lunes, 5 de diciembre de 2016

LA ANTIGUA BOTICA DE SOS

Albarelos

En los bajos de la casa del número 29 de la calle Fernando el Católico se ubicaba la antigua botica del municipio. Un establecimiento que las hijas del boticario, ya fallecido, han sabido conservar y cuidar hasta el más mínimo de los detalles.
Mostrador de la botica de Sos
El establecimiento se encuentra ya cerrado al público desde hace años, pero traspasar el umbral de la puerta de entrada a la botica es como retroceder un siglo en el tiempo. Con tan sólo dar un paso adelante nos transportamos al principio del siglo XX. Todo está tal y como era y estaba hace ochenta años.


 En el mostrador, de madera antigua, el juego de pesas de precisión utilizado por los boticarios para pesar con exactitud la cantidad de los diversos componentes de las recetas, una balanza y diversos accesorios e instrumentos; en una de las paredes un enorme y antiguo termómetro publicitario cuyo dibujo recuerda aquellas burdas pero entrañables primeras publicidades de principios de siglo;  las estanterías, que forran todas las paredes del establecimiento de esquina a esquina y del suelo hasta el techo, también de madera antigua, todavía conservan los albarelos de porcelana pintados a mano en los que se guardaban las diferentes hierbas, polvos, semillas y productos medicinales; en la zona baja de las estanterías numerosos cajoncitos de madera, cada uno con el rótulo pintado sobre chapa identificando su contenido: margarita, mejorana,malva, opio...y no podía faltar el “ojo del boticario”, ese pequeño armario de madera cerrado con llave donde el farmacéutico guardaba sus medicamentos más preciados. Todo un placer para la vista y el recuerdo de aquellas boticas a las que acudían nuestras abuelas para buscar remedio a sus males de salud. 
Busto de Galeno
Busto de Hipócrates

Y a ambos lados del mueble de la pared que hay tras el mostrador dos impresionantes bustos nos recuerdan sendos personajes griegos el mundo de la medicina a quienes tanto debemos: en el lado izquierdo Galeno y en el derecho Hipócrates.
Como anécdota respecto a estos majestuosos bustos de ambos galenos, la hija del boticario nos comenta que al principio de abrir la farmacia hubo mujeres del pueblo que, al entrar en la botica y ver las imágenes de semejantes hombres barbudos, los confundían con santos católicos, y como tal, se santiguaban y poníanse de rodillas ante ellos orando para que les cure de sus enfermedades, bien a ellas mismas o a alguno de sus familiares, dependiendo  para quién era el remedio que venían a buscar a la botica.
Tras el mostrador, una pequeña puerta comunica con la rebotica. Si el hall de la botica, o espacio para la venta, que acabamos de ver, es maravilloso, más alucinante resulta todavía este otro espacio privado y reservado para el boticario, donde realizaba sus mezclas de ingredientes y elaboraba los distintos medicamentos, ungüentos y jarabes para los diversos remedios. Libros de medicina y de farmacia antiguos, recetarios, centenares de frascos de todos los tamaños llenan las estanterías que recorren las cuatro paredes con el típico color marrón-anaranjado del cristal ajado por el paso del tiempo, destiladoras, alambiques, pildoreros, areómetros, microscopios, mecheros de pico, hornillos y balanzas antiguas... todo lo necesario para ejercer la profesión de un boticario de antaño; un verdadero tesoro para los amantes de la física, química y los laboratorios.
Rebotica


En las farmacias se vendían pastillas de mentol y cocaína, el mejor remedio para las afecciones de garganta y voz. Pero
claro...creaban adicción.


-Agradecimiento a Mª Pilar Alvira, hija de Manolo (q.e.p.d.), farmacéutico de la villa de Sos, por mostrarnos el que fuera el lugar de trabajo de su padre durante muchos años, quien con su perseverancia veló por la mejora y el restablecimiento de la salud de todos los sosienses en el pasado siglo.