sábado, 25 de febrero de 2017

PLAÑIDERAS EN SOS

“...llamad a las plañideras.Haced venir a las expertas; que vengan en seguida y nos entonen lamentos..." (Jer, 9:16,17)





 Una plañidera es una mujer a la que se paga por asistir a los velatorios y funerales para llorar al difunto. El pago puede hacerse en dinero o especie.
La palabra plañidera deriva de plañir (llorar con sollozos), del latín plangere (lamentarse). Pagar a mujeres para llorar en los funerales es una tradición milenaria que los griegos y romanos heredaron de los hebreos, aunque se cree que ya los egipcios pagaban a mujeres para llorar a los muertos. 
Las plañideras hacían público el llanto y dolor de la familia del muerto, acompañaban a los familiares del difunto dándoles apoyo moral y confortando su dolor, a la vez que ayudaban al alma del difunto en su viaje hacia la vida eterna. Esta costumbre ha perdurado en España hasta no hace mucho tiempo.
En Sos del Rey Católico, cuando fallecía alguna persona, era costumbre ir a rezar los rosarios a casa del fallecido, a la que acudían todos los parientes, amigos y vecinos del pueblo y, por supuesto, las plañideras.
         El número de plañideras a las que se pagaba en un funeral era directamente proporcional al status social del finado; si el fallecido pertenecía a la élite de la sociedad la familia podía pagar a varias plañideras, mientras que si era de las clases menos favorecidas, su delicada situación económica sólo les permitía poder pagar a una. Entre los primeros y estos últimos se abría una amplia gama de diferentes economías que condicionaba el número de plañideras a contratar tras una defunción en el hogar.
A principios del siglo XX la mayoría de los vecinos de Sos eran agricultores y ganaderos que bastante tenían con intentar sacar a su familia adelante en un momento histórico de difícil situación económica, por lo que cuando moría algún familiar sólamente podían pagar una plañidera y, para evitar discusiones y enfrentamientos, lo hacían a la primera que llegara a casa del fallecido.  Y es por esto que el "oficio" de plañidera se convirtió en una verdadera competencia entre las vecinas de la villa, por ser la primera en acudir a un velatorio tras fallecer algún vecino. No era mucho lo que recibían en pago, ya fuera dinero o víveres, pero al menos era una pequeña ayuda extra para el hogar en un momento económicamente delicado. 
 La competencia entre plañideras en Sos era tal que algunas mujeres echaron mano de la astucia y la picaresca para intentar llegar la primera a los velatorios. Una estrategia nos la narra el sosiense Máximo Machín en sus memorias, cuando cuenta que allá por 1916 su madre, Juana Iriarte, lo mandaba hacer guardias ante la puerta del fallecido antes de que éste muriera. Máximo cuenta que siendo pequeño, con 5 o 6 años, su madre estaba al tanto de las personas mayores del pueblo que se encontraban muy enfermas y el desenlace final casi se venía venir, por lo que le mandaba ir frente a la casa del futuro finado y le decía: “mira hijo, vete a casa de fulanito y quédate frente al portal...cuando veas entrar y salir a mucha gente y oigas que sus familiares lloran y corren por la casa dando gritos y armando mucho jaleo, vienes deprisa y me lo dices". De esta forma, prácticamente se aseguraba ser la primera en llegar y rezar al muerto, con lo que la recompensa estaba garantizada; además, todos quedaban contentos: el fallecido marchaba al otro mundo confortado; su familia tranquila, aliviado su dolor, y la plañidera se iba a su casa con dinero o comida extra para tres o cuatro días. Una velada perfecta.


Aunque en España y Europa es una tradición ya en desuso, recientemente en el Reino Unido han retomado esta milenaria costumbre y actualmente se están contratando plañideras por 57 euros la hora de llantos y parece ser que se está empezando a extender de nuevo a otros países.




BIBLIOGRAFÍA

En la web:
-MACHÍN IRIARTE, MÁXIMO. Memorias del viaje. http://www.laroca.cat/arxiumemoria/obres/7-16.pdf