domingo, 8 de febrero de 2015

LA ABEJA, UN SÍMBOLO MASÓN

                                  
               En la calle Ramón y Cajal, muy cerca del portal de Jaca, frente al nº 26 de esta calle, encontramos una gran casa en la que destaca la profusa ornamentación de su puerta, ventanas y balcones. Fijándonos en la decoración de la parte inferior de uno de sus balcones contemplamos una abeja esculpida, símbolo masónico de un maestro albañil que participó en la restauración de la vivienda en el siglo XIX, apellidado Almárcegui.
               
Abeja esculpida en uno de los balcones de la casa de la calle Ramón y Cajal.
           
               El símbolo de la abeja o de la colmena era muy popular entre los masones del siglo XIX. La abeja ha simbolizado la laboriosidad, la sabiduría, la regeneración y la obediencia ya desde los primeros tiempos cristianos, y de hecho era un símbolo de las mismas virtudes entre los antiguos egipcios y romanos.
              La colmena es un milagro de la ingeniería natural, una sólida y perfecta estructura, un símbolo de la industria, por lo tanto es de especial importancia para los masones que estudian la construcción de estructuras, pues el hombre debe cooperar con sus semejantes para lograr el desarrollo mutuo de todo.

             Pero el símbolo de este himenóptero también tiene un mensaje mucho más profundo y filosófico. Así como la abeja recorre los campos libando el néctar de las flores para después llevarlo a la colmena, el alma de cada ser humano debe extraer el néctar de la sabiduría de las distintas experiencias de su recorrido por la vida y llevarlo a la gran colmena de la experiencia, el cuerpo. En la misma forma, se dice que las energías espirituales en el hombre toman, eternamente, las fuerzas vitales que él está trasmutando y las lleva a la colmena del cerebro, donde es almacenada la miel o el combustible necesario para el mantenimiento de la vida.