miércoles, 11 de enero de 2017

ERMITA DEL CASTILLO DE ROITA


Junto al castillo de Roita(ver) existió una iglesia románica que actualmente está totalmente derruida.
Muy poco se sabe de ella, por lo que también son escasas sus referencias.
Juan Bautista Labaña ya dijo en 1610 que en Roita existía una ”iglesia grande”. En 1983 Amado Martínez Biel la descubrió, y posteriormente Mª Jesús Berraondo nos da noticias de este templo en la revista Suessetania[1].
Tampoco sabemos a quién está dedicada la iglesia, pero Mateo Suman indica que la parte de Roita correspondiente a la zona en la que nos encontramos era propiedad, iniciado el siglo XIX, de D. Alejandro Borgas y Marco, que tiene en el lugar una gran casa con dos vecinos (unas 14 personas) y un oratorio, sito en un montecillo cercano a la casa, dedicado a San Josef[2]Esta podría ser la ermita de Roita que nos ocupa, porque existía otro oratorio en Roita que estaba junto a la casa del administrador del resto de los montes del término, que pertenecían al Conde de Giraldeli, donde vivía con su familia y criados, y estaba ubicada monte abajo, a mitad de descenso de los montes en dirección a Ceñito[3], totalmente derruido actualmente.
Igualmente desconocemos quién la mandó construir ni cuándo, aunque teniendo en cuenta la historia del castillo y los pocos restos que quedan de ella podría ubicarse su construcción entre el reinado de Sancho el Mayor y Ramiro II (siglos XI-XII)
Sea como fuere, sólamente unas pocas piedras nos recuerdan su existencia, por lo que su identificación y localización sobre el terreno resulta muy difícil si no nos hemos informado con anterioridad de su exacta ubicación. Es más, tal es el estado de ruina que, si subimos hacia el castillo de Roita, cruzaremos por lo que fuera el interior de la nave de la iglesia sin darnos cuenta de su presencia, por lo que vamos a dar algunas indicaciones para identificar su asentamiento.
Inicio del sendero hacia el castillo de Roita

          A la derecha de la derruida construcción que hay junto al camino forestal por el que hemos venido, justo antes de comenzar la última ascensión al castillo, observamos una marca que nos indica el inicio del sendero que nos llevará hasta la propia base de la fortificación. Es una estaca de madera clavada en el suelo cuya parte superior está pintada con dos franjas de pintura: blanca y roja. Apenas a 60 metros de aquí llegaremos al lugar donde estaba la ermita.



Piedras desparramadas, árboles y vegetación forman un mismo conjunto






          Piedras que afloran en el suelo, pequeños trazos de muro, sillares desparramados que se confunden con la espesa vegetación, árboles, ramas, arbustos, hojarasca, musgo...todo ello en perfecta armonía con la naturaleza pasa desapercibido ante nuestros ojos. Es hora de activar la imaginación y de hacer un análisis del terreno.
El ascenso hacia el castillo por el sendero nos ha conducido hasta un lugar rocoso en el que, aunque no se observa claramente una horizontalidad del terreno, podemos imaginárnosla, dado que estamos en una plataforma rocosa que sirvió de planta para la iglesia. Ahora sólo hay que mirar a nuestro alrededor y hacer un análisis de todo cuanto nos rodea.
Restos del muro norte y acceso al interior del templo





          El templo era de una sola nave, orientada, y tendría aproximadamente unos 16 metros de longitud por 10 de ancho, según los sillares que afloran en algunas zonas del terreno. A nuestra izquierda, junto al sendero, veremos un bloque de piedras formado por 5 o 6 hiladas en altura, viendo que las de la primera hilada están asentadas en una plataforma algo más ancha. Este sería el vano de la puerta de acceso al templo, situado en su muro norte, y que, a tenor de los restos encontrados siguiendo la dirección del muro, podemos ver que éste formaría parte, posiblemente, de una muralla perimetral, que siguiendo la plataforma rocosa compuesta por grandes bloques de piedra, configuran un recinto defensivo amurallado.
En el lado izquierdo del muro norte puede verse el hueco para alojar la tranca
de cierre de la puerta

     
          Otro detalle nos confirma que estamos ante la entrada del templo: en la penúltima hilada que se conserva en altura, y en uno de los lados, advertimos el hueco labrado en la piedra para alojar la tranca de cierre de la puerta. En el lado que correspondería al interior del templo observamos que los sillares están mejor labrados que los del resto de la edificación y en este y otro tramo anterior del muro se dejan entrever los salientes de unas pilastras que es de suponer soportarían el abovedamiento de la nave a través de arcos fajones.
Zona interior del ábside, donde los árboles crecen a su antojo
Con estos datos ya tenemos ubicado y orientado el templo. Ahora se trata de seguir imaginando la estructura de la ermita siguiendo el rastro que nos dejan las piedras allí existentes, obviando, claro está, los árboles, ramas y arbustos que han crecido en lo que sería el interior de la ermita, por ejemplo dentro de lo que sería el cilindro absidal, donde la vegetación lo cubre todo, pero todavía se pueden ver alguna de las hiladas que lo formaban, comprobando, como antes hemos visto, que su talla es de peor fábrica que los sillares que dan al interior, así como su peor disposición, lo que nos hace pensar que muy probablemente la iglesia se derrumbara parcialmente en algún momento y posteriormente se volviera a reconstruir. Según García Omedes, este ábside tendría un vano en su centro, a tenor de una piedra que encontró en las proximidades y que vendría a ser la pieza interior del medio punto del vano.
Afloramientos de piedras nos delimitan el perímetro del templo










          Si continuamos “leyendo” las piedras que afloran y seguimos con la imaginación, observaremos también la articulación interior del lado norte entre la cabecera y la nave. Si proyectamos en el suelo la línea imaginaria del perímetro del templo, encontraremos afloramientos rocosos que nos definirán perfectamente esta línea, aunque hay muchos tramos en los que no se advierten prácticamente nada, sobre todo en lo que sería el muro sur.
Cabecera de tumba antropomorfa ante la entrada al templo.
La parte que falta  hace de escalón para acceder al interior de la iglesia

          Un detalle curioso lo encontramos en la misma senda por la que hemos accedido a la planta de la iglesia. Justo antes de pisar el interior del templo, por la misma senda, accedemos a la plataforma a través de una roca que hace las veces de escalón. Si nos fijamos bien, este “escalón” no es sino una tumba antropomorfa, ya rota, cuyo tramo medial es el que hace de escalón, y en la que todavía puede distinguirse el tramo cabecero de la misma orientado hacia poniente. Es una tumba de las mismas características que la existente bajo los ábsides de la iglesia de Sos del Rey Católico, indicando la existencia de una necrópolis junto al templo, en su lado norte.
Sillares caídos de todos los tamaños, algunos de ellos dovelados, los encontramos desparramados por los alrededores, así como otros diseminados en las proximidades del templo, y que formarían parte de algunas casas que siglos atrás se levantaron en la zona.

Restos de lienzos de muros hacen pensar en la existencia de una muralla perimetral

Piedras y sillares esparcidos por los alrededores nos indican la anterior existencia de casas en el lugar





[1] Berraondo, Mª. J. “Sos del rey Católico. ¿Una ermita junto a Roita?” Rev. Suessetania nº 14.
[2] Suman, Mateo. Apuntes para el Diccionario Geográfico del Reino de Aragón. Partido de Cinco Villas, p. 130.
[3] Ibidem, p. 129.






BIBLIOGRAFÍA


-BERRAONDO, Mª. JESÚS. “Sos del rey Católico.¿Una ermita junto a  Roita?” Revista Suessetania nº 14. 1998.
-SUMAN, MATEO. Apuntes para el Diccionario geográfico del Reino de Aragón. Partido de Cinco Villas. Según el ms. 9-5723 de la R.A.H. de 1802. Edición de Josefina Salvo Salanova y Álvaro Capalvo Liesa. I.F.C., D.P.Z. Zaragoza, 2015.
En la web:
http://www.romanicoaragones.com. A. García Omedes. Iglesia del castillo de Roita