martes, 10 de abril de 2018

NATURALEZA Y POESÍA EN SOS. 11- EL CIPRÉS

           
Ciprés (cupressus sempervirens)
en el cementerio de Sos del Rey Católico
 El cupressus sempervirens, también llamado ciprés común, ciprés mediterráneo, ciprés piramidal o ciprés de los cementerios, es un árbol de la familia de las cupresáceas, muy rústico, que crece en todo tipo de suelos, excepto los muy encharcados y salinos, muy resistente a la sequía, las heladas y al viento, y llegando a vivir más de 500 años ( se conocen ejemplares que superan el milenio)
            No es un árbol representativo de la comarca de Sos. Su localización se reduce básicamente al lugar donde la tradición popular y la simbología floral sitúa los cipreses: en el cementerio.
            Aunque hay quienes relacionan los cipreses con la muerte, su simbología más conocida y generalizada es aquella que los relaciona con la inmortalidad y con el sentimiento universal que transmiten, el ansia de paz espiritual, y es por esta razón por la que normalmente los encontramos en los cementerios de prácticamente todos los municipios de España.
             Igualmente, esta ansia de paz espiritual que transmite el ciprés y la firmeza de la fe cristiana que genera su contemplación ha sido fuente de inspiración de muchos artistas y poetas. 
           
Cipreses en la entrada del cementerio de Sos



           Gerardo Diego, uno de los máximos exponentes de la Generación del 27, escribió el conocido soneto "El ciprés de Silos", uno de los poemas más leídos y comentados de la literatura española. En esta ocasión el ciprés no se encuentra en un cementerio, sino en el claustro del monasterio de Silos (Burgos), pero basta acercarnos al cementerio de Sos, contemplar los cipreses y entender a la perfección lo que Gerardo Diego, con un lenguaje muy sencillo, siente al contemplar un ciprés.
         
                                         












                                                                                              EL CIPRÉS DE SILOS

Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño;
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi, señero, dulce firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.



El poeta ve, en la altura y la verticalidad del Ciprés, un símbolo del anhelo de eternidad que la fe provoca en el hombre. Después habla de sí mismo para confesarle al ciprés cómo llegó hasta él falto de espíritu y finalmente, tras contemplarlo, cómo sintió esa confianza en la fe que se desprende de la apariencia del árbol. 

Gerardo Diego (1896-1987)