domingo, 10 de mayo de 2015

LOS TENENTES DE SOS

Hasta que en 1035 naciera el Reino aragonés, la única organización o estructura político-administrativa del territorio provenía de los monasterios, actuando como rectores de sus respectivas áreas de influencia.
Con la reorganización monacal iniciada por Sancho III el Mayor, continuada después por sus sucesores, los cenobios dejaron de ser el pilar fundamental de la nueva administración.
Con el nacimiento del nuevo Reino surgió una institución que, matizada y evolucionada por los acontecimientos políticos, perduró hasta comienzos del siglo XIII, estableciéndose entonces otros tipos de sistemas organizativos. 
                  Esta nueva institución, que tenía a la vez carácter militar, administrativo, judicial y político, se llamó “tenencia” y, quienes la desempeñaron, “tenentes” o “seniores”.
Ante la carencia de un ejército estable, el rey, para oponerse a los musulmanes, buscó la ayuda de los hombres de armas: los “milites”, a los que compensó con tierras; asimismo, tuvo que asegurar las ganancias territoriales con hombres de su confianza. Estos hombres, los “tenentes”, asentados en sus castillos, no fueron solo defensores militares de los territorios confiados en “tenencia” por el monarca, sino que se convirtieron en sus representantes políticos y administrativos. De esta manera había surgido un primer ordenamiento administrativo del nuevo Estado.
Castillo de Sos
El tenente del castillo era el representante del rey, y por lo tanto procedía de una familia principal, o allegada al monarca; es decir, que formaba parte de la minoría de los “barones”, que son los que tenían el derecho a acceder a los “honores reales”, lo que significaba de facto la posesión de casa, tierras y hombres sujetos a las mismas.
Si las tenencias de la retaguardia o del interior podían ofrecer mayores ventajas económicas por la percepción de algunas rentas y derechos, las de la frontera eran más llamativas y reconocidas política y socialmente, a pesar del riesgo en el que estaban siempre sumergidas; diferenciándose asimismo las que se encontraban en la frontera castellana, en las que se jugaban intereses políticos, de las que se enfrentaban a la taifa de Zaragoza, de estricto carácter defensivo y controlador de los movimientos de los musulmanes del valle medio del Ebro. Y si las plazas fronterizas con Castilla presentaron conflictos políticos con la monarquía, las enfrentadas al Ebro proporcionaron a sus titulares el tener una finalidad estrictamente militar. En cuanto a las del interior se organizarían con el tiempo como auténticos señoríos, y si las fronterizas eran fácilmente renovables en sus titulares, aquéllas se vincularían más a las familias que inicialmente las mantuvieron.
Desde el siglo XI pues, excluyendo los bienes alodiales de la nobleza y de los hombres libres en general, las concesiones de los bienes atribuidos por el rey a la nobleza debido a los servicios prestados por ésta reciben el nombre técnico de honores, comprendiendo derechos y tributos que el rey percibía de sus habitantes. De esta manera el rey permanecía como señor efectivo en un principio, y el beneficiario recibía junto con el señorío la tenencia del honor de suerte, que cuando un señor obtenía en honor la totalidad de un distrito pasaba a percibir una parte de sus rentas; advirtiéndose, no obstante, con el paso del tiempo, una tendencia a similar la tenencia en honor a la tenencia en dominio propio.
La honor tenía además, como soporte jurídico, bien una simple relación entre sus habitantes y el poder real o bien una estricta dependencia personal o territorial, confundiéndose en este caso en un mismo organismo lo administrativo y lo señorial. Una de las obligaciones del titular de la honor era el mantenimiento de las caballerias de honor, necesarias en una época de guerra latente o efectiva.
En el reinado de Alfonso el Batallador, con la llegada de caballeros extranjeros, se introdujo a principios del siglo XII un rito peculiar en la entrega de honores y entrada en vasallaje típico del feudalismo europeo; y a partir de Berenguer IV, príncipe consorte de Aragón, aparece con frecuencia la fórmula “ad usum et consuetudinem Catalonie o Barcinone”, acentuándose las diferencias entre las honores del interior y las tenencias fronterizas, las honores urbanas y las rurales, los castillos y las comunidades de frontera en la extremadura. Todo ello dentro de un feudalismo arraigado en las relaciones sociales de una sociedad en marcha vertebrada en torno al predominio de los señores y de la Iglesia. La heredabilidad de las honores sería el último paso hacia la feudalización de las relaciones sociales y políticas que a partir del siglo XII recrudecería sus diferencias y conflictos por cuestiones de competencias entre la monarquía y los nobles, aristocracia y caballería, consecuencia todo ello de las transformaciones ocurridas en Aragón a partir de la ocupación y repoblación del Ebro y en Navarra a raíz de la restauración de la monarquía pamplonesa con García Ramírez, el Restaurador, en 1134.
Torre del castillo de Sos
Muchas “tenencias” se fueron acumulando en manos de unas pocas familias que trataron de convertirlas en hereditarias, lo que en cierta medida consiguieron, dando origen a la primera nobleza del Reino entre la segunda mitad del siglo XI y la primera del XII.
Entre los tenentes más conocidos del castillo de Sos figuran, además de su primer tenente Gimeno Garcés (1006-1054), su hijo Sancho Galíndez (1054-1080), a quien le sucedieron sus hijos Jimeno Sánchez(1083-1086) y Galindo Sánchez(1086-1106). Sos se muestra así claramente como la tenencia “patrimonial” de este linaje, mantenida bajo su dominio ininterrumpido durante un siglo, desde 1006 hasta 1106.
 La alta alcurnia del linaje explica que de 1060 a 1090 las principales tenencias de la zona de la Valdonsella (Sos, Uncastillo, Ruesta, Luesia) se encuentren controladas por los miembros de una familia. En ello influye, sin duda, el hecho de que en esta centuria las plazas de esta comarca estén bajo control directo de los miembros de la familia real o de personajes muy allegados a ésta[1].
En el siglo XII la posición de esta primera familia de tenentes cambiará: Alfonso I sustituyó los tenentes por otros, como Banzo Fortuñones en 1110, personaje ligado a la familia real. Posteriormente la tenencia de Sos volvió a pasar al primitivo linaje: en el año 1111 figura como tenente de Sos Iñigo Galíndez, hijo de Galindo Sánchez; en 1124 su yerno Dn. Antón Atorrella; en 1129 Sanz Garceyz, entre 1130 y 1134 Lópe López, hermano del anterior. A partir de ésta fecha el ocaso de esta familia es notorio, aunque aparecerán ocasionalmente como tenentes en Ejea y Tauste.

Otros tenentes de Sos fueron:

-         Entre 1134 y 1136: Frontín.
-         1136: Guillermo Aznárez de Oteiza
-         1137: Pedro Taresa.
-         1139: Guillen Aznarez.
-         1154-1160: Deus Aiuda.
-         1180: Pedro Ladrón (hijo de Deus Aiuda).
-         1187-1190: Jimeno de Luesia.
-         1191: Pedro Cornel.
-         1196-1209: Micael, Eximinus de Luesia y García de Rua.
-         1210: Martín de Luesia.
-         1228: Martín García de Layana.
-         1244: Sanz D’Arrua
-         1287: Eximino de Artieda.
-         1291 Johan Fortun.
-         1310-1313 Pedro Garcés.
-         1313-1327 Gil Martínez de Undués y Pedro Martínez Luna.
-         1363   Rui Pérez de Abarca y Juan Ramírez de Arellano.
-         Finales del siglo XIV: Martín de Lozano
-         1425 Juan Pérez de Urriés
-         1440: Miguel de Ruesta, último alcaide, debiendo entregar, por orden de Alfonso V, la fortaleza al concejo, o a su procurador o síndico para que lo guardase como castellano[2].

A partir de 1440 fue el propio municipio el que nombre por cortos períodos de tiempo a los que debían vigilar el castillo, a quienes se les recompensaba con un salario que se obtenía de las rentas de los hornos y castellajes que desde entonces gestionaron los magistrados locales; así, en 1441 fue Sancho de Agüero, en el período 1499-1504 el infanzón Martín de Artieda, o García de Rúa en 1512, quienes se hicieron cargo de la vigilancia del castillo.




[1] Piedrafita, E. Sectores sociales y ocupación territorial en las Cinco Villas.
[2] J. Cabezudo Astraín, A. Guillen de Jaso. Noticias históricas de Sos, p. 178.




BIBLIOGRAFÍA



-CABEZUDO ASTRAIN, JOSÉ, y ANTONIO GUILLÉN DE JASSO. Noticias históricas de Sos. Cuadernos de historia Jerónimo Zurita, nº 3, pp. 162-182. Zaragoza, 1952.
-CANELLAS LÓPEZ, ÁNGEL,ÁNGEL SAN VICENTE. Rutas románicas en Aragón. Encuentro S.A. Madrid, 1995.
-FORTÚN PÉREZ DE CIRIZA. Documentación medieval de Leire: catálogo (s. XIII al XV)
-MARTÍN DUQUE, ÁNGEL J. Documentación medieval de Leire (siglos IX al XII) Pamplona, 1983.
-MORET, P. Anales del Reino de Navarra. Imprenta Pascual Ibáñez. Pamplona, 1776.
-PIEDRAFITA PÉREZ, ELENA. "Sectores sociales y ocupación territorial en las Cinco Villas (siglos XI al XIII)", en Sarasa Sánchez, Esteban: Las Cinco Villas aragonesas en la Europa de los siglos XII y XIII. I.F.C., D.P.Z., 2005.
-UBIETO ARTETA, AGUSTÍN. Los "tenentes" en Aragón y Navarra en los siglos XI y XII . Anubar. Valencia, 1973.

En la web:
-LACARRA de MIGUEL, J. M. Honores y tenencias
-UBIETO ARTETA, AGUSTÍN. “El sistema de tenencias (siglos XI-XII)”, en Cómo se formó Aragón. (versión on line)
-Atlas de historia de Aragón. I.F.C.