domingo, 19 de marzo de 2017

LOS POBRES DE SOS EN LA EDAD MEDIA

           El último sector de la jerarquizada estructura de la sociedad medieval es el formado por los grupos inferiores. Entre el variopinto grupo de personas que componen este sector hay uno que destaca por el elevado número de individuos que lo integran: los pobres.
           
          En la sociedad medieval se consideraba pobre a toda aquella persona carente de lo necesario para vivir: vivienda, bienes, tierras, ropa, pero sobre todo, lo más imprescindible: comida. De este grupo de  pobres, la sociedad distinguía  entre el pobre mendigo, malhechor, vagabundo, miserable, ladrón y delincuente, generalmente de comportamiento violento y criminal, que es discriminado y marginado por la sociedad debido a su inapropiada conducta moral y por representar ser un peligro público, y los pobres”vergonzantes”, que eran aquellas personas humildes, vecinos de la localidad, que poseyendo vivienda se habían empobrecido por diversos factores y se “envergonzaban” de haber perdido su anterior status social. Paradójicamente los primeros, junto a los vergonzantes, eran aceptados porque permitían el ejercicio de la caridad, virtud imprescincible entre las personas más favorecidas para salvar el alma ante Dios; pero el grupo de los “pobres vergozantes” quedaba exento de la criminización a la que estaban sometidos el resto de pobres mendigos y vagabundos, o sea, que dentro de la exclusión social a la que se vieron sometida todo el colectivo de pobres, los vergonzantes fue el grupo mejor comprendido y el más “integrado” en la sociedad medieval.
En Sos del Rey Católico no tenemos noticia alguna de pobres malhechores, lo que no quiere decir que existiera alguno, aunque generalmente este tipo de individuos solía ser condenado al destierro por el miedo y rechazo que generaba en la sociedad, vagabundeando de pueblo en pueblo, hurtando en los campos o realizando cualquier clase de delito. Sin embargo sí tenemos alguna información, no mucha, de los pobres vergonzantes.
Los pobres vergonzantes son personas que, según los censos, eran propietarios de viviendas y terrenos, pero que por diversas circunstancias, que luego veremos, se han visto privados de sus bienes materiales temporal o permanentemente, siendo incapaces de sobreponerse a las adversas dificultades, lo que les llevó a un estado de precariedad del que, generalmente, no han podido escapar. Hay autores que han definido este estado como “pobreza laboriosa”, personas que pueden ejercer un oficio o profesión pero cuyas rentas son insuficientes para poder vivir decentemente, alcanzando los límites de la pobreza.
Los pobres vergonzantes de Sos, para mitigar en parte su pobreza, contaron en muchas ocasiones con la ayuda del propio concejo de la villa por medio de medidas fiscales y sociales destinadas a paliar su precaria situación, obteniendo también la ayuda de sus familiares y vecinos; y aunque no consiguieron entre todos ellos sacarlos de la miseria, sí que facilitaron la supervivencia de las familias en momentos y situaciones difíciles, consiguiendo la subsistencia de este desfavorecido sector.
A este grupo de pobres es al que se refieren los censos y fogajes realizados en la Edad Media, pues aunque eran vecinos del municipio, sus tierras y esfuerzo personal no les permitían acumular el excedente necesario para pagar los impuestos, siendo reflejados en el fogaje como "pobres", y así quedaban exentos del pago de cualquier tributo. 
En Sos las fuentes documentales que hablan de este sector empobrecido de la población son muy escasas. Encontramos alguna referencia en el censo de 1495 (ver) que mandó realizar Fernando el Católico[1] con el fin de establecer el impuesto de las sisas ante una posible invasión de las tropas de Carlos VIII de Francia. En el fogaje realizado se expresó la lista de los titulares de todas las casas de Sos y en alguna de ellas se especificó la situación de insolvencia de los vecinos, considerándolos como pobres, concretamente de 25 de ellos(ver al final) que sobre un total de 124 fuegos recogidos supone un 20,26% del total del censo.
Los datos del fogaje nos indican que los pobres de Sos fueron, pues, titulares de casas, por lo que gozaron de derechos como vecinos, disfrutando de los recursos naturales de los términos municipales y de los comunales.
Entonces, ¿cómo llegaron a tan precaria situación? La respuesta la obtenemos analizando las trayectorias vitales de estas personas a través de los protocolos notariales de la villa. A este respecto Juan Abellá realiza un excelente estudio de los mismos[2].
Labradores en la Edad Media
En el fogaje de 1495 aparecen 18 varones catalogados como pobres; ocho de ellos se nombraron en diversos documentos como labradores, por lo que serían en su mayoría campesinos pobres, labradores poseedores de tierras, pero insuficientes para garantizar su subsistencia y la de su grupo familiar, como lo demuestra el legado que dejó en 1449 Pedro de Traza, pobre según el fogaje, a repartir entre su viuda, María Portolés, y su hermano Juan de Traza, correspondiendo a la viuda una cuarta parte de un plantado en las Padules de Arbe que ella, su marido y su hermano plantaron en dicho término; además, María obtuvo las partes de una casa y 6 sueldos que Juan le dió para que el reparto fuese más equitativo[3]. Como puede verse, las posesiones del difunto Pedro eran tan exiguas que no permitían una explotación que le mantuviese a él y a los suyos.
Entonces ¿Cómo solucionaban, al menos, la subsistencia del grupo? La respuesta es sencilla: aferrándose a cualquier tipo de contrato o trabajo que surgiera, aunque fuera de forma eventual. En este caso el anteriormente citado, Pedro de Traza, tuvo que trabajar para otra persona a cambio de un jornal con el fin de conseguir unos ingresos extras para sustentar a su familia, como así lo certifica un documento por el cual Pedro recibió en aparcería durante seis años en 1491 varias heredades en la Val de Fonón de Vico de Sancha Ximénez de Undués, debiendo cultivarlas y dar anualmente la novena parte de la cosecha[4].
Igualmente, en 1511, el caballero Martín de Ampiedes y su mujer María Carlos cedieron durante dos años a Domingo de Jaz, pobre según el fogaje, un huerto, un linar, una viñaza y un olivar, estableciéndose que entregase la mitad de la cosecha del huerto y del linar, y una octava parte de la recogida de los campos[5].
También fue frecuente en este desfavorecido grupo de labradores el contrato eventual como jornaleros del campo, sobre todo en épocas de mayor producción, de cuyos contratos apenas quedan constancia en los documentos notariales, pues la mayoría de estos se realizaban de forma oral y por una baja cantidad de dinero, por lo que no merecía la pena acudir al notario para formalizar un contrato; no obstante, como muestra de estas actividades cabe mencionar cómo el 19 de julio de 1495 Miguel de Bruello, habitante en Usón, Salvador Jayme, de Alberuelo, y Domingo Martínez y Alfonso García, habitantes de Almuniente, nombraron procurador para cobrar de Miguel de Rúa, habitante en Sos, todos aquellos menoscabos a ellos hechos y debidos por ciertos jornales de seguar davidos[6]. Es lógico pensar que si en épocas de mayor actividad agrícola venían jornaleros de otras zonas más apartadas del Reino, como de Almuniente (Huesca), era porque en Sos ya no quedaban jornaleros a contratar, por lo que se supone que los desfavorecidos vecinos de la villa estaban todos activos, aunque fuera solo temporalmente.
A este respecto es lógico pensar los problemas que sufrieron los contratados derivados de las crisis agrarias cíclicas, donde los salarios variaban dependiendo de las cosechas.
Es decir, que la gran mayoría de los pobres agricultores de Sos tuvo que trabajar las tierras de alguno de sus vecinos, bien fuera en régimen de asalariado, arriendo, aparcería o cesión, con diferentes condiciones pactadas, para conseguir los ingresos suficientes para poder subsistir y mantener a sus familias.
El sector empobrecido de Sos también trabajó en un ámbito de la economía local que experimentó un gran auge a partir de finales del siglo XV: la ganadería. Estos pobres vecinos también fueron contratados para cuidar rebaños de grandes o pequeños propietarios de ganado. A este respecto la documentación nos dice que Juan de Arbe era pastor en 1499[7]; y que Sancho Garderas fue el porquero de la villa en el año 1495[8], ambos pobres, según el fogaje.
También trabajaron en el sector del comercio, pues el auge que el mismo estaba experimentando en la villa les dio la oportunidad de trabajar como transportistas, siendo contratados para trasladar mercancías entre las villas y localidades cercanas a Sos. El pago que podían obtener como transportistas era en ocasiones mucho más alto que el que proporcionaban algunas tareas agrícolas, como así lo demuestran las anotaciones en el testamento del año 1487 de Pedro Ferrer, en las que se especificaron cómo le compró un buey al infanzón Lozano Martínez por 80 sueldos y le pagó ayudándole a podar durante once días y transportando su trigo a Cáseda durante cuatro jornadas. En la valoración de estos trabajos se estimó que podar un día equivalía a un salario de un sueldo y seis dineros, mientras que por transportar mercancías el pago fue de cuatro sueldos al día, más del doble.[9],
En resumen, que los labradores empobrecidos de la villa tuvieron que aferrarse a cualquier oportunidad de trabajo que les surgiera, por parte siempre del sector más favorecido, con el fin de conseguir unos ingresos extras con los que poder sustentar al grupo familiar.
Por otra parte, en todos los censos existentes en España de aquella época, son las mujeres las que figuran en mayor número como pobres y, entre éstas, son las viudas las que aparecen presentadas como uno de los grupos pobres arquetípicos, y el fogaje de Sos de 1495 no iba a ser la excepción.
En una economía basada casi exclusivamente en la agricultura y ganadería, como la de Sos, la fuerza física es la clave del éxito, por lo que quien carecía de ella estaba destinado, sin remisión alguna, a la pobreza. Viudas y huérfanas, sin un varón en la casa, serían pasto de la pobreza.
De los 25 pobres del fogaje de Sos de 1495 siete son viudas (28% del total), si a esto le añadimos que de los 124 fuegos censados sólo diez eran viudas (8,06%), se obtiene que el 70% de las mismas fueron catalogadas como pobres. Es cierto que había viudas de la élite de la sociedad que gozaron de un alto nivel nivel económico, pero la proporción con las viudas pobres era mucho menor (en el fogaje de Sos sólo tres de diez viudas no fueron catalogadas pobres) Y si comparamos el fogaje de Sos con los elaborados en otras localidades este porcentaje varía muy poco, por lo que el colectivo de viudas fue el grupo de individuos que tradicionalmente más se asoció con la pobreza.
Así se aprecia en Sos en la comanda que suscribió en 1493 la viuda María de Olleta, pobre según el fogaje, por la que recibió 135 sueldos de su pariente Pedro de Olleta, obligando dos viñas, una pieza y un buey[10] o en la concordia que suscribió la pobre y viuda Agueda Ezquerra en 1507 con su hijo Pedro Bueno, por la cual renunció a sus derechos de viudedad sobre los bienes que envió a Pedro como ayuda de matrimonio a cambio de recibir una pensión anual mientras viviese de cinco fanegas de trigo y de 10 cántaros de vino[11], lo que demuestra que la principal carencia que padecieron las viudas fue la falta de mano de obra para trabajar sus heredades.
Otro grupo de pobres fue el formado por los criados, mozos, aprendices y sirvientas que vivían en las casas de los sectores más favorecidos, aunque su presencia no quedó reflejada en el fogaje de 1495 por pasar éstos a formar parte de la unidad familiar a la que servían. No obstante, sabemos que el porquero Sancho Garderas, antes mencionado,calificado como pobre en 1495, años atrás, en 1478, fue el criado del herrero Pedro Martínez de Sigüés[12]
"Colocar" a los hijos en una vivienda para servir era una forma que tenía la familia de ahorrarse una dieta en casa; así se evidencia en el testamento de Pedro Larraz, quien nombró herederas a su mujer y a su suegra a condición de que haya ha alimentar y criar a los dichos mis fijos fins a que tengan hedat de poder servir sendos amos[13]
El principal objetivo que perseguían estos criados, mozos, aprendices de campesinos, de ganaderos e incluso de artesanos, era el obtener el capital y el ajuar necesarios para poder casarse y formar una familia, como se aprecia en la sentencia arbitral de 1463 por la cual el rector de Arbe tuvo que pagar 80 sueldos a Eximeno de Sada, al que había prometido 150 como ayuda de matrimonio a cambio de ciertos servicios[14]. En contadas ocasiones la situación de estos criados terminó favorablemente, como le sucediera al infanzón Miguel de Artieda, quien tras años de ser mozo de labor de sus tíos García Zareco y María de Artieda, recibió como pago en el año 1511 una cama de ropa, un par de bueyes, una carga de sementero ya sembrada, una viña de 10 peonadas, cinco piezas y media de tierras y un linar, además de la promesa de recibir 400 sueldos cuando se casara[15]; pero este caso supone una excepción, ya que la mayoría de ellos, aunque lograron su autonomía y constituir su propio hogar, siguieron manteniéndose en el límite o bajo los umbrales de la pobreza.
Atención a enfermos en un hospital
Ancianos y enfermos son otro grupo de personas que, ante la imposibilidad de ganarse la vida por sí mismos, pasan a formar parte del sector empobrecido de la villa; unos y otros ayudados por sus familiares y amigos o amparados por las ayudas hospitalarias y del concejo. En este sentido los poderes públicos contrataron médicos y especieros a finales del siglo XV ofreciéndoles unas condiciones económicas y fiscales muy ventajosas, como se aprecia en el contrato firmado en 1504 entre Sos y el médico Carlos de la Caritat, por el que el galeno se comprometió a residir en la localidad y a visitar a todo vecino o morador que lo necesitase, recetándole todo lo que fuera menester. Ante cualquier conflicto entre médico y paciente respecto a sus honorarios, eran los magistrados quienes dictaminaban a cuánto debían ascender, teniendo en cuenta el tiempo empleado por el médico en su servicio y la facultat de tal o tales pacientes, esto es, su condición social y sus posibilidades económicas[16]. De este modo hasta los más desfavorecidos de Sos tuvieron asegurado un servicio sanitario.
Otra ayuda que recibían los más necesitados de la villa era a través de las limosnas pues, según las normas de una sociedad cristiana, los que ocupan los puestos más elevados en la misma están obligados a ello. El Clero y la élite social deben atender a aquellos que de una situación acomodada han caído en la pobreza, siendo este acto un salvoconducto para alcanzar el cielo, pues la limosna borra los pecados, apacigua la atormentada conciencia del pecador, del poderoso, y abre las puertas para alcanzar la vida eterna y la gloria divina. Pero estas limosnas sólo solucionarán escasa y temporalmente las necesidades de los pobres de la villa.
Además de las limosnas los más necesitados también recibieron los legados piadosos que se solían establecer en los testamentos, que igual que las limosnas, servían al donante para alcanzar la vida eterna.
Tanto de las limosnas como de los legados piadosos se encargaban los magistrados locales, gestionando también las pensiones de algunos censales que sus propietarios destinaron a actuaciones sociales; de esta forma García Garceyz dejó en su testamento que se destinasen todos los años las pensiones de dos censales, que sumaban en conjunto 100 sueldos, a la compra de paños para vestir pobres[17]. Cuando García murió, así lo hicieron sus albaceas.
Todas estas ayudas fiscales y sociales mitigaban temporalmente las necesidades de los pobres vergonzantes, pero no era una solución definitiva; la debilidad económica continuaba en sus casas, lo que les llevó a algunos de ellos a solicitar con relativa frecuencia préstamos de consumo, lo que les originará, en ocasiones,  otro problema añadido a su ya delicada situación.
Así, Martín de Lacagorría, recibió 110 sueldos en comanda en 1491, dos cahíces de trigo en 1494, cereal junto a otros vecinos por valor de 786 sueldos en el año 1507 y 80 sueldos en 1508[18].
                        En ocasiones estas prácticas afectó a los propios hijos, como demuestra el pacto al que llegaron en 1494 Lope Lacuey con su hermano Miguel para hacer frente cada uno a la mitad de las deudas de su padre Juan; el mismo día en que Lope llegó a ese acuerdo suscribió una comanda de 115 sueldos con Pedro la Pedrera[19].
A veces, para poder hacer frente a la deuda contraída, tuvieron que vender los escasos bienes que poseían, o bien sufrieron el embargo de los mismos por parte de los acreedores ante la imposibilidad de poder cobrar el préstamo, bienes que el acreedor vendía en pública subasta para poder resarcirse, en parte, de la deuda.
                         La penuria económica llegaría cuando esta pobre gente no pudiera pagar los censos con que estaban gravados algunos de sus inmuebles, lo que ocasionaría su desahucio, proceso que padeció Juan Enyéguez, cuyas casas tomó en posesión Bartolomé Español en 1502 porque Juan no le había satisfecho la deuda contraída[20] (¿Os suena esto?)
Por otra parte el concejo de Sos, en su afán de ayudar a los más empobrecidos de la localidad, quiso favorecerlos a la hora de establecer su política fiscal. Así, en una asamblea de 1474 en la que el monarca exigió a la junta de Ejea 9.000 sueldos para la realización de una hueste y cabalgada en la que Sos debía aportar 1.250 sueldos, el concejo decidió dividir a los habitantes de la villa en cuatro grupos dependiendo de sus posibilidades económicas. Así, los más poderosos pagarían 12 sueldos, el siguiente grupo 10, el tercero 8 y por último, los menos favorecidos, 6 sueldos[21]. También, en otra reunión de 1471 en la que se nombraron repartidores para el segundo año de las sisas sobre el pan y la carne por el rey y las Cortes, los vecinos tuvieron que cotizar en tres tercias, o sea, cada cuatro meses, debiendo pagar la casa, como unidad fiscal, según el número de comedores mayores de 6 años, pagándose lo mismo por comedor; entonces el concejo dispuso que las 15 casas más pobres fuesen ayudadas por las 15 más ricas, que pagarían por las pobres 20 dineros por casa en cada tercia; además, las siguientes 15 casas más poderosas pagarían cada una por tercia 12 dineros que se destinarían a las siguientes 15 casas más pobres[22].
Pero todas las ayudas al sector empobrecido de la villa eran pocas para paliar sus necesidades básicas, pero eran las que eran, y tanto los vecinos como el concejo de Sos no podían hacer más por este grupo de pobres vergonzantes que seguía sumido en la pobreza.
Por eso el grupo también usó la picaresca como arma para poder subsistir, porque cuando el hambre aprieta, cualquier acto, por ilegal que sea, se antepone a la razón con tal de conseguir algo de sustento para poder garantizar la supervivencia de la familia: ocupaciones silenciosas de tierras, pequeños hurtos, deserciones militares, evasión de impuestos, sisas a la Iglesia de parte del grano del diezmo… y otros pequeños actos de rebeldía (que comentaremos en otra ocasión) eran acciones frecuentes llevadas a cabo por este grupo, aunque para ello tuvieran que transgredir y burlar las normas establecidas por el concejo o la Iglesia [23].

POBRES DE SOS SEGUN EL FOGAJE DE 1495[24]


Sancho de Sos
Pero Gil
Pero de Sos
Johan Darbe
Viuda de Pero Bueno
María Dolleta, viuda
María Don Blasco, viuda
García Desparça
Johan Nicholau
García Besaro
Viuda de Johan Durries
Viuda de Pedrera
Domingo de Jar
Pedro de Traça
Lope la Cuey
Viuda de Sancho Darbe, de por Dios (otro grado de pobreza)
María Dandues, viuda
Johan Enyeguez
Martin de Çagurrea
Pero Nicholau
Sancho Guardera
Miguel de Larraz
Johan Guarderas
Domingo Marinea
Johan Ruyz
Viuda de Miguel Loçano




[1] Serrano Montalvo, A. La población del Reino de Aragón según el fogaje de 1495. V. II. I.F.C. Zaragoza, 1997.
[2] Abellá Samitier, Juan. Sos en la Baja Edad Media. Una villa aragonesa de frontera, p.259. I.F.C. Excma. Diputación de Zaragoza. Zaragoza, 2012.                                                                      
[3] M.Mollat. Pobres, humildes y miserables, citado en Abellá Samitier, J. Cit. Sos...p. 260.
[4] A.H.P.S. Miguel del Sen. P. 450, f.2.
[5] A.H.P.S. Miguel del Sen, P. 466, ff. 72-72v.
[6] A.H.P.S. Miguel del Sen. P. 453, ff. 37v-38.
[7] A.H.P.S. Miguel del Sen. P. 456, ff. 36v-37.
[8] A.H.P.S. Juan Zareco. P. 437, ff. 13-13v.
[9] A.H.P.S. Miguel del Sen. P. 447, ff. 47v-48.
[10] A.H.P.S. Juan Zareco. P. 435, f. 17.
[11] A.H.P.S. Miguel del Sen. P. 463, ff. 22v-23.
[12] A.H.P.S. Juan Zareco. P. 420, f. 15v.
[13] A.H.P.S. Bartolomé Español. P. 489, ff. 65-66.
[14] A.H.P.S. Juan Zareco. P. 408, ff. 21-21v.
[15] A.H.P.S. Gil García de Urriés. P. 506, ff.2v-4.
[16] A.H.P.S. Miguel del Sen. P. 461, ff. 41-41v.
[17] A.H.P.S. Martín de Ampiedes. P. 384, f. 30.
[18] A.H.P.S. Miguel del Sen. P. 450, f. 24; Juan Zareco. P. 436; Miguel del Sen. P.463, ff.53v-54; Miguel del Sen. P.464, f. 27v.
[19] A.H.P.S. Juan Zareco. P. 436, f. 1v.
[20] A.H.P.S. Miguel del Sen. P. 459, f. 75.
[21] A.H.P.S. Martín de Ampiedes. P. 394, f. 124.
[22] A.H.P.S. Martín de Ampiedes, junior. P. 394, ff. 85v-86.
[23] Abellá Samitier, J. Cit. Sos...p. 269-274.
[24] Transcripción ortográfica literal. Serrano Montalvo, A. Cit. La población del Reino...




BIBLIOGRAFÍA

-ABELLÁ SAMITIER, J. Selección de documentos de la villa aragonesa de Sos. (1202-1533) I.F.C. (C.S.I.C.) Excma. Diputación Provincial. Zaragoza, 2009.
-ABELLÁ SAMITIER, J. Sos en la Baja Edad Media. Una villa aragonesa de frontera. I.F.C. Excma. Diputación de Zaragoza. Zaragoza, 2012.
-AYALA, CARLOS de; Cantera Montenegro, Enrique; Caunedo del Potro, Betsabé; Laliena Corbera, Carlos. Economía y Sociedad en la España Medieval. Historia de España IX. Istmo. Madrid, 2004
-MARTÍNEZ GARCÍA, LUIS. “Pobres, pobreza y asistencia en la Edad Media hispana. Balance y perspectivas” Rev Medievalismo nº 18, pp. 67-107. S.E.E.M., Universidad de Madrid.  2008.
-MOLLAT, MICHEL. Pobres, humildes y miserables en la Edad Media. Fondo de Cultura Económica. Mexico, 1998.