domingo, 6 de septiembre de 2015

LOS MAESTROS CANTEROS Y CONSTRUCTORES EN LA EDAD MEDIA. LOS GREMIOS MEDIEVALES

En el Románico, la construcción de las iglesias estaba a cargo del llamado Magíster Muri. Se le solía representar con una virga (bastón de mando) en la mano. El maestro tenía conocimientos específicos para concluir la obra; también se encargaba de la organización del trabajo, del traslado de los materiales, de la invención de nuevas máquinas, de nuevos sistemas de construcción, etc.…
De este maestro dependían los capataces y de éstos los obreros, que eran los que se enfrentaban a los problemas prácticos que iban surgiendo según se desarrollaban las obras. El maestro también solía agrupar a escultores, tallistas, marmolistas, cortadores de piedra, carpinteros, pintores, etc. Estos grupos eran conocidos con el nombre de “Corporaciones”, y las grandes obras a veces requerían a más de uno de estos grupos, ya fueran nacionales o extranjeros. Los Magíster Muri y los canteros poseían conocimientos y estudios prácticos de matemáticas, geometría y arquitectura.
El mito y leyenda de los maestros constructores se remonta a la época del rey Salomón, pero el seguimiento histórico resulta difícil y confuso. El hilo conductor de la existencia de estos gremios artesanales se retoma en el siglo XI y XII, en pleno auge del renacimiento medieval. Las fraternidades constructoras, la realeza y la Iglesia emprenden programas arquitectónicos, pero pronto surgen desavenencias entre las autoridades y los gremios constructores, por lo que estos gremios buscarán un acercamiento a las órdenes religioso-militares y será la Orden del Temple quien dará cobijo a estos artesanos, a los que protegerá de los abusos de la nobleza y de la Iglesia. Tras la disolución de los templarios en el siglo XIV, estos constructores pasaron a la clandestinidad y algunos de ellos se integraron en la francmasonería, origen de la masonería moderna.
A principios del siglo XII, los canteros y albañiles no habían dejado de ser obreros, pero habían conquistado libertades y empezaron a organizarse. Consiguieron el derecho a tener su logia, lugar en donde trabajar y poder celebrar sus asambleas privadas. Pronto formaron una auténtica hermandad y con ella se organizaron, consiguiendo a mediados del siglo XII que la logia de los constructores se convirtiera en escuela con biblioteca y archivo para guardar sus planos, hasta aquel momento inexistente.
Cuando un cantero itinerante les visitaba, describía los edificios en los que había trabajado, así como aquellos que había observado en su camino, les enseñaba bocetos y dibujos y les contaba sus técnicas constructivas. Las logias se ocupaban de hacer copias y distribuirlas entre ellas. Cuando llegaba un cantero viajero a una logia daba tres golpes en la puerta y gritaba: “¿Trabajan aquí constructores?”. Los que estaban dentro se quitaban el mandil, se ponían el jubón, y se aprestaban a recibir al huésped. Con el fin de reconocerse entre ellos y evitar que nadie pudiera hacerse con sus conocimientos crearon complicados ritos y convirtieron su oficio en secreto.
Lo importante era la obra a realizar para la posteridad y no la fama o el protagonismo. Por esta razón se desconocen en la mayoría de los casos quiénes fueron los autores de las obras.
Pero no sólo los canteros se reunían en fraternidades o asociaciones, ya que el gremio en la Edad Media ocupa un lugar predominante en la estructura social y en la vida de las villas y ciudades. Así, por distinción del oficio, nacen las agrupaciones gremiales bajo la advocación de un santo patrono y cada una tenía sus propios símbolos y marcas. Los gremios eran agrupaciones de artesanos de una localidad dedicados a un mismo oficio. Cada gremio tenía sus propias ordenanzas y una estructura interna muy rígida en la que normalmente se contemplaban tres niveles de trabajo: aprendiz, oficial y maestro.
Para ingresar en los gremios medievales eran necesarios determinados requisitos y largos períodos de formación, tanto profesional como intelectual. Se ingresaba con el grado de aprendiz, que podía durar varios años, en el taller de un maestro que además lo sustentaba.Tras unas pruebas podía ascender al grado de oficial, pudiendo vivir aparte y trabajando para su maestro con salario o bien para otro taller del gremio, y tras varios años de oficio, duro trabajo, perfeccionamiento y después de demostrar sus cualidades, presentar un trabajo original y aptitudes ante las más altas jerarquías de la logia, se recibía, por fin, el título de maestro y se era considerado a partir de entonces como un “compañero”. 
Casa-taller de un maestro tonelero
Ser compañero era toda una filosofía y un comportamiento de vida. El gremio mantenía un control muy estricto sobre el trabajo de sus miembros, con lo que se aseguraban la pervivencia del mismo y de sus estructuras. Solo el maestro tenía el derecho de fabricar un producto y venderlo por su cuenta; sólo ellos podían participar en las asambleas y sólo ellos tenían su casa y su familia. Los oficiales no podían negociar sus salarios y tenían que aceptar como pago lo ofrecido por el maestro; podían vivir en una casa de huéspedes o en casa de un maestro que tuviera una hija, aunque fuera fea, pues casándose con ella las posibilidades de ascender a maestro aumentaban considerablemente.
Los maestros se organizaban para que sólo ellos pudieran fabricar y vender los productos de su especialidad, porque la norma les impedía fabricar artículos de otros oficios. Esta forma de trabajar estaba fijada por un estricto reglamento que les indicaba los materiales que podían emplear y los procedimientos que debían seguir para realizar su trabajo. Se prohibía la competencia y quien vendiera una mercancía que no llevara su sello podía ser multado, recluído en la cárcel y sufrir la confiscación de sus mercancías.

Banderas con los emblemas de los gremios medievales. Alemania.



BIBLIOGRAFÍA


-DORLING KINDERSLEY. Signos y símbolos. Círculo de lectores, 2008.
-Historia de las civilizaciones, T. 3. Los orígenes de la Edad Media. Larousse, 1996.
En la web:

-www.litosonline.com. Marcas de cantero y signos lapidarios