sábado, 31 de enero de 2015

LA FIGURA DEL REPATAN

El repatán, por definición, viene a ser el aprendiz de pastor, por lo que “a priori”, este personaje tiene que merecerse todos los respetos. Sin embargo, debido a las costumbres rurales y al abuso que se ha hecho de estos aprendices de ganaderos por parte de sus patrones, ser repatán, en la comarca de Sos y en otras aledañas, degeneró, hace años, en un concepto humillante, denigrante y vejatorio para estos mozés que eran entregados por sus progenitores a un poderoso ricachón del pueblo.

Es cierto que alguno de estos “caciques” encomendaban al repatán las tareas más fastidiosas, como arrear el rebaño desde la cola, lo que implicaba “tragarse” todo el polvo que levantaba el ganado; o cuidar de las borras(corderas de un año) y durante la paridera tener que amamantar, a media noche, a los corderos; o acarrear el agua, la leña, hacer las sopas, las “pellas” (bollos de pan para los perros) etc...
La locución “te voy a mandar de repatán” es la frase más vituperable que se ha oído por Sos en el último siglo; el niño que oía esta expresión agachaba las orejas y se sumía en el más profundo recogimiento. Era algo así como decirle que no valía para nada. Afortunadamente no deja de ser una expresión popular y aunque hoy en día la frase “te voy a mandar de repatán” se usa peyorativamente, se manifiesta en un tono jocoso y alegórico a un joven que va mal en los estudios o no consigue realizar con buen fin las tareas impuestas por sus padres o tutores.










                       Félix Guerrero realiza una perfecta y mordaz descripción del repatán en su libro “a la sombra del castillo”, novela histórica que transcurre en Sos del Rey Católico en los siglos XIX-XX, rescatando la figura de este singular personaje: 
“Es el repatán figura réplica de aquel barroco lazarillo cuyos indigentes padres abandonaban a su suerte, depositándolo en manos de linces (unas veces invidentes, otras de alma bizcos), a cuya enteca sombra pícaramente medraban en astucia, desvergüenza e hipócrita virtud. Como éstos, el repatán es hijo generalmente de familia numerosa cuyos padres, incapaces de hacer frente a sus penurias, lo entregan a un todopoderoso del pueblo para que éste se sirva de él por el módico precio de una frugalísima comida diaria y, en el mejor de los casos, un duro quincenal….El repatán es comodín de naipe al que se recurre lo mismo para lustrar unas botas campesinas que para acarrear el botijo hasta la fuente, sujetar la oveja en el esquileo, ahogar en viento los sofocos menopáusicos de la señora, de comadrón en pocilguero parto, veneciador de mesas atiborradas de carnes extrañas, capolar cuando la matanza o para sostener la esputidera del señor y la de sus amigos del alma. Todas las labores deberá realizarlas prestamente y con pulcritud manifiesta. Si no es así, el supervisor del cetro del príncipe, el palo del pastor, el coscorrón del mayoral, el pescozón de la criada o el desdén de la señora ama inscribirán su sello hematológico en sus cándidas desnudeces. Cuando el primer vacacional fin de semana el repatán vuelve a su casa a por muda limpia y un poco de cariño, piensa aliviarse en los suyos contándoles las desventuras de los días lectivos. Entonces, manualmente, su padre la emprende con él, recomendándole diligencia, silencio, reverencia y aceptación. Otra vez, y ahora aún más humillado, regresa cabizbajo y desconcertado el yunque a la fragua, prometiendo no volver a descoser su alma frustrada a la familia ni por todo el oro del mundo”[1]

¡Como para ser repatán!





[1] Félix Guerrero Cortés. A la sombra del castillo. Certeza, Zaragoza, 2004, pp.143-144