martes, 16 de julio de 2019

EL "MATON" DEL PUEBLO

             
         


           La tradición oral nos habla de la existencia de ciertos personajes populares que van  íntimamente ligados a la imagen de cualquier pueblo de la geografía española, según la cual en todos los municipios de la España rural existe el peculiar personaje de “el tonto” del pueblo, “el cacique” del pueblo, “el listillo” del pueblo o “el chulo o matón” del pueblo; además, si alguno de estos esteriotipados sujetos fallece, siempre existe un relevo, que no se sabe de dónde sale, para no dejar vacante una de las figuras más tradicionales y emblemáticas de nuestro costumbrismo rural.
Independientemente que sea cierto o no, o que haya municipios que alberguen entre sus vecinos  a la totalidad de los mencionados personajes, es incuestionable que en muchos pueblos existía, hasta no hace mucho tiempo, un chulo o matón, pues así lo recoge la documentación existente y, sobre todo, la transmisión oral de los ancianos del lugar indicando, en muchas ocasiones, la identidad de este malhechor.

           La R.A.E. define al matón como una persona provocadora o pendenciera que alardea de su valentía y emplea la fuerza o las amenazas para obligar a los demás a hacer algo. Los “matones de pueblo” son fanfarrones, bravucones, pendencieros, violentos, jactanciosos, y suelen acosar, intimidar, acobardar, amedrentar, humillar y provocar a cuantos se cruzan en su camino. Al mismo tiempo son cobardes, pues generalmente suelen elegir como víctimas a los más débiles. El matón quiere imponer su ley, siempre actuando por encima de la misma, llegando a usar la fuerza, pegar, herir e incluso no duda en matar si no ve cumplidas sus amenazas, aunque a veces mata por resentimiento, odio, venganza, tradición paterna e incluso sin motivo aparente alguno, y se hace acompañar siempre de una navaja o cuchillo como si formara parte de su indumentaria habitual.
Y como matones hay en todos los pueblos, Sos no iba a ser la excepción.
Si recorremos la historia de Sos, ya encontramos matones entre la élite de la sociedad del siglo XV cuando Sos se encontraba dividida en banderías (ver), aunque estos matones no reflejan fielmente la imagen del matón de pueblo antes descrita. Habrá que esperar al siglo XIX para tener noticias de la existencia en Sos del verdadero chulo, del matón de pueblo tal y como lo concebimos actualmente, representado en el personaje del baratero, del que ya hemos hablado en otra ocasión (ver), pero del cual desconocemos su nombre. Sin embargo, de principios del siglo XX sí conocemos la identidad de uno de estos matones en Sos, de su última fechoría y de su fatal desenlace.  Se trata de un individuo llamado Santiago, hijo de una familia de labradores del pueblo, que al mismo tiempo eran los propietarios de la única posada que entonces existía en Sos y que era conocida como casa del Panilio.
Santiago era un mozé bien parecido físicamente, no muy robusto, pero bravucón y fanfarrón, que tenía atemorizados a la mayoría de los mozos de Sos. En el baile del pueblo no dudaba en buscar pelea contra todo aquél que se acercara a cualquier chica que él intentara pretender aunque ésta no le correspondiera en sus pretensiones; era el amo del baile y no dudaba en solucionar cualquier contratiempo a base de golpes y peleas de las que siempre salía victorioso. Lo mismo ocurría en la taberna, donde con cualquier mínima excusa repartía puñetazos a cuantos intentaban hacerle frente, corroborando la teoría del doctor John Lochmann por la que comenta que el matón “tienen una urgente .necesidad de controlar a los demás para enmascarar sus temores ocultos y su sensación de desarraigo"
Y es por esto, por el hecho de tener atemorizados a los mozos del pueblo, por lo que llegó a ser odiado por muchos.
Esgrima a navaja: el desjarretazo
Grabado dePaul Gustave.1862
Hubo gente del pueblo que quiso hacerle ver su equivocada actitud en un intento de poner algo de orden en su vida,  a la vez que le advertía del odio que estaba suscitando en algunas personas del pueblo, que podían llegar a perder la paciencia, y en las graves consecuencias que ello podía acarrearle si continuaba con ese comportamiento, como así lo hizo el vecino Francisco Machín Bueno, quien en más de una ocasión le dijo a Santiago que depusiera su agresiva e intimidatoria actitud porque algún día encontraría la muerte, aunque fuera a traición. Santiago, haciendo caso omiso de las recomendaciones de Machín, se envalentonaba aún más respondiéndole que en el pueblo no había nadie que osara hacerle frente, que todos eran unos falsos y unos cobardes, y por eso tenían que estar subordinados a él.
Al poco tiempo pasó lo previsible, lo que muchos esperaban y otros deseaban.
Antero Gallar, vecino de Sos, ya sabía lo que duelen en su cuerpo los puñetazos de Santiago, pues en más de una ocasión le plantó cara y se vieron envueltos en riñas y peleas, siendo Antero el perdedor y el más perjudicado en todos los enfrentamientos habidos entre ambos.
Un buen día, Antero salió de Sos en dirección al monte, como otras tantas veces hacía, en busca de leña para llevar a su casa. Preparó sus mulas, cuerdas y herramienta necesaria para la ocasión y se introdujo en el bosque.
Santiago, que entonces tenía 26 años, lo vio partir, preparó también su mula y decidió salir tras él sin que éste lo viera. Antero ya estaba cortando leña cuando Santiago se acercó a él y, sin apearse de la mula, empezó a insultar y a provocar a Antero. Este le respondió: “Anda…apéate si eres tan hombre como dices”. Semejante provocación suscitó la ira de Santiago que furioso y colérico saltó de la mula dispuesto a pelear de nuevo con Antero, pero antes de que pusiera los pies en el suelo recibió una tremenda cuchillada en la espina dorsal y varias más por otras zonas del cuerpo.
Santiago, herido de muerte, trató de defenderse; sacó su cuchillo y, antes de caer al suelo desangrado por las heridas recibidas, consiguió alcanzar a Antero en la cara, hombros y cuello.
Unos pastores, que presenciaron los hechos desde la lejanía, se acercaron para intervenir, pero ya era demasiado tarde; Santiago yacía inerte en el suelo, desangrado, y Antero presentaba su rostro lleno de sangre, pero vivo. Uno de los pastores se acercó a Sos para dar parte a la Guardia Civil, que se personó en el lugar de los hechos junto con el médico, quien certificó la muerte de Santiago y realizó la primera cura a Antero.
El suceso tuvo una gran repercusión en Sos; muchos vecinos tuvieron que prestar declaración en el juicio contra Antero por homicidio, al que le cayeron 12 meses de prisión.
Una vez que salió de la cárcel regresó a Sos, con el rostro y cuello llenos de cicatrices, y aunque había gente que no lo expresara públicamente, lo consideraban un héroe y un valiente por haber plantado cara y acabar con la vida de un matón que los tuvo amenazados y atemorizados durante mucho tiempo.
Antero no volvió a ser el de antes, se volvió taciturno, introvertido y callado. Al poco tiempo desapareció de Sos y no se le volvió a ver más por el pueblo.

Afortunadamente, hoy en día esta figura del matón de pueblo ha pasado a formar parte de la historia del costumbrismo local, pero sí que persiste en algunos pueblos de la geografía española ese “matoncillo” de pueblo que, si bien no resulta tan violento como el de la “España profunda” del pasado siglo, intenta hacer creer a los demás estar por encima de la ley y comportarse de forma fanfarrona y bravucona entre sus vecinos.

           


BIBLIOGRAFÍA

-En la web:
-MACHÍN IRIARTE, MÁXIMO. Memorias del viaje. memoriapopular.org
-www.semana.com.“Los chicos malos”.Revista Semana.25/05/1987


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