domingo, 25 de febrero de 2018

ESCENAS DE ·LA "VAQUILLA" DE BERLANGA EN EL AÑO 1973

                Han llegado a mi poder ciertas fotografías de las fiestas en Sos del año 1973 de la plaza de toros en el conocido “Campo del toro” que bien podrían haber sido la fuente de inspiración del director de cine Luis García Berlanga para ambientar la plaza de toros de su famosa película “La vaquilla”, rodada en 1984.
               
Fotograma de "la vaquilla"

                       Infinidad de detalles que se ven en las fotografías coinciden plenamente con otros tantos detalles de las escenas del film. Desconozco si estas fotografías fueron vistas por Berlanga para ambientar las escenas, aunque conociendo personalmente al autor de las fotos, es bastante factible que esto pudiera haber sucedido. No puedo afirmarlo porque lamentablemente esta persona está ya fallecida,  pero lo cierto es que la similitud de detalles es tremenda y extraordinaria, como por ejemplo el alguacilillo que montado en su caballo encabeza el paseíllo de los toreros  y que en la película este carismático personaje es sustituido por una mujer, la actriz Violeta Cela (Guadalupe); curiosamente en la fotografía del año 73 el alguacilillo resulta ser también una mujer, detalle no muy corriente en una sociedad mucho más machista que la actual, donde el cometido del alguacilillo era tarea reservada exclusivamente para hombres. También en los dos casos, curiosamente, ambas mujeres portan sobre sus cabezas un sombrero cordobés. Igualmente, en ambos casos el caballo no lo controla el jinete, sino que es llevado por una persona a pie; la testuz del animal está adornada en la fotografía con una banderola, en este caso Berlanga sustituye la banderita por unas flores. La colocación del vallado del ruedo es de una gran similitud entre la fotografía y la película, así como los adornos con banderas españolas, palco presidencial, ubicación de mozos subidos al vallado, burladeros,…es como si la fotografía del año 73 fuera un fotograma de la película. Tanta coincidencia no puede ser sólo fruto de la imaginación del cineasta, y si es así, efectivamente era un genio; pero es de suponer que se informó y se documentó debidamente en el pueblo de Sos sobre ello.

Fotograma de "la vaquilla"


                            Sea cual fuere la fuente de inspiración o de documentación sobre la ambientación de la plaza, hay que reconocer que Berlanga supo estudiar y plasmar fehacientemente el ambiente de una plaza de toros en la España rural del 36, pero personalmente siempre me quedará la duda si Berlanga vió o no estas fotografías.

Fiestas de Sos. Año 1973


EL HOSPITAL DE SOS (II)

       
A los pies de los ábsides de San Esteban se ubicaba el antiguo hospital de Sos
 
           En una anterior entrada del blog ya hablamos del hospital de Sos (ver) y de su probable ubicación en la calle la Salud, al final de la misma y bajo los ábsides de la iglesia de San Esteban. Esta posible ubicación era la conclusión deducida de los informes de Espoz y Mina sobre sus intervenciones en  Sos en su afán de expulsar a los franceses de la villa y de la pequeña “pista” que nos ofrecía la toponimia del municipio por el hecho que una calle del pueblo se llamara “La Salud”. Esta localización era meramente especulativa, apoyada con sólidas razones de peso pero no contrastada documentalmente con información relevante que nos confirmara la supuesta ubicación que tuvo el antiguo hospital en Sos, por lo que su localización no quedaba totalmente asegurada y ratificada debido a la mencionada falta de documentación al respecto, simplemente eran conjeturas y deducciones.
                En mi empeño de seguir insistiendo en encontrar algo que confirmara mis sospechas sobre la ubicación del hospital, por fin localicé ciertas referencias en unos documentos sobre las hipotecas de unas casas que certificaron que mis deducciones y especulaciones eran totalmente ciertas, y ahora sí que podemos afirmar con total rotundidad dónde se ubicaba el antiguo hospital de Sos.
                Estos documentos son sendas escrituras de las hipotecas de unas casas que aparecen en los Títulos de la fundación del hospital de Sos de la Secretaría de la Junta Provincial de Beneficiencia de Zaragoza del año 1889[1]. Una de estas casas se encuentra lindante con el hospital, en el Barrio del Laurel, calle de la Amargura nº 83 (15/12/1858) indicando, además, que la encargada del hospital era  doña Sebastiana Ibarra, casada con Hipólito García, y la otra casa  en el Barrio de San Martín, calle La Palma nº 79, frente al portal de Jaca y casas de Antonio Lacosta. Aquí cabe indicar que la actual calle Ramón y Cajal anteriormente se llamó calle La Palma, y que la calle Amargura era una de las que ascendía hacia el castillo e iglesia por la parte este del municipio, desembocando en la calle La Salud, bajo los ábsides de San Esteban.
                Con estas acertadas referencias espaciales ahora sí que estamos en disposición de certificar, sin temor a equivocarnos, que el hospital de Sos estuvo ubicado al final de la actual calle La Salud, bajo los ábsides de la iglesia parroquial de San Esteban.




[1] A.H.P.Z. Beneficiencia, A/018511/0019

domingo, 11 de febrero de 2018

LEYENDA DEL CRISTO DEL PERDÓN

Hace cientos de años, en una noche cerrada y oscura, encontróse don Pedro, un apuesto galán de la villa de Sos, galanteando a su amada joven a través de la ventana de su casa. Después de despedirse de ella, dirigióse hacia su morada por las estrechas calles de la villa y, como si de un fantasma se tratase, salió una persona de un estrecho callejón, arropada con telas negras y envuelta su cara en ellas para que nadie le reconociese y, sacando su cuchillo, abalanzóse sobre don Pedro hundiendo éste en su pecho. Don Pedro, sin apenas poder defenderse de su atacante, cayó en el húmedo suelo de la villa exhalando su último suspiro mientras el desconocido personaje emprendía la huída amparado por la oscuridad de la noche.
Los días siguientes la justicia haría toda clase de averiguaciones para descubrir al asesino de tan infame y mezquino crimen y poder así ajusticiar al causante de semejante fechoría, pero no lo encontró.
Pasado un tiempo de este misterioso crimen, don Ferrán, un joven de Sos, requirió de amores a la joven que pretendiera el difunto don Pedro, pero ésta lo rechazó. Don Ferrán empezó a sufrir horrorosas pesadillas nocturnas que no le dejaban dormir, el remordimiento se adueñó de su alma y estaba sumido en un mundo de visiones donde la sangre y el rostro de Don Pedro no dejaban de aparecérsele en su recuerdo, sufriendo una constante y terrible angustia y desesperación. Había conseguido librarse de la justicia humana, pero no de la divina. En su desesperada lucha por encontrar alivio a sus sufrimientos buscó refugio y consuelo en las buenas obras y en la oración, visitando frecuentemente la Iglesia y recibiendo con fervor la Sagrada Comunión. Varias veces reveló a su confesor su fechoría declarándole el deseo de entregarse a la justicia, pedir perdón a la madre de don Pedro y cumplir así con el castigo terrenal que le correspondiera para verse así curado de la tortura espiritual que estaba padeciendo, a lo que el sacerdote se lo prohibió diciéndole que sería Dios quien terminaría con sus sufrimientos.
Cristo del Perdón (Foto de Archivo)
Solía don Ferrán orar frente al Cristo crucificado de la iglesia de San Esteban y allí en silencio, derramaba lágrimas de arrepentimiento, lágrimas que iban haciendo desaparecer las imágenes de la sangre y rostro de don Pedro que tanto le atormentaban. 
Poco a poco fue cogiendo fama de hombre caritativo y piadoso. Un día que se encontraba orando frente al Cristo, entró en la iglesia la madre de don Pedro, quien con lágrimas en los ojos le suplicó a don Ferrán: “incluye a mi hijo Pedro en tus oraciones y reza para que su alma descanse en paz, y pide también por mí para que pueda encontrar el consuelo y perdón para el asesino de mi hijo
Tal conmoción causó en don Ferrán estas súplicas que, inundado en lágrimas, cayó abatido al suelo confesando su crimen y suplicando el perdón de la angustiada madre antes de entregarse a la justicia. La madre, igualmente cayó al suelo mirando con horror al asesino de su hijo. En su alma luchaban el deseo de venganza con los sentimientos del perdón, levantó la cabeza hacia el Cristo buscando una respuesta y vio cómo éste adquiría vida, levando su cabeza, que hasta entonces tenía inclinada sobre su hombro, y abriendo sus párpados, adquiriendo sus ojos un brillo que la contemplaban esperando su decisión. Y mientras don Ferrán seguía suplicando su perdón, la madre se lo otorgó generosa.

Desde aquel momento la talla del Cristo muestra la cabeza erguida y expresando su mirada una solemne paz y sobrehumana bondad, llamándole desde entonces el Santo Cristo del Perdón.

lunes, 5 de febrero de 2018

NATURALEZA Y POESÍA EN SOS. 10-EL NOGAL

              El nogal (juglans regia) es un árbol frutal de hoja caduca de la familia de las juglandáceas, originario de Asia Menor y del sudeste de Europa, y cuyo fruto, la nuez, rica en Omega 3 y Omega 9, contribuye a reducir los niveles de colesterol y el riesgo de enfermedades cardiovasculares, además de usarse también en farmacología y dermatología.
           
               El nogal no soporta las heladas primaverales tardías ni temperaturas altas sin una mínima humedad, características no muy propias de la climatología de Sos pero tampoco demasiado exigentes como para que crezca algún nogal en estado salvaje en la comarca o cultivarlo convenientemente en terrenos particulares.
            Es por esto que no son muchos los nogales que podemos ver en la zona, pero que si nos damos un paseo por los alrededores de la villa de Sos encontraremos algunos de estos agradecidos frutales, aislados y conviviendo con otras especies.
                En Sos es muy corriente utilizar las nueces para elaborar el conocido vino de nueces la noche de San Juan.(ver)

            La grandeza, hermosura y esbeltez del nogal ha sido plasmada en numerosas obras literarias por parte de muchos poetas, y también ha servido como fuente de inspiración para el célebre escritor Félix María Samaniego, conocido por sus famosas fábulas con sus aleccionadoras moralejas. Del libro II del Tomo II de su colección de fábulas exponemos a continuación la fábula que lleva por título “La mona”.

La mona

Subió una mona a un nogal
y cogiendo una nuez verde,
en la cáscara la muerde,
aunque le supo muy mal.
Arrojóla el animal
y se quedó sin comer.
Así suele suceder
a quien su empresa abandona,
porque halla, como la mona,
al principio qué vencer.

Moraleja
            Todos sabemos que morder la drupa de la nuez todavía verde resulta muy desagradable por su amargo sabor. La moraleja que Samaniego nos quiere ofrecer  con esta fábula es la importancia que tiene el seguir adelante con nuestras metas y objetivos y no abandonarlos al primer tropiezo u obstáculo que encontremos, como le ocurrió a la mona, que por abandonar en el primer intento se quedó con hambre.

Félix Samaniego

           
Félix María de Samaniego
 


                Félix María Serafín Sánchez de Samaniego Zabala nació en Laguardia (Álava) el 12 de octubre de 1745. Fue músico, ensayista y dramaturgo, pero sin duda su gran éxito como poeta fue conseguir ser el mejor fabulista de la Ilustración española.
         Escribió sus fábulas para que sirvieran de lectura a los alumnos del Real Seminario Patriótico Vascongado de Vergara, publicándose en 1784 las Fábulas morales, 157 fábulas recopiladas en 9 libros y precedidas de un prólogo.
            Las fábulas de Samaniego, de carácter didáctico, tratan de instruir deleitando, imitando a los grandes fabulistas clásicos Fedro y Esopo  y al francés La Fontaine, terminando todas ellas con una moraleja aleccionadora de corte moral o de prácticas reflexiones sociales de convivencia.
            Sus fábulas más conocidas son la cigarra y la hormiga, la zorra y las uvas, el perro y el cocodrilo…
                 Falleció en su ciudad natal el 11 de agosto de 1801.








BIBLIOGRAFÍA

En la web:
-www.biografiasyvidas.com. Félix María Samaniego
-https://arbolesfrutales.org/nogal-todo-lo-que-debes-saber/ El nogal



LA CORONA DE LA VIRGEN DE VALENTUÑANA

Nuestra Señora de Valentuñana





La Vírgen de Valentuñana se halla en la iglesia del monasterio del mismo nombre(ver). En un principio la Vírgen tuvo sobre su cabeza una corona que, según la documentación existente, tenía once libras de plata, obra de la devoción y el amor que los vecinos de Sos y de la Valdonsella profesaban a la Vírgen.
Se tiene conocimiento que esta corona la robaron los ejércitos de Napoleón junto con otras joyas y objetos valiosos cuando Sos fue tomada por las tropas francesas a principios del siglo XIX.
El pueblo de Sos y otros municipios de la Valdonsella no querían ver a su Vírgen sin corona y le ofrecieron otra nueva.
Actualmente la corona que porta la Vírgen está hecha de oro puro, de veinticuatro quilates, y adornada por ocho perlas cultivadas, ocho rubíes reconstruidos, ocho esmeraldas reconstruidas y portando quince brillantes en los florones y veintiún brillantes más en la parte baja. El párroco y sus coadjuntores regalaron a la Vírgen una rosa de oro que colocaron en su mano derecha.
El 18 de mayo de 1964 fue coronada canónicamente la imagen de la Vírgen de Valentuñana por el obispo de Jaca, Dn. Ángel Hidalgo.

  



LEYENDA DE LA VIRGEN DE VALENTUÑANA

Fuera del recinto amurallado de Sos, en dirección a Navardún, se encuentra el monasterio de Valentuñana, un edificio barroco regentado por los padres agustinos recoletos.
Monasterio de Valentuñana. Sos del Rey Católico
Cuenta la tradición, que a mediados de la Edad Media, se apareció la Virgen en el tronco de una encina en este lugar y dejando prueba de su aparición brotó una fuente en la base del árbol. Los habitantes de Sos, en su honor levantaron una pequeña ermita, entre el arroyo que corría cercano a la encina y el nuevo manantial que de ella había surgido. Se llamó a esta ermita de “Entrambasaguas”, para que “ninguna de las aguas se quejase”.

Hoy en día, a la Virgen se la conoce como Nuestra Señora de Valentuñana, al parecer por la fusión de dos nombres, Valentín y Ana, quienes pudieran ser las dos personas que presenciaron la aparición mariana o los dueños del terreno donde se encontraba la encina y que devotamente cedieron para la construcción de la ermita.





BIBLIOGRAFIA

-GARCÉS ABADÍA MÁXIMO. La Villa de Sos del Rey Católico. Parroquia de San Esteban. Sos del Rey Católico, 1992.