuatro libras de peso[29], o Teresa de Rúa, en abril de 1503, que poseía un cerdo vivo y un puerco salado que se repartieron su marido y sus hijos a partes iguales[30].
Y en cuanto a ganado menudo, cada familia solía poseer pequeños y medianos rebaños. Así, entre los bienes de Sancho Bernat se registraron, el 29 de junio de 1442, cinco cabras mayores y tres chicas[31], y entre los de Pedro de Sada dos cabras en enero de 1503[32], lo que evidencia su exclusiva finalidad para el autoconsumo doméstico.
Mucho mayores fueron los rebaños de García Juan de Tomás, ya que en noviembre de 1441 sus herederos se repartieron 160 cabezas de ganado[33], o los de Marquesa Martínez en agosto de 1501, quien poseía 100 cabezas, cantidad suficiente para proceder a una pequeña explotación con vistas a su comercialización, lo que corrobora un apunte en esta última partición en el que se expresó que a la difunta se le adeudaban 200 sueldos por ganados que vendió, además de señalarse que sus familiares debían dividirse 61 sueldos por la lana que había despachado ese año[34].
         Con esto podemos hacernos una idea del potencial ganadero de Sos en el siglo XV-XVI, donde prácticamente todas las familias, a excepción de las más desfavorecidas, poseían ganado menudo y mayor, con mayor o menor número de cabezas, según se tratara de familias privilegiadas o no. Pero de lo que no hay ninguna duda es de la importancia que tuvo el sector ganadero en la economía de Sos en la segunda mitad del siglo XV, una etapa que supuso, además del impulso de las cabañas ganaderas que hemos visto, el crecimiento económico de la villa y una importante recuperación poblacional.
Madoz, en su diccionario geográfico, estadístico e histórico de España de 1848 menciona que Sos posee unas 25.000 cabezas de ganado lanar y cabrío y 600 cabezas de vacuno.
En las décadas posteriores, diversos factores relacionados con la economía, formas de vida y despoblación de Sos, generarán un lento y progresivo descenso del número de cabezas de ganado, aunque mantendrá todavía un peso importante en la ganadería comarcal de las Cinco Villas.
En 1914 la Guía Regional de Aragón arroja un censo ganadero de 7.600 cabezas de ganado lanar, 942 de cabrío, 183 cabezas de caballar, 667 de mular, 504 asnal y 26 cabezas de ganado vacuno.
La industrialización, la emigración a las ciudades, el cambio de vida de los habitantes, la progresiva orientación económica de Sos hacia el sector terciario y otros factores, como la falta de relevo generacional, la baja rentabilidad de la producción debido al aumento de los gastos básicos del rebaño, o el incremento de la producción agrícola en detrimento de la ganadera, harán que la cabaña ganadera de Sos siga perdiendo unidades progresivamente hasta ser una economía prácticamente testimonial.
El censo ganadero de 1999 del INE-IAEST registra 548 cabezas de ganado bovino en Sos, 10.657 de ovino, 256 de caprino y 58 de porcino
El último censo ganadero elaborado por el INE-IAEST en 2009 arroja las cifras de 62 cabezas de ganado bovino, 3.566 de ovino, 64 de caprino, 14 de porcino y 4 de equino.
Como puede observarse, en tan sólo una década el descenso de la cabaña ganadera ha sido alarmante, y si lo comparásemos con el número de cabezas de la Edad Media el resultado sería abismal.






[1] A.D.Z., ms.663.
[2] A.D.Z., leg. 761.
[3] A.H.P.S., Miguel Martínez de Sada, p. 370. f. 64v.
[4] Abellá Samitier, Juan. La villa aragonesa de Sos en la Baja Edad Media: economía, sociedad y manifestaciones de poder, pp. 798-799.
[5] Carrasco Pérez, J. “Peajes navarros. Sangüesa (1380)”, revista Príncipe de Viana, nº 126 y 127, 1972, pp. 129-150.
[6] Abellá Samitier, J. La villa aragonesa de Sos... cit. pp. 544-555.
[7] Abellá Samitier, J. La villa aragonesa de Sos... cit. pp. 545-551.
[8] A.H.P.S., Juan Zareco, 22/03/1450, p. 397, ff. 31-33.
[9] A.H.P.S., Bartolomé Español, p. 485, ff. 18-20.
[10] A.D.Z., ms., 663.
[11] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 449, ff. 40-40v.
[12] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 430, f. 6.
[13] A.H.P.S., Martín de Ampiedes, p. 394, f. 142 bis.
[14] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 466, ff. 49-49v.
[15] Abellá Samitier, J. "Los orígenes de una élite rural: la casa de ganaderos de Sos a finales de la Edad Media". STVDIUM, Revista de Humanidades, nº 17, 2011, pp. 65-95.
[16] Abellá Samitier, J." Los orígenes de una élite..."cit. pp. 72-73.
[17] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 459, ff. 43-44v.
[18] Cabezudo Astrain, J. Guillén de Jaso, A. Noticias Históricas de Sos. Zurita, Jerónimo. Cuadernos de Historia, 3, p. 179.
[19] Fernández Otal, José Antonio.”Un periplo pastoril por Aragón, el país de los ligallos”, en La casa de ganaderos de Zaragoza. Ocho siglos en la historia de Aragón, p. 61
[20] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 453, ff. 50-51v.
[21] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 453, ff. 50-51v, ff. 58-58v.
[22] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 438, ff. 47v-48v.
[23] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 459. ff. 43-44v.
[24] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 459, ff. 16-18.
[25] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 437, f. 3v.
[26] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 456, ff. 3v-5v.
[27] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 441, f. 1.
[28] A.H.P.S. Miguel Martínez de Sada, p. 373, ff. 7-10v.
[29] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 459, ff. 24-25.
[30] A.H.P.S., Juan de Murillo, p. 495, ff. 110-112v.
[31] A.H.P.S., Martínez de Sada, p. 373, ff. 39-41v.
[32] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 460, ff. 6v-7.
[33] A.H.P.S., Miguel Martínez de Sada, p. 370, ff. 70-70v.
[34] A.H.P.S. Miguel del Sen, p. 458, ff. 62v-64.





BIBLIOGRAFÍA

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