jueves, 9 de febrero de 2017

VISIGODOS,MUSULMANES Y CAROLINGIOS.EL CONDADO DE ARAGON .EL NACIMIENTO DE SOS.

En el siglo V los pueblos germánicos invaden la Península Ibérica, sometiendo las provincias romanas con rapidez al no encontrar resistencia por parte de las poblaciones y precipitando el final del Imperio Romano.

Las invasiones germánicas.
          Visigodos, suevos, alanos y vándalos entran en Hispania estableciéndose en el centro peninsular los visigodos, fundando su capital en Toledo. Estos pueblos germanos eran, ante todo, de naturaleza guerrera y no poseían ningún sistema organizativo; los más combativos formaban la nobleza militar, poseían tierras y formaban parte de las asambleas donde se elegían a los reyes; su economía se basaba exclusivamente en la ganadería y agricultura. Con su llegada, la Península Ibérica dejó de tener la organización política y administrativa que poseía con el Imperio Romano, aunque se mantuvo la organización eclesiástica, que empezará a tener gran importancia a partir de estos momentos. Los suevos fueron los únicos que consiguieron una mayor estabilidad y se organizaron políticamente.
La mayor parte de la población hispanorromana era cristiana. En el siglo V los suevos se convirtieron al cristianismo, y los visigodos, que eran cristianos arrianos, se convirtieron al catolicismo en el 589.
En Aragón hubo poca presencia visigoda, pues la importancia de Toledo y el escaso número de invasores hizo que casi toda la población de la zona fuera hispanorromana. Sos y la Valdonsella se encontraban dentro del ámbito de los vascones, nombre dado por los romanos al pueblo cuyo territorio se extendía entre el curso alto del río Ebro y la vertiente peninsular de los Pirineos occidentales, comprendiendo lo que hoy es Navarra, oeste de la provincia de Zaragoza y centro y noreste de la Rioja, entrando en conflicto en diversas ocasiones con los visigodos. Con el fin de conseguir la unidad territorial el rey visigodo Suintila realizó varios ataques contra los vascones sobre el año 631, derrotándolos.
En el año 711 entran en la Penísula los musulmanes, que tras vencer en la batalla de Guadalete al rey Rodrigo acabaron con el reino visigodo de Toledo.
En poco tiempo ocuparon la Península, pues en el año 714 ya habían llegado al valle del Ebro. Sin embargo esta ocupación en la zona de la Valdonsella y en Sos, entonces mal comunicadas y con poblados muy pequeños y aislados,  no tuvo un gran asentamiento musulmán desde donde dirigir las actividades políticas y económicas, sino más bien, lo que hubo, entre los siglos VIII y X, fueron pequeños puestos fortificados en forma de torres aisladas, suficientes para asegurarse la percepción de los tributos impuestos a los cristianos y como vanguardia frente al reino de Pamplona, habiendo noticias que así lo atestiguan, como el que Al- Tawil, gobernador de Huesca desde el año 889, tras realizar una serie de razzias, desistió de ir hasta Pamplona y se refugió en Roita, uno de sus castillos ubicado en el término municipal de Sos. También hay autores que identifican el castillo musulmán fronterizo de AL-Baber con Barués, igualmente ubicado en el término de Sos. Y, por último, no hay que olvidar que hasta comienzos del siglo X, la localidad de Uncastillo estuvo bajo el poder del Islam. Estas torres fortificadas islámicas dejaron huella en multitud de topónimos, como Castiello, Castejón, Castellar, Castilliscar, Castelsiver, etc..., pero de todos modos, por los documentos encontrados de la época a la que hacemos referencia, y por la casi nula huella de arquitectura y de topónimos árabes en la comarca de Sos, se puede decir que su dominio en esta zona fue bastante efímero.
Al otro lado de los Pirineos, en la antigua provincia romana de la Galia, los francos derrotaron a los visigodos en la batalla de Vouille en el 507 y se asentaron a lo largo de toda la provincia, provocando la retirada visigoda del sur galo. En el 711 los musulmanes que habían ocupado la Península Ibérica cruzaron los Pirineos y penetraron también en la Galia, pero Carlos Martel, en el 732 los venció en Poitiers, poniendo freno para siempre su posible expansión por Europa. El reino franco lo heredó Carlos, conocido como el Grande (Carlomagno), quien se lanzó a la conquista de territorios y de pueblos todavía paganos llegando a poseer un gran imperio: el Imperio Carolingio.
El imperio Carolingio y las marcas defensivas.


                 Carlomagno cruzó los Pirineos tras la petición de ayuda de los propios reyes musulmanes de Zaragoza y Barcelona para hacer frente al emir Abd-al-Rahman I, pero cuando llegó a Zaragoza la situación había cambiado y tuvo que retirarse, puesto que el rey se negó a abrirle las puertas de la ciudad. En su retirada sufrió la derrota de Roncesvalles a manos de los vascones en el 778.
Tras esta derrota se creó el reino de Aquitania en manos del hijo de Carlomagno, Luis. Se empezó a acoger a los cristianos que no querían vivir bajo el poder musulmán, y junto a ellos se logró conquistar Gerona en el 795 y Barcelona en el 801, creándose la Marca Hispánica, la cual se fue ampliando durante los siglos siguientes conforme los reinos peninsulares iban “reconquistando” las tierras del antiguo reino visigodo. A lo largo de ella se fueron creando condados, como era habitual en la organización del imperio franco, que dirigidos por aristócratas locales acabarán formando reinos independientes en el futuro; Aragón, Sobrarbe y Ribagorza  fueron algunos de estos condados.
El condado de Aragón. A mediados del siglo X se incorporó al Reino de Pamplona
El condado de Aragón se origina en una franja montañosa del Pirineo central que comprendía los valles de Ansó, Hecho y Aragón. Se crea por un interés manifiesto por la dinastía franca carolingia de proteger su frontera meridional de los posibles ataques musulmanes.

                     El primer conde aragonés del que tenemos noticia es un franco, Oriol o Aureolo (802-809). Conforme iba extendiendo sus conquistas por la cuenca alta del río Gállego, se desprendía del amparo carolingio y se acercaba al núcleo de gobernantes de Pamplona.
 A la muerte de Aureolo le sucede el musulmán Amrus ben Yusuf, gobernador de Huesca y Zaragoza, que pronto fue sustituído por un indígena, el funcionario carolingio Aznar Galindo I (809-820), quien recupera Jaca (811).
 La personalidad de este primer conde oriundo de Aragón no es muy conocida. Se sabe que Céntulo y Matrona fueron sus hijos, y que ésta última se casó con García “El Malo”, que se apoderó del condado de Aragón y repudió a su mujer para casarse con una hija del rey Iñigo Arista de Pamplona, Nunila.
 García “El Malo”-yerno de Aznar Galindo I -expulsó del condado a su suegro y con él, seguramente, a los partidarios de la vinculación con el imperio carolingio, pues a diferencia de lo que ocurre en los condados catalanes, donde el dominio franco sustituye al musulmán, en los Pirineos occidentales, menos romanizados, los carolingios son rechazados una vez que han liberado el territorio de la presencia islámica.
Expulsado de Aragón, Aznar Galindo recibió del Emperador el condado de Urgel-Cerdeña, al que su hijo Galindo Aznárez I (820-864) uniría el de Pallars-Ribagorza.
En la segunda mitad del siglo IX el reino pamplonés sufrió contínuos ataques islámicos. Estos ataques, que perseguían el saqueo más que la conquista, constituían al valle del Ebro la ruta por la que las tropas cordobesas, dirigidas por Almanzor, se dirigían para atacar el reino asturleonés.
Durante estas guerras, y por razones poco conocidas, Galindo I perdió el control de Urgel y recuperó las posesiones que habían sido de su padre entre los dos ríos Aragón. Para hacer frente a la presión musulmana y carolingia se vio obligado a buscar alianzas con el monarca navarro García Iñiguez, de cuyo reino partirían las amenazas para la independencia de Aragón una vez debilitado el Imperio y fragmentados los dominios musulmanes por las sublevaciones muladíes de la segunda mitad del siglo, con los que hasta entonces el reino de Pamplona había llevado a cabo una política defensiva y de buenas relaciones con la familia muladí de los Banu Qasi del Valle del Ebro.
 La influencia eclesiástica carolingia fue de mayor duración que la política y se manifestó en la creación de numerosos monasterios, como el de San Zacarías o San Pedro de Siresa, visitado en el año 848 por el mozárabe Eulogio de Córdoba, que halló en él numerosos libros  desconocidos por los mozárabes y, seguramente, por los visigodos; pero este influjo carolingio perdió fuerza al producirse una importante migración de clérigos mozárabes que, a mediados del siglo IX, sustituyeron la organización y la cultura carolingia por la hispanovisigoda y crearon numerosos monasterios, como el de San Juan de la Peña.
La expansión hacia el sur y hacia el este de los navarros cortaba toda posibilidad de ampliación del territorio aragonés, y Aznar Galindo II (864-893), hijo de Galindo I, y su hijo Galindo Aznárez II establecieron contra los navarros alianzas y pactos con los musulmanes de Huesca y con los condes de Gascuña; para ello Aznar Galindo II casó a su hijo Galindo Aznárez II (893-922/24) con una hija del rey navarro, Oneca. Y Galindo Aznárez II, para asegurarse la amistad de los musulmanes de Huesca, casa a una hija suya, Sancha, con el valí oscense Muhammad al-Tawil.
Es para estas fechas cuando surgirían Sos y sus poblados cercanos, pues así se deduce del trabajo realizado por Martín Duque sobre la Documentación medieval de Leyre (siglos IX al XII) en el que indica que Añués (término de Sos), junto con Undués y Lerda fueron cedidos al monasterio de Leyre con todas sus pertenencias el 21 de octubre del año 880, siendo el rey García Iñiguez quien las donó en presencia de su hijo Fortún y el obispo de Pamplona Jimeno. Esta donación se hizo a San Salvador, patrón del monasterio, y a las santas Vírgenes Nunilo y Alodia, como ofrenda para dar gracias por haber sido liberados del cautiverio de Córdoba. La donación fue hecha libre de todo derecho real y de cualquier otro señorío para que sean enteramente del Abad y los monjes del monasterio, sin embargo desató unas importantes disensiones sobre términos y jurisdicciones entre los vecinos de dichos pueblos y los de la villa de Fillera. Esto hizo que en un principio dicha donación no fuera efectiva, y que pasado un tiempo, tras apaciguarse las discordias, revalidó el rey la misma donación expresando en ella detalladamente los términos que correspondían a cada uno de los pueblos donados, con fecha también de 21 de octubre pero del año 918, siendo abad del monasterio don Sancho Gentuliz. La coincidencia del día de estas dos donaciones sugiere que la corte se reunía en Leyre todos los años el 21 de octubre para celebrar la festividad de las santas mártires[1] De esta forma el monasterio se aseguraba la percepción de los diezmos asociados a dichas parroquias[2].Estas fechas coinciden con las aportadas por Jerónimo Zurita sobre la fundación de estos poblados en la segunda mitad del siglo IX por parte del rey de Pamplona García Iñiguez (851-880)
Los matrimonios de Galindo Aznárez II y de Sancha no pudieron evitar que la monarquía asturiana buscase una entidad política fuerte que amortiguase las razzias cordobesas, y lo hizo apoyando a la familia de los Jimeno para que se hiciese con el trono pamplonés a comienzos del siglo X. Fue Sancho Garcés I de Navarra (905-925) quien entre los años 921-922, con la ayuda de los astur-leoneses y ante la debilidad de los emires andaluces que sufrían una serie de revueltas internas, realizó una gran campaña por la zona de las Cinco Villas, ocupando sus castillos. La cercanía de los bastiones musulmanes de Ejea, Tudela, Tarazona y Borja hizo que este monarca realizara una frontera que cubriera el flanco suroriental de su reino, frontera basada en el modelo musulmán, consistente en villas fortificadas para asiento de guarniciones permanentes. Esta línea defensiva nacía en Sangüesa, pasando por Sos, Uncastillo, Luesia, Biel, Agüero, Murillo de Gállego y atravesando el Gállego, discurría por Loarre, Nocito, Secorún y llegaba hasta Buil, en el Sobrarbe, constituyendo un freno a la expansión musulmana. Llegó a tomar momentáneamente incluso Ejea, aunque fue una conquista esporádica ya que en el año 907 volvió a pasar a manos del Islam.
Paralelamente, Sancho Garcés I someterá el condado a una discreta tutela, que se reflejaría en el matrimonio de la aragonesa Andregoto Galíndez(922-943), hija de Galindo Aznárez II, último conde de la dinastía privativa aragonesa, con su hijo García Sánchez I, cuyo matrimonio trajo años de paz y prosperidad para ambos territorios y sus gentes.
 Para entonces Sos ya contaba con una población y vida comunal desarrollada, confirmando lo que algunos estudiosos dicen, que fue Sancho Garcés I, quien restauró Sos tras haberse despoblado la zona por ser escenario de frecuentes conflictos armados. Historiadores como Antonio Ubieto Arteta nos hablan del Reino de la Val d’Onsella, un «reino con una vinculación clara a la labor de unificación y estabilización del territorio por parte del rey Sancho Garcés I, que ya había recuperado la fortaleza de Sos allá por el año 908.” También Blancas, en “modo de proceder en Cortes” (cap.12), nos habla de que Sos era libre de los moros en el siglo IX. La documentación de Leyre nos indica que ya en el siglo X había importantes asentamientos en la comarca de la Valdonsella, pues a estos asentamientos se les califica como “villas” en la citada documentación, y no como “castrum”, como se venía haciendo hasta ahora, y además disponía cada uno de ellos de su propia iglesia.
Otro documento de 938, fechado el 14 de febrero, señala que García Sánchez I de Pamplona (934-970), hijo y sucesor de Sancho Garcés, confirmó al monasterio de Leyre la donación hecha por el obispo Galindo de las décimas de los frutos recogidos en Sos, Uncastillo, Luesia, Biel, Lucientes  (término de Longás),Sestrica, Orrio, Eliso, Castelmanco, Agüero, Tolosana, Murillo, Serracastiel y su dominio, Longás, Lobera, Castejón (de Sos), Mianos, Sibirana (término de Luesia), Petilla (de Aragón) Polovagente, Espaniés y Asín[3], lo que indica que ya existían dominios cristianos por la comarca a mediados de la centuria, aunque luego se pierdan bastantes, pero no Sos, pues sabemos que Sancho Garcés II Abarca (970-994), hijo y sucesor de García Sánchez, ordenó, en el año 970, la construcción en Sos de un fuerte-castillo en su afán de consolidar el sistema defensivo de castillos en la llamada frontera de los Arbas, que ya inició su padre, y cinco años más tarde, según los anales palatinos de al-Razi, Sos era residencia real al albergar al rey Ramiro Garcés de Viguera[4], experto capitán del ejército vascón, al que atribuyen el papel de comandante en jefe de la Frontera de los Arbas, la Onsella y el Gállego, quien a finales del siglo X, en la batalla de Estercuel, salió de Sos al frente de 500 jinetes enviando por delante a unos 200 para patrullar la zona de Tudela. Estos fueron sorprendidos y derrotados. Cañada Juste, dice de Ramiro Garcés: “...por aquellas fechas (976) se hallaba Ramiro en el apogeo de su fama. Titulado rey de Viguera, era señor de Sos y tenía diversos dominios patrimoniales en Navardún, Apardués y tal vez otros lugares. Dirigía los asuntos de la monarquía juntamente con su hermano Sancho, aunque bajo el imperio de éste. Suscribía los documentos en algunos casos incluso colocándose por delante de la reina Urraca...”[5]

El condado de Aragón bajo la órbita de Pamplona
Sancho Garcés II Abarca uniría Aragón y Navarra, aunque el condado mantuviera su propia organización interna e incluso reforzara su autonomía con la creación de un obispado propio en el año 922, siendo Ferriolo su primer obispo con sede en Sasabe. Políticamente, y aunque bajo la suprema autoridad del monarca pamplonés, el condado será dirigido por los barones aragoneses. 
A finales del siglo X García Sánchez II, hijo de Sancho Garcés II heredó el reino de Pamplona y el condado de Aragón. Un documento del año 962 del monasterio de Rava, señala que los dominios de García Sánchez se extendían desde Pamplona hasta el valle de Boltaña.
                   A García Sánchez le tocó vivir los difíciles momentos caracterizados por los enfrentamientos con Almanzor y su hijo, cuyas campañas de castigo llegaron a arrasar gran cantidad de iglesias, monasterios, castillos y poblaciones enteras en el norte de la Península y en la Valdonsella.
Tras la muerte de Almanzor, el hijo y sucesor de García Sánchez II, Sancho III el Mayor, será el encargado de levantar y organizar de nuevo sus territorios, y será el hijo de éste, Ramiro I, quien en el año 1035 incorpore Sos a Aragón, que hasta entonces había estado bajo la órbita de Pamplona(Continuación)





[1] G. Fernández Pérez.Historia de la iglesia y obispos de Pamplona, real y eclesiástica del reino. Madrid, 1846. En “Undués de Lerda” Cuadernos de Aragón, 46
[2] VV.AA. Undués de Lerda. Cuadernos de Aragón, 46.
[3]  Moret. Lib. 9, cap. 2, fol. 397.
[4]  Esta residencia podría haber sido ubicada en el enclave rocoso que actualmente ocupa el Palacio de Sada. Cabañero Subiza, Bernabé y Galtier Martí, F. “Los primeros castillos de la frontera de los Arbas y el Onsella”, pp. 59-85.
[5] Cañada Juste, Alberto. Un milenario navarro: Ramiro Garcés, rey de Viguera. Rev. Príncipe de Viana año 42, nº 162, pp. 21-37.






BIBLIOGRAFÍA


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En la web:
-www.ifc.dpz.es. Ubieto Arteta, Agustín. Cómo se formó Aragón
-www.sosdelreycatolico.com