domingo, 29 de marzo de 2015

LA GASTRONOMIA EN LA EDAD MEDIA.LA ALIMENTACION EN SOS

LA GASTRONOMÍA EN LA EDAD MEDIA

En la dieta medieval, el pan y el vino serán los elementos fundamentales. En aquellas zonas donde el vino no era muy empleado sería la cerveza la bebida más consumida. De esta manera podemos establecer una clara separación geográfica: en las zonas al norte de los Alpes e Inglaterra bebían más cerveza mientras que en las zonas mediterráneas se tomaba más vino. Aquellos alimentos que acompañaban al pan se denominaban “companagium”. Carne, hortalizas, pescado, legumbres, verduras y frutas también formaban parte de la dieta medieval dependiendo de las posibilidades económicas del consumidor.
Campesinos majando siligo (parecido al trigo) Anónimo. S. XV
Uno de los inconvenientes más importantes para que estos productos no estuvieran en una mesa eran las posibilidades de aprovisionamiento de cada comarca. Debemos considerar que los productos locales formaban la dieta base en el mundo rural mientras que en las ciudades apreciamos una mayor variación a medida que se desarrollan los mercados urbanos.
Respecto al vino, cabe decir que era considerado como un elemento vital por su aporte calórico y como medicina, además de ser un producto indispensable para todo tipo de celebraciones.
La carne más empleada era el cerdo, -posiblemente porque el Islam prohíbe su consumo y no dejaba de ser una forma de manifestar las creencias católicas en países como España, al tiempo que se trata de un animal de gran aprovechamiento-aunque también encontramos vacas y ovejas.
La caza y las aves de corral suponían un importante aporte cárnico a la dieta. Las clases populares no consumían mucha carne, siendo su dieta más abundante en despojos como hígados, patas, orejas, tripas, tocino, etc. En los períodos de abstinencia la carne era sustituída por el pescado, tanto de mar como de agua dulce. Diversas especies de pescados formaban parte de la dieta, presentándose tanto fresco como en salazón o ahumado. Dependiendo de la cercanía a las zonas de pesca la presentación del pescado variaba, pero en las zonas interiores, podemos decir que prácticamente se consumía el pescado en salazón.
Judías, lentejas, habas, nabos, guisantes, lechugas, coles, rábanos, ajos y calabazas constituían la mayor parte de los ingredientes vegetales de la dieta mientras que las frutas más consumidas serían manzanas, cerezas, fresas, higos, peras y ciruelas. Los huevos también serían una importante aportación a la dieta. Las grasas vegetales servirían para freír en las zonas más septentrionales mientras que en el Mediterráneo serían los aceites vegetales más consumidos. Las especias procedentes de Oriente eran muy empleadas, evidentemente en función del poder económico del consumidor debido a su carestía. Azafrán, pimienta o canela aportaban un toque exótico a los platos y mostraban las fuertes diferencias sociales existentes en el Medioevo.
Preparando la comida
Las carnes, debidamente especiadas, formaban parte casi íntegra de la dieta aristocrática mientras que los monjes apenas consumían carne, apostando por los vegetales. Buena parte del éxito que cosecharon las especias estaría en sus presuntas virtudes afrodisíacas. Como es lógico pensar, los festines y banquetes de la nobleza traerían consigo todo tipo de enfermedades asociadas a los abusos culinarios: hipertensión, obesidad, gota, etc.
Panadería medieval. Pintado sobre tabla.
El pan sería la base alimenticia de las clases populares, pudiendo constituir el 70 % de la ración alimentaria del día. Bien es cierto que en numerosas ocasiones los campesinos no comían pan propiamente dicho sino un amasijo de cereales -especialmente mijo y avena- que eran cocidos en una olla con agua, o leche, y sal. El verdadero pan surgió cuando se utilizó un ingrediente alternativo de la levadura. Escudillas, cucharas y cuchillos serían el menaje utilizado en las mesas medievales en las que apenas aparecen platos, tenedores o manteles. La costumbre de lavarse las manos antes de sentarse a la mesa estaba muy extendida.






LA ALIMENTACION EN SOS DURANRE LA EDAD MEDIA


Referirse a la cocina de Sos, en general, es hacer un recorrido por su legado cultural. Desde antes de los romanos hasta la actualidad se comía prácticamente de todo.
Pero ¿qué se comía en Sos durante la Edad Media? Los documentos relativos a la gastronomía en la Edad Media en la comarca de Sos y de las Cinco Villas son más bien escasos.Se conserva un documento fechado en la Villa del año 1266 que resulta ser el arriendo que los clérigos racioneros de la abadía de Sos efectúan a su compañero don Felipe de Cebolla por setenta y tres maravedíes; en el documento se fijan con detalle las raciones que don Felipe habrá de suministrar a dichos clérigos.

Raciones de los clérigos de San Esteban de Sos[1]
De pan la ración será de cuatro libras para cada uno. Para el vino también hay periodos: de San Miguel a Pascua una galleta para cada 10 personas, la mitad de mosto y la mitad de majuelo[2] y de Pascua a San Miguel el vino será de mosto puro y agua, a partes iguales[3]. En Cuaresma, y dado que se guarda ayuno, la carencia de comida se suple con una ración complementaria y doble de vino tomada después de completas, y como celebración de las Fiestas Dobles o “Doblas” y de las Tres Pascuas beberán dos raciones de vino después de cantar el responso en la iglesia.
La ración o dieta-base de los clérigos racioneros es:
-De Pascua de Cuaresma (Resurrección) a San Juan Bautista, los domingos, martes y jueves un cuarto de cordero y media libra de cerdo cada dos clérigos; los lunes, miércoles y sábados berzas cocidas en sal con media arinzada de aceite.
-De San Juan a Carnestolendas de Adviento (meses de verano, octubre y noviembre), y de Navidad a Carnestolendas de Cuaresma, los días de carne una libra de carnero cada dos clérigos, faltando la disposición del resto de días de la semana pues no se comerá carne; el día de San Esteban, por ser la fiesta del patrono, será especial[4]
Si las fiestas –salvo Navidad– cayeran en días de ayuno, se estipulan diferentes raciones. Los viernes, el citado don Felipe, arrendador de la abadía, les proporcionará pescado cuyo valor equipare el valor de la carne, y si cayeran en sábado, deberá doblar la ración de carne. Los lunes, miércoles o sábados, les proporcionará carne como los otros días, salvo los lunes de la Pascua de Cuaresma (¿lunes santo?) y de Pascua de Mayo (¿anterior a Pentecostés?) y los lunes y miércoles antes de Carnestolendas. Si cayeran en cambio en miércoles comerán berzas cocidas con sal, con huevos que valgan tanto como la ración de carne[5] quizá lo mismo que el sábado de Carnestolendas de Cuaresma (dará dineros, sin especificar comida alguna). Los viernes de las Octavas Solemnes berzas cocidas con media arinzada de queso, y dineros (para pescado).
    Para Adviento se establece un único plato: una libra y media de aceite, y una coçina, siendo este plato semejante al que en el otro documento se denominaba pulmentum, guiso de variados ingredientes según la época del año, pero básicamente de verduras y hortalizas aderezadas con grasa de tocino, aceite o queso. Vemos una vez más que se reseña específicamente el aceite que se ha de emplear, lo que nos lleva a pensar en su excepcionalidad en la cocina de estos tiempos salvo como condimento de ayuno. En Cuaresma, tomarán las berzas de ayuno ya consabidas con dos libras de aceite y con otra cozina clara, es decir, sin grasa animal y ligera. El Domingo de Ramos, pescado, y la vigilia de Jueves Santo una libra de aceite con su coçina. El lunes de las Letanías, berzas con media arinzada de queso y quesadas (una para cada uno) y el martes siguiente y el miércoles y el sábado de las cuatro fiestas de Mayo, berzas cocidas y dineros para huevos. La carne se aderezará con pimienta que valga un dinero los días de carne desde Pascua de Resurrección al comienzo de Adviento, y todos los días de Cuaresma (con las berzas, por tanto).
Como se puede ver, aceite, pan, vino, cerdo, cordero, carnero, huevos, berzas, queso, guisados, tocino, pescado, etc…formaba parte de la dieta de los frailes y de los ciudadanos.
En un estudio realizado por Fernando Serrano y Marcelino Beroiz sobre dos cuentas de sendos desplazamientos realizados por viajeros navarros a Zaragoza, uno realizado en 1364 por Juan de Necuesa, alcalde de la Corte[6], y otro en1372 por Ponce de Eslava, recibidor de la merindad de La Ribera[7], confirmamos de nuevo de una forma bastante aproximada la dieta alimentaria que llevaban las gentes de la comarca en la  Edad Media.
En ambas cuentas de gastos, los alimentos que con mayor frecuencia se aprovisionan son el pan y el vino, base indispensable para hacer el camino y de la dieta alimentaria de la época. A través de dichas cuentas se puede precisar que el pan y el vino lo consumían a diario. También se abastecían de carne. En alguna ocasión no especifican el tipo de carne que es, pero en otras muchas sí detallan que se trata de tocino, carnero, vaca, cabrito, ciervo, conejos, tórtolas, e incluso la parte del animal, como la compra que hizo Juan de Necuesa en Monreal (Navarra), en la que da cuenta del abastecimiento de dos espaldas (se supone que de carnero u oveja). Se puede pensar que cuando se refieren a carne podría tratarse de tocino, usado para freir los alimentos, y al que solían llamarlo bajo el contexto general de “carne”, sin más. También compran alguna vez pescado, sin especificar su variedad, aunque lo hacen en muy pocas ocasiones probablemente por la falta de abastecimiento de este producto en los mercados locales y se consumía en los días penitenciales (viernes y sábado). Como sustitutivo del pescado para estos días de abstinencia de carne, aparecen los huevos y el queso, así como la compra de aceite para los guisos, en sustitución del tocino. Aparecen también condimentos y especias, que ellos denominan “salsas” y que utilizan indistintamente para el aderezo de carnes o pescados (pimienta, azafrán y mostaza) y vinagre. Tampoco podían faltar hortalizas: lechuga, rábanos y cebollas (probablemente para prepararse algunas ensaladas), y las frutas: higos, uvas, duraznos e inglas.
Evidentemente también incluyen en las cuentas de gastos la paja y cebada para las caballerías.         
       Para los más pudientes, en la carnecería de Sos durante la Edad Media se podía comprar oveja, cabra, corderos, cabritos,...cuya venta estaba regulada por los administradores locales, estando el carnicero obligado a comprar la carne a ganaderos locales; también vendían vaca, buey y bestias de labor, que igual que el ganado menudo, los dueños de estos animales que por un motivo u otro deseaban sacrificarlos, tenían que acudir obligatoriamente a las tablas locales[8].
         El cerdo era el animal que más se consumía, sin embargo apenas aparece en los documentos de la época porque no se vendía en las carnicerías. Su cría estaba muy extendida socialmente entre las familias campesinas que se encargaban tanto de su alimentación como de su aprovechamiento para garantizar su abastecimiento cárnico, lo que explica en parte las cifras relativamente modestas de animales que el carnicero podía meter en los pastizales de la villa en comparación  con otras localidades de un rango poblacional similar. A este respecto cabe señalar que en los contratos de arrendamiento de carnicería sólamente se prohibió que otras personas, además de los arrendadores, vendiesen carne de cerdo abriendo públicamente una tabla[9], pero no que los particulares se abastecieran de carne de sus propios rebaños.
En cuanto al pescado, el peaje de Sangüesa de 1363 y 1380 nos aclara el pescado que se consumía en la villa a tenor de los productos importados de Navarra por los mercaderes sosienses: merluzas, congrios, sardinas, salmones, anguilas, etc... bien sean frescos o en salazón.
Al final de la Edad Media se sigue manteniendo la división geográfica entre la cocina del norte donde predomina el uso de la grasa animal y la del sur, mediterránea, que emplea el aceite de oliva; pero también se puede distinguir una cocina aristocrática, en la que se produce una mayor variedad de productos, de técnicas de preparación y de complejidad de esta elaboración, con intervención de especias, protagonismo de asados de volatería y de guisos de pescado, todo con adornos y aderezos de salsas y sofritos, así como una notable intervención de la confitería.
Pero todavía a principios del siglo XVI la base alimentaria de los menos pudientes, o sea, la mayoría, continuaba siendo el pan y el vino. Recordemos a la pobre y viuda Agueda Ezquerra que en 1507 suscribió una concordia con su hijo Pedro Bueno por la cual renunció a sus derechos de viudedad sobre los bienes que le mandó a su hijo Pedro como ayuda a su matrimonio a cambio de recibir anualmente mientras viviese 5 fanegas de trigo y 10 cántaros de vino[10].









[1] Archivo Parroquial de Sos. Carpeta del s. XIII, sin catalogar. En “La Abadía de San Esteban de Sos del siglo XI al XIII; Documentación del archivo parroquial. Suessetania, 14, pp. 50-74; apéndice documental, nº 17.
[2] Majuelos eran las viñas nuevas, aquí quizás se refieran a un tipo de vino.
[3] Sia la meytat mosto, et la otra meytat primer maylluelo, la galleta a diez, e de Pascua de quarayesma entro a la Sant Mighel de setiembre, vino que sia mosto puro et tal que en la ha otra tanta d´agua, a diez la galleta.
[4] El estado del documento presenta problemas: es posible que se guardara ayuno ese día, pero al otro día, cabol´ayuno, comieran como en Carnestolendas.
[5] Otra traducción sería que daría dinero para gastos, sin especificar, pues uevos podría muy bien traducirse como “uebos” o “necesidades”.
[6] A.G.N., Comptos, Documentos, caj. 18, nº 93,3. En “Viajeros navarros por Aragón. Dos cuentas de viajes a Zaragoza durante la segunda mitad del s. XIV (1364 y 1372). Fernando Serrano Larráyoz y Marcelino Beroiz Lazcano. U.P.N. Pamplona.
[7] A.G.N., Comptos, Documentos, caj.24, nº 41, ff.1-6.  En op. cit. “Viajeros navarros por Aragón…” 
[8] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 397, ff. 31-33.
[9] A.H.P.S., Martín de Ampiedes, p. 394, ff. 80-81v.
[10] A.H.P.S., Miguel del Sen, p. 463, ff. 22-23v.


BIBLIOGRAFIA

-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. Selección de documentos de la villa aragonesa de Sos (1202-1533) I.F.C., (C.S.I.C.) Excma. Diputación Provincial. Zaragoza, 2009.
-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. Sos en la Baja Edad Media. Una villa aragonesa de frontera.I.F.C.(C.S.I.C.) Excma. Diputación de Zaragoza. Zaragoza, 2012.
-CARRASCO PÉREZ, JUAN. El peaje de Sangüesa de 1363. Rev. Príncipe de Viana, nº 180. pp. 121-159. Pamplona, 1987.
-CARRASCO PÉREZ, JUAN. Peajes navarros. Sangüesa 1380. Príncipe de Viana, nº 126-127, pp. 129-150. Pamplona, 1972.
-ESLAVA GALÁN, JUAN. Tumbaollas y hambrientos. Círculo de Lectores. Barcelona, 1998.
-MÓJICA LEGARRE, JOSÉ MANUEL. La cocina medieval en la villa de Sos del Rey Católico. Excmo. Ayto. de Sos del Rey Católico. Zaragoza, 2006.
-PIEDRAFITA PÉREZ, ELENA. La alimentación en Aragón en el S. XIII. El modelo clerical y el nobiliario. Revista de historia Jerónimo Zurita, 80-81 (2005-2006), pp. 99-132.
-REVISTA SUESSETANIA, 14. “La abadía de San Esteban de Sos del siglo XI al XIII” Archivo parroquial de Sos.I.F.C.,1994.
-SERRANO LARRÁYOZ, FERNANDO Y BEROIZ LAZCANO, MARCELINO. Viajeros navarros por Aragón. Dos cuentas de viajes a Zaragoza durante la segunda mitad del siglo XIV(1364-1372), pp.365-401; en “Cataluña y Navarra en la Baja Edad Media”. Coords. Eloísa Ramírez Vaquero y Roser Salicrú i LLuch. Col. Historia, 29. U.P.N. Pamplona, 2010.



COLEGIO DE ESCUELAS PIAS ISIDORO GIL DE JAZ

En la Plaza de la Villa, junto al Ayuntamiento, encontramos otro monumental edificio que guarda una perfecta armonía con el resto de edificaciones de la plaza, se trata del colegio escolapio  Isidoro Gil de Jaz, una construcción barroca, de mediados del siglo XVIII, en piedra de sillería y compuesta de cuatro plantas, la última formada por una galería de nueve arcos de medio punto y rematada por otro espectacular alero de madera en el que puede verse tallado, en el centro, el escudo de su fundador: Dn. Isidoro Gil de Jaz( ver biografía ) De su fachada destacan las primitivas cerrajerías de las ventanas y las cartelas.
Colegio Isidoro Gil de Jaz. Plaza del Ayuntamiento de Sos del Rey Católico.
Además de la entrada principal, en arco de medio punto con grandes dovelas, el colegio posee otras entradas o accesos.
Clave del portal de la calle M. Pérez de Biel.
Una de estas entradas se encuentra en la calle Manuela Pérez de Biel , donde podemos ver una puerta en arco de medio punto cuya clave está tallada con dos figuras: la inferior es de tres cuartos, está mirando a lo alto y porta un objeto en las manos, que pudiera ser un libro. La figura superior está de pie, con una hoja en su mano derecha y lleva arriba la leyenda “San Esteban”.
               Como dato curioso, decir que la belleza del edificio queda corroborada al haber sido escogida como ejemplo de arquitectura de época, reproduciéndola fielmente, en el Museo del Pueblo Español en Barcelona.
Don Isidoro Gil de Jaz, soltero y sin hijos, nos dirá que quiere fundar un colegio de las Escuelas Pías en Sos, “por el amor que tengo a aquel pueblo, donde me enseñaron a leer y a escribir, y los principios de la Gramática…” Y también: “… que desde mis primeros años en que fui criado y educado a la dirección de mis padres en esta villa de Sos, he tenido domicilio en ella”, dedicando su influencia y su fortuna a la construcción del colegio escolapio.
En aquella época fue una intuición genial y un servicio a la Villa, porque la cultura, que era patrimonio de unos pocos privilegiados, se iba a convertir en una posibilidad para todos. Era la época ilustrada, donde había que dar un impulso a la sociedad, sobre todo en la educación y el conocimiento de las letras y las ciencias.
Don Isidoro había conocido a los Padres Escolapios en Barbastro y conocía el lema que ya había dado muchos frutos para entonces: “Piedad y Letras”, lema que José de Calasanz decía. “...pues si desde la infancia el niño es imbuido diligentemente en la piedad y en las letras, puede preverse, con fundamento, un feliz transcurso de toda su vida” (Constituciones, nº 5)
Las razones por las que eligió esta Orden nos las dice él mismo, pues conocía en profundidad a los escolapios: “Estos Padres son bastantemente desprendidos y no tienen genio de atesorar ni adquirir bienes, de que hay bastantes pruebas en el Consejo, y que siguen la máxima de su Santo Patriarca de que sean clérigos pobres y enseñen a los pobres”[1]
Así, el 25 de febrero del año 1760 firma y queda constancia en la escritura de Fundación y Donación otorgada por don Isidoro y aceptada por el P: Juan Miguel de Santa Orosia, Procurador General de las Escuelas Pías de la Provincia de Aragón, la creación de la Fundación que llevará su nombre hasta nuestros días.
Como él residía en Madrid, nombró como delegado en Sos a su amigo Mosén Francisco Adot, beneficiado de la parroquia, representando a Dn. Isidoro en todo lo referente a su Fundación.
Mosén Francisco se puso en contacto con los padres Cayetano Ramo y Pedro Celma. En un principio hubo oposición de los Carmelitas Descalzos y del Cabildo parroquial, pero esta oposición quedó resuelta cuando los escolapios renuncian voluntariamente a pedir limosna, aniversarios de misas, entierros en su iglesia… y se comprometen al uso de los bienes comunales y a vivir como “un vecino más” de la Villa.
Impresionante alero tallado en madera.Colegio Isidoro Gil de Jaz
Las condiciones preliminares para la fundación se fijaron en Madrid entre el fundador y el P.Juan M. Casajús el 21 de septiembre de 1759. Y el 6 de marzo de 1760 se formalizó en Madrid, ante escribano público, la fundación del colegio, entregándose la mencionada fundación a los padres escolapios. En esta definitiva escritura se expone que la comunidad se compondrá de 12 religiosos (8 sacerdotes y cuatro hermanos), habrá dos escuelas de primeras letras, dos de gramática, una cátedra de filosofía y otra de teología moral, siendo los cuatro hermanos los ocupados en atender las fincas,la sacristía, la cocina y la portería; el fundador se compromete a dejar al colegio sus fincas y pertenencias muebles en Oliva (Valencia), Sos y Sofuentes, mantener a los religiosos mientras viva, construir colegio e iglesia, legarles su biblioteca…Mientras él viva será patrono del colegio y cuando muera, el patronato pasará al Ayuntamiento. La fórmula jurídica elegida, única en la serie de fundaciones escolapias, fue la llamada obra pía.
El 21 de octubre de 1760 se consiguió el permiso real, que no resultó difícil, pues como decía Gil de Jaz, “el Rey tiene formado gran concepto del Instituto de la Escuela Pía y se explica que quiera propagarle”
El proyecto tardó en realizarse, y no conforme al proyecto original, puesto que se quería que el colegio fuese erigido en el solar donde hoy se alza el Parador Nacional. Mientras tanto, don Isidoro pensaba que sería bueno empezar a dar clases cuanto antes y, mientras se construía el nuevo edificio, eligió el Palacio de los Sada para ello.
Torre de la iglesia del Colegio Gil de Jaz
Los primeros siete escolapios que llegaron a la Villa fueron los PP. Juan Francisco Guardia, José Colás, Francisco Sanz y José María Torralba, junto a los Hermanos operarios Miguel de Miguel, Andrés Mur y Domingo Moros, viviendo todos ellos en la casa de don Francisco Monterde.
Pero los marqueses de Campo Real, propietarios del Palacio de Sada, dieron largas al ilustrado, y éste, decidido a que los escolapios impartiesen clase cuanto antes en Sos, cedió sus propias casas, en la plaza de la villa, y compró las aledañas para ampliar las salas y dependencias necesarias, manteniendo la fachada exterior y modificando el espacio interior en función de las nuevas necesidades. De este modo, en un emplazamiento en el que no se había pensado en un principio, comenzó a realizarse el colegio en julio-agosto de 1761, terminándose con rapidez y trasladándose a él alumnos y religiosos el 24 de diciembre de 1764. Las obras continuaron varios años más, pues aún faltaba por terminar la iglesia, que empezó a edificarse el 14 de octubre de 1761,  muriendo Don Isidoro en el transcurso de su construcción; pero finalmente el 29 de diciembre  del año 1793, se concluyó la iglesia de San José de Calasanz, dándose así por finalizado el colegio.
Varios fueron los arquitectos que trabajaron en la construcción del colegio, iniciando las obras Juan José Navarro y continuando por el maestro de obras José Marzal, Andrés de la Virgen del Pilar y Manuel Arredondo, sustituyendo el plan previsto inicialmente por Juan José Navarro, modificando la traza de tipo jesuítico por otra con una sola planta rectangular.
Mientras vivió Gil de Jaz, el dinero necesario para la construcción del colegio llegaba puntual, pero a su muerte, lógicamente, los ingresos se vieron mermados. Para rematar la conclusión del trabajo la Duquesa de Villahermosa hizo una donación de 15.000 reales.
A continuación se exponen algunos de los pagos que se hicieron en la construcción del colegio:

·      El día 10 de diciembre de 1763 se dieron 106 reales y 8 dineros para la alberca de Sofuentes, compra de aceite y otros gastos menores.
·      17 escudos por una conducción de ladrillos para el Colegio (posiblemente desde Sangüesa)
·      500 reales de plata para Ignacio de Lamo, cerrajero de Sangüesa (por parte de su labor en el Colegio)
·      Una cama para el colegial don Manuel de la Fuente, por importe de 28 libras y 7 dineros.
·      5 mantas, becas y bonetes y 5 estuches por 3 libras, 10 sueldos y 10 dineros.
·      Las hechuras al sastre Ignacio, de las mantas, becas y bonetes, calzones, chupas, almillas y forros por 118 reales y 22 dineros.
·      Doctrina, papel, arte y catones dados a 5 colegiales por valor de 1 libra, 11 sueldos y 14 dineros.
·      El último plazo de la obra de la carpintería del Colegio a Juan Aznarez de 12 libras jaquesas.
·      Al padre Juan Francisco de Santa Susana 75 reales de vellón que son 40 de plata y 5 dineros para limosnas de 25 misas de a tres reales de vellón por cada una.
·      A Juan José Navarro 350 reales de plata, que es lo que pagó a los yeseros de Cáseda por el yeso conducido al Colegio.
·      70 reales de plata para los aserradores.
·      Tercio anticipado para los alimentos de enero, febrero, marzo y abril de 1764 (les paga el 5 de enero) por adelantado y suben 28 reales de vellón y cuatro cargas de trigo.
·      300 reales de plata es el coste de las puertas principales del Colegio y barandilla.
·      130 reales el valor de la barandilla que se ha de poner en la escalera del colegio.
·      Una vaca son 14 escudos.
·      El asiento de las tres puertas principales del Colegio e Iglesia son 20 reales de plata.
·      José Sanz “el Aguado”, de Sangüesa, 61 reales y 12 dineros por el pago de 4 arrobas y 18 libras de clavos, utilizadas en el Colegio.
Cabe mencionar que en el Colegio existía una bodega en la que se nombra había al menos dos cubas de vino de veinte cargas cada una, por cuya cantidad en 1764 se sacaron 26 libras, 13 sueldos y 4 dineros[2]

El patrimonio de Don Isidoro fue gestionado por los P.P. Escolapios dando escuela y bachillerato gratuito y universal durante más de doscientos años en la Villa de Sos, según consta por la escritura de Fundación y Donación otorgada por don Isidoro y aceptada por el P. Juan Miguel de Santa Orosia, Procurador General de las Escuelas Pías de la provincia de Aragón, el 25 de febrero del año 1760.
Con posterioridad se hicieron reformas y ampliaciones, tanto en el colegio como en su hacienda. Se hizo un horno, harinera y amasador, y en la hacienda se abrieron 18 cahizadas de tierra, se plantaron 700 cepas, 136 olivos, 100 árboles frutales y se hizo un gallinero.
En la Parada de Sofuentes tenían 3 caballos padres, otro de cinco años para el año que viene, 3 guaranes, un pollino de un año, 2 caballos de labor, 2 machos, 9 lechales, 10 potras, 25 yeguas, 4 burras para parir y un burro aguador. Se mejoraron con la compra de 3 burras guaraneras, un caballo padre cordobés, un caballo padre regalo del rey Carlos IV, 10 bueyes de labor, 8 vacas de vientre, 4 terneros y 12 novillos de varias edades. En el período de 1803-1807 se amplió la biblioteca en 400 nuevos volúmenes.
Además de las escuelas elementales y de gramática, el colegio de Sos abrió pronto un reducido internado, que fue tomando auge y atrajo muchachos de las Cinco Villas, de Navarra, de La Rioja y Alava. También funcionaron las cátedras de filosofía y teología para jóvenes escolapios y alumnos seglares.
El analfabetismo en el siglo XVIII era una lacra general en toda la sociedad aragonesa, sin embargo la labor de Dn. Isidoro Gil de Jaz dejó su fructífera huella en Sos. Nos lo recuerda Madoz cuando habla del porcentaje de niños escolarizados respecto a la población total, diciendo que la media de Aragón era de 6,6% de niños escolarizados, siendo Sos quien ofrece el mayor porcentaje de toda la provincia con un 10,34%.
Emblema de la orden de los PP. Escolapios, en la calle Gil de Jaz.
 El colegio de Sos fue el mejor dotado de toda la provincia de Zaragoza. Sus cátedras superiores trajeron a Sos profesores escolapios de gran valía, adquiriendo por todo esto un prestigio envidiable. Tanto fue así que en 1799 el Ayuntamiento de Pamplona pidió que fuera un escolapio de Sos a la capital Navarra para examinar a los maestros que opositaban a escuelas públicas, siendo enviado a tal efecto el P. Baltasar Campos.
En 1780 el Ayuntamiento pidió al Consejo la agregación a la Universidad de Zaragoza de los estudios superiores del colegio y la adscripción de sus alumnos “en el fuero y privilegios de sus Académicos”.
                    El período comprendido entre 1808 y 1845 fue difícil. En 1845 los estudios de folosofía -equivalentes al bachillerato- son reconocidos por la Universidad de Zaragoza; por ser escaso el alumnado se imparten cíclicamente, hasta que en el período 1854-1862 han de suprimirse, renaciendo en este último año con 24 alumnos internos y 50 externos. En 1872 se crea el instituto libre de segunda enseñanza "Isidoro Gil de Jaz" por acuerdo entre el ayuntamiento y el colegio; escolapios cubre la primera enseñanza, el ayuntamiento la segunda, además de haberayudado con más de 30.000 ptas.a la instalación de gabinetes de ciencias naturales y adecentamientos del internado. Pero el número de alumnos sigue siendo escaso, por lo que se reduce el número de religiosos de la comunidad con la correspondiente queja por parte del ayuntamiento. En 1927 sólo hay dos clases de primaria, una de secundaria y una de adultos, subvencionadas por el ayuntamiento.
Con la llegada de la II República se perdieron estas subvenciones y el colegio pasó a estar bajo la tutela del Estado y  declarado Fundación Benéfico Docente por Real Orden del 9 de enero de 1931. Con esto se le atribuyó personalidad jurídica civil. Se le ordenó vender en pública subasta todos los bienes inmuebles no imprescindibles para el cumplimiento de los fines de la fundación, y en 1947 se ven obligados a vender las fincas de Oliva(Valencia). Las presiones continuaron, y en 1950 los religiosos dicen que el dinero de las fincas, invertido en deuda pública, iba a significar el fin de la fundación, por lo que la Junta de Beneficiencia de Zaragoza les exije dar cuenta exacta de la administración de los bienes.
El 14 de diciembre de 1945 una Orden Ministerial erigió al colegio de Escuelas Pías de Sos en “ Colegio de Carácter Nacional”, aunque su alumnado fuera descendiendo.Esto era a efectos académicos, es decir, para poder cursar estudios “oficiales”, como en una Escuela Nacional normal, no referente al profesorado que era privado y pagado por la Fundación.
En la década de los años cincuenta, ante el descenso continuado de la población de Sos, los P.P. Escolapios se plantean el posible abandono de la Fundación. Jurídicamente, en abril de 1962, los escolapios entregan el colegio a la Diócesis de Jaca, y administrativamente en septiembre de 1963. Desde entonces la Diócesis de Jaca siguió cumpliendo con sus obligaciones fundacionales, dedicando para el servicio del colegio a varios sacerdotes que impartían las clases de Primera Enseñanza y Bachillerato, y atendían los bienes de la Fundación. Esta situación dura hasta el curso 1976/77, en que se hace cargo de la enseñanza en la Villa de Sos el Ministerio de Educación y Ciencia, con la creación de un Colegio Nacional y una Escuela Hogar a petición del Ayuntamiento y de acuerdo con la Diócesis de Jaca. Este colegio Nacional y Escuela Hogar se instalan en el edificio de la Fundación mediante un contrato valedero por veinte años con el Ministerio de Educación y Ciencia. En 1992 se volvió a firmar un acuerdo de cesión y uso del edificio por otros veinte años.
En todo este largo período en que los padres escolapios estuvieron al frente del colegio, fueron 46 los rectores que se hicieron cargo del buen funcionamiento del mismo.(ver rectores)
Actualmente es el Colegio Público “Don Isidoro Gil de Jaz” y sede de las instalaciones de la “Escuela Hogar” y del “Aula de Naturaleza”, donde se siguen impartiendo clases, cumpliendo con ello la voluntad del mecenas y benefactor ilustrado que quiso devolver a su villa, con creces, lo que había recibido de ésta en su infancia y adolescencia.
De aquí salieron muchos bachilleres que encontraron trabajo fácilmente, a pesar de las dificultades que existían para estudiar en aquella época.
La Fundación Isidoro Gil de Jaz, después de 250 años de la muerte de este benefactor, sigue colaborando, ayudando y participando en actividades sociales, educativas y culturales en beneficio de los sosienses, tal y como hubiera deseado Dn. Isidoro.
Una lápida colocada en el primer piso del colegio el año 1939 reza: “A la memoria del  Muy Ilustre Señor Don  Isidoro Jil de Jaz, que por su saber y rectitud fue condecorado por los reyes Felipe V, Fernando VI y Carlos II con los títulos de Oidor de la Audiencia de Pamplona, Regente de la de Oviedo, Presidente de la Chancillería de Granada, Ministro en el Real y Supremo Consejo de Castilla, Asesor en el de Guerra y Real cuerpo de Guardias de Coros y de Walona, Presidente de la Real Junta de la Habana y Bienhechor de la Villa de Sos del Rey Católico, fundador de este colegio de Escuelas Pías en el año MDCCLX”
En los claustros del colegio se conservan los retratos de D. Isidoro Gil de Jaz; de Dª Babila, su madre; de sor Pascuala Gil de Jaz, humilde monja de la misma familia, abadesa de las madres capuchinas de Barbastro; de D. José Gil de Jaz, canónigo y maestrescuela de la iglesia de Orihuela; de D. José Gil, esposo de Dª Babila Jaz; de D. Martín de Jaz, canónigo y provisor del obispado de Barbastro, y de fray José de Sangüesa, Provincial de los PP. Capuchinos de Castilla, Predicador de número de S.M. y Calificador de la Suprema Inquisición.


ALUMNADO DEL COLEGIO ISIDORO GIL DE JAZ

AÑO
MAYORES
MENORES
ESCUELA DE ESCRIBIR
CARTILLA

TOTAL
1783
25
20
60
100

205
1785
26
12
50
80

168
1789
13
7
50
104

174
1797
30
5
60
106

201

1ª ENSEÑANZA
2ª ENSEÑANZA




1807
160
51



211
1815
190
34 y 9 filósofos



233

EXTERNOS
INTERNOS




1882
203
34



237

1ª ENSEÑANZA
2ª ENSEÑANZA
INTERNOS
VIGILADOS
EXTERNOS

1899
143
18
4
23
134
322
1971





90



PROFESORADO RELIGIOSO


AÑO
SACERDOTES
JUNIOR

TOTAL
1762
7


7
1768
13


13
1783
10


10
1786
15


15
1796
17


17
1799
17


17
1807
12
4

16
1815
34
9

43

SACERDOTES
JUNIOR
HERMANOS

1835
4
3
3
10
1882
9

4
13

SACERDOTES
CLERIGOS
OPERARIOS

1899
8
1
4
13








[1] A.P.E.P.A., caja 7-b, n. 56
[2] Martínez Bel, Amado. Don Isidoro Gil de Jaz. Apuntes para una biografía. C.E.C.V., I,F.C., pp. 65-66.



BIBLIOGRAFIA

-CUEVA GONZÁLEZ, DIONISIO. Las Escuelas Pías de Aragón. Gobierno de Aragón
-GARCÉS ABADÍA, MÁXIMO. Don Isidoro Gil de Jaz. Fundación Gil de Jaz. Zaragoza, 1994.
-MARTÍNEZ BEL, AMADO. Don Isidoro Gil de Jaz. Apuntes para una biografía. C.E.C.V., I.F.C. Ejea de los Caballeros, 2000.
 -Constituciones de San José de Calasanz. Ediciones Calasancias.

DON ISIDORO GIL DE JAZ

Don Isidoro Gil de Jaz, fundador del colegio de Sos(ver colegio) que lleva su nombre, nació en Sanguesa (Navarra) el 11 de abril de 1703 en el seno de una familia noble, hijo de don Joseph Gil y Fernández y de doña Ursula Babila de Jaz, natural de Sos, y aunque era navarro de nacimiento, él siempre se consideró hijo de Sos, pues allí creció, se formó y desempeñó la abogacía los primeros años tras obtener el doctorado en leyes y cánones.
                 Siendo todavía muy pequeño su familia se trasladó a Sos, donde su padre, entre 1708 y 1709, desempeñó las funciones de administrador de la aduana de Sos; encargándose asímismo de la recaudación de los impuestos reales.
En plena guerra de Sucesión entre el archiduque Carlos de Austria y Felipe de Anjou en varias ocasiones hubo enfrentamientos entre ambas partes en Sos, que era partidaria del borbón Felipe, y fue precisamente en uno de estos enfrentamientos en el año 1711 donde el padre de Isidoro perdió la vida al recibir dos pistoletazos en los portales de la villa cuando intentaba frenar el avance de los austracistas.
Don Isidoro, falto del amparo de su padre, encontró el apoyo paternal que necesitaba en la figura de su tío, don Martín de Jaz, Canónigo de la catedral de Barbastro y Vicario General del Obispo, con quien Isidoro pasó grandes períodos de tiempo en sus vacaciones, lo cual influyó en su profunda fe cristiana.
Isidoro Gil de Jaz
 Cursó sus primeras letras en la Villa de Sos y posteriormente en la ciudad de Barbastro. En 1715 inicia estudios de Arte y Filosofía en la Universidad de Zaragoza. El 2 de marzo de 1718 se le dieron reverendas para Prima (tonsura). Este mismo año se matricula en jurisprudencia Civil en la Universidad Sertoriana de Huesca durante cinco años, obteniendo en el tercer año el grado de BACHILLER EN LEYES. En 1722 firma oposición a cátedra de Digesto Viejo, vacante en la Universidad de Huesca y en el mismo año se matricula en la Facultad de Cánones. En esta misma época es nombrado CONSILIARIO POR DICHA UNIVERSIDAD y por el Reino de Navarra, dándole voto en aquél Consejo por todo aquel año.
En el mismo año de 1722 marchó a Madrid, consiguiendo en unas oposiciones el cargo de ABOGADO DEL CONSEJO SUPREMO DE CASTILLA, tras lo cual se dedicó a la defensa jurídica de grandes nobles situados en el entorno de la Corte, lo que le confirió un gran prestigio, ingresando en el año 1729 en el Colegio de Abogados de Madrid. Aquí en Madrid trabó amistad con los más representativos del momento: Juan Miguel Casajús, José Jericó, Felipe Scío, Benito Felíu…Pero esa amistad se hizo entrañable con el P. Basilio Sancho.
El 2 de enero de 1730 es nombrado ASESOR DEL REAL PROTO-MEDICATO
Toda esta brillante labor conseguida por Dn. Isidoro no pasó desapercibida para la monarquía, siendo nombrado OIDOR DEL CONSEJO DEL REINO DE NAVARRA el 23 de julio del año 1736 por el rey Felipe V, tomando posesión de dicho cargo el 5 de octubre del mismo año hasta el 8 de agosto de 1749. Diversas tareas tuvo a lo largo del tiempo en el reino navarro, como la de perseguir a los ladrones y conseguir seguridad interna, o la de iniciar una política de repoblación forestal.
En 1744 Felipe V lo nombra JUEZ CONSERVADOR, PRIVATIVO GENERAL DEL ASIENTO DE LA POLVORA EN EL REINO DE NAVARRA. Y en 1745 el Excmo. Sr. Virrey, conde de Maceda, le nombra MINISTRO DE LA JUNTA (mandada por Felipe V) PARA ENTENDER LAS CAUSAS DE PROHIBICIÓN DE LA INTRODUCCION Y CONSUMO DE CACAO DE MARAÑON, AZUCAR Y DULCES DE PORTUGAL EN NAVARRA, y en 1747 el Consejo de Navarra le concede el título y cargo de CONSULTOR DE GUERRA DE LA CAPITANIA GENERAL DE NAVARRA.
En 1749 estuvo llamado para la Chancillería de Valladolid, pero no pudo ocupar este cargo porque, debido al éxito que en sus actuaciones tuvo en Navarra, el rey Fernando VI, el 22 de mayo de1749 le dio un puesto de mayor responsabilidad al nombrarlo REGENTE DE LA REAL AUDIENCIA DE OVIEDO Y PRINCIPADO DE ASTURIAS; GOBERNADOR POLITICO Y MILITAR; CAPITAN DE GUERRA; SUPERINTENDENTE GENERAL DE RENTAS REALES, ARBITRIOS Y SALINAS; JUEZ SUBDELEGADO DE PENAS DE CAMARA Y GASTOS DE JUSTICIA PRIVATIVA Y GENERAL DE LA RENTA DE CORREOS Y ESTAFETAS, tomando posesión del cargo el 2 de julio del mismo año. Aquí sus principales actuaciones se centraron en sanear los tribunales de gente incompetente, mejorar las comunicaciones de Asturias y el urbanismo de la ciudad de Oviedo, vigilar y controlar la cría y conservación de los montes y fundar el Real Hospicio, que aún se conserva, hoy convertido en el mejor hotel del Principado, el Hotel Reconquista, situado en la calle que lleva el nombre de su fundador y con la que la ciudad de Oviedo quiso honrarle.
A comienzos del año 1752, el rey Fernando VI le nombra PRESIDENTE DE LA CHANCILLERIA DE GRANADA, aunque don Isidoro permaneció en Asturias, recibiendo el 22 de agosto de ese mismo año honores y sueldo de MINISTRO DEL CONSEJO DE CASTILLA. Esta plaza la ocupó de manera efectiva a partir del año 1754, por haber una plaza vacante por la muerte de don Alonso Rico, desempeñando el cargo de ASESOR DEL SUPREMO CONSEJO DE LA GUERRA.
En 1756 se le confiere la ASESORIA DE LA TROPA DE LA CASA REAL
En el año 1759 Isabel de Farnesio le nombra JUEZ PRIVATIVO DE ARTILLERÍA para decidir todos los pleitos y negocios de Justicia. 
                      Al morir Fernando VII  sube al trono de España Carlos III, quien mantuvo a don Isidoro en puestos de alta responsabilidad, al comprobar la eficiencia en los cometidos que desempeñó, dándole varios cargos, como el de ASESOR DE LOS CUERPOS DE REALES GUARDIAS DE COROS Y DE INFANTERIA ESPAÑOLA Y WALONA; PRESIDENTE DE LA REAL COMPAÑÍA DE LA HABANA, ETC…
Gil de Jaz deseaba retirarse a vivir sus últimos años a Sos con los escolapios y morir en una celda de su colegio, pero se encontró con la muerte en Madrid, a los 62 años de edad, un 22 de abril de 1765. El Padre Basilio de Santa Marta y Begoña, que le asistió en sus horas finales y le administró los sacramentos del perdón, de la eucaristía y de la unción de los enfermos relató emocionado en una carta al P. José Jericó cómo fue la despedida, la muerte y el entierro: “Antes que de tinta llenaría este pliego de lágrimas… entró en una agonía suave, con la que blanda y pacíficamente entregó el espíritu a su Creador a las doce y media del mismo día 22, dejándonos con consuelo por su  buena disposición en la hora de morir y vida ejemplarísima en los 62 años y meses que vivió, sacrificado al servicio del rey y bien del Público, que ha explicado su mayor sentimiento por la muerte de este ejemplar de ministros.
Hoy martes, a las cinco de la tarde, se le deposita en la bóveda de Nuestra Señora del Pilar de la iglesia de Montserrat, Hospital de Aragón, en esta Corte, para trasladar sus huesos al año de su fallecimiento  a su Colegio de Escuelas Pías de Sos”[1]
El deseo de descansar en Sos se hizo realidad 31 años después de su fallecimiento, concretamente el 31 de enero de 1796, fecha en la que trajeron sus restos de Madrid y desde entonces reposan en un sencillo y noble mausoleo dentro de la iglesia de su colegio, como era su deseo.
                    Toda la labor de Isidoro Gil de Jaz se desarrolló en un momento histórico en el que en Europa y en España se da el movimiento de la Ilustración, de las Luces, y en el que se pretenden llevar a cabo reformas que modernicen el País. Isidoro Gil de Jaz representó perfectamente este arquetipo de hombre ilustrado, puesto que a la faceta de eficiente político, se une la de erudito preocupado por la Historia, como atestigua su obra de nueve tomos sobre “La Nobleza Baturra”, o la de mecenas, como prueba el que ordenase construir un retablo barroco, cuya titular fue la Virgen del Pilar, en la capilla de la iglesia de San Esteban de Sos en la que su familia tenía el derecho de sepultura.
Cristiano y comprometido con su fe realizó numerosísimas obras sociales. Vivió siempre preocupado por impulsar el bien común, la reforma agraria, la educación, la reforma de las costumbres, la lucha contra la mendicidad…y en Sos nos dejó el colegio que lleva su nombre y toda su fortuna para que todos los niños del pueblo tuvieran garantizada una enseñanza gratuita, por lo que el índice de analfabetismo en la villa de Sos es prácticamente nulo.




BIBLIOGRAFIA

-GARCÉS ABADÍA, MÁXIMO. Don Isidoro Gil de Jaz. Fundación Gil de Jaz. Zaragoza, 1994
-MARTÍNEZ BEL, AMADO. Don Isidoro Gil de Jaz. Apuntes para una biografía. C.E.C.V., I.F.C. Ejea de los Caballeros, 2000.

En la web:


-www.sosdelreycatolico.com. Isidoro Gil de Jaz.




[1] Plica 13, leg. 25. A.P.S.