sábado, 11 de febrero de 2017

JUAN II.LA GUERRA CIVIL EN NAVARRA

Tras la muerte de Alfonso V heredó la Corona de Aragón su hermano Juan II, segundo de los hijos varones de Fernando I, pero no así el reino de Nápoles, que fue a manos de su ilegítimo hijo Federico, que casó con Juana, hija de Juan II y de su segunda esposa Juana Enríquez.
Juan II de Aragón, por Manuel Aguirre y Monsalve.
Cuando Juan II llegó al trono de Aragón tenía sesenta años de edad. Antes de convertirse en rey de Aragón había desempeñado el poder como señor de grandes posesiones en Castilla, así mismo como rey de Navarra y también desempeñó, junto con la reina María, esposa de su hermano Alfonso V, el cargo de lugarteniente general de Aragón, Valencia y Cataluña durante las largas ausencias de Alfonso en la Península, llegando a convocar y presidir Cortes al menos en siete ocasiones entre 1436 y 1454, por lo que fue uno de los monarcas más poderosos de su tiempo, con gran experiencia y perfecto conocedor  del funcionamiento de las instituciones de la Corona de Aragón antes de coronarse rey.
Por su avanzada edad era lógico que acuciara los achaques propios de la misma, como unas cataratas de las que fue operado exitosamente por el médico judío Abieter Aben Cresques Abnarrabi, pero estos achaques no fueron obstáculo para el desempeño de las funciones vinculadas a su rango.
Inmediatamente juró los fueros aragoneses, pero, al igual que su hermano, no quiso celebrar la ceremonia de consagración y coronación, lo que no impidió que fuese jurado rey por las Cortes.

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Treinta y nueve años antes de ser rey de Aragón, en 1419 se había casado con Blanca, hija de Carlos III de Navarra. En 1425 muere el monarca navarro, por lo que Juan y Blanca se convierten en reyes de Navarra.
En 1441 murió su esposa, doña Blanca, con la que había tenido tres hijos: Leonor, Blanca y Carlos, el príncipe de Viana, al que doña Blanca, por disposición testamentaria, nombró heredero universal en el reino de Navarra, aunque le rogaba que no tomase el título sin el consentimiento y beneplácito de su padre. El príncipe de Viana no encajó bien esto, por lo que las desavenencias con su padre comenzaban a sentirse.
Don Juan, rey de Navarra, había centrado sus intereses y objetivos en Castilla y, de hecho, los primeros años fue Carlos quien rigió Navarra, pero tras la guerra castellana tuvo que regresar al reino navarro y tomar las riendas del poder, lo que ocasionó que el malestar entre padre e hijo fuera en aumento.  
Además, como regente que era de Navarra, don Juan trajo a sus partidarios castellanos al reino y repartió rentas y prebendas entre ellos y algunos linajes navarros de su confianza, despojando de las mismas a seguidores de su hijo, con lo que el malestar aumentó en Navarra y acució las divisiones y enfrentamientos que había desde hacía tiempo entre las principales casas aristocráticas del país[1].
Carlos, príncipe de Viana, por José Moreno Carbonero (1881).Museo del Prado.
A todo ello se sumó, en 1427, el segundo matrimonio de don Juan con Juana Enríquez, hija de uno de los hombres de confianza del rey de Castilla, en un intento de conquistar seguidores que se enfrentaran al monarca castellano y a su hijo Enrique, pero, por el contrario, lo que teóricamente perdía con este matrimonio eran sus derechos sobre Navarra. De nuevo surgieron los enfrentamientos entre Juan II y su primogénito Carlos por la sucesión en Navarra, pero esta vez habían desembocado ya en una guerra civil en este reino. Los partidarios del príncipe se habían levantado en armas en algunas zonas de Navarra y habían establecido contactos con los castellanos. En agosto de 1451, tropas castellanas entraban en Navarra, siendo apoyadas por seguidores de don Carlos, conocidos como el bando de los beamonteses por el apellido de esta familia (Beaumont). La guerra civil había comenzado. Al mismo tiempo, las Cortes catalanas exigían que se nombrara sucesor a Carlos.
 De otra parte, don Juan disponía en el reino navarro a los seguidores del bando de los agramonteses (de la familia Agramount), que tenían sus plazas fuertes en Tafalla, Cáseda y Sangüesa, mientras que los beamonteses, partidarios de su hijo, poseían Pamplona. También, al ser don Juan hermano del Magnánimo y su lugarteniente en Aragón, obtuvo la ayuda del reino aragonés, proporcionándole tropas, abastecimiento y cualquier tipo de apoyo.
Castillo de Olite (Navarra), donde se educó el príncipe de Viana..

 Aunque Aragón no participó oficialmente en el conflicto armado la situación fronteriza con Navarra motivó que diversas poblaciones aragonesas, las más cercanas a la frontera, se vieran afectadas por este conflicto bélico, provocando que la vida de los aragoneses se viera alterada y en algunos casos participativa en esta guerra civil, sufriendo en varias ocasiones los ataques de las fuerzas de don Carlos, como fue el caso de Ejea, Tauste y Castiliscar en 1453.
 Debido a estas frecuentes embestidas vianistas en la zona, Sos tuvo que dar apoyo logístico a las tropas del rey y preparar la defensa de la villa, por lo que la agitación en el municipio era general y notoria. De hecho, los protocolos notariales de los años centrales del conflicto muestran un notable incremento de herreros en el municipio, hasta un total de siete, denominando a dos de ellos como ballesteros, lo que viene a demostrar que este considerable aumento de personal dedicado a labrar el hierro y el metal no es casual, sino causal, pues además dos de ellos están especializados en la fabricación de ballestas, arma muy utilizada en la época, cuyo destino sería, sin duda alguna, suministrar armamento a los agramonteses[2].
También los protocolos notariales conservados dicen que a comienzos de los años cincuenta se instaló en Sos de forma permanente el caballero mosén Hugo de Urriés, quien llegó a poseer casa en Sos, para cumplir con mayor efectividad las labores militares encomendadas para defender la zona. Su estancia en la villa debió ser prolongada, pues en 1456 figura como contribuyente en la sisa sobre la carne establecida por el consejo[3], no acudiendo sólo a la localidad, sino que lo hizo en compañía de tres servidores[4].
Escudo de armas de los Beaumont.
La documentación también aporta algunas noticias de sumo interés relacionadas con esta guerra. Así, el 25 de Abril de 1452, hubo una auténtica redada policial en Sos. El mencionado caballero mosén Hugo de Urriés, miembro de una de las familias con más proyección de la nobleza aragonesa del momento y que tenía cierta relación con  la villa al haber pretendido unos años antes obtener el alcaidado del castillo de la localidad[5], acusó a Rodrigo Ruyz y a un tal Beltrán, mozo del escudero Martín de Undués, vecinos de Sos, de conspirar, junto con  amigos y parientes de la vecina localidad Navarra de Lumbier, rebeldes a Juan II, para facilitarles a éstos la conquista de la villa; en el documento se menciona que en Sangüesa se había prendido a Guillem “el herrero”, vecino de Sos, que tenía el propósito de marchar a Lumbier para acordar con su cuñado, el también herrero maestre Perrín, cómo podrían los de Lumbier tomar la villa de Sos.
 El maestre Perrín era uno de los siete herreros que trabajaban en Sos en aquella época y se sabe que vivió en la villa por lo menos desde 1448 a 1450, proveniente de la localidad francesa de Limoges, y que por tanto, conocía perfectamente el municipio y que pudo haber aportado información y contactos dentro de la localidad a la gente de Lumbier interesada en el asalto a Sos[6]. Tras la denuncia, el Justicia de la villa solicitó consejo a los jurados y al concejo local sobre qué hacer con los detenidos, quienes dictaminaron que marcharse a Zaragoza, capital del reino, para obtener ayuda y saber qué hacer ante esta delicada situación[7]. A este respecto, no se debe olvidar que la villa de Lumbier era rebelde al rey Juan, por lo que la noticia de esta conspiración de los vianistas con algunos vecinos de Sos para conquistar la villa tal vez responda a un intento de obstaculizar el apoyo que desde la frontera aragonesa se hacía a la causa de don Juan[8].
También, un año después, once hombres de guarniciones de los fronterizos pueblos navarros de Rada, Mélida y Santacara son detenidos en las inmediaciones de Sos, en los montes de El Real, siendo acusados de haber dañado a la villa aragonesa[9]. Estas tres localidades siguieron en la guerra civil del bando de don Carlos, siendo tristemente famoso el destino de la población de Rada, que fue totalmente arrasada y destruida por órdenes de don Juan; la misma suerte corrió Santacara, que pertenecía desde 1447 a don Juan de Beaumont, prior de San Juan de Jerusalén, ayo del príncipe de Viana y uno de sus valedores. Muy posiblemente el objetivo de estas guarniciones de vianistas era el dificultar la línea de retaguardia y de abastecimiento del enemigo, atacando las poblaciones aragonesas limítrofes con Navarra.
Escudo de armas de los Agramunt.
Hemos visto cómo en las zonas fronterizas de Navarra con Aragón y más concretamente la zona próxima a Sos, el ambiente era muy inestable y la actividad de los beamonteses provocaba inseguridad y miedo en la comarca.  Esta inseguridad la costata el vicario de la iglesia de San Esteban de Sos cuando en junio de 1453, teniendo que marchar a Sangüesa por requerimiento del capellán don Bartolomé de Sos y de Gil de Sos[10], les solicitó una compañía que garantizase su integridad física, o bien un salario para procurársela él mismo, argumentando que su temor derivaba de la inseguridad reinante en Navarra a causa de la guerra[11].
Evidentemente, todo el apoyo y ayuda a don Juan en esta guerra acarreaba unos gastos, lo que motivó que Sos recurriera a la emisión de censales para financiar todos estos gastos; así en 1456, su deuda pública alcanzó unos niveles tan alarmantes que obligó a las autoridades locales a imponer durante tres años un repartimiento de 1.000 sueldos anuales para pagar las pensiones de los censales, estableciéndose además que durante seis años las rentas de la primicia, de los herbajes, de los hornos y molinos, se destinase prioritariamente al pago de los intereses de los censales, de las caballerías y de los salarios de los abogados de la villa[12].

La estratégica situación de Sos, en la muga con Navarra y muy próxima a la plaza fuerte agramontesa de Sangüesa, hizo que Juan II se alojara en Sos en varias ocasiones[13], una de ellas con ocasión del nacimiento de su hijo Fernando.( ver nacimiento)
En 1452, y bajo todo este clima bélico, hay que situar el nacimiento en Sos de Fernando el Católico. Una de las principales localidades de Navarra fiel a don Juan y su esposa Juana era, como se ha dicho anteriormente, Sangüesa. La presencia de los reyes en el pequeño reino navarro reforzaba su autoridad, siendo necesaria para incentivar a sus seguidores a continuar la lucha; es por ello que doña Juana Enríquez, aún estando embarazada, fijó su residencia en el castillo de Sangüesa. La villa contaba con la ventaja de su cercanía al reino de Aragón, lo que permitía una buena comunicación con las localidades aragonesas de la frontera que venían actuando de auténtica retaguardia de las tropas de don Juan, al aportar suministros y sustento logístico.


Palacio de Sada. Sos del Rey Católico.Lugar del nacimiento de Fernando "el Católico"
                    Llegado el momento del parto, la reina Juana Enríquez no dudó en trasladarse de Sangüesa a Sos, primera villa fortificada aragonesa en el camino que podía ofrecer un mínimo de seguridad, y donde además ella y su marido se alojaban ocasionalmente, como antes se ha dicho y afirmó Argensola, quien aseguró que lo hacían en la casa de los Sada[14]. El motivo por el que la reina eligiera Sos para dar a luz a su hijo muy probablemente fuera para aumentar la vinculación del recién nacido con Aragón y de este modo incrementar las posibilidades de que éste fuese el heredero de don Juan en los países de la Corona de Aragón[15]. Todas estas circunstancias de la alta política propiciaron que el alumbramiento de Fernando se produjese en Sos y que el conflicto que el príncipe de Viana tenía con su padre respecto a la herencia del Reino de Navarra se agravara aún más cuando Juan II otorgó a Fernando algunos de los títulos que por tradición correspondían al primogénito Carlos.
En 1458 muere el Magnánimo sin descendencia legítima, por lo que su hermano Juan II le sucedería como rey de Aragón.
En enero de 1460 Juan II y su hijo Carlos llegaron a un entendimiento y firmaron la Concordia de Barcelona, pero la paz fue breve: en diciembre el príncipe Carlos fue encarcelado por su padre. Cataluña y Navarra se levantaron entonces contra el rey, quien se vio obligado a liberar a su hijo y a nombrarlo heredero. Pero para que este nombramiento fuera efectivo tenía que ser refrendado por las Cortes, que sólo el rey podía convocar. Juan II no lo hizo y su hijo Carlos falleció repentinamente en septiembre de 1461. Juan II y su esposa Juana Enríquez no estuvieron libres de sospecha en esta muerte, aunque es posible que la causa del fallecimiento fuera un proceso avanzado de tuberculosis, agravado durante su estancia en prisión. De esta forma Fernando el Católico pasaba a ser el heredero indiscutible de la Corona.
La guerra civil catalana no cesó con la muerte del Príncipe de Viana, hasta que diez años después, en 1472, Juan II, ayudado por su hijo Fernando, consiguió entrar en Barcelona, obligando a los rebeldes a rendirle obediencia.

A consecuencia de la guerra civil en Cataluña, los habituales litigios y enfrentamientos entre sangüesinos y sosienses pasaron a un segundo término. Además, la habitual presencia de Juan II y de su séquito en la comarca posiblemente tuviera efectos disuasorios y consiguió, de algún modo, que estos enfrentamientos cesaran, aunque realmente sólo estaban “adormecidos”. No obstante, el ascenso al trono aragonés de Juan II significó una nueva etapa en el conflicto de El Real, ya que el 1 de septiembre de 1464 hizo donación del castillo y lugar de El Real, con sus aldeas y con la jurisdicción civil y criminal, a mosén Fernando de Alvarado como recompensa por los servicios prestados[16], probablemente porque el monarca, además de corresponder con gratitud a la fidelidad del noble, consideró que, ante la difícil resolución del pleito entre Sos y Sangüesa y para terminar con la controversia, era más adecuado otorgar el lugar a un hombre de su confianza. Aunque si bien es cierto que desde entonces la conflictividad se mitigó, algunas actuaciones de los Alvarado volvieron a causar algunas tensiones, como el intento de reconstrucción en 1479 de Fillera, antigua aldea despoblada[17], tras lo cual los navarros, como represalia, destruyeron en 1480 algunas casas de Sos y robaron 3.000 cabezas de ganado, lo que exigió la intervención de Fernando el Católico para evitar la declaración de una guerra abierta[18].

Infanzones rodeando al rey de Aragón. Miniatura del s. XIV
De todos los privilegios que los monarcas aragoneses han concedido a la villa de Sos durante su existencia, hay uno que merece especial atención,  y es el concedido por Juan II el 30 de agosto de 1458, por el que declara a sus habitantes francos y libres, decretando que todos sean infanzones hermunios, y que puedan acudir a las Cortes de Aragón por el brazo de los caballeros e infanzones, como ya hacían las vecinas villas de Ejea, Tauste, Sádaba y Uncastillo, convirtiéndose en un hecho diferencial de estas poblaciones de las Cinco Villas frente al resto de ciudades y villas del reino el poder acudir como miembros de la baja nobleza, y no como integrantes del brazo de las Universidades Reales. Los motivos de esta importante gracia real quedan claros en el propio documento: para premiar la fidelidad de Sos en los conflictos con Castilla, y contra los rebeldes navarros a Juan II, que al parecer dejaron en desolación y ruina a la villa, y también debido al nacimiento del príncipe don Fernando.
Este documento quedó confirmado con posterioridad desde Monzón por el propio Fernando el Católico el 24 de enero de 1510.”... y queriendo premiar los grandes servicios de los de la dicha Villa, hechos a la Corona de Aragón y los grandes daños y gastos que padecieron por su máxima innata fidelidad, y darles condigna retribución por haber nacido en ella el Ilustre Infante don Fernando su carísimo Hijo y en atención a los ruegos y suplicas continuas de la Reina doña Juana su mujer y el mismo Infante, su hijo, quiere y es su voluntad que los de la Villa de Sos sean siempre francos, y libres en todos sus bienes, de todo derecho de portazgo, usazgo, contazgo, con tal fuerza, peso y nesurage, y de todo derecho y costumbre vieja y nueva, impuesta y que se haya de imponer. Que perpetuamente todos los de dicha Villa sean Infanzones, Hermunios y essemptos universal y particularmente y con todas sus casas y heredades y todos sus bienes sean libres, francos e ingenuos. Que intervengan y puedan intervenir en las Cortes Generales y Particulares del Reyno de Aragón, y de los Aeragoneses, que se celebraren por dicho Rey y sus sucesores en el Brazo de los Caballeros e Infanzones.”[19].
En enero de 1479, a los ochenta años de edad, muere el longevo monarca Juan II, heredando el trono de Aragón su hijo Fernando “el Católico”.(Continuación)








[1] Abellá Samitier, J. El nacimiento de Fernando el Católico y la villa de Sos
[2] Los herreros o ballestas que aparecen en los protocolos en estas fechas son Ximeno de Sos, Antón de Sarasa, Pedro de Navascués, Ximeno de Petilla, Pedro de Sigüés, el maestre Perrín de Limoges, y Guillem el herrero. Salvo el maestre Perrín y tal vez su cuñado, de procedencia francesa, el resto provendrían de localidades aragonesas y navarras cercanas a Sos que se instalarían en la villa los años de la guerra al existir una fuerte demanda de sus servicios. Tras cesar los años más conflictivos algunos abandonaron la localidad, como Ximeno de Petilla, que se fue a Ejea en 1454; otros, sin embargo, se establecieron definitivamente en Sos, como Pedro de Sigüés. Abellá Samitier, J. Sos en la Baja Edad Media, p. 56.
[3] A.H.P.S., Martín de Ampiedes, p. 390, f. 23.
[4] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 400, f. 32.
[5] Abellá Samitier, J. “Aportación al estudio de la baja nobleza aragonesa. El escudero Miguel de Ruesta, alcalde del castillo de Sos”. Suessetania, nº 22.
[6] A.H.P.S., Martín de Ampiedes. P. 384, ff. 46-47.
[7] A.H.P.S., Martín de Ampiedes. P. 384, ff. 47-47v.
[8] Abellá Samitier, J. El nacimiento de Fernando el Católico y la villa de Sos
[9] A.H.P.S., Martín de Ampiedes. P. 386, f. 29.
[10] A.H.P.S., Martín de Ampiedes. P. 386, f. 33-33v.
[11] Abellá Samitier, J. Sos en la Baja Edad Media. P. 57.
[12] Abellá Samitier, J. La villa aragonesa de Sos en la Baja Edad Media: economía, sociedad y manifestaciones de poder. Tesis doctoral. Zaragoza, 2007. pp. 845-846.
[13] Fechas en las que hay constancia de la presencia de Juan II en la villa de Sos: 13/ 03/1452; 18/04/1452; 6/12/1452; 16/07/1453; 11/08/1456.Ramírez Vaquero, E. Solidaridades nobiliarias y conflictos políticos en Navarra (1387-1464) pp. 363-367.
[14] L. Argensola. Anales; cit. en “el palacio de los Sada en Sos del Rey Católico”, Teodoro Ríos Balaguer, en Abellá Samitier, J. El nacimiento de Sos y la villa de Sos.
[15] De esta opinión es Teodoro Ríos Balaguer. “El palacio de los Sada en Sos del Rey Católico”,p.43; citado en Abellá Samitier, J. El nacimiento de Fernando el Católico y la villa de Sos.
[16] Sinués Ruiz, A., Ubieto Arteta, A. El patrimonio Real en Aragón durante la Edad Media, p. 251.
[17] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 423, f. 3-3v.
[18] Suárez Fernández, L. Fernando el Católico y Navarra. El proceso de incorporación del reino a la Corona de España, Madrid, Rialp, 1985, en Juan Abellá, “la comarca de la Valdonsella en las relaciones entre Aragón y Navarra a finales de la Edad Media”. Revista Príncipe de Viana, año LXXII, nº 253, mayo-agosto 2001, p. 345.
[19] Archivo de la villa de Sos. Año 1510.




BIBLIOGRAFÍA




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-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. La villa aragonesa de Sos en la Baja Edad Media: economía, sociedad y manifestaciones de poder. Tesis doctoral. Zaragoza, 2007.
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En la web:
-www.enciclopedia-aragonesa.com. Fernando II de Aragón.
-www.sosdelreycatolico.com. Juan Abellá Samitier. El nacimiento de Fernando el Católico y la villa de Sos.