sábado, 3 de enero de 2015

LA NOCHE DE SAN JUAN


En la zona de Sos del Rey Católico y la Valdonsella se mantiene la creencia de que en la mágica noche de San Juan, el 24 de junio, pueden ser desencantadas las damas encantadas que habitan en las fuentes. Para ello se coge un ovillo de hilo que entrega la dama y hay que andar con él para que se vaya desenrollando pero sin volver la cabeza. Conforme el hilo se va soltando se oyen fuertes gritos, pero no hay que asustarse y sobre todo jamás volver la cabeza, en cuyo caso se malogra el desencanto. Eso es lo que le sucedió a un mozo de Sos, que cuando volvió la cabeza vio una hilera de yeguas negras unidas al hilo, que desaparecieron instantáneamente, excepto la primera de la fila, que es la que tenía aferrada con el hilo.
El tema del ser misterioso que entrega al hombre una madeja, un ovillo o una joya de gran valor obligándole a seguir adelante y a no sentir curiosidad so pena de deshacer el sortilegio, de perder el preciado objeto, o de sufrir inmediato castigo, es muy corriente en la mitología popular. Aparece en la historia de Ulises, en la Biblia cuando la esposa de Loth se convierte en estatua de sal por volverse a mirar el incendio de Sodoma y Gomorra, en el folklore vasco relativo a las lamias, y en la variante extremeña del Mito de Psiquis estudiada por Julio Caro Baroja en su libro “Algunos Mitos Españoles”[1]





[1] J.Mª. Iribarren. El folklore del día de San Juan. Rev. Príncipe de Viana nº 7. pp. 211-212, año 1942.