domingo, 26 de abril de 2015

MONEDAJES, FOGAJES Y CENSOS

                        El estado de la población se mide mediante censos. No podemos hablar de censos de población en Aragón hasta la segunda mitad del siglo XVIII, pero antes de estas fechas existen distintos recuentos de la población cuya finalidad era el pago de impuestos y contribuciones, que sólo recogen el volumen de la población, pero no sus características. Lo primero que llama la atención al ver los antiguos censos son las diferentes formas de cuantificar la población: maravedíes, fuegos, vecinos, casas, personas de comunión, almas, habitantes...
    El maravedí era una moneda medieval; en la Edad Media se realizaron muchos monedajes que indican el monto de lo recaudado o recaudable. La primera noticia que tenemos de un monedaje, según las fuentes disponibles, data de 1309 y hace referencia al conto de la recaudación del monedaje en el merinado de Ejea que el monarca encargó a Juan Palacín[1]. La suma total obtenida fue de 1044 morabetinos, seis sueldos y seis dineros jaqueses, que convertidos en sueldos suponen un total de 7314 sueldos y seis dineros. Este monedaje resulta difícil de interpretar, ya que no se tiene la certeza absoluta de las poblaciones sobre las que se procedió a la recaudación, además aparecen sólamente la lista de los que pagaron, quedando fuera de la misma los pobres, aquellos cuya fortuna no superaba los 70 sueldos[2], los exentos de pago (clérigos, ricos hombres, caballeros e infanzones) y la comunidad judía, ya que en el año 1302 Jaime II concedió la exención del tributo del monedaje a todas las aljamas del reino de Aragón; por todo ello resulta muy difícil hacer una estimación de la población real, teniendo que esperar hasta 1495 para tener datos concretos de la población de Sos.
   No obstante, en el archivo municipal de Jaca existe un documento de 1358 en el que aparecen censados 212 personas en Sos[3], según un albarán de 172 sueldos y tres dineros entregados a Aznar Allamán, notario y vecino de Jaca, como recaudador de los jurados de Jaca del sueldo de los hombres de Sádaba de los meses de mayo, junio y julio, teniendo que pagar cada persona nueve dineros, miaylla et puyessa[4]. Estos datos no son del todo fiables puesto que no aparece en el documento las cláusulas de los contribuyentes: si son fuegos, personas mayores de edad, hombres o mujeres, si este pago era aplicado sólo a los que tuvieran un patrimonio superior a una cantidad similar a la de los monedajes, etc...[5]
    En el siglo XV el fogage de 1405 revela una población en Sos de 80 fuegos, de los cuales 14 eran de judíos, no apareciendo aquí los hogares de los infanzones, aunque estos debieron ser escasos.
          La unidad habitual en la que se recogen los resultados de los censos es el fuego, palabra proveniente de fogar = hogar. Según las Cortes de Tarazona de 1495, formaban un fuego “todas aquellas personas que habitan en una casa y tomen la despensa de un superior o pater familias continuamente en dicha casa, lo que ha de jurar el superior o pater familias”        
         El fuego tiene un valor medio dado en individuos que presenta grandes variaciones según épocas y lugares, siendo por lo regular de 4 a 6 habitantes, normalmente 5 o 4´5 personas por fuego. En momentos de paz y prosperidad económica era superior a las épocas posteriores a las guerras o las pestes. Igualmente era distinto en el medio rural y en el medio urbano, ya que el primero estaba más necesitado de mano de obra en el campo. Es por esto que la población real sólo puede aproximarse, ya que se ha multiplicado cada unidad familiar por 4, 4´5 ó 5 miembros, por lo que la credibilidad de estos censos presenta dudas más que razonables.
    Posteriormente se usó el término vecino para designar a los cabezas de familia. No es hasta el siglo XIX en que, de modo más práctico y exacto para nosotros, se comienza a hablar de almas o habitantes.
    En 1495, como antes dije, se realizó un fogaje ordenado por el rey Fernando el Católico, que tuvo el acierto político de interesarse por conocer el estado de la economía de su Reino, de su ejército, de sus instituciones, etc., y en especial por conocer cuantitativa y cualitativamente la población de Aragón. Fruto de este interés, y con el objetivo de formar y pagar un ejército que le permitiera defenderse de sus enemigos, constituyó y presidió en la iglesia de la Magdalena de Tarazona, el 20 de agosto de 1495, las conocidas Cortes de Tarazona. Un objetivo principal de estas Cortes fue comunicar a los aragoneses la necesidad de armas y jinetes y de su contribución económica para mantenerlos. Por ello, y para hacer un reparto equilibrado de las sisas impuestas en todo el Reino, era fundamental conocer el número de fuegos de cada uno de los lugares de éste, recogidos en las doce sobrecollidas en que se dividió Aragón a efectos de hacer un censo o fogaje que en dichas cortes mandó hacer el rey. Así, las villas o lugares con 100 o más fuegos pagarían a razón de 22 sueldos por fuego y los que tuvieran menos de 100 fuegos a razón de 16 sueldos por fuego. Con los objetivos de conocer el número de vecinos de Aragón y la cuantía de su posible ayuda económica al Rey, se gestó el documento conservado en la Diputación Provincial de Zaragoza que hoy conocemos como Fogaje o Censo de Aragón de 1495. En dicho fogaje figura que la población de Sos pagó 2728 sueldos por 124 fogages. Si hacemos la conversión de fogajes a habitantes sale una aproximación de 558 habitantes.
   Posteriormente, el siglo XVIII, se realizaron otros censos, siendo el del ministro de Floridablanca de 1787 el más fiable, pues recoge datos por edades, estado civil, sexo, ocupación de la población activa, además de ser el primero cuyos resultados vienen recogidos por habitantes y no por vecinos. En éste, la población de Sos contaba con 2448 habitantes. En 1797 Dn. Manuel Godoy realizó otro fogaje, que no censo de población como el de Floridablanca, publicando sus datos en 1801 y donde aparece Sos con 591 vecinos (cabezas de familia) Si volvemos a realizar la conversión a habitantes nos resulta un censo de 2.659 almas. De estos datos deducimos que la población de Sos, durante tres siglos consecutivos (del s, XVI al XVIII) registró un crecimiento progresivo e ininterrumpido de población, al igual que el resto de la población aragonesa, con una tasa superior a la media nacional[6]. En el siglo XIX la población sufrió diversos altibajos coincidiendo, poco más o menos, con diversas coyunturas, íntimamente ligadas al trasfondo histórico y económico de la zona.
   Pascual Madoz, en su diccionario geográfico estadístico histórico de 1845 comenta que dentro de los muros de Sos había 495 casas (fuegos).  
   En 1856 se crea la Comisión de Estadística del Reino. El General Narváez, presidente del Consejo de Ministros de Isabel II, firmó un Decreto por el que se creaba la formación de la Estadística General del Reino, que el 21 de abril de 1857 pasó a denominarse Junta de Estadística, siendo su primer trabajo la elaboración del Censo de Población. Con posterioridad, en 1945, se creó el INE, con la misión de elaborar y perfeccionar las estadísticas demográficas, económicas y sociales ya existentes.


BIBLIOGRAFIA
-Abellá Samitier, Juan. Sos en la Baja Edad Media. Una villa aragonesa de frontera. I.F.C. (C.S.I.C.). Zaragoza, 2012.
-Guitart Aparicio, Cristóbal. El paisaje urbano en las poblaciones aragonesas. Cuadernos de Zaragoza nº 40. Ayuntamiento de Zaragoza, 1979.
-López Pérez, C.Mª. Jaca. Documentos municipales (1269-1400) Fuentes históricas aragonesas, 22. I.F.C. (C.S.I.C) Zaragoza, 1995.
-Madoz, Pascual. Diccionario Geográfico Estadístico Histórico. 1845-1850. Edición facsímil. D.G.A. Valladolid, 1985.
-Piedrafita Pérez, Elena. Las Cinco Villas en la Edad Media (siglos XI-XIII) Sistemas de repoblación y ocupación del espacio. I.F.C. Zaragoza, 2000. Aragón en la Edad Media, siglo XII. Universidad de Zaragoza. Año 1995.



[1] A.C.A., Real Patrimonio, Maestre Racional, 624, ff. 156v-157.
[2] En el monedaje debían contribuir las personas que disfrutasen de un patrimonio superior a 70 sueldos
[3] A.M.J., caja 24.
[4] López Pérez, C. Mª. Jaca. Documentos municipales (1269-1400). Fuentes Históricas Aragonesas, 22. I.F.C. (C.S.I.C). Zaragoza, 1995, pp.74-75.
[5] Abellá Samitier, J. Sos en la Baja Edad Media, p. 44. I.F.C. (C.S.I.C.), Zaragoza, 2012.
[6] Guitart Aparicio, C. El paisaje urbano en las poblaciones aragonesas, p, 33. Cuadernos de Aragón nº 40.Zaragoza, 1979.     

EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN JUDÍA EN SOS

A partir del siglo XI la población judía fue asentándose en diferentes localidades de las Cinco Villas atraída por los beneficios ofrecidos en las cartas de población. 
No se conservan datos demográficos concretos de la población judía de Sos hasta el siglo XV, pero el estudio de algunos documentos servirá, aunque de un modo aproximado, para cuantificar la población y la evolución de esta comunidad que llegó a tener un peso importante en la sociedad de Sos hasta su expulsión.
Se tiene conocimiento que en el año 1294 la población judía de Sos se constituyó aljama, y que en el año 1301 Jaime II permitió a los hebreos aislar la judería[1], por lo que para este tiempo la comunidad hebrea en la villa debía contar ya con una población importante. Puede servir de ayuda la confección de una escala de aljamas del siglo XIV partiendo del porcentaje de participación de cada una de ellas en los subsidios pedidos por Jaime II en 1301, siendo de 200 s.j. la contribución de la aljama de Sos (unos 5-6 fuegos). De septiembre del año 1320, igualmente se conocen los sueldos jaqueses que la aljama de Sos pagó como contribución a los gastos del Reino, que fueron de 426, (unos 12-15 fuegos) por lo que se desprende claramente que en este corto período de tiempo de 20 años de principios del siglo XIV la comunidad hebrea en la villa aumentó en más del doble su población.
Si atendemos a los fogajes realizados en las cortes de Maellla de 1404, la población judía en Sos se sitúa entre 60-65 habitantes (14 fuegos de los 80 totales de la villa), que se corresponde con un 22´5% de los fuegos totales susceptibles de contribuir.
                                            En el año 1478, las cuentas de una imposición de sisas en Sos para hacer frente al pago de unos caballeros, muestran que 10 fuegos judíos pagaron 12 sueldos cada uno[2]; es decir, que en un intervalo de setenta años (1404-1478) la comunidad judía vio reducida su población en cuatro fuegos. Los motivos de este retroceso poblacional fueron las ordenanzas del Papa Luna y del rey en 1415, en las que se condenó el Talmud, además de prohibirse la relación entre cristianos y judíos y el clima de violencia que se vivía entre ambas comunidades con hechos tan trágicos como el asesinato de dos hebreos en Sos por una cuadrilla de navarros en 1427[3]. Todo esto trajo como consecuencia la conversión al cristianismo de algunos hebreos; en protocolos notariales de mediados de los años 20 de este siglo ya hay menciones a conversos en la villa, como Juan Pérez de Sos o el pellicero Eximeno Ballés.
 Pero de nuevo los hebreos aumentaron la población, esta vez por triplicado, hasta 120-135 miembros a finales de la misma centuria[4] si nos basamos en las treinta viviendas de judíos censadas, excluyendo la sinagoga, para la confiscación de sus bienes con motivo de su expulsión. Según Cabezudo Astraín este incremento de población podría ampliarse hasta unas 35 familias[5].
 Es decir, que en 14 años (1478-1492) el número de hogares pasó a ser de 10 a 30. Las causas de esta recuperación poblacional se debe, más que a una afluencia de nuevos individuos, a la multiplicación endógena, pues en los documentos se registran varios apellidos idénticos a lo largo de toda la centuria, como los Orella, Escapa o Gualit. Probablemente las causas de esta procreación tengan que ver con el auge económico y demográfico general de la villa de Sos, pues este crecimiento poblacional cristiano hacía incrementar la demanda de productos artesanales y textiles, en cuya confección se especializaron los judíos, y es por ello que necesitaban más mano de obra.
Pero ¿cuántos hebreos abandonaron Sos tras el edicto de expulsión?
Ateniéndonos al pago efectuado por los comisarios para la expulsión de los judíos a los adelantados de la aljama el 17 de julio de 1492, y cumpliendo órdenes, entregaron tres ducados de oro por cada judío que abandonó el reino, ascendiendo la cifra final a 264 ducados, contabilizándose hasta 88 personas entre chicas y grandes[6].
 Otra forma de cuantificar el número de hebreos que abandonaron Sos sería su distribución en unidades familiares, puesto que se conoce el reparto de ropa para dormir en la travesía del viaje a Navarra, realizado por los comisarios nombrados a tal efecto; las órdenes de estos comisarios consistían en dar una litera y dos linzuelos assaber es por casalero o marido y muxer[7], o sea, por cada titular de una casa que se equiparaba con una célula familiar de tipo nuclear (un fuego). Los comisarios entregaron a veinte hebreos las ropas establecidas por cada casa, lo que supone un índice de 4,4 individuos por unidad familiar.
La proximidad de Navarra y de una judería importante como la de Sangüesa, con la que existían lazos de todo tipo, hace pensar que la práctica totalidad de los hebreos de Sos optaron por el exilio, por lo que se estipula que fueron aproximadamente esos 88 los habitantes hebreos que abandonaron Sos en 1492, y la diferencia hasta los 120-130 serían los que se convirtieron al cristianismo y se quedaron en la villa.
Sea como fuere, lo cierto es que Sos vió mermada su población en una sexta parte aproximadamente, pero lo más importante fue el declive económico de la villa al ver desaparecer una gran parte de su población activa dedicada a la agricultura y sobre todo, al artesanado textil.

           A comienzos del año 1498 el decreto de expulsión llegó a Navarra, por el cual debían abandonar el país o convertirse al cristianismo, dándoles de plazo hasta el mes de marzo.
 Esto motivó una nueva oleada de conversos y un movimiento de retorno a Sos que se vio reflejado en los protocolos notariales de la villa por el incremento de nuevos artesanos en la localidad cuyos nombres y apellidos eran idénticos a los de los infanzones y otras personas poderosas de la villa, lo que induce a pensar que estos prohombres sosienses apadrinaron a los antiguos judíos, dándoles su protección y sus sobrenombres, obteniendo a cambio un indudable prestigio social y cierto ascendente sobre los conversos[8].
Pero además del regreso de los judíos sosienses también llegaron a Sos hebreos procedentes de otras localidades, como el maestre León, físico de Sangüesa, quien formalizó con el concejo de Sos el 21 de marzo de 1498 un contrato como médico durante tres años con su nueva identidad, la del maestre Jaime Díaz.[9]
De esta forma Sos recobró en parte la demografía perdida tras el decreto de expulsión al igual que su aporte artesanal, pues la mayoría de ellos continuaron desarrollando los oficios que habían tenido como judíos. Estos conversos paulatinamente se fueron adaptando a su nueva situación, acudiendo también a las asambleas del concejo, aunque sin acceder a las magistraturas, puesto que ninguno de ellos fue Justicia, jurado o consejero, por lo que no se vio totalmente integrada en la comunidad cristiana, sufriendo una discriminación en el ámbito político en la que además de sus condicionantes económicos originados por sus patrimonios medios, fueron vistos con desconfianza por los cristianos viejos.
 Aunque en Sos ya sólo se practicaba la fe cristiana, la unión entre sus habitantes no fue del todo completa, pues de manera soterrada persistían las diferencias y exclusión de una minoría por motivos religiosos, es decir, la comunidad convivía pacíficamente con los conversos pero siempre bajo la sombra del recelo y la desconfianza [10]






[1] A.C.A. Cancillería, Cartas Reales, Jaime II, Caja 12, nº 1.606.
[2] A.H.P.S., Juan Zareco, P. 420, f. 17v.
[3] Iranzo Muñío, Mª. T.(ed), Acta Curiarum regni Aragonum, p. 235.
[4] A.H.P.S. Protocolo de Bartolomé Spanyol. 1492-7, s. fol, s.d.
[5] Cabezudo Astraín, José. La judería de Sos del Rey Católico, p. 90.
[6] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 450 B, ff. 41-41v.
[7] Ibidem
[8] Abellá Samitier, Juan. Sos en la baja Edad Media, p. 295.
[9] A.H.P.S., Bartolomé Español, p. 481, ff. 27v-28v.
[10] Abellá Samitier, J. Sos..op.cit., p. 296.






BIBLIOGRAFIA

-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. Sos en la Baja Edad Media. I.F.C. , C.S.I.C. Excma. Diputación de Zaragoza. Zaragoza, 2012.
-BAHER, YITZHAK. Historia de los judíos en la Corona de Aragón (siglos XIII-XV) Temas de historia aragonesa, 3. D.G.A., Zaragoza, 1985.
-CABEZUDO ASTRAIN, JOSÉ. La judería de Sos del Rey Católico. Sefarad, XXXII (1972).
-MOTIS DOLADER, MIGUEL ANGEL. La sociedad judía aragonesa en la Edad Media, Historia de Aragón II: Economía y sociedad. I.F.C., 1996
-MOTIS DOLADER, MIGUEL ÁNGEL. “Los judíos de las Cinco Villas en la Edad Media. Historia de una convivencia dual”, en Asín García, Nuria (coord) Comarca de las Cinco Villas. Col. Territorio, 25. D.G.A., 2007.
-SESMA MUÑOZ, JOSÉ ÁNGEL, C. LALIENA CORBERA (Coord) La población de Aragón en la Edad Media (siglos XIII-XV) Estudios de demografía histórica. Ed. Leyere. Zaragoza, 2004.

sábado, 25 de abril de 2015

LEYENDA DEL PORTALICO DEL MUDO

Esta leyenda data del siglo XIX, y más concretamente a principios de éste, en el período en el que la villa de Sos del Rey Católico estaba bajo dominio de las tropas napoleónicas.
Sos estaba totalmente amurallado y los únicos accesos para entrar o salir del recinto eran las siete puertas de las murallas.
Cuenta la leyenda que en aquellos tiempos un joven labrador de la villa, Esteban, salió una noche del pueblo. El motivo no está muy claro y unos cuentan que salía a ver a su novia a escondidas fuera de la muralla, otros que era un pastor y salió a ver a sus ovejas, y otros que se trataba de un espía. Sea como fuere el caso es que los franceses lo vieron y lo apresaron creyendo que era un espía y le torturaron cruelmente intentando hacerle confesar lo que él probablemente desconocía.
Esteban, atormentado por las contínuas torturas y viendo que no podría soportar más sufrimiento, decidió morderse la lengua con los dientes, arrancándosela y escupiéndola a los pies del oficial que le interrogaba. El oficial francés, conmovido por su heroica muestra de valor y patriotismo, decidió perdonarle la vida y lo liberó; pero al entrar al pueblo por el portal de Poniente, cayó al suelo y murió a causa de la gran pérdida de sangre que sufrió.(leyenda popular)
Portalico del Mudo. Sos del Rey Católico

                            Desde entonces, y en memoria del valiente Esteban, éste portal es conocido como Portalico del Mudo, así como el callejón de acceso a él se llama igualmente calle del Mudo. En esta calle, una leyenda , actualmente desaparecida,rezaba: “Viajero que vienes a Sos, no pases despistado por esta calle. Guarda silencio y piensa en el valor de un joven sosiense”.



Calle de acceso al portal del Mudo



Don Pedro Campaña Arrese dedica un poema al portal del Mudo. Reproducimos aquí las tres últimas estrofas del mismo:

...Delante del halcón mayor el mozo se aferraba
a no mostrar ni gesto ni palabra
y, al fin, no pudo más, encabritada el alma,
puso en blanco la mirada,
sacó la lengua y cortósela con honda dentellada,
y la arrojó a la cara
del halcón mayor, y mientras rebotaba
la lengua iba dejando rosas ensangrentadas.

Perdió el hilo el halcón. Quedóse como en babia,
nunca entre sus halcones viérase tanta hazaña;
Púsolo en libertad. A la alborada
Por el portal el héroe casi muriendo entraba
y su mirada en otra mirada se iluminaba.

Cayó en redondo el mozo y entregó el ánima.
Desde entonces el portal se llama
portalico del mudo…y dicen que habla.




BIBLIOGRAFÍA

-CAMPAÑA ARRESE, PEDRO. Por el ojo del puente. I.F.C., C.E.C.V. 1993.

 



SOS EN LA DEPRESION DEL EBRO


Sos del Rey Católico se ubica dentro de la unidad geológica de la depresión del Ebro. Las tierras que forman esta depresión surcada por el río Ebro y sus afluentes constituían un área elevada denominada macizo del Ebro. A principios del Terciario (Eoceno, Oligoceno) tuvo lugar la orogenia Alpina, produciéndose una inversión tectónica. Durante el proceso de elevación de los Pirineos y del sistema Ibérico, dicho macizo del Ebro se hundió, compensando de esta forma la elevación de las nuevas cordilleras y dando así origen a la depresión del Valle del Ebro. Esta depresión formaba una gran cubeta sedimentaria que fue rellenándose con materiales terciarios y cuaternarios procedentes de la erosión de los nuevos relieves montañosos de los Pirineos.
La depresión de Ebro limita al norte con las sierras exteriores del Prepirineo; en el zona de las Cinco Villas concretamente con la Sierra de Santo Domingo, que forma parte de la unidad geográfica de los Pirineos y sus formaciones carbonatadas mesozoicas en su parte superior (peñas de Santo Domingo, ralla de las Pauletas, Puydemulo), siendo estos los elementos geológicos más antiguos de la comarca, pudiéndose encontrar todavía fósiles en la Sierra de Santo Domingo. Justo debajo de ellos, encontramos conglomerados que forman los depósitos sedimentarios en los piedemontes de la sierra, con margas hacia el embalse de Yesa.
Sierras exteriores del Prepirineo.Oligoceno (Terciario) En primer plano la Sierra de Peña (Sos del Rey Católico), sierra de la Sarda, sierra de Leire y, al fondo ,los Pirineos.
Los procesos erosivos que arrastraban materiales desde las partes altas hasta depositarlos en la cubeta han determinado los diversos elementos geomorfológicos de la comarca. Estos materiales se sedimentaron según la proximidad o lejanía de las zonas que se estaban erosionando. Así, en las zonas más cercanas a las partes altas, donde las aguas eran torrenciales, se depositaron los materiales más gruesos o “lezas”. Estas formaciones del Mioceno marcan el borde de la depresión, siendo las sierras de Uncastillo y Sos las más significativas de esta zona, estando el municipio de Sos asentado sobre un terreno montañoso que forma parte de estas tierras oligocenas exteriores: la Sierra de Peña, que atraviesa el municipio de Este a Oeste. A continuación se depositaron materiales más finos y blandos, como margas y arcillas, alternando con estratos de arenisca más duros. Algunos de estos estratos forman los paleo canales, antiguos lechos de río que se rellenaron con la sedimentación de areniscas y que quedan al descubierto por la erosión de esos materiales más blandos. Son secuencias granodecrecientes hacia arriba, en que el cuerpo arenisco que forma el depósito del canal puede llegar a tener hasta 12 m. de potencia. Encima viene un tramo limoso y arcilloso y con capas más finas de arenisca, hasta la próxima secuencia. Las areniscas tienen el tamaño de grano variable y son muy calcáreas, con una proporción de cuarzo que no suele sobrepasar el 30%. Estas formaciones ocupan buena parte del territorio de la comarca, entre el somontano de la sierra y el llano.





BIBLIOGRAFÍA

-IBARRA BENLLOCH, PALOMA. Marco geográfico y rasgos geomorfológicos de la comarca de las Cinco Villas, en Asín García, Nuria (coord) Comarca de las Cinco Villas. Col. Territorio, 25. D.G.A., 2007.
-Colección CAI 100, nº 44. Cinco Villas
-Colección rutas CAI por Aragón nº 44. Cinco Villas. Zaragoza, 2006.
En la webb:

-www.enciclopedia-aragonesa.com. La depresión del Ebro.

jueves, 23 de abril de 2015

ALEROS Y TEJADOS

EL ALERO
El alero es el borde del tejado que sobresale ligeramente sobre el muro para evitar que el agua de lluvia resbale sobre la fachada. Normalmente en las casas rurales de Sos es sencillo, construído sobre una cornisa que continúa el muro o con vigas de madera que apoyan sobre canes algo moldurados en ocasiones, pero no especialmente llamativos.


Alero de madera sobre canes algo moldurados
Alero sencillo

Sin embargo, en las casas solariegas y palaciegas en ocasiones los canes de las esquinas son sustituídos por grandes figuras de animales bellamente tallados, como ocurre en el alero del colegio Isidoro Gil de Jaz. En la cara inferior del alero de estas monumentales construcciones, sobre las vigas o canes, se coloca un entarimado, muchas veces decorado con frisos o ajedrezados tallados en la madera; es al caso del alero del Ayuntamiento.

Esquina del alero del colegio Isidoro Gil de Jaz
Alero del Ayuntamiento




















EL TEJADO

El tejado proporciona a la casa parte de su personalidad, pues su inclinación, disposición del caballete, número de vertientes y material de cubierta determinan en buena medida su aspecto. Las características del tejado dependen en gran parte del clima y de los materiales disponibles en el entorno, por lo que en general, la zonificación tipológica se corresponde con las variedades de tejado.
En Sos el armazón de cubierta se construye de madera, ya sea con troncos escuadrados o rollizos a modo de vigas. Suele ser de par en hileras, es decir, con una trama de vigas –pares- que apoyan perpendicularmente sobre el madero central que constituirá el caballete-hilera-, que se ha fijado previamente sobre dos cerchas de madera; las tejas van colocadas sobre un lecho de tablas que se coloca sobre los pares; en las viviendas más humildes sobre un entramado de cañizos y una capa de barro de unos 8 cm. de grosor.
Techumbre
 El entablado no puede soportar el peso de la capa de barro 

Por facilidad de construcción, el caballete del tejado suele ser paralelo a la mayor dimensión de la planta. En las viviendas exentas lo usual es que sea perpendicular a la fachada principal, pues así se evita que el agua de lluvia, al resbalar, caiga sobre la entrada de la casa. En viviendas adosadas es corriente que el caballete quede en paralelo a la fachada principal, pues así ambos edificios pueden compartir una pared medianera salvando el inconveniente que supondría la acumulación de agua en el canal formado por los faldones de dos tejados vecinos.
La inclinación del tejado dependerá mucho de las condiciones climáticas. En Sos, debido a la escasa nieve invernal, y a las no muchas precipitaciones, la inclinación del mismo no es mucha, pudiendo así utilizarse en su cubierta materiales más pesados que en otros de mayor inclinación. Son los llamados tejados pendiente alero.
Vista desde el castillo, donde pueden apreciarse tejados a una,dos, tres y cuatro vertientes






Los tejados suelen ser a dos aguas, aunque también hay de una, tres y cuatro vertientes. Los de tres aguas pueden considerarse caso excepcional y los de una son propios de ampliaciones o edificaciones anexas.
Tejado a dos vertientes







El tejado se cubre con teja árabe, con tintes rojizos o amarillos según el tipo de arcilla de fabricación. Actualmente se cubre con teja de imitación árabe o rojiza, colocándose a canal y cobija.












BIBLIOGRAFÍA

-GIMÉNEZ AÍSA, M. PILAR. Arquitectura tradicional de las Cinco Villas. Adefo Cinco Villas. Zaragoza, 2008.

-BIARGE, FERNANDO y ANA. Casa por casa. Detalles de la arquitectura rural pirenaica. Arpirelieve. Huesca, 2001.

lunes, 20 de abril de 2015

LA HERENCIA GASTRONÓMICA JUDÍA

 Muchas de las recetas gastronómicas que disfrutamos hoy en día tienen su origen en la Edad Media, y puesto que en Sos, y en muchos municipios de España, hubo una aljama judía de considerable población, no es de extrañar que muchos de los hábitos culinarios judíos hayan influenciado en la gastronomía española. y, por supuesto, en el arte culinario sosiense.
A pesar de que la comunidad hebrea fue considerada como un grupo socialmente inferior y que muchas juderías se vieron envueltas en episodios violentos y trágicos, la convivencia entre cristianos y judíos, en general, podría calificarse de tolerante. 
Las relaciones comerciales entre ambas comunidades, las relaciones amistosas, laborales, el vivir día a día con los mismos vecinos, etc, hicieron que los lazos entre cristianos y judíos se aproximaran, y de este modo se compartía arte, cultura y conocimiento en todos los aspectos, incluído el gastronómico.
En 1492 se promulgó el edicto de expulsión de los judíos de España. Con su marcha la población judía desapareció de la Península, a excepción de los conversos, pero lo que no pudo desaparecer fueron las técnicas culinarias que habíamos aprendido de aquellas gentes con las que habíamos convivido durante muchos años.
Son abundantes los platos, guisos y costumbres hebreas que hemos adoptado en nuestra cocina, pero sin duda alguna la adafina judía y el cordero son las muestras más representativas de la herencia judía.

La adafina era el guisado sabroso y equilibrado con el que los judíos honraban el día santo, el sábado. Como todos los platos primordiales no tenía una fórmula precisa. Al igual que ahora, había adafinas de pobres y adafinas de ricos, y cada familia “extendía su pierna hasta donde le llegaba la sábana”.
Adafina judía
En la adafina ideal entraban carnes de cordero o cabrito, de pollo y ternera, acompañadas de una guarnición variable de garbanzos, alubias, verduras, fideos, huevos duros e incluso dátiles o ciruelas, todo ello aliñado con hierbas aromáticas. O sea, un cocido. La gracia de este cocido estaba en hacerlo a fuego lento primero durante las tres o cuatro horas de la tarde del viernes y en el punto en el que ya no se distinguía un hilo blanco de otro negro a la distancia del brazo, que es lo que marca el comienzo del sabbat, la cocinera avivaba las brasas bajo el puchero adafino y lo destapaba un instante para añadirle un caldo sustancioso, coloreado con azafrán. Tras ello se entraba en la jurisdicción del sábado, en que estaba prohibido cualquier trabajo y la adafina quedaba al cuidado de Yahvé, al arrimo de su anafe, para que se hiciera sola mientras las brasas iban extinguiéndose lentamente.
El Arcipreste de Hita ya nombra este guiso en sus poesías:

Algunos en sus casas pasan con dos sardinas,
En agenas posadas demandan gollerías,
Desechan el carnero, piden adefinas,
Desian que non combrian tosino sin gallinas.

Como toda variante del cocido, la adafina tenía tres vuelcos que constituían otros tantos platos sucesivos: la sopa, la verdura y la carne. La adafina judía concitaba la envidia de musulmanes y cristianos. Los cristianos no vacilamos en copiarla desjudeizándola mediante la adición de tocino y morcilla.

Cordero asado con patatas
Otro plato copiado a los judíos es el cordero asado. En la primera luna de marzo, el mes de Nisán, es tradicional la cena pascual o seder, que consiste en un asado de cordero. Los cristianos somos más chulos: le añadimos unas pataticas y nos lo comemos cualquier día del año.




Pero no sólo hemos aprendido de los judíos potentes guisos y asados, también, y para completar una buena comida, les hemos copiado algún postre

Después del ayuno del Yom Kippur lo que tomaban son unas rebanadas de pan amasado en leche, espolvoreado de azúcar y canela, y empapadas en vino; igual que hacemos nosotros en la Semana Santa.









BIBLIOGRAFIA

-ESLAVA GALÁN, JUAN. Tumbaollas y hambrientos. Círculo de Lectores. 1998
-JUAN RUIZ, ARCIPRESTE DE HITA. Poesías. Sánchez, Tomás Antonio. Colección de poesías castellanas anteriores al siglo XV. T. IV, nº 755 Ed. Antonio de Sancha. Madrid, 1790.
-MÓJICA LEGARRE, JOSÉ MANUEL. La cocina medieval en la villa de Sos del Rey Católico. Excmo. Ayto. de Sos del Rey Católico. Zaragoza, 2006.


EL MERCADO EN LA EDAD MEDIA


                             En los primeros tiempos de la Edad Media la economía tuvo un carácter casi exclusivamente agrícola.    A partir del siglo XI empezaron a renacer en la Península los mercados, los centros urbanos y el mercado internacional.

Con el desarrollo de la ciudad y de la población urbana apareció un elemento nuevo en la sociedad: el burgués (habitante de la ciudad o burgo)
El burgués, a diferencia del noble, estaba interesado en el comercio y el trabajo y no en la guerra. Los vecinos eran hombres libres que se sentían orgullosos de sus derechos, de su riqueza y de su poder.
El nombre de burgueses era una derivación de la palabra alemana buró (castillo), ya que las ciudades eran fortificadas y se formaban alrededor de un alcázar, protegidas por murallas, fosos y puentes levadizos. En el centro de la ciudad había una plaza donde se celebraba el mercado semanal; muy cerca de éste, la iglesia, el palacio del ayuntamiento y las casas de los principales gremios y de los patricios. Como el recinto urbano era reducido, las calles eran estrechas y las casas angostas, de dos o tres alturas.
Los mercados nacen en Europa en la Edad Media como fenómeno unido a diversos factores:
1- La creación de nuevos oficios, distintos a los de labrador (arrieros, comerciantes, artesanos, guerreros, etc.…) que obligaban a estas gentes, no productoras de alimentos, a comprar los elementos necesarios para cubrir sus necesidades.
2-La fundación de nuevas villas y la mejora de los caminos, que fomentó el comercio y abarataron los productos.
3-La superación del autoabastecimiento y la producción de excedentes, que creó la necesidad de obtener un rendimiento con su comercialización.
En el mercado se instalan toda clase de comerciantes y artesanos para vender sus variados productos: carnes,  todo tipo de aves( palomas, pavos reales, cigüeñas, cisnes, pollos…), verduras, huevos, arroz, ajos, azúcar, fruta de la más variada, pescados, leche, legumbres, frutos secos, miel, etc.… y especias, en concreto pimienta, azafrán, canela, jengibre, cardamomo, nuez moscada, flor de macís, clavos,  y  hierbas, tales como la ajedrea, cilantro, espica, hinojo, laurel, mejorana, orégano, menta, mostaza, perejil, ruda, salvia y tomillo, …entre otras. 
En la era medieval se utilizaban muchas especias. El entusiasmo que la Edad Media experimenta por las especias se explica fácilmente por la carga simbólica que comportan tales productos. Llegadas de un Oriente cercano al Paraíso terrenal, se consideraban a las especias transmisoras de las virtudes (inmortalidad, longevidad) inherentes a semejante lugar de origen. Así, aun en el siglo XIII se seguía creyendo que el nido del ave Fénix estaba hecho con corteza de canela.
Arcadas de la Plaza de Sos bajo las que tenía lugar el mercado en la Edad Media
En lo que concierne a la artesanía podíamos encontrar orfebres, ceramistas, armeros, bordadores, escultores, copistas, vidrieros, joyeros, trabajadores del cuero, del metal, de la piedra, alpargateros, tejeros, alfareros, cereros, herreros, torneros… y un sinfín más de oficios y actividades artesanales que hacían que el día del mercado fuera una fiesta para los habitantes de la villa. Fiesta que en ocasiones era amenizada por la actuación de algún que otro juglar que pasara por la zona.
Bajo los arcos de la plaza del Ayuntamiento de Sos tenía lugar el mercado en la Edad Media.(ver plaza del mercado en Sos)


BIBLIOGRAFÍA

-CANELLAS, LÓPEZ, ANGEL. Perfiles de la economía medieval aragonesa, en "Cuadernos de Historia Jerónimo Zurita, 25-26", pp. 37-54. I.F.C., Ejea de los Caballeros, 1975.
-HISTORIA DE ARAGÓN (coleccionable). Heraldo de Aragón. Zaragoza, 1991.
-LEDESMA RUBIO, MARÍA LUISA. La ocupación del espacio y las transformaciones económicas en los siglos XII y XIII. Historia de Aragón II: Economía y sociedad. I.F.C., 1996

SAN NICOLAS DE CEÑITO

Iglesia de San Nicolás de Ceñito

Pardina de Ceñito con su iglesia
Ceñito es una pardina abandonada, con iglesia incluída, perteneciente al término de Sos. 
 Para llegar a la ermita de San Nicolás de Ceñito, emplazada en la zona central del valle del río Onsella, debemos tomar la carretera de Navardún y luego el desvío hacia Petilla de Aragón, y recorridos dos kilómetros, a la izquierda, tomamos una pista que tras recorrer 100 metros nos llevará hasta la ermita, situada en lo alto de una pequeña loma. El lugar se encuentra en total estado de abandono.
Coordenadas geográficas: 42º 30´2,49”, -1º 7´43,45”
Coordenadas UTM: X : 653.755,18m Y: 4.707.066,40m

En los libros, cartularios y documentos aparecen las siguientes variantes referidas al lugar: Cinnito, Cignitu, Cinido, Cinitu, Cingito, Cingitu, Cineto...
La primera mención que se tiene del lugar data de 1080, apareciendo don Aznar de Cignitu como testigo a favor del cercano monasterio de Leire. Parece probable que esta familia se estableciera en el lugar dando origen al actual topónimo, formado por una aldea y la ermita. Posteriormente, en 1083, se menciona de nuevo en otro documento a Acenari (Aznar) de Cinitu[1].
Con posterioridad a esta fecha son numerosos los documentos que nos hablan del lugar:
El 3 de mayo de 1095 Lope y Sancho Enecones, hijo de Eneco Aznar de Cignitu, legan al monasterio de Leyre la mitad de su heredad que tienen en Luesia, que había sido recuperada, probablemente de alguna pignoración o hipoteca.
En el año 1098 el abad Raimundo y los monjes de Leyre cambian a Fortún Juan de Cingito unas viñas en esta localidad por su alodio de Navardún a condición de que entregue al monasterio el diezmo de dichas viñas.
En enero de 1104 de nuevo el citado Sancho Enecones de Cineto, aparece en los documentos efectuando la venta de sus siete mezquinos (siervos o colonos, pero que se traficaban casi a nivel de esclavos) al monasterio de Leyre.
El 31 de mayo de 1120, Lope Garcés y su esposa María dejan en testamento a San Salvador de Leyre sus bienes de Leache, Gallipienzo y Ceñito, ... “et ad Sancho Salvatore de Liger hoc quod habeo in Liaxe et in Gallipinz et in Cinnito”.
El 4 de junio de 1250, Pedro Ximénez de Gazolaz, obispo de Pamplona, compra al monasterio de la Oliva una heredad en Ceñito por 200 maravedíes;[2] y al día siguiente, el citado obispo nombra procurador a su escudero Fortín de Larraga para que tome posesión de la heredad que ha comprado en Ceñito a los monjes de la Oliva y que ponga al frente de dicha heredad a quien estime oportuno para que la trabaje y administre en nombre del obispo.[3]
En 1252 Poncio de Pamplona, abad del monasterio de La Oliva, cede vitaliciamente a Bartolomé de Ceñito y a su mujer María, cuantas tierras posee la abadía en Ceñito para que las cultiven[4] aproximadamente para esas fechas, el 5 de mayo de 1252, Lope Jiménez de Cinido, caballero, dona al obispo de Pamplona don Pedro el patronato sobre la iglesia de Ceñito y el derecho de llevar el agua de la fuente de Ceñito donde el obispo quiera, haciendo de ella su voluntad en todo[5].
El 23 de junio del mismo año, los hermanos Martín Ximénez de Cinido, Diego y Pedro, renuncian en favor del obispo Pedro y sucesores, todo el derecho que tenían a la heredad de Ceñito comprada por dicho obispo al monasterio dela Oliva. Y los tres juntos entregan al obispo la carta (documento o escritura) que tenían del monasterio[6].
En 1254 varios vecinos de Ceñito ceden al mismo obispo de Pamplona los derechos que tenían a la fuente llamada de Escorrón, que nacía en el término de Ceñito, para que haga lo que quiera con su agua. Le ceden también el patronato de su iglesia, rogándole que sea él mismo el rector de la misma.
El 6 de marzo de 1261 Diego de Cenido, caballero, dona al obispo el derecho que tenía en la iglesia de Ceñito y en la fuente de Escorrón por medio de un documento redactado en Navardún, donde los obispos de Pamplona pasaban largas temporadas. También, en el mismo año, García Gil de Soteras y su mujer Oria Xemeniz donan a don Pedro el huerto e iglesia de Ceñito y la fuente.
En 1323 Jimeno Ramírez y otros vecinos de Ceñito y Undués venden a don Arnalt de Barbazán, obispo de Pamplona, varias casas, campos y huertos en Ceñito por 600 sueldos jaqueses, poniendo al obispo en posesión de los bienes[7], quien con esta compra se hizo prácticamente poseedor de casi todo el término de Ceñito.
No se sabe cuándo se despobló Ceñito pero, en 1610, cuando J.B.Labaña recorrió esta zona, nos dice que ya estaba abandonado y que sus moradores se recogieron en Sos.
Actualmente el lugar está deshabitado y sus últimos habitantes, en el siglo pasado, usaban los edificios para fines agrícolas y ganaderos, incluída la iglesia, por lo que en varias ocasiones tuvieron que apuntalarla y conservarla para sus labores, contribuyendo así, de esta manera, a un deterioro más lento de la ermita; también es cierto que realizaron algunas obras que lo único que hicieron fue denostar el propio monumento, como la abertura de una ventana en el ángulo noreste o una oquedad situada en el muro sur al Este de la puerta y en relación con un pilar moderno, que con algunos otros indicios hacen pensar en la compartimentación del espacio en dos alturas. Pero al menos, estos “atentados” contra la ermita han servido para que, de alguna forma, se mantuviera en pie.



En las Cinco Villas se construyeron iglesias con los parámetros y los elementos decorativos de los maestros de obra lombardistas. De las tres iglesias conservadas en las Cinco Villas con soluciones lombardistas la más antigua es la de S. Nicolás de Ceñito, vinculándola únicamente con estos artistas el tipo de sillarejo utilizado. Actualmente es la peor conservada de todas, presentando un aspecto ruinoso y de total abandono.
Fue construída en la década de 1050 a 1060 y según Abbad Ríos data del 1100, en cuyo ábside leyera la siguiente inscripción: “sancte nicolae era MCXXXVIII” (era hispana). En una reforma que tuvo lugar hacia 1150 se rehizo completamente el ábside, época de máxima expansión del lugar, como se comprueba por la documentación existente. 
La iglesia consta de una nave única de planta rectangular, articulada mediante prebisterio señalado por su menos altura y pequeña pilastra en el diedro ábside-prebisterio
Es más recia en su arranque, disminuyendo su espesor a la tercera hilada sobre el bocel de la base absidial.
Fachada del muro sur
En cuanto a los muros de la nave, y como es habitual en el arte románico, el más grueso es el meridional por estar destinado a contener los vanos, el más delgado es el occidental, siendo el septentrional de un espesor intermedio.
Para analizar la iglesia de Ceñito tenemos que recurrir a sus tres fases constructivas. El muro sur permite diferenciar claramente los dos principales momentos de su construcción. Tomando como punto de referencia su ángulo suroeste, hasta 8,46m. por el exterior y 8, 37 m. por el interior, se aprecian que las 22 primeras hiladas presentan un tipo de aparejo realizado con piedra arenisca proveniente de una cantera local, trabajado a maza, con escasos retoques de puntero y dispuesto en forma de sillarejo de considerable longitud, asentado en hiladas bastante regulares, con módica presencia de ripios y ahorro de argamasa de cal mezclada con arena fina. El resto del muro hasta el ángulo sureste y toda su parte superior (compuesta por trece hiladas) se caracteriza por estar realizado con sillares tallados con gran esmero a martillo y cincel y posteriormente abrasados. De esto se puede deducir que la primera fase se llevó a cabo en los años 1050-1060 y la segunda hacia 1150.
Cara oeste de la iglesia
De la iglesia primitiva queda bastante íntegra la cara oeste, cuya parte superior va perdiendo hiladas de norte a sur en beneficio de la reforma del siglo XII. En el ángulo noroeste se conserva la banqueta de cimentación de este muro.


Techumbre en la parte este del templo
Techumbre de la zona oeste















                                   El interior de la nave se cubre mediante techumbre de madera a dos aguas, parcialmente derrumbada y sustentada por un arco fajón apuntado que arranca del propio muro mediante ménsulas de tipo cisterciense y que vuela entre los muros norte y sur y de evidente realización posterior. Se trata de una reforma realizada hacia el siglo XIV. 
En el extremo oriental del muro se abrió una puerta adintelada y de jambas rectas concebida para recibir una sola hoja y cuya única gorronera se encuentra en el lado oeste. Para su construcción se recortó el muro en la zona en la que convergían las dos fases románicas.
Portada del templo
La portada del templo, del siglo XII, abre a los pies del muro sur, con dos ventanales aspillerados al exterior y derramados al interior a notable altura. Es de arco de medio punto, que arranca de una imposta saliente, y consta de dos arquivoltas. La exterior, a ras del muro, está orlada por un ajedrezado jaqués, que no resalta del mismo, conformado por una serie de cuatro tacos. Al igual que la interior, impostas lisas se interponen entre jambas rectas. Al interior, la puerta está adintalada, adoptando su clave la forma de mitra.   
       
Abside de San Nicolás
La cabecera del templo, de muy buena hechura, se compone de ábside semicircular, con ventana axial recta al exterior y derramada al interior, imposta de ajedrezado jaqués extendida al estrecho presbiterio y a las pilastras que componen el arco triunfal. Este ajedrezado jaqués, de muy buena hechura y conservación, marca la unión de paramentos verticales y bóvedas, a excepción de la pilastra norte, donde no está decorada.



Ajedrezado jaqués del presbiterio
La proximidad entre el fajón que sustenta la zona anterior del presbiterio y el cilindro absidial con el que enrasa y al que parece continuar, conforman la sensación de sendos espacios rehundidos en los laterales de la cabecera.El arranque de las pilastras en que apea el fajón descrito se efectúa desde lo alto de gruesos plintos enrasados al presbiterio. En lo alto de la pilastra sur del arco triunfal, un bello signo de cantero en forma de “S” con sus extremos en apretada espiral, de influencia celta. La bóveda es de cuarto de esfera. 

Cabecera del templo y ventanal
Detalle del exterior del ábside donde se aprecian las dos filas de bolas jaquesas, el crismón y la palmeta
             En el exterior, bajo el ventanal, levemente descentrada hacia el sur, en el sillar que forma la jamba inferior norte de la ventana, tiene esculpida una bella palmeta, motivo que encontraremos en otros dos sillares del interior. La rosca está decorada con dos filas de bolas jaquesas y en el arco cobijo hay un un crismón de tipo trinitario, compuesto por seis brazos, teniendo cambiado de lugar “A” y “W” e invertida la “S” y flanqueado por una inscripción en dos partes: “SA(NC) TI” ( a la izquierda) y “NICHOLAI” (a la derecha).
Remata en cornisa simple. Su bovedilla capialzada, a semejanza con la ventana oriental del muro sur, está formada por siete dovelas vistas y dos bloques monolíticos.

















 Palmetas y cruz patada en el interior del templo



                   
                  A la altura de nuestra vista, en el pilar y arranque del muro sur hay dos sillares en los que se han esculpido sendas palmetas, de buen tamaño, del estilo de la existente al exterior del ventanal absidial. A mayor altura, en la cara este de la pilastra sur del presbiterio, otra palmeta, camuflada por el encalado.
Aún hay otra marca en el arranque del muro norte, a la misma altura que las anteriores, es como una roseta con pétalos en espiral, separados por ocho perforaciones puntiformes inmediatamente al interior de un doble círculo que la enmarca.
Las palmetas cinceladas descritas las tomaron como modelo los constructores de la iglesia de Navardún, de construcción bastante posterior a ésta, donde las usaron con profusión -en especial en su portada-.
Por si todos estos inusuales elementos decorativos fuesen pocos, uno más, bastante más atípico, a mitad de la bóveda absidial, justo sobre la vertical del ventanal: el artista dejó volar su imaginación sobre un sillar alargado, creando una figura ondulada, con los motivos vegetales de las palmetas, por mitades en las concavidades, y en el interior, bajo el vano absidial, se talló una cruz de consagración de brazos patados e inscrita en un círculo.
Evidentemente no son simples marcas de cantero, pero tampoco parecen formar parte de un programa decorativo como en la portada de Navardún. Por otra parte teniendo en cuenta que al interior se enfoscaban y pintaban los templos, el creador de estos bellos motivos era consciente de que no serían vistos.
Fachada norte del templo
Restos de la pila bautismal

Ventanal del muro sur
Zona oriental del muro sur, donde se aprecian las dos primeras etapas constructivas



                       En resumen, podemos decir que la iglesia construída en época de Ramiro I estaba compuesta por una sencilla nave, con un gran desarrollo en altura de la que no se ha conservado ningún vano y de la que hoy se conserva la fachada sur y la mayor parte de los muros norte y oeste La reforma del siglo XII comportó la desaparición de la primitiva cabecera, también la puerta y las ventanas que hubieron de ubicarse en el muro sur. Igualmente, en las zonas orientales de las caras norte y sur, esta reforma mordió por su parte inferior el muro primitivo; el nuevo paramento parte de una banqueta bien conservada tanto en los muros como en el ábside.
Hacia el siglo XIV, como ya se señaló anteriormente, la nave se reformó construyéndose un arco diafragma apuntado que vuela entre los muros norte y sur. En el lado septentrional arranca de una imposta con decoración de tres cuartos de bocel, siendo lisa la del lado meridional. La construcción de este arco debió llevarse a cabo con motivo de la sustitución de la techumbre de la nave, que, al parecer, también comportó la modificación de sus piñones y la realización de una moldura en forma de cuarto de caveto, que sólo se conserva parcialmente, puesto que la iglesia fue retejada varias veces con posterioridad
Al pie del templo, rota y olvidada, una pila bautismal cilíndrica de incierta cronología, en la que supuestamente se bautizaron los nacidos en este lugar.
                    En el exterior de los muros sur y ábside pueden observarse diversas  marcas e inscripciones de todo tipo (cruces,pétalos trazados con compás, letras...)



En el transcurso de los tiempos, hasta la iglesia de Ceñito han acudido en romería gentes de la zona de la Val d´Onsella y Sos bajo la advocación de San Nicolás.
El templo pertenece a la iglesia de San Esteban de Sos y es propiedad del Obispado de Jaca. Aunque su estado es bastante ruinoso, parece ser que hay tentativas de una posible restauración, pero ésta todavía no ha llegado.







[1] Martín Duque, Angel. Documentación medieval de Leire, docs. 108 y 110 (pp. 159 y 161 respectivamente)
[2] A.C.P. Docs. Catedralicios, Arca Episcopi II, nº. 8. (A)
[3] A.C.P. Docs. Catedralicios, Arca Episcopi II, nº 21. (A)
[4] A.C.P. Docs. Catedralicios, Arca Episcopi II, núm. 32.(B). Fragmento inserto en doc.I 12 de 23 de junio de 1252.
   A.C.P. Docs. Catedralicios, Arca Episcopi V, num.1, fol.388.(C) Fragmento inserto en doc.I. 12. Copia del siglo XVI
(La cronología del abadiado de Poncio de Pamplona, ocupa desde el año 1212 al 6 de agosto de 1215)
[5] A.C.P. II Epi. 7.
[6] A.C.P. Docs. Catedralicios, Arca Episcopi II, nº. 32.(A); A,C.P. Docs. Catedralicios, Arca Episcopi V, nº. 1, f. 388 (B)
[7] A.C.P. Docs. Catedralicios, Arca Episcopi II, nº. 13; V Epi. 1, fol. 385v, copia del siglo XVI.





BIBLIOGRAFÍA
-ABBAD RÍOS. El románico en Cinco Villas. I.F.C., D.P.Z., Zaragoza, 1979.
-ABBAD RÍOS. Catálogo monumental de España, Zaragoza. C.S.I.C. Madrid, 1957.
-BERRAONDO, M. J. La ermita de San Nicolás de Ceñito, en Suessetania nº 7. Mayo/junio de 1985. C.E.C.V. Ejea de los Caballeros.
-CABAÑERO SUBIZA, BERNABÉ. Los orígenes de la arquitectura medieval de las Cinco Villas (891-1105): entre la tradición y la renovación. Cuaderno de las Cinco Villas, 3. C.E.C.V. Ejea de los Caballeros, 1988.
-CANELLAS LÓPEZ, ÁNGEL, y SAN VICENTE, ÁNGEL. Rutas románicas en Aragón. Encuentro S.A. Madrid, 1995.
-GOÑI GAZTAMBIDE, JOSÉ. Catálogo del archivo de la catedral de Pamplona. T 1 (829-1500) I.P.V., D.F.N. Pamplona, 1965.
-LABAÑA, JUAN BAUTISTA. Itinerario del Reino de Aragón. Estudio previo de Antonio Paulo Ubieto Artur. Anubar. Zaragoza, 1992.
-MARTÍN DUQUE, ANGEL J. Documentación medieval de Leire (siglos XI al XII) Pamplona, 1983.
-PÉREZ DE CIRIZA, FORTÚN. Documentación medieval de Leire: catálogo (s. XIII al XV)
En la webb:
-www.romanicodigital.com