martes, 28 de marzo de 2017

MARCELINO ILARRI GARÍN




           
Colegio Isidoro Gil de Jaz a mediados del siglo XX
Sos del Rey Católico
Religioso nacido en Sos el 9 de enero de 1861. Estudió sus primeras letras en el colegio Isidoro Gil de Jaz en Sos del Rey Católico. Fue un gran estudioso de la lengua y literatura latina, llegando a dominar con excelente virtuosidad el latín clásico, siendo autor de varias obras divulgativas.
               Fue director espiritual del Colegio Nazareno y director espiritual de las hermanas de San Pío X durante su estancia en Roma; ya en España fue nombrado Rector de Tolosa y Tafalla y primer Superior del nuevo colegio escolapio de Logroño,coincidiendo en dicho centro con otro sacerdote sosiense, Saturnino Lacuey.
            Entre las obras de este prestigioso latinista destaca Verus Frater Minor: especulum et reformado. P.V. Faustini Ghilardi (traducido al español) Barcelona, 1905.





BIBLIOGRAFÍA 


En la web:
-wikipia. Marcelino Ilarri. wiki.scolopi.net/w/index.php?title=Marcelino_Ilarri

LAS PLAZAS



Una plaza es un ensanchamiento de las calles, lugar de esparcimiento para la población, donde los vecinos no se sienten tan agobiados por las estrecheces de las calles. La plaza mayor, generalmente la más grande de un municipio, y normalmente ubicada en el centro del mismo,  es el lugar de encuentro por excelencia, centro neurálgico de la población. El movimiento que registra refleja fidedignamente el acontecer diario de una comunidad.
Plaza del Rechelao. Sos del Rey Católico
El estilo urbanístico renacentista se caracterizó principalmente por la ampliación de calles y plazas de los núcleos poblacionales. En municipios más modernos y de cierta entidad las plazas se construyen en un espacio bien definido y delimitado, previamente estudiado y planificado, ampliando espacios y dándole una forma regular, cuadrada, rectangular, octogonal, redonda…cumpliendo la  exclusiva función de instalar en ellas la iglesia, si no existía en los pueblos y, o, la casa del concejo, considerándolas como plazas Mayores, configurando de esta forma lugares públicos por excelencia, dotando a estas construcciones de la plaza amplios balcones o vanos desde donde las autoridades se dirigían al vecindario para comunicar las noticias de la guerra o las de la Casa Real, reclutar hombres o iniciar las fiestas. En resumen, plazas con un programa arquitectónico planificado y una unidad de criterios constructivos que permite establecer una regularidad de su tipología.

Plaza Mayor. Sos del Rey Católico
En las plazas antiguas, como la de Sos, es común la presencia de arcos, porches o soportales en todos o algunos de sus lados, cuya función es, simplemente, crear un espacio resguardado y cubierto donde pueda desarrollarse la actividad diaria a refugio de las inclemencias del tiempo. En Sos, bajo los arcos, y durante muchos años se ubicó el mercado, centro de muchos y variados intercambios, tanto económicos, como sociales o culturales.
La Plaza Mayor de Sos era una zona no delimitada, un ensanchamiento de la calle, sin más, sin una forma definida o regular, y que se ha tenido que adaptar al escaso espacio que dejaban los edificios colindantes. Y es por esto, por tener Sos un origen medieval y un enclave específico con una configuración preexistente que ya existía en la villa, por lo que ofrecía pocas posibilidades de trazados ortogonales inherentes al concepto renacentista.
Plaza de la Sartén. Sos del Rey Católico
Tras la Ordenanza de 1480 de los reyes Católicos se establece que las plazas sean los lugares donde controlar los mercados y las ventas, así como también debe albergar el Concejo, institución que irá ganando importancia a lo largo de este siglo, y se creará la Casa del Ayuntamiento, de forma que al albergar estas plazas la sede de la Administración, se denominarán Plazas Mayores, convirtiéndose así en sede del poder civil de la localidad.
En cuanto a los nombres de las plazas de Sos, éstas nos han dejado testimonio de las actividades que antaño se realizaban en ellas: de toros para festejos taurinos y locales, actualmente en desuso ( Campo del Toro),Plazas de mercado, también en desuso ( Mayor y Barrio del Mercado)  y otras plazas que nacieron junto a la iglesia, cuando Carlos III ordenó sacar los cementerios adjuntos a ella fuera de los recintos urbanos, transfiriendo a ese pedazo de tierra sagrada la categoría de Plaza (Plaza del Rechelao),plazas de esparcimiento y de relaciones sociales ( Plaza de la Sartén, de la Tahona, del Mesón).
Pascual Madoz en su diccionario estadístico histórico de 1845 nombra, en Sos, las plazas llamadas del Toro, Plaza Nueva, del Mercado, de la Tahona y de la Constitución.






BIBLIOGRAFÍA

-BIARGE, FERNANDO Y ANA. Casa por casa. Detalles de la arquitectura rural pirenaica. Arpirelieve. Huesca, 2001.
-GIMÉNEZ AISA, Mª. PILAR. Arquitectura tradicional de las Cinco Villas.  Adefo Cinco Villas. Zaragoza, 2008.
-MADOZ, PASCUAL. Diccionario Geográfico Estadístico Histórico. 1845-1850. Edición facsímil. D.G.A. Valladolid, 1985.

domingo, 26 de marzo de 2017

POZOS Y ALJIBES


Aljibe en el patio de una casa de Sos del Rey Católico
        
           El agua es el elemento esencial de la vida. Las ciudades y pueblos nacieron siempre junto a una fuente de agua, bien fuera río, arroyo o manantial, pues sin dicho elemento la vida es imposible. Pero hubo otros pueblos que crecieron lejos del elemental líquido, al abrigo de una solitaria construcción, el castillo, levantado expresamente para defender un territorio de las invasiones enemigas. El castillo era generalmente edificado en un lugar elevado y rocoso, donde no existía la posibilidad de perforar el suelo para acceder a aguas subterráneas, por lo que tanto el castillo como las casas que comenzaron a edificarse alrededor del mismo tenían que construir un pozo o aljibe donde almacenar agua  para el consumo, tanto de personas como para animales. Sos es un claro ejemplo de este tipo de pueblos nacidos al abrigo del castillo, allá por el siglo IX.

Sos fue creciendo, y al mismo tiempo se roturaban nuevas tierras  para cultivos que poco a poco se fueron extendiendo y alejando del núcleo urbano. En aquellos apartados campos se edificaron cabañas, bardizas y corrales, donde los agricultores y ganaderos pasaban jornadas enteras o incluso largas temporadas , por lo que la necesidad de agua les llevó a construir pozos tanto para el consumo propio como para dar de beber a las caballerías, animales de tiro  y ganado.
    Un pozo es una perforación vertical hecha en el terreno que atraviesa diversas capas del subsuelo hasta llegar a la capa freática donde se acumula agua subterránea. Su construcción se complementaba en la superficie con la construcción en piedra de un brocal de aproximadamente un metro de altura donde se apoyaba el cubo o pozal y que servía también como medida de seguridad para que nadie cayera en su interior. En ocasiones el brocal era rematado por un madero horizontal donde se colocaba una polea con una cuerda atada al cubo con el fin de facilitar y aligerar el peso del cubo durante el izado del mismo. Otras veces se instalaba una bomba manual de succión para subir el agua. Los pozos ubicados en zonas de cultivo o de monte suelen ser más toscos y el brocal, a menudo, está realizado con piedra seca.
Igualmente, era muy común la existencia de un abrevadero junto al pozo, pues la misión principal de su construcción  era dar de beber a los animales, por lo cual su ubicación en bardizas y casas de campo era junto a las cuadras y corrales.
Por otra parte, el aljibe es una construcción  cerrada realizada bajo el nivel del suelo, a modo de depósito, de no mucha profundidad, de forma cuadrada, circular, rectangular o prismática, con las paredes verticales construidas a base de piedras selladas con mortero de cal (últimamente el cemento sustituyó a la cal)
Respecto a los aljibes hay que diferenciar los rurales de los construidos en el casco urbano.
Pozo en un corral de Ceñito (Sos del Rey Católico)
En el medio rural los aljibes se alimentaban del agua de lluvia y escorrenteras; solían estar cubiertos al exterior por un tejadillo o cerramiento aterrazado con el fin de impedir que entre suciedad e impurezas al interior. Igual que en los pozos, una poza de piedra, pila o abrevadero se ubicaba junto a ellos para dar de beber a animales y ganado. Para sacar el agua, a veces se colocaba en la parte exterior, en la cubierta, un madero donde se sujetaba la carrucha. Para acceder a la superficie del depósito se excavaba en el terreno una entrada ligeramente inclinada  hasta el interior, que se cerraba con una portezuela de madera para impedir la entrada libre de animales salvajes o del ganado, y de este modo preservar la pureza y calidad del agua. Un ejemplo de estos aljibes es el Pozo Sampón de Sofuentes.
En cuanto a los aljibes urbanos hay que recordar que Sos está edificado sobre la roca de una elevación del terreno por lo que, ante la imposibilidad de perforar el suelo para construir un pozo que llegue hasta el nivel freático del subsuelo,  las casonas señoriales  de la villa, ya desde hace siglos, construyeron aljibes domésticos para almacenar agua, unas veces obtenida con aportaciones de acarreo y otras a través de una obra de canalización que les permitía recoger el agua de lluvia del propio tejado de la casa mediante canaleras, mientras que las clases menos favorecidas de la villa se tenían que conformar con desplazarse diariamente hasta el arroyo o fuente más próxima acarreando cántaros y vasijas.
Palacio Español de Niño. Bajante de piedra canalizado que alimenta el aljibe.
Sos del Rey Católico
Estos pozos o aljibes se abrían generalmente en el patio de las casas, donde se encontraban los establos y cuadras. En Sos todavía podemos encontrar varios de estos aljibes en los patios de algunas casas, y en el patio del Palacio de Niño aún se conserva, y todavía funciona, la canalización pétrea que alimenta el aljibe en toda su bajante desde el tejado del edificio.
Pozos y aljibes domésticos quedaron obsoletos en el siglo XX con la instalación del agua corriente en la Villa, si bien se han conservado muchos de ellos como elemento decorativo en los patios de las casas, recordándonos  lo imprescindibles que han sido durante siglos estas típicas construcciones que tradicionalmente sirvieron para el suministro de agua a personas y animales.
En el entorno rural, allí donde el agua corriente no llega, todavía quedan servibles y operativos algunos pozos y aljibes para saciar la sed de animales y ganado, labradores y pastores que, continuando la misma labor que realizaron sus antepasados, se sirven de estas centenarias y sencillas construcciones, pero básicas para poder sobrevivir.




Aljibe del Palacio Español de Niño. Al fondo a la izquierda canalización que
baja desde el tejado, de donde recoge el agua de lluvia. Sos del Rey Católico.

Pozo en unas cuadras de Vico (Sos del Rey Católico)




BIBLIOGRAFÍA

-RIVAS GONZÁLEZ, FÉLIX A. “Las gentes y el agua. Piedras para el agua. Algunas construcciones para el aprovechamiento urbano”  Pilar Bernard Esteban (Coord.)La cultura del agua en Aragón. Usos tradicionales, pp.116-133. Rolde de Estudios Aragoneses. Zaragoza, 2008.


BIBLIOGRAFÍA III: ATLAS, DICCIONARIOS y ENCICLOPEDIAS



-Atlas de especies nidificantes de Aragón. Aves de Aragón. Javier Sampietro Latorre. D.G.A. Zaragoza, 2000.
-Atlas de Historia de Aragón. I.F.C. Zaragoza, 1991.
-Apuntes para el Diccionario geográfico del Reino de Aragón. Partido de Cinco Villas. Según el ms. 9-5723 de la R.A.H. de 1802. Mateo Suman. Edición de Josefina Salvo Salanova y Álvaro Capalvo Liesa. I.F.C., D.P.Z. Zaragoza, 2015.
-Diccionario Aragonés. Rafael Andolz. Librería General. Zaragoza, 1977.
-Diccionario de Heráldica Aragonesa. Bizén D´o Río Martínez. Prames. Zaragoza, 1998.
-Diccionario de la Lengua Española. Real Academia de la Historia, 21ª ed., 2 vols. Espasa Calpe. Madrid, 1992.
-Diccionario Geográfico Estadístico Histórico, 1845-1850. Pascual Madoz. Edición Facsímil. D.G.A. Valladolid, 1985.
-Diccionario Geográfico y Estadístico de España y Portugal (1826-1828) Sebastián Miñano y Bedoya. Imp. De Pierat. Madrid, 1827.
-Diccionario Geográfico Universal dedicado a la Reina Nuestra Señora. T.IX.  Ed. Imp. José Torner. Barcelona, 1836.
-Diccionario Histórico de Arquitectos en Aragón. Jesús Martínez Verón.5 tomos. I.F.C., Zaragoza, 2001-2002.
-Diccionario Universal de Historia y Geografía. Vol. VII. Francisco de Paula Mellado. Madrid, 1848.
-Enciclopedia Larousse 2000. 18 vols. Planeta. Barcelona,1997
-Enciclopedia temática de Aragón. Arte, T.I y II. Gonzalo M. Borrás Gualis. Ed. Moncayo. El Periódico de Aragón, Grupo Zeta. Zaragoza.
-Historia de España, 8 vols. Plaza & Janés Editores, S.A.Espluges de Llobregat (Barcelona), 1991.
-Historia de las civilizaciones, T.3, Los orígenes de la Edad Media. Larousse, 1996.
-Historia de las civilizaciones, T.4, Plenitud y ocaso de la Cultura Medieval. Larousse, 1996.
-Historia del arte español. T.III. Crisol de tres culturas.Planeta. Barcelona, 1995.
-Historia del arte español. T.IV. La época de los monasterios. Planeta. Barcelona, 1995.
-Historia del arte español. T.V. La época de las catedrales. Planeta. Barcelona. 1995.
-Memorias de la Real Academia de la Historia. 3V.Imprenta de Sancha. Madrid, 1799.
-Nueva Enciclopedia Larousse. 12 vols. Planeta.Barcelona,1984.
-Recuerdos y bellezas de España. Vol. 4. (Aragón). José Mª Quadrado. Barcelona, 1844.


NEPOTISMO EN LA EDAD MEDIA. SOS DEL REY CATÓLICO

Nepotismo (del latín nepos, nepotis) hace referencia a “sobrino”, y trata del favoritismo por el que un funcionario público facilita un empleo a un familiar sin tener en cuenta el mérito o capacidades de éste para el desempeño del trabajo, sino que lo hace simplemente por su parentesco, su preferencia en pos de alianzas o lealtades previas.
    Originalmente esta palabra era usada en el ámbito de las relaciones del Papa con sus parientes, específicamente con sus sobrinos, ya que eran criados como hijos suyos; en virtud de ello, algunos Papas son conocidos por ascender a sus parientes a ser cardenales de la Iglesia. En el siglo XIII, desde Inocencio III (1198-1216) a Bonifacio VIII (1294-1303), el parentesco con Papas y cardenales se convirtió en un importante factor de ascenso político y social para las familias nobles italianas.
Puesto que los cargos eclesiásticos eran ricas prebendas, los Papas de Aviñón se dieron de lleno al nepotismo. El Papa Clemente V (1305-1314), durante todo su pontificado, creó veinticuatro cardenales, y veintitrés de ellos eran franceses. Además, varios eran sus sobrinos o allegados, y con ello Clemente le dio gran auge al nepotismo, que sería una de las grandes lacras de la Iglesia hasta el siglo XVI.
El Papa Alejandro VI. Retrato de Cristofano dell´Altissimo
El Papa, Clemente VI (1342-1352), llevó a su punto culminante dos de las peores características del papado aviñonés: el nepotismo y el derroche excesivo de su corte, que no se distinguía de la de cualquier otro gran señor. Cuando la peste bubónica estalló durante su pontificado, no faltaron quienes vieron en ella un castigo del cielo por el nivel a que había descendido la vida eclesiástica.
Pero los favoritismos seguían, porque se trataba de  continuar una “dinastía” papal, como por ejemplo, el Papa Calixto III (1455-1458), de la familia Borja, convirtiendo a dos de sus sobrinos en Cardenales; uno de los cuales, Rodrigo, usó esta posición para finalmente llegar a ser el Pontífice Alejandro VI (1492-1503), el Papa más corrupto de la historia de la Curia Romana.
El Papa, Sixto IV (1471-1481), incurrió en el nepotismo. Nombró cargos de autoridad y de ingresos a más de 25 sobrinos y parientes, entre ellos ocho cardenales. Casó dos sobrinos con princesas bastardas de Nápoles, otro con la heredera del Ducado de Urbino, y otro con los Sforza de Milán.
Y claro está, si todo esto lo hacían los Papas ¿Qué no iban a hacer obispos, arzobispos, presbíteros, diáconos…y el resto de prelados del episcopado católico?
En este período de la gran crisis del Papado, antes de la Reforma, y que coincidió con la Edad Media, Sos no estaba ajena tampoco a las prácticas de nepotismo, donde la comunidad religiosa de San Esteban se organizaba jerárquicamente en tres niveles: al frente de la iglesia, como máxima autoridad, se encontraba el vicario, a continuación los capellanes, y en el último nivel un grupo de religiosos, los más numerosos, ocupado por los racioneros, llamados así por recibir una parte o ración de las rentas de la parroquia.
Como todo nivel jerárquico los capellanes disfrutaban de mayores rentas que los racioneros pero menores que las del vicario, reflejándose esta diferencia social  en el orden de asiento en las reuniones y en el tratamiento que se anteponía al nombre propio, siendo intitulados los capellanes como “don” o “mosén”. Pero toda la comunidad en general disfrutaba de ventajosos privilegios jurídicos y fiscales y tenían garantizados una serie de ingresos; si a esto le sumamos el dominio que tenían de la escritura, las artes mágicas y el desempeño del servicio divino que ofrecían a los ciudadanos no es de extrañar que gozaran de un gran prestigio social entre la vecindad, por lo que las familias de los estratos superiores de Sos, igual que sucedía en el Papado, siempre procuraron que alguno de sus miembros ingresara en la comunidad religiosa de San Esteban, como así lo consiguieron entre 1425 y 1515 los linajes infanzones de los Olleta, los Sada, los Artieda, los Lozano, los Gil de Urriés, los Sen, los Sos o los Español de Niño[1], siendo ésta última familia la que protagonizó un mayor ascenso social en la villa de Sos a finales del siglo XV. Estos nobles linajes, a su vez, procuraron facilitar el acceso a la iglesia a parientes suyos para que continuamente hubiera un miembro de cada generación en el seno de la iglesia.

          El nepotismo se radicó de tal forma en la comunidad religiosa de Sos que propició una tendencia a la “patrimonialización” de los beneficios, que prácticamente se consideraban como propios, derivando esto en una total libertad para disponer de los mismos, como hizo don Pedro de Sada, quien en 1507 renunció a la sacristía de la iglesia parroquial de San Esteban a favor de su sobrino Juan de Balbuena[2], y siete años más tarde, éste cedió su beneficio a su hermano Pedro[3].
Hubo clérigos en Sos que llevaron estas prácticas de favoritismo a su máximo exponente, como el vicario Pascual Milián, que colocó a su hijo ilegítimo como capellán de San Esteban, como muestra de la indeterminada postura moral de la Iglesia respecto a los hijos ilegítimos de los sacerdotes, puesto que aunque no se les permitía heredar de sus padres, sí que les autorizaba ingresar en la Iglesia[4]. O como hizo el capellán don Gil García de Urriés en el año 1455, que representó a su sobrino Gil, aun siendo éste menor de edad, en la toma de posesión de una vacante por la muerte del clérigo don Juan Pitilla[5].
Todas estas prácticas de favoritismos llegaron a ocasionar problemas de absentismo, tensiones, rivalidades y enfrentamientos tanto entre los propios clérigos, que procuraron mantener y defender su ración de cualquier modo, como entre los parroquianos de la villa, que veían desatendidos los servicios de la parroquia, siendo estos enfrentamientos de ámbito general durante la Edad Media, tanto en la Valdonsella como en el resto de Europa.
En el siglo XVI, llegada la Reforma, con el fin de evitar todos estas luchas y hostilidades y establecer un control, el Papado prohibió la investidura eclesiástica a cargo de los parientes de los religiosos.




  

[1] Abellá Samitier, Juan. Sos en la Baja Edad Media. Una villa aragonesa de frontera, p. 91.
[2] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 463, ff.35-35v.
[3] A.H.P.S., Gil García de Urriés, p. 507, ff. 51v-53.
[4] Mª. L. Ríos Rodríguez; C. Díez Herrera. “La vie du clergé rural dans le nord de l´Espagne médiévale d´après les actes synodaux”, en B. Bennassar, “Le clergé rural en Espagne à l´époque moderne”, Le clergé rural dans l´Europe médiévale et moderne, pp. 167-186. Actes des XIII èmes Journées Internationales d´Histoire de l´Abbaye de Flaran, 1991, citado en Abellá Samitier, Juan. Sos…cit. P. 91.
[5] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 404, ff. 41-41v.





BIBLIOGRAFÍA

-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. Sos en la Baja Edad Media. Una villa aragonesa de frontera. I.F.C. (C.S.I.C.)  Zaragoza, 2012.
-CAROCCI, SANDRO.  El nepotismo en la Edad Media: Papas, Cardenales y familias nobles.Publicaciones de la Universidad de Valencia, 2007
-En la web:
-encicloedia.us.es. “Cronología de los Papas”
-www.monografías.com. Efraín Lemus. "El nepotismo en la Iglesia"

domingo, 19 de marzo de 2017

LOS POBRES DE SOS EN LA EDAD MEDIA

           El último sector de la jerarquizada estructura de la sociedad medieval es el formado por los grupos inferiores. Entre el variopinto grupo de personas que componen este sector hay uno que destaca por el elevado número de individuos que lo integran: los pobres.
           
          En la sociedad medieval se consideraba pobre a toda aquella persona carente de lo necesario para vivir: vivienda, bienes, tierras, ropa, pero sobre todo, lo más imprescindible: comida. De este grupo de  pobres, la sociedad distinguía  entre el pobre mendigo, malhechor, vagabundo, miserable, ladrón y delincuente, generalmente de comportamiento violento y criminal, que es discriminado y marginado por la sociedad debido a su inapropiada conducta moral y por representar ser un peligro público, y los pobres”vergonzantes”, que eran aquellas personas humildes, vecinos de la localidad, que poseyendo vivienda se habían empobrecido por diversos factores y se “envergonzaban” de haber perdido su anterior status social. Paradójicamente los primeros, junto a los vergonzantes, eran aceptados porque permitían el ejercicio de la caridad, virtud imprescincible entre las personas más favorecidas para salvar el alma ante Dios; pero el grupo de los “pobres vergozantes” quedaba exento de la criminización a la que estaban sometidos el resto de pobres mendigos y vagabundos, o sea, que dentro de la exclusión social a la que se vieron sometida todo el colectivo de pobres, los vergonzantes fue el grupo mejor comprendido y el más “integrado” en la sociedad medieval.
En Sos del Rey Católico no tenemos noticia alguna de pobres malhechores, lo que no quiere decir que existiera alguno, aunque generalmente este tipo de individuos solía ser condenado al destierro por el miedo y rechazo que generaba en la sociedad, vagabundeando de pueblo en pueblo, hurtando en los campos o realizando cualquier clase de delito. Sin embargo sí tenemos alguna información, no mucha, de los pobres vergonzantes.
Los pobres vergonzantes son personas que, según los censos, eran propietarios de viviendas y terrenos, pero que por diversas circunstancias, que luego veremos, se han visto privados de sus bienes materiales temporal o permanentemente, siendo incapaces de sobreponerse a las adversas dificultades, lo que les llevó a un estado de precariedad del que, generalmente, no han podido escapar. Hay autores que han definido este estado como “pobreza laboriosa”, personas que pueden ejercer un oficio o profesión pero cuyas rentas son insuficientes para poder vivir decentemente, alcanzando los límites de la pobreza.
Los pobres vergonzantes de Sos, para mitigar en parte su pobreza, contaron en muchas ocasiones con la ayuda del propio concejo de la villa por medio de medidas fiscales y sociales destinadas a paliar su precaria situación, obteniendo también la ayuda de sus familiares y vecinos; y aunque no consiguieron entre todos ellos sacarlos de la miseria, sí que facilitaron la supervivencia de las familias en momentos y situaciones difíciles, consiguiendo la subsistencia de este desfavorecido sector.
A este grupo de pobres es al que se refieren los censos y fogajes realizados en la Edad Media, pues aunque eran vecinos del municipio, sus tierras y esfuerzo personal no les permitían acumular el excedente necesario para pagar los impuestos, siendo reflejados en el fogaje como "pobres", y así quedaban exentos del pago de cualquier tributo. 
En Sos las fuentes documentales que hablan de este sector empobrecido de la población son muy escasas. Encontramos alguna referencia en el censo de 1495 (ver) que mandó realizar Fernando el Católico[1] con el fin de establecer el impuesto de las sisas ante una posible invasión de las tropas de Carlos VIII de Francia. En el fogaje realizado se expresó la lista de los titulares de todas las casas de Sos y en alguna de ellas se especificó la situación de insolvencia de los vecinos, considerándolos como pobres, concretamente de 25 de ellos(ver al final) que sobre un total de 124 fuegos recogidos supone un 20,26% del total del censo.
Los datos del fogaje nos indican que los pobres de Sos fueron, pues, titulares de casas, por lo que gozaron de derechos como vecinos, disfrutando de los recursos naturales de los términos municipales y de los comunales.
Entonces, ¿cómo llegaron a tan precaria situación? La respuesta la obtenemos analizando las trayectorias vitales de estas personas a través de los protocolos notariales de la villa. A este respecto Juan Abellá realiza un excelente estudio de los mismos[2].
Labradores en la Edad Media
En el fogaje de 1495 aparecen 18 varones catalogados como pobres; ocho de ellos se nombraron en diversos documentos como labradores, por lo que serían en su mayoría campesinos pobres, labradores poseedores de tierras, pero insuficientes para garantizar su subsistencia y la de su grupo familiar, como lo demuestra el legado que dejó en 1449 Pedro de Traza, pobre según el fogaje, a repartir entre su viuda, María Portolés, y su hermano Juan de Traza, correspondiendo a la viuda una cuarta parte de un plantado en las Padules de Arbe que ella, su marido y su hermano plantaron en dicho término; además, María obtuvo las partes de una casa y 6 sueldos que Juan le dió para que el reparto fuese más equitativo[3]. Como puede verse, las posesiones del difunto Pedro eran tan exiguas que no permitían una explotación que le mantuviese a él y a los suyos.
Entonces ¿Cómo solucionaban, al menos, la subsistencia del grupo? La respuesta es sencilla: aferrándose a cualquier tipo de contrato o trabajo que surgiera, aunque fuera de forma eventual. En este caso el anteriormente citado, Pedro de Traza, tuvo que trabajar para otra persona a cambio de un jornal con el fin de conseguir unos ingresos extras para sustentar a su familia, como así lo certifica un documento por el cual Pedro recibió en aparcería durante seis años en 1491 varias heredades en la Val de Fonón de Vico de Sancha Ximénez de Undués, debiendo cultivarlas y dar anualmente la novena parte de la cosecha[4].
Igualmente, en 1511, el caballero Martín de Ampiedes y su mujer María Carlos cedieron durante dos años a Domingo de Jaz, pobre según el fogaje, un huerto, un linar, una viñaza y un olivar, estableciéndose que entregase la mitad de la cosecha del huerto y del linar, y una octava parte de la recogida de los campos[5].
También fue frecuente en este desfavorecido grupo de labradores el contrato eventual como jornaleros del campo, sobre todo en épocas de mayor producción, de cuyos contratos apenas quedan constancia en los documentos notariales, pues la mayoría de estos se realizaban de forma oral y por una baja cantidad de dinero, por lo que no merecía la pena acudir al notario para formalizar un contrato; no obstante, como muestra de estas actividades cabe mencionar cómo el 19 de julio de 1495 Miguel de Bruello, habitante en Usón, Salvador Jayme, de Alberuelo, y Domingo Martínez y Alfonso García, habitantes de Almuniente, nombraron procurador para cobrar de Miguel de Rúa, habitante en Sos, todos aquellos menoscabos a ellos hechos y debidos por ciertos jornales de seguar davidos[6]. Es lógico pensar que si en épocas de mayor actividad agrícola venían jornaleros de otras zonas más apartadas del Reino, como de Almuniente (Huesca), era porque en Sos ya no quedaban jornaleros a contratar, por lo que se supone que los desfavorecidos vecinos de la villa estaban todos activos, aunque fuera solo temporalmente.
A este respecto es lógico pensar los problemas que sufrieron los contratados derivados de las crisis agrarias cíclicas, donde los salarios variaban dependiendo de las cosechas.
Es decir, que la gran mayoría de los pobres agricultores de Sos tuvo que trabajar las tierras de alguno de sus vecinos, bien fuera en régimen de asalariado, arriendo, aparcería o cesión, con diferentes condiciones pactadas, para conseguir los ingresos suficientes para poder subsistir y mantener a sus familias.
El sector empobrecido de Sos también trabajó en un ámbito de la economía local que experimentó un gran auge a partir de finales del siglo XV: la ganadería. Estos pobres vecinos también fueron contratados para cuidar rebaños de grandes o pequeños propietarios de ganado. A este respecto la documentación nos dice que Juan de Arbe era pastor en 1499[7]; y que Sancho Garderas fue el porquero de la villa en el año 1495[8], ambos pobres, según el fogaje.
También trabajaron en el sector del comercio, pues el auge que el mismo estaba experimentando en la villa les dio la oportunidad de trabajar como transportistas, siendo contratados para trasladar mercancías entre las villas y localidades cercanas a Sos. El pago que podían obtener como transportistas era en ocasiones mucho más alto que el que proporcionaban algunas tareas agrícolas, como así lo demuestran las anotaciones en el testamento del año 1487 de Pedro Ferrer, en las que se especificaron cómo le compró un buey al infanzón Lozano Martínez por 80 sueldos y le pagó ayudándole a podar durante once días y transportando su trigo a Cáseda durante cuatro jornadas. En la valoración de estos trabajos se estimó que podar un día equivalía a un salario de un sueldo y seis dineros, mientras que por transportar mercancías el pago fue de cuatro sueldos al día, más del doble.[9],
En resumen, que los labradores empobrecidos de la villa tuvieron que aferrarse a cualquier oportunidad de trabajo que les surgiera, por parte siempre del sector más favorecido, con el fin de conseguir unos ingresos extras con los que poder sustentar al grupo familiar.
Por otra parte, en todos los censos existentes en España de aquella época, son las mujeres las que figuran en mayor número como pobres y, entre éstas, son las viudas las que aparecen presentadas como uno de los grupos pobres arquetípicos, y el fogaje de Sos de 1495 no iba a ser la excepción.
En una economía basada casi exclusivamente en la agricultura y ganadería, como la de Sos, la fuerza física es la clave del éxito, por lo que quien carecía de ella estaba destinado, sin remisión alguna, a la pobreza. Viudas y huérfanas, sin un varón en la casa, serían pasto de la pobreza.
De los 25 pobres del fogaje de Sos de 1495 siete son viudas (28% del total), si a esto le añadimos que de los 124 fuegos censados sólo diez eran viudas (8,06%), se obtiene que el 70% de las mismas fueron catalogadas como pobres. Es cierto que había viudas de la élite de la sociedad que gozaron de un alto nivel nivel económico, pero la proporción con las viudas pobres era mucho menor (en el fogaje de Sos sólo tres de diez viudas no fueron catalogadas pobres) Y si comparamos el fogaje de Sos con los elaborados en otras localidades este porcentaje varía muy poco, por lo que el colectivo de viudas fue el grupo de individuos que tradicionalmente más se asoció con la pobreza.
Así se aprecia en Sos en la comanda que suscribió en 1493 la viuda María de Olleta, pobre según el fogaje, por la que recibió 135 sueldos de su pariente Pedro de Olleta, obligando dos viñas, una pieza y un buey[10] o en la concordia que suscribió la pobre y viuda Agueda Ezquerra en 1507 con su hijo Pedro Bueno, por la cual renunció a sus derechos de viudedad sobre los bienes que envió a Pedro como ayuda de matrimonio a cambio de recibir una pensión anual mientras viviese de cinco fanegas de trigo y de 10 cántaros de vino[11], lo que demuestra que la principal carencia que padecieron las viudas fue la falta de mano de obra para trabajar sus heredades.
Otro grupo de pobres fue el formado por los criados, mozos, aprendices y sirvientas que vivían en las casas de los sectores más favorecidos, aunque su presencia no quedó reflejada en el fogaje de 1495 por pasar éstos a formar parte de la unidad familiar a la que servían. No obstante, sabemos que el porquero Sancho Garderas, antes mencionado,calificado como pobre en 1495, años atrás, en 1478, fue el criado del herrero Pedro Martínez de Sigüés[12]
"Colocar" a los hijos en una vivienda para servir era una forma que tenía la familia de ahorrarse una dieta en casa; así se evidencia en el testamento de Pedro Larraz, quien nombró herederas a su mujer y a su suegra a condición de que haya ha alimentar y criar a los dichos mis fijos fins a que tengan hedat de poder servir sendos amos[13]
El principal objetivo que perseguían estos criados, mozos, aprendices de campesinos, de ganaderos e incluso de artesanos, era el obtener el capital y el ajuar necesarios para poder casarse y formar una familia, como se aprecia en la sentencia arbitral de 1463 por la cual el rector de Arbe tuvo que pagar 80 sueldos a Eximeno de Sada, al que había prometido 150 como ayuda de matrimonio a cambio de ciertos servicios[14]. En contadas ocasiones la situación de estos criados terminó favorablemente, como le sucediera al infanzón Miguel de Artieda, quien tras años de ser mozo de labor de sus tíos García Zareco y María de Artieda, recibió como pago en el año 1511 una cama de ropa, un par de bueyes, una carga de sementero ya sembrada, una viña de 10 peonadas, cinco piezas y media de tierras y un linar, además de la promesa de recibir 400 sueldos cuando se casara[15]; pero este caso supone una excepción, ya que la mayoría de ellos, aunque lograron su autonomía y constituir su propio hogar, siguieron manteniéndose en el límite o bajo los umbrales de la pobreza.
Atención a enfermos en un hospital
Ancianos y enfermos son otro grupo de personas que, ante la imposibilidad de ganarse la vida por sí mismos, pasan a formar parte del sector empobrecido de la villa; unos y otros ayudados por sus familiares y amigos o amparados por las ayudas hospitalarias y del concejo. En este sentido los poderes públicos contrataron médicos y especieros a finales del siglo XV ofreciéndoles unas condiciones económicas y fiscales muy ventajosas, como se aprecia en el contrato firmado en 1504 entre Sos y el médico Carlos de la Caritat, por el que el galeno se comprometió a residir en la localidad y a visitar a todo vecino o morador que lo necesitase, recetándole todo lo que fuera menester. Ante cualquier conflicto entre médico y paciente respecto a sus honorarios, eran los magistrados quienes dictaminaban a cuánto debían ascender, teniendo en cuenta el tiempo empleado por el médico en su servicio y la facultat de tal o tales pacientes, esto es, su condición social y sus posibilidades económicas[16]. De este modo hasta los más desfavorecidos de Sos tuvieron asegurado un servicio sanitario.
Otra ayuda que recibían los más necesitados de la villa era a través de las limosnas pues, según las normas de una sociedad cristiana, los que ocupan los puestos más elevados en la misma están obligados a ello. El Clero y la élite social deben atender a aquellos que de una situación acomodada han caído en la pobreza, siendo este acto un salvoconducto para alcanzar el cielo, pues la limosna borra los pecados, apacigua la atormentada conciencia del pecador, del poderoso, y abre las puertas para alcanzar la vida eterna y la gloria divina. Pero estas limosnas sólo solucionarán escasa y temporalmente las necesidades de los pobres de la villa.
Además de las limosnas los más necesitados también recibieron los legados piadosos que se solían establecer en los testamentos, que igual que las limosnas, servían al donante para alcanzar la vida eterna.
Tanto de las limosnas como de los legados piadosos se encargaban los magistrados locales, gestionando también las pensiones de algunos censales que sus propietarios destinaron a actuaciones sociales; de esta forma García Garceyz dejó en su testamento que se destinasen todos los años las pensiones de dos censales, que sumaban en conjunto 100 sueldos, a la compra de paños para vestir pobres[17]. Cuando García murió, así lo hicieron sus albaceas.
Todas estas ayudas fiscales y sociales mitigaban temporalmente las necesidades de los pobres vergonzantes, pero no era una solución definitiva; la debilidad económica continuaba en sus casas, lo que les llevó a algunos de ellos a solicitar con relativa frecuencia préstamos de consumo, lo que les originará, en ocasiones,  otro problema añadido a su ya delicada situación.
Así, Martín de Lacagorría, recibió 110 sueldos en comanda en 1491, dos cahíces de trigo en 1494, cereal junto a otros vecinos por valor de 786 sueldos en el año 1507 y 80 sueldos en 1508[18].
                        En ocasiones estas prácticas afectó a los propios hijos, como demuestra el pacto al que llegaron en 1494 Lope Lacuey con su hermano Miguel para hacer frente cada uno a la mitad de las deudas de su padre Juan; el mismo día en que Lope llegó a ese acuerdo suscribió una comanda de 115 sueldos con Pedro la Pedrera[19].
A veces, para poder hacer frente a la deuda contraída, tuvieron que vender los escasos bienes que poseían, o bien sufrieron el embargo de los mismos por parte de los acreedores ante la imposibilidad de poder cobrar el préstamo, bienes que el acreedor vendía en pública subasta para poder resarcirse, en parte, de la deuda.
                         La penuria económica llegaría cuando esta pobre gente no pudiera pagar los censos con que estaban gravados algunos de sus inmuebles, lo que ocasionaría su desahucio, proceso que padeció Juan Enyéguez, cuyas casas tomó en posesión Bartolomé Español en 1502 porque Juan no le había satisfecho la deuda contraída[20] (¿Os suena esto?)
Por otra parte el concejo de Sos, en su afán de ayudar a los más empobrecidos de la localidad, quiso favorecerlos a la hora de establecer su política fiscal. Así, en una asamblea de 1474 en la que el monarca exigió a la junta de Ejea 9.000 sueldos para la realización de una hueste y cabalgada en la que Sos debía aportar 1.250 sueldos, el concejo decidió dividir a los habitantes de la villa en cuatro grupos dependiendo de sus posibilidades económicas. Así, los más poderosos pagarían 12 sueldos, el siguiente grupo 10, el tercero 8 y por último, los menos favorecidos, 6 sueldos[21]. También, en otra reunión de 1471 en la que se nombraron repartidores para el segundo año de las sisas sobre el pan y la carne por el rey y las Cortes, los vecinos tuvieron que cotizar en tres tercias, o sea, cada cuatro meses, debiendo pagar la casa, como unidad fiscal, según el número de comedores mayores de 6 años, pagándose lo mismo por comedor; entonces el concejo dispuso que las 15 casas más pobres fuesen ayudadas por las 15 más ricas, que pagarían por las pobres 20 dineros por casa en cada tercia; además, las siguientes 15 casas más poderosas pagarían cada una por tercia 12 dineros que se destinarían a las siguientes 15 casas más pobres[22].
Pero todas las ayudas al sector empobrecido de la villa eran pocas para paliar sus necesidades básicas, pero eran las que eran, y tanto los vecinos como el concejo de Sos no podían hacer más por este grupo de pobres vergonzantes que seguía sumido en la pobreza.
Por eso el grupo también usó la picaresca como arma para poder subsistir, porque cuando el hambre aprieta, cualquier acto, por ilegal que sea, se antepone a la razón con tal de conseguir algo de sustento para poder garantizar la supervivencia de la familia: ocupaciones silenciosas de tierras, pequeños hurtos, deserciones militares, evasión de impuestos, sisas a la Iglesia de parte del grano del diezmo… y otros pequeños actos de rebeldía (que comentaremos en otra ocasión) eran acciones frecuentes llevadas a cabo por este grupo, aunque para ello tuvieran que transgredir y burlar las normas establecidas por el concejo o la Iglesia [23].

POBRES DE SOS SEGUN EL FOGAJE DE 1495[24]


Sancho de Sos
Pero Gil
Pero de Sos
Johan Darbe
Viuda de Pero Bueno
María Dolleta, viuda
María Don Blasco, viuda
García Desparça
Johan Nicholau
García Besaro
Viuda de Johan Durries
Viuda de Pedrera
Domingo de Jar
Pedro de Traça
Lope la Cuey
Viuda de Sancho Darbe, de por Dios (otro grado de pobreza)
María Dandues, viuda
Johan Enyeguez
Martin de Çagurrea
Pero Nicholau
Sancho Guardera
Miguel de Larraz
Johan Guarderas
Domingo Marinea
Johan Ruyz
Viuda de Miguel Loçano




[1] Serrano Montalvo, A. La población del Reino de Aragón según el fogaje de 1495. V. II. I.F.C. Zaragoza, 1997.
[2] Abellá Samitier, Juan. Sos en la Baja Edad Media. Una villa aragonesa de frontera, p.259. I.F.C. Excma. Diputación de Zaragoza. Zaragoza, 2012.                                                                      
[3] M.Mollat. Pobres, humildes y miserables, citado en Abellá Samitier, J. Cit. Sos...p. 260.
[4] A.H.P.S. Miguel del Sen. P. 450, f.2.
[5] A.H.P.S. Miguel del Sen, P. 466, ff. 72-72v.
[6] A.H.P.S. Miguel del Sen. P. 453, ff. 37v-38.
[7] A.H.P.S. Miguel del Sen. P. 456, ff. 36v-37.
[8] A.H.P.S. Juan Zareco. P. 437, ff. 13-13v.
[9] A.H.P.S. Miguel del Sen. P. 447, ff. 47v-48.
[10] A.H.P.S. Juan Zareco. P. 435, f. 17.
[11] A.H.P.S. Miguel del Sen. P. 463, ff. 22v-23.
[12] A.H.P.S. Juan Zareco. P. 420, f. 15v.
[13] A.H.P.S. Bartolomé Español. P. 489, ff. 65-66.
[14] A.H.P.S. Juan Zareco. P. 408, ff. 21-21v.
[15] A.H.P.S. Gil García de Urriés. P. 506, ff.2v-4.
[16] A.H.P.S. Miguel del Sen. P. 461, ff. 41-41v.
[17] A.H.P.S. Martín de Ampiedes. P. 384, f. 30.
[18] A.H.P.S. Miguel del Sen. P. 450, f. 24; Juan Zareco. P. 436; Miguel del Sen. P.463, ff.53v-54; Miguel del Sen. P.464, f. 27v.
[19] A.H.P.S. Juan Zareco. P. 436, f. 1v.
[20] A.H.P.S. Miguel del Sen. P. 459, f. 75.
[21] A.H.P.S. Martín de Ampiedes. P. 394, f. 124.
[22] A.H.P.S. Martín de Ampiedes, junior. P. 394, ff. 85v-86.
[23] Abellá Samitier, J. Cit. Sos...p. 269-274.
[24] Transcripción ortográfica literal. Serrano Montalvo, A. Cit. La población del Reino...




BIBLIOGRAFÍA

-ABELLÁ SAMITIER, J. Selección de documentos de la villa aragonesa de Sos. (1202-1533) I.F.C. (C.S.I.C.) Excma. Diputación Provincial. Zaragoza, 2009.
-ABELLÁ SAMITIER, J. Sos en la Baja Edad Media. Una villa aragonesa de frontera. I.F.C. Excma. Diputación de Zaragoza. Zaragoza, 2012.
-AYALA, CARLOS de; Cantera Montenegro, Enrique; Caunedo del Potro, Betsabé; Laliena Corbera, Carlos. Economía y Sociedad en la España Medieval. Historia de España IX. Istmo. Madrid, 2004
-MARTÍNEZ GARCÍA, LUIS. “Pobres, pobreza y asistencia en la Edad Media hispana. Balance y perspectivas” Rev Medievalismo nº 18, pp. 67-107. S.E.E.M., Universidad de Madrid.  2008.
-MOLLAT, MICHEL. Pobres, humildes y miserables en la Edad Media. Fondo de Cultura Económica. Mexico, 1998.