domingo, 30 de agosto de 2015

MARTIN MARTINEZ DE AMPIES

Hombre de armas y escritor. Nacido en la primera mitad del siglo XV en la villa de Sos, donde existió su casa y solar de antigua nobleza. Se crió en Sádaba y falleció en Uncastillo, con fecha desconocida pero próxima al año 1514. Por esta zona tenía una posesión o huerta que perteneció a su familia, cuyo escudo de armas porta una media luna.
Martín fue un personaje destacado por su erudicción y grandes estudios y conocimientos. Fue diputado del Reino de Aragón en 1480 y sus contemporáneos alababan sus condiciones políticas y militares.
En los registros e instrumentos que obran en el archivo de la villa de Sos también aparece escrito como Ampiez o Ampies; en la lista de diputados del reino aparece con el apellido de Martinez de Ampredes.
Participó en la guerra de Perpiñán en 1493 en el afán de recuperar El Rosellón para el Reino de Aragón. Se halló presente en el Privilegio nº 86 que el rey Fernando el Católico concedió en Monzón a la villa de Sos el 24 de enero de 1510, confirmándole y concediéndole de nuevo todos los privilegios que hasta entonces tenía. También se halló presente, y fue testigo instrumental el año 1512, en la loación de la sentencia arbitral que el mismo soberano dio ante Hugo de Urriés, su secretario, sobre las diferencias que tenían sobre las villas de Sos y de Sangüesa Doña Juana de Alvarado, mujer de Pedro de Luna, y Jaime Pérez de Pomar, tutor de las personas y bienes de Juan y de Jerónimo de Alvarado y Orosia de Pomar, señores que fueron de la villa y términos del Real acerca de la pertenencia de esta población.
Se tiene conocimiento de una carta escrita por Martín desde Sangüesa el 6 de diciembre de 1512, en la que da cuenta al rey de que había ido a Sos para tomar las armas y pasar al ejército que defendía al Reyno de Navarra, y que halló allí al señor de Ayerbe, capitán de armas, quien le hizo permanecer en este puesto para mejor servir en su destino; desde donde pedía licencia para ir a la Corte, y concluir unos asuntos que no explica en la misiva.
Este escudero sosiense es el primer escritor de la Villa del que se tiene noticia documentada. Sostuvo una estrecha relación de amistad con el editor alemán afincado en Zaragoza Pablo Hurus, lo que le permitió editar algunos libros.
Su condición de militar, al ponerse en contacto con las tropas de caballería, le movió a traducir del catalán al castellano el manuscrito de mossen Manuel Díez (o Dieç), mayordomo del Rey Don Alonso de Aragón, autor del siglo XV, titulado Livre de menescalia, al que Martínez de Ampiés adjudicó el título de Libro de albeytería, nuevamente corregido y enmendado, añadidas en él sesenta y nueve preguntas (Zaragoza, P. Hurus, 1495), primera obra de veterinaria impresa en España, en folio, y que alcanzó una gran difusión. La obra se divide en dos libros: el primero trata de la anatomía externa del caballo, de las cualidades que deben concurrir en el que se elija para padre: modo de criar los potros desde los tres hasta los seis años, terminando con la historia de algunas enfermedades; y el segundo trata de la mula y del modo de alimentarla.
Escribió también otras dos obras de tipo religioso. El Triumpho de María, en prosa y verso, (primera obra impresa en castellano por un español; Zaragoza, P. Hurus, 1495), impreso en letra gótica y adornado de moralidades, del que se conservan dos ejemplares conocidos: uno, incompleto, en la Biblioteca Pública de Toledo, y el otro, éste completo, en la Biblioteca Nacional de París. 
La segunda obra religiosa es el libro del antichristo[1], un incunable xilográfico de gran rareza, con una tipografía de gran belleza y 45 grabados de excepcional calidad, del que sólo existe un ejemplar completo conservado en la New York Public Library y otros dos ejemplares muy incompletos en la Biblioteca del Monasterio de El Escorial y en la British Library, habiendo desaparecido otro ejemplar que se custodiaba en la biblioteca de San Isidro, en Madrid.
El libro del antichristo. Grabado del capítulo XIII: "Cómo el Antichristo mandará quemar los libros de la ley por ensalzar su mala secta"
El libro del antichristo, parodia diabólica de la figura de Cristo, es un compendio de tradiciones medievales muy complejas y muy representativo de las costumbres escatológicas de la España renacentista de finales del siglo XV. 
Martínez de Ampiés, además, es autor de Un viaje a Tierra Santa (traducción de la obra latina de Bernardo de Breydenbach),editado en 1498, un incunable de una gran calidad técnica con más de 92 grabados en el que se relata la peregrinación del canónigo de Maguncia, Bernardo de Breydenbach, por Tierra Santa entre 1483 y 1484. Otras obras de Martínez de Ampiés son el Tractado de Roma y Carmen elegiacum (elegía).

Grabado de "Viaje a Tierra Santa", de Bernardo de Breydenbach, traducción de Martín Martínez de Ampiés


De las obras de Martín Martínez de Ampiés se deduce el pensamiento de las personas de su condición social y la mentalidad de la gente de la época en la que vivió Martín: exaltación de la persona de Fernando el Católico, espíritu patriótico, anhelo de cruzada, devoción mariana y las desastrosas consecuencias que conlleva el incumplimiento de los preceptos morales y religiosos.







    





[1] Latassa, Doctor Don Félix de. Bibliotheca antigua de los escritores aragoneses que florecieron desde la venida de Christo, hasta el año 1500. T.II, pp. 340-345.Zaragoza, 1796.



BIBLIOTECA

-GARCÉS ABADÍA, MÁXIMO. Martín Martínez de Ampiés. Programa oficial de Fiestas Mayores. Sos del Rey Católico, 2012.
-LATASSA, DOCTOR DON FELIX DE. Bibliotheca antigua de los escritores aragoneses que florecieron desde la venida de Christo hasta el año 1500. T. II. Medardo Heras, Zaragoza, 1796.
-CLADERA, CRISTOBAL. Investigaciones históricas sobre los principales descubrimientos de los españoles en el mar océano en el siglo XV y principios del XVI. Antonio Espinosa, Madrid, 1794
                     -POLO CARRASCO, JESÚS. El "Triumpho de María" del aragonés Martín Martínez de Ampiés. R.H.J.Z. nº 47-48, pp. 323-339.
En la web:
-GRAN ENCICLOPEDIA ARAGONESA. Martín Martínez de Ampiés.
-MARTA TORRES SANTO DOMINGO. Sobre la desaparición del incunable "El libro del Antichristo" (1496). 23-11-2009. Noticias de la Biblioteca Histórica de la U.C.M.



¿QUÉ PASA, CO?

Según el Diccionario Aragonés de Rafael Andolz, Co! es unainterjección originaria de Sos del Rey Católico, extendida por todo el territorio aragonés y que viene a ser la abreviatura de “chico”, exclamación admirativa. Viene a ser lo mismo que el "quió" que dicen en Huesca, o el "nen" de los catalanes, el "quillo" de los andaluces o el "tronco" de los madrileños.




   
BIBLIOGRAFÍA

-ANDOLZ, RAFAEL. Diccionario aragonés. Librería General. Zaragoza, 1977.

jueves, 27 de agosto de 2015

ENCIERROS DE SAN COJON




Durante las fiestas mayores de Sos, en el mes de agosto, viene celebrándose en la villa de Sos el tradicional encierro de San cojón; una parodia de los clásicos encierros de San Fermín donde nadie sale herido y donde la diversión está asegurada.
El origen de estos encierros se remonta ya a la década de los 80, cuando un grupo de jóvenes sosienses, tras terminar el último acto festivo del programa oficial de fiestas, el baile, que suele acabar sobre las cinco de la madrugada, y antes de empezar el primero del día siguiente, la diana de las 8 de la mañana, decidieron no ir a dormir a sus casas (algo muy normal en fiestas), y para “rellenar” el tiempo de espera antes de ir a la diana con la charanga, decidieron pasar el tiempo corriendo por las calles del municipio un “encierro” muy singular, donde un contenedor de basura era empujado por un mozo simulando ser un toro mientras los demás corrían delante del contenedor citándolo como si de un astado se tratara. Se lo debieron pasar muy bien, ya que al día siguiente repitieron, y al siguiente, y al siguiente…y al siguiente año todas las mañanas de fiestas.
Este “encierro” tan peculiar empezó a popularizarse entre la juventud del municipio, y el segundo año ya eran muchos los mozos que se apuntaban a correr delante del contenedor de basura, por lo cual decidieron innovar su peculiar encierro, y como correr empujando  el cubo de basura resultaba muy “canso” y fatigoso para el mozo que lo portaba, y más a esas horas, decidieron relevarle de su agotador sacrificio sustituyéndolo... ¡por un dumper! (¡qué bestias!)  La adrenalina de los mozos subió, claro está, como la espuma, y ahora las carreras delante del dumper ya se aproximaban más a las de Pamplona. ¡Todo un espectáculo!
Pero los mozos de Sos, aunque bestias, también son sensatos y pronto se dieron cuenta que las “cornadas” de este nuevo “toro” podían causar peores heridas que las de un verdadero astado (afortunadamente no hubo ningún herido), por lo que el sufrido portador de contenedores de desechos regresó a su primitiva y sofocante labor.
Pero los mozos de Sos también son talentosos, y es entonces cuando se gestó la idea de confeccionar un toro de cartón, menos pesado y más cómodo y fácil de llevar que el cubo de basura; “…y si le ponemos una ruedecica, mejor!”
Imagen de San cojón con el pañuelo de fiestas
San cojón en el portal de Malla antes del encierro




















Mozos cantando a San cojón antes del encierro
A partir de aquí se fijó el recorrido del encierro, que va desde el portal de la Reina, o de Malla, hasta la plaza del Ayuntamiento; recorrido que no ha variado desde entonces. Se fijó la hora del mismo (8 en punto de la mañana), se colocó la imagen de San cojón, a quien se le pide con tres cánticos su protección durante el encierro, se lanza el cohete anunciando la salida de la manada, etc…en una jovial, simpática y metafórica alegoría de los clásicos encierros navarros de San Fermín.
Cartel anunciador de los encierros





Año tras año, se fueron incorporando nuevas ideas y novedades relacionadas todas ellas con los encierros de nuestros vecinos de Pamplona hasta hoy, aunque cada año hay algo nuevo o desaparece algo de años anteriores. En los años 90, por ejemplo, dos “operadores de cámara”, uno situado en mitad del recorrido y otro al final del mismo, simulaban la retransmisión televisiva del encierro subidos en sendos andamiajes con cámaras de cartón imitando a las de TVE; otro año se simulaban “cogidas” del toro a algún mozo, siendo atendido en el mismo recorrido por los “voluntarios de la Cruz Roja”; en otra ocasión un improvisado reportero, micrófono en mano, realizaba entrevistas y recogía testimonios de corredores y asistentes, etc…
La publicidad también está presente tanto en el encierro como en el pueblo. En los establecimientos y repartidos por las calles de la Villa, carteles anunciadores nos informan de los  días de los encierros y de las distintas ganaderías protagonistas de los mismos…. Y, por supuesto, que no falte publicidad para los espárragos de Navarra.
¡Viva San cojón!

Toro de los encierros de San cojón.

EL LITIGIO DEL DORADOR JOSÉ LACRUZ Y EL CONVENTO DE VALENTUÑANA


           Los escultores Tomás Vicién y Francisco Menac  terminaron de tallar en 1730 el retablo mayor de la iglesia del Convento de Valentuñana. Ahora había que pintarlo y dorarlo, y para ello la comunidad carmelita del convento formalizó, el 14 de mayo de 1731, el documento notarial o capitulación con el maestro pintor y dorador, vecino de Jaca, José Lacruz, la realización de este trabajo.
En el documento notarial Lacruz se obligaba a dorar, con la máxima perfección que exigía el arte,el retablo mayor del convento, encarnar y estofar los santos y todo lo que fuere necesario. Además se estableció que el trabajo debía estar terminado en mayo de 1733, y que al dorador se le debía contribuir con 1300 libras jaquesas.
Retablo mayor de Ntra.Sra. de Valentuñana
Tras comenzar José Lacruz las tareas de dorado, el Prior del convento, fray Bartolomé de San Miguel, manifestaba que Lacruz no cumplía con lo estipulado en la capitulación, por lo que solicitaba al Alcalde Mayor del partido de las Cinco Villas que el pintor cesase en su trabajo y se le embargaran sus herramientas e instrumentos de trabajo.
El 3 de abril de 1732 el licenciado don Juan Francisco de Venero, abogado de los Reales Consejos y Alcalde  Mayor por S.M. del partido de las Cinco Villas ordenaba el citado embargo a través de un auto, procediéndose al día siguiente al cumplimiento del mismo. A José Lacruz le embargaron cuchillos de dorar, brochas, pinceles, calderos, vasijas de vidrio, y más y diverso material profesional que quedó bajo la custodia del sosiense José Meoz.
Ante esta situación Lacruz rogaba, aludiendo a su profesionalidad, le devolvieran cuanto antes su utillaje y que no admitiesen a ninguna otra persona para terminar la obra, pues ya había terminado el cuerpo superior del retablo, el tarjetón y las estatuas de los santos, faltando poco para su culminación. Pero fray Bartolomé de San Miguel le replicaba argumentando su falta de profesionalidad, recordándole su último trabajo en el retablo mayor de Salvatierra de Escá, donde Lacruz vendió gran cantidad de oro que había comprado la Primicia, lo que producía irregularidades en los baños de oro del retablo. Además, también le reprochó el Prior que en la iglesia de Sigüés, donde también trabajó Lacruz, el dorador se gastó todo el dinero antes de concluir la obra y el rector de la parroquia tuvo que entregarle 70 escudos más   para que la terminase. Y por lo que respecta al trabajo actual en el convento de Valentuñana, Fray Bartolomé le acusaba de falta de fidelidad por haber ocultado un millar de panes de oro, recordándole, además, su gran negligencia y falta de profesionalidad por no haberse aplicado con el debido cuidado en la obra, pues le habían ayudado en su trabajo dos jóvenes aprendices.
Durante el proceso del litigio, los peritos de ambas partes fueron requeridos para tasar lo trabajado por Lacruz hasta el momento. Así, Rafael Logroño, maestro dorador de la ciudad de Pamplona, en representación de Lacruz, expresaba que la obra contenía los baños de yeso correctos y que el oro empleado en el dorado era de buena calidad, sin mezcla alguna, haciendo una única observación de simple crítica diciendo que el color azul del manto de la Vírgen debía ser más oscuro.
De la otra parte, representando a los carmelitas del convento, el maestro dorador y estofador Matías de Moler, de Navascués, manifestaba que existían algunos rozamientos en distintas partes de la obra con escasez y mala calidad del yeso empleado, insistiendo en que se debían estofar las alas de los ángeles.
El 3 de julio de 1732 el abogado de los Reales Consejos, don Juan Francisco de Venero emite un dictamen en el cual José Lacruz había faltado a lo pactado y estipulado con los carmelitas, por lo que debía ser cesado en la ejecución de la obra, no sin antes enmendar los defectos señalados, teniendo que pagar igualmente las costas de la causa. Asímismo se le concedía al Prior del convento la libertad de elegir otro dorador para finalizar la obra.
El 4 de julio se comunicó el fallo de la sentencia a ambas partes, y Lacruz, no conforme con él, apeló a la Real Audiencia del Reino de Aragón, quien dispuso todo lo contrario al fallo emitido por el Real Consejo. Lacruz podía proseguir con su obra, según las condiciones de la capitulación, se le relevaba de la multa impuesta por el Alcalde Mayor y se le tenía que devolver todas las herramientas y material embargado para poder acabar el trabajo.





BIBLIOGRAFÍA

-COSTA FLORENCIA, JAVIER. El convento de Valentuñana y el dorador José Lacruz. Diario del Alto Aragón. 15 de diciembre de 2002. Pag. 8.




miércoles, 26 de agosto de 2015

EMILIANO LADRERO

Médico forense de Sos del Rey Católico de principios del s.XX, historiador y amante del pasado de la Villa. Se dedicó a viajar por todo el territorio aragonés recogiendo y estudiando cualquier dato sobre medicina popular aragonesa, sobre todo en la zona del Alto Aragón. En sus constantes viajes también recogió tesoros arquelógicos dada su afición y dedicación a la historia y el arte.De este modo coleccionó un buen número de piezas de sílex del mesolítico, neolítico y Edad de Bronce, que donó a la Institución Príncipe de Viana, depositándolas en el Museo de Navarra. Asímismo halló, y donó también al mencionado Museo, una estela romana y dos aras taurobólicas, y al Museo Arqueológico del Castillo de Javier una urna cineraria celtibérica de barro rojo con tapa.
 En 1927 y 1928 publicó “El libro primero de la Nobleza del Reino de Navarra...mandado recopilar por Dn. Isidoro Gil de Jaz, oidor del Real y Supremo Consejo de dicho Reino”

domingo, 23 de agosto de 2015

LA EXPULSIÓN DE LOS JUDÍOS DE SOS

Los judíos de Sos no sufrieron las intensas persecuciones que se desataron contra ellos en otros reinos de la Península porque su “leyenda negra” no estaba tan extendida en Aragón como en otros reinos cristianos donde la presencia musulmana había sido mayor (en Sos no hubo musulmanes) Aquí no cargaron con el sambenito de su colaboración con los invasores árabes durante la ocupación. Su importancia en Sos se manifestaba en el desempeño de importantes cargos en los gobiernos municipales o en la propia administración, en los que además su papel contributivo era esencial. Igualmente su colaboración con instituciones eclesiásticas en Aragón, junto a los beneficios económicos que generaban y los servicios que ofrecían a la jerarquía, posibilitó el consentimiento de la nobleza eclesiástica para con la comunidad hebrea.
Expulsión de los judíos de Sevilla, de Joaquín Turina Areal
El antijudaísmo, latente desde tiempo atrás, desembocó a finales del siglo XIV en violentas persecuciones contra los hebreos, en quienes se veían los chivos emisarios de las catástrofes de la época. En el año 1391 podemos decir que empezó la “caída” de los barrios judíos en España con los pogromos (asalto a las juderías con matanza de sus habitantes) Empezó en Sevilla y rápidamente se extendió por Andalucía y otras partes de España. En 1473 se dio otro en Córdoba y en 1449 uno en Toledo que se extendió por Castilla. 
Estos hechos de violencia antisemita fueron alentados por discursos de clérigos que veían los barrios judíos y mudéjares como una continua amenaza hacia su religión y el bienestar de los “buenos ciudadanos cristianos”. Así, las comunidades musulmanas y hebreas se vieron obligadas a vivir recluídas en sus aljamas y a portar señales distintivas.
Muchos judíos aceptaron la conversión al cristianismo para salvar sus vidas. De esta forma descendieron los efectivos de la comunidad judía, pero creció, en cambio, el número de los conversos o cristianos nuevos. En el siglo XV algunos conversos desempeñaron puestos claves tanto en la Corte como en los municipios o incluso en la Iglesia. No obstante, la vieja hostilidad contra los judíos derivó en animadversión hacia los conversos, víctimas de nuevas persecuciones. Se tiene constancia del asesinato de dos hebreos de Sos por una cuadrilla de navarros en 1427[1].

Desde 1480 la aljama de Sos pareció haber cobrado un impulso demográfico y mirando al futuro con cierto optimismo. Esto lo confirma el hecho de que en enero del año 1489 Salomón Jauli, judío de Calatayud, se obligó en la cantidad de 10 florines de oro con Faym Gualit, representante de la comunidad sosiense, por si no cumplía con el compromiso de entregar una Torá para la sinagoga de Sos el 15 de abril de ese mismo año[2], por lo que nada hacía presagiar el cruel destino que les aguardaba a los hebreos.
Tomás de Torquemada, inquisidor de Castilla y Aragón.
Finalmente, el 31 de marzo de 1492 los Reyes Católicos, alentados por Torquemada, firmaban en Granada el edicto de expulsión de los judíos de Castilla y un poco más tarde firmaba uno para la Corona de Aragón.
Los judíos que optaron por el exilio lo hicieron con muchas prohibiciones a la hora de llevarse sus pertenencias, ya que tuvieron que vender sus bienes a muy bajo costo y pagar impuestos. Cuenta Miguel Ángel Motis que muchas propiedades de las aljamas, incluída su documentación, pasaron a poder de quienes tuvieran la autoridad en la zona: el rey, la iglesia, las órdenes militares o los nobles. Los bienes confiscados a los judíos de Sos pasaron a la Corona y ahora alguno de esos documentos se han encontrado en el Archivo Histórico Provincial de Huesca. Los textos estaban escritos sobre vitela, un pergamino muy fino y muy bueno que, por supuesto, no se destruía, sino que se reutilizaba. En este caso se había usado para encuadernar protocolos notariales. (Actualmente Miguel Ángel Motis está intentando recuperar dichos pergaminos.)

En lo que respecta a Sos, la primera referencia notarial que se halla en los protocolos notariales del proceso de expulsión data del 5 de mayo de 1492; se trataba de una carta pública por la que se hizo saber a las autoridades municipales cristianas la obligación que tenían los judíos de Sos de pagar 544 sueldos de los 200.000 que aún les restaba de satisfacer a las aljamas de todo el reino por un subsidio de 500.000 pagaderos al rey por causa de las usuras y de los contratos desaforados de deuda otorgados por los hebreos; para obtener dicha cantidad se dispuso que se embargasen bienes de los judíos[3].El 30 de junio, a falta de un mes para que expirase el plazo de la expulsión,  los comisarios del gobernador de Aragón, Alfonso de Artieda y Español de Sos, solicitaron a los comisarios de la Inquisición, Martín de Murillo y Eximeno de Longares, que les entregasen el inventario de los bienes de los judíos de la villa y todos los documentos de los mismos, pidiéndoles que no se entrometiesen en estos asuntos[4], puesto que si en un principio el rey Fernando había dispuesto que el Santo Oficio participase en el control de los bienes de los judíos en todo el territorio aragonés, ante las extralimitaciones de los representantes de la Inquisición en otras localidades del reino, que intentaron capitalizar en su favor todo el proceso, el monarca les ordenó inhibirse.
Torquemada y los Reyes Católicos
 El 17 de julio, fecha en la que se liquidaron los principales problemas económicos, se vendió una viña de los judíos por 110 sueldos con los que se pagaron las dietas y los salarios de los comisarios de la Inquisición[5]; se vendieron los bienes muebles y los títulos de deuda de los hebreos a la propia aljama por 5.808 sueldos para darles inmediatamente una cantidad equivalente, 264 ducados de oro, con los que cumplir con la obligación de entregar tres ducados por judío que se marchara del reino[6], es decir, la suma que teóricamente debían obtener como desagravio por tener que salir del país la tuvieron que emplear en comprar lo que era suyo y que los comisarios les habían confiscado. Después se procedió a vender el fosar de los judíos, sus heredades anexas y las deudas sobre los cristianos al infanzón Lozano Martínez menor de días por 1.163 sueldos[7]; el fosar y las tierras se fijaron en un precio de 200 sueldos, estimándose en 523 sueldos y 6 dineros las cantidades adeudadas a través de créditos realizados mediante comanda, a los que se unieron 437 sueldos y 6 dineros que también les debían algunos cristianos como peñoras; en total estas deudas ascendían a 963 sueldos[8], una suma muy modesta si se tiene en cuenta que era el conjunto de lo adeudado a toda la comunidad; y finalmente se dio a cada pareja o a cada casalero la ropa necesaria para que pudiesen dormir en el trayecto hacia su nuevo destino[9], consistente en una litera y dos linzuelos por cédula familiar, repartiéndose estas ropas a veinte familias (88 individuos).
De este modo Sos vio mermada su población en una sexta parte, y lo que es más grave, fue testigo de un importante declive económico al ver desaparecer gran parte de la población activa dedicada a la agricultura y al artesanado, causando una grave crisis económica en el municipio.
La práctica totalidad de los judíos que abandonaron Sos se marcharon a la vecina localidad navarra de Sangüesa, dada su cercanía y los estrechos lazos comerciales que tenían con sus habitantes; además,  todavía no se había hecho efectivo el edicto de expulsión en Navarra. Supuestamente los últimos judíos que salieron de la villa de Sos en dirección a Sangüesa  fue el 30 de julio de 1495, viendo esta localidad navarra un notable incremento de su población hebrea, pues si en el año 1366 Sangüesa contaba con 35 fuegos hebreos, en el año 1494 tenía 57.
Benjamín Campel comenta que tras la expulsión de los judíos de las Coronas de Aragón y Castilla, surgió en Sangüesa una aljama de judíos foráneos, que disfrutaron de sus propios regidores y que tuvieron algunos enfrentamientos con los hebreos nativos, puesto que los recién llegados no aceptaron sus obligaciones fiscales referentes a las pechas de 1495, por lo que se tuvo que recurrir a la mediación del procurador fiscal del reino[10]

Pero a comienzos de 1498 el edicto de expulsión también llegó a Navarra, teniendo un plazo hasta el mes de marzo para abandonar la Península o convertirse al cristianismo. Muchos se convirtieron y regresaron a Sos, otros dejaron la Península, siendo acogidos principalmente por tres países: un país cristiano, Portugal, y dos países islámicos: Marruecos y Turquía. Pero en 1497 la Corona Portuguesa, siguiendo el ejemplo de España, decretó también “o bautismo o expulsión”. Muchos de estos judíos españo-lusitanos se trasladaron a Inglaterra, Bohemia, algunos estados italianos y sobre todo a los Países Bajos; y con la expansión de la colonización algunos llegaron incluso al Nuevo Mundo. A estos judíos que habitaron España y  a sus descendientes se les llama sefarditas, y actualmente se encuentran dispersos por todo el mundo abarcando su distribución geográfica cuatro continentes: Europa, Africa, Asia y América.Según la Asociación Sefardita de Jerusalén los sefardíes repartidos por todo el mundo suman la cifra aproximada de millón y medio.
 Decreto de expulsión de los judíos  ( ver decreto de expulsión)


Copia del decreto de expulsión de los judíos que se conserva en el Archivo Histórico Provincial de Ávila.



[1] Iranzo Muñío, Mª T. (ed), Acta Curiarum regni Aragonum. Cortes del reinado de Alfonso V, T. IX, vol. 1, Zaragoza, 1983, p. 235; en: Abellá Samitier, J. Sos en la Baja Edad Media. Una villa aragonesa de frontera. I.F.C.(C.S.I.C.) p. 284. Zaragoza, 2012.
[2] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 430, f. 4.
[3] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 450 B, ff. 20-20v.
[4] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 450 B. ff. 31-31v.
[5] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 450 B, ff. 34-34v.
[6] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 450 B, ff. 40-41v.
[7] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 450 B, ff. 42-44.
[8] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 450 B, ff. 42-44.
[9] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 450 B, ff. 44-44v.
[10] B.R. Gampel. Los últimos judíos en suelo ibérico. Las juderías navarras, 1479-1498. Gobierno de Navarra. I.P.V., Serie Histórica, nº 81. 1996, en Abellá Samitier, J., op. cit. Sos…p. 295.




BIBLIOGRAFÍA


-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. Sos en la Baja Edad MediaUna villa aragonesa de frontera.I.F.C.(C.S.I.C). Zaragoza,2012.
-BAHER, YITZHAK. Historia de los judíos en la Corona de Aragón (siglos XIII-XV) Temas de historia aragonesa, 3. D.G.A. Zaragoza, 1985.
-CABEZUDO ASTRAIN, JOSÉ. La judería de Sos del Rey Católico. Sefarad, XXXII. 1972.
-CONDE Y DELGADO DE MOLINA, R. La expulsión de los judíos de la Corona de Aragón. Documentos para su estudio. Fuentes Históricas Aragonesas, 19. I.F.C., C.S.I.C., Zaragoza, 1991.
-MOTIS DOLADER, MIGUEL ÁNGEL. Guía del Aragón judío. D.G.A. Zaragoza, 1991.
-MOTIS DOLADER, MIGUEL ÁNGEL. Guía de las juderías de Aragón. Prames. Zaragoza, 2011.
-MOTIS DOLADER, MIGUEL ÁNGEL. Hebraica Aragonalia. El legado judío en Aragón. D.G.A. Zaragoza, 2002.
-MOTIS DOLADER, MIGUEL ÁNGEL. La sociedad judía aragonesa en la Edad Media. Historia de Aragón II: Economía y sociedad. I.F.C.,1996.

  

miércoles, 19 de agosto de 2015

EL PORTAL DE LA REINA, DE MAYA O DE LA FUENTE ALTA

Interior del portal de la Reina

                        El portal de la Reina es de los denominados torre-puerta, conocida por tres denominaciones distintas: Portal de Maya, de la Fuente Alta o de la Reina.
Portal de la Reina porque hay quien piensa que fue por esta puerta por la que entró la reina Juana Enríquez para dar a luz al futuro rey, pero parece ser que la entrada la hizo por el portal de Jaca y este portal en el que nos encontramos lleva su nombre porque lo mandó restaurar y ampliar la Villa de Sos en recuerdo y homenaje a la Reina Doña Juana Enríquez en el s. XV por tan dichoso alumbramiento. (Ver enlace)
También le llaman portal de Maya porque anteriormente se llamaba así la calle que accede al portal y la denominación de portal de la Fuente Alta era porque pasando dicho portal se accedía a una fuente próxima.
Portal de la Reina: matacán y almenas



           La torre está rematada por almenas y es hueca, abierta por la gola conformando las denominadas bestorres, pudiendo ver en su interior los rebajes en el muro, a distintas alturas, en los que se apoyarían las maderas que conformarían los diferentes pisos de la torre, los cuales cuentan con saeteras para defenderse en caso de peligro.Un matacán defiende la primitiva entrada lateral de la torre,pues la otra entrada, la frontal, fue abierta con posterioridad.
Saetera con dintel sostenido por ménsulas y escalonado.




               Hasta bien entrado el siglo XX no se inventó el bolígrafo, y mucho menos los sprays modernos para grafitear en los muros que inundan hoy día nuestras ciudades, pero ello no es óbice para que ya existieran graffiteros desde tiempos muy remotos. Ahora vamos a ver unos graffittis que algún desesperado soldado francés realizó en las dovelas de la puerta derecha del portal. Se trata de tres inscripciones, escritas en francés, a la altura de nuestros ojos: dos en las dovelas de la izquierda y una en las de la derecha. En las de la izquierda, la superior es ilegible, solo se lee, a duras penas, la fecha de "1812"; en la inferior podemos leer: “MERDE POUR LES VOLANTIERS DE MINA” (mierda para los voluntarios de Mina) y en la dovela de la derecha se lee: “POISSON POUR MINA” (veneno para Mina)

        
"Merde pour les volantiers de Mina"
Ilegible. Sólo se lee la fecha de 1812
                       
                         Para entender el porqué de estas inscripciones tenemos que retroceder en el tiempo a la invasión de España por parte de las tropas napoleónicas.
Tras la derrota sufrida de la armada franco española en Trafalgar, Napoleón decidió bloquear todos los puertos del continente europeo para impedir el comercio con Inglaterra. Portugal, aliada de Inglaterra, no aceptó la medida y fue la razón por la cual Napoleón buscó una alianza con España para invadir Portugal. Cuando España se negó, en contra de la voluntad de alguno de sus generales, el mismo Napoleón comandó las fuerzas que invadieron España y derrotaron al ejército de este país.
En 1808, en Bayona, obligó a Carlos IV a abdicar a favor de su hijo, Fernando VII, pero inmediatamente obtuvo también su abdicación y nombró a su hermano, José Bonaparte, rey de España e Indias. Los españoles tomaron las armas y dieron inicio a la llamada Guerra de la Independencia. Con una inferioridad técnica aplastante, y numérica en cuanto a efectivos militares, los españoles optaron por hacer frente al ejército francés mediante la lucha de guerrillas, sistema que jugó un papel importantísimo en esta guerra, suponiendo un gran desgaste humano y económico para Francia.
El guerrillero Espoz y Mina

                     El guerrillero más famoso de esta zona fue el navarro Francisco Espoz y Mina. Entre 1810 y 1813, con un ejército de casi 3000 hombres, llamados “los voluntarios de Mina”, desarrolló sus ataques e incursiones por Navarra, Aragón, Castilla y Guipúzcoa, sin que los ejércitos franceses pudieran hacerle frente. Ante esta situación, el general francés Honoré Reille intentó paralizarlo con un ejército diez veces superior, sin conseguirlo. Espoz y Mina continuó cosechando éxitos guerrilleros en Alagón, Tafalla, Motrico, Fuenterrabía, Zaragoza, Rocafort, Sangüesa y Sos del Rey Católico, que fue tomado por las tropas francesas entre enero y febrero del año 1810 y permaneció bajo su dominio hasta ser liberado por Espoz y Mina en marzo de 1813.( ver enlace)

Los ataques de Espoz y Mina para liberar a Sos de los franceses fueron muy virulentos y continuados, como así lo atestiguan los restos encontrados en las excavaciones arqueológicas realizadas durante los años ochenta en el espacio contiguo a la Lonja, donde se ubicaba uno de los objetivos principales de la artillería de Mina y sus guerrilleros. 
                      Así pues, después de todo esto, no es de extrañar que algún soldado francés manifestara su ira contra el guerrillero español y sus voluntarios dejando constancia escrita de sus opiniones respecto al General Mina, derivada sin duda por el pertinaz acoso que sufrieron los franceses durante diez largos y belicosos días.







BIBLIOGRAFIA

-CASAMAYOR, Diario de. Los sitios de Zaragoza. Prólogo de José Valenzuela La Rosa. Imp. Cecilio Gasca. Zaragoza, 1908.
-ESPOZ Y MINA. Memorias de un guerrillero (1808-1814). Dritica. Barcelona, 2008.
-IRIBARREN, JOSÉ MARÍA. Espoz y Mina, el guerrillero, el liberal. 2 tomos. Ed. Aguilar. Madrid 1965-1967.
-PRIEGO LÓPEZ, JUAN. La guerra de la Independencia. 1808-1814. Servicio Histórico Militar. Ed. San Martín. 8 tomos. Madrid, 1972-1994.




LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA: 1813, ESPOZ Y MINA LIBERA SOS

En febrero de 1813 el guerrillero navarro Espoz y Mina controla todas las Cinco Villas a excepción de Sos, último reducto tomado por los enemigos, por lo que decide sitiarlo y echar a los franceses.
Entre febrero y marzo de 1813, Espoz y Mina, al mando de 1400 guerrilleros y con piezas de artillería, realizó un pertinaz y virulento ataque contra las fortificaciones francesas en Sos y, aunque no llegó a conquistar la villa, sí consiguió su liberación.
La guarnición francesa de Sos estaba compuesta por 155 gendarmes a pie del 9º escuadrón mandados por el teniente Martín y el subteniente Detroye y 19 soldados del primer regimiento italiano a las órdenes del ayudante Sigaud, alojados en una caserna que domina el pueblo, formada por dos grandes edificios contiguos, de los que uno era granero y el otro hospital de la villa, divididos por un gran torreón de piedra de excelente construcción, habiendo fortificado los gendarmes el pueblo y reparado las murallas, parapetando y aspillerando los puntos débiles.[1] (Se cree que probablemente estos edificios estaban ubicados muy cerca del portal de Jaca)
La madrugada del 24 de febrero Espoz llega a Sos, estableciendo el cuartel general en el Convento de Valentuñana y situando la artillería en el camino que se dirige a Uncastillo. Sobre las once de la mañana manda bajo las murallas a un paisano con una carta dirigida al comandante de la plaza invitándole a rendirse lo antes posible, ofreciéndole ventajosas condiciones para toda la guarnición a la vez que le advierte que de lo contrario las consecuencias podrían ser fatales, pues eran muy superiores en número, además de contar con artillería pesada que podría destruir la plaza. El teniente Martín, tras leer la misiva, y a pesar de no contar con artillería para defenderse, rechaza la intimación de Espoz y se prepara para defenderse.

          El mismo día, por la tarde, comienza el ataque de Espoz. Las baterías navarras dispararon sobre Sos, y aunque destrozaron un trozo de muralla y alguna otra pequeña fortificación, los franceses, muy bien parapetados, repelieron con éxito el ataque. Espoz y Mina, tras estudiar detenidamente las posiciones y defensas de los franceses, se da cuenta de que la única manera de entrar en la villa es tomándola por asalto.
Así lo describe el mismo Espoz y Mina en el segundo tomo de sus memorias y en el parte dirigido al capitán general D. Francisco Javier Castaños, general en jefe del cuarto ejército:
                     ” …El 23 (de febrero de 1813) salí de Tafalla y me dirigí a Sos, cuya villa ocupaban los enemigos hacía más de cuarenta meses. Los franceses habían hecho en esta población un cuartel, tomando dos edificios contiguos, que eran el hospital y el granero de la villa, divididos por un grande torreón de piedra, de excelente construcción. Este cuartel, muy fuerte por naturaleza, por ser su base o cimiento de peña viva, y por las obras que el arte le había añadido, dominaba todo el pueblo, cuya situación es sobre un monte cortado, separado por barrancos y hondonadas, y amurallado por todas partes. Los enemigos, además, habían suplido con el arte las partes endebles del pueblo, y así este se hallaba en un estado de rigurosa defensa por su localidad y esmeros del enemigo. Las casas apiñadas formaban un sólo punto de vista, y sirvieron de no pequeño embarazo para dirigir los fuegos del fuerte. El 24 por la tarde me presenté delante de Sos con mil cuatrocientos hombres, dos piezas de á doce y otras dos de á cuatro; y reconocido el terreno, dispuse la colocación de una batería de dos piezas en el alto de Zafranal y campo de Zapata, sobre el camino que va a la villa de Uncastillo.
 Aunque no fue mucho lo que las piezas trabajaron, en la misma tarde destruyeron, sin embargo, un pedazo de muralla. Los enemigos la defendían desde sus troneras, y desde luego conocí que para entrar en el pueblo debía verificarlo por asalto”.
Al día siguiente Espoz ordenó concentrar el fuego de los cañones en la parte más débil, y ya tocada del día anterior, de la muralla, con el fin de abrir una brecha para poder asaltar la villa, pero los franceses, situados en dos casas inmediatas al lado de la brecha disparan contra los españoles. Espoz se retira y ordena destruir estas casas, quedando ya la brecha parcialmente practicable e intentando los navarros entrar por ella, pero los gendarmes franceses, al mando del ayudante Sigaud, repelen la incursión.
      Espoz, juzgando que todavía la brecha no es suficientemente amplia, ordena continuar con el bombardeo hasta la caída de la tarde, y al cesar el fuego, la guarnición francesa trabaja activamente para reconstruir los destrozos y tapar la brecha lo mejor posible, y con el fin de incomodar a la artillería española, los mejores tiradores franceses, Lantonie, Delpierre, Favelet y Blot, armados con fusiles de precisión y largo alcance, se suben a la torre del reloj y comienzan a disparar exclusivamente contra los artilleros de Espoz, abatiendo a varios de éstos. Pero hay más artilleros, y el día 26 a las seis de la mañana, dos piezas de la nueva batería comienzan de nuevo el fuego, destruyendo casas, un ángulo del fuerte donde se parapetaban los franceses y una parte del tejado, al mismo tiempo que Espoz con más artillería tomaba posiciones en otras partes de la villa para poder disparar desde diversos ángulos:
 “Al día siguiente mandé que los fuegos se dirigiesen a destruir la parte más flaca de la muralla, por donde debía asaltarle mientras que por otra les llamaba la atención al mismo tiempo. Mas como se hallasen inmediatas dos casas, las ocuparon los enemigos, y embarazaban desde ellas poder penetrar con facilidad por haber de subir el monte los que habían de asaltar. Dispuse destruir estas casas, lo que se executó después de algunas horas,...”
Viendo Martín que ya era imposible mantenerse en la villa, advierte a sus hombres que cuando los españoles consigan entrar en el recinto, hará sonar la campana del reloj para que se retiren todos los hombres al reducto fortificado, que se mantenía intacto, y donde podrían resistir mucho más tiempo, además que dispondrían de cuidados médicos, pues Martín había tenido la precaución de llevar allí al cirujano de la villa para atender a los posibles heridos.
            Una columna de asalto navarra entra en la villa por la amplia brecha practicada mientras suena la campana del reloj y los franceses se retiran al reducto fortificado superior de la villa.
“...y ya desalojado el enemigo, tomaron mis tropas la villa por asalto a la bayoneta, huyendo aquel a guarecerse en el fuerte”
A la una de la tarde Espoz ordena dirigir los disparos hacia el nuevo fuerte francés, pero viendo que en sus muros apenas hacían mella los disparos de la artillería, pues tenían metro y medio de espesor, decidió utilizar minas, y mientras estas se preparan, construye una nueva batería en las eras altas con el fin de atacar un lateral del fuerte.

“...Convencido de no ser posible adelantar en la ruina del fuerte por medio del cañón por el de demasiado grosor de las paredes exteriores dí principio a minarlo, estableciendo al mismo tiempo una nueva batería en las eras altas, a la parte superior de la posada Nueva, para flanquear por allí un ángulo del fuerte; y otra en la cima del monte llamado Paco de las Adoberías, para obrar contra la espalda del mismo: ambas baterías produjeron muy buenos resultados, produciendo la ruina de una parte del tejado y desmoronamiento del ángulo”.
Espoz tenía iniciadas tres minas, una de ellas ya preparada para ser explosionada, pero antes de prender la mecha y siguiendo las leyes de la guerra de la época, un parlamento navarro se presenta a las ocho de la mañana del día 28 en una de las puertas del reducto con una carta en la que por segunda vez se le invita al teniente Martín a la rendición.
                    Martín, que desea ganar tiempo para reparar los destrozos ocasionados la víspera, le responde que desea que uno de sus oficiales examine las minas. Espoz le replica dándole media hora para evacuar el fuerte y la villa, a lo que el francés responde que continuará con la defensa, ya que está dispuesto a morir antes que rendirse:
                            “ El 28 tenía ya practicable una mina, y antes de darla fuego intimé la rendición, que se desechó: los enemigos contraminaban, y se oponían además a mis trabajos, causando bastante daño a las tropas" 
La primera mina estaba colocada bajo las habitaciones del comandante francés y bajo el almacén de víveres, pero fue descubierta por los franceses y contraminada durante dos días enteros desde su caserna por los gendarmes Chenu, Varette y Laurent.
La segunda mina es excavada bajo una torre algo avanzada con la idea de socavar una parte de la roca sobre la que se apoya el fuerte, y como se halla al descubierto, Espoz ordena construir un sólido andamiaje blindado con maderas gruesas para proteger a los trabajadores, pero los franceses, que continuamente disparan y arrojan sobre los operarios gruesas piedras y se valen “de todos los ardides que a veces dicta la desesperación” para entorpecer los trabajos de esta mina, deciden dar fuego a los andamios y abrasar a los obreros españoles echando sobre las maderas desde una ventana objetos combustibles como un jergón de paja al que luego prendieron fuego lanzando una tea embreada atada a una piel de cabra llena de aceite, consiguiendo incendiar todo el andamiaje impidiendo la colocación de la mina:
                    "...Al ver nuestro intento de romper una parte de la peña que servía de fundamento a la caserna por hallarse al descubierto, a cuyo fin mandé poner un blindage para el resguardo de los operarios, lo abrasó el enemigo desde una ventana, echando sobre él varios combustibles, de modo que absolutamente no se pudo trabajar, y tampoco dexó de las manos los picos, palas y azadones a fin de socorrer los puntos de peligro”
                                          Espoz ordena reanudar el bombardeo, que se mantiene hasta la noche, destruyendo el cuerpo de guardia situado cerca de la entrada principal del reducto y abatiendo la mitad de la puerta de dicha entrada. Por la noche, los navarros incendian numerosas casas vecinas al fuerte y a las diez, un oficial y nueve soldados españoles se presentan delante de la puerta semidestruída y comienzan a disparar al interior de la caserna, pero los franceses, bien protegidos, responden y abaten a los atacantes.
Espoz, irritado por la resistencia y la pérdida de hombres, ordena reunir gran cantidad de fardos de lana que amontona en una casa contigua a una de las puertas laterales del bastión, dándole fuego sobre la una de la mañana con la esperanza de quemar la puerta y asfixiar con el humo a los franceses, quienes intentan detener el incendio y repeler a los asaltantes.
Al día siguiente, desplaza su artillería poniéndola en batería entre el convento y el camino de Uncastillo, de manera que pueda batir la puerta del último corral y las murallas almenadas que parecen ofrecer menor resistencia a los proyectiles; pero debido a las reparaciones realizadas por los franceses el fuerte resiste y los españoles siguen sin poder intentar el asalto.
El 1º de marzo no hay fuego artillero aunque sí de fusilería, y ante la inminencia de la explosión de las minas numerosos vecinos abandonan la villa llevando consigo sus pertenencias y enseres más valiosos.
      La tercera mina, la única que explosionó, fue colocada en el ángulo del hospital bajo la capilla del castillo y cargada con 525 kilos de pólvora, y a las ocho de la mañana Espoz ordena prender la mecha. Un gendarme se da cuenta y avisa al comandante, quien marcha rápidamente a la capilla para sacar de la sacristía un cofre que contenía los efectos, dinero y papeles del escuadrón. En ese momento estalla la mina con un estruendo espantoso y la capilla y la parte derecha del castillo caen destruídos, quedando todo el edificio dañado y dejando una gran brecha practicable por la que comienzan a entrar los hombres de Espoz, pero los franceses, a la bayoneta, rechazan el asalto, intentando reparar la brecha amontonando fardos, maderas, piedras, colchones...

Mes de marzo
“El día 1º de marzo a las 8 de la mañana dí fuego á la mina, y voló un ángulo del hospital y toda la pared que daba al mediodía, quedando cascado y enteramente resentido el edificio.; y aunque mi intención era la de asaltar el fuerte por medio de estas ruinas, fue tan vivo el enemigo en acudir á su defensa, que no me fue posible realizarlo, éste se arrojó en breves instantes sobre las mismas ruinas a la bayoneta y sostuvo el asalto que con la misma iban a dar mis soldados prevenidos para el efecto. Amontonó luego lana y colchones, y trató de reparar las primeras entradas”.
La estrechez de las calles de Sos y la ubicación del fuerte donde estaban parapetados los franceses no permitía conducir ninguna pieza de artillería a las cercanías del recinto ni maniobrar con soltura con la infantería, por lo que Espoz, estratégicamente, vuelve a intimidar por tercera vez a Martín avisándole que todavía tiene dos minas a punto de estallar, cosa totalmente incierta. Martín quiere seguir ganando tiempo y aprovecha los parlamentos para reparar lo destruido, recoger agua y víveres necesarios para resistir, y solicita de nuevo inspeccionar las minas por uno de sus oficiales antes de tomar una decisión. Espoz acepta, pero como sabía que el general Páris con 2.500 infantes, 250 jinetes, entre ellos algunos húsares, y 50 gendarmes a caballo del 12º escuadrón a las órdenes del capitán Roussel y tres piezas de cañón vienen en socorro de la guarnición de Sos y se encuentran ya en Castilliscar, exige que la entrevista sea de inmediato.
Húsares del ejército francés


El subteniente Detroye junto a otro gendarme van a reconocer las minas con Espoz, y mientras, la guarnición francesa aprovecha para reforzar la brecha y poner en lugar seguro los suministros. Cuando los dos gendarmes regresan al fuerte dan cuenta a Martín que Espoz no les ha permitido juzgar por sí mismos el estado de las minas, por lo que no pueden saber con exactitud si están ya listas o no, comentando a su vez que les ha dado quince minutos para la rendición. El francés, teniendo la brecha reconstruida, la guarnición preparada para defenderse, y sabedor también de la columna de ayuda que está a punto de llegar, le contesta a Espoz que si lo desea que haga explotar las minas, que ellos están dispuestos a no rendirse y a defenderse por encima de todo.
Espoz calcula la situación, y ante la imposibilidad tanto de hacer estallar las minas, que no han sido terminadas, como de hacer frente a las tropas francesas que están a punto de llegar, decide retirarse a los cercanos montes en actitud de observación  y a la espera de los refuerzos que había solicitado:
“Lo angosto de las calles de Sos y la situación misma del fuerte no me permitían concluir pieza alguna a aquellas, ni obrar a la infantería con la soltura que era deseable en aquel caso. A una nueva intimación que hice, bajó del fuerte un oficial para examinar el estado de las demás minas, y á su regreso se me dio nueva negativa, producida acaso mas bien por esperanza de socorro que por cálculo de su posición, que no era muy aventajada. Efectivamente, yo por de contado tuve aviso de que el general Páris se hallaba ya en Castilliscar, con tres mil quinientos infantes, doscientos cincuenta caballos y tres piezas de artillería. Con este conocimiento, sabiendo que las tropas con que por entonces me hallaba, no eran suficientes para impedirle la entrada en la villa, expedí órdenes a los batallones 2º y 3º de Navarra y 1º de Guipúzcoa, y ciento sesenta caballos que estaban á las inmediaciones de Pamplona, para que a paso vivo marcharan a reunírseme; y entre tanto yo tomé posiciones en las montañas inmediatas sobre la villa y quedé en observación de Páris.”
      Los húsares de la columna de Pâris, antes de llegar a Sos, frente a Carcastillo, habían sido atacados y batidos por la primera compañía de la caballería de Espoz, la de flanqueadores, teniendo los navarros 21 bajas entre muertos y heridos. Esto asustó a Pâris, que cuando entró en Sos sin resistencia alguna, y viendo que las fortificaciones de defensa estaban inservibles, decide abandonar la villa con sus tropas, llevándose también a los gendarmes pues, conocedor de la astucia y arrojo de Espoz, sospechaba que no iba a ser todo san sencillo, y no se equivocó.
El dos de marzo, a las siete de la mañana los franceses abandonan Sos, su última posición en las Cinco Villas.
“Páris había entrado en Sos sin que nadie le disparase un sólo tiro; pero no tenía la seguridad de no ser incomodado en su marcha: él debía saber que jamás he huído la cara de los enemigos, y que su venida debía serle funesta”.
                 Una vez reforzado Espoz con tres batallones, sale tras Pâris en dirección a Castiliscar, esperando repetir el éxito que tuvo allí en abril de 1811 sobre un escuadrón de gendarmes. La batalla fue muy igualada y larga, durando desde las siete de la mañana hasta las dos de la tarde, habiendo muertes por ambos bandos, y mientras los franceses huían hacia Zaragoza, Espoz decidió no perseguirlos más porque sus tropas estaban muy cansadas tras el largo recorrido que habían tenido que realizar viniendo en su ayuda. Espoz había conseguido su objetivo principal, que era desalojar la guarnición de Sos y dejar expedito el camino desde Jaca a Pamplona.[2]
                 

         “Al amanecer del 2 ya tenía yo toda la fuerza necesaria para no temer al contrario;pero no tan satisfecho este, el mismo día rompió su marcha de vuelta, llevándose la guarnición de Sos. Seguíle en su retirada, causándole grande mortandad: quiso parar frente en las eras de Castiliscar, pretendiendo hacerse fuerte al abrigo de este pueblo, pero fue igualmente desalojado y batido. Rara vez su caballería se separó de la infantería; y si bien una sola vez lo intentó, fue arrollado por la mía de igual arma, hasta confundirse unos y otros entre las lanzas, espadas y polvareda. Sus tropas fueron batidas en todos los puntos, sin que cesaran las mías de perseguirle por espacio de tres horas, y no permití continuaran más porque acababan de llegar fatigadas de una marcha larga y precipitada, y que los enemigos que tenía a mi frente no eran los últimos. Acaso la libertad de la guarnición de Sos costó a Páris más número de hombres de los que constaba esta, pues yo calculé que sus bajas no serían menos de ochocientas plazas. Entre el sitio del fuerte y los encuentros con Páris perdí yo dos oficiales de muchísimo mérito, D, Matías Izarbe y D. José Suescun, cuyas muertes fueron muy sentidas por toda la división; otros once muertos más y cincuenta heridos. El regimiento de caballería hizo algunos prisioneros; también tomé una porción de carabinas y pistolas.
                  Sos quedó libre del enemigo después de cuarenta meses que lo dominaba, y las fortificaciones fueron al instante demolidas.”[3]
Tras la huída de los franceses Sos quedó liberado, pero los desastres ocasionados por los continuos ataques del guerrillero dejó la Villa totalmente destrozada y derruida. Como muestra de estos ataques y de cómo quedó la villa de Sos tras éste y otros asaltos anteriores, sirva de ejemplo el siguiente “parte de guerra” de "daños colaterales":


Nota de los sucesos y cosas más remarcables que la villa de Sos ha sufrido durante la destructora guerra con Francia que acabamos de terminar y debe ponerlas en noticia del Excelentísimo señor capitán general de este Reino y ejército de Aragón don José de Palafox y Melci.

“Las casas quemadas y derruidas y varios edificios en el circuito de la misma villa que se cuentan las casas en número más de sesenta y casi todos los edificios de huertas y otros de la inmediación, todos en tierra.
La fábrica entera del Hospital público que existió dentro del castillo y constaba de diferentes piezas con su iglesia, graneros, etc., todo en tierra sin aprovechamiento alguno.










                        La fábrica del Pósito Real de granos, la mejor pieza del Reino de Aragón, aprobada por la Academia de Madrid, dentro del mismo castillo, con tanta solidez como demuestran sus vestigios con su archivo para la custodia de caudales y papeles y cuarto para la celebración de las Juntas de su Intervención.
La torre del reloj la más sólida y era la quinta de que constaba la fortificación antigua del castillo y existía la única principal puerta para entrar a éste, con sus rejas, puertas y ventanas y el antemural que servía de tránsito y dirigía a dicha puerta, todo destruido.














                       La iglesia única parroquial, a resulta de los muchos escombros y piedras que han caído del castillo y ruinas de los edificios referidos que existían en el castillo a los alrededores de la misma, singularmente en la puerta llamada pequeña que se halla sin uso e inutilizada por dichos escombros, se pasa toda ella de las aguas y penetrando este famoso edificio se llena y filtra de agua por toda la iglesia principal y para evitar su ruina y desembarazo de sus enrronos son precisos inmensos caudales. Igualmente se hallan destrozados los graneros y edificio en que se recogen los diezmos de su parroquia y se hallan contiguos a la misma iglesia.
Las murallas de piedra berroqueña y bien labrada que circundaban la villa se miran destruidas y por tierra y las entradas de sus siete portales.
Las plazas que servían para las diversiones públicas, singularmente la llamada Campo del Toro y Portal de San Martín, con la plazuela de frente el Palacio del señor marqués de Campo Real en el que nació el rey don Fernando el Católico se hallan destruidas y sin uso.
Las fuentes públicas que eran de una cantería primorosa, todas inutilizadas de manera que el vecino tiene que proveerse de agua a mucha distancia de la villa.
Todas las calles y casi todos los tejados, con las Casas Consistoriales, edificio verdaderamente suntuoso, quebrantadas y que amenazan ruina de resultas de la terrible explosión de la mina del castillo, de manera que para juntarse el magistrado a las funciones de su instituto, ha tenido y tiene que hacerlo en casas particulares y a no haberse reparado por pronta providencia sus tejados y no se destruyesen las cárceles públicas, todo el edificio amenazaba la mayor ruina, como todos los demás que recibieron la multitud de piedras atroces que volaron a resultas de dicha mina.
Todo provenido del bloqueo y reconquista de esta villa que hizo el mariscal de campo don Francisco Espoz y Mina, habiéndose valido para el destrozo y ruina, de los vecinos de la ciudad de Sangüesa, quienes se valieron y aprovecharon de esta ocasión para saciar su implacable odio que siempre han manifestado a esta villa, a pesar de ser todos sus vecinos, y desconsolados esperando diesen principio las tropas comodines al saqueo para coadyuvar y aumentar más la aflicción de los mismos vecinos y viendo que no lo verificaron tan general, saciaron su apetito con la destrucción de edificios.
También resultaron en su iglesia quemados los adornos de su monumento famoso de la Semana Santa y Capelardente para las funciones, uno y otro del mejor gusto, costo y valor, con cuantos calages existían dentro de la misma iglesia también de mucho valor.
La plata labrada para el servicio de la misma iglesia que constaba del peso de catorce arrobas fue contraída por don Miguel Sarasa, comandante de guerrillas, quien a pretexto de guardarla y bajo palabra de honor que dio al ayuntamiento de esta villa y la condujo para librarla de los franceses y consta haberla llevado a su ejército de Cataluña, suponiéndose haberse invertido en gastos del mismo ejército.
Que esta villa tiene hechos varios adelantos al ejército como lo tiene acreditado en tesorería, sin contar las excesivas requisiciones que ha hecho al intruso, que uno y otro ascenderá a cien mil duros poco más o menos.
Que a causa de las turbulencias los ganados lanares, vacuno y demás, han venido tan a menos que puede contarse la tercera parte, pues de 26.000 cabezas de ganado lanar no hay en el día más que unas 6.000 por cuya razón la agricultura ha venido tan a menos que no llega con mucho a la mitad, siendo así que los vecinos no tienen otro arbitrio para su subsistencia.
A todo esto debe aumentarse el terrible saqueo que sufrió el 17 de agosto de 1808 por los franceses, de modo que quedaron los vecinos totalmente desnudos y privados de sus alhajas, ropas y demás ajuares de sus casas, que por un cálculo prudente que se hizo por aquel entonces ascendía a más de un millón de reales.
Que en el tiempo que ha estado la guarnición francesa fija en esta villa, que fueron treinta y dos meses, ha tenido que sufrir la misma la subsistencia de aquella en época que no eran libres sus individuos salir de la plaza, con gravísimos atropellamientos, precisando a los vecinos de arraigo con prisiones rigurosas en el castillo y amenazados de ser “afusilados” al pago de crecidas cantidades de dinero y aún el sueldo para los soldados en el bastante tiempo que no tuvieron comunicación franca; añadiendo el terror pánico que infundieron los españoles a estos vecinos por causa de la guarnición, saliendo a sus faenas a las siete de la mañana y entrar al ponerse el sol, quedando al despoblado los que no llegaban a su hora.
Los muchos propios que para diligencias de los franceses estaban perennes a costa de la villa, de cuyas resultas algunos han perdido la vida, otros fueron apaleados y otros amanecían sin oreja; y cuando se resistían o no presentaban contestación o recibo, eran castigados y hechos presos por los franceses, siendo más amenazados y perseguidos por los mismos naturales de Sangüesa.
Los montes de esta villa han quedado enteramente destruidos por el gran gasto de las tropas de leña y carbón, ya para las grandes y repetidas Divisiones transeúntes y estacionadas y ya con la guarnición, teniendo que aprontar sesenta y más cargas de leña diarias.
Las ruinas lastimosas corroboran la verdad de estos hechos.
Con motivo de haber desamparado la mayor parte de los vecinos de esta villa sus hogares en el día 1º de marzo de 1813 y la tropa de Voluntarios de Navarra y entró la División del general Páris, ésta causó en casi todas las casas los más excesivos robos y ultrajes, de forma que no se pueden calcular los daños que sufrieron en las pocas horas que la tropa francesa se mantuvo en ella, siendo más excesivo que el que experimentó en la primera entrada.
Todos los ornamentos y plata que quedó en la iglesia fueron igualmente comprendidos en el saqueo general.
Los dos órganos de la iglesia parroquial y subterránea de la virgen del Perdón, están quebrantados y rotos barios de sus registros. Las tres vidrieras principales de la iglesia mayor rotas por la explosión de la mina” [4]

También en Sofuentes, los franceses dejaron huella de sus estragos. El 19 de abril de 1811 el Hermano escolapio Joaquín de San Francisco de Borja, en un escrito dirigido al Padre Rector de las Escuelas Pías de Sos le da cuenta de los perjuicios ocasionados por los franceses el día 14 de abril de 1811 a su paso por Sofuentes persiguiendo a los voluntarios de Navarra:”...nos arrebataron el cáliz, paterna y amito...se llevaron los garañones y el caballo de la Parada...los perjuicios en la Parada son incalculables. Nos derramaron 12 cargas de vino...nos rompieron toda la vajilla de Tierra...se nos llevaron dos perolas grandes de alambre, dos tarteras grandes, dos astrales, la cuchilla, los cuchillos, el almirez...se nos llevaron 4 sábanas, deshicieron 4 colchones y se llevaron las telas, camisas del Hermano y criados. La capa y ropa interior del Hermano. Se nos llevaron 14 gallinas y el gallo. Quebrantaron los vidrios, cántaros y otros ajuares menudos de la Casa. Quebrantaron las puertas...”

El archivo municipal, que se había trasladado en la segunda mitad del Cuatrocientos a la zona donde hoy todavía permanece la torre del homenaje del castillo, quedó prácticamente destruido en su totalidad, ya que los franceses habían establecido allí su cuartel general, por lo que los documentos medievales que se conservan de la Villa son más bien escasos.
La  insistencia y virulencia con la que Espoz y Mina atacó las posiciones francesas en Sos y los contínuos ataques dirigidos hacia la guarnición enemiga, llegó a desesperar a más de un soldado francés, que hastiados de estos ataques dejaron constancia escrita de su odio hacia el navarro en las piedras del portal de la Reina.(ver portal de la Reina)
Estandarte usado por los patriotas españoles durante la guerra
Pero la guerra aún no había acabado. Napoleón quiso terminar con las partidas guerrilleras en Aragón, por lo que nombra al general Clauzel como encargado de la campaña para acabar con ellas. Inmediatamente Clauzel empieza a tomar medidas para iniciar sus operaciones contra la División navarra de Espoz.(Continuación)









[1] Guirao Larrañaga, Ramón. Las Cinco Villas de Aragón durante la guerra de la Independencia Española. (anales 1808-1814), pp. 246-247. Asociación Cultural “Los Sitios de Zaragoza”.I.F.C. Zaragoza, 2007
[2] Ibidem, pp.146-255. 
[3] Espoz y Mina, F. Memorias del general D. Francisco Espoz y Mina.Publicadas por su viuda Doña Juana María De Vega. T. II, pp. 20-22. Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra. Madrid, 1851.
[4] AMZ/FP. Caja 8145. leg.1.10/6




BIBLIOGRAFIA


-ESPOZ Y MINA. Memorias de un guerrillero (1808-1814) Critica. Barcelona, 2008.
-ESPOZ Y MINA. Memorias del General D. Francisco Espoz y Mina. Publicadas por su viuda Doña Juana María de Vega. Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra. Madrid, 1851.
-GUIRAO LARRAÑAGA, RAMÓN. Las Cinco Villas en Aragón durante la guerra de la Independencia. XXII Premio Los Sitios de Zaragoza 2007. Asociación Cultural “Los Sitios de Zaragoza”. Zaragoza, 2007.
-IRIBARREN, JOSÉ MARÍA. Espoz y Mina, el guerrillero, el liberal. 2 Tomos. Ed. Aguilar. Madrid 1965-1967.
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