lunes, 24 de julio de 2017

ERMITA DE BARUES


Barués es un pequeño núcleo del término de Sos casi despoblado (actualmente cuenta con tres habitantes censados) situado a unos siete kilómetros al sur de Sos del Rey Católico, asentado en plena Sierra de Peña junto al barranco de Vandunchil. Se accede al lugar por la carretera que saliendo de Sos se dirige hacia Carlilliscar, y al llegar a Novellaco se toma una pista asfaltada a la izquierda, y tras recorrer unos tres kilómetros por ella llegamos a Barués.

La ermita data de finales del siglo XIII. En el siglo XX se le añadió un edificio junto al muro de la Epístola, utilizado como escuela publica y que actualmente está totalmente desplomado. Restaurada en 1988 por la arquitecta María José Iturralde Navarro, contrasta su cuidado aspecto con los arruinados edificios que la rodean.  Está dedicada a Santa María de Barués, y en el año 1953 fue creada parroquia; pertenece a la Iglesia de San Esteban de Sos y es propiedad del obispado de Jaca.


Ermita de Barués. Abside.

Se hace muy difícil definir una cronología detallada de su construcción, ya que su ejecución se dilató en el tiempo de manera notable y los sucesivos añadidos sólo han servido para crear más confusión estilística al desvirtuar las formas originales.
Según Abbad Ríos[1], se trata de una de las iglesias de estilo románico de la última época, pudiendo ser datada ya a comienzos del s. XIII. En términos actuales de periodización, cabe considerarla como una muestra del románico de inercia, en el que detalles como la molduración de la cornisa o el achaflanamiento de cierto número de canecillos invitan a pensar en fechas tardías, bien entrado el s. XIII (alguno de ellos recuerda a ménsulas de interior de iglesias plenamente góticas del año 1300), aunque tampoco se despliegue el repertorio ornamental más característico del gótico. También el diseño de la cabecera, con la escasa altura del cilindro absidal, el gran desarrollo de la bóveda a partir de la sencilla moldura, la distribución de los vanos o la tipología de pilastras y contrafuertes, coincide en la misma datación. Las soluciones adoptadas en la nave, tanto en el aparejo de mampostería como en el diseño de los arcos, se corresponden con fórmulas habituales en la misma época en distintos lugares de la Corona de Aragón.

La iglesia es románica, de nave única, rectangular, edificada en mampostería, orientada, de unos 25m de largo por 10 metros de ancho y de trazas similares al porche perimetral[2] que se añadió en fecha más tardía, adosada a sus fachadas sur y oeste, a base de cinco tramos sucesivos separados por arcos-diafragma apuntados con dovelas de sillería que arrancan desde el suelo.
Del templo original queda solo su cabecera, compuesta por un cilindro absidal muy corto y presbiterio edificados en buena piedra sillar, perfectamente escuadrada y desprovisto de cualquier elemento ornamental. En lo alto del ábside quedan los canecillos, decorados con figuras antropomorfas y animales, destinados a sustentar una cornisa biselada que se prolonga por toda la curvatura del ábside. Dos vanos aspillerados se abren, por debajo de la moldura, a modo de estrechas saeteras abocinadas con derrame hacia el interior, lo que hacen pensar que su construcción data a un momento avanzado del siglo XIII. Otro vano en el lado norte del prebisterio, abierto en la curvatura de la bóveda, y una cuarta ventana que se abre en mitad del lado sur, nos confirman que son de factura posterior. El ábside remata en imposta biselada sobre la que se alza una bóveda de cuarto de esfera muy apuntada. Por delante hay un arco triunfal parcialmente doblado, que se pierde en el espesor del muro y apea en parte en pilastras con imposta continuación de la absidal y presbiterial.
Ermita de Barués. Porche perimetral.

A la ermita se accede a través de un vano conformado a partir de un arco de medio punto compuesto por once dovelas, prueba de su tardía ejecución, cuyos salmeres arrancan de impostas sin decoración. En el interior se aprecian claramente las dos fases descritas. Cubre con tejado de madera a dos aguas sobre los arcos diafragmáticos. Sobre el tejado una peineta alberga una campana
 A los pies del templo, en el lado norte, hay una pila bautismal del siglo XII tallada en piedra, réplica exacta de la existente en Sos del Rey Católico. Esta pila bautismal procede de un templo arruinado en Camporreal, y desde allí se trajo a esta iglesia por donación de su propietario. Consta de basamento octogonal que crece en forma de pétalos de remate curvo, sobre el que se sitúa la copa cuadrilobulada tanto al interior como al exterior, con baquetones verticales de interior cóncavo en los encuentros.
En los alrededores del templo se advierten restos fragmentados de sarcófagos pétreos aparecidos en las roturaciones de los campos de labor, especialmente en el norte del mismo.[3]
La imagen de la Virgen, Nuestra Señora de Barués, también llamada Santa Té (ver),es una talla de apenas 50cm. de altura, del siglo XII al XIII y que guarda su bella policromía original. La imagen aquí presente es una réplica de la original, la cual se custodia en la parroquia de San Esteban de Sos; por lo demás, resaltar un frontal de altar realizado en madera durante el s. XVII que luce un sagrado corazón en el centro.
Anualmente, el 9 de mayo, día de San Gregorio, se celebra una romería a la que acude gente de la comarca. Antaño, para esas fechas, cuando el núcleo urbano estaba habitado, se celebraban las fiestas populares en esta pedanía.



[1] Abbad Ríos, Francisco. El románico en Cinco Villas. I.F.C., D.P.Z., Zaragoza, 1979.
[2] García Omedes, A. Barués. Ermita de Santa Te. www.románicodigital
[3] JAS. Barués(Sos del Rey Católico)www.romanicodigital.com


BIBLIOGRAFÍA
-Abbad Ríos, Francisco. El románico en Cinco Villas. I.F.C., D.P.Z., Zaragoza, 1979.
-Garcés Abadía, Máximo. La villa se Sos del Rey Católico.Parroquia de San Esteban. 1992
-www.romanicodigital.com

domingo, 23 de julio de 2017

¿POR QUÉ SE LLAMA SANTA TÉ A LA ERMITA DE BARUÉS?

   
Ermita de Nuestra Señora de Barués (Sos del rey Católico)
         
        En recientes  trabajos y descripciones por parte de diversos autores,  observamos reiteradamente cómo para referirse a la iglesia románica de Barués , en el término municipal de Sos del Rey Católico, lo hacen nombrando a la ermita como dedicada a Santa Té.
Pero…¿ quién era Santa Té? ¿Qué Santa lleva este nombre?
Una cosa es cierta: en el Santoral Católico no existe ninguna santa con este nombre. Entonces ¿A qué se debe esta insistencia por parte de numerosos autores en comentar que la ermita de Barués está dedicada a Santa Té y nadie explica la procedencia o el significado de su nombre?
La respuesta es muy sencilla, pero desconocida por mucha gente.
Cuenta la tradición que la Vírgen apareció en unos terrenos muy próximos a Barués, en el lugar conocido como Santa Fé, hacia el levante de la pardina, en la zona conocida como Vandunchil, y la Vírgen empezó a ser llamada y conocida por los lugareños como la Vírgen de Santa Fé, por ser éste el lugar de su aparición.
Ermita de Barués (Sos del Rey Católico)
La advocación formal de la Vírgen es la de Nuestra  Señora de Barués, por ser este el lugar de su veneración y por haber aparecido en el término del mismo nombre, pero los habitantes de Barués siguieron reconociéndola como la Vírgen que apareció en el lugar de Santa Fé. Hasta aquí la tradición popular.
El cambio de “Fé” por “Té” no es sino por una errónea transcripción ortográfica, una mala grafía o una incorrecta pronunciación en algún momento de la historia y que ha derivado en la desacertada  acepción generalizada de “Té” en lugar de “Fé”, o sea, que por algún determinado proceso fonético u ortográfico una letra ha sufrido un cambio y muchos escritores contemporáneos así lo han utilizado, dejándose llevar por el uso del “Té” de otros autores anteriores en el tiempo. 
Esta permuta de un fonema por otro en lingüística se conoce como cambio fonético por transcripción.

Un caso parecido sucede con San Etis. (ver)

domingo, 16 de julio de 2017

NATURALEZA Y POESÍA EN SOS. 9- EL ALMENDRO



El almendro (prunus dulcis) es un árbol típicamente mediterráneo originario de Oriente Medio y Mesopotamia cuyo fruto, la almendra, de gran valor energético, ha sido consumida desde hace miles de años. Actualmente, además de para elaborar diversos productos alimentarios (turrones, dulces, tartas, helados…) también se usa como remedio farmacológico y dermatológico (laxante, antiinflamatorio, cicatrizante, antiespasmódico, dermatitis, quemaduras superficiales, pieles secas…)
 El almendro es uno de los árboles que mejor se adapta a la extremada climatología de la comarca de Sos pero. a pesar de ello, no se ha desarrollado todo lo que cabría esperar y su cultivo es bastante reducido en la zona.
Su temprana floración, en invierno, antes del comienzo de la primavera, con sus flores de color blanco-rosáceo, hace que podamos distinguirlos entre otros diversos árboles de la comarca de Sos, alegrándonos gratamente la vista y anunciándonos la pronta venida de la estación primaveral. Es precisamente ésta explosión de frescura y color de sus flores, y su belleza, lo que ha hecho que muchos artistas, fotógrafos, pintores y poetas se inspiraran en el almendro y lo reflejaran en sus obras.
Miguel Hernández, Gabriela Mistral, J.L.Borges, Juan Ramón Jiménez, Rubén Darío…todos ellos ven en el almendro la delicadeza, la fragilidad y la fugacidad del alma humana. Hemos elegido un poema de Miguel Hernández por la gran vinculación que este poeta del 36 tuvo con la vida del campo y la naturaleza, y que eligió el almendro como referencia en varias de sus  obras poéticas por su forma, sus flores, su olor, su frescura, su color, su floración invernal, su simbología, su misticismo…obras como “Siesta mayor”; “no me conformo”; “primera lamentación de la carne”; “Elegía a Ramón Sijé” o el soneto que hemos elegido para esta ocasión: ”Rosa de almendra”.

Miguel Hernández

ROSA DE ALMENDRA

Propósito de espuma y de ángel eres,
víctima de tu propio terciopelo,
que, sin temor a la impiedad del hielo,
de blanco naces y de verde mueres.

¿A qué pureza eterna te refieres
con tanta obstinación y tanto anhelo?...
¡Ah, sí!: tu flor apunta para el cielo
en donde está la flor de las mujeres.

¡Hay! ¿Porqué has boquiabierto tu inocencia
en esta pecadora geografía,
párpado de la nieve, y tan temprano?

Todo tu alrededor es transparencia,
¡ay pura de una vez cordera fría
que esquilará la helada por su mano! 

MONTE Y ERMITA DE SAN CRISTÓBAL

Monte San Cristóbal. Sos del Rey Católico


                 Al Noroeste de Sos, y nada más dejar el municipio en dirección a Sangüesa, se encuentra el monte San Cristóbal, de 800 m. de altitud y ubicado en el extremo sureste de la sierra de Peña, de la que forma parte.
                El cerro de San Cristóbal es conocido en Sos también como Paco de San Cristóbal donde, según el vocabulario de las Cinco Villas, la voz  Paco viene a ser un adjetivo que significa “zona umbría del monte” A sus pies, por el Este, la N- 620 que viene de Sos, cruzando y bordeando el barranco del Riguel, y rodeado en su parte Norte y Oeste por el barranco de Cenaruga.
                El nombre del monte lo toma del Santo a cuya advocación se dedicó una ermita ubicada en la cima del mismo, en este caso a San Cristóbal, de la que se tienen noticias documentadas desde mediados del siglo XIII.
                Labaña, en su “Itinerario del Reino de Aragón” de 1610 da las siguientes referencias tomadas desde el castillo de Sos respecto a la ermita de San Cristóbal: “ De Oeste a Norte: 27,5º. Un sexto de legua. Queda en lo alto de un monte que está al otro lado de Sos, y un hondo en medio (El Riguel)"
                Pascual Madoz, en el Diccionario Geográfico Estadístico Histórico también nombra la ermita de San Cristóbal junto con otras cuatro más en el término de Sos.
              
Vistas de la Valdonsella desde la cima del monte San Cristóbal
(Sos del Rey Católico)
                 La razón que se dedicara una ermita a San Cristóbal no se sabe con certeza, pero podría ser por servir como punto de orientación para los guías de peregrinos en el camino de Santiago. Según Agustín Ubieto, el camino de Santiago está jalonado a ambos lados de ermitas dedicadas a San Cristóbal, que junto con Santiago y San Martín, son considerados universalmente como amparadores de peregrinos. Las ermitas dedicadas a estos santos y ubicadas en las cimas de los montes son visibles desde muy lejos, pues al no existir entonces guías impresas del camino, el único modo de orientarse entre la salvaje vegetación que cubrían los territorios por los que pasaba la Ruta a Santiago, era tomando como referencia las cruces y ermitas ubicadas en estas estratégicas cimas; si no, no se explica, por ejemplo, que en los diferentes caminos de la ruta Jacobea que cruzan el territorio aragonés se encuentren más de 170 ermitas o iglesias con advocación a San Cristóbal, Santiago o San Martín. Y a estas hay que añadir otras muchas más de las demás provincias. El monte de San Cristóbal de Sos es visible desde la lejanía desde diversos puntos del camino de Santiago, sólo hay que subir a su cima y ver el amplio y extenso territorio que desde allí se otea.
Sos del Rey Católico desde la cima del monte San Cristóbal

                Para subir al mismo puede hacerse por cualquiera de sus laderas; el único inconveniente es que no existe pista forestal alguna ni caminos que nos lleven hasta el alto, por lo que el ascenso lo realizaremos de forma arbitraria, eligiendo el mejor sitio para ascender y sorteando los numerosos bancales o fajas que desde la base llegan hasta la cima. Sobra decir que hay que portar un buen calzado y llevar cubiertas las piernas, pues las aliagas, coscojas y otros matorrales espinosos nos dificultarían el ascenso.
               

Restos de la ermita de San Cristóbal
              En la cumbre del monte se encontraba la ermita de San Cristóbal, ya derruída totalmente, de la que apenas afloran del suelo unas pocas piedras que imaginariamente podemos intuir su perímetro sobre el terreno y deducir que se trataba de una construcción de planta rectangular y ábside semicircular, de unos 9 m de largo por cinco de ancho.                
                Desparramados por las laderas del monte, restos de piedras que probablemente formaran parte de su fábrica.

Navarra, con Sangüesa al fonfo, visto desde la cima del
monte San Cristóbal
                

                  



               

                Desde la cima del monte San Cristóbal se puede ver la totalidad del municipio de Sos del Rey Católico y, como antes se dijo, unas maravillosas vistas de la Valdonsella y Navarra.

                Tiempo aproximado del itinerario: 1 h, 30 minutos (ida y vuelta)










BIBLIOGRAFÍA

-CORTÉS VALENCIANO, MARCELINO. Toponimia de Sos del Rey Católico. Cuadernos de Aragón, 58. I.F.C. Excma. Diputación de Zaragoza. Zaragoza, 2015.
-LABAÑA, JUAN BAUTISTA. Itinerario del Reino de Aragón. Estudio previo de Paulo Ubieto Artur. Anubar. Zaragoza, 1992.
-MADOZ, PASCUAL. Diccionario Geográfico Estadístico Histórico. 1845-1850. Edición facsímil. D.G.A. Valladolid, 1985.
-UBIETO ARTETA, AGUSTÍN. Caminos peregrinos de Aragón. I.F.C. (C.S.I.C.) Excma. Diputación de Zaragoza, 2016.

domingo, 9 de julio de 2017

ABEJAS, ABEJARES Y ARNALES EN SOS



Un abejar es el lugar donde se ubican las colmenas de abejas, o sea, un colmenar, siendo la apicultura la técnica de criar abejas para aprovechar sus productos, una actividad milenaria muy beneficiosa para el entorno natural. Sin la labor de polinización que desarrollan las abejas la productividad de las cosechas descendería hasta en un 75%.
La historia de la humanidad y la de las abejas están íntimamente ligadas. Se tiene constancia, por  pinturas rupestres localizadas, de la coexistencia y relación del hombre primitivo con las abejas. No se sabe con exactitud cuándo el hombre empezó a explotar las abejas para la obtención de la miel, pero sí se sabe que la miel formaba parte de la dieta alimentaria del hombre del paleolítico, probablemente procedente de colmenas silvestres.
Posteriormente, fueron los egipcios los que nos legaron con todo detalle sus técnicas de extracción de la miel, almacenamiento y conservación, técnicas que fueron utilizadas y mejoradas por otros pueblos, como los griegos y romanos.
En la Edad Media fue un alimento protagonista en la dieta árabe, usándose también como recurso medicinal, sabedores de las propiedades curativas para determinadas enfermedades.
La forma de practicar la apicultura no cambió mucho durante siglos hasta que a mediados del siglo XIX el norteamericano Lorenzo Langstroth diseña un sistema con marcos móviles separados por una distancia de 9,5mm., suficiente para que las abejas no construyan puentes de cera o propóleo entre ellos y los panales sean extraíbles e intercambiables. A partir de entonces, nuevas técnicas e innovaciones van apareciendo hasta conformar la apicultura moderna tal y como hoy la conocemos.
Desde épocas remotas se buscó habilitar un lugar que, más que un hogar para las abejas, fuera un receptáculo en el que éstas almacenasen su cosecha y al que los hombres pudieran acceder cómodamente. Esto dio lugar a numerosos tipos de construcciones según las variadas tribus, pueblos y culturas que fueron poblando los territorios. En España, además de las diversas civilizaciones que habitaron en ella, otros factores influían en la tipología de estas construcciones. El clima, la altura, las montañas, los materiales del entorno, los peligros de depredadores como el oso y otros aspectos  contribuyeron a que las construcciones apícolas tradicionales de España resultaran de lo más variadas y ricas en cuanto a ingenio, construcción y materiales utilizados. Así, tenemos, por ejemplo, los cortines de peña, con o sin gradas, en el noroeste de la Península; los talameiros, colmenares defensivos de piedra seca, colmenares de herradura, truébanos, caxiellos (Asturias), cepos (León), trovos…todos colmenares con el mismo fin pero con diferentes estructuras y construcción dependiendo de los factores anteriormente expuestos.
Abejar en desuso. Sos del  Rey Católico

En Aragón, y más concretamente en las Cinco Villas, estas construcciones se llamaron abejares, abejeras o arnales
Como antes hemos comentado, diferentes culturas y civilizaciones han dejado su huella en las construcciones tradicionales apícolas en nuestra comarca, donde se identifican tres tipos de abejares:
-Colmena horizontal de material vegetal
-Colmena horizontal de obra
-Colmena vertical de material vegetal
La colmena tumbada u horizontal está formada por arnas, que son una especie de vasos de forma cilíndrica formados  por cañas trenzadas y rebozadas por bosta de vaca o barro. La construcción que acoge las arnas se denomina arnal, presentando, aunque no siempre, el frente abierto. A veces los arnales se semienterraban en el suelo o se colocaban en el granero abierto de las casas.
La colmena de obra  es una construcción que en su pared frontal  posee varias filas e hileras de nichos que permiten una mayor protección para las abejas frente a las inclemencias del tiempo. Su mayor embergadura y el mejor aprovechamiento del espacio que la anterior hace que pueda albergar un número mayor de abejas.
Colmenas trashumantes en Castillo Barués (Sos del Rey Católico)
Las colmenas en posición vertical pueden presentar diversas formas y ser de diferentes materiales como cañas, ramas, tablas o corcho. Se integran en una edificación mucho más sencilla que la anterior  llamada banqueta, que viene a ser una grada protegida por una sencilla cubierta, pudiendo, a veces, desarrollarse en pisos, llegando a formar parte de grandes recintos cerrados.
Estos tres tipos de colmenas que hemos visto son de construcción fija, es decir, los abejares permanecen estables en el mismo sitio todo el año. Para “mover” las abejas de un sitio a otro existen los colmenares trashumantes, realizados por el hombre, en madera u otro material, con la ventaja de poder moverlos de emplazamiento por circunstancias climáticas, de floración de especies florales según las estaciones del año, etc…y así obtener un mayor y mejor rendimiento de la explotación apícola.
          
Arnales de madera. Sos del Rey Católico,
  El diccionario de la R.A.E. define el vocablo arna como “vaso de colmena”, casilla hexagonal que junto con otras forma el panal de las abejas, avispas y otros insectos. Tomás Machín Jáuregui, en el “Diccionario del aviador” (ver)ya recogía esta palabra como una de las “palabras comúnmente utilizada en el lenguaje popular sosiense” definiéndola como “vaso de colmena fijista, en general de caña”.
            Sin duda, el hecho que Tomás Machín recogiera el vocablo, era por haber oído dicha palabra en numerosas ocasiones a los vecinos de Sos, pues por aquel entonces(mediados del siglo pasado) eran muchos los sosienses que se dedicaban a la apicultura como complemento a sus trabajos de agricultura y ganadería. De hecho son muchos los arnales o abejares que todavía pueden verse dispersos por la comarca de Sos.
            Igualmente, la práctica de la apicultura en Sos se ve reflejada también en la toponimia del lugar, en la que se encuentran reflejados hasta ocho topónimos relacionados con esta actividad: Abejas, Abejares, Abejar Alto, Abejar Medio, Abejar Bajo, Abejar Barranco, Abejar Fortunato y Abejar Carmen, indicándonos bien su localización relativa en el espacio bien su emplazamiento en un lugar o el nombre del poseedor del terreno o del abejar.
Tanto los abejares distribuidos por el término municipal de Sos como su toponimia nos indican la presencia de una actividad apícola bastante notoria en la zona, pero lamentablemente el abandono del medio rural en la segunda mitad del pasado siglo ha influído en que actualmente muchas de estas construcciones apícolas queden en desuso, unas mejor conservadas que otras, otras ya derruidas, pero ahí están, formando parte del paisaje rural sosiense, siendo testigos mudos del ingenio y esfuerzo de una agitada actividad que realizaron nuestros abuelos para aprovechar los recursos naturales de su entorno, pasando a formar parte del  recuerdo y a considerar estos abejares de gran valor etnográfico como parte que son de la arquitectura tradicional de las Cinco Villas.
Pero, aunque en la zona de Sos del Rey Católico la apicultura se ha quedado en una actividad meramente testimonial, en otras zonas de las Cinco Villas han sabido sacar mayor rendimiento a esta milenaria actividad. Sobre todo en las zonas de Tauste y Ejea, siendo la comarca de las Cinco Villas la mayor productora de miel de Aragón, con más de 100 apicultores y más de 9.000 colmenas distribuidas por todo el territorio cincovillés, con una producción aproximada de 1.500 toneladas de miel, aproximadamente el 7% de la producción nacional.
Según datos de la UAGA-COAG actualmente hay en Aragón más de 1.500 apicultores con una cifra aproximada de más de 110.000 colmenas.


BIBLIOGRAFÍA
-CORTÉS VALENCIANO, MARCELINO. Toponimia de Sos del Rey Católico. Cuadernos de Aragón, 58. I.F.C. Zaragoza, 2015.
-MACHÍN JÁUREGUI, TOMÁS. Palabras comúnmente utilizadas en el lenguaje popular sosiense. Inédito. (Borrador de "El diccionario del aviador")
-RIVAS, FÉLIX. Arnales, banqueras y abejares. Revista “La magia de viajar por Aragón”, 5. Zaragoza, 2005.
En la web:
-Díaz y Otero, Ernesto y Naves Cienfuegos, Fco. Javier. Los colmenares tradicionales del noroeste de España. Açafa on line, nº 3. (2010)
-REGA. Registro General de Explotaciones Ganaderas. Censo apícola de España (2016)
-UAGA-COAG. Producción de miel en Aragón
-www.aragon.es.Historia de la apicultura en Aragón. Dpto. de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente. Servicio de Estudios, Análisis e Información. Gobierno de Aragón
-www.arnaapicola.es. Colmenares de obra.

domingo, 2 de julio de 2017

HIMNO A LA VIRGEN DE VALENTUÑANA




            En el año 1900, el excelente músico y compositor Dn. Liborio Pérez creó el Himno a la Vírgen de Nuestra Señora de Valentuñana y que dedicó a una expedición de misioneros agustinos que partían del monasterio de Valentuñana rumbo a América.
            Durante algunos años el himno quedó “dormido” hasta que en el año 2003 la banda municipal de Sos lo recuperó y orquestó.
 
Vírgen de Valentuñana

CORO

A la Virgen de Valentuñana
entonemos un himno de amor,
que es la Reina de nuestros hogares
y nos brinda su amparo y favor.

ESTROFAS
A tus plantas tus hijos postrados
hoy te ofrecen su fiel corazón.
No deseches, oh Madre, su oferta.
No desoigas su ardiente oración.

Animados por santos deseos,
nuestras almas respiran fervor.
Hoy queremos, oh Madre, tus hijos,
coronarte con oro y amor.

LAS TUMBAS RECTANGULARES DE CASTILLO BARUES

Tumbas rectangulares en Castillo Barués (Sos del Rey Católico)
                   En Castillo Barues, sobre un cercano altozano en la base del monte del Castellazo, desde donde se divisa toda la pardina, se encuentran dos tumbas rectangulares excavadas en una gran roca.
                Algunos investigadores suelen asociar este tipo de sepulturas en piedra a las comunidades cristianas medievales, aunque según otros estudiosos los enterramientos en piedra podrían ser también de época romana e incluso anterior.
               

Las tumbas están excavadas en paralelo y tienen ambas la misma longitud.
                    El profesor Alberto del Castillo, prestigioso investigador de las sepulturas excavadas en roca, opina que las tumbas de piedra más rudas, menos elaboradas, como las sepulturas con forma rectangular, trapezoidal, de bañera o de ángulos redondeados, tienen la misma cronología y serían de los siglos VI-VII d.C., mientras que las antropomorfas, más evolucionadas, serían de los siglos IX-X d.C., asociadas a la repoblación cristiana del norte de la Península.
                Según esta teoría, las tumbas de Castillo Barués podrían datarse entre el siglo VI y VII de nuestra Era, pero también es cierto que no dejan de ser teorías y que no existen otros indicios o elementos que nos puedan desvelar la verdadera cronología de sendas sepulturas.
                No hay más tumbas por las cercanías de Castillo Barués, por lo que el hecho de que aparezcan estas tumbas tan aisladas, según Mario Jorge Barroca, estaría relacionado con un poblamiento pequeño y disperso, en contraposición a las grandes necrópolis existentes en núcleos de población agrupados.

Ranuras a modo de canalización rodean los nichos
Las dos tumbas tienen exactamente las mismas medidas, unos 172 cm de largo por 40 de ancho, y están excavadas en paralelo, una junto a otra, en una gran losa inclinada mirando hacia poniente. Aunque probablemente en su talla se buscó la disposición de la cabeza hacia el levante, esta orientación no es del todo completa, probablemente debido a que la situación de la roca, su inclinación, y el espacio a ocupar de los nichos impedía que su orientación fuera total y exacta.
Junto a los nichos, y bordeando su perímetro, existen talladuras a modo de ranuras o canalizaciones que debido a la inclinación de la roca vierten al exterior,a la ladera del monte, y que pueden indicar la función de evacuar líquidos corporales o el vaciado del agua de lluvia.

Cruz y signo tallados en una roca cercana a las tumbas


En otra losa de piedra cercana, más pequeña, a escasos metros de las tumbas, encontramos dos inscripciones talladas en la roca: una cruz, que podemos imaginar su significado, y un dibujo, signo, marca, símbolo o “garabato” con forma parecida a la letra griega gamma, del que se desconoce su significado.
           


    






BIBLIOGRAFÍA

-BARROCA, MARIO JORGE. “Sepulturas escavadas na rocha de entre Douro e Minho” Portugalia, Nova Serie, nº 31-32, pp. 115-182. Universidad do Porto (Portugal) 2010-2011.
-CASTILLO  YURRITA, ALBERTO del. “Cronología de las tumbas llamadas Olerdolanas” Actas del XI Congreso Nacional de Arqueología. Mérida, 1969. Zaragoza, 1970: Secretaría de los Congresos Arqueológicos Nacionales, pp. 835-845.
En la web:

-www.claseshistoria.com. Revista de Claseshistoria. Publicación digital de Historia y Ciencias Sociales. Artículo nº 384, 15 de julio de 2013. Las sepulturas antropomorfas.  Roberto Rodríguez Violat.

domingo, 25 de junio de 2017

LA CORONA DE LA VIRGEN DE VALENTUÑANA

Nuestra Señora de Valentuñana





La Vírgen de Valentuñana se halla en la iglesia del monasterio del mismo nombre(ver). En un principio la Vírgen tuvo sobre su cabeza una corona que, según la documentación existente, tenía once libras de plata, obra de la devoción y el amor que los vecinos de Sos y de la Valdonsella profesaban a la Vírgen.
Se tiene conocimiento que esta corona la robaron los ejércitos de Napoleón junto con otras joyas y objetos valiosos cuando Sos fue tomada por las tropas francesas a principios del siglo XIX.
El pueblo de Sos y otros municipios de la Valdonsella no querían ver a su Vírgen sin corona y le ofrecieron otra nueva.
Actualmente la corona que porta la Vírgen está hecha de oro puro, de veinticuatro quilates, y adornada por ocho perlas cultivadas, ocho rubíes reconstruidos, ocho esmeraldas reconstruidas y portando quince brillantes en los florones y veintiún brillantes más en la parte baja. El párroco y sus coadjuntores regalaron a la Vírgen una rosa de oro que colocaron en su mano derecha.
El 18 de mayo de 1964 fue coronada canónicamente la imagen de la Vírgen de Valentuñana por el obispo de Jaca, Dn. Ángel Hidalgo.

  



domingo, 18 de junio de 2017

EL "MATON" DEL PUEBLO

             
         


           La tradición oral nos habla de la existencia de ciertos personajes populares que van  íntimamente ligados a la imagen de cualquier pueblo de la geografía española, según la cual en todos los municipios de la España rural existe el peculiar personaje de “el tonto” del pueblo, “el cacique” del pueblo, “el listillo” del pueblo o “el chulo o matón” del pueblo; además, si alguna de estos esteriotipados sujetos fallece, siempre existe un relevo, que no se sabe de dónde sale, para no dejar vacante una de las figuras más tradicionales y emblemáticas de nuestro costumbrismo rural.
Independientemente que sea cierto o no, o que haya municipios que alberguen entre sus vecinos  a la totalidad de los mencionados personajes, es incuestionable que en muchos pueblos existía, hasta no hace mucho tiempo, un chulo o matón, pues así lo recoge la documentación existente y, sobre todo, la transmisión oral de los ancianos del lugar indicando, en muchas ocasiones, la identidad de este malhechor.
La R.A.E. define al matón como una persona provocadora o pendenciera que alardea de su valentía y emplea la fuerza o las amenazas para obligar a los demás a hacer algo. Los “matones de pueblo” son fanfarrones, bravucones, pendencieros, violentos, jactanciosos, y suelen acosar, intimidar, acobardar, amedrentar, humillar y provocar a cuantos se cruzan en su camino. Al mismo tiempo son cobardes, pues generalmente suelen elegir como víctimas a los más débiles. El matón quiere imponer su ley, siempre actuando por encima de la misma, llegando a usar la fuerza, pegar, herir e incluso no duda en matar si no ve cumplidas sus amenazas, aunque a veces mata por resentimiento, odio, venganza, tradición paterna e incluso sin motivo aparente alguno, y se hace acompañar siempre de una navaja o cuchillo como si formara parte de su indumentaria habitual.
Y como matones hay en todos los pueblos, Sos no iba a ser la excepción.
Si recorremos la historia de Sos, ya encontramos matones entre la élite de la sociedad del siglo XV cuando Sos se encontraba dividida en banderías (ver), aunque estos matones no reflejan fielmente la imagen del matón de pueblo antes descrita. Habrá que esperar al siglo XIX para tener noticias de la existencia en Sos del verdadero chulo, del matón de pueblo tal y como lo concebimos actualmente, representado en el personaje del baratero, del que ya hemos hablado en otra ocasión (ver), pero del cual desconocemos su nombre. Sin embargo, de principios del siglo XX sí conocemos la identidad de uno de estos matones en Sos, de su última fechoría y de su fatal desenlace.  Se trata de un individuo llamado Santiago, hijo de una familia de labradores del pueblo, que al mismo tiempo eran los propietarios de la única posada que entonces existía en Sos y que era conocida como casa del Panilio.
Santiago era un mozé bien parecido físicamente, no muy robusto, pero bravucón y fanfarrón, que tenía atemorizados a la mayoría de los mozos de Sos. En el baile del pueblo no dudaba en buscar pelea contra todo aquél que se acercara a cualquier chica que él intentara pretender aunque ésta no le correspondiera en sus pretensiones; era el amo del baile y no dudaba en solucionar cualquier contratiempo a base de golpes y peleas de las que siempre salía victorioso. Lo mismo ocurría en la taberna, donde con cualquier mínima excusa repartía puñetazos a cuantos intentaban hacerle frente, corroborando la teoría del doctor John Lochmann por la que comenta que el matón “tienen una urgente .necesidad de controlar a los demás para enmascarar sus temores ocultos y su sensación de desarraigo"
Y es por esto, por el hecho de tener atemorizados a los mozos del pueblo, por lo que llegó a ser odiado por muchos.
Esgrima a navaja: el desjarretazo
Grabado dePaul Gustave.1862
Hubo gente del pueblo que quiso hacerle ver su equivocada actitud en un intento de poner algo de orden en su vida,  a la vez que le advertía del odio que estaba suscitando en algunas personas del pueblo, que podían llegar a perder la paciencia, y en las graves consecuencias que ello podía acarrearle si continuaba con ese comportamiento, como así lo hizo el vecino Francisco Machín Bueno, quien en más de una ocasión le dijo a Santiago que depusiera su agresiva e intimidatoria actitud porque algún día encontraría la muerte, aunque fuera a traición. Santiago, haciendo caso omiso de las recomendaciones de Machín, se envalentonaba aún más respondiéndole que en el pueblo no había nadie que osara hacerle frente, que todos eran unos falsos y unos cobardes, y por eso tenían que estar subordinados a él.
Al poco tiempo pasó lo previsible, lo que muchos esperaban y otros deseaban.
Antero Gallar, vecino de Sos, ya sabía lo que duelen en su cuerpo los puñetazos de Santiago, pues en más de una ocasión le plantó cara y se vieron envueltos en riñas y peleas, siendo Antero el perdedor y el más perjudicado en todos los enfrentamientos habidos entre ambos.
Un buen día, Antero salió de Sos en dirección al monte, como otras tantas veces hacía, en busca de leña para llevar a su casa. Preparó sus mulas, cuerdas y herramienta necesaria para la ocasión y se introdujo en el bosque.
Santiago, que entonces tenía 26 años, lo vio partir, preparó también su mula y decidió salir tras él sin que éste lo viera. Antero ya estaba cortando leña cuando Santiago se acercó a él y, sin apearse de la mula, empezó a insultar y a provocar a Antero. Este le respondió: “Anda…apéate si eres tan hombre como dices”. Semejante provocación suscitó la ira de Santiago que furioso y colérico saltó de la mula dispuesto a pelear de nuevo con Antero, pero antes de que pusiera los pies en el suelo recibió una tremenda cuchillada en la espina dorsal y varias más por otras zonas del cuerpo.
Santiago, herido de muerte, trató de defenderse; sacó su cuchillo y, antes de caer al suelo desangrado por las heridas recibidas, consiguió alcanzar a Antero en la cara, hombros y cuello.
Unos pastores, que presenciaron los hechos desde la lejanía, se acercaron para intervenir, pero ya era demasiado tarde; Santiago yacía inerte en el suelo, desangrado, y Antero presentaba su rostro lleno de sangre, pero vivo. Uno de los pastores se acercó a Sos para dar parte a la Guardia Civil, que se personó en el lugar de los hechos junto con el médico, quien certificó la muerte de Santiago y realizó la primera cura a Antero.
El suceso tuvo una gran repercusión en Sos; muchos vecinos tuvieron que prestar declaración en el juicio contra Antero por homicidio, al que le cayeron 12 meses de prisión.
Una vez que salió de la cárcel regresó a Sos, con el rostro y cuello llenos de cicatrices, y aunque había gente que no lo expresara públicamente, lo consideraban un héroe y un valiente por haber plantado cara y acabar con la vida de un matón que los tuvo amenazados y atemorizados durante mucho tiempo.
Antero no volvió a ser el de antes, se volvió taciturno, introvertido y callado. Al poco tiempo desapareció de Sos y no se le volvió a ver más por el pueblo.

Afortunadamente, hoy en día esta figura del matón de pueblo ha pasado a formar parte de la historia del costumbrismo local, pero sí que persiste en algunos pueblos de la geografía española ese “matoncillo” de pueblo que, si bien no resulta tan violento como el de la “España profunda” del pasado siglo, intenta hacer creer a los demás estar por encima de la ley y comportarse de forma fanfarrona y bravucona entre sus vecinos.

           


BIBLIOGRAFÍA

-En la web:
-MACHÍN IRIARTE, MÁXIMO. Memorias del viaje. memoriapopular.org
-www.semana.com.“Los chicos malos”.Revista Semana.25/05/1987


sábado, 10 de junio de 2017

LA PICARESCA DE LOS POBRES DE SOS EN LA EDAD MEDIA

Para aliviar la precaria situación que sufría el sector empobrecido de la población de Sos en la Baja Edad Media, de vez en cuando recibían ayudas tanto por parte de sus familiares y vecinos como de la Iglesia y del propio Concejo a través de ayudas fiscales y sociales(ver). Estas ayudas fueron muy esporádicas, por lo que sólo significaron un alivio pasajero que les permitía poder subsistir temporalmente pero, sin ellas, también es cierto que el grado de pobreza de estas familias pobres hubiera sido extremo.
Por eso, además de estas ayudas, los pobres de Sos también recurrieron a la picaresca para poder subsistir realizando diversas actividades ilegales, practicadas desde el anonimato, y que ayudaron a aliviar la situación del grupo familiar, aunque estas prácticas tampoco les supuso poder escapar de su delicada situación de penuria.
                 Una de las acciones que más practicaron fueron las roturaciones ilegales de tierras. Así, en 1453, Gil Ezquerra, Martín Ferrero y Juan de Lacuey protestaron ante los jurados porque en la Val de Yedra les habían prohibido escaliar anteriormente, mientras que ahora otros vecinos lo hacían sin que fuesen sancionados por ello[1].
               Durante la primera mitad del siglo XV las roturaciones ilegales fueron muy frecuentes y, aunque tanto las autoridades locales como la Monarquía intentaron poner remedio, poco pudieron hacer para frenar los abusos por parte de los infractores que cada vez iban en aumento actuando con gran impunidad, aprovechando la delicada situación del Reino en la que el monarca seguía concediendo mercedes a una levantada nobleza para intentar apaciguarla y no poner en peligro la estabilidad monárquica. Estas roturaciones fueron un fenómeno general en otras zonas de Aragón y de la Península, propiciando la transformación del paisaje rural en determinadas zonas y proporcionando las claves para entender tanto el incremento de la producción agraria como el aumento de la población en el siglo XV. Unas roturaciones que, como se ha dicho, no supieron frenar ni autoridades ni ganaderos.
Probablemente fue bajo el gobierno de los Reyes Católicos cuando se intenta más decididamente acabar con los escalios, siguiendo la política de los monarcas de recuperar la estabilidad y el control del Reino. En este sentido fue trascendental la nueva Ley de Términos, en la que se establece que cuando los reyes tengan conocimiento por parte de un concejo de realengo de la ocupación ilegal de tierras públicas, podían mandar al municipio un juez con plenos poderes y ,tras investigar los hechos, proceder a restituir a la villa las tierras expoliadas. 
      Con el crecimiento de la actividad ganadera en Sos a finales del siglo XV el problema de las roturaciones ilegales se agravó, pues había que determinar el uso al que se debían destinar determinados bienes de propios y comunales y dichas roturaciones ilegales generaban problemas al no poder pastar el ganado en zonas destinadas tradicionalmente para pastos. Por ello, en 1494, los jurados nombraron una comisión de cuatro personas para examinar los términos municipales y acabar con las ilegalidades, ya que los conflictos iban en aumento[2]
                         Como el problema en Sos, lejos de solucionarse, se agravó todavía más, al poco tiempo tuvo que intervenir la Corona enviando como comisario real al señor de Sigüés, Sancho Pérez de Pomar.
Este comisario, el 13 de octubre de 1499, promulgó un pregón en el que informaba que se encontraba en Sos para, entre otras cosas,  devolver a su debido estado  los escalios, fijando un plazo de dos días para que todo vecino que se considerase implicado en este y otros asuntos se presentase ante su persona[3]. Como era de esperar, poco caso debieron hacer al comisario, pues éste, en abril de 1501, adoptó una actitud más firme, pregonando que nadie labre, pode y cave en heredad que sea escalio…y que nadie proceda a segar pan en escalios que tuviese sembrados sin licencia del comisario bajo pena de 1.000 florines de oro[4]. A pesar de esto los cultivos ilegales persistieron, como así lo ratifican las continuas prohibiciones que se publicaron en años sucesivos; así, un pregón municipal de 1502 prohibió labrar y escaliar en la Bardena, en los montes de Soarda y Marfust y en las Navas, de la lona mayor a los colinares, salvo los que sean señoriales, bajo penas de 200 sueldos[5]. Al mismo tiempo aumentaron las quejas de los arrendadores de estas tierras, como muestra la denuncia del 11 de mayo de 1502 de Juan de Aruex y Alfonso Deles, vecinos de Canfranc, quienes manifestaron que había vecinos que labraban y escaliaban en las Navas[6]. En 1507 de nuevo un pregón repitió las prohibiciones, añadiendo esta vez que los arrendadores de las yerbas de las Navas tendrían derecho a que sus pastores y mayorales talasen los panes sembrados sin tener que responder ante nadie[7].
La disposición no surtió efecto, ya que en el año 1508 el asalto a las Navas fue masivo, como se desprende de la denuncia del procurador de Juan de Rúa, arrendador durante un trienio de la corraliza, que se quejó porque los vecinos habían labrado y sembrado en las Navas y en la Naveta, acusando hasta un total de 21 vecinos, añadiendo que había muchos más, e imputando a los magistrados el incumplimiento del pregón y de la ejecución de las multas.
 Esta pasividad de los jurados de Sos se debió, posiblemente, a la magnitud del fenómeno; además,entre los numerosos infractores se encontraban gente de todos los estratos sociales de la villa, lo que hizo que las consecuencias fueran diferentes para cada grupo social. En la denuncia antes mencionada de Juan de Rua aparecen como denunciados el infanzón Martín de Artieda o el notario Pedro Carlos[8].
           La capacidad económica de los poderosos les permitía apelar en todos los pleitos, alargando el proceso durante varios años, lo que provocaba que muchas sentencias no fueran ejecutadas, mientras que los pobres y los menos favorecidos, al no poder hacer frente a los gastos judiciales, abandonaban las tierras en litigio antes que el denunciante comenzara cualquier acción contra ellos. Pero tan pronto como el juez de términos se marchaba de la villa, de nuevo retomaban la ocupación de las mismas tierras, sabedores que, de regresar otros "enviados de la Corona", estos tardarían años en hacer efectivas las sentencias.

     Otro recurso que emplearon algunos pobres para conseguir la supervivencia fue el aprovecharse de las ausencias de los propietarios de los terrenos para apropiarse de diversos frutos. Mediante estos pequeños hurtos los sectores más desfavorecidos pudieron paliar, en situaciones de extrema necesidad, sus urgentes necesidades alimentarias.
Cabe señalar que las autoridades locales arrendaron habitualmente a particulares el derecho a cobrar multas por diversas causas; la principal infracción consistió en la invasión de los cultivos por el cada vez más numeroso ganado, pero también fueron abundantes los modestos hurtos.
Respecto a estos, como eran muy frecuentes, se estableció que si se encontraba a una persona  con cualquier fruto en los términos de la localidad donde no tuviese campos, debía explicar de dónde lo había obtenido, bajo multa de 5 sueldos; la misma multa se impuso para los que fuesen sorprendidos en viñas, huertos o habares ajenos apropiándose de frutos; además de satisfacer lo sustraído, se  estimó que por cada uva superior a las tres que se llevasen tendrían que pagar 6 dineros.
También fue habitual entrar en heredades ajenas para arrancar vencejos dañando la mies, por lo que se dispuso que el infractor pagase el daño y un sueldo de multa[9].
Excomunión
Como es lógico imaginar, quienes más sufrieron este tipo de hurtos fueron los grandes propietarios de tierras, como le ocurrió al infanzón Alfonso de Artieda, quien denunció en 1448 ante el oficial de Uncastillo, Pedro López del Frago, que desde hacía tres años se cometían hurtos en sus viñas y huertos. Pedro López envió una carta a todos los vicarios y los capellanes del arciprestazgo de la Valdonsella para que amonesten públicamente por tres veces a los ladrones de los frutos…con la finalidad de que devuelvan lo robado, bajo pena de excomunión para ellos y sus encubridores[10], pues se consideraba igualmente grave el hecho que hubiera gente que conociera a los autores de los hurtos y no los delatara. Pero a pesar de las sanciones económicas y de la amenaza de la excomunión, los hurtos continuaron y el fenómeno fue muy persistente debido, sin duda, al silencio que reinaba en la villa.
 Para intentar frenarlos, en 1505 firmaron un acuerdo los concejos de Sos y Uncastillo en el que se decidió que se faga ordinacion en cada una de las dos villas que si algun vezino o habitador d´ellas o de cualquiere d´ellas se fallara cometer, consentir o encubrir algun furto... el Justicia ordinario de la villa...haya de proceyr desaforadamente contra el tal delinquiente[11]. 
La orden de excomulgación tanto a los autores de los hurtos como a sus encubridores demuestra que los poderosos de la villa tuvieron conciencia de que entre la población de los estratos inferiores había cierto grado de mutismo y complicidad, pues no es creíble que en un municipio de menos de 1.000 habitantes nadie vea ni oiga nada.
En resumen, los pobres de Sos, con estos pequeños actos ilícitos,únicamente perseguían la subsistencia del grupo familiar con el fin de no caer en la pobreza absoluta; nunca pensaron en la posibilidad de un cambio en su estatus social, por lo que estos pequeños actos de rebeldía, de resistencia y de silencio, aun estando expuestos a multas, sanciones y excomuniones, fueron sus mejores armas  para mantener dicha supervivencia, incluso teniendo en contra a las autoridades del Concejo y los comisionados por la Corona; pero los pobres de Sos, sin enfrentarse nunca a ellos de una forma abierta, consiguieron con estos actos, en mayor o menor medida, sus pretensiones y objetivos.




[1] A.H.P.S., Martín de Ampiedes, p. 386, ff. 11v-12.
[2] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 436, ff. 19v-20.
[3] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 456, ff.45-45v.
[4] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 458, f. 18v.
[5] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 459, ff. 29-29v.
[6] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 459, ff. 29v-30.
[7] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 463, ff. 74-74v.
[8] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 464, ff. 78v-80v.
[9] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 461, ff. 57-60.
[10] A.H.P.S., Martín de Ampiedes, p. 382, d.s.
[11] A.H.P.S., Sancho Pérez del Frago, p. 880, s.f.




BIBLIOGRAFÍA

-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. Selección de documentos de la villa aragonesa de Sos (1202-1533) Fuentes históricas aragonesas, 48. I.F.C. (C.S.I.C.) Excma Diutación Provincial. Zaragoza, 2009.
-ABELLA SAMITIER, JUAN. Sos en la baja Edad Media. Una villa aragonesa de frontera, pp.269-274. I.F.C. (C.S.I.C.) Zaragoza, 2012.
-CORINA, LUCHÍA. "Poderes locales, monarquía y propiedad comunal en los concejos de realengo castellanos bajomedievales" Anales de la Universidad de Alicante. Historia Medieval. 15, pp.215-238. Alicante, 2006-2008.